Esa noche dormí como un angelito. La movidita tarde con Diego
y la falta de sueño que arrastraba desde el día anterior habían hecho mecha en
mí. Cuando el despertador sonó, abrí los ojos algo aturdido; no sabía ni qué
hora era ni dónde estaba. Tardé en reaccionar. Miré la hora y comprobé que eran
las 7 de la mañana. ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo? Debí de quedarme dormido
poco tiempo después de irse Diego, cuando me tumbé en la cama a pensar en todo
lo ocurrido.
Las tripas me rugían; hacía unas 20 horas que no había comido
nada. Me levanté y lo primero que hice tras echar una meada fue prepararme el
desayuno. Mientras tomaba doble ración de mi batido diario de frutas y muesli,
Diego volvió a mi mente. No dejaba de pensar en todo lo ocurrido el día
anterior. Por un lado estaba satisfecho. Satisfecho de haber conseguido aquello
que me había propuesto (al menos, en parte). Y contento, porque el encuentro
sexual había estado muy bien, y ese chico me gustaba. Pero por otro lado no
podía quitarme de la cabeza la manera en que se habían precipitado todos los
hechos. Quizás había ido demasiado rápido y eso sólo podía confundir más al
chaval. Diego no se había iniciado en el sexo de forma natural. Prácticamente le
había ido yo animando a que hiciese tal y cuál cosa, y no había respetado su
ritmo. Era él quién tendría que haber decidido con quién, cuándo y cómo debía
haber sido su primera vez. Y quizás ese chico aún no tenía claro cuál era su
auténtica identidad sexual. ¿Y si en realidad la atracción que sentía por los
tíos era una mera etapa de su adolescencia que pronto pasaría? Pero ahora no,
ahora prácticamente era yo quién le había obligado a seguir por un camino en la
vida. Por supuesto que en ningún momento le forcé a hacer nada que él no
quisiese o desease, pero había jugado sucio y me había aprovechado del interés y
la curiosidad que cualquier chaval de su edad muestra hacia el tema del sexo.
Todo el mundo que me conoce sabe que le doy bastantes vueltas a la cabeza.
Muchas veces hago una montaña, a veces una cordillera entera, de un grano de
arena. Puede que me estuviera haciendo una paja mental con todo aquello. No
sabía. Lo único que tenía claro es que abandonaría por un tiempo mis prácticas
de voyeurismo con Diego, incluso dejaría de bajar a la piscina por unos días con
tal de evitar encontrarme con él. Sí, es cierto, lo reconozco, soy un cobarde y
no sé cómo afrontar los problemas pero en ese momento no se me ocurría ningún
plan mejor.
Por la tarde estuve haciéndome una paja por webcam con un
amigo de Gijón. En los últimos años, he hecho varios amigos que he ido
conociendo por diversos chats gays. Suelo tener una sesión de cibersexo con
ellos de vez en cuando y después, al acabar, a veces nos quedamos hablando de
nuestras vidas. Aunque no siempre me conecto al Messenger para pajearme con
ellos; a veces sólo conversamos. Con estos amigos es con quién me he sincerado
desde el principio respecto a mi homosexualidad. Hablar con ellos de mis
problemas y mis preocupaciones me ayuda mucho, pues siento que ellos son los
únicos que pueden comprenderme. No me imagino hablando de todo esto con nadie
más, ni siquiera con mis amigos de toda la vida. Javi, mi amigo asturiano, me
estuvo contando que no estaba pasando por uno de sus mejores momentos. Al
parecer, su novio se acostaba periódicamente con otros tíos. Desde un principio
Javi lo supo, y lo consintió, con la esperanza de que con el tiempo pudiera
convencerlo de que él era el único tío al que necesitaba. Pero después de tres
años todo seguía igual. Por eso, Javi le había suplicado que, si realmente le
quería, dejara de follar con otros hombres, o si no cortaría con la relación. El
cabrón de su novio le respondió que poner un ultimátum no era amor. Y que él sí
que le quería, y que nunca le había engañado porque nunca le había prometido
nada. Es más, le dijo que si sentía amor verdadero por él, no podía pedirle que
cambiara, porque una de las bases para que una relación funcione es el respeto
hacia la forma de ser de cada uno. En el fondo tenía razón, pero me jodía que mi
amigo lo estuviese pasando mal. Era un buen tío y no se merecía toda esa mierda.
Cuando me preguntó por mí, estuve tentado de contarle todo lo que me había
pasado con Diego, porque necesitaba consejo de alguien que me dijera cómo llevar
aquella situación, pero después del culebrón que me había relatado, pensé que mi
problema en el fondo no tenía tanta importancia y me sentí un egoísta al
lamentarme tanto por mis cosas.
Estaba a punto de meterme en la cama a dormir cuando recibí
un mensaje al móvil. Me extrañó que alguien me escribiera tan tarde. Empecé a
pensar en quién podría haber sido cuando en mi mente sólo quedó una persona:
Diego.
"SPERABA Q M LLAMARAS O M SCRIBIERAS DESPUES D LO D
AYER.TENGO GANAS D VOLVER A KEDAR.CUANDO T VIENE BIEN?"
En aquel momento no tenía la más mínima gana de contestarle.
Ya lo haría al día siguiente por la mañana. Al no recibir respuesta pensaría que
ya tenía apagado el móvil y que, por lo tanto, no había leído aún su mensaje.
La mañana siguiente pasó rápida. Ese día no faltó trabajo y
apenas me quedó tiempo ni para aburrirme. De regreso a casa me puse a ver un
capítulo grabado de "Queer as folk" mientras engullía una lasaña precocinada.
Recibí otro mensaje en el móvil.
"X Q NO AS CONTESTAO A MI SMS?STAS CABREAO X ALGO Q HE
HECHO?"
¡Mierda! Había olvidado contestar a su mensaje de la noche
anterior. Ahora sí que había quedado como un cretino. Para compensar mi falta de
atención hacia el chaval, decidí llamarle.
Hola Marcos. ¿Qué tal? Me tenías preocupado… - me dijo
nada más coger el teléfono
¿Lo dices porque no te contesté el mensaje de ayer?
Perdona, lo he leído esta mañana – mentí – y en ese momento no pude
contestarte porque estaba muy ocupado
Me imagino, pero no lo digo sólo por eso. Ayer no diste
señales de vida en todo el día. ¿Estás cabreado conmigo? – preguntó
No tío, qué va, es que estuve muy liado; ya sabes,
movidas familiares… - añadí sin saber bien qué excusa ponerle
Bueno va, da igual, ahora estamos hablando y eso es lo
importante. Oye, tengo un notición que darte – dijo emocionado
Dime, no me tengas en ascuas
Pues que mis padres y mi hermana se van este finde al
chalet de la playa de mis tíos. Me ha costado convencerlos para que me
dejaran quedarme en Madrid, pero al final lo he conseguido
Me alegro tío – contesté simulando que no había captado
lo que eso significaba
¿Sabes lo que quiere decir eso?
Pues claro, eso es una gozada. Te levantas a la hora que
te da la gana. Comes cuando te apetece. Te enganchas a la Play durante horas
sin que nadie te obligue a dejar de jugar…
Y puedo traer a casa a quien me apetezca – me interrumpió
También… - fue lo único que acerté a decir
Mentiría si dijera que aquella conversación no me había
calentado. Sólo con imaginar que Diego iba a estar completamente sólo en su casa
y que yo podía aprovechar esa circunstancia para colarme en su casa y follarle
sobre su cama, me empalmé al instante.
Había pensado que podías pasarte por aquí en algún
momento y repetir la paja del otro día – dijo
Sí, estaría bien, pero no sé si voy a poder, porque este
finde tengo carrera de triatlón en un pueblo de Murcia – contesté
¿Haces triatlón?
Sí, es un hobbie que tengo
¿Y es imprescindible que vayas?
Hombre, no es cuestión de vida o muerte, pero debería ir
si no quiero perder mi forma física
Lo de la carrera era mentira. En realidad, hacía un par de
semanas que la temporada había terminado y hasta octubre no volvía a competir.
Joder, qué putada, para una vez que tengo la casa para mí
solo… - se quejó
Bueno, tampoco tengo del todo claro que vaya a ir.
Depende de cómo me sienta de fuerzas estos días
Tío, por favor, no vayas y quédate, lo pasaremos genial –
me dijo suplicando
No te prometo nada Diego, para mí es importante ir
¿Pero tienes ganas de volver a quedar conmigo, sí o no?
Dudé antes de contestar. No sabía si decirle lo que realmente
me apetecía hacer o decirle lo que en ese momento era lo más debido que
escuchara. Finalmente opté por lo primero.
Sí tío, mucho. Me muero de ganas de volver a estar
contigo a solas
De forma indirecta había aceptado su propuesta. Aún no le
había confirmado que no fuera a ir a Murcia, pero mis palabras no dejaban lugar
a dudas de que deseaba quedarme en su casa. Parece que no habían servido de nada
mis reflexiones anteriores acerca de los errores que había cometido desde el
principio, porque tras una breve conversación telefónica había vuelto a caer
otra vez en las redes del chaval. Bueno, al fin y al cabo, parecía que el chico
tenía las cosas claras. En este caso no había sido yo quien le había incitado a
nada. Es más, era él quien había propuesto lo de quedar en su casa, e incluso yo
le había puesto alguna que otra traba. Por eso, no me sentí tan culpable cuando
a los dos días le llamé para decirle que me esperara porque me iba a tener todo
el tiempo que él quisiese ese fin de semana.
Los dos días siguientes apenas paré por casa. Al salir del
curro me iba directamente a la casa de un colega. Se acababa de mudar y estaba
echándole una mano en la pintura de las paredes. Por eso no vi a Diego; sólo
hablamos un par de veces por teléfono.
Cuando me levanté el sábado por la mañana ya eran las 12 del
mediodía. Mis padres habían salido a pasar el día al campo con mi hermano, mi
cuñada y el niño de mis ojos, mi sobrino Álvaro. Desde que mis padres se habían
convertido en abuelos, habían rejuvenecido 20 años y aprovechaban cualquier
ocasión para estar con el pequeño. Había quedado con Diego en su casa a las dos.
Me invitó a comer porque decía que su madre le había dejado comida para una
semana a pesar de que sólo iban a estar fuera tres días. Para corresponder a la
invitación de mi anfitrión, compré un par de tarrinas de helado de Häagen Dazs
en el supermercado de la esquina, uno de cheesecake y otro de cookies, mis
favoritos. Un poco caros, pero realmente deliciosos.
Eran las dos y diez cuando llamé al timbre de su puerta. No
había sido necesario llamar al telefonillo porque en ese momento salía una
vecina que me dejó pasar al portal. Diego tardó un minuto en abrir.
Perdona, me has pillado vistiéndome, acababa de salir de
la ducha… - dijo al abrir
Jajaja, ya te veo, aún chorreas – le contesté
Diego tenía el pelo aún mojado. Apenas le había dado tiempo a
peinarse y tenía el pelo algo alborotado. Vestía un pantalón corto de deporte
blanco y una camiseta roja. Yo vestía unos piratas vaqueros, una camisa sin
mangas de springfield y unas chanclas. Arrastraba barba de dos días y me había
echado un poco de cera en el pelo para darle un aspecto más desenfadado.
He traído unos helados para tomar de postre
Genial. Ven, vamos a la cocina y los guardamos en el
frigorífico – me dijo
Diego me dejó pasar y cerró la puerta. Fui directamente a la
cocina. Sabía dónde estaba. La casa tenía la misma distribución que la mía
aunque el sentido era justo el contrario. Estaba a punto de abrir la puerta del
congelador cuando Diego me sorprendió abrazándome por la espalda. Empezó a
restregarme el paquete por el culo al tiempo que desabrochaba los primeros
botones de mi camisa para a continuación meter la mano y pellizcarme las
tetillas. Me hizo reír.
Para, para, me estás haciendo cosquillas…
No me digas que no te está gustando…
Sí tío, claro que me gusta, pero tengo que guardar el
helado antes de que se descongele
Sí, ya veo que te gusta – dijo riendo al apoyar su mano
libre sobre mi polla para comprobar la dureza que iba adquiriendo
Diego no paró de manosearme y ante el calentón que me había
provocado dejé caer la bolsa en el suelo y me volví hacia él. Comenzamos a
comernos la boca y a meternos mano por todo el cuerpo. Le introduje la mano por
debajo del pantalón y los calzoncillos para palpar sus nalgas. Las tenía suaves
y aún conservaban el frescor de la ducha que acababa de darse. Las apreté bien
fuerte mientras uno de mis dedos se perdía por su raja para darle un suave
masaje en el ano. Diego, por su parte, había terminado de desabrocharme la
camisa y me la había quitado, besándome el cuello con desesperación y
acariciándome de arriba abajo la espalda. Después, bajó sus manos hasta el botón
de mi pantalón y lo desabrochó, metiendo una de sus manos bajo mis boxer. Me
agarró la polla y comenzó a pajearme suavemente. Ese contacto hizo que me
estremeciera de placer y apreté más fuerte mi dedo sobre la entrada de su ano.
Para facilitar el masaje, lo ensalivé un poco y volví a apretar sobre su
agujero, hasta que mi dedo se introdujo en el interior hasta la mitad. Entonces
Diego aceleró la paja que estaba dándome y con ello mi excitación. Como pude, me
deshice de mis pantalones y mis boxer quedando totalmente desnudo. Cuando Diego
iba a hacer lo mismo, le detuve. Sería yo quien le desnudaría. Primero empecé
con su camiseta. Fui subiéndosela poco a poco al tiempo que iba besando cada
centímetro de su torso, desde el ombligo hasta el cuello, deteniéndome un buen
rato en sus pezones. Después, me arrodillé ante él y repetí la acción: mientras
bajaba lentamente su pantalón de deporte y su calzoncillo, fui lamiendo
dulcemente su piel, desde la escasa mata de pelos que comenzaba en su ombligo y
se dirigía directo a sus genitales, hasta sus tobillos, pasando por sus ingles,
sus muslos, y sus pantorrillas, pero olvidándome de su polla y sus cojones.
Quería que la espera le desesperara un poco. Soy un poco cabroncete en el sexo y
me encanta hacer sufrir a mi amante. Pero era yo quien ya estaba un poco
desesperado por no haberme metido aún ese pedazo de carne en mi boca, por lo que
me lancé hacía él y comencé a lamerlo y a besarlo en toda su longitud. Diego dio
un pequeño gritito y me cogió de la cabeza para follarme la boca sin
contemplaciones. ¡Qué excitante sentirse dominado por un chaval de 17 años!
Cuando decidí que mi mamada ya había sido suficiente, me levanté y volví a
besarlo.
¿Por qué no vamos a otro sitio y nos ponemos más cómodos?
– le dije
De acuerdo jefe – contestó al tiempo que agarró de mi
polla y me arrastró por la cocina.
Después, me la soltó para salir corriendo por el pasillo. Yo
le seguí también corriendo y Diego empezó a reír de los nervios y la excitación.
Cuando me asomé por la puerta de su habitación, Diego estaba tumbado bocarriba
sobre la cama con una pose muy sexy, como invitándome a servirme yo mismo de
aquel cuerpo. Me acerqué muy lentamente hacia la cama, con una mirada lasciva y
pasándome la lengua por encima del labio. El chaval no paraba de reír excitado
ante tal visión. Fui apoyando poco a poco todo mi cuerpo sobre el de Diego
quedando los dos de frente, él abajo y yo arriba. Volvimos a besarnos una vez
más y giramos sobre el colchón hasta quedar de lado. Estuvimos un buen rato
entrelazando nuestras lenguas y nuestras piernas sin dejar de acariciarnos.
Diego me susurró algo al oído.
Quiero que me folles
¿Estás seguro? – le pregunté
Sí. Hace meses que fantaseo con ello. Y quiero que seas
tú quien me lo haga
No quiero que te sientas obligado. Lo hacemos sólo si
realmente te apetece – insistí
¿Por qué voy a sentirme obligado? ¿No te estoy diciendo
que tengo ganas de experimentarlo?
Ya, lo sé. Pero a lo mejor quieres devolverme de alguna
manera todo esto que te estoy haciendo sentir porque te sientes
comprometido…
¡Qué egocéntrico eres! – dijo sonriendo – Claro que
quiero darte placer, pero esto no lo hago por ti, sino por mí…
¿De verdad? – pregunté
Sí, de verdad
De acuerdo, pues date la vuelta y espérame un momento que
ahora vuelvo – le dije
Fui hasta la cocina y saqué un par de condones que traía
guardados en el bolsillo de los piratas. Cuando volví a la habitación, me
encontré a Diego tumbado de lado, dándome la espalda y en el borde de la cama.
Agarraba la almohada a lo largo, quedando uno de los extremos bajo su cabeza y
el otro, entre sus piernas. Estaba precioso. Tenía una piel suave y tersa y con
una pelusilla rubia que brillaba con la luz que entraba a través del cristal
semiopaco de la ventana. Me tumbé a su lado y le abracé por detrás, chocando la
punta de mi polla contra la parte baja de su culo. Le besé en el cuello
tiernamente. Diego tenía la respiración entrecortada. Se le notaba un poco
nervioso y algo tenso. Estuve un rato acariciándole la espalda para que fuera
relajándose poco a poco.
Abre el primer cajón de la mesilla – me dijo – y saca el
bote que hay dentro
Hice tal y como me había ordenado. Saqué un bote de vaselina
y lo abrí. Estaba por la mitad. Seguramente aquel chaval la utilizaba en sus
juegos íntimos. Desenrollé un condón y me coloqué. Después cogí con los dedos un
poco de la crema y se la unté por la entrada del ano. Diego dio un pequeño
respingo al notar el contacto frío de la vaselina sobre su culo. Cogí otro poco
de crema y me la esparcí por todo el tronco. Acomodé la cabeza del pene sobre su
ano y presioné ligeramente. Instintivamente, Diego contrajo los músculos del ano
cerrando la entrada.
Sssschhh, relájate. Si estás relajado no te hará daño –
le dije
Está bien. Pero ve despacio, por favor – me dijo
preocupado
No te preocupes, que no te va a pasar nada – intenté
calmarlo
Volví a presionar mi polla lentamente. La punta fue
introduciéndose suavemente, deslizándose. Paré unos segundos para que Diego
fuese acostumbrándose. De momento parecía que el chaval no estaba sufriendo. Al
fin y al cabo su ano ya estaba algo acostumbrado a recibir objetos extraños en
su interior, aunque nunca del tamaño del que estaba a punto de recibir en ese
momento. Por eso, lo peor aún estaba por llegar. Seguí empujando mi pene y se
introdujo un par de centímetros más. Diego se quejó, pero no me pidió que
parase. Así que continué. Seguí empujando y hubo un momento que no pude
controlar mi embestida y le hundí el rabo hasta la mitad. Diego dio un fuerte
grito de dolor que se oyó en 1 km a la redonda. Le abracé fuertemente para
calmarlo mientras le pedía perdón. Intenté quedarme quieto dentro de él con el
fin de que su recto se acostumbrara a mi polla pero sus gritos de dolor
impidieron que siguiera con aquello.
AAAHHH!. SÁCAMELA, SÁCAMELA, SÁCAMELA!!!!
Se la saqué lentamente para evitar hacerle más daño a aquel
chaval. En cuanto se sintió liberado, Diego adoptó una posición fetal mientras
se abrazaba fuertemente a la almohada y escondía su cara sobre ella.
Nene, ¿estás bien? ¿Te duele mucho? – le pregunté
preocupado
Espera, espera – acerté a oír, pues al tener la cara
hundida en la almohada no podía entenderle bien
Por fin, pasado medio minuto, levantó la cara y me miró. Se
sonrió de pura vergüenza y yo también me sonreí.
Joder, tío. ¡Qué bestia! Casi me partes el culo – me dijo
sin haber reproche en sus palabras
Lo siento nene, no sé que ha pasado. ¿Quieres que lo
dejemos?
¿No te importa? – me preguntó
Claro que no, ya lo intentaremos en otro momento
Que mal tío! Pensarás que soy una nenaza – dijo
avergonzado
Para nada. ¿Sabes cuanto tiempo tardé yo en meterme una
polla dentro del culo desde la primera vez que lo intenté?
¿Cuánto? – preguntó intrigado
Dos meses, después de cinco intentonas con tres tíos
distintos. Y ya ves, quién lo diría ahora con este culo tan tragón que
tengo…
¿Dos meses? Me muero si tengo que esperar tanto tiempo
para eso
Pero eso depende de cada uno. Hay tíos que la primera vez
ya pueden hacerlo. Paciencia, que ya verás que llega
Diego había perdido toda su erección. No quería que el chaval
quedase insatisfecho de ese encuentro sexual, por lo que decidí premiarle de
alguna manera.
¿Quieres que cambiemos los roles? – le pregunté
¿Qué quieres decir? - contestó
¿Que si te apetece ser tú quien me folle? Ya te follaré
yo en otro momento
Es que nunca lo he hecho y me da palo que no sepa hacerlo
Nadie nace sabiendo. Todo se aprende en la vida y esto
también. Además, que mejor profesor que yo para que te vaya guiando. ¿De
acuerdo?
Vale – contestó
Desde que le propuse follarme, la polla de Diego había
empezado a reaccionar y no tardó en adoptar su máximo tamaño tras unos cuantos
chupeteos y lamidas. Intenté enseñarle a ponerse un condón, pero me contestó que
era virgen pero no gilipollas, y que sabía perfectamente cómo se hacía. Le pedí
que se tumbara bocarriba y que estirara las piernas. Le unté toda la polla de
vaselina y cuando iba a untarme otro poco por el ano, me lo impidió.
Espera – dijo – se me ocurre otra forma mejor de
lubricarte
Y acto seguido me hizo poner a cuatro patas con el culo en
pompa. Otra vez volvía a sorprenderme. Diego acercó algo curioso su nariz hasta
mi culo y aspiró un par de veces. Después acercó la punta de su lengua y dio un
pequeño lametazo, que fue seguido de otros cuantos más. Una vez convencido del
sabor, comenzó a comerme y a besarme salvajemente el culo. Al chaval le estaba
gustando aquello y yo estaba volviéndome loco. Me di la vuelta e hice tumbarle
de nuevo. Ahora sí que había llegado el momento. Me coloqué sobre él mirándole
de frente y fui bajando poco a poco hacia su rabo duro. Se lo cogí y me lo
acomodé en la entrada de mi ano. Apreté y entró sin ninguna dificultad todo el
glande. Diego suspiró. Seguí empujando e introduje varios centímetros más la
polla. Al tercer empujón sus cojones chocaron contra mis nalgas. Miré a Diego y
le vi con la boca abierta y los ojos brillantes de emoción. Subí despacio y
volví a bajar. De nuevo subí, y bajé. Poco a poco fui cogiendo ritmo y mis
movimientos fueron haciéndose más rápidos y violentos. Al cabo de un rato ya
cabalgaba a galope sobre la polla de Diego quien no dejaba de agarrar
fuertemente las sábanas. Tensaba los dedos de los pies y movía la cabeza de un
lado a otro, cuando no perdía detalle de cómo su polla se perdía en aquel
agujero hondo y caliente. Paradójicamente, aunque el que estaba jugando el papel
de pasivo era yo, quien estaba haciendo también todo el trabajo era yo mismo.
Sabía que si hubiese dejado a Diego embestirme, se hubiese agotado rápidamente
ante la falta de práctica y quizás no hubiese llegado hasta el final. No quería
que su primera vez pudiera ser frustrante, por lo que quise que únicamente se
concentrara en sentir placer. No duró mucho; poco después se corrió. Yo acabé
sobre su pecho y formé un gran charco de leche entre sus dos tetillas. Cuando me
tumbé a su lado a descansar me soltó un "gracias" que me llegó al alma.
Nos duchamos, momento que aprovechamos para seguir
besándonos. Después nos calentamos la comida en el microondas. Ese día tocaba
macarrones con tomate y carne picada para comer. Le ayudé a poner la mesa y
comimos desnudos en la mesa pequeña sentados en el suelo mientras veíamos un
capítulo de "Padre de familia" que ya habían echado en la tele unas cuantas
veces. Estuvimos largo tiempo hablando. Le confesé mi preocupación hacia todo
aquello que estábamos haciendo. Me preocupaba que hubiese influido en su vida
sexual y que le hubiera incitado a hacer cosas que aún no tenía claro que
quisiera hacerlas. Él se rió y me contestó que no me rayara, que sabía que le
iban los tíos desde hace tres años y que ya lo había asimilado. Llevaba un
tiempo planteándose conocer a alguien y quedar con él. Tenía muchas ganas de
experimentar con el sexo, pero aún no se había atrevido. Me contó que una vez
estuvo a punto de quedar con un chico de 19 años que había conocido en un Chat,
pero que finalmente se echo atrás. Reconoció que gracias a mí había dado un gran
paso y que si yo no me hubiese insinuado de la manera que lo había hecho quizás
hubiese tardado un buen tiempo en dejar de ser virgen.
Si no he hecho esto antes con alguien, no ha sido porque
aún no tuviese las cosas claras, sino porque soy bastante tímido y me cuesta
dar el primer paso. Además, quería que la primera vez fuese con un tío con
el que tuviese cierta confianza, y tú me la has dado desde el principio – me
dijo
Me preguntó qué me apetecía de postre y en ese momento me
acordé de los helados.
¡Hostia, los helados, no los guardamos en el congelador!
– me lamenté
Jajajaja, es verdad, estarán totalmente derretidos
Bueno, pues coge el que más te guste y guarda el otro en
el frigorífico
Diego vino con la tarrina de helado de cookies y un par de
cucharas grandes. Empezamos a comer los dos de la misma tarrina. El helado no se
había derretido del todo y tenía una consistencia muy cremosa. En un momento
dado dejé caer un poco de helado sobre Diego yendo a parar directamente a su
pecho.
Uy!, perdón. Espera que te limpio – dije mientras bajaba
a limpiarle con la lengua
Diego dejó caer un buen pegote de helado sobre mi ombligo.
Joder, en qué estaría pensando yo… - me dijo, y bajó a
lamerlo hasta no dejar ni una sola gota.
Repetí la acción poniendo esta vez el helado en la punta de
su nabo, el cuál lamí hasta dejar reluciente. Diego quiso probar también y me
imitó. El resto de la tarrina nos lo comimos directamente desde las pollas, las
cuales no dejábamos de embadurnar con el cremoso helado. El resto de la tarde la
pasamos tumbados en el sofá viendo una película en DVD. Diego permanecía tumbado
sobre mi pecho y yo le acariciaba de vez en cuando el pelo. De repente, sin
venir a cuento, me soltó una pregunta.
¿Tú te ves con un tío el resto de tu vida? – preguntó
¿A qué viene esa pregunta?
No sé, se me acaba de ocurrir. Dime, ¿te ves?
¿Con el mismo tío toda la vida? – pregunté
Sí
No. No me veo. Me agobio sólo de pensarlo.
¿Y con novio? – volvió a preguntar
¿Qué es esto? ¿el interrogatorio de la Santa Inquisición?
No sé, lo decía por hablar de algo
Pues no, tampoco me veo con novio, al menos de momento.
Prefiero disfrutar con distintos tíos…
¿Y si te enganchas a uno?
Joder, pues no sé, todo puede pasar, pero ya intento yo
no pillarme por nadie
¿Y cómo lo haces?
Pues por ejemplo, no quedando con el mismo tío más de
tres veces – respondí
Esa respuesta no debió de gustarle a Diego, porque se separó
de mí y su rostro se puso más serio.
¿Eso quiere decir que ya no vas a quedar más conmigo? –
dijo
No sé, tampoco me lo he planteado – respondí
Pero es lo que acabas de decir
Yo que sé, ¿tenemos que hablar ahora de esto?
Ey, que no me importa – dijo simulando que no le
molestaba – que no eres el único tío en el mundo. Ya he conseguido follarte
así que ya no hay problema en que no quedemos más
Se notaba que el chaval se había cabreado y en cierto modo
entendía su enfado, pero aún así ese comentario no acabó de gustarme, aunque
intenté que no se diera cuenta de ello. Seguimos viendo la película como si nada
aunque ya cada uno en un lado del sofá. Cuando acabó la peli le dije que ya se
había hecho tarde y que tenía que irme a casa.
¿Te espera alguien? – preguntó
No
¿Y por qué no te quedas a dormir hoy aquí, conmigo?
Ronco mucho
Jajaja, no te preocupes, yo tengo el sueño muy pesado
¿No estás mosqueado conmigo? – pregunté
¿Por qué, por lo de antes? No, tío. No pasa nada si no
volvemos a quedar. No estoy pillado por ti ni nada por el estilo
Me alegra escuchar eso
Si va a ser la última vez que estemos juntos, me molaría
que la aprovecháramos al máximo
Nadie ha dicho que vaya a ser la última. Te he dicho que
como máximo quedo tres veces con la misma persona. Y de momento tú y yo sólo
hemos quedado dos veces
Vaya, que considerado es el señor. Entonces sé que me
dará audiencia una vez más…
No te burles de mí. Y que sepas que siempre hay
excepciones. Con un tío llegué a quedar hasta cinco días.
¿Entonces te quedas a dormir?
Por supuesto – y le guiñé un ojo
Decidimos echar unas partidas a la Play Station antes de
cenar. Estuvimos cerca de dos horas jugando y para cuando quisimos darnos
cuenta, ya eran las once de la noche. Nos zampamos una tortilla de patatas y
unas salchichas. Con los estómagos llenos nos acurrucamos en el sofá para
reposar la comida mientras Diego no dejaba de hacer zapping por todos los
canales. Una de las veces dejó uno de los canales durante largo tiempo. Era un
verdadero tostón lo que estaban echando. Me extraño que Diego no cambiara y pedí
que lo hiciera. Como no me contestó, le miré y le descubrí dormido. Estaba
hermoso. Tuve una sensación de cariño hacia él, protectora, casi fraternal. Me
dejé llevar por un impulso y le besé en la mejilla. Él se removió pero siguió
durmiendo. Apagué la tele y le desperté suavemente zarandeándolo un poco.
Ey, nene. Vamos a acostarnos.
Se desperezó un poco y conseguí llevarle con algo de
dificultad hasta el baño. Meó y lo acompañé hasta la cama. Se tumbó de lado y
volvió a abrazar su almohada, sin dejarme a mí ni un centímetro para apoyar mi
cabeza. Me hizo gracia el gesto y reposé la cabeza directamente sobre el
colchón. Me tumbé detrás de él y lo abracé por la espalda, acercándolo hacia mi
pecho. Llevábamos así cinco minutos cuando me habló.
¿Ya quieres dormir? – preguntó
Pensaba que ya estabas dormido – le dije. Diego se dio la
vuelta hacia mí
Sí, lo estaba, pero ahora me apetece hacer otra cosa
Ah sí? El qué? – le pregunté con voz sensual
Me gustaría continuar donde lo habíamos dejado… -
contestó
¿Y dónde lo habíamos dejado?
Quiero que volvamos a intentarlo, que vuelvas a
penetrarme – me dijo
¿Te apetece?
Sí
Vale, vamos a intentarlo otra vez – le dije, y le besé
No quería volver a hacer daño al chaval, por lo que me lo
tomé con mucha calma. Había tiempo suficiente y había que hacer las cosas poco a
poco. De primeras, me entretuve durante mucho tiempo en jugar con su ano. Se lo
chupé y ensalivé durante media hora, al tiempo que iba introduciéndole algunos
dedos cada cierto tiempo. Espacié mucho los momentos en que pasaba de introducir
un dedo a dos, y de dos dedos a tres. Tenía que conseguir que ese chaval
estuviese lo más dilatado y lo más lubricado posible antes de la penetración.
También quise alargar ese instante y retrasar el momento de la penetración para
así aumentar la excitación de Diego hasta el punto más alto. Cuando llegó el
momento y quise ponerme un condón, me di cuenta de que ya se me habían
terminado. Diego abrió el cajón de los calcetines y del fondo sacó un
preservativo.
Toma. Me lo regalaron el mes pasado en una charla que
dieron en el insti – dijo
Me lo puse, y me dispuse a embadurnarme la polla de vaselina.
Después hice lo propio con el ano de Diego, que engullía los pegotes de vaselina
que untaba con mis dedos. Le hice tumbarse bocarriba. Yo me puse de rodillas
frente a él y alcé sus piernas hacia arriba apoyándolas sobre mis hombros. Esa
visión estaba teniendo que calentar mucho al chico, porque tenía el rabo como
una piedra, más duro que nunca. Yo también estaba muy excitado. No podía olvidar
que iba a desvirgarle y en cierto modo me sentía obligado a que ese momento
fuese especial para él. Coloqué mi polla en su ano y empujé levemente. La punta
se perdió en el interior muy fácilmente, sin apenas esfuerzo. Continué
presionando y el resto de la polla fue introduciéndose gradualmente, no sin
cierta dificultad. Le pregunté a Diego si se encontraba bien y me contestó que
sí, aunque me di cuenta de que el chaval se estaba mordiendo el labio aguantando
el dolor. En un momento dado paré para no lastimarle más, pero me pidió que no
parara y que siguiera hasta el final. Cuando ya la tenía toda metida observé que
por la mejilla de Diego resbalaba una lágrima.
¿Te has emocionado con este momento tan romántico? – le
pregunté burlonamente
No gilipollas – me contestó – es que me has hecho polvo,
pero no quería que pararas porque sabía que tenía que acostumbrarme al
dolor. Lo he leído en muchos relatos
Jajajaja, no te creas todo lo que dicen en los relatos…
Después de un tiempo en el que permanecimos quietos para que
Diego fuese relajándose, comencé un suave mete-saca. La gran cantidad de saliva,
vaselina y líquido preseminal que había soltado facilitaron mis movimientos.
Poco a poco fui aumentando la velocidad de las embestidas. Me fije en la polla
de Diego. Se había bajado totalmente. Intenté cogérsela para reanimarla pero
Diego me lo impidió y me suplicó que siguiese con lo mío y que terminara cuanto
antes. Yo aumente la velocidad y comencé a empujarle más fuerte, hundiendo mi
polla hasta el fondo. Diego empezó a quejarse de que le estaban entrando ganas
de mear. Intenté convencerlo de que no pasaba nada, que era algo normal y
continué con el polvo. No era plan de parar todo aquello simplemente porque el
chaval le estaba entrando ganas de orinar. Estaba muy caliente y quería terminar
aquello que había empezado; ahora no iba a volverme atrás. Así que seguí, y
seguí follando el chaval a pesar de sus pequeñas quejas.
Quiero que me llenes ya el culo con toda tu lefa!!!! –
gritó desesperado
Oír decir esa frase a un chico de 17 años me excitó tanto que
al instante me corrí. Diego respiró aliviado. Me tumbé junto a él a descansar y
vi que estaba algo serio.
¿No te ha gustado, verdad? – le interrogué
No sé, es que ha sido raro – contestó
¿Te esperabas otra cosa, no?
Pues sí, la verdad
¿Te he hecho mucho daño?
No, si daño no me has hecho. Lo que tenía eran unas
molestias de la hostia y unas ganas infinitas de mear – dijo
Jajaja, suele pasar en estas circunstancias
Bueno, quizás me había hecho demasiadas ilusiones… - dijo
¿Te cuento un secreto?
Dime
Mi primera vez fue horrible y no me gustó nada. Y la
segunda tampoco acabó por convencerme, pero poco a poco fui cogiendo el
tranquillo y ahora no hay día que mi culo no se abra pidiendo que lo folle
un buen rabo
¡Qué bestia eres! – dijo riendo
Sí, y ahora es el turno de que te corras tú. Vamos a
despertar a esta niña.
Le hice una mamada empleándome a fondo. Cuando noté que iba a
venirse, no aparté la boca de su polla y esperé a que me llenara la garganta con
todo su esperma. En escasas ocasiones suelo tragarme la leche de los tíos. Sólo
lo hago cuando estoy totalmente seguro de que no van a contagiarme nada. Esta
vez sabía que Diego no había estado con nadie más aparte de conmigo, por lo que
no tenía de qué preocuparme. Además, era la primera vez que iba a probar el
semen de un adolescente y me apetecía saber el sabor que tenía. Tragué hasta la
última gota y lamí todo su pene hasta dejarlo totalmente limpio.
Esto que acabas de ver, no lo hagas nunca. Utiliza
siempre preservativo. ¿Ok? – le dije
Caímos rendidos y nos dormimos abrazados al instante. Me
desperté sobre las once de la mañana. Diego seguía durmiendo. Recibí un mensaje
en el móvil. Era de mi amigo Sebas, que decía que había quedado a las 14 h con
el resto del grupo en La Latina para tomar el aperitivo. Hacía tiempo que no les
veía y me alegraba de que hubiese surgido un plan para hoy. Me olí y me di
cuenta de que mi cuerpo pedía a gritos una ducha. Me levanté y fui al baño. Tras
ducharme y secarme todo el cuerpo, me puse mis boxer y me fui hasta la cocina.
Me sentí con la total libertad de buscar algo para desayunar. Pillé una manzana
y un par de plátanos y me senté a comer en la mesa de la cocina. Al rato
apareció Diego. Aún tenía los ojos medio cerrados porque le molestaba la luz.
Traía el pelo totalmente alborotado y venía desnudo, acompañado de una erección
matutina y rascándose el culo. Aquella visión me puso algo cachondo. Me calienta
ver a los tíos recién levantados, con ese aspecto totalmente desaliñado y
oliendo a sudor de toda una noche. Cuando pasó junto a mí me saludó
revolviéndome un poco el pelo y acto seguido se sentó en la silla contigua a la
mía, apoyando los brazos sobre la mesa y hundiendo la cara sobre ellos.
¿Qué tal nene? Veo que aún no te has despertado del todo…
- le dije
¿Qué haces levantado tan temprano? Deben de ser las 9…
Te equivocas, ya son las 11:30
¿Ya? Joder, esta noche he dormido fatal; no hacía más que
despertarme dijo malhumorado
Eso es porque no estás acostumbrado a dormir con otra
persona en la misma cama
Debe de ser… Pensé que te habías ido sin despedirte. Como
no te he visto en la cama…
No tío. Pero no tardaré en irme - dije
¿Has quedado?
Sí, he quedado con unos amigos para tomar el aperitivo
¿Por qué no te quedas a comer? Luego podíamos pasar la
tarde juntos viendo alguna película, o jugando a la Play… Mis padres no
llegarán hasta la madrugada – añadió con entusiasmo
De verdad Diego, que no puedo. Hace tiempo que no veo a
mis amigos y me apetece verlos
Entiendo… ¿Volveremos a vernos?
Claro, recuerda que compartimos patio y nos vemos a
diario por las ventanas, y también nos veremos en la piscina…
No me refiero a eso – me interrumpió
Ya, ya lo sé. Pues no sé. Depende…
¿De qué?
Depende de cómo vayan surgiendo las cosas
Ya, lo que pasa es que tienes miedo de pillarte por mí –
dijo convencido
¿Cómo dices?
Pues que sé que yo te gusto. Sólo hay que ver cómo
disfrutaste cuando te follé. Y si te digo la verdad, tú también me molas un
huevo, y me gustaría que no cortáramos esta relación tan chula que tenemos
Diego, que yo disfrutara ayer metiéndome tu rabo por el
culo no quiere decir que esté pillado por ti. Sólo fue sexo. Y sexo del
bueno, sin duda
¿Entonces no te gusto? - preguntó
Claro que me gustas, pero no como tú crees
Pues tú sí me gustas mucho – dijo seriamente y mirándome
a los ojos
Pues creo que ambos sentimos cosas distintas
Es por qué soy un niño para ti… ¿es eso, verdad?
No eres un niño. Al contrario, tienes las cosas muy
claras y pareces más maduro que el resto de chicos de tu edad. Pero aún así
yo te saco ocho años y eso a la larga lo íbamos a notar ambos
Si es porque tengo poca experiencia en la cama, puedo
aprender rápido – añadió casi suplicando
No se trata de eso
¿Entonces de qué se trata?
De que por mi parte no hay nada entre nosotros, y tampoco
quiero que lo haya. Ya sabes que yo voy por libre
No me lo creo
Pues es así - insistí
Sigo sin creérmelo. Mírame a los ojos y dime que no me
quieres – me retó
No digas tonterías
Dímelo, dime que no me quieres
No te quiero Diego
Diego salió apresuradamente de allí cabreado hacia su
habitación. Se oyó un fuerte portazo. Fui tras él e intenté abrir la puerta.
Había echado el cerrojo. Le pedí que me abriera para hablar del tema, pero no me
contestó. Después de diez minutos intentándolo, me di por vencido y le dejé
tranquilo. Cuando me disponía a irme, bajo la puerta me lanzó algo. Me agaché y
lo cogí. Era el DVD que le había grabado con vídeos porno. El chaval había sido
consciente durante todo ese tiempo de que se lo había enviado yo, pero no me
había dicho nada. Me vestí y salí de su casa. Sabía que había sido muy duro con
él, pero era la única manera de que entrara en razón y no se ilusionara más por
algo que no podía ser. Además, terminar de ese modo, me facilitaba las cosas a
mí, porque si Diego no me hablaba no iba a surgir la ocasión de volver a
acostarme con él y así no caería en la tentación.
Dejé pasar dos días tras los cuales le escribí un par de
mensajes pidiéndole perdón. No contestó a ninguno de ellos. Tampoco abría ya la
ventana de su habitación. Llegó el fin de semana y bajé a la piscina. No le vi
por allí. Fue entonces cuando me percaté de que había un nuevo socorrista en la
piscina, un mulato que se llamaba Samuel, según supe tiempo después. Una tarde,
mientras estaba en mi habitación viendo la tele tumbado en la cama, sentí que
abrían la ventana de enfrente. Había pasado una semana desde el fatal desenlace
entre Diego y yo y todavía no había tenido noticias de él. Cuando me asomé, me
sorprendí al ver la escena. Diego estaba con un chaval más o menos de su edad.
Éste le estaba haciendo una mamada a Diego, quien no perdía oportunidad de mirar
hacia mi ventana para restregarme lo bien que se lo estaba pasando. Después fue
Diego quien se agachó a comerle la polla al otro chaval. Minutos después, Diego
cerró la ventana y me dejó sin ver el final del espectáculo. El muy cabrón se
estaba vengando de mí. Luego me di cuenta de que sólo era un chico de 17 años y
que su reacción era comprensible. Por un lado me alegré por él, porque lo que
necesitaba era enrollarse con chicos de su edad y olvidarse de mí. Por otro lado
me hirió un poco en el orgullo, por la rapidez que se había dado en buscarme
sustituto. Pero sobre todo, lo que provocó en mí aquella visión, fue una
erección instantánea y un calentón de narices que intenté solventar con una
buena paja que me hice tumbado sobre mi cama.