Cosas extrañas.
Hay cosas que te suceden en la vida y que resultan tan
inverosímiles que es mejor no contarlas, para no quedar como mentiroso ante los
amigos. Lo mejor que puedes hacer es olvidarlas. Pero como olvidar cosas que
cada vez que vienen a tu memoria te dejan en un estado de inquietud y ansiedad
como al día después de haber ocurrido. Tratar de olvidar lo inolvidable ... ¡Que
tarea más inútil!
El esfuerzo se hace, pero de nada vale. No lo cuentas a
nadie, pero no lo olvidas. Esos recuerdos permanecen en tu mente. Y un día
piensas: ¿Y si le contara a alguien aquellos extraños sucesos? Que importa
quedar como un mentiroso, si al salir de mi esta historia pudiera comenzar el
proceso del olvido de algo que tanto me inquieta. Por eso me he decidido a
contar esto. Igual me da lo que puedan pensar de mi los lectores. Los hechos que
voy a relatar son verídicos, créanlo o no.
Ocurrió hace mucho tiempo, yo era un joven militar que estaba
de baja por enfermedad. Bueno, no vayan a pensar que realmente estaba muy
enfermo, tampoco piensen que fingía estar enfermo. La verdad es que estaba
enfermo y aproveché las circunstancias para agravar un poco mi mal y de paso
tomarme unas buenas vacaciones. Así las cosas, logré convencer al médico de mi
unidad militar, que dicho sea de paso era un tío de dudosa reputación
profesional, graduado de una Universidad que tal vez no exista, pero que ocupaba
la plaza de médico en la plantilla. Entre los soldados lo apodamos del médico
"SUERO". Que tenías una fiebre de origen desconocido, te llegabas a él y te
ingresaba y como tratamiento te ponía un suero intravenoso de algún carbohidrato
inofensivo. Que si te dolía una muela: venga te ponía un suero. Que si la cosa
era una diarrea: la misma medicina. A nosotros este tío nos daba risa y terror.
La cosa vino a más, cuando un día entre nosotros hicimos una
obra teatral para entretener al resto de los soldados de la unidad y la misma se
desarrollaba en una maltrecha enfermería donde un médico pasaba consulta a sus
pacientes ingresados en su sala. Los síntomas de los pacientes eran distintos y
al final de su visita matinal, muy orondo se paró en un extremo de la sala y
gritó a su enfermero: Suero para todo el mundo.
Bueno, convencí a nuestro galeno de marras que padecía de una
peligrosa hemorragia cerebral en el dedo gordo de mi pie derecho. Yo solo
esperaba reírme un poco. Pero el tío, primero mostró un rostro muy preocupado y
de paso me dio la baja militar por una semana.
Aquello había que sacarle lascas y como es natural, una
semana no me bastó para mejorar, en realidad me puse peor de aquella extraña
enfermedad y al fin logré un tratamiento de un mes en mi casa. Unas verdaderas
vacaciones. Me envió a casa con una caja de pastillas y sueros, los dejé en el
armario y saqué pasaje para pasarme una semana en un hotel del occidente del
país.
Escogí un hotel que se encuentra en unos de los lugares más
hermosos y extraños del mundo: el valle de Viñales. El Hotel se llama Los
Jazmines y desde él se puede observar un impresionante paisaje. Está en una
altura que constituye un verdadero mirador natural hacia ese valle de una
hermosa fertilidad y se pueden observar incrustados en medio de ese valle unos
hermosas montañas de laderas muy verticales, llamadas mogotes, que son como
enormes piedras que parece que un día cayeron del cielo. Cuando estudiaba en la
escuela me decían los maestros que este tipo de mogotes solo existían en dos
lugares en el mudo. Aquí donde ahora los estaba observando y creo que en una
región de Italia. Bueno igual da.
Llegué al hotel como a las 2 de la tarde, reservé una
habitación e inmediatamente me dirigí a ella. Me cambié de ropa, puse en el
armario mi uniforme militar y solo me vestí con un bañador y me fui a la piscina
del hotel. El paisaje era maravilloso. Por unos instantes me detuve a disfrutar
del valle y luego me lancé de cabeza a la piscina. Sentía una extraña sensación
de libertad que me hizo recordar los tiempos en que todavía no había sido
reclutado por el Ejército y podía hacer lo que me apeteciera. Nadé varias veces
de un borde a otro de la piscina y finalmente salí del agua y me recosté en uno
de los asientos reclinables de plástico que estaban al borde de piscina. Bajo la
sombra de una sombrilla playera me dormí por un buen rato y después, cuando
serían aproximadamente las 5 de la tarde me fui de nuevo a mi habitación, me
bañé y finalmente me dispuse a dirigirme al restaurante para saciar mi apetito
juvenil.
El restaurante estaba lleno hasta el tope y no solo era por
turistas o huéspedes del hotel. Había muchos hombres solos que parecía que
estaban en medio de su jornada laboral y hacían un alto para cenar. En realidad
en ese instante descubrí que el sitio era muy frecuentado por conductores de
camiones, que aparcaban sus vehículos en el mirador y tomaban su cena, para
después continuar su viaje de trabajo. Otros simplemente se hospedaban en el
hotel, para pasar la noche y continuar su viaje a la mañana siguiente, pues la
carretera de Viñales a Pinar del Río tiene numerosas, pronunciadas y peligrosas
curvas donde han ocurrido un muchos accidentes y transitar de noche por esos
sitios resulta muy peligroso.
El sitio de verdad que resultaba acogedor. Se podía descansar
a tus anchas, pero después de estar un par de días en el lugar, tanta
tranquilidad se me empezó a convertir en un tremendo aburrimiento. Al fin decidí
que lo mejor era largarme al día siguiente para la capital. Esa tarde después de
comer me retiré a mi habitación a descansar y después de dormir una corta siesta
me puse el bañador y me fui a dar un chapuzón en la piscina. El sitio estaba muy
solo y rápidamente me zambullí y di unas cuantas brazadas. No me di cuenta
cuando dejé de estar solo en el lugar. El llegó y se recostó debajo de una
sombrilla. Yo no le hice mucho caso y continué disfrutando del agua. Como a la
media hora el tío se levantó y cosa extraña para mi me detuve a observar su
cuerpo. Era un hombre fuerte de unos 35 años, su piel estaba bronceada por el
sol y lucía unos musculosos brazos, no esos artificiales de un gimnasio, sino de
esos que te premia el trabajo fuerte y que te imprimen una masculinidad muy
excitante. El tío tenía puesto un bañador ajustado a la piel y se podías ver que
debajo estaba como que atrapado y reprimido un grueso y bien dotado paquete.
Bueno, esta observación me fue muy extraña, pues yo nunca había sentido
atracción hacia los hombre y miren que en el ejército abundan y de todos los
tipos. Pero aquel me provocó una extraña sensación de seducción. Dejé de
mirarlo, no fuera a mal interpretar mi forma de observarlo. Continué en mi baño
y el tío también se lanzó al agua. Y ahora éramos dos los que nadábamos en el
mismo receptáculo. Y no se porque magnetismo mi vista se detuvo a observarlo de
nuevo y creo que en esta ocasión él se dio cuenta de que lo estaba mirando.
Volví a cambiar mi vista hacia otro sitio y a los pocos instantes, cuando fui a
mirar de nuevo, buscando tal vez la tranquilidad de que el tío no se había
percatado de mis insistentes miradas, me encontré que de nuevo volvió a
sorprenderme y esta vez me sobresaltó y me puso nervioso. Él hizo un gesto como
de saludo al que yo correspondí y de inmediato nadé hasta el borde de la piscina
y salí del agua a descansar un poco. Él hizo lo mismo, nadó hasta el borde
contrario a donde yo estaba y salió del agua, pero se sentó en el mismo borde de
la piscina de forma que podía observarme directamente. Y así estuvimos varios
minutos. Cuando el tío se incorporó y se dirigió justamente hacia el lugar donde
yo estaba y se sentó en la silla reclinaba que estaba más próxima a mí y muy
cordial me saludó. Se me presentó, me dijo: me llamo Juan, soy camionero y estoy
de descanso en este sitio para continuar mañana mi viaje. Yo le contesté que
para mi era un gusto conocerlo, que mi nombre era Alberto y que era militar y
que estaba tomándome unos días de descanso en el hotel.
A partir de ese momento conversamos de miles de cosas,
prácticamente nos hicimos amigos y luego cuando ya eran como las seis de la
tarde nos fuimos a nuestras habitaciones para bañarnos y vestirnos para la cena
en el restaurante del hotel. Poco antes de las siete y media de la tarde, oí
sonar el timbre de mi habitación, casi estaba listo para salir de ella, aquello
me extrañó muchísimo pues no esperaba a nadie, como es natural y cuando abrí la
puerta ahí estaba Juan. Yo no le había dicho cual era el número de mi
habitación, no se de que manera lo averiguó y con mucha soltura me dijo: Pensé
que ya estarías listo y por eso pasé a recogerte para ir a cenar. Yo estaba un
poco entrecortado, lo invité a pasar, mientras acababa de ponerme la camisa y
salíamos para el restaurante. Juan se sentó en una amplia butaca de la
habitación y de nuevo cuando ya estaba listo volvió mi cabrona y extraña
observación hacia este hombre tan masculino que tenía ante mi. Yo me dije para
mis adentro: es que hay hombres tan masculinos y atractivos que captan la
admiración de todo el que los rodea, independientemente que sean o no
homosexuales. Y eso me hizo dar un suspiro de alivio. De mi suspiro se percató
Juan y lo comentó: Parece que recuerdas algo que te es agradable y lanzó una
leve sonrisa de complicidad y de inmediato salimos de la habitación.
La cena fue de lo más animada. Juan a pesar de ser un hombre
de trabajo rudo, era un conversador muy ameno. En la cena tomamos unas copas y
no permitió de ninguna manera que yo pagara. Al salir del restaurante hablamos
de tomar unas copas en el bar y yo pensé que esto era una buena ocasión para
poder devolver su invitación. Tomamos dos o tres tragos. Para mí, que tenía poca
costumbre de beber alcohol era bastante, pero él estaba como si hubiera tomado
agua. Pero tampoco permitió que yo pagara nada. Luego estuvimos caminando por
las afueras del hotel, fuimos hasta el mirador y cuando ya eran cerca de las 10
de la noche, yo estaba pensando en retirarme a mi habitación a descasar, cuando
vino su proposición de darnos unos tragos con una buena botella de ron que tenía
en su habitación. Yo no estaba para tomar ni una gota más, pero Juan había sido
tan amable conmigo que me daba corte despreciar su invitación y al fin accedí a
su invitación.
Entramos en el lugar, la luz era tenue y me senté en un
pequeño sofá y Juan me preparó un trago y me lo llevó. Se sentó a mi lado y me
propuso brindar por nuestra nueva amistad. Nos dimos un trago y cuando puse mi
vaso en la mesita del centro con una de sus fuerte manos acarició mi pecho y
trató de darme un beso en la boca. Yo lo rechacé tajantemente. Le expliqué que a
mi no me iban los hombres, que se estaba equivocando. Pero estaba muy mareado y
continuó acariciándome el pecho y pronto una de sus manos estaba acariciando mi
polla por encima del pantalón. Bueno, tengo que reconocer que aquellas caricias
me resultaron placenteras y mi polla respondía empalmándose. Yo estaba muy
mareado, había tomando mucho más alcohol que lo acostumbrado y de verdad que no
opuse resistencia y dejé que Juan continuará acariciándome. En definitiva,
pensé, aquel tipo tan masculino, que olía a macho por todos los poros, me había
salido un marica, pues lo único que le interesaba era acariciar mi polla y los
vellos de mi pecho. Ya me había desabrochado la camisa, mi pecho estaba a su
disposición y mi bragueta descorrida totalmente le permitían disfrutar de mi
polla, que solo quedaba como que atrapada dentro de un boxer en el que ya no
cabía y del que deseaba librarse. Pero Juan me seguía excitando, pero no
liberaba mi polla del boxer opresor.
Juan recostó mi cabeza en el sofá y yo me acomodé de esa
forma. Ahora entró en acción con su lengua, que empezó a acariciar desde mi
ombligo por el mismo centro de mi pecho hasta llegar a mi cuello. Lamía los
vellos de mi pecho y su saliva y mi sudor me iban mojando todo mi abdomen. Mi
polla se empalmaba de forma salvaje, de la cabeza de mi polla empezó a emerger
abundante líquido preseminal y luego cuando lamió una de mis tetilla se me puso
dura.
Por fin su boca empezó a bajar por mi pecho hasta mi cintura,
sentí como su lengua se introducía en mi ombligo. Una de sus manos bajó un poco
mi boxer y salió la cabeza de mi polla babeante y deseando ser acariciada por
aquella lengua que no vaciló en lamerla y darle una chupada. Una sola chupada
que estremeció todos los músculos de mi cuerpo. Respiré profundamente, sentí un
placer nunca experimentado y solté una exclamación de satisfacción que dejo
claramente que aquello me estaba gustando. Pero solo fue una chupada, quería más
y Juan se fue a chupar mis huevos mientras mi polla se seguía babeando de
deseos. Traté de pajearme con mi mano, pero él me lo impidió de forma rotunda y
solo me dijo: no te vas a pajear y solo te vas a correr cuando me salga de los
cojones. Juan era un hombre mucho más fuerte que yo y con una de sus manos
retiró la mía y fue en busca de la otra y mi polla y mis huevos quedaron a
merced de su lengua. Mamó mis huevos tan intensamente que cerré los ojos para
disfrutar aquello y luego su boca fue hasta la cabeza de mi polla y me dio otra
chupada, de nuevo una sola que hizo como si mi cabeza quisiera estallar de
placer. Le rogué que siguiera, pero de nuevo me dijo que solo me correría cuando
a él le saliera de sus santos cojones. Estaba empezando a sentir el placer de
ser dominado por un macho. Y aunque hasta ahora lo estaba viendo como un maricón
que se estaba interesando por mi polla y me la estaba mamando, comencé a sentir
que otra voluntad se estaba apoderando de mi sexo.
Aquella mamada estaba siendo muy intensa, cada vez sentía más
deseos de correrme, pero cuando mi polla comenzaba a rugir, el cambio de ritmo y
una fuerte chupada de los huevos me volvía a relajar, pero el deseo me seguía
aumentando. Cuando cesó de mamarme quedé como embelesado de tanto placer y esto
le permitió a Juan voltearme boca abajo y cuando vine a percatarme estaba sobre
mi espalda, sus piernas estaban al lado de mi cabeza y su boca estaba en mi
mismo culo. Empezó a soplar en mi mismo culo, hasta aquí lo estaba dejando que
hiciera lo que quisiera, porque en definitiva lo estaba viendo como un maricón
con cuerpo de macho que me estaba dando una mamada muy deliciosa, pero ahora la
cosa cambiaba diametralmente, quería disfrutar de mi culo y traté de impedirlo,
traté de revirarme, de escaparme de esa posición en que me tenía. Pero de nada
me valió, Juan era un hombre mucho más fuerte que yo, sentí como sus fuertes
brazos abrían mis piernas y mi culo quedaba abierto a su boca. Sentí como su
saliva caliente me iba llenando mis entre nalgas, como mis huevos se estaban
mojando con su saliva y fue entonces cuando su boca devoradora comenzó a
chuparme el culo, su lengua haciendo círculos iba venciendo la resistencia de mi
esfínter virgen. Estaba sintiendo tantas sensaciones que no tengo palabras para
describir aquello. Todo mi cuerpo vibraba y se estremecía, mis manos con fuerza
se aguantaban del colchón, lo golpeaba con fuerza, mientras mi culo seguía
entregándose a aquella lengua lujuriosa. Mi polla estaba dura como nunca y
aquello me estaba gustando a pesar de mis constantes rechazos. Juan continuó
imperturbablemente mamándome el culo, mientras yo sentía como si las fuerzas de
mi cuerpo me abandonaran y por primera vez acaricié con mis manos la única parte
del cuerpo de Juan que tenía a mi alcance: sus piernas.
Ahora sentí la voz de Juan que me decía: Te voy a soltar las
piernas, pero quiero que tu mismo las abras para que mi boca siga disfrutando de
ese culo que voy a hacer maricón. Juan me soltó las piernas y yo inmediatamente
las cerré con todas las fuerzas de mi alma. Pero su voz de nuevo me exigió: abre
bien esas patas para que entre la lengua de tu macho, maricón. O quieres que te
lo abra y te lo muerda. Me estaba pidiendo mucho, yo no era capaz de abrir mis
piernas pero sabía que si no lo hacía él podía hacerlo. Intenté abrir mis
piernas, Juan me exigió que más, hice un mayor esfuerzo y sentí como su boca
comenzaba de nuevo a devorar mi culo. Mi corazón palpitaba a un ritmo feroz,
pero a Juan parecía deleitarle mi terror. Me estaba desfalleciendo de placer,
mis piernas perdían fuerza, la cabeza como que se me iba quedando en blanco y
entonces comencé a sentir como suavemente y muy delicadamente uno de los dedos
de Juan entraba en mi culo y comenzaba a profundizar en la dilatación. Los
músculos de mi vientre se me contraían y Juan continuaba mamándome el culo y
dilatándomelo con sus dedos.
Paró por unos segundos, de nuevo me puso boca arriba y yo sin
fuerzas me quedé así. El se puso sobre mi, sentí su pecho sobre el mío, nuestros
sudores se mezclaban y sentí sus labios rozar los míos y besarme.
Yo nunca había besado a un hombre, pero la lengua de Juan
entró en la mía y comencé a sentir el sabor de su saliva. Aquello me produjo una
extraña sensación de pertenencia y la próxima vez que su lengua entró en mi boca
yo la chupe de puro gusto. Ya en mi cabeza no había ideas de rechazo, estaba
siendo dominado por aquel macho y extrañamente aquello me estaba resultando
placentero y decidí continuar con mi entrega. Luego la lengua de Juan comenzó a
saborear mi piel, empezó por mi cuello, aquello me retorcía de placer. Y
finalmente llegó a mis tetillas que mamó con mucha intensidad, tanto que
comenzaron a dolerme. Y finalmente su boca estaba chupando mi polla mientras que
sus manos apretaban mis nalgas y de nuevo sus dedos se apoderaron de mi culo. Su
mamada aumentó en intensidad cuando uno de sus dedos entró profundamente y sentí
placer por aquello y no me da vergüenza en confesar que a partir de ese momento
estaba dispuesto a convertirme en la puta de aquel macho. Pero me faltaba valor
para permitir que me penetrara, pues ya había podido observar el clase de
aparato que se gastaba el tío.
Pero en ese momento, en medio de una excitación extrema Juan
me dejó descansar unos breves instantes. Quedé como aletargado y acostado boca
arriba y su cuerpo me cubría, podía observarlo de cerca, sobre mí, pero sin
sentir el peso de su cuerpo, pues lo sostenía con sus fuertes brazos. Luego
acercó su boca a la mía y nos sumergimos en un profundo beso. Ahora Juan me
dijo: Te voy a enseñar a mamar mi polla como a mi me gusta y esa idea produjo un
cosquilleo en mi cuerpo. Juan acercó su polla a mi boca y ahora por primera vez
pude observar de cerca el clase de aparato que se gastaba el tío. Era una polla
grande y gorda, nada de cosas salvajes, pero de seguro que no me podía caber en
mi boca. Su cabeza era hermosa y unas gruesas venas por su tronco mostraban una
virilidad que podía decirse que tenía vida propia. De su cabeza salían pequeñas
gotas que me pidió que saboreara. Con mi lengua las lamí y tenían un sabor algo
salado. Tuve deseos de escupir aquello, pero su cabeza me lo impidió al entrar
en mi boca y de esa forma aprendía a saborear el sabor de los líquidos más
masculinos de aquel macho. Me pidió que le chupara la polla con los labios y que
me cuidara de lastimarlo con mis dientes. Chupe de esa forma una y otra vez.
Ahora Juan me pidió algo, me dijo que cuando lo estuviera mamando le mojara la
polla con abundante saliva. Lo obedecí y el sabor de mi saliva se mezcló con el
de sus líquidos y así aquel aparato me parecía más jugoso. Y finalmente vino
algo más, me pidió que lo mamara con glotonería, que tratara de tragarme aquel
tronco hasta lo más que pudiera. Traté de engullirme aquello, pero solo podía
llegar hasta un poco menos de la mitad, pero el quería más y me dijo que me iba
a ayudar. Aguantó mi cabeza y me dijo: venga, chúpale bien la polla a tu macho y
sujetó mi cabeza con sus manos y presionó hasta que la sentí entrar en mi
garganta, me sobrevinieron arqueadas, me salieron lágrimas y sentí que me
faltaba la respiración.
Al ver estas reacciones mías, Juan me dijo: vamos eso no es
para tanto y me la sacó un poco para que tomara aire y de nuevo volvió a entrar
hasta las profundidades, de nuevo las arqueadas y mis lágrimas pero aquello
lejos de preocuparle a Juan parecía que le daba un placer añadido, pues me dijo:
Venga, no llores tanto y cuando la tengas atrabancada succiónala y mámala con
más deseo, porque sino te voy a pegar, para que aprendas a darle placer a tu
macho. Y así continuó hasta que en un momento me empujó aquello y sentí como mis
labios chocaban contra sus huevos y mi boca quedaba abierta a más no poder y la
cabeza de su polla había separado mis dos amígdalas y sentí como aquel miembro
rugía, como temblaba, estaba seguro que de un momento a otro se iba a correr y
que lo iba a hacer en mi boca.
En esa mamada llegó el momento en que era inminente que Juan
se correría en mi boca y yo me dispuse a saborear su leche, que salió como un
chorro caliente que me llenó la boca, mientras él me pedía que me la tragara,
para que eso quedara dentro de mí. Tragué lo que pude, pero otro chorro me
volvió a llenar la boca y aquello continuó mientras yo veía como los músculos de
su vientre se contraían para sacar más leche de sus huevos. Sus exclamaciones de
placer, me daban placer también a mi. Cuando terminó de correrse, me sacó la
polla de la boca y me dio un beso profundo, su lengua entraba en mi boca y
aquello continuó hasta que solo sentía el sabor de su saliva, como prueba de que
me había tragado todo el semen que brotó de sus cojones.
Finalmente, sentí como sus músculos se relajaban y nos
quedamos dormidos y abrazados el uno al otro. Al despertar estaba solo en la
cama. Y cosa extraña, no se observaban rastros de nuestro juego sexual. Parecía
que había dormido solo en la habitación y que todo esto solo había sido un
sueño. Sin embargo sentía una sensación extraña en mi garganta, como prueba de
que algo había estado alojado en mi boca y me había llegado hasta las
profundidades de mi garganta. Juan se había ido sin despedirse de mi y sentí por
un lado la tristeza de no volverlo a ver nunca más y por otro la alegría de que
podría considerar estos sucesos como un sueño que nunca habían ocurrido.
Pero ... cosa muy extraña ... tres meses después, a las dos
de la madrugada sentí que alguien tocaba la puerta de mi habitación, el resto de
mis familiares dormían a esa hora, me puse unas chanclas y desnudo fui a ver
quien era el que tocaba a mi puerta. Me quedé lívido, era Juan. Entró en mi
habitación. No le pregunté como había podido averiguar donde vivía, ni como pudo
entrar en mi casa a esa hora. Solo la lujuria sexual estalló en mi cabeza y de
nuevo en la cama hicimos un amor intenso en el que fui por primera vez penetrado
por un hombre y al final extenuados nos quedamos dormidos y abrazados. Y al
amanecer de nuevo me vi solo en la cama. Y la intriga de aquel hombre me hizo
preocuparme de mala manera. ¿Cómo podía llegar a mi tan fácilmente? ¿Cómo podía
marchar de esa forma tan sutil?
Estos hecho me han estado ocurriendo casi todos los meses y a
pesar de que despiertan en mi una enorme intriga que desborda mi pánico, sin
pensarlo me entrego a sus deseos cuando Juan aparece.
Epílogo. Mi relación con Juan duró de esa forma casi tres
años. Luego, un día no volvió a aparecer más. Hace unos día de nuevo volví a
aquel hermoso paraje, ahora ya no era militar, iba conduciendo mi coche y en una
de las tortuosas curvas que hace la angosta carretera, no se por que razón llamó
mi atención una pequeña cruz de piedra con un jarrón de flores en el borde de la
carretera. Me detuve y fui al lugar, era un recuerdo de los familiares a alguien
que fatalmente había tenido un accidente en ese lugar. Y casi al retirarme
observo una foto que allí habían dejado al lado de las flores. Al observar la
foto quedé como petríficado. El parecido de aquel hombre con Juan era enorme, el
nombre del fallecido era también Juan, lo pude leer en la lápida que allí había.
Me fui a mi coche, mi cuerpo temblaba. Estuve varios minutos sin atinar que
hacer. Finalmente sentí un calor en mi cuerpo que me dio confianza, puse en
marcha el coche y llegué de nuevo al Motel de nuestro primer encuentro.