¿En qué habíamos quedado?
Ah si. Después de una de las experiencias más excitantes de
mi vida, tomé mi sudaderita, y mis panties completamente empapados de mis
fluidos, y los guarde en una bolsa plástica. Mi objetivo era entregárselos lo
más intactos posibles a Laura al día siguiente. Luego, bañé con mi perfume la
delicada y suave sudaderita de Laura, para enmascarar todos esos olores, pues
esa prenda sería mi uniforme oficial al día siguiente.
Al día siguiente, como ya era costumbre en nosotras, nos
encerramos en el baño en la hora del descanso, y yo con toda la delicadeza
posible le entregué la bolsa que guardaba para Laura, así como su sudaderita,
rebosante de mi loción. Ella abrió la bolsa y se sorprendió gratamente al ver
allí mis panties húmedos. Yo me sonrojé, pero ella los levanto, los olfateó y
los lamió en frente mío, acrecentando su cara de placer. Esa misma tarde, ya
Laura me llamó a mi casa, con una voz débil. Pensé que algo extraño le había
ocurrido, sin embargo, me comentó que se había masturbado con los dos suéteres,
después de haber lamido todos mis fluidos, y haber acariciado todo su cuerpo con
las telas húmedas de las prendas. Mis pezones se endurecieron de nuevo, pero sin
tener otra prenda con la cual excitarme, preferí esperar al siguiente día.
De ahí en adelante, empezamos a intercambiar no solo nuestros
suéteres, sino también los panties. Ella se los llevaba un día y al siguiente
yo. Nos turnábamos para lavarlos, porque en ocasiones las prendas ya se
alcanzaban a notar sucias y podíamos levantar sospechas.
Luego de varias semanas, nuestra curiosidad e imaginación
cada vez volaba más. Después de las clases de deportes, en las cuales
terminábamos completamente excitadas, íbamos al baño e intercambiábamos todas
nuestras prendas sudadas y un tanto húmedas, todo excepto el brassiere pues los
pechos de Laura eran notablemente más grandes que los míos. La sensación de
tener la ropa de otra persona rozando mi cuerpo, sentir las pequeñas gotas de
sudor de Laura en mí y los fluidos de su conchita en la mía nos excitaban
demasiado, y nos mantenía nuestras cositas completamente empapadas todo el día.
Un día Laura me comentó con su voz tiernita y suave, que
había estado cerca de una compañera que usaba un perfume exquisito. Yo no le vi
nada extraño, hasta cuando llegó con su sudaderita al día siguiente. Laura, en
un descuido de la dueña, tomó rápidamente el suéter y lo ató a su cintura como
era su costumbre. Luego nos encerramos en el baño a olfatearlo, a acariciarlo y
a estimularnos con él. La idea de Laura me había encantado, así que empezamos a
robarnos todas las sudaderitas de las niñas que mejor los cuidaban. Mi primer
robo fue a una niña de un grado inferior, quien en un partido de volley lo dejó
tiernamente doblado sobre su morral. La adrenalina corrió por mi cuerpo de una
manera sin igual. Sabía que estaba mal, pero sentir la prenda de una extraña me
enloquecía y me excitaba. Todo el día temblé pensando en que me iban a
descubrir, pero todo pasó y logré llevar el suéter anónimo a mi casa, donde gocé
con él como lo había hecho con otros.
Otra victima fue una chica de mi misma clase llamada
Catalina. Ella era muy delicada con su ropa, y su sudaderita no era la
excepción. Su suéter se notaba tan delgado, suave y delicado, y sus mangas eran
tan brillantes que parecían de satín verdadero. Recuerdo que en las clases de
deportes ella solía amarrarse su sudadera a la cintura al igual que casi todas
mis compañeras, sin embargo, ella era bastante cuidadosa a la hora de hacerlo.
Sostenía la sudadera con ambas manos, y la colocaba a la altura de sus caderas,
y doblando finamente sus mangas, las ataba de forma casi quirúrgica y simétrica.
Cuando ella corría, su la delgada tela de su sudadera se movía con gracia, al
compás de sus caderas, forrando su hermoso trasero.
La situación se hizo preocupante pues el robo de uniformes se
hizo generalizado en el cole, y las responsables éramos Laura y yo. Laura
alcanzó a robarse 8 saquitos de otras niñas, y yo solo cuatro, de los cuales aún
conservo tres, entre ellos el de Catalina, el cual es uno de mis tesoros más
preciados. Sin embargo, a mitad de año Laura abandonó el colegio pues su padre
fue transferido a Costa Rica, y ella vivía con él. A mi me dio muy duro su
partida, pues habíamos compartido muchas experiencias juntas.
Antes de su partida, quisimos hacer un último ritual con
nuestras adoradas prendas, tanto las robadas como las propias. Una semana antes
de irse, y después de ir al cole, nos fuimos juntas con nuestras morrales llenas
de las prendas robadas a la casa de Laura, aprovechando que su padre no estaba.
Al llegar, Laura notó mi nerviosismo, y me tomó de la mano y me llevó a su
cuarto, y luego de abrir varios de los cajones donde ella guardaba su ropa,
empezó a sacar las prendas que había robado a nuestras compañeras, y las tiraba
en su cama. Yo me senté en la cama, y al ver su mirada de aprobación empecé a
olfatear tiernamente todas las prendas. El magnifico olor del perfume da cada
niña se mezclaba con el de los deliciosos fluidos de Laura. Tomaba cada prenda
con una mano, mientras acariciaba mi cuerpo con la otra. Era como el cielo para
mí. Me subí solo un poco de la camiseta, y con la suave tela de la sudadera de
alguna desconocida acariciaba mi cintura. Laura tomó mi morral y sacó las
prendas que yo había robado. Su cama parecía una tienda de uniformes y yo estaba
en la mitad de ella.
Luego, con su típica mirada lujuriosa, empezó a quitarse
lentamente su sudadera, como ella siempre lo solía hacer, con la mayor
sensualidad posible, desvelando entre su brassiere, sus pezones erectos
incrustados en sus hermosos y redondos senos. Me lanzó la prenda y sin pensarlo,
se lanzó sobre la cama sobre la cual yo estaba sentada. Luego, Laura se empezó a
revolcar entre las prendas, acariciándose con ellas, y rápidamente se quitó su
camiseta y su pantalón, quedando simplemente en ropa interior. Al ver a Laura en
se estado de shock, empecé a tocarme y a estimularme con las prendas, y al ver
que Laura no el importaba, me quité mi uniforme y las dos nos encontramos en
ropa interior, extasiadas, revolcándonos en la ropa de varias desconocidas.
Cerré los ojos y me empecé a masturbar aprovechando toda la
excitación del momento. Mi vagina era un mar de fluidos. Cuando vi a Laura al
lado mío masturbándose también, noté que su tanga estaba a la altura de sus
rodillas, así que con una voz desesperada, y sin conciencia de lo que decía, le
imploré que me diera su tanguita, de color rosado, pero casi roja gracias a sus
fluidos. Ella accedió a cambio de que le diera la mía, así que cuando tuve sus
bragas, empecé a olerlas y lamerlas, y Laura siguió mi ejemplo. Nunca había
visto una mujer desnuda, pero era tal la euforia del momento, que ni siquiera
había caído en cuenta de tal cosa. Recuerdo que Laura, tomaba una de las tantas
prendas que nos cubrían en su cama, y se limpiaba su conchita, y luego
acariciaba todo su cuerpo, y luego, me la pasaba a mí, y por un momento, pausaba
su ritual de masturbación, solo para ver mi cara.
En fin, duramos horas y horas, y horas, una al lado de la
otra, masturbándonos ayudadas por las delicadas telas de nuestras prendas y de
las prendas de nuestras compañeras de clase, inocentes de los actos en los que
estaban involucradas sus deliciosas sudaderitas. Y para pesar de muchos,
hombres, no interactuamos en absoluto, simplemente estuvimos una al lado de la
otra, completamente desnudas. Lo único que paso, fue que para cerrar con broche
de oro, nos dimos un inocente beso de amigas, en la boca, no muy apasionado,
pero sí muy delicioso. Luego, miré el reloj, y después de levantarme, tomé la
tanga de Laura y me la puse, y aleatoriamente busque cinco suéteres para
llevármelos, eso sí, buscando entre ellos, el mío y el de Catalina. Luego me
despedí de Laura y me fui.
Laura se fue efectivamente a la semana de nuestra aventura, y
me hablo ocasionalmente con ella. Me contó que corrompió a una chica
costarricense, poco después de irse. Ahora solo me comunico con ella por
Messenger, y lo que sé de ella es que actualmente vive en Essex en el Reino
Unido, y estudia diseño de modas.
Espero que les haya gustado mi historia, escribirla me hizo
traer muchos recuerdos a mi cabeza, y sacar muchas prendas de mi closet y
disfrutarlas nuevamente.