VERANO FAMILIAR.
Vida en pareja . Actual
El sol me calienta la piel, mis pezones se yerguen
orgullosos, obscuros destacando como moras en mis aureolas marrones. Me gusta
estar en topless , más ahora que con la maternidad mis lolas han aumentado un
poco de tamaño y con la gimnasia he logrado que se endurezcan después de la
lactancia de mi hijo. He llegado a los 90 que siempre fue un objetivo
inalcanzable para mi.
El niño juega tranquilo en la pileta infantil, con un
amiguito cuya madre está desperezándose como una pantera a mi lado. Silvia es
una rubia delgada, sin apenas pecho, parece una adolescente en el principio de
su pubertad, es mas joven que yo, apenas ha cumplido los 25.
"Habrá que llevar los niños a la playa"- propongo, el hotel
está en primera línea de playa, desayunamos y almorzamos en la pileta , donde
tomamos un poco de sol, pero me gusta acercarme a la orilla a media mañana, así
puedo bañarme con mi hijo, enseñándole los placeres de un mar más cálido que el
de mi Mar del Plata. Además puede jugar con la arena y me deja tranquila un
rato.
Silvia es la mujer del compañero de golf de mi marido,
eligieron este hotel en Isla Cristina porque había varios campos en los que
jugar, y es un sitio tranquilo para los niños. Ellos se van a primera hora y nos
quedamos las dos ejerciendo el delicioso, pero aburrido papel de madres.
Nos ponemos las remeras y con las toallas y nuestros hijos
nos vamos a la orilla. Extendemos los toallones , nos quitamos las remeras y al
agua .
Nos tumbamos en la arena, los niños juegan con ella, Silvia
me mira y me dice:
"Tienes un cuerpo divino, ¡ qué envidia me da tu pecho!"
Le explico el cambio de la maternidad y acabo alabando su
cuerpo, que es precioso, toda ella es bonita y si bien tiene lolas pequeñas, los
pezones son espectaculares, ahora tras bañarnos están duros , largos , erectos
son como una falange de mis dedos, sonrosados, en la piel dorada.
Unos muchachos se han puesto cerca para poder mirarnos, las
dos nos sonreímos , a toda mujer le gusta sentirse admirada, y allí más que
admiración hay deseo.
"¿Les ponemos un poquito más calientes?"-propongo
"Vale, hagamos un poco el número de dos les"
Me quedo asombrada con su propuesta, la he deseado desde que
la vi, pues además tengo ganas de estar con otra mujer, llevo un año sin
paladear los placeres lésbicos, pero nunca me atreví a insinuar nada por la
relación entre nuestros maridos, pues si bien el mío es muy abierto , el suyo
que le lleva casi 20 años parece una persona muy convencional. Silvia sólo se
ponía en topless cuando estábamos las dos solas.
Me toma de la mano, quedando las dos tumbadas al sol. Es ella
la que me suelta y recorre con la uña muy despacio mi brazo hasta el hombro. Me
da un subidón de deseo, decido irme al agua, allí mientras las olas me golpean
pienso que si la gallega quiere jugar, va a saber como lo hace una argentina.
Al salir lleno el cubito de mi hijo y me acerco a Silvia,
está tumbada boca abajo, la mojo con el agua y luego la extiendo con mi mano por
su espalda, no es un acto de juego, es una caricia sensual.
Levanta sus ojos azules para mirarme con una mezcle de deseo
y alegría.
"¿ Puedes remojarme las piernas y las nalgas?"- me invita.
Su piel es suave, los muslos están trabajados por la
gimnasia, la cola pequeña, parada es una golosina para mis dedos. Al acariciarla
me he calentado aún más.
"¿ Estás mojada del mar o de lo que yo sé?"- me pregunta
cuando me dejo caer en la toalla . Mi excitación es evidente.
Pongo mi mano en su bikini , sobre las nalgas , evitando
quitarla el sol, me corresponde colocando la suya sobre mi monte de venus, que
tapa mi tanga. Nos quedamos quietas, sintiéndonos. No sé el tiempo que pasa, los
niños vienen a pedir que los bañemos.
Tenemos las manos ocupadas en sujetar a nuestros hijos, pero
aprovechamos para que nuestros cuerpos se rocen en el agua. Al no podernos
acariciar nuestros deseos se acrecientan, por lo menos el mío.
Cuando salimos sin secarnos nos ponemos las remeras que se
pegan a nuestro cuerpo, ambas tenemos los pezones erectos, volvemos al hotel y
junto a la pileta pedimos el almuerzo.
Mientras damos de comer a los niños , no dejamos de mirarnos,
cuando acaban, atacamos nuestros gazpachos, los bebemos de un trago. Deseo lamer
sus labios para limpiar los restos rosados que los manchan. La dorada a la sal
es una excusa para mostrarnos una a la otra como mordisqueamos y como sabemos
usar nuestras lenguas. Hemos acabado la botella de vino Barbadillo, no esperamos
al postre.
"Vamos a mi habitación , tenemos una hora mientras estos
echan la siesta"
Extiende una toalla de baño en la cama y acostamos a nuestros
hijos, el mío se duerme antes, voy al baño y pongo la otra sobre el suelo. Me
desnudo quiero que me vea como soy , y erguida , orgullosa de mi cuerpo comienzo
a masturbarme. Tengo la concha húmeda, mis dedos resbalan por mis labios
vaginales, no debo tocarme el botón pues me puedo disparar.
"No sigas, me pongo muy nerviosa y no logro que se duerma
Luis"- me suplica Silvia, que se desnuda ante mi, antes de seguir meciendo a su
hijo. Tiene razón los niños poseen un sexto sentido que si estas nerviosa , no
hay quien los duerma.
Me deleito en verla. Su hijo se duerme junto al mío.
Nos besamos, siento su lengua que juega con la mía mientras
nuestros cuerpos están pegados por la pasión. Las manos buscan la otra piel
deseada, la recorro y me recorre, es suave. Aprieto su cola redonda, parada,
pequeña, y la empujo contra mi aun más. No deja de acariciar mi trasero. Noto su
monte venus contra el mío, yo estoy depilada , ella tiene muy poco vello
ensortijado que me roza y excita . Es de mi estatura y siento sus pezones contra
los míos. Estoy ardiendo.
Nos tumbamos en el suelo, entrelazamos los muslos apoyándolos
en las conchas. Sé que mi humedad es comparable con los flujos que me mojan la
piel. No dejamos de besarnos, y de pronto estallo, Silvia me acompaña en el
dulce temblar del orgasmo.
Nos miramos . sabemos que no tenemos mucho tiempo, los niños
pueden despertarse. Chupo sus pezones , los lamo, los mamo, su mano acaricia mis
labios vaginales, hago lo mismo y me doy cuenta que tiene un clítoris enorme,
parece el pene de un bebé.
"Necesito comerte"- le ruego
"Y yo a ti"
Nos ponemos en la postura del 69, no pierdo tiempo y lamo y
chupo su botón rosado. Ella hace lo mismo. Lo pongo entre mis labios como si
fuera un caramelo, está durito, carnoso, me cuesta concentrarme mientras siento
su lengua que lame mi clítoris con fuerza. Debemos apurarnos, meto el índice en
su sexo , buscando acariciar el punto G, con la otra mano explora el agujero
oscuro en el valle de sus nalgas, el esfínter se abre a mi avance. Ella me
imita. Se viene, la potencia de su descarga me asusta, y yo me dejo ir en
oleadas hasta que me siento morir.
Nuestros hijos no se han despertado, nos situamos en tijera.
Mas tranquilas , nos movemos concha contra concha suavemente, nos podemos ver al
estar apoyadas en las manos. Es una nebulosa deliciosa.
El primero que se despierta es su hijo, el mío le sigue en
segundos, nos ponemos las bombachitas del bikini, las remeras , y en llevándolos
en brazos volvemos a la pileta.
Nuestro hijo duerme en la cuna, mi marido me está clavando su
espada, yo como una perra a cuatro patas sobre la cama dura, gozo de sus
embestidas.
Por la tarde noche, aquí obscurece muy tarde, hemos ido los
dos matrimonios a cenar al puerto. Nosotras empujando las sillitas, ellos
caballeros de compañía. Cuando una coge bien se la nota, parecíamos dos flores.
Silvia una blusa azul cielo y unos jeans negros, el pelo en colita parecía
bailar al caminar. Yo un vestido blanco ibizenco con muchos botones de los que
pocos están abrochados. Debajo una bombachita blanca de encaje y un corpiño de
aros del mismo color y textura.
Los hombres se volvían a mirarnos, nuestras parejas
engordaban de satisfacción, al aire libre, en la terraza pedimos coquinas,
gambas, boquerones fritos, con una ensalada, para beber un blanco frío.
Para mí como argentina, el comer tanto pescado y marisco ha
sido uno de los aprendizajes que he tenido que hacer en España y ahora me
encantan, si añadimos que el vino blanco , frío entra como el agua, puedo decir
que la cena fue una maravilla, además teniendo enfrente a Silvia, que traviesa
de vez en cuando se quitaba las sandalias para con el pié desnudo tocarme por
debajo de la mesa. Si llevaba sujetador como dice ella , no se notaba pues los
pezones se marcaban bajo el algodón de su camisa. Yo también la ataqué alguna
vez bajo los manteles, y sobre todo hacía una exhibición de lolas que el
camarero que nos atendía, el marido de Silvia, Silvia y hasta mi propio marido
de vez en cuando perdían el hilo de la conversación atentos a lo que se veía y
no se veía.
La vuelta, paseando , los niños dormidos, cambió de la ida en
que nuestras parejas nos llevaban abrazadas.
No me dio casi tiempo a meter a mi hijo en la cuna, mi marido
se estaba desnudando rápido y delante de mi con la verga en alto no me ha dado
casi tiempo a quitarme la ropa.
Sus embestidas me gustan , notar como sus bolas golpean
contra mis muslos , sus manos aprietan mis pechos , notarlo tan salvaje me
calienta aun más , no puedo llegar al orgasmo, antes el chorro de su semen me
inunda.
Se tumba y me tumba a su lado.
"Perdona que no hayas acabado, es que me has puesto como una
moto. ¡Menuda cena nos habéis dado! Teníais al restaurante loco. Anda hazte una
pajita ,y acabas mientras yo te miro, sabes que me gusta"
Pongo mis dedos en mi concha mojada de sus propios jugos y
sobre todo de su leche, empiezo a acariciarme.
" No sólo te ponía yo, también Silvia"
"Es una falquita que está muy buena, tiene pinta de gatita
como tu"
"He hecho el amor con ella por la tarde. Te lo cuento"
Me masturbo mientras se lo voy narrando, mi marido se toca la
polla oyéndome. Se le está volviendo a poner dura.
Yo acabo, le miro la pija morcillona , y me apetece chuparla.
Hacemos el amor prácticamente todos los días, pero dos veces seguidas hace
tiempo que no ocurre.
"¿ Querés que te haga una mamada linda?"
"¡ Cómo me conoce mi gatita!. Ya sabes lo que quiero"
Se ha girado dejando su culo a mi alcance. Mojo los dedos en
mi interior, y lubrifico su ano, el esfínter se abre gozoso a mi índice. La
minga en la boca , me ayudo de una mano para masturbarle mejor, mientras hago un
mete saca en su trasero, paro dentro y busco su próstata, la pequeña nuez está
dispuesta a mi caricia. Lo hago y noto como se le endurece la verga.
"DIOS MÍO"- gime mientras vuelve a derramarse.
Nos quedamos abrazados , le paso la pierna sobre su muslo, me
gusta dormirme así.
"Ya tienes una amiga en Madrid, no estarás tan sola"- me dice
con ironía.
"Tenés razón, y si sos bueno ya te ayudaré a montar un trío
con ella"
"Elena , que gatita más puta eres"