* Relato 74…
El bikini amarillo
SINOPSIS: Sorprendido cuando se masturbaba, un adolescente
termina jineteado por madura mujer…
ECSagardez
La fuerza del viento y la oscuridad de la noche, se unían
como cómplices para dar rienda suelta a mis fantasías eróticas… Ni tardo ni
perezoso me dirigí a darle de comer a mi perro, llamado Capullo, quien se
encontraba amarrado a la palmera, ubicada en el fondo del patio…
Mientras el perro disfrutaba la cacerola llena de huesos y
restos de la comida… Me acerqué al cuarto que rentaba doña Berenice y vi en una
cubeta el bikini amarillo de ligera y fresca tela que por la tarde se había
quitado…
La curiosidad de adolescente fue más allá al acercar la fina
prenda íntima a mi nariz e inhalar el fuerte aroma de mujer que, pese a las
horas pasadas, aún persistía.
Inhalé profundamente y me dejé llevar hacia el sendero de la
fantasía, cerrando mis ojos e idealizando su cuerpo desnudo que aquella tarde
había espiado por una de las rendijas del baño…
Mi erecto miembro luchaba denodadamente por salir de la
gruesa tela del jean, así que no pude evitar bajarme el zipper y sacarlo a
retozar un rato. Por lo que inicié con movimientos ligeros una pajuela.
No llevaba ni dos minutos, cuando de pronto sentí que alguien
me aprisionaba la verga con tal fuerza que a punto estuve de derramarme de
inmediato… Pero logré aguantar con estoicismo dicha presión y poco a poco esa
mano comenzó a bajar y subir, provocando que el placer me inundara…
II
Sorprendido como estaba, abrí los ojos y vi en la oscuridad
el rostro de doña Berenice, quien pícaramente sonreía por mi atrevimiento y
porque en mi cara aún estaba el motivo de mi calentura: Su bikini amarillo.
Ella soltó por un instante mi verga y me susurró al oído:
Vamos a mi cuarto…
Sí… (repuse)
No bien había cruzado la puerta de su cuarto, cuando sus
manos volvieron a asir mi miembro y a esto siguió una serie de movimientos que
me estaban transportando a innumerables sensaciones de intenso placer…
No pude más y cuando esos movimientos se hicieron más rápidos
e intensos… Una descarga de blanquecino esperma cayó a sus pies y antes de que
culminara con los espasmos que me causaba la venida, doña Berenice se hincó para
enguillirse el duro pene y recibió más descargas de la caliente leche que salía
disparada de mi órgano viril… Y se la tragó toda…
III
Ella siguió mamando y lamió mi pene hasta dejar la cabeza
limpia y brillante… Por lo que se lo sacó de la boca y dejó que lentamente fuera
recuperando el aliento…
Pero el bikini amarillo continuaba en mi rostro y yo seguía
aspirando el acre olor que se había impreso en la prenda íntima, resultado del
sudor y los fluidos vaginales de la madura mujer…
Ella no dejaba de sonreir al verme con la prenda que en algo
semejaba a una máscara… De pronto me la quitó y me preguntó si quería tener más
acción. A lo que le contesté que sí…
Me condujo a su cama y me arrojó a ella, para despojarme
enseguida de mis tenis y jean, así como el blanco calzoncillo que portaba y
dejarme en pelotas…
Ella sólo se subió la falda y se quitó el bikini rosa que esa
tarde se había puesto y me lo puso en el rostro para que siguiera absorbiendo el
acre aroma que despedía su vagina y que se impregnaba en la prenda…
No dudó ni un instante para autoclavarse mi verga que
retozona se deslizó en la húmeda cavidad, hasta chocar mis testículos con sus
nalgas… Fue una sensación inmensa, porque ambos teníamos el mismo grado de
ebullición en nuestros genitales…
IV
A la autopenetración, doña Berenice fue subiendo lentamente y
bajaba con ritmo acompasado. Por un instante intenté moverme, pero no dejó que
lo hiciera… Ella tomó la iniciativa y realizaba sus movimientos con una suavidad
que por momentos me exasperaba, debido a lo excitado y caliente que estaba…
Sin embargo, me dejé guiar, porque era indudable que doña
Berenice tenía la experiencia necesaria y yo, como adolescente, necesitaba
aprender… Por lo tanto, seguía inhalando profundamente el aroma que despedía el
bikini rosa que me había colocado en la cara…
El sube y baja de rítmico movimiento comenzó a volverse
frenético y a cada nueva embestida, ella suspiraba y gemía con tal fuerza que un
raro temor se apoderó de mi, pensando que la estaba destrozando por dentro… O
alguien podía escuchar sus gemidos…
Pero así era su forma de gozar… Doña Berenice continuaba
jineteando y montaba con tal destreza que me dejé llevar y sucumbí ante la
calentura que a los dos nos embargaba y cerrando los ojos, mi cuerpo se
convulsionó y le arrojé tres decargas de leche que ella recibió al aflojar su
cuerpo y detenerse con la totalidad de mi verga en su interior…
De pronto sentí como una mucosidad corría por mis muslos…
Eran los fluidos de doña Berenice, producto de su trabajado orgasmo y cuyo
alarido apagó con la punta de la funda del cojín en la boca, la cual usó para
limpiarme las piernas y la punta de mi pene…
V
No hubo besos ni caricias furtivas… Sólo éramos dos seres
entregados al sexo… El adolescente que recibe la oportunidad buscada y la madura
mujer que da rienda suelta a sus bajos instintos, luego de fracasar en su
relación sentimental que duró cerca de diez años…
No hubo palabras… Me vestí y salí del cuarto, dejando a la
madura mujer tirada en la cama y rendida por el enorme esfuerzo de haber
jineteado como amazona el duro miembro que la taladró por varios minutos, tras
marcar, con su experiencia, el ritmo de aquellos movimientos que aún recuerdo.
Los silbidos de mi abuelo me sacaron del letargo y llegué a
la casa grande… Me introduje al baño y cuando me quitaba la ropa para darme un
baño caliente, de la bolsa trasera de jean resbaló el bikini amarillo que quizá
doña Berenice había introducido en forma furtiva…
No dudé más y volví a aspirar el aroma que despedía la
prenda… La reacción fue inmediata… Mi verga se erectó y antes de proceder a que
mi cuerpo fuera salpicado por el agua tibia… Me volví a hacer otra pajuela y
bien que la disfruté…
Esa noche dormí plácidamente y en mis sueños eróticos la
figura de doña Berenice y el bikini amarillo estuvieron presentes…
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