La siguiente semana empecé con el pie izquierdo. Estaba
buscando en el armario unos vaqueros que ponerme para ir a trabajar, pero no
sabía dónde coño los había metido. Pregunté a mi madre por ellos y me dijo que
los había echado a la lavadora. Genial, para unos pantalones que me apetecía
ponerme… ¡Cómo odio que las madres hagan y deshagan a su antojo sin preguntar
nunca antes! Resignado me puse otros pantalones y acabé de vestirme. Cuando
estaba desayunando se me encendió la bombilla.
Supongo que antes de meterlos en lavadora revisarías los
bolsillos… - pregunté temiéndome lo peor
Pues no Marcos, ya sabes que de eso te encargas tú
Sí mamá, pero cuando yo te echo la ropa en el cesto, no
cuando a ti te da por robar de mi habitación todas las prendas que vas
encontrando… - le contesté irónicamente
Pues no me di cuenta, perdona. ¿Tenías algo importante
guardado? – preguntó
No mamá, déjalo. Y para la próxima vez procura no tocar
mis cosas – le dije malhumorado
Me levanté sin terminar el desayuno y salí de casa dando un
portazo. Hay veces que mi madre me saca de quicio. Pero no veo el día en que
pueda independizarme y vivir yo sólo, con toda la libertad del mundo. Si tuviese
un piso propio no tendría tantos problemas para follar con los tíos; empiezo a
cansarme de hacerlo en los coches y hoy día pocos disponen de sitio donde quedar
para follar. Pero bueno, al fin y al cabo, esto era algo que no tenía solución a
corto plazo y no merecía la pena perder el tiempo lamentándome por ello. Lo que
verdaderamente me jodía en aquel momento es que había perdido el número de móvil
del chico del probador. Y eso que ya me había decidido a llamarle un día de
esos, porque aquel tío me había dado un morbo de la hostia y me apetecía volver
a quedar con él. Pero después de esto lo veía imposible. Pensaría que había
pasado de él y se concentraría en poner el ojo en otro tío que no fuera yo.
Pasaron cinco semanas desde mi encuentro con él y en todo ese
tiempo no le había vuelto a ver. Hacía días que había perdido la esperanza de
que volviese a aparecer por allí, cuando un día, inesperadamente, me topé con él
en el ascensor. Yo acababa de llegar al trabajo y me dirigía a mi planta.
Aquella semana tenía turno de tarde. Cogí el ascensor en la planta del parking y
se detuvo en la planta baja. Irrumpió un grupo numeroso de gente y cuando ya
iban a cerrarse las puertas, entró corriendo una pareja. Reconocí al instante al
chico de la pareja. Era él. Iba acompañado de una chica rubia, delgada hasta el
extremo y bastante explosiva. Por el tema de la conversación que tenían supuse
que eran novios. Aunque me jodía reconocerlo, la verdad es que hacían muy buena
pareja. Fue entonces cuando me enteré de cómo se llamaba él. "Bonito nombre",
pensé. Les observé durante todo el trayecto y él intentaba disimular para que su
novia no se diese cuenta de que nos conocíamos. Cuando llegué a mi planta me
bajé, no sin antes rozar levemente su mano con la mía al pasar junto a él. Las
puertas se cerraron y ellos continuaron subiendo. Esa caricia que le di tenía la
única intención de ponerlo nervioso. Yo ya descartaba que él quisiese algo
conmigo después de no haber dado señales de vida. Además, ahora que le había
visto con su pareja, dudaba que ni siquiera volviera a pasarse por mi sección.
Por eso, decidí ser un poco cabrón y ponerle tenso delante de su novia. Al fin y
al cabo, yo no era quien estaba engañando a mi pareja…
La tarde siguió, y con el ajetreo del trabajo ya me había
olvidado del incidente. Atendía a una señora bastante pesada que no se decidía
por una camiseta u otra cuando pasaron agarrados de la mano, junto a mi caja, el
chico con su novia. Cinco metros más adelante él volvió la cabeza y me miró.
Después siguió caminando. No entendía muy bien a qué estaba jugando aquel tío,
pero lo cierto es que me alegró su gesto y me llevé discretamente la mano al
pantalón para colocarme la polla. Quince minutos más tarde volvió a aparecer.
Ahora venía sólo y se detuvo en mi sección. Hizo que miraba ropa entre las
perchas mientras esperaba a que se fuera el cliente al que atendía en ese
momento. Después, cogió unos vaqueros y se dirigió directamente a los
probadores. No tardó ni medio minuto en asomarse por la cortina y pedirme que me
acercara. Me puse super cachondo y tuve que disimular mi notable erección de
camino al probador. Me asomé y le encontré esperándome tal y como le dejé la
otra ocasión. Sin camiseta, en calzoncillos y con la polla asomando por la
abertura. En ese instante me surgió un gran dilema; mentalmente me imaginé al
típico ángel y al típico diablillo que salen en las películas americanas
desaconsejándome uno y animándome el otro a seguir con el juego. Por un lado no
quería volver a cometer una tontería en mi puesto de trabajo. Cuando había
imaginado volver a quedar con él no era precisamente en este sitio. Por otro
lado, el morbo de volver a hacerlo sabiendo que corría el riesgo de que mi
pillaran, acrecentaba mi excitación. Además, ahora había morbo añadido, porque
tenía en mis manos a un hetero (al menos aparentemente hetero) y a su pobre
novia sin saber nada rondando por allí. Creo que en ese momento no podía pedir
nada mejor.
Aquel chico me sacó de mis pensamientos cuando noté que ya
estaba colocando mi mano sobre su polla. Bueno, parecía que al final él había
decidido por mí. Pero entonces se puso en funcionamiento la única neurona que me
quedaba en ese momento y tuve la mejor idea que podía tener: retirar aquella
mano de su polla y salir de allí.
Espera, tío, ¿dónde vas? – me preguntó agarrándome del
brazo
Oye mira, me atraes mucho, pero no puedo hacer esto; me
la estoy jugando – le dije convencido
No va a pasar nada. Si viene alguien puedes reaccionar a
tiempo, como la otra vez - dijo
No, en serio. Creo que no es el momento. Ahora no.
Venga tío. No irás a dejarme así – me dijo señalando su
gran rabo
¿Y cómo crees que me has dejado tú a mí? Además, ¿si
aparece por aquí tu novia?
Acabo de dejarla en la peluquería y me ha dicho que me
fuera a mirar cosas por ahí porque tenía para tiempo... Venga, ¿por qué no
seguimos con esto? – insistió
Ufffff – resoplé – no me pongas en este compromiso. Ya te
he dicho que no – le contesté seriamente
Bueno, pues nada, si no puede ser… ¿Y a qué hora sales de
trabajar? – dijo de repente como si hubiese tenido una gran idea
Aún me faltan varias horas para salir – contesté y, tras
una breve pausa en la que me quedé pensativo añadí – pero quizás pudiéramos
arreglarlo…
Lo que sea tío, dime – dijo como quien está desesperado
por que le bajen el calentón cuando antes
Si me esperas veinte minutos te llevo a otro sitio donde
estaremos más tranquilos
Muy bien, ¿dónde te espero?
En la entrada principal
Me quedaban unos minutos para tomar un descanso. Como cada
tarde, disponía de media hora para tomar el aire, fumar o ir a mear. Le había
dado las pautas a seguir: cuando me viera aparecer por la entrada principal,
debía seguirme a cierta distancia. Saldríamos a la calle y nos dirigiríamos a
otros grandes almacenes que se encontraban en la misma calle. Subiríamos hasta
la tercera planta y cuando accediera a los servicios, debía esperar al menos un
minuto antes de entrar él también.
Hacía como que orinaba en uno de los urinarios. Él se situó
dos urinarios a mi derecha y se la sacó para simular que también meaba.
Esperamos a que se fuera un ejecutivo que en ese momento se estaba lavando las
manos. Con un gesto le indiqué que me siguiera y tras guardarnos las pollas, nos
introdujimos en uno de los retretes.
Me extrañó mucho que no me llamaras. Estaba convencido de
que lo harías – me soltó de repente
Una larga historia. Pero resumiendo, perdí tu número. Y
te juro que te estoy diciendo la verdad – añadí pensando que mis palabras no
parecían muy convincentes
No tengo por qué dudarlo – me susurró al oído al tiempo
que agarraba fuertemente de mi polla
Para no perder ni un solo minuto, rápidamente lleve mis manos
hasta su bragueta y le desabroché uno a uno los botones de sus pantalones y de
una sola vez se los bajé hasta los tobillos llevándome con ellos sus slips. Se
quitó su sudadera y su camiseta y las lanzó al suelo. Volvía a tenerle
totalmente desnudo para mí y esta vez nadie podría interrumpirnos. Me acerqué a
sus pezones y empecé a lamerlos y a chuparlos con desesperación. Él me cogía de
la cabeza y me aprisionaba contra su pecho dejándome apenas respirar. Sin dejar
de morder sus tetillas, le agarré de la polla y empecé a masturbarle durante
unos minutos. Satisfecho ya de la paja, decidió que quería algo más. Por eso,
fue bajando con sus manos mi cabeza hasta su polla y sin dudarlo me la introduje
en la boca. Cuando se chupa una polla a un hetero es fácil actuar: no esperan
que juegues durante un rato con su capullo, ni que des pequeñas lamidas a lo
largo de todo su tronco, ni que alternes las chupadas con tiernos besos. No, lo
único que quieren es hundir todo su rabo hasta la garganta y que les mames
salvajemente; o restregártela por toda la cara y darte pequeños golpes con ella.
Aunque es cierto que a veces se echa en falta la sensibilidad de un gay,
mentiría si dijera que no me pone a cien la falta de delicadeza de los heteros.
Por eso dejé que me follara la boca hasta el extremo de hacerme toser en
repetidas ocasiones y yo, que no podía aguantar más con tanta excitación,
comencé a cascarme una paja. Durante mi mamada, el chico me había sacado la
camiseta que llevaba puesta y acariciaba fuertemente con sus manos toda mi
espalda. Intentaba llegar hasta el comienzo de mi culo pero su brazo no podía
alcanzarlo. Así que, me apartó la cabeza de su polla y me hizo levantarme. Se
chupó varios de sus dedos, me rodeó la cintura con su brazo y me introdujo la
mano bajo los calzoncillos para empezar a jugar con mi ano durante un tiempo.
Luego, me bajó la cremallera de los vaqueros y los dejó caer. Yo terminé de
bajarme los bóxer y ambos quedamos desnudos el uno frente al otro. Durante unos
segundos quedó semi hipnotizado mirándome la polla, que apuntaba directamente a
la suya. Sólo les separaba unos centímetros.
Di un pequeño paso adelante y se rozaron. Di otro segundo
paso y mi polla chocó contra sus huevos y la suya contra mi pelo púbico. Aún
seguía en estado hipnótico cuando le cogí la mano y se la puse sobre ambas
pollas invitándole a hacer una doble paja. No se lo pensó ni dos segundos.
Agarró bien fuerte y comenzó. Pero aquello no iba bien; no debía de tener mucha
práctica en masturbar dos rabos a la vez porque lo hacía bastante torpemente.
Así que le retiré su mano bruscamente y me ocupé yo mismo de aquella paja.
Comenzó a dar pequeños gemidos de placer y en un momento dado se lanzó a comerme
el cuello y las orejas. Uffffff! Su lengua estaba ardiendo y cada vez que tocaba
mi piel, me estremecía como si una corriente hubiese traspasado mi cuerpo de
punta a punta. Cuando se ocupaba de mis orejas e introducía la punta de su
lengua en el oído yo creía enloquecer y le pedía que no siguiera con aquello.
Pero en contra de mis súplicas, él se entretenía más y más para llevarme hasta
la desesperación. Aproveché aquel momento tan ardiente para intentar besarle en
la boca. En cuanto rocé sus labios, se separó de mí. Volví a intentarlo de nuevo
y de nuevo se distanció. Parecía ser uno de esos heteros que piensan que besar a
un tío les convierte en un maricón o algo así, pero sin embargo no ocurre nada
si se dejan comer el rabo o le hacen una paja a otro tío. Incongruencias de la
vida…
Quizás para evitar que yo volviera a intentar besarle, me dio
la vuelta y me apoyó sobre la pared. Sabía lo que vendría después, por eso le
pregunté si llevaba condón. Me contestó que sí y sacó uno de un bolsillo del
pantalón. Se agachó y puso su cara a la altura de mi culo. Por momentos creí que
iba a empezar a comérmelo. En lugar de eso, se limitó a separar con las manos
mis nalgas y a escupir sobre la entrada de mi ano. Me restregó toda la saliva y
me metió de un solo golpe uno de sus dedos. Después, volvió a levantarse y se
escupió sobre la palma de su mano. Me la acercó a la cara y me pidió que
escupiera yo también. Todo ese charco de saliva sirvió para lubricar aquel
inmenso rabo en toda su longitud. Se acercó a mí y juntó su pecho a mi espalda.
Su polla se acomodó entre mis dos nalgas y apretó bien fuerte. No acertó a
insertarme su rabo y volvió a intentarlo varias veces más. Ante su fracaso,
optamos por cambiar de postura. Aprovechamos entonces para terminar de sacarnos
los pantalones y calzoncillos por los pies para tener mayor facilidad de
movimientos. Me apoyé sobre la cisterna del váter ofreciéndole todo el culo. Me
lo agarró bien fuerte y me lo masajeó enérgicamente antes de meterme de una sola
embestida todo ese pedazo de carne. No pude evitar soltar un grito de dolor y si
en ese momento había alguien allí, sin duda lo habría oído. Pero no me importaba
lo más mínimo. Yo sólo quería que ese hetero me taladrara el culo como si se
tratara del culo de su novia. Me folló durante largo tiempo parando de vez en
cuando para reponer fuerzas. Ambos estábamos extasiados y sudábamos como pollos
ante la falta de ventilación.
Cuando notó que le faltaba poco para correrse, sacó su polla
de mi culo, se quitó el condón, y se corrió sobre la tapa del váter. Yo no
perdía ojo mientras soltaba sus chorros de leche, y aproveché para masturbarme
viendo el espectáculo. En ese momento llamaron a su móvil. Al ver el número en
pantalla, me pidió que guardara silencio y contestó. Era su novia. Le debió de
decir que ya había acabado en la peluquería y estaba buscándole. Él le contestó
que se había entretenido mirando ropa en una tienda de la calle y que le
esperara que ya iba para allá. A todo esto yo seguía con mi paja. Había perdido
toda esperanza de que aquel chico continuara meneándomela después de haberse
corrido, por lo que seguí yo por mi cuenta. Me estaba dando un morbo terrible
estar masturbándome delante de un tío mientras hablaba por teléfono con su
novia, y en el momento en que colgó el móvil, descargué toda la leche que
guardaba en mis huevos llenando la pared de un líquido espeso y blanco. Nos
limpiamos y nos vestimos. Decidimos que él saldría antes y yo esperaría un
minuto más. Antes de irse me dio de nuevo su número de teléfono. Yo lo apunté en
la agenda de mi móvil. "Espero que esta vez no lo pierdas", me dijo y marchó de
allí al tiempo que cerraba la puerta tras de sí. Pasado el minuto salí. En ese
momento un hombre que iba acompañado de su hijo adolescente le indicó que se
metiera en el retrete del que yo salía porque se quedaba libre. Me acordé
entonces de las corridas que habíamos esparcido por la pared y el váter, por lo
que, antes de que se dieran cuenta de ello y me relacionaran con ese cuadro,
salí pitando de aquellos baños sin siquiera lavarme las manos y la cara.
El domingo siguiente, mientras cenaba con mis padres viendo
los informativos, se me cayó la cuchara al plato.
Marcos, ten un poco más de cuidado. ¿Te has quemado? – me
preguntó mi madre impresionada por el ruido
Sí, mamá; es que está hirviendo la sopa… - mentí
Ya sabía yo que a ese chico le había visto antes en alguna
parte. No me equivocaba. Pero lo que menos podía pensar es que le conociera de
verlo en la tele. Sí, era él, sin duda, el periodista que daba las noticias
deportivas en el informativo de fin de semana de una cadena nacional. No era
especialmente famoso; por eso pasaba más desapercibido. Pero sí era esa clase de
gente que ves por la calle y te suena de algo sin saber bien de qué. Mientras le
observaba hablando de la jornada de liga vestido tan seriamente con ese traje y
esa corbata, solté una carcajada. Mis padres me observaron como si estuviera
loco, sin entender de qué me estaba riendo.
Volvimos a quedar en un par de ocasiones más, siempre en los
servicios. Nunca le confesé que sabía quién era él. Tampoco sé si a él eso le
preocupaba o si daba por hecho que yo le había reconocido desde el principio. El
caso es que cuando consideré que hacerlo con un "tío de la tele", hetero y con
novia había perdido ya toda su gracia, dejé de llamarle. ¿Para qué perder el
tiempo con un tío cuando aún quedaban millones en el mundo por conocer? "A por
el siguiente", me dije.