A Jordi y Pablo se les ocurrió un día, pasárselo bien de
forma diferente. ¿Qué decidieron hacer? Pues coger un teléfono móvil con cámara
incorporada y grabar como levantaban las faldas a las chicas y les bajaban las
bragas. Uno se quedaba a cierta distancia y lo grababa todo mientras que el otro
se convertía en protagonista al mantener contacto directo con las chicas.
Imagínate la escena, una chica pasea despreocupadamente por
un parque y de pronto, sin previo aviso, siente como una mano fría le agarra el
culo y primero introduciendo, levemente, su dedo índice en el interior de la
chica, agarra con fuerza las bragas y tira de ellas para abajo, tan fuerte, con
tanta rabia que perfectamente podría arrancarlas. Pablo y Jordi ríen y corren,
la chica se queda sin saber que hacer, paralizada, no se cree lo que acaba de
ocurrirle.
Del jueguecito son victimas, en la misma tarde, cuatro
morenas, dos rubias, una de bote, una chica con demasiadas mechas multicolores y
otra con sorpresa, lo cual fue motivo de un excesivo pitorreo. La reacción de
todas las chicas fue similar, más que nada, completo desconcierto. Flipaban con
la imbecilidad de aquellos chicos.
Ya entraba la noche y los chicos no parecían aburrirse, todo
lo contrario, apenas si habían satisfecho sus ansias. Sentados en un banco del
parque comentaban jocosamente sus gracias, hasta que Jordi vio como una chica
pasaba justo enfrente de donde ellos estaban. La chica llevaba un vestido de
Vivienne Westwood negro, corto y transparente, no hacía falta levantarle nada
para verle la ropa interior pero los chicos parecía que no podían reprimir sus
impulsos. Así que ni cortos ni perezosos la siguieron por un instante y se
lanzaron sobre ella como grandes felinos hambrientos. Pablo le subió el vestido
y empujo sus dedos hacía el interior del culo de la chica, con la ropa interior
de por medio, sus dedos no estuvieron ni un segundo ya que los saco y le
pellizco fuertemente el trasero para agarrarle el tanga y bajárselo hasta los
tobillos, después corrieron como desalmadas criaturas. Mientras la chica, tirada
en el suelo, maldecía a gritos en el parque.
-¡Putos cabrones de los cojones! ¡Como os pille os rajo!
Pablo y Jordi reían y reían mientras contemplaban el hermoso
trasero de la chica en sus móviles.
A la noche siguiente los chicos quedaron otros amigos para
salir pero como otras veces, acabaron en la disco de siempre. Allí les contaron
lo sucedido y entre risas, aullidos y demás excesos hormonales, el resto de los
chicos cayeron seducidos por sus amigos. Pablo se meaba de risa, tanto que tuvo
que ir al lavabo. Entro, se miro en el espejo, se peino un rato y se fue
enfrente de un urinario, se bajo la cremallera y se saco la chorra, estaba
meando cuando abrieron la puerta de los servicios, oyó tres pasos fuertes y una
voz sinuosa.
-Menuda sorpresa, pedazo de saco de mierda -Pablo no tuvo
tiempo de reaccionar, lo cogieron del cuello y ni pudo girarlo -. Tu sigue
meando cielo, que esto no te corte el rollo. Ayer fue muy gracioso lo que
ocurrió ¿verdad? Yo tarde un rato en verle la puta gracia, pero ahora me he dado
cuenta de mi error. Primero jugasteis vosotros y ahora me toca a mí...
Pablo estaba tan nervioso que sudaba en exceso mientras la
chica le lamía la parte superior de la oreja izquierda, muy lentamente, con sus
dedos la chica del vestido negro, corto y transparente le desabrocho los
pantalones y con una inusual agilidad le bajo los pantalones y el slip. Volvió a
comerle la oreja por un rato y cuando Pablo comenzaba a relajarse sintió como
algo duro, largo y terriblemente rígido le perforaba el recto a la velocidad del
cabreo más profundo y profundidad es lo que alcanzo aquel aparato...
-Si esto te ha dolido, prepárate, por que a ti y a tu amigo
os voy a joder cosa mala, no sabréis ni cuando ni donde pero ahí estaré yo.
La chica se marcho igual que como vino y dejo Pablo sólo y
medio traumatizado. Con cuidado llevo sus manos hacía su culo y se saco un
enorme consolador negro de allí dentro, se subió la ropa como pudo y salió
corriendo con las piernas increíblemente abiertas entre ellas. Se le saltaban
las lagrimas cuando llego hasta donde estaba Jordi, lo agarro del brazo y
mientras seguía sonando la música lo llevo hacía la salida.
-¡Joder tío!
-¿Qué te pasa?
-La zorra a la que le bajamos las bragas me acaba de
amenazar.
-Te habrás confundido, ayer nos reímos de muchas zorras ja,
ja.
-Tío, la última. La que iba provocando enseñando el tanga y
el sujetador, la del vestido negro. Me ha pillado en el water y se ha puesto en
plan psicópata conmigo. Me ha dicho que nos va a matar a los dos, que nos va a
putear como no lo han hecho nunca –mientras hablaba su cara se iba tornando más
y más paranoica, rozando incluso la locura.
-No me jodas ¿quieres? –le contesto Jordi mientras salían por
la puerta de la disco.
-Va en serio, esa puta ya ha empezado y se va a poner en plan
Instinto Básico, destrozándonos psicológicamente hasta que hagamos alguna
locura.
-¡Anda por… -no le dio tiempo a terminar la frase, por que la
chica se abalanzo sobre él, lo tiro al suelo y se puso a darle de ostias con un
puño americano, también de Vivienne Westwood.
-¡Toma, toma y toma capullo!