Al día siguiente, Elisa llegó a trabajar, con un vestido
corto, negro y abotonado por delante, con unas sandalias abiertas a juego y de
por lo menos 12 cm de tacón que le hacia un culo súper salido y respingón, no la
deje entrar al baño, yo mismo le desabroché dos botones del vestido y por encima
de la ropa cogí el tanga subiéndoselo bien arriba, clavándoselo en coño y culo.
Teníamos mucho trabajo por delante pues había que codificar
unos artículos, para una gama de producción de un nuevo y poderoso cliente, así
que nos pusimos a ello, era sencillo de hacer, pero había mucha cantidad,
requería su tiempo y era urgente, tuvimos un problema, el ordenador parecía
haberse vuelto loco, alguien codificó un producto destinado a la venta como si
fuese de consumo propio, perdí media mañana buscando era el problema y si solo
estábamos codificando Elisa y yo, ya sabia quien era la culpable.
-Elisa, ven a mi despacho.
-Me llamaba, señor.
-Si pasa, ¿sabes el problema que me has causado?. Llevo todo
el día buscando el error y no he hecho nada productivo, el ordenador no dejaba
trabajar, y era culpa tuya, te mandé un trabajo sencillo y vas y te equivocas,
esta me la tienes que pagar, te lo he tenido que enseñar todo, no has hecho nada
a derechas, ni tan sólo eras capaz de ponerte una ropa interior medianamente
sexy, algo que la más arrastrada de las putas sabe hacer cien veces mejor que
tu, voy a tomar medidas al respecto, pero antes, tienes algo que alegar en tu
defensa.
-Verá señor yo . . . es que ando todo el día . . . con el
trato que usted me da . . . .
-Dilo claro, ¿qué pretendes decir?. ¿Que andas todo el día
caliente como una perra, y eso te distrae del trabajo?
-Si señor . . . eso es.
-Vale pues si es eso, tengo la solución en mis manos, lo
primero que deberás hacer cada día en cuanto llegues a trabajar, será venir a mi
despacho, no al baño, sacarte el corsé y el tanga, entregármelos darte la vuelta
y de espaldas a mi agacharte y ofrecerme así tu coño, después te levantaras y
dándote la vuelta te cogerás la tetas con las manos por debajo y me las
ofrecerás también, para que yo disponga de ellas como mejor crea, hazlo ahora,
ya.
Así lo hizo, se desabrochó el vestido, y lo dejó caer al
suelo, se sacó el tanga y me lo entregó, se sacó el sostén, me lo entregó, se
dio lentamente la vuelta y se agacho sin doblar las rodillas, cogí el tanga lo
enrollé y.
Se lo metí bien a fondo dentro de su coño, después tiré de
una puntita para dejarla asomar, ella gimió, se levantó se dio la vuelta puso
sus manos en forma de bandeja debajo de sus tetas, cogí unas pinzas unidas con
una cadena y se las puse en ambos pezones, no eran especialmente duras, porque
las iba a llevar mucho tiempo puestas pero al ponérselas ella emitió un leve
quejido.
-Silencio, no quiero una sola queja, a partir de ahora
trabajaras así, para que el tanga seque tus jugos de puta y el dolor de las
pinzas te recuerde quien eres, una puta caliente que empieza a aprender a
comportarse y trabajar y no sabe hacer nada sin que claramente se lo ordenen,
ponte el vestido, y no te abroches los dos últimos botones.
La tuve toda el día trabajando así, al mediodía la invité a
comer, pues debíamos estar pronto por la tarde ya que teníamos una reunión con
el nuevo cliente, al salir a comer me pidió que la liberará de las pinzas que el
dolor la estaba matando.
-Si, te las sacaré pero sólo mientras vamos a comer después
deberás volver a ponértelas y entretanto para aprovechar las pinzas, decoraremos
tu vestido, haz con ellas como si fuesen un cinturón cogiendo los laterales de
forma que por delante te levante la falda y por detrás te marque más el culo,
quiero que la blonda de tus medias asome por debajo de tu falda.
Y así de esta guisa, fuimos a comer, al llegar al
restaurante, e ir a sentarnos se "me cayo" la servilleta al suelo,
-Elisa, recógela.
Ella se giró dándome la espalda, para que nadie pudiese
verla, fue una visión maravillosa, un precioso y redondo culo apareció ante mi
vista, con una linda colita que salía de dentro del coño, sólo fue un segundo y
por como estábamos sólo lo vi yo, pero fue suficiente para que la cara de Elisa
pareciera un mapa de colores, pero por delante estaba el camarero y este puso
cara de bizco pues lo que el había visto eran dos grandes tetas que bamboleaban
libremente, con unos pezones grandes y duros.
Después de comer volvimos al trabajo, le volví a poner las
pinzas en su sitio, y le dije.
-Ahora viene el Sr. Fernández es para mí muy importante
ganármelo como cliente, pero tiene un carácter muy especial, que me saca de mis
casillas y debo estar muy tranquilo y relajado, por lo que cuando venga él, me
avisas, té desnudas, te metes debajo de mi mesa, él no podrá verte, quiero la
mejor mamada de tu vida, pero no quiero correrme, y ten presente que si él se da
cuenta de donde estas, deberás atenerte a las consecuencias y atenderle en todo.
Cuando llegó el Sr. Fernández que era un viejo amigo mío, se
extraño, ver como mi secretaria me anunciaba la visita pero cuando él entró en
mi despacho esta, no estaba, hizo un gesto como buscándola, yo le hice callar
con mi dedo, y estuvimos un buen rato hablando de negocios, mientras me hacían
una comida de rabo de las que hacen historia, yo tenia previsto correrme cuando
estuviese acabando la reunión, y así fue, cuando estábamos ya acabando nos dimos
la mano para sellar el pacto y yo sentado como estaba en mi sillón de ruedas,
avancé para adelante, metiéndole la polla hasta las amígdalas y por lo
inesperado ella se atragantó, tosiendo con mi polla bien adentro y en ese
preciso momento, me corrí en su boca, en su cara y salpicándole todas las tetas.
(Fer)-Pero se puede saber que es lo que pasa debajo de tu
mesa.
(yo)-No, veras, nada importante, una puta barata, que esta
aprendiendo a chuparla y no sabe hacer bien su trabajo, Elisa sal de ahí, y tu
veras lo que debes hacer.
Ella sale de debajo de la mesa, llevando sólo medias y
tacones altos, con la cara chorreando semen, las tetas pinzadas, con las bragas
metidas en el coño, y el rimel todo corrido.
(Elisa)-Señor Fernández, me llamo Elisa y estoy a su completa
disposición para lo que usted mande.
(Fer)- En este momento lo que menos me apetece es oírte
hablar,
De un tirón le arranca el tanga y se lo mete en la boca bien
adentro, se saca el cinturón y con él le ata las manos detrás de la espalda, la
arrincona en una esquina del despacho la hace arrodillar, de un tirón le saca
las pinzas, ella grita pero apenas se le oye un bufido y literalmente le folla
las tetas, ella lo único que puede hacer es dejarse, le pellizca los dos pezones
cada uno con una mano y sube y baja las manos para hacerse una paja con sus
enormes tetazas, hasta que a punto de correrse la suelta y le echa la lefa sobre
su preciosa melena rubia, cayéndole por los ojos y la cara, le saca el tanga de
la boca.
(Fer)-Puta límpiame la polla.
Ella se pone a la labor lamiéndola, y tragando los restos que
podían haber quedado, cuando ella lo da por terminado, Fernández la da un tirón
de los pelos usándolos para secársela, le da la vuelta, la desata, y con el
cinturón la da un fuerte azote en el culo, dejándola claramente marcada, se
viste, me da la mano y se despide, en cuanto quedamos solos recojo las pinzas
del suelo, se las vuelvo a poner, le doy otra fuerte palmada en el culo, y le
digo.
-Guarra, por hoy ya has jugado bastante ahora vístete y a
trabajar, la obligo a vestirse sin poderse limpiar los chorretones que le caen
por el alborotado pelo y con toda la cara sucia, le abro la puerta de mi
despacho para que salga.
CONTINUARA
A ver me interesan mucho todos los comentarios, tanto de
hombre como de mujeres, es solo que y creo que es evidente me gustan mucho las
mujeres y aprecio en distinta medida sus comentarios, pero todos son
bienvenidos.
Gracias por la fantástica acogida que le estáis dando a mis
relatos.