Tan pronto como volví en mi, noté cómo burro me bombeaba con
rapidez, pero también el hecho de que mi vagina aún no se acostumbraba al tamaño
del pene alojado en ella, por lo que desde la mitad ya era insoportable el
dolor, y en poco ayudaba mi resistencia, sin embargo burro soltaba abundante
líquido preseminal, lubricándome abundantemente y ayudando en eso a que su
gigantesco aparato resbalase dentro de mi hasta que sus testículos golpeaban en
mi pubis, retrocediendo e iniciando el proceso una y otra vez.
Después de unos cinco minutos, que por cierto se me antojaron
eternos, mi vagina ya toleraba el dolor, y comencé a impulsarme hacia atrás al
ritmo de burro, saliendo a su encuentro cada que se impulsaba hacia delante,
sentía la punta de su pene, que en esa parte era ligeramente ancha, recorrer
todo el camino de mi matriz hasta chocar con el fondo, el liquido preseminal no
dejaba de salir y ya me llenaba, por lo que resbalaba desde mi vagina hasta el
suelo en forma de hilos cristalinos, que al llegar al suelo se juntaban con lo
demás y hacían más grande el pequeño charco resbaloso que se formaba en medio de
mis rodillas.
Yo estaba casi perdida, pero también me cansaba esa posición,
por lo que pedí a burro una tregua "espérate, te voy a enseñar algo rico".
Pareció entenderme, porque se bajó de mí, quitando
rápidamente a uno de sus cómplices, que pensando probablemente que estaba libre,
se me subió, buscando ávidamente introducirme su miembro en donde pudiera, por
lo que burro actuó oportunamente ya que mi nuevo amante ya estaba haciendo
esfuerzos para sodomizarme.
Cogí a burro por la cabeza tan pronto pude ponerme de
rodillas, buscando su boca con la mía y chupando su lengua, que rebozaba de baba
y la cual bebí sin reparos, luego lo guié hasta una habitación de las tres que
teníamos a nuestra disposición, dos de las cuales ya estaban ocupadas por Pilar
y Fabiola, que simplemente decidieron tumbarse boca abajo sobre unos grandes
cojines, dejando sus orificios a merced de cuantos perros entraran, y dando
pequeños gritos de dolor en cuanto uno bien dotado las poseía, así que entramos
a la única habitación libre y acostando a burro en la cama, me dispuse a hacerle
sexo oral, el mejor que hubiera tenido en su vida sin importar con cuantas
humanas hubiera estado, yo debía ser la mejor de todas esa noche…
Lo recosté en la cama, y me puse ligeramente sobre él,
acariciando todo su cuerpo, hasta entonces me di cuenta de lo áspero de su pelo,
que lejos de molestarme me excitó por la virilidad del mismo, lo olí, y acerqué
mi boca a la suya, tomando su lengua con la mía e introduciéndola a mi boca,
sintiendo su aliento inundar mi garganta, mientras con una mano acariciaba sus
testículos que casi por milagro se llenaban de semen después de cada descarga,
dejando a mi macho con ganas de volver a descargarse una y otra vez, eran
grandes, casi del tamaño de una pelota de tenis, semiredondos y cubiertos de
pelo corto, y a su vez unidos mediante una membrana de pie a la base de su pene,
bastante largo y grueso, cuyas dimensiones sólo había visto en ponys, y sin
embargo lejos de intimidarme ante el recuerdo del dolor de la primera vez que me
penetró, sentía ganas de tenerlo dentro de mi nuevamente, y no solo lo deseaba,
mas bien parecía necesitarlo, por lo que abrí mi boca lo más que pude, a
sabiendas de que todo eso jamás cabria totalmente en mi boca, sentí mis
mandíbulas abrirse al máximo, alojando apenas un poco mas de la punta de ese
maravilloso pene rojizo, saboreando su sabor agridulce, paladeándolo y tragando
todo el liquido preseminal que mi amante depositaba generosamente en mi boca,
era demasiado hermoso, por lo que ya no aguanté más y poniéndome a cuatro patas
me dispuse a alojar en mi interior el pene mas hermoso y brutal que en mi vida
había contemplado en un perro.
Burro entendió (¿o yo era quien entendía a burro?), por lo
que ágilmente se paró, y saltando por encima de mi espalda quedó atrás de mi,
tomando mi cintura con sus patas delanteras firmemente me penetró con un poco
menos de la mitad de su miembro, lo suficiente para hacerme dar un pequeño grito
al sentir cómo mis labios vaginales se distendían al máximo súbitamente.
Sin embargo eso no era todo, ya que burro solo esperó un poco
más para meterme otra porción de él, lo cual me arrancó algunas lágrimas, pues
en esta ocasión chocó con el fondo de mi útero, por lo que al sentir que ya me
tenia totalmente llena, comenzó a penetrarme a una velocidad increíble, mientras
yo gemía por el dolor y apretaba la sábana con mis manos, notando cómo poco a
poco mi vagina se expandía hasta que finalmente pude sentir los testículos de
burro chocar con mi entrepierna, la cual se abría al máximo quedando como un
guante ajustadísimo al pene del hermoso perro que en ese preciso momento se
encontraba sobre mi.
Burro comenzó a darme gusto rápidamente, entrando y saliendo
de mi vagina con casi la totalidad de su pene, lo cual era maravilloso ya que
tomando en cuenta lo apretada que sin duda estaba mi vagina, creo que le daba
mucho placer, sin embargo noté que le complacía mucho más darme empujones que me
mandaban de bruces sin importar mis intentos por medio incorporarme, teniéndome
con el culo en pompa y teniéndome firmemente sujetada de la cadera con sus patas
delanteras, estaba realmente disfrutando eso, sin embargo al parecer el estaba
decidido a sodomizarme, pues después de darme algunos cuantos orgasmos, y sin
eyacular dentro mío se retiró un poco y luego de dedicarme algunos cuantos
lametones que abarcaban toda mi vagina, se montó nuevamente y comenzó a moverse,
buscando mi ano, pero conociendo las dimensiones de su miembro pasé una mano por
debajo mío tratando de desviar su pene cada que estaba a punto de hacer diana, a
lo cual el respondía con lastimeros gruñidos, hasta que al ver que sus ruegos no
lograban convencerme, fingió que se bajaba, por lo que consideré mi oportunidad
de incorporarme y escapar de él, lo cual fue uno de los errores mas grandes de
mi vida, ya que en cuanto saqué la mano de entre mis piernas, Burro saltó sobre
mí a una velocidad que apenas noté, sin embargo antes de que pudiera reaccionar
ya tenía al menos una cuarta parte de su pene dentro de mi ano, lo cual me hizo
dar un tremendo grito, que atrajo la atención de los demás canes y las pocas de
mis amigas que pudieron asistir a ver qué me pasaba, ya que algunas de ellas
estaban firmemente abotonadas a sus compañeros mientras que otras tuvieron que
asistir sin querer, ya que sus respectivos amantes las llevaron arrastrando tras
ellos.
Mi ano sin duda se había abierto más de lo debido, ya que me
ardía horriblemente, lo cual no importó a Burro que tomándome muy fuerte de la
cadera empezó a empujar firmemente, y teniendo como posible aliciente mi
resistencia, ya que yo sentía que no cabría todo sin empujarme todo el contenido
del recto hasta el fondo, yo estaba con el alma en un grito, realmente no creía
poder soportar más de la mitad, sin embargo no pude hacer nada para evitar que
la totalidad del pene de Burro se introdujera en mis entrañas, y menos pude
hacer por evitar que empezara a bombearme, sacando casi todo su miembro sólo
para volverlo a meter de un solo envión, hasta que me sorprendí a mí misma
pidiendo más y más ¡era increíble sentir mi interior tan lleno, con ese pene tan
tremendo y caliente entrar y salir de mi, dejando un enorme hueco cada que salía
y que era rellenado casi de inmediato al penetrarme de nuevo!, ya no era yo
A.P.H.H. (mis iniciales), sino una perra, y al pensar eso, me puse a pensar en
las palabras de Fabiola, que aseguraba que esos perros eran capaces de preñar
humanas.
Al imaginar el morbo de eso y tomando en cuenta que ya todas
habíamos sido cogidas cada una por al menos seis de esos excepcionales canes,
muy posiblemente alguna de nosotras quedaría encinta, por lo que si era mi caso
me hubiese encantado que fuera de un macho tan majestuoso como Burro, por lo que
como pude volteé mi cara y le dije: "mi amor, me encanta como me lo haces por
atrás, pero quiero que me preñes, por favor métemelo en la vagina y termina
dentro, ¿si mi amor? ¿me preñas por favor?" sin tener respuesta (era de
suponerse) y siendo sodomizada tuve que volver a mi posición de perra, sin
embargo un poco después Burro me saco el miembro de atrás y sin importar los
restos de excrementos que salieron manchando su pene, me la metió por la vagina,
bombeándome con más y más fuerza, hasta que sentí un líquido caliente llenarme
hasta desbordarse, dejando mi vagina totalmente rellena de semen, y sin que
burro abandonara su posición un buen rato, pude sentir cada una de las
contracciones del pene de mi amante al momento de lanzar los últimos chorros de
esperma muy dentro mío, hasta que se bajó a buscar otra víctima, mientras yo
quedaba sumergida en un largo sueño, interrumpido de vez en cuando por alguno de
los canes que me hacia algo de sexo oral o bien, aprovechando que me coloqué
boca arriba y con medio cuerpo fuera de la cama, penetrándome en la posición del
misionero, sin embargo mi sueño era mucho como para despertar totalmente, además
después de probar a Burro ya los demás perros parecían tener un pene casi
insignificante.
Al otro día despertamos ya casi al mediodía, el cuarto olía a
sexo, mis compañeras sin recato ya, daban besos en la boca a algún perro en
especial, creo que al que más les agradó, mientras que burro era atendido por
tres de ellas, que se turnaban para chuparle el pene, entre ellas distinguí a
Fabiola.
Salimos al pueblo, seguidas por nuestro séquito de canes,
cada una al lado de su pareja, y por supuesto Burro con cuatro de nosotras,
algunas chicas (bastante guapas, por cierto) se dirigían a nosotras con miradas
cómplices "¿ya conocen a mi papá?" con cierto toque pícaro, incluso una que no
aparentaba mas de catorce años nos comentó "¿verdad que todos ellos están
deliciosos?" sin importarle que su madre iba con ella, entonces pudimos darnos
cuenta que lo que pasó en la noche estaba siendo delatado con nuestra actitud, y
lo sorprendente era que no nos importaba, hasta entonces pudimos notar cosas que
al llegar no habíamos visto, como por ejemplo que ningún perro llevaba correa, o
que en el parque era muy frecuente que los perros metieran la nariz debajo de
las faldas de las chicas, que ni se inmutaban, o que un grupo de canes se
acercaran a alguna de ellas y con pequeños empellones la dirigieran dentro de un
callejón que tenía a modo de puerta una sábana, del cual entraban y salían sin
cesar chicas y perros, ellas con la ropa algo descompuesta y ellos aún con el
pene fuera de su capuchón, incluso vimos cómo una pareja de novios era separada
momentáneamente por tres canes que, tras dar algunas vueltas a la chica, la
encaminaron al callejón, seguida por la mirada cómplice ¿o sumisa? de su novio
humano.
Y aunque hay mucho que contar, sólo diré que decidimos pasar
mucho tiempo más en ese sitio maravilloso, mis compañeras y yo decidimos
cambiarnos a la universidad del lugar y seguir rentando el cuarto donde tuvimos
nuestro primer encuentro con los perros, y del cual salimos preñadas todas, cada
una tuvo un cachorro y el mío es un hermoso cachorrito al cual alimenté con mi
leche con mucho cariño, y que ahora es mi adoración, parecido a un gran danés y
bastante felpudo, yo diría que es igual a su padre.
Y pues me despido, ya que afuera está Fabiola, quiere que le
ayudemos con algunos perros que la vienen siguiendo, ojala y alguno de ellos sea
Burro…
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