La sumisión de la dominante Marta. (1)
Generalmente Martín llegaba a casa, a las doce y treinta de
la tarde, luego de salir del colegio. Sin embargo, esa mañana, debido a una
sesión imprevista de los profesores, las clases habían sido suspendidas, apenas
dos horas después de iniciadas. El nuevo año lectivo había comenzado un par de
semanas atrás, por lo que los estudiantes, que aún extrañaban las vacaciones,
festejaron el repentino receso de sus obligaciones y la gran mayoría se dirigió
a sus casas, entre ellos Martín.
De camino a su hogar su mente divagaba en un montón de
pensamientos. Dos semanas antes había cumplido diez y siete años, era su último
año en el colegio y todavía no había decidido que haría con su vida una vez
culminados sus estudios secundarios. Además, tenía una idea que lo fastidiaba,
absolutamente todos sus amigos habían tenido relaciones sexuales. Pero él,
continuaba virgen. Deseos sobraban, inclusive potenciales candidatas no
escaseaban, debido al físico atlético de Martín, estatura mediana que rondaba el
metro setenta y ocho, junto con los ochenta kilos de músculo y su rostro con
rasgos fuertes pero, atractivos,. Sin embargo, su falta de confianza e
inseguridad no le permitían entablar una relación con alguna chica de su edad,
salvo con Raquel, una amiga y compañera de curso.
Llegó a la casa, alrededor de las nueve. Entró a la sala.
Arrojó su mochila en uno de los sofás, y se dirigió a la cocina en busca de algo
de comer. Observó que dos de los fogones de la estufa estaban encendidos con sus
correspondientes ollas, una de las cuales hervía abundantemente. "Mamá está
cocinando", pensó.
Tomó una gaseosa del refrigerador y se dirigió al pequeño
cuarto que quedaba frente a la cocina, que servía de bodega, para conseguir
galletas. Trató de encender la luz, pero, el foco se había quemado, por lo que
empezó a buscar con la escasa claridad que llegaba desde la cocina.
De repente, desde la oscuridad de la bodega, escuchó unos
casi imperceptibles chasquidos. Instintivamente dirigió su mirada hacia la
claridad de la cocina y entonces miró.
Frente a él, el cuerpo desnudo de una mujer, que se mostraba
de espaldas a sus ojos. Su piel color canela claro daba muestras de haber sido
acariciado por el agua, pues, estaba toda humedecida. Su cabello negro y mojado
le caía en la espalda en forma de jirones. Sus nalgas estéticamente rellenas, se
unían armoniosamente a unos generosos muslos y estos a su vez a unas muy bien
contorneadas piernas, que descansaban en unos pequeños y graciosos pies que de
vez en vez se colocaban en puntillas, seguramente para proteger sus hermosos
talones del duro piso de parqué.
Sorprendido y extasiado, Martín no se perdía ni un solo
detalle del espectáculo que tenía frente a si, apenas notó el ligero dolor que
le causó la fricción de su miembro abriéndose paso entre sus pantalones. En eso
la mujer dio un giro, exponiéndose frontalmente a su fisgón.
Martín que se había concentrado en las pompas, se vio de
golpe frente al vientre de la mujer, inmediatamente distinguió una ligera mata
de vello que provenía de las entrepiernas de la mujer, produciéndose un fuerte
tirón en su pene. Rápidamente resbaló su mirada hacia arriba encontrándose con
dos suculentas y macizas tetas que apuntaban, directamente contra él, sus
llamativos pezones puntiagudos de color marrón. Nuevas contracciones de su
miembro fueron el saludo al par de señoras mamas.
La mujer giró a la estufa, mientras se afanaba por colocar
algo en las diferentes ollas. Casi de inmediato, se dio vuelta por unos segundos
y entonces Martín se concentró en su rostro, sus cabellos mojados le caían en el
rostro, por lo que le resultaba imposible observar completamente el rostro de la
mujer, pero, pudo distinguir unos labios carnosos y sensuales que difícilmente
podían perderse en la jungla de cabellos, y una barbilla que le pareció se
ajustaba bellamente a los labios que había admirado.
De repente, un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo,
una sensación de vergüenza y desánimo lo inundó. Su mente se llenó de reclamos y
recriminaciones contra sí mismo. Su pene abandonó su posición de ataque y se
desplomó irrestrictamente. "Es mi Mamá", se dijo con voz imperceptible.
Continuará…