[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ] [ SexShop ]
 Enlace Recomendado del día: [ Foro de Coches ]
 1,139,852 Miembros | 12,795 Autores | 53,755 Relatos | 1,367 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
VARIOS
 
 
SEXSHOP
RELATO HABLADO

La guarra de mi prima me convenció
TODORELATOS » RELATOS » EL CONTADOR DE HISTORIAS
[ Al marido, amarle como amigo, y tenerle como enemigo. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 06 de Octubre, 2008.
Fecha: 28-Ago-07 « Anterior | Siguiente » en Gays (5670 de 6523)

El Contador de Historias

luisfo
Accesos: 4,300
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 13 min. ]
 -   + 
Nadie cuenta historias como mi hermano. Un nuevo curso comienza con todas sus nuevos cambios. En el insti todo ha cambiado y en casa parece que también. Y yo creo que tampoco volveré a ser el mismo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

La profesora hablaba y hablaba y juro que se me cerraban los ojos. No podía trasnochar tanto, haciendo el tonto frente al ordenador y hablando por el Messenger con Marina, cuando después volvíamos a estar juntos en pocas horas, comiéndonos a besos en cualquier rincón del instituto. Intentaba mantenerme despierto, fijando mi vista intermitentemente entre la nuca de Vicen y la de Lorena, sentados delante de mí. A mi lado, Alver, pintarrajeaba el libro de Filosofía como un poseso. Entonces, sin más, levantó los ojos, me miró con malicia, mordiéndose la lengua y le soltó una fuerte colleja a Vince, que se giró sorprendido.

Vi la mano plasmada en la nuca del chaval, que se volvió y se giró atónito y asustado.

—¡Pringao! —encima le insultó Alver y me dio un codazo para que le riera la gracia. Cosa que no hice, no sé porqué extraña razón. Haría unos meses quizás, pero ahora. Ahora no tenía gracia.

—¿Por qué has hecho eso? —le pregunté.

—¿Eres tonto? —se quejó Vicen, con sus anchas gafas de pasta negra.

—Lo he hecho porque me ha dado la gana —respondió el bestia de Alver como si nada—. ¿Y a ti qué te pasa?, joder —se quejó, refiriéndose a mí—. Estás más raros desde que has vuelto del verano.

—No entiendo a qué ha venido eso, Alver. Eres un capullo —concluí.

—Y tú un coñazo —replicó.

—¡Por favor! Allí atrás. ¿Podéis callaros un poquito mientras termino de explicar? —se quejó la profesora.

Vicen, se mantuvo girado hacia atrás un momento. Miró a Alver, que volvió a hundirse en sus garabatos y luego me miró a mí. Aclaré mi entrecejo y luego lo fruncí, preguntándome porque aquel chaval algo empolloncete me miraba. Vicen no era mal tío, al menos no lo parecía. No se metía con nadie y tampoco era un marginado. Se iba con los que jugaban en los recreos en la cancha de baloncesto y algún fin de semana le había visto en el Collage, la discoteca a la que solía ir con mi pandilla antes de largarnos a otro sitio a escuchar música de la buena.

—Te estás amariconando, Blas. Desde que andas con esa ñoña de Marina, parece que te ha sorbido el coco —habló Alver sin mirarme.

—Tú qué sabrás —me quejé—. Marina es una tía de puta madre.

—Si tú lo dices —aceptó de mala gana mi compañero.

Había empezado a salir con Marina justo al acabar el curso en junio y habíamos pasado un verano increíble haciendo el loco entre su urbanización y la mía. Siempre paseándola con mi moto, bañándonos en la piscina, con las locas de sus amigas y los locos de mis amigos. Había molado mogollón y, sí, joder, estaba enchochado.

Al salir al recreo me reencontré con ella y nos comimos a besos, por supuesto. Me encantaban esos primeros días de curso, en donde el ambiente aún huele a verano, hay miles de cosas que te han pasado y hay que contar a los colegas de clase. Parecía que todo el centro bullía.

Como siempre hacíamos, fuimos cerca de las tapias a tomarnos unas cuantas guarrerías para comer y a fumarnos un cigarro. Allí estaba con Chavi, Marina, Nerea y algunos más. No sé dónde narices se había metido el tonto de Alver. En esto que pasó por allí Vicen con sus amiguetes, con el balón de baloncesto en las manos.

—Hola chicos —saludó Nerea muy efusiva a la pandilla.

Aquello me dejó loco. ¿De qué carajo les conocía Nerea?

—Hola guapa —le correspondió Jose Luis, el más alto de todos, dándole dos besos—. A ver si quedamos algún día, que desde agosto no nos hemos visto.

—Claro. Este finde si pasáis por el College nos vemos.

—Eso está hecho —respondió Jose Luis en nombre de todos.

—Hasta luego.

Los chicos echaron a andar en dirección a las pistas. Vicen me miró a la que pasaban y se despidió de todos con un gesto de la mano.

—¿Cómo que tienes tantas confianzas con ellos? —preguntó Marina a Nerea alucinada.

—¡Son más majos! —dijo la chica encantada—. Es que resulta que Vicen es hermano de mi amiga Lucía, y este verano me fui con ella a su casa de Denia y estaban los chicos —señaló Nerea—. Vicen, Dani y Jose Luis. Y luego vino el novio de Vicen.

—¡¿El qué?! —dijimos todos alucinados, abriendo los ojos como platos.

—¡Ah, que no lo sabíais! —dijo Nerea como si nada. ¡Por supuesto que no lo sabíamos!—. Pues muy majo el chaval. Un tío que estaba buenísimo —le señaló a Marina—. Rafa. Ufff… —agitó la chica los dedos—. ¡Buenorro a tope!

—¿Entonces Vicen es marica? —preguntó Chavi, retirándose uno de sus largos mechones de pelo de la cara.

—Se dice gay, capullo —le corregí con cierto tacto.

Marina se giró divertida y contenta por mi respuesta y me dio un beso en la mejilla.

—Da igual. Gay, marica, homosexual… Joder, tiene pinta de empanado y de empollón, pero de… gay —se pensó Chavi la palabra antes de decir nada.

—Pues geniales todos —continuó Nerea—. Así que una noche que salimos de marcha acabé muy borracha y me enrollé con Jose Luis y Lucía con Dani. Con lo bajito que es Dani —se rió con malicia—, que Lucía le sacaba una cabeza.

Desconecté en ese momento. No me interesaban las historias de Nerea. Giré mi cuello y vi alejarse a aquella pandillita, con su balón de baloncesto entre las manos. Pegándose empujones y riendo. Y me fijé en Vicen, con sus gafas de pasta negra y su melenita corta y despeinada, con aquel aire de chico ingenuo y tonto… Para que uno se fiara de las apariencias.

¿Qué me perturbó exactamente de aquella noticia? No sabría decirlo. Pero el resto de horas de clase no pude apartar mi vista de la nuca de Vicen, que ya no tenía la tonalidad rojas debida a la colleja que le había dado Alver.

A la salida del insti fui a la planta de arriba a despedirme de Marina. Ella tenía que quedarse a clase de francés. Nos veríamos en el parque por la tarde. Caminé a casa en compañía de Chavi, comentando lo que nos parecían los profesores y las asignaturas tres días después del inicio de las clases.

—¡Qué fuerte lo de Vicen! —soltó mi colega, capturando un mechón de pelo detrás de su oreja.

—Ya. La verdad es que no me lo esperaba.

—¿Y lo de su novio, qué? —continuó Chavi.

—¿Qué pasa con eso? —pregunté.

—Nada. Que ha dicho Nerea que por lo visto era un cachas.

—Bueno. Mejor para él. Supongo —me encogí de hombros, con la vista fija en la acera. Guardamos un momento de silencio.

—Es extraño —reflexionó Chavi—. No se le nota.

—Esas cosas no se notan. Bueno… —dudé—. A no ser que sea un tío muy afeminado.

—Sí, como ese tal Javi, de 1º. ¿Sabes quién te digo?

—Pobre —asentí con media sonrisa—. Se pasan mucho con él, Chavi. ¡Pobre chaval!

—Pero no se puede ser así —se quejó mi compañero—. ¡Es una loca!

—¿Y a quién hace daño? —contrataqué.

—Joder, Blas. ¿A ti no te molesta tener un mariposón al lado? Todo el rato mariposeando.

—A las personas hay que juzgarlas por lo que hacen, por como tratan a los demás, Chavi, no por como hablen o gesticulen —manifesté.

Mi compañero se quedó callado, esperando a que el semáforo se pusiera en verde para cruzar.

—Te estás volviendo un blando —declaró sonriente—. Ya se te ha olvidado cuando hacías putadas a los novatos. ¿Qué fue del tío más malo del instituto? Joder, ni que Marina te haya domado.

—No ha sido Marina, joder —me quejé—. Todos estáis con el mismo rollo, tronco —dije con fastidio—. A lo mejor es que estoy madurando y paso de ser un capullo como era antes, que me pasaba el día llevando malas notas a casa y partes de faltas. ¡Eso no es vida, Chavi! No te lleva a ningún sitio.

—¡Flipo contigo! —me pasó Chavi el brazo por el cuello y me atrajo hacia a él—. Te estás convirtiendo en una buena persona, Blas.

—En el fondo siempre lo he sido —repliqué.

—En el fondo muy en el fondo —bromeó Chavi y me soltó un beso en la mejilla como si fuese mi madre en sus más profundos momentos de orgullo hacia mí.

Llegué a casa, solté la mochila en el recibidor y percibí la voz del presentador del telediario. Me asomé al salón y allí estaba mi hermano, reposando en el sofá y con los platos de la comida en la mesa.

—¿Ya has comido?, Tate —pregunté.

—Sí. Ahora mismo —se frotó el vientre.

Fui a la cocina y cogí el plato que me había dejado preparado mi madre. Lo calenté en el microondas y volví al salón. Me senté en la silla y me llené el vaso con agua. Mi hermano miraba la tele, echándome un ojo un momento.

—Quítate la gorra para comer —se incorporó para arrancármela y dejar mi pelo lacio y aplastado al aire.

—¡Trae, imbécil! —le grité.

—Por querer parecer el más malo del barrio se te va a pudrir el pelo —indicó mi hermano—. Y a ver si te quitas ese aro de plata, que pareces un kinki.

—Pues regálame uno nuevo —me quejé, dando la primera cucharada a las lentejas—. No todos tenemos tanto dinero como tú para poder ser unos metrosexuales.

—¿Metrosexuales? —mi hermano se partió de la risa y volvió a mirarme—. Yo no soy metrosexual, pero no me mola tener pinta de gitano.

—A mí tampoco me mola —asentí, viendo como en la televisión salían montones de muertos en un atentado en Irak —¡Joder! —exclamé al ver toda aquella sangre, y giré mi cabeza para mirar otra vez a mi hermano, que se manipulaba la oreja.

—Toma —me dijo, y extendió su mano para darme el pequeño pendiente con brillantes que llevaba desde hacía un par de días—. Te regalo éste. Me lo compré el otro día. Seguro que le mola a tu novieta —sonrió. Estiré la mano algo inseguro, lo cogí y lo observé dudoso—. Venga, hombre. Quítate ese aro, que llevas ya mucho tiempo con él.

—Gracias, Tate —acerté a decir, sacándome mi aro y poniéndome el suyo.

Mi hermano me miró y sonrió.

—Ves. ¡Mucho mejor! —levantó las cejas impresionado.

—Sí, claro. Ahora me parezco un poco más a ti. Sólo me queda depilarme las piernas y el cuerpo como las señoritas.

—Más quisieras parecerte a mí —me pegó una pequeña colleja, levantándose del sofá—. Pero te diré algo —recogió su plato y su vaso de la mesa con intención de llevarlo a la cocina—. Está muy bien como eres. O al menos ahora. No sé qué te habrá hecho esa novieta tuya pero se te ve más…

—¿Más? —pregunté frunciendo el ceño, esperando a replicar.

—Más calmado —sonrió mi hermano, y desapareció.

Terminé de comer, pensativo, tocándome el pendiente nuevo que me encantaba. Sobre todo porque había sido regalo de mi hermano. Dejé los platos en el fregadero y me dirigí a la habitación. Mi hermano había bajado la persiana con intención de dormir la siesta.

Ambos teníamos que compartir habitación. Las otras dos eran la de mis padres y la de mi hermana. Me quité las zapas, el pantalón del chándal y el polo. A pesar de que ya eran finales de septiembre seguía haciendo calor. Retiré la colcha y me tumbé sobre las sábanas. Fijé mis ojos en el techo y pensé en Marina antes de cerrar los ojos. Fue entonces cuando escuché la voz cansada de mi hermano.

—Tus zapas hueles que alimentan, cabrón. Dile a mamá que te compre desodorante o algo.

—Tampoco huelen tan mal —me quejé.

—Pues me estoy muriendo —contestó.

—¡Pues te jodes! —dije volviéndome y mirándole.

Mi hermano estaba tumbado sobre la cama, con sus pantalones cortos del pijama y aquella camiseta chunga de color gris que usaba para dormir. Abracé a la almohada y me quedé en aquella postura, mirándole un momento antes de cerrar los ojos e intentar dormir.

Al rato le escuché de nuevo.

—¿En qué piensas, enano? —me preguntó.

Abrí los ojos impresionado. Mi tate me conocía bien y sabía cuando dormía y cuando no.

—¿Te digo la verdad? —Mi hermano asintió—. Estaba pensando en Marina —sonreí al recordarla—, pero también en un chico de mi clase.

—¿En un chico de tu clase? —El tono de mi hermano había sido de total sorpresa.

—Sí, pero no te emociones, eh —dije en seguida.

—Cuéntame —pidió.

—Hoy nos hemos enterado de que es gay —Mi hermano sonrió estúpidamente—. Joder, no te rías. Es que me ha tomado de improvisto porque ese chaval es el típico tonto de clase.

—¿Es el graciosillo que las suspende todas?

—No, al contrario. Es un empollón y tiene amigos, pero…

—Entonces no es el tonto de la clase, Blas —puso mi hermano los ojos en blanco—. Es un tío normal.

—Ya, pero…

—¿Y te llevas bien con él? ¿Habláis?

—Que va. Está sentado delante de mí, pero en todos estos años apenas hemos cruzado cuatro palabras.

—Bueno. ¿Entonces por qué piensas en él? Si es gay no pasa nada, ¿no?

—No, claro que no pasa nada —acepté—, pero me ha sorprendido.

—Pues igual que cuando te lo dije yo, Blas. Nadie se espera esas cosas.

—Ya —asentí con mi mejilla sobre al almohada.

—¿Es guapo? —preguntó mi hermano.

Ahora fui yo el que puse los ojos en blanco y me giré un momento para mirar a la pared, momento que aprovechó mi tate para levantarse y ponerse en mi cama, pegado a mí y haciéndome cosquillas.

—¡Quita! —grité.

—¡Enano! —me llamó riendo, y me rodeó con los brazos, dejando de hacerme cosquillas—. Estás contento, ¿verdad?

—Sí —acepté, notando a mi hermano abrazado a mí por la espalda—. Ha sido un verano increíble y Marina es tan…

—Es muy guapa —me dio un beso en la nuca—. Y muy simpática. Eres un tío con suerte.

—Lo sé —dije feliz.

—Yo también estoy contento. Muy contento —declaró mi hermano.

—¿Sí?

—Sí, enano —me apretujó con más fuerza—. Por primera vez en mi vida me siento pleno. La universidad, mis amigos, vosotros… Ahora puedo ser como yo quiero. Puedo aceptarme tal y como soy. No importa si me acuesto con hombres. Eso ya no importa.

Alcancé la mano de mi hermano y la apreté con la mía.

—A mí nunca me ha importado, Tate —hablé de corazón—. A mí eso me da igual.

Mi hermano guardó silencio y sentí su respiración sobre la nuca. Después la acarició con la punta de su nariz y me soltó un pequeño mordisquito.

—Me alegra mucho que hayas cambiado, Blas —soltó de repente—. No me gustaba nada cuando te dedicabas a… bueno, ya sabes. Cuando todo ese rollo de pegarte con la gente porque decías que te miraban mal, lo de las novatadas, lo de ser… ser un quebradero de cabeza para todos.

—Yo… —intenté decir algo, pero realmente no hablé. No tenía nada que decir. No había excusas para hacer sido tan malo.

—No dejes que a ese chico de tu clase le hagan daño por que sea gay. Puedes hacerlo. La gente te respeta —dijo mi hermano.

—No sé —respondí.

—Bueno. Es una tontería esto que te acabo de decir. Olvídalo y actúa como tú creas mejor.

Entonces me giré y me abracé a mi Tate, pasándole el brazo por encima del pecho.

—¿Dormimos la siesta? —pregunté.

—Sí, porque me caigo de sueño —introdujo sus dedos en mi pelo fino y corto.

Y así nos quedamos dormidos.

Una hora y pico después me desperté acalorado. Estaba sudando bastante, pegado a la pared. Mi hermano, por su parte, dormía de lado, pegado al filo de la cama. Me desperecé con cuidado, todavía con los ojos entrecerrados, y me acomodé la erección que había aparecido dentro de mi paquete. Hice un poco de presión sobre esta y me estremecí con gusto. Mi hermano se revolvió, girándose y mirándome adormilado.

—¡Joder! ¡Vaya siesta! —se quejó y me vio apretándome el paquete y estirándome a la par—. No te toques, cerdo —me regañó divertido, estirándose el también.

—Es que la tengo todo dura —señalé mi paquete, dentro de los calzoncillos ajustados.

—Yo también —se quejó mi hermano—. ¿Nos da tiempo a hacernos una paja antes de que venga papá de currar?

—Supongo que sí —dije—. Pero yo me la hago aquí. Paso de ir al salón a poner ninguna peli.

—Como veas —se levantó mi hermano enérgicamente, yendo a tumbarse a su cama.

Allí se sacó los pantalones del pijama y se quitó la camiseta, dejando al aire su mazado cuerpazo. Se quedó solo con los slips ajustados, en los que un buen bulto se marcaba. Cerró los ojos y suspiró apretando su paquete. Yo hice lo propio, dispuesto a comenzar una de aquellas silenciosas sesiones masturbatorias a las que acostumbrábamos un par de veces por semana.

Abrí los ojos y miré hacia la cama de mi hermano, que se había sacado ya el rabo y se lo pelaba con bastantes ganas. Observé sus párpados apretados, su barbilla elevada y sus labios entreabiertos.

—¿En qué piensas? —le pregunté con voz entrecortada, tragando saliva—. ¿Piensas en Juanjo?

Mi hermano, al oír el nombre de Juanjo, río, pero no contestó hasta un momento después.

—No, no pensaba en Juanjo —abrió los ojos y giró su cabeza para mirarme. Plantó su mirada en mi mano, que estrujaba mi rabo dentro de los boxer negros. Entonces me la saqué para que la viera mi hermano, que subió sus ojos y me sonrió— ¿Y tú piensas en Marina? —preguntó él.

—A veces —solté.

—Yo a veces pienso en ella —bromeó el muy capullo, y ambos soltamos una tremenda carcajada.

—¡Qué capullo! —le insulté, acomodándome aún más, sacándome la ropa y quedándome totalmente en pelotas. Mi hermano me observó atento, cosa que noté. Me examinaba con la mirada—. ¿Qué? —le pregunté algo turbado.

—Pues que vas a sacar un cuerpazo y me das envidia —sonrió.

Se levantó de la cama lentamente y se quedó de pie mientras se sacaba el calzoncillo por los tobillos. Su polla enhiesta apuntaba al frente y se acercó a mi cama. Le hice un hueco. Se recostó de lado junto a mí y plantó la palma de su mano en mi vientre, en donde comenzaba a crecer un encrespado y moreno vello. Acto seguido bajó su cara y me dio un beso en el cuello, haciéndome soltar un exiguo gemido. Su mano comenzó a bajar peligrosamente hasta encaramarse con dureza al tronco de mi rabo. Mi hermano me susurró en el oído.

—¿Quieres un buen pajote? —preguntó.

—Sí —respondí de forma ahogada, humedeciéndome los labios.

Sin más dilaciones, mi hermano se entregó a aquella increíble labor de hacerme la paja más maravillosa del mundo mientras me contaba al oído toda suerte de barbaridades y fantasías en las que yo aparecía montándomelo con todo tipo de exóticas mujeres, consiguiendo que alcanzara un clímax increíble.

Iba aumentando o disminuyendo el ritmo conforme me contaba aquella historia y yo ya me había olvidado de que era su mano la que me masturbaba. Para ese momento ya me había entregado totalmente a mi imaginación, hasta que llegó el momento en que comenzó a hablarme de Marina y mi mente empezó a dibujarla, haciéndome disfrutar, haciéndome recrearla en cada palmo de mi cuerpo gracias a las cuidadas descripciones de mi hermano.

Noté una lengua húmeda en mi cuello, noté ciertos mordiscos en el lóbulo de mi oreja y noté un fuerte estremecimiento en todo mi organismo mientras intentaba controlar las sacudidas de mi orgasmo. Mi polla empezó a soltar chorros de leche enloquecidamente y todo aquel placer me hizo enajenarme hasta tal punto que cuando caí rendido y relajado, abrí los ojos y me encontré con los de mi hermano, sonriente y exultante.

No era capaz de mover un músculo, con su mirada clavada con inmensa ternura en la mía. Levanté mi mano y le acaricié la nuca mientras que él acarició mi lóbulo, en donde brillaba su pendiente.

—Creo que necesitas estrenarte ya con esa chica —dijo en voz alta, o acabaré volviéndote un marica como yo con tanta paja.

No respondí. Sonreí por aquellas palabras, pues lo último que creía era que con aquello mi hermano consiguiera volverme de ninguna forma. Me gustaban las chicas, no los chicos, pero aquellas pajas y aquellas historias con las que mi hermano me ponía a cien eran demasiado para cualquiera.

TodoRelatos.com © luisfo

SEXO EN VIVO
Nueva Webcam de Sexo de TodoRelatos!
CONTACTOS
Contacta con gente de tu misma ciudad!
SEXSHOP TODORELATOS
Tienda de confianza ideal para regalos, sorpresas...

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (13)
\"Ver  Perfil y más Relatos de luisfo
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 

Sexo en Vivo
 
 
SEXO

Galerías Porno
 

Fotos de Sexo
 

Videos de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

WebCam de Sexo
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
     
 
Emotik: Nicks y Emoticonos para MSN Messenger
InverForo: Comunidad sobre Dinero y Vivienda
ForoCoches: El mayor foro de coches en Internet
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.40 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto