Otro relato guarro, escrito por la misma chica decente.
Contiene situaciones que podrían parecer asquerosas a algunas (más bien a la
mayoría, ¿no?) de las personas, ya te imaginaras a qué me refiero con el título,
así que si no gustas ya sabes lo que hay que hacer.
-¿Tienes hambre mi amor?, apùrate que te voy a dar una
sorpresita antes del desayuno- Le dije a Javier mientras me quitaba la ropa
interior y quedaba únicamente con el camisón rojo que tanto le gustaba. –Ya
estoy lista, baja pronto-. Inmediatamente empecé a escuchar sus pasos bajando
con paciencia las escaleras, entonces me subí a la mesa y me hinqué frente a su
lugar, abrí mucho las piernas y me incliné lo más posible para que mi culo
quedara bien abierto y a la vista, justo frente a su cara, para el momento en el
que se sentara. Tardó un poco. –Mmm!, pero que deliciosa sorpresa, así sí quiero
comer-. –Acércate- le dije. Se sentó emocionado, acarició con devoción mi nalgas
y comenzó a acercar su nariz a mi ano, su respiración me hacía temblar y me
excitaba muchísismo, él aspiraba profundamente y sólo bastaba sentir el aire
saliendo con fuerza de su nariz para que mi ano y vagina comenzaran a
contraerse.-Qué rico huele tu culito nena, ¿no te has bañado verdad?, lo tienes
muy sucio, te apesta un buen, ¿me das una probadita?-. –Sí mi amor, ayer no me
limpié bien para que pudieras olerlo como te gusta.
Ya tenía tiempo que no hacíamos esto, a él le encantan este
tipo de cosas y a mí también, pero con el trabajo y las ocupaciones la verdad es
que no teníamos mucho tiempo, aún así yo procuraba hacerle algunos regalos de
vez en cuando, por ejemplo, en las noches me hacía la dormida y me echaba muchos
pedos para que el los oliera, siempre que hacía esto el terminaba con la cara
bajo las sábanas y haciéndose pajas fabulosas (de hecho así fue como descubrí
que le gustaban mis olores, una noche en la que estaba mal del estómago y no
pude aguantarme los pedos); o también, si es que él estaba, cagaba con la puerta
abierta para que escuchara mis ruidos y después me iba a la cama y me sentaba en
su cara para que me limpiara la mierda con la lengua, cosas así.
Esa mañana ninguno de los dos tenía que ir a trabajar y yo
esperaba que dedicáramos todo el día a tener buen sexo, y estuvo buenísimo, les
contaré, así que volvamos al principio; él olía con insistencia mi ano y antes
de comenzar a lamerlo, pasó sus dedos por él, eso me excitaba muchisimo porque
mi culo estaba tan pegajoso y a la vez lubricado de sudor y suciedades que mi
ano prácticamente absorbía sus dedos, me los metió uno por uno, empezando por el
meñique hasta el pulgar, luego los acercó a mi nariz y me obligó a olerlos y
chuparlos. –Huélelos y chúpalos putita, ¿apoco no te gusta?-, -Sí me gusta- le
dije y los metí a mi boca, mientras le soltaba un delicioso pedo en la cara,
como respuesta él me dio unas nalgadas (eso me encanta) y absorbió con su lengua
todos mis residuos anales, yo le soltaba algunos pedos más y cuando sabía que
iba a venir uno grande le decía que abriera la boca y pujaba con fuerza.
Yo ya estaba ansiosa de que me introdujera cosas por el culo,
además quería que me quedara bien dilatado para que lo lamiera por dentro y
metiera su nariz, así que le dije – ¿Por que no traes esas zanahorias cocidas y
me las metes? Cuando se paró por ellas pude ver que tenía el pene muy parado y
brilloso de líquidos. Regresó y empezó a meterme una tras otra las zanahorias,
eran tres, yo le respondía con algunos pedos que de pronto las hacían
retroceder. –ya están todas dentro, ¿las vas a sacar?- -Si, ya no aguanto, ¿como
quieres?-. –Con muchos gases, quiero ver como se te abre el culo y se sale todo.
Empecé a pujar mucho y a soltar pedos ruidosos, él estaba
parado masturbándose y viendo como expulsaba cosas por mi ano, me gustaba
sentirme expuesta a sus ojos, a que viera lo cerda que soy. Las zanahorias
comenzaron a salir como pasta, Javier estaba llegando al borde del placer, así
que se acercó a mi y me penetró de golpe, me daba muchas nalgadas y yo gemía y
gemía expulsando lo que quedaba de las zanahorias entre muchos gases que
tronaban más y se desparramaban en su vientre, con mi mano me frotaba el
clítoris, yo estaba a punto de llegar y gritaba como loca, él gemía entre
palabras: eres un puta… me gusta tu culo sucio, me gusta que te apeste y te
eches pedos en mi nariz, en mi boca, en mi pene, en todo mi cuerpo… eres una
cerda… sigue sacando pedos… me gusta limpiarte la mierda cerda… sigue.. sigue..
Los dos explotamos en un orgasmo inmenso y largo.
Quedamos rendidos, aún así le pedí que me limpiara bien el
culo, fuimos a la regadera y me ordenó ponerme en posición de perra, yo le dije
–Hazme pipí por favor, ¿si?, hazme entre las nalgas- De inmediato sentí su
líquido caliente escurriendo en mi trasero, nuevamente me empecé a excitar y a
chorrear más. – Lámemelo y dame muchas nalgadas- Él chupaba con fervor y me
golpeaba muy fuerte, yo gritaba mucho y le suplicaba que metiera su pene en mi
agujero sucio. – Sólo si me das más pedos, necesito tenerlo bien duro para
encularte- Yo estaba muy excitada y casi lloraba pero no me salían más gases.
–Ándale zorra que si no, no te voy a dar- y me pegaba más fuerte. –No puedo, por
favor encúlame. Yo hacía más fuerzas y pronto sentí que vendrían más pedos; el
se sentó en la regadera y me pare inclinándome para poner mi ano en su cara, los
pedos empezaron a salir y él aspiraba y gemía, un pedo se lo echaba en la cara y
otro en el pene, así hasta que ya casi tenía la caca al borde del ano y él la
verga a punto de reventar, entonces me senté sobre él en cuclillas encajandome
su miembro en mi culo lleno, ¡eso era una delicia!, bajaba y subía con fuerza,
él me metía la mano en la vagina y yo prácticamente brincaba de placer sintiendo
como en cada embestida el me metía la mierda que casi se me estaba saliendo,
estuvimos así unos 10 estallantes y agotadores minutos hasta que llegamos al
orgasmo.
Al terminar, su pene estaba embarrado de mi caca y mis
intestinos suplicaban por expulsarla, él me dijo –Mira cómo me la dejaste,
siéntate en la taza que quiero ver cómo cagas- Al momento obedecí y me puse en
la taza, dejé levantado el trasero para que el viera mi ano abrirse, cagué
delicioso, con muchos pedos. Javier acercaba su cara y olía mientras con la mano
me frotaba el clítoris. Cuando acabé le dije –¿Me limpias?, pero primero quiero
que me des muchos besos en el culo y embarres tu nariz, luego chupas con tu
lengua y succionas mi ano por fuera y lo más adentro que puedas, que quede bien
limpio. Se acostó en el piso del baño y me senté en su cara para que me
limpiara, hizo todo a la perfección, primero me daba besos y en cada beso yo le
soltaba un pedo, intentaba meter su nariz y yo apretaba y dilataba mi culo
rítmicamente, y luego succionaba mi ano haciendo salir los últimos restos, metía
y sacaba su lengua mientras yo me masturbaba y orinaba en su cara.
Así fue como acabó ese día de placer, después tuvimos que
bañarnos y dormir por muchas horas (ya ni desayunamos) Talvez pronto les cuente
más historias, por ejemplo de las enculadas que yo le doy.
Sí leíste este relato y te pareció ofensivo absente de
comentarios mala onda pues lo advertí desde el principio. Por favor coméntenme y
critíquenme para mejorar, y si alguien tiene más relatos sobre esto, háganmelo
saber. Buen día o noche, y dense buenas pajas a mi salud.