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TODORELATOS » RELATOS » 5 CHICOS (02: TARDE EN LA PISCINA)
[ Abre la boca que te va la sopa. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 04-Sep-07 « Anterior | Siguiente » en Gays (5680 de 6573)

5 Chicos (02: Tarde en la piscina)

Hector Richvoldsen
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Jaime y Marcos pasan la tarde en la piscina de la urbanización. Empiezan a calentarse y acaban masturbandose juntos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Había pasado apenas una semana desde lo que pasó en casa de Luis. Ninguno había vuelto a hablar del tema, pero todos lo recordaban de vez en cuando, y no les importaba repetir. Sobre todo Carlos, que desde aquella tarde había convertido las pajas en una de sus rutinas diarias.

Era lunes, y con el calor que hacía, a ninguno le apetecía salir. Tampoco a Marcos, que se preparaba para bajarse a la piscina comunitaria cuando sonó el teléfono. La voz de pito que sonó al otro lado del auricular era inconfundible. Otra tarde más, Jaime se auto-invitaba a la piscina de su amigo, con la excusa de no tener nada que hacer en casa.

A Marcos tampoco le importaba, la piscina de su urbanización no era precisamente un lugar muy concurrido, y la gente de su edad brillaba por su ausencia. La visita de Jaime casi se agradecía, de no ser por lo pesado que se ponía a veces. De todos modos, Marcos estaba últimamente más animado de lo normal. Como había supuesto, desde aquella paja en casa de Luis era prácticamente uno más en el grupo. Ahora hablaba con todos, y no solo con Jaime, como hacía hasta entonces. Bueno, más bien hablaba con casi todos, pues David no le dirigía demasiado la palabra.

Mientras Marcos bajaba a la piscina, Jaime se colocaba el bañador. Al verse desnudo, recordó el pene de David, más largo y grueso que el suyo. Al fin y al cabo, le llevaba casi un año, pero eso no solucionaba su complejo de tenerla pequeña. Del grupo, solo Carlos estaba menos desarrollado que él, y cuando se duchaba después de la clase de Educación Física, pocos compañeros suyos tenían menos vello que él. Tratando de olvidar estos pensamientos, cogió la mochila, y salió de su casa en dirección a la piscina de Marcos. Estaba a dos calles de su casa, por lo que el calor que hacía a las cuatro de la tarde no le acompañaría demasiado tiempo.

Cuando al fin llegó, saludó a Marcos, que leía un libro tumbado a la sombra en el césped, y dejó la mochila y su camiseta a su lado, para a continuación lanzarse al agua. Marcos tardó poco en zambullirse también, y una vez dentro de la piscina, comenzó a intentar hundir a Jaime. Este se resistía a duras penas, y finalmente acabó cediendo. Tras el forcejeo, Marcos notó que se había empalmado, y se puso a nadar hacía el otro extremo de la piscina intentando que no se le notara. Lo que Marcos no sabía es que Jaime también se había excitado con la pelea. Nunca le había atraído ningún chico, pero el roce de su piel con la de Marcos había hecho reaccionar a su lampiño aparato.

Durante el resto de la tarde, ambos evitaron el contacto físico, para prevenir nuevas erecciones inoportunas. Cuando el sol empezó a ponerse, ambos fueron al vestuario a quitarse los bañadores. Según normas de la comunidad, nadie podía salir de la zona de la piscina con la ropa húmeda. Y como Marcos y Jaime ya se habían llevado más de una bronca de las vecinas, prefirieron no tentar a la suerte, y ducharse directamente en los vestuarios.

Como estaban solos en el vestuario, Marcos no tuvo ningún pudor en quitarse el bañador y ducharse desnudo. Pero Jaime no quería volver a lucir su pequeño pene, y se metió a las duchas con el bañador puesto. Marcos se extrañó por esto, y le preguntó que por qué no se lo quitaba. Tras varios amagos, finalmente Jaime se despojó del bañador, y no pudo evitar comparar su pene con el de Marcos.

Desnudos completamente, las diferencias entre ambos eran más notables. El cuerpo delgado de Marcos se oponía al de Jaime, mucho menos en forma. Aunque Marcos y él solo se llevaban un año, la diferencia entre sus cuerpos hacía pensar que era alguno más. El apenas formado pene de Jaime contribuía a ello también.

Después de que Jaime le dirigiera varias miradas a su entrepierna, Marcos pidió, bromeando, explicaciones a su amigo. Pese a la actitud amistosa de Marcos, Jaime no se lo tomó demasiado bien, viéndose su amigo obligado a pedirle disculpas.

-Hey tío, perdona, que era de coña.

-No pasa nada. Es que llevo desde el otro día pensando, y es que soy el que la tiene más pequeña del grupo. Bueno, sin contar a Carlitos...

-Pero eso es normal. Yo hace un año la tenía como tu, y mira ahora... Tu no te preocupes, que ya te crecerá.

-Si, pero ya sabes como son Luis y David, que siempre se están metiendo conmigo. Ya veras que pronto empiezan a reírse de mi polla...

-Bah, si seguro que el otro día ni se fijaron... Además, por lo menos tu ya te corres. Yo el año pasado, la tenía más pequeña que tu, y ni me escupía.

Aunque Jaime no parecía muy convencido, las palabras de Marcos le calmaron un poco. Al parecer, no era tan extraño no estar desarrollado a su edad. Una vez más, miró el pene de su amigo, y lo comparó con el suyo. Recordó la corrida de Marcos en casa de Luis, mucho más abundante que la suya, y de nuevo empezó a excitarse.

Marcos no se percató de esto, pues andaba concentrado en enjabonarse el pelo. Sin embargo, el estar desnudo frente a Jaime le hizo acordarse también de lo del otro día. No había la primera vez que se masturbaba acompañado, pues más de una vez lo había hecho con algún compañero de gimnasio, pero hacerlo al lado de Jaime, al que conocía desde que eran pequeños, no era lo mismo. Aunque no sabía muy bien por qué, el otro día se había excitado más de lo normal. Aquella película, y el estar rodeado por otros cuatro chicos le habría provocado eyacular con más fuerza que nunca. Y ahora, al recordarlo, se empezó a calentar también.

Cuando se quiso dar cuenta, ya era demasiado tarde, y sus 13 centímetros apuntaban al techo del vestuario. Miró a Jaime para ver si este se había percatado de su erección, pero notó que él también se había empalmado.

-Joder, como nos hemos puesto en un momento... – Soltó Marcos, tratando de quitarle hierro al asunto.

-Ya ves, me he puesto a pensar en lo que contó David de Elena, y... –Mintió Jaime.- ¿Qué, nos hacemos una paja a ver si baja esto un poco?

-Bueno – Dijo Marcos sin pensar. – Pero casi mejor nos vestimos y nos la hacemos en mi casa, que aquí puede entrar alguien, y no es plan.

Cuando Marcos abría la puerta de su casa, ambos conservaban moderadamente su erección. La idea de repetir a pequeña escala lo del otro día les excitaba sobremanera. Los padres de Marcos trabajaban fuera, y no llegarían hasta bastante tarde, con lo que estaban solos. Entraron al cuarto de Marcos, y Jaime se sentó en la cama esperando que Marcos empezara. Este rebuscó en un cajón, y sacó unos papeles arrugados, restos de lo que un día debió de ser una revista erótica. Apenas mostraba unas chicas ligeras de ropa, pero servirían.

Los dos se despojaron de la poca ropa que llevaban, y se tumbaron sobre la cama de Marcos, separados por pocos centímetros. Ambos miraban la revista, pero estaban más atentos a los movimientos del otro, que a la pelirroja que tomaba el sol con un bikini más bien escaso. Jaime sacudía nerviosamente su rabo, al tiempo que respiraba fuertemente. Marcos iba a un ritmo más tranquilo, pero su cara reflejaba la misma excitación que la de su compañero de faena. Sin embargo, a Marcos se le pasaba otra idea por la cabeza. No hacía mucho había visto en una película de la 2 que dos amigos se masturbaban el uno al otro, y no le importaría probar la experiencia. Pero nunca había tenido ocasión de ponerla en práctica. En el gimnasio no tenía demasiada confianza con nadie y además tampoco se hubiera atrevido. Ahora era su oportunidad de probarlo. Aunque no estaba muy seguro de la reacción de Jaime, sabía que era un buen momento. Ambos estaban muy excitados, y eso jugaba a su favor.

Tras dudarlo unos instantes, finalmente Marcos se atrevió a preguntarle a su amigo:

-Oye, ¿y si nos la hacemos el uno al otro?

Ante la cara de asombro de Jaime, se vio obligado a añadir:

-Por probar que se siente cuando te la hacen... Cerramos los ojos, y pensamos que nos la está haciendo una piba.

Jaime se lo pensó un poco, pero acabó aceptando. Después de todo, nadie se iba a enterar, y con lo excitado que estaba, no le importaba probar algo nuevo. Cuando notó la mano de Marcos aprisionándole fuertemente el pene, un escalofrío recorrió su espalda. Dejó la revista que sostenía en el suelo, y alargó su mano derecha hasta apoyarlo en el vientre musculoso de Marcos. No se atrevía a coger aquel mástil que palpitaba a escasa distancia suya. Cuando Marcos empezó a agitar su mano suavemente sobre el rabo de su amigo, Jaime reaccionó, e hizo lo propio.

Al sentir la fría mano de Jaime sobre su piel caliente, Marcos apretó espontáneamente su polla, provocando que este pegara un respingo. Poco a poco se fueron acostumbrando a la situación, y experimentando con las sensaciones del otro. Jaime masturbaba a Marcos con apenas tres dedos, que subían y bajaban el suave prepucio aceleradamente. Por su parte, Marcos rodeaba con su mano toda la extensión del rabo de su amigo, y cambiaba de ritmo con frecuencia, lo que desconcertaba a Jaime. La velocidad con la que ambos se masturbaban, y la excitación que tenían no les alargar mucho el momento.

El primero en correrse fue Marcos, que no estaba acostumbrado a durar tan poco, pero la celeridad que se dio Jaime no le permitió aguantar demasiado. Intentó pararle, pero ya era demasiado tarde, y varios trallazos de semen regaron su torso desnudo, y la mano de Jaime. Este se quedó impresionado por la potencia de Marcos, y se levantó en busca del paquete de pañuelos que habían dejado encima de la mesilla.

Cuando se hubieron limpiado, Marcos continuó solo la tarea. Estaba decidido a esmerarse, en recompensa al placer que le había proporcionado su amigo. Jaime se tendió en la cama, cerró los ojos, y trató de concentrarse en sus sensaciones. No aguantaría demasiado, pero quería aprovecharlo al máximo. Qué buena idea había tenido Marcos.

Jaime notaba el orgasmo cada vez más cerca, pero los cambios de velocidad que realizaba Marcos le torturaban dulcemente. Cuando Marcos notaba que su amigo aceleraba su respiración, él bajaba el ritmo y las ganas de correrse se desvanecían. Llevaban así varios minutos, y Jaime estaba al borde de la desesperación. Su impaciencia se incrementó exponencialmente cuando el teléfono les interrumpió, y Marcos salió como un rayo para ir a contestar.

Al volver, Jaime y su rabo se encontraban en la misma posición.

-¿Quién era? –Le preguntó a Marcos.

-El plasta de Carlitos. Le he dicho que se venga.

-Pero...

Marcos le cortó rápidamente agarrando su pene y empezando a sacudirlo fuertemente. El pobre Jaime no aguantó ni medio minuto en empezar a soltar goterones de semen, notablemente más abundantes de lo normal. El grito ahogado que dio mientras se corría hizo reír a Marcos. La cara de Jaime era todo un poema.

Terminaron de limpiarse, y adecentaron un poco la habitación, mientras Carlos llegaba. Antes de contestar al timbre, Marcos miró muy serio a Jaime, diciéndole:

-De lo de antes no se te ocurra decir nada, ni a Carlos, ni a nadie. Como se enteren estos iban a tener cachondeo hasta dentro de tres años...

-Tranquilo hombre. –Contestó Jaime con una sonrisa- No quiero que piensen mal de nosotros...

Cuando Carlos entró a la habitación de Marcos, se percató de un pañuelo usado que había sobre la mesilla.

-¿Qué habéis estado haciendo, guarrillos? –Les dijo.

-Este, que es un cerdo, y se deja los pañuelos usados por ahí tirados... –Disimuló como pudo Jaime.

-Ya, claro... –Murmuró Carlos.

TodoRelatos.com © Hector Richvoldsen

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