Después de sendas experiencias en este mundo del BDSM, léase
"Elisa versus Claudia", y de otra experiencia de Cibersumisión, léase " Confía
en Mi 1 y 2", ambas reales, este es mi primer relato no real, ruego sepan
disculpar por ello si esté no es como se espera de un relato de este tipo, pues
aquí hay más fantasía que nada.
Tengo una empresa de la que por discreción, no diré datos y
mi secretaria personal me pidió la baja por maternidad, nunca se me ocurrió
intentar nada con ella pues esta felizmente casada y su marido es un culturista
de mucho cuidado, necesitaba una nueva secretaria y si esta, me podía satisfacer
en el plano sexual, mejor que mejor, puse un anuncio en diversos medios, que
rezaba lo siguiente.
"Empresa de producción de . . . . . . . . . necesita una
secretaria de dirección y para relación con los clientes, con conocimientos de
informática, se valorará buena presencia y libre disposición, interesadas mandar
currículum vitae, con foto, a ............ ."
La lista de candidatas fue muy amplia, y fui desestimando
aquellas que primero por conocimientos, después por edad, o por características
personales o físicas no eran de mi total agrado, entonces quedaron tres posibles
candidatas, de 22, 28 y 33 años, a las que quise entrevistar, para indagar más
sobre sus conocimientos, gustos personales, aficiones y sobre todo por sus
apetencias sexuales.
La primera chica con la que concerté la entrevista se llamaba
Paula, era la más jovencita, su cabello era negro como el ébano, vestía con
pantalones téjanos en los que se adivinaba un culito precioso y una camiseta
azul de tirantes que dejaban adivinar unas tetas pequeñas pero bien firmes, era
de carácter fuerte e independiente, tenia mucha iniciativa propia y un carácter
vivaracho y alegre, tenia novio y andaban buscando fecha para casarse, no era lo
que yo andaba buscando.
La segunda se llamaba Elisa y eso, para mi ya era una
premonición, era muy rubia, pelo largo y ligeramente ondulado, vino vistiendo un
sobrio traje chaqueta rosa claro con minifalda, era bajita, pues llevaba unos
zapatos de charol negro con tacones de vértigo y era un poco más baja que yo,
por lo que yo no le pondría más de 1’60 a 1’65, tenia un culo salido y
respingón, provocado por los altos tacones, y la chaqueta estaba ligeramente
desbocada por un par de tetas cuyos pezones amenazaban con salir a respirar el
aire libre, hubiera jurado que estaban operadas, vivía sola, no tenia novio,
parecía reservada y algo tímida, me estaba gustando, me preguntó muy
interesadamente sobre las actividades de la empresa, el ámbito en el que nos
movíamos y por ultimo que significaba aquello de "libre disposición".
Preciosa, le dije yo, -tan sencillo como que una de las
funciones de la secretaria, es desestresar al jefe, en todo aquello que sea
menester, por lo que conviene que estés a la libre disposición mía, en cuerpo y
alma.
Yo temía que en ese momento se armase el escándalo, y se
marchase lanzándome todo tipo de improperios, pero para mi sorpresa no fue así,
si no que al contrario, continuamos hablando de diferentes temas relacionados
con el trabajo y que ahora no vienen al caso, y yo pensando que quién calla
otorga, finalmente le pregunto que si acepta el empleo, y entiende todas las
connotaciones que ello conlleva, me dice que si, que en principio lo entiende y
lo acepta y quiere el empleo.
Odio tener que pedir las cosas, por lo que normalmente, las
insinúo, sin decirlo claramente, o lo ordeno sin más, dependiendo del momento y
de la persona, por lo que en ese momento yo no tenia la total seguridad de que
ella lo hubiese entendido, por lo que al despedirla y quedar para que empezase
el lunes siguiente, le digo,
Sin venir a cuento
-El lunes ponte guapa, y cerré la puerta sin darle
oportunidad a contestar.
La tercera me enteré que estaba recién casada, en el
currículo no lo había puesto, y ya no quise entrevistarla.
Estuve todo el fin de semana nervioso como un crío esperando
el día de su cumpleaños.
Pero todo llega y el lunes por la mañana ella aparece
puntualmente, pero vestida con unos pantalones, muy elegante y sensual, eso si,
pero no me gusta que mi secretaria lleve pantalones.
A media mañana le pido un café me lo trae, le digo que se
siente, hablamos de diferentes cosas del trabajo, de repente le digo
–Desabróchate un par de botones de tu blusa, tan abrochada
escondes demasiado tus encantos y me gusta disfrutar de su visión.
Ella se ruboriza, y con los ojos vidriosos me replica,
¿Porque me hace esto?.
-Creía que lo tenias claro, sencillamente ahora necesito
relajarme, y tu eres mi descanso, nunca te forzaré ni obligaré a hacer nada que
tu no quieras, si estas de acuerdo adelante y si no, tu misma, allí tienes la
puerta, pero no me digas que no he sido franco y sincero contigo.
Sin decir nada más, empieza a jugar con el botón hasta
desabrocharlo
Le hago ver que no me gusta que lleve pantalones que una
hermosa mujer debe lucir sus piernas, ese día no forcé la situación mas allá.
Al día siguiente viene con el mismo traje chaqueta de la
entrevista, con medias oscuras y tacones de vértigo, mmm me encanta, se saca la
chaqueta mostrando la blusa y ha tenido el detalle de venir con unos botones
desabrochados, por lo que se le insinúa un precioso canalillo, con un tentador
sostén rosa.
Después de un buen rato de trabajo le pregunto:
-Te apetece un café.
-Si Gracias.
-Pues haz dos y los traes a mi despacho, por favor.
-Siéntate y relájate, mientras tomamos el café.
-Sácate lentamente la blusa.
Tímidamente ella se despoja de la blusa dejando ver un
precioso sostén rosa con puntillas tipo balconet, que hace que los pezones me
apunten desafiantes.
Le ordeno, -Levántate, date una vuelta, lentamente y deja
caer la falda al suelo, con la mirada cabizbaja, se levanta y obedece,
apareciendo ante mi vista, el más horrible panti que yo jamás había visto y
después de dar la vuelta veo unas antieróticas bragas de cuello alto.
A mi tal visión me ha dejado mi libido deshecha y sin ganas
de seguir, intento cargarme de paciencia y se lo explico.
-Bonito traje chaqueta pero pierde el encanto con una ropa
interior desconjuntada y de monja, tenlo presente no quiero que lleves nunca
panties, si algo cubre tus piernas han de ser un par de medias con liguero o de
presión, quítatelos ahora mismo y tíralos a la papelera.
Sin atreverse a mirarme a la cara, se gira dándome la espalda
y se los quita, dejándolos en el suelo.
Me obliga a repetirlo, -He dicho a la papelera., casi
llorando lo hace.
-Ahora sácate esas bragas y tíralas también, nunca te pongas
unas bragas que escondan el ombligo, yo prefiero tanga, pero si te pones bragas
estas no deben subir más de 15 cm. Por debajo del ombligo, ¿entendido?.
Ahora, si rompiendo, a llorar, me contesta -Si señor, a
continuación púdicamente sin enseñarme nada, se las saca y las tira a la
papelera.
-Bien, por hoy ya tenemos bastante vístete, con lo demás y a
trabajar.
-Pero señor . . .
-Shhh, no hay pero que valga no admito replicas, apáñate y si
quieres al salir puedes ponértelas, pero entretanto déjalo allí.
En cuanto salió de mi despacho, cogí los panties y con unas
tijeras, haciendo unos agujeros en los sitios estratégicos los convertí en unas
medias con liguero incorporado, e hice lo mismo con las bragas, convirtiéndolas
en un escueto tanga.
Antes de salir entro en mi despacho.
-Da usted su permiso, venia a . . .
-Si, Elisa, (mientras hablaba por telefono) cogelo allí lo
tienes, esta donde lo dejaste.
Lo cogió apenas sin mirarlo, se metió en el baño y cuando
salió su cara tenia un semblante alegre.
Al día siguiente llevaba un escotado vestido, cruzado,
amarillo, de una pieza, que se abría con solo deshacer el cinturón y que le
llegaba justo a la rodilla, sentada con las piernas cruzadas se la veía muy
sensual, e inclinada hacia delante dejaba entrever un sostén de color negro.
Llego el momento por mi tan ansiado, la llamo por el
interfono, -Elisa, por favor tráeme un café y hazte otro para ti.
En cuanto entra con los cafés, tan sólo tengo que decir,
"Elisa el vestido" y ella automáticamente deja los cafés encima de la mesa y
rápidamente se saca el vestido, tuve que reprenderla, debes hacerlo un poco más
lento, más sensual, más audaz, parece que estuvieses desesperada por desnudarte,
dime realmente lo deseas.
Si señor lo estaba esperando y lo necesitaba, se atrevió a
decir en voz bajita.
Pues si lo deseas, debes hacer las cosas bien.
Hoy si, estaba preciosa, llevaba unas medias de presión, con
ligas, un apretado corsé negro, unas braguitas a juego y unos zapatitos de
charol negro con un afilado tacón de aguja, estaba realmente preciosa y con un
aire fetichista, como a mi me gusta.
-A ver desnúdate lentamente,
Se saco el corsé y sus tetas rebotaron obscenamente plenas,
con unos pezones ya duros, realmente tenia ganas, girando suavemente se saco las
bragas y apareció un coño peludito, y contoneándose vino hacia mi.
-Le gusta al señor, lo que ve.
-Y este cambio antes tímida y ahora melosa, ¿a que se debe.?
Muy timidamente me contesta.
-Verá señor, hace mucho tiempo que no estoy con ningún hombre
y esta situación me puede y necesito el empleo, no sabia como debia comportarme.
-Pues si, debo decirte que me gusta lo que veo, pero hay algo
que debes arreglar, para que me guste más, no quiero ver ni un solo pelo entre
tus piernas, me gustan los coños como si fuese de una bebita, y a partir de
mañana lo llevaras cada día rasurado, y usaras siempre tanga coge todas las
bragas que tengas y tíralas.
-Pero es que no tengo tanga, nunca he usado, me molesta que
se me meta la tela dentro.
-No me gusta el conejo con pelo, esta tarde, primero te
rasuras y luego vas de compras y que te vayan bien apretaditos, si te molestan
ya te acostumbraras.
Le di dinero más que suficiente.
En este momento llamaron al teléfono, al fin y al cabo
estábamos en la oficina trabajando, contesté y le hice señas para que se
acercara, y mientras conversaba la cogí por el cuello y la obligue a que me la
chupara, tape un momento el auricular, y le dije, - Sin manos, mastúrbate para
mi.
Lo estuvo haciendo, subiendo y bajando por todo el balano,
besando el glande y chupando los huevos hasta que terminó la conversación
telefónica, la tuve que apartar, no me quería correr, todavía y ya la tenia muy
dura, la situación me había puesto muy caliente.
-Te puedes retirar, Elisa, haz lo que te he dicho.
Quería dejarla muy caliente, aunque yo también tuviese que
sufrir las consecuencias, en cuanto se marchó tuve que pajearme frenéticamente.
CONTINUARA . . . .
Se aceptan ideas, y si pueden ser de mujeres mejor, quiero su
opinión, gracias por leerme.