Título: Compartiéndote
Autor: Negracho
Categoría: Amor filial
Somos un matrimonio bastante grande, abuelos ya. Mi nombre es
Rodolfo, tengo 51 años y, pese a cierta barriguilla, me mantengo bastante en
estado. Mi mujer se llama Patricia, tiene 49 años, una tetas envidiables ye está
más apasionada que nunca.
Hace un año, nuestro matrimonio no atravesaba el mejor
momento. La menopausia de Patri le había hecho perder su natural lubricación y
había olvidado, en algún recodo del camino de la vida, su histórica libido. Esto
–aunque es ajeno a nuestro asunto- provocó una infidelidad de mi parte, que
trajo como consecuencia mi expulsión del hogar y una posterior e inolvidable
reconciliación. Hasta ese momento, Patri se resistía bastante a entregarme su
cola, alegando un dolor importante , aunque –para ser honesto- debo contar que
en varias oportunidades eyacule en sus intestinos. Luego de nuestra traumática
separación comenzó a darme su culo más asiduamente, hasta que comenzó a gozar
locamente cada penetración anal. Empezamos, además, a gozar de la compañía de
algunos aparatitos. Compramos, en primer término, un vibrador de unos 15 cms. ,
al que llamamos Chiquito y que fue acogido por Patri con gran
beneplácito. Se lo devoró de mil formas y por todos sus orificios. Para que se
deslice más ágilmente dentro suyo lo vestíamos con un bien lubricado condón. Se
hizo habitual que Patri fuera objeto de dobles penetraciones; Chiquito en
su concha y mi pija en su cola causaron su delirio en largas noches de múltiples
y prolongados orgasmos. Introducimos, luego, una segunda variante: tras ser
penetrada por el vibrador y humedecida su concha por los movimientos de "nuestro
amigo", yo –no sin esfuerzo-, metía también mi miembro en su vagina poniéndola
loca de calentura y sacándole sus gemidos más sonoros.
Vio la luz, entonces, la época más maravillosa de nuestra
sensualidad. Cogíamos a cualquier hora y en cualquier lugar de la casa. Mi pija
entraba alternativamente en su concha y en su culo, follando hasta que sus
agujeros enrojecían o hasta que el dolor de mi prepucio me dictaba el
"basta".Las tetas de Patri se balanceaban incesantemente ante mis constantes
embestidas y su cara iba tomando, cada vez más, el inequívoco aspecto de "cachonda
adicta al sexo total".
Entre polvo y polvo comenzaron a presentarse grandes ratones.
Pensé en lo delicioso que sería ver a mi mujer penetrada por otro hombre,
escucharla gemir al ritmo de otra pija . No tardé en hablarle de eso y ella –si
bien me trató de loco en un principio- empezó a compartir mis fantasías. Poco a
poco, mis imaginarios compañeros de penetración de uno a ser dos y luego varios
más. Patri se acostumbró a gozar de interminables veladas sexuales en las que
era repetidamente cogida –frecuentemente sodomizada- por Chiquito, por mí
y por un nuevo consolador de grandes dimensiones, al que bautizamos como
Papuchi.
La necesidad de algún encuentro en el que vergas de carne y
hueso reemplacen al plástico apareció en nuestras vidas. Muchas veces, mientras
nos masturbábamos mutuamente, le relataba como sería una escena en que varios
hombres la hicieran suya, ocupando todos sus orificios y bañando de semen todo
su cuerpo. Estas narraciones llenaban su sexo de jugos y la transportaban a
exquisitas acabadas con solo imaginarse a entera disposición de una serie de
machos calientes dispuestos a darle y darle durante horas.
Así, llegaron nuestras vacaciones en una hermosa isla del sur
de Brasil. Allí, en una cabaña alquilada y lejos de las preocupaciones
cotidianas, cogimos hasta el hartazgo, con el infaltable aporte de nuestros
amigos de siliconas y de nuestros entrañables ratones.
Un día, tras una no muy larga discusión, decidimos concurrir
a un balneario nudista del lugar, Praia Galetha. Era un día algo nublado pero
caluroso, cuando llegamos a esa playa de aguas frías, enmarcada por un
acantilado en el que la erosión dibujó algunas cuevas de considerable tamaño.
Seleccionamos un lugar donde ubicarnos y yo me despojé de
toda mi ropa, mostrando un miembro que –por el stress de la nueva situación- no
mostraba su aspecto más tentador. Patri, incomoda por los numerosos curiosos
vestidos que pasaban permanentemente por el lugar, no se desnudó totalmente y
solamente accedió a hacer topless, dejando al aire sus sensacionales senos. Esto
bastó como para que los hombres desnudos que pasaban por nuestro lado voltearan
para mirarla y mostraran el crecimiento casi instantáneo de sus vergas.
Luego de permanecer un rato tomando mate y gozando del poco
sol que las oscuras nubes dejaban filtrar, notamos que un hombre depositaba sus
pertenencias a escasos metros de nuestra posición. Tendió su toallón sobre la
arena y se quitó el short, dejando a la vista un maravilloso miembro que, aun en
estado de semireposo, se presentaba un fino bocado para cualquier mujer con
sangre en las venas. Patri no se mostró ajena a ello y su rostro comenzó a
mostrar ese inconfundible rubor típico de las mujeres cuando principian a
calentarse. Si bien yo me hice el desentendido, noté que el recién llegado no
sacaba sus ojos de las tetas de Patri y que su pija ya mostraba señas de estar
entrando en erección, acusando recibo del atractivo de mi querida esposa. Invité
entonces a Patri a meternos en el mar, a lo cual ella accedió sin dudarlo.
Mientras jugábamos con las primeras olas, Patri me dice:
-"Viste el tipo que se acostó a nuestro lado?...me encanta esa pija en reposo
sobre sus muslos. En realidad, me estoy mojando bastante"-. La miré a los ojos y
le pregunté: -"Te gustaría que te haga el amor? Creo que este tipo ni se puso
allí por casualidad y que el tamaño de su pija indica que no le sos
indiferente…es más, creo que tus tetas lo tienen loco"-. Me miró con una amplia
sonrisa, como si le estuviera dando la mejor de las noticias y señaló: -"su pija
también me pone loca, pero no sé, en realidad no me animo a…"- Un trueno y el
inmediato aguacero que se desató le impidieron terminar la frase. Corrimos hacia
nuestra ropa, la tomamos y continuamos nuestra carrera hacia una de las cavernas
del acantilado para protegernos de la lluvia y…!vaya casualidad!...el motivo de
nuestros desvelos era nuestro único compañero en ese improvisado refugio. Era un
joven de unos 35 años, de cabello corto castaño claro, estatura media y una
considerable dotación que no había perdido su consistencia.
Tras un primer momento de cierta incomodidad, decidí romper
el fuego diciendo: -"Qué mala suerte, qué día del demonio!"-, tras lo cual me
presenté: -"Soy Rody y ella es Patricia, somos argentinos"-. El asintió con su
cabeza y respondió en un portugués bastante comprensible:-"Eu seu Wilson e moro
o Sao Paulo"-. Agregó que pedía disculpas por estar totalmente desnudo. Yo vi.
allí una luz de esperanza en ver cumplidas mis fantasías y le dije que debíamos
ser nosotros quien nos disculpáramos ya que no estábamos en sus mismas
condiciones pues lo correcto sería que Patri se quite su tanga para quedar todos
desnuditos. Mi esposa me fulminó con su mirada, pero luego…sorpresivamente se
fue quitando despacito su tanguita sin separa su mirada de los ojos de Wilson.
El brasileño se tomó su tiempo para mirar la bien depilada conchita de Patri,
luego su vista se detuvo en los erectos pezones de mi mujer para finalmente
susurrar: -"Delicia"-.
La verga de Wilson tornaba a tomar dimensiones más que
notables y los ojos de mi mujercita no lograban abstraerse de ella. Pensé
entonces en qué podía hacer para ayudarlos a darse todo el placer que parecían
reclamar y sólo una c osa se me ocurrió, una excusa que no por obvia y vulgar
dejaría de ser eficaz. Dije, entonces: Qué estúpido, olvidé mi reloj tirado en
la arena, corro a buscarlo. Ya vuelvo"-.
Salí de la cueva y caminé un rato por la playa. La furiosa
lluvia que se había desatado ya se había transformado en una inofensiva
llovizna. Hice tiempo para permitir que algo se iniciara en aquella cueva.
Pasados 7 minutos, medidos por el reloj que, en realidad,
llevaba envuelto en la remera que colgaba de mi brazo, volví a la caverna.
Cuando puse un pie en ella, no pude más que llevar una mano a
mi pija. El espectáculo que se presentaba era hermoso. Patri y Wilson estaban
estrechamente abrazados y se besaban apasionadamente. La lengua de él entraba en
la boca de ella que la recibía y la retenía entre sus labios y las monumentales
tetas de mi amada se refregaban contra el bien formado torso masculino. Las
manos de Wilson se hicieron dueñas de las tetazas de Patri y su boca bajo hacia
ellas como para querer libar del elixir anhelado. Comenzó entonces a besarlas
desesperadamente e introducir los rebosantes pezones en su boca, sin hacerles
faltar el suministro de lengua que ella parecía suplicar. Chupaba uno…y después
el otro…los amasaba y los sorbía. Mi esposa gemía y gemía, mientras su mano se
apoderó del arma letal del paulista y comenzó a mecerlo muy lentamente. Me miró
como pidiéndome disculpas, yo le sonreí y la levanté el pulgar en señal de
autorización. Se arrodilló entonces y engulló ese magnífico ejemplar de pija.
Pasó su lengua, reiteradamente, de la base a la cabeza, lubricando todo el
tronco con su espesa saliva. El solo murmuraba: -"shupa tudo…tudo o pau"- Ella
acariciaba sus huevos y se tragaba toda la pija haciendo desfallecer de placer a
su ocasional amante.
De pronto, él la tomó de la mano y la puso de pie.
Suavemente, la recostó contra la pared de la caverna y la levantó por las
piernas colocando su cabeza entre ellas. Muy tiernamente, comenzó a acariciar
con la punta de su lengua el clítoris femenino, mientras los pezones de mi
querida Patri eran oprimidos por las manos de su amante. Ella gemía como una
loca y gritaba: -·dame toda esa lengua amorcito, chupamela así que soy toda
tuya, dame más lengua …damela toda"- El no se hacía rogar y le enterraba la
lengua en la concha, mientras sus dedos cambiaban de destino acariciando y
vibrando en las puertitas del culo de mi amada. Ella, sin soltar aquella pija
soñada, deliraba de gusto y tenía su primer orgasmo: -"Estoy acabando, guachito
mío, no dejes de mover esa lengua, dámela toda…si…la quiero"- y apretaba sus
piernas como para que la lengua de su machito se le quedara a vivir adentro.
Cuando las convulsiones de Patri cesaron, se paró y –en gesto
de agradecimiento por tan gloriosa mamada- besó tiernamente los labios de
Wilson. Luego, se puso de rodillas, tomó la vergota entre sus manos y
dijo:-"Ahora quiero beberme toda tu lechita, hermoso"- y comenzó a pajearlo
violentamente. Luego, cesó el frenético movimiento y la introdujo en su boca
todo lo que pudo iniciando un tránsito envolvente de su lengua `por el rojo
glande. Por momentos detenía el movimiento, por momentos se la comía toda y
luego reiniciaba la movida, incrementando los gemidos de su deseada pareja. La
verga ya despedía sus primeros jugos. Wilson gritaba: _"Shupame pau..tudo"- y
tomaba con sus manos la cabeza de Patri para hacer llegar su verga hasta la
garganta de mi putita hermosa. –"Tuda mi leite para vocé, garotinha"- decía e
incrementaba el movimiento de sus caderas, enterrando su garrote en lo más
profundo de Patri. De pronto Wilson comenzó a temblar, se escucharon los gemidos
de Patri parcialmente disimulados por la tranca que estaba degustando, y
torrentes de leche se vieron asomar de los labios de mi tierno amor. Ella,
solícita con su amante, trataba de tragarse toda aquella generosa ración, pero
su boca no alcanzaba y el excedente chorreaba por su cuerpo, mientras se veía
relamiéndose de gusto. Wilson, enarbolando su verga como trofeo de guerra
murmuraba: -" Gustoso…gustoso…tuda mi leite para vocé argentina bela, agora
quero sua buceta"-.
Ambos se pusieron de pie, se abrazaron y comenzaron a comerse
la boca. Los labios de Wilson empezaron a teñirse con el blanco de su propio
semen, con el color de la leche que aun emanaba de la boca de mi mujercita. Se
besaban, se acariciaban, se mimaban como una pareja de tiernos novios. Yo,
mientras tanto acariciaba mi verga haciendo grandes esfuerzos para no acabar, ya
que presentía que la mejor parte estaba por venir.
Y la realidad me da la razón una vez más. Wilson toma a Patri
por la cintura y monta la pierna derecha de ella sobre una roca, levantando su
culo hasta ponerlo a la altura de su verga. Acaricia suavemente las caderas de
mi hermosa dama, e introduce dos dedos en su vagina iniciando en exquisito mete
y saca. Patri gime…me mira fijamente a los ojos y, a pesar que quiere evitarlo,
gime con su mejor cara de puta. El acerca la cabeza de su palpitante animalito a
la conchita de mi Patri…la frota contra su clítoris mientras sus manos se
aferran fuertemente a las inflamadas tetas de mi dueña. Un grito de ella me
lleva a bajar nuevamente la vista hacia su sexo. ¡Cómo la están cogiendo, mi
hermosa!...Su concha está totalmente llena. Una verga enorme, lubricada y
palpitante se mueve muy dentro de ella provocándole los mejores suspiros. Patri
está a mil, su cabeza gira y sus labios buscan la boca del macho que la
enloquece con sus bravías embestidas. Su lengua se encuentra con la del paulista
y cintura se mueve frenéticamente hacia atrás obligando a su concha a ir
incesantemente en busca de aquella verga que la somete y la subyuga. La siente
adentro…mi pobre amor…muy adentro, taladrando sus entrañas, convocando a todos
sus zumos, haciéndola hembra…más hembra que nunca.
º"Dame pija, hermoso mío, la quiero, me vuelve loca, me
encanta…me estás matando. Cojeme, no dejes de moverte sentime…,mi concha
caliente es solo tuya"-. Patri no da más. Quiere acabar temblando sobre la
hinchada pija de Wilson. Me mira..ve como me pajeo y abre grande su boca en un
gemido interminable. Sus ojos se muestran extraviados, está cabalgando sobre la
pija que siempre soñó, está llamado a todos los duendes del orgasmo para que la
hagan, al menos por unos segundos, la putita más feliz del universo. Y,
finalmente, llega. Y Wilson, llega. Y se abrazan fuertemente e intercambian sus
líquidos. Y la pija de él se entierra más fuerte que nunca en sus estertores
postreros. Y ella delira de lujuria, y eso me encanta. Y la leche de él en se
vuelca en sus entrañas y se siente muy mujer, muy de Wilson, muy poseída, muy
bien cogida. Y yo me acerco a ellos y descargo mi leche sobre las tetas de mi
hermosa. Ella apenas me mira…y lo besa como una novia enamorada, Ellos se
abrazan…ellos se besan…ellos se tocan mientras mi semen baja por el cuerpo de mi
esposa. El, Wilson , en español le dice:-"Ahora quiero tu culo mi amor, quiero
hacerte, cosita, el culo"-. Ella le toma la manos y mirándolo, embobada, a los
ojos, le responde:-"Hoy solo toda tuya mi amor, podés pedir lo que quieras,
podés poseerme de todas las maneras. No quiero que dejes de cojerme…no quiero"-.
Para mi, ya era demasiado. Para un solo día. Me interpuse
entre ellos y dije:-"Si quieren seguir disfrutándose pueden hacerlo, pero no
ahora, en otro momento. Mañana podemos reunirnos en nuestra cabaña y vivir toda
una noche de sexo. Esta vez también yo voy a participar. Mañana, Patri, vas a
tener dos vergas de carne y hueso muy adentro. Vas a gozar como la hermosa puta
que sos. Mañana va a ser un día inolvidable.
Nos fuimos entonces. Pero antes, ellos se abrazaron y se
besaron. Primero tiernamente y luego enredando sus lenguas. Ella dijo: -"Hasta
mañana, te espero"-. El le respondió: -"Adiós, te deseo:"-. Nosotros, nos
tomamos de la mano y caminamos por la arena rumbos a la salida con la alegría de
una fantasía cumplida y la perspectiva de nuevas delicias para los sentidos.