SOY UNA MUJER INFIEL
Hola, tengo 46 años, morena clara casi blanca, ancha de
caderas y senos muy grandes, ¡soy gordita! Me comprometí muy joven, a los 18
años, tuve 3 lindas nenas y ya están casadas. Mi pareja, durante nuestra vida
intima, siempre fue conservador, es decir, hacíamos el amor en forma mecánica y
aburrida, nada de sexo oral y mucho menos anal. Mi vida sexual hubiera seguido
igual a no se por un hecho que vino a cambiar mi forma de pensar.
Tenemos una refaccionaría, motivo por el cual mi pareja viaja
constantemente. Por lo regular lo atiendo yo de las 9 de la mañana a las 8 de la
noche: de 8:30 a 10 de la noche, asisto diariamente a un gimnasio, ya que si me
descuido tantito subo de peso muy fácilmente. Y sucedió que un DIA el gimnasio
se había quedando sin energía eléctrica, ya en un lugar de irme a casa decidí
regresarme a la refaccionaría.
Todo estaba oscuras solo la oficina estaba con las luces
encendidas hasta mis oídos llego una queja. Intrigada y protegida por la
oscuridad me acerque cautelosa, casi me voy de espaldas al observar la escena
mas erótica que nunca pude haber imaginado. Celia, una de nuestras trabajadoras,
estaba sobre el escritorio con las piernas abiertas y en medio de ellas mi
pareja enterrada su cabeza dándole una súper mamada. Mi primera reacción fue el
enojo, de coraje, pero conforme se la mamaba mi pareja, me fui calentando. Me
retire en silencio, pero con una cachondez como jamás la había sentido.
Llegue a mi casa espere a mi pareja, desnuda y en la cama.
Cuando llego trate de que me hiciera lo que le hizo a Celia, pero se negó. Me
lleve su pene a los labios, pero me contuvo diciéndome ¡Que te pasa! ¡Lo que
quieres hacer solo lo hacen las putas!. Total que el me negaba el placer que les
daba a otras mujeres.
En el gimnasio conocí a Silvia, desde el primer momento nos
hicimos amigas, grandes amigas, ella es mi confidente y le comente mi problema.
---Pero que tonta eres Evita hombres hay por montones que te
pueden hacer feliz y hacerte gozar como una demente.
---¡Pero yo nunca lo hecho con otro que no sea mi pareja!
Además ya estoy vieja y gorda.
---¡Pero que mentira, si estas re´buenpta! Raúl el instructor
no te quita los ojos de encima.
Y era verdad, desde que llego Raúl al gimnasio se me insinúa,
pero yo no le daba "entrada" debido a la educación de normas tan rígidas y
preceptos morales que siempre me habían acompañado, al grado de llegar virgen a
mi compañero y no conocer otro pene que el de el, sin embargo este me tenia en
ayuno sexual permanente.
Poco a poco le fui haciendo caso a Silvia al grado de pedirle
consejo de cómo conquistar a mi instructor, y axial cierta noche lo invite a
tomarnos un café. Yo estaba súper nerviosa, Raúl lo noto y en lugar de ir a
tomarnos un café nos metimos a un bar la bebidas y el ambiente hicieron lo suyo
la tensión que sentía desapareció. Cuando menos lo pensé ya estábamos en la
habitación de un motel, Raúl prendido a mis senos chupándolos mis pezones
comenzaron a ponerse duros, lleve una de mis manos hacia su pene y lo palpe
podía sentirlo grande grueso sobre su pantalón, cuando alfil logre sacarlo
apareció una verga que mostraba un brillo impresiónate, sin dudar me deje caer
de rodillas ante el portentoso pene y me lo lleve a los labios chupándolo y
lamiéndolo cual si fuera un rico caramelo. Raúl hizo que me acostara boca arriba
y me tomo de mis tobillos levanto mis piernas, y me lo metió de una fuerte
arrempujón, sentí dolor y placer mezclados. Su verga entraba y salía de mi
puchita con una velocidad sorprendente, me hizo alcanzar varios orgasmos antes
de que el bañara con su calida emisión mi matriz
Después de un momento de reposo me volvió a meter dándome la
cogida de mi vida, dejando el sexo rozado de tanto limada, pero eso si muy
feliz, contenta y sobre todo satisfecha. Se puede decir que a lado de mi
instructor, me degenere o mas bien, aprendí, ya que me enseño a mamar y el gusto
por el sexo anal, ya que un DIA en la regaderas del gimnasio me rompió mi
trasero, desde entonces solo llego a dormir a mi casa, pues desde ese día me la
paso junto a el, haciendo mi papel de secretaria y recibiendo un pago extra.