Gabriel tenía la posibilidad de viajar por trabajo a Sao
Pablo, por una semana, con un acompañante. Como en ese momento, él no tenía
pareja y necesitaría a alguien que conozca la ciudad y el idioma me invitó a mí.
Yo estaba medio en banda, conocía, bien la ciudad y mi portugués es bastante
bueno.
Así que dos días después estábamos viajando. Era de noche y
llegaríamos a la ciudad a eso de las diez horas, buena hora para recostarnos y
encarar al día siguiente, las pocas tareas que debía realizar.
Pero las cosas no estuvieron organizadas como estaba
establecido y cuando llegamos al hotel tuvimos el primer inconveniente, nuestra
habitación no estaba libre, una convención internacional de la industria textil
tenía ocupado todas las habitaciones.
Mi amigo protestaba al conserje, sin entender muy bien lo que
este le contestaba. Allí fue mi primera intervención sin mucho éxito, pero
efectiva, ya que conseguí que nos dieran una habitación en otro hotel de mejor
categoría y al mismo precio, Fue así que en una hora estábamos entrando a
nuestro nuevo destino, el hotel
Continental… El clima en el hall de este hotel, era parecido,
nuestra habitación, era la última que les quedaba libre… por lo menos por tres
días.
Un botón tomo nuestro equipaje, la llave de la pieza y nos
guió por el ascensor. Piso quince, puerta mil quinientos diez. Por el ventanal
de la habitación se podía ver las luces de media ciudad y también que el cuarto
tenía una sola cama, una gigante cama de mas de dos plazas.
Esto es increíble. – Me dijo Gabriel, como disculpándose
por los inconvenientes que teníamos a penas empezábamos nuestro viaje. –Te
juro que yo mismo supervisé las reservas y me confirmaron todo. Mañana nos
cambiamos a otra habitación…
Yo lo tranquilicé ya que sabía que no era su culpa y fui
bastante condescendiente con él hasta parecía que me gustaba la idea de dormir
con él.
Si bien no era lo más cómodo dormir juntos, estábamos tan
cansados por el viaje y por el calor que mucho no nos preocupo. Además Gabriel
debía estar temprano en la oficina de la filial de su empresa para empezar con
su trabajo.
La suite era muy grande, tenía todas las comodidades que se
podrían desear Una pared frente a la cama era de espejo y eso la hacía más
grande y luminosa. Una mesa con dos sillas, un cómodo sillón de dos cuerpos, de
cuero negro. El baño era más grande que mi dormitorio en Buenos Aires. Bañadera
enorme, con hidromasaje, todo con azulejos blancos, muy moderno en el diseño de
los sanitarios.
Sacamos de la heladera un par de cervezas que tomamos
haciendo los chistes correspondientes a la situación… luego fuimos cada uno al
baño y nos acostamos…
Cada uno se hizo de un lado de la cama quedando mucho espacio
entre medio de los dos…
No sé si fue por el frío, que por la mañana, el aire
acondicionado, que había convertido la pieza en un freezer o por algún sueño que
tuvo, pero me desperté con su cuerpo pegado al mío, su brazo me abrazaba y el
aliento jugaba en mi oído. No sé cuanto tiempo habremos estado así, pero no
quería que él se despertara y nos encuentre en esa posición. Tenía una confusa
sensación mezcla de vergüenza y de protección.
Traté de correrme pero estábamos al borde de la cama, de mi
lado de la cama.
Lo moví con la esperanza que se diera vuelta solo, pero no
hubo caso, seguía aferrado a mi cuerpo como si fuera su amante. Pasamos una hora
así yo despierto y él dormido apoyándome… Creía sentir su intimidad en mi cola.
Hasta que por suerte sonó el despertador. Gabriel no sabía
donde estaba así que dio un manotón hacia el otro lado y yo pude salir de su
agobio, sin consecuencias graves.
- Buen día
- Uf, tuve mil sueños, - me contestó. – pesadillas, sueños
raros y divertidos…
- Pervertidos, querrás decir. - Le dije en forma de broma ya
que me había tenido en brazos como si yo fuera su mujer, pero ese era mi
secreto.
Cuando se levantó de la cama tenía la verga tan parada que me
dio de pensar que en sus sueños realmente se había calentado y que efectibamente
lo que sentía era su verga en mi culo.
- Haceme acordar que te cuente lo que soñé, no lo vas a poder
creer.
Nos dimos un baño, fuimos a desayunar y lo acompañé a la
oficina. La distancia eran pocas cuadras y la persona que nos recibió hablaba
perfectamente castellano, así que mi presencia era innecesaria… entonces
aproveche para salir solo a caminar… nos encontraríamos a eso de las cinco de la
tarde en el hotel.
Aproveche la mañana, me compre una guía cultural de la
ciudad, para no perderme nada, ya que por lo visto tendría mucho tiempo solo y
libre.
A las tres de la tarde volví a la habitación y me recosté,
estaba muy cansado. No sé si fue el calor, la caminata o que había dormido tan
incómodo.
Me despertó Gabriel cuando golpeo la puerta para que le
abriera.
- ¿Cómo te fue?
- Bien el trabajo lo liquido en dos días así que podremos
aprovechar e ir algunos días a la playa.
- ¡¡¡Que bueno!!!
- Si, Nelson, el tipo ese que viste, es bastante piola y la
verdad es que yo pensé que iba a ser más complicado, pero todo está bastante en
orden.
- Yo compre esto así podemos conocer algo de esta ciudad. –
Le muestro la guía cultural. – Sao Pablo es maravillosa, aquí hay mucha plata y
eso hace que los museos y los espectáculos son geniales.
Él se recostó a mi lado y con el control remoto prendió el
televisor y nos quedamos viendo un canal de noticias…
Luego nos bañamos y nos preparamos para ir a cenar… Lo llevé
a un sitio que había descubierto esa tarde y que quedaba cerca.
Mientras cenábamos, me contó de su día laboral, de lo que
tendría que hacer y de todo lo que ya estaba hecho.
- Así que la empresa me pagará unas vacaciones… a mí y a vos.
- Yo me fui a dar vueltas por el centro, hay cosas muy
baratas.
Yo le iba a seguir contando pero me interrumpió.
- Te tengo que contar mis sueños de anoche. Al principio era
una habitación que el piso se iba corriendo y nos íbamos a caer a un lugar
oscuro, pero vos me sacabas por una puerta… entonces estaba solo y unas mujeres
extrañas, me llamaban y me querían robar, yo no entendía que decían hablaban en
otro idioma, pero tenían un revolver y me amenazaban. Yo vaciaba mis bolsillos y
no tenía nada… una de ellas tenía bigotes y me golpeaba los riñones. Ahí fue que
me desperté fui al baño y me dormí automáticamente… Hasta llegué a pensar que
era otra parte del sueño… porque la segunda parte del sueño era que me acostaba
y en lugar de estar vos estaba una mujer hermosa, que se me decía que si me
gustaba me daría mil sorpresas.
Hay miles de detalles que se me escapan pero no sé como llego
a subirme sobre ella y tenía pija, era una travesti!!! ¿Te das cuenta?
- Si me doy cuenta y entiendo todo
- ¿Qué entendiste?
- Es que esta mañana me apoyabas cuando dormías.
- ¿No?
- Si
Se hizo un silencio… pero después seguimos charlando de otras
cosas. Al salir de restaurante caminamos y a las dos cuadras de andar, vemos un
grupo de mujeres en la esquina que se nos insinúan, costaba trabajo notar que no
eran mujeres…. Eran hermosas y solo por estar tan provocativas te dabas cuenta
que eran travestis.
Al llegar al hotel fuimos al bar, a tomar una caipirinha,
como un bajativo de la cena y para dormir. Nos tomamos dos tragos cada uno,
charlando y viendo como unas putas finas iban buscando compañía entre los pocos
clientes.
- Pero ¿Viste qué parte del sueño es parecido a lo que nos
acaba de pasar?
- ¿De que hablas?
- Del grupo de travestis que estaban afuera, como en mi
sueño…
- Si en tu sueño eran mujeres…
- ¿Mujeres con bigote?
- En Brasil hay más travestis que mujeres…
- ¿No tenés esa fantasía?
- ¿Cuál?
- La de estar con un travesti
- No, no tengo esa fantasía, me da cosa… no sé… ¿Vos tenés
esa fantasía?
- Yo si, pero no con un travesti de la calle… me gustaría
encontrar uno que sea de closet.
- ¿Cómo de closet?
- Claro uno que no sepa o que lo haga a escondidas…
- ¿Qué haga que? ¿Cómo que no sepa?
- Claro hay miles de hombres que se visten de mujeres pero no
salen de sus casas. Que escriben o que chatean pero no se animan a estar con un
hombre. Hay otros que no saben que les gusta eso de vestirse hasta que lo hacen
por primera vez.
- Se ve que estás muy en tema… ¿Y cómo vas a hacer para
encontrar a uno que no se anima?
- No sé…
Esa noche nos acostamos como lo habíamos hecho la anterior.
Gabriel vio un poco de televisión mientras yo buscaba datos en la guía. Apagué
la luz de mi lado y unos minutos después él apagó la tele y el silencio se hizo
sentir.
Mi cabeza empezó a girar y no me dejaba dormir… No me
permitía hacerme esas preguntas, esas ideas no podían ser mías, no las podía
siquiera desearlas pese a que nunca estuvieron tan cerca de mí.
Después de dar mil vueltas, me pude dormir. Al despertarme
Gabriel ya estaba en el baño, me pareció que no había pasado nada extraño y yo
también me levante.
Como lo habíamos echo el día anterior, desayunamos, lo
acompañé hasta el trabajo y luego me fui a caminar por el centro… Almorzaríamos
juntos y luego volvería a trabajar y yo iría al museo de Arte Moderno, que queda
a algunas cuadras de allí, sobre la avenida Paulista.
Por la tarde nos encontramos en el hotel.
- Salí temprano de la oficina y vine aquí para ver si
estabas, pero no te encontré y me fui a la peatonal a comprar algunas cositas
que vi ayer a la tarde. - Me dijo Gabriel en un tono muy extraño.
- Yo fui al museo, es sensacional… Allí está la bailarina de
Edgar Degas, y cuadros de Claude Monet, Pablo Picasso, Auguste Renoir y Vicent
Van Gogh y Paul Gauguin
¡Es increíble! Tenés que verlo – Dije entusiasmado… pero no
sé porque sentía que Gabriel no le interesaba… y eso que es un tipo muy culto y
conocedor del impresionismo…
- Que bueno – me respondió como si le hablara de motores de
tractores.
Sobre el sillón de cuero unas cuantas bolsas de colores
llamativas, descansaban prolijamente. Yo fijé la mirada sobre ellas y le
pregunté:
- ¿Y vos que compraste?
- He comprado cosas… - Me contesto, con algo de suspenso y
nerviosismo. – Pero son cosas sin importancia… Tonteras.
- Dale mostrame que compraste. – Dije en un tono cansado.
- ¿No te vas a bañar?
- Bueno, si no querés; no me lo muestres… Me voy a bañar. Y
me fui al baño y cerré la puerta… La ducha estuvo buena y además me relajó
bastante. El calor me cansa y las caminatas eran agotadoras… yo estaba para
cenar en el hotel y acostarme enseguida, pero el baño me hizo tan bien que me
habían vuelto las energías. Me afeité (aunque ya lo había hecho a la mañana), me
peiné, me perfumé y cuando salí del baño, Gabriel no estaba, sobre mi cama,
estaban las bolsas que había comprado, con una nota que decía... "Estoy abajo en
el bar, si querés, ponete las cosas que están en la bolsa y cuando estés
cambiada llamame o bajá. Gabriel"
No entendía bien que me quería decir... ¿Me estaba regalando
ropa?
Empiezo a abrir las bolsas y todo lo que encontraba era ropa
de mujer... Una blusa, un juego de ropa interior, zapatos de taco, una falda, un
vestido, una peluca y un pack de cosméticos.
Me di cuenta que era una broma, una broma que me llenaba de
curiosidad y un poco de nervios. Lo llamé al bar desde la habitación...
- Hola, ¿Gabriel?
- Si, ¿Te gustó lo que te compré?
- Si. me pareció muy gracioso.
- ¿Gracioso? No te gustó...
- Si te dije me pareció muy gracioso... Es que no sabía si
ponerme el vestido o la falda. - y me reí
- Creo que me vas a gustar de cualquiera de las dos formas,
no te preocupes nena...
Me vestí con mi ropa y luego bajé al bar. Gabriel se
sorprendió al verme...
- ¿Que haces así?
- ¿Así cómo?
- Vestido así
- ¿Que pretendías que baje a cenar vestido de mujer?
- No, claro que no, Pedí la cena en el cuarto.
- Hay que lástima, te hice perder la sorpresa. - le
contesté con mucha ironía mientras pedía una caipirinha.
- Mozo, lo interrumpió Gabriel, suspenda la cena en la
habitación mil quinientos diez. Cenaremos aquí.
- ¿Mil quinientos diez, no va a cenar en la habitación?
- No, disculpe y muchas gracias...
El mozo se retiró y yo me quedé helado.
- ¿En verdad habías pensado en cenar en la habitación? –
Pregunté; mientras por mi cabeza me imaginaba que estábamos brindando con
champagne y yo era la diva de la película, como lo había visto, cientos de
veces en el cine.
- Si la verdad es que pensé que mi fantasía se pudo hacer
realidad... - Dijo apenado.
- ¿Estás loco? ¿En que estás pensando?
- Mirá, Antonio, la verdad es que yo siempre creí que
vos...
- ¿Que yo que?
- Que a vos te gustaría probar...
- ¡Probar! A vos creíste que yo...
- La verdad es que siempre pensé que vos... Con tu
delicadeza, con tus ojos verdes, tu piernas largas, tu piel blanca y
lampiña... Nunca te hubiera dicho nada, ni hubiera hecho nada, pero... la
situación... la posibilidad... esta tarde me animé y te compre todo para
vos... Me vine al hotel me fije tu talla, tu calzado y me fui a un negocio que
descubrí ayer cuando volvía de trabajar. Era un sex shop, para travestis...
fue como una señal.
- ¿Me estás hablando en serio?
- Nunca te hablé más en serio.
Me quedé mudo, por suerte llegó mi caipirinha, me tomé un
trago bien largo y sentí como el alcohol me reconfortaba.
Me puse a pensar ¿Por qué Gabriel me estaba diciendo todo
esto? ¿Seré así para los demás? ¿Provocaré eso? Siempre pensé que en la cama
había que hacer de todo, pero no entraba la idea de estar como mujer. Nunca en
mi vida había pensado en trasvestirme... nunca en estar con un hombre.
Por primera vez, y por un segundo, me animé a tentarme con
sentir la tela de esa ropa en mi piel... fue solo un segundo.
Gabriel estaba en silencio y creo que sentía más vergüenza
que yo. Ninguno de los dos sabía como romper el silencio y hacer como que no
había pasado nada.
- Antonio, te pido mil disculpas, no fue mi intención
molestarte.
- Está todo bien, no te preocupes. ¿cenamos?
Le hicimos el pedido al mozo y nos pusimos a charlar.
- La verdad es que me pareció que era un buen regalo. - Me
dijo en chiste, como para romper el hielo.
- ¿Podemos hablar en serio?
- Si, disculpame...
- Es que me da muchas cosas en que pensar... ¿Doy la
impresión de ser homosexual?
- No, no. Quizás es mi cabeza loca, que da mil vueltas en
mis deseos y fantasías. Quizás tenía ganas de estar con un travesti y no me
animo... por eso me fui haciendo la imagen de que vos... No me podés negar que
tenés algunas características muy femeninas. Cómo te vestís, como te arreglas,
lo que tardás en el baño. Tú forma de hablar, los temas de los que hablas,
hasta tu forma de caminar es muy femenina.
En mi se cayó un balde de agua fría... una mirada de mi
persona, que es para mi natural y a la vez me parece tan distante. ¿Habré negado
esto toda la vida? ¿Será una oportunidad de descubrirme?
- No lo puedo creer, me vienen a la cabeza miles de
recuerdos, miles de preguntas... ¿No le hubieras hecho esta propuesta a
Gustavo?
- No, él no es como vos. No es delicado, es feo el
muchacho. Con él, en esta situación, me hubiera ido de putas por ahí... O de
travestis, si se hubiera dado. - tardó unos segundos en seguir hablando, como
si estuviera eligiendo muy bien las palabras que iba a decir. - Pero decime la
verdad ¿Vos nunca pensaste en esto? ¿Nunca te atrajo un hombre? ¿Nunca tuviste
la fantasía de ser mujer? ¿Nunca nadie te lo dijo?
Por mi cabeza corrieron miles de imágenes, miles de
sensaciones que no podía decodificar. Podría decir una mentira, pero en ese
momento no pude.
- Si, Pero no de forma conciente. Alguna vez me pasó…
- ¿Y no te gustaría probar? En serio, te lo digo. ¿Qué te
parece si ahora cuando terminamos de comer, te vas al cuarto y te probás la
ropa? Después si tenés ganas o te parece, me llamás, si ves que no te da. Me
lo decís y listo... pero te sacás ese peso de encima... Yo no lo voy a
comentar a nadie. Pase lo que pasé será un secreto entre los dos... Sin
ninguna obligación. Vas te vestís y ves que te pasa… Si no te sentía cómodo,
no pasó nada, todo termina aquí.
Asentí, como si fuera una niña que había hecho algo malo.
Terminamos de comer y sin decir nada, me levanté y me fui al cuarto... Estaba
excitado, aunque no sabía muy bien porque, si era por el paso que iba a dar o
por saber que le gustaba a Gabriel.
Desparramé toda la ropa sobre la cama... y me desnudé. Lo
primero que se me ocurrío fue ponerme la bombacha, una tanga negra y roja
minúscula, que apenas podía contener mis genitales. Luego me puse las medias
caladas al muslo, que se ajustaban solas con un par de bandas que se pegaban a
mi piel. Estaba tan contento, que me costaba respirar. Me calcé el corpiño, que
ya tenía sus prótesis que me hacían sentir toda una mujer... Cuando me miré al
espejo fue una sensación distinta todo mi cuerpo latía. Sin mediar me puse la
peluca y ya no era yo la que me reflejaba... quizás nunca había sido más yo que
en ese instante.
Terminé de vestirme con la falda y la blusa. Si me había
cambiado algo hasta ese momento no fue nada hasta que me calcé los zapatos...
Sentí que mi postura se alteraba, que hacía un equilibrio perfecto sobre esos
tacos finos y largos, mi cola apareció. Corrí al baño para pintarme, para
arreglarme el pelo. Todo me resultó excitante y a la vez natural. Pero ¿Hasta
dónde soy capaz de llegar?
Está mañana no podría imaginar en estar así frente al espejo.
Mis ojos salían de mi cara y me maquillé como si lo hubiera hecho siempre... ¿y
ahora que hago? No tuve que contestarme esa pregunta porque en ese momento
Gabriel golpeó la puerta. Sin pensarlo abrí la puerta y él se quedó en el
umbral, boquiabierta.
- Sabía que podías quedar bien, pero nunca que me ibas a
impresionar así... Estás hermosa.
- La sorprendida soy yo. ¿No habíamos quedado que yo te
llamaba?
- Es que la mujeres tardan mucho en estar listas y yo soy
muy ancioso.
- ¿En serio que me ves linda?
- Si no lo supiera, creería que sos una dama. . Se acercó y
me tomó de la mano. Me hizo caminar y se reía... - Sos toda una revelación...
podrías estar en la calle como cualquiera de esas que vimos anoche y
trabajarías más que todas las travestis de Sao Paulo.
Me sentó en el sillón y yo crucé las piernas para que no se
me vea la tanguita. El se sentó a mi lado y no podía creer lo que miraba, yo
tampoco. Gabriel me miraba como si estuviera frente a una modelo, pero en verdad
estaba frente a su fantasía y no sabía bien que hacer. Pero eso le duró apenas
algunos segundos, porque después puso la mano en mi pierna y me empezó a
acariciar... Un calor me subió por todo el cuerpo. Toda yo temblaba sin poder
contenerme, sin saber que hacer frente a esto que estaba sintiendo… Se fue
acercando y me besó los labios, despacio y lento, al percibir que no lo
rechazaba volvió a hacerlo, abrió mi boca con su lengua, de forma pausada y
tierna buscando la mía.
En ese momento, todo se descontroló… sus manos me recorrían y
yo empecé a buscar su piel.
No podía creer lo que me estaba pasando, me sentía una mujer,
una mujer caliente por este hombre al que quiero y ahora ya no sé que creer.
Toque su bulto por encima del pantalón de tela fina, que
dejaba traspasar un halo tibio. ¿Hasta donde llegaré? Gabriel se dejaba tocar y
me tocaba la cola, jugando con mi falda y mi tanguita.
Bajo la cremallera de su bragueta y sin pensarlo corro su
boxer hasta llegar a sentir su verga en mi mano. Crecía en mi mano cálida… él me
besó y luego dirigió mi cabeza a su entrepierna.
Me arrodillé para estar más cómoda y él aprovecho para
sacarse los pantalones y el calzoncillo. Yo seguía totalmente vestida, con menos
rouge en los labios y nada más.
Su verga estaba allí frente a mis ojos, entre mis manos
subiendo y bajando lenta mente… Una gota bañaba su cabeza. El olor de su
intimidad me conmovió… no podía dejar de intentarlo… Mi lengua, desde el tronco
fue subiendo hasta el hoyuelo de su cabeza.
Hice eso varias veces hasta que me la fui comiendo de apoco…
Era gruesa y no tan grande, Ya dentro la fui acomodando hasta tenerla toda
dentro… Parece que esto le gustó ya que dio un suspiro. Entonces la sacaba toda
y me la volvía a tragar despacio pero de forma apretada. Me parecería que iba
creciendo ya que cada vez me costaba más llegar al final. No sé él pero yo sin
tocarme siquiera rozar nada, estaba a punto de manchar mi nueva tanga y
seguramente la falda.
Busque nuevamente su boca para besarlo pero él corrió la
cara. Entendí que no quería saber nada de besarme después de haberlo mamado…
pero sin pausa me hizo incorporar y me empezó a denudar…
Primero la blusa que sacó con cuidado para que mi peluca no
se saliera y rompiera el hechizo, El corpiño y su relleno parecían ser parte de
mi… Sin embargo me lo desbrochó y luego me acarició bien fuerte, las tetillas
las lamió y las mordisqueó, dejándome al borde de un ataque de espasmos y
regándome toda.
Luego bajó mi falda dejándome la tanga, con la que jugueteaba
en mi orificio.
Me hizo lamer su dedo índice, para usarlo de lubricante… y
jugó con mi esfínter como si fuera suyo, me penetraba apenas y me daba a probar
mi sabor más íntimo…
Me recostó en el sillón dejando mi culo a su merced y lo
empezó a lamer, mientras su dedo entraba cada vez, más… Lamía con exactitud,
donde más me excitaba y ahora eran dos sus dedos dentro mío. Sabía cual era el
próximo paso y me daba terror. Esa pijota me va a matar, pensaba yo. ¿Se pondrá
un condón O querrá meterla así nomás? ¿Podré resistir sus embestidas?
Cómo si me hubiera leído mis pensamientos me dijo:
¿Te gusta así?
Si. - Conteste lacónicamente.
Ahora te voy a penetrar ¿De acuerdo?
Si
Pero no tengo forros
¿No?
Pero no te preocupes que no tengo nada que contagiarte…
¿Vos estás sana?
Si
Entonces, vamos.
Sentí como se acercaba y la apoyaba en mi culo. Hizo
fuerzas y mi cuerpo cedió.
Me dolió pero menos que lo que me imaginé igualmente di un
gritito, para que lo haga con mucho cuidado. La sacó e hizo un nuevo intento…
esta vez fue más despacio, la sentía perforarme y abrirme de par en par.
La cabeza de su verga iba entrando con dolor soportable y
mis quejas ern cada vez menos sonoras, entraba y esperaba par sentir mi
reacción… Cuando llegué a sentir su cuerpo contra el mío me tranquilicé… La
dejó así.
¡Qué lindo culito tenés! Apretadito…
Fue ahí que se empezó a moverme cola seguía sus movimientos
y de mi verga empezó a salir leche, es que cada vez que se movía sentía el
cielo en mi cuerpo… Gabriel se daba cuenta y lo hacía cada vez más fuerte y
profundo y yo me reía de placer…
Sentía como se chorreaba dentro de mí…
Que sensación más maravillosa. Me sentía como una reina con
su pija dentro…
La tanguita no había podido contener mi leche, Cuando él la
sacó sentí que mis piernas se mojaban con mi leche y la suya.
No hacía falta que lo dijera, pero lo dijo:
- Me encantó, fue mucho mejor que lo que mi fantasía me
había creado. – Buscó mi boca sin importarle que antes le hubiera mamado la
verga… - ¿Me la limpiás? Me pregunto con un tono de ruego.
Se la tome con una mano y me la llevé a la boca y la fui
mamando, ya medio fláccida, pero bien rica, con el sabor de mi culo y su
leche…