Vivo en la última planta, la octava, por lo que aprovechamos
el trayecto en ascensor para comernos la boca y sobarnos los paquetes. Yo me
quité el bañador y me quedé en pelota picada ante la sorpresa y la excitación de
Samuel.
Estás loco tío. ¿Y si nos pillan?
No te preocupes. En mi planta sólo hay dos pisos, el
mío y el de enfrente, pero lleva años vacío – dije
Ah sí? Haberlo dicho antes – añadió mientras se
despojaba de la camiseta y dejaba al aire sus pezones totalmente
erectos, los cuales no tarde en chupar.
Llegamos a mi planta y salimos del ascensor sin dejar de
besarnos. Permanecimos en el descansillo de la planta, entre las dos puertas,
durante unos minutos morreándonos y tocándonos por todo el cuerpo. Hacía rato
que ya le había quitado sus bermudas, pero aún no había hecho lo propio con sus
slips. Aún no tocaba quitárselos. Me encantaba sentir cómo su polla luchaba por
salir de su prisión, cómo iba humedeciendo poco a poco la tela del slip y cómo
Samuel se iba enloqueciendo por hacerle esperar tanto. Sólo nos iluminaba la luz
del ascensor pero de pronto, alguien lo llamó desde otra planta y la puerta se
cerró, dejándonos en total oscuridad.
¿Y si te follo aquí mismo y ahora mismo? – me
preguntó entre jadeos
Sería una experiencia bastante morbosa. Lástima que
no viva nadie ahí enfrente para que nos espie por la mirilla.
¿Eres un exhibicionista, eh?
Exhibicionista y voyeur. Anda, vamos dentro, que para
follar nos hacen falta los condones. Además, creo que vamos a estar más
cómodos – le dije
No hubiese estado mal follar allí mismo. Incluso en el
ascensor (rectifico: sobre todo en el ascensor). Sólo hubiese sido necesario
entrar a por los condones y salir de nuevo con ellos. Pero mis intenciones eran
otras. Quería llevármelo a mi habitación porque sabía que desde allí ofrecería
una buena vista a alguien que estaría esperándome al otro lado de la ventana.
Mientras intentaba abrir la puerta, Samuel no dejaba de
restregarme el paquete por todo el culo. Tardé un minuto en dar con la llave. No
puedo concentrarme cuando un tío me soba con descaro mi parte del cuerpo más
sensible y erógena. Por fin conseguí abrir la puerta y accedimos al interior.
¿A qué esperas a quitarme los calzoncillos? – me
preguntó
¿Y por qué no te los has quitado ya tú?
Porque quiero que seas tú quien me los quite, y con
los dientes
Mmmmm, veo que sabes leer mis pensamientos – añadí
mientras me arrodillaba frente a él
Antes de morder la goma del slip y empezar a bajárselos,
aspiré fuertemente el aroma embriagador que desprendía. Joder, el cabrón no se
había puesto los slips limpios, estos debían ser los que trajo puestos por la
mañana. Guau! Cómo me enloquecía ese olor. Hundía y hundía mi nariz en su polla
y huevos. En ese momento hubiese deseado convertir ese manjar en mi almohada y
permanecer hundido allí toda la vida.
Sabía que te gustaría mi sorpresa. A los viciosos
como tú, y como yo, nos encantan estas guarradas…
Los viciosos como tú y como yo somos los que sabemos
disfrutar del sexo al 100% - añadí, y le bajé los calzoncillos hasta los
pies con ayuda de mis dientes
Continuamos morreándonos por el pasillo de camino a mi
habitación. Me preguntó por el baño para ir a descargar una meada antes de
ponernos en acción. Mientras meaba, yo aproveché para levantar la persiana de la
habitación y abrir la ventana a fin de que entrara un poco de aire que ayudara a
sofocar el calor propio de las cuatro de la tarde y el calor que minutos después
iba a condensarse en ese dormitorio. Entonces le vi. No me había equivocado. Tal
y como pensé durante el trayecto en el ascensor (mientras mi mano se perdía
dentro de las bermudas de Samuel), él iba a estar allí espiándonos. Y eso era
algo que me excitaba y que deseaba. Estaba escondido, o al menos lo intentaba,
porque su falta de práctica para espiar le había delatado. Yo, por el contrario,
soy un experto voyeur. La de veces que me he pajeado viendo a Diego mientras se
paseaba en boxer por su habitación hablando por móvil o escuchando música. Por
suerte, él no se percató de que yo le había descubierto mirando. Y eso quería
decir que no se iba a ir de allí y que seguiría mirando durante todo el polvo
que Samuel iba a echarme minutos después. Aunque compartía patio interior con la
habitación de Diego, él no vivía en mi portal, sino en el de al lado. Por eso, y
por suerte, sus padres no me conocían, quizás sólo de vista. Así podía evitar el
tener que encontrármelos en el ascensor y hablar de cualquier cosa estúpida como
el tiempo sabiendo que ellos ignoran que su niño querido me ha estado comiendo
la polla en varias ocasiones. Soy morboso, pero hay ciertas cosas que consiguen
cohibirme.
¿Preparado? – me preguntó a mis espalda Samuel
sacándome de mis pensamientos
Ansioso – le contesté, y evitando que yo me diera la
vuelta, empezó a besarme dulcemente por el cuello y las orejas mientras
me masajeaba suavemente los pezones.
Poco a poco fue bajando por toda la espalda deslizando su
lengua por cada poro de mi piel. Era curioso; después de toda la locura y pasión
que habíamos desprendido durante toda la tarde, de repente, Samuel se convirtió
en el amante más tierno y dulce que jamás había tenido. Yo permanecía de pie,
estremeciéndome de placer, apoyando las manos sobre el borde de la ventana y con
los ojos entreabiertos, para no perder de vista a Diego, que distinguía como una
silueta en la oscuridad del fondo de su habitación. Sí, no había duda, se estaba
haciendo una buena paja. Sus movimientos le delataban. Joder, cómo me gusta que
me miren mientras practico sexo (como aquella vez en el cine, cuando fui a ver
la película 300. Había quedado con un tío que había conocido en un Chat. Ambos
teníamos la fantasía de mamar una buena polla en la oscuridad de una sala de
cine, pero en nuestra fantasía no estaba el hacerlo a la vista del resto de
espectadores; eso hubiese sido muy arriesgado. Por eso fuimos a la sesión de las
4 de la tarde y cogimos butacas en la última fila. Ya había empezado la película
y ya había empezado mi amigo a comerme la polla, cuando apareció una pareja
joven, de unos treinta años, que cogió asiento también en nuestra fila, pero al
otro extremo. Yo no le dije nada a mi amigo y le dejé hacer. Estaba tan caliente
que no quería cortar aquello. Al rato, el chico de la pareja se dio cuenta de lo
que estábamos haciendo y de vez en cuando miraba hacía nosotros. Parece que le
estaba excitando la visión que estábamos ofreciéndole porque las miradas cada
vez eran más frecuentes y prolongadas. Yo no podía más, mi excitación estaba al
límite, por lo que aparté a mi amigo de mi polla y me corrí sobre el respaldo de
la butaca de adelante lanzando chorros y chorros de leche. La chica de la pareja
no se percató de nada en ningún momento. Estaba demasiado ocupada en contemplar
los músculos sudorosos de los 300 espartanos de la pantalla).
Samuel me arrastraba poco a poco hacia la cama haciendo el
trenecito. Su polla se perdía entre mis muslos, y no dejaba de comerme el
cuello, ahora con más desesperación que antes. Me lanzó contra la cama y quedé
bocabajo con la polla aprisionada contra el colchón. Se tumbo sobre mí y
poniéndome los brazos en cruz, me agarró las muñecas para evitar que me moviera.
No dejaba de restregar su polla por todo mi culo. Sentir el peso y el calor de
un tío tumbado encima de mí era lo que más necesitaba en ese momento. Me
encantaba sentirme poseído por él, con esa sensación de que podía hacer conmigo
lo que él quisiera con sólo pedírmelo, incluso sin que me lo pidiera. Bajó hacia
mi culo y separó mis nalgas con las manos. Metió su lengua en mi ojete y empezó
a lamerlo salvajemente. En seguida empecé a soltar algún que otro gemido de
placer, que intentaba acallar con la almohada para evitar que me oyera algún
vecino por el patio. No tardó mucho en dilatarse el ano, porque ya lo tenía algo
abierto de la lamida que me había propinado Samuel en las duchas, por lo que
decidí no alargar más el momento y dejar que me penetrara de una vez. Le pasé un
condón y se lo puso.
¿Cómo quieres que lo hagamos? – me preguntó
Como a ti te guste más – le dije
Bueno, a mí lo que más me pone es hacerlo frente a
frente, para no perder de vista la expresión de placer en tu cara
Quizás en ese momento me hubiese molado más que me hubiese
follado estando yo a cuatro patas, porque esa postura me facilitaría mirar por
la ventana y ver a Diego espiándonos, pero pensé que ya estaba bien de pensar en
mi vecino y que debía concentrarme en la maravillosa oportunidad que me ofrecía
la vida de follar con este monumento, por lo que accedí a su petición y me tumbé
en la cama bocarriba. Ahora, lo que vería Diego desde su posición son mis pies
aparecer sobre los hombros de Samuel mientras me perforaba el culo. Estaba yo
perdido en mis pensamientos y con la imagen en mi cabeza de Diego espiándonos
cuando Samuel me sorprendió clavándome toda su polla hasta el fondo. No me había
dado cuenta de cuando había empezado a metérmela. Estaba claro que estaba muy
dilatado porque apenas me había causado ninguna molestia. Le supliqué que se
quedara quieto durante un tiempo con la polla bien adentro. Le abracé la espalda
con mis piernas y pies y lo atraje hacia mí, fundiéndonos en un ardiente beso.
Permanecimos abrazados y besándonos durante un par de minutos.
Ahora, quiero que me folles como si te fuera la vida
en ello, como si fuera el último culo que vas a romper, ¿entendido? – me
encanta hablar así cuando estoy caliente, como un guarro vicioso que
sólo vive para follar
Sí señor! Vas a recordar este polvo por el resto de
tu vida
Y dicho esto se incorporó, cogió mis pies por los tobillos y
empezó a bombearme fuertemente. Ahora no había espacio para la delicadeza.
Quería que me follara de forma salvaje y él lo sabía perfectamente. Metía y
sacaba sus 19 cm de polla a una velocidad vertiginosa. Parecía como si estuviese
poseído. No dejaba de apretar fuertemente los dientes y los ojos y el sudor
comenzó a resbalar por todo su cuerpo. Hacía ya dos horas que habíamos empezado
con todo esto en las duchas de los vestuarios y se notaba que ambos estábamos ya
al límite y que necesitamos descargar toda la excitación y la calentura que
habíamos estado almacenando durante tanto tiempo. Samuel estaba prácticamente al
borde de sus fuerzas, pero no por ello disminuía su ritmo. Me cogía y cogía y me
clavaba toda su polla como si acabase de comenzar a follarme. Quizás se veía
alentado por mis palabras, ya que yo no dejaba de suplicarle que me follara, que
me follara, que me follara… Yo me agarré el rabo y empecé a masturbarme
frenéticamente, siguiendo el ritmo de las embestidas de Samuel. El polvo se
alargó diez minutos más, hasta que yo le dije que no tardaría en correrme.
Venga tío, córrete ya. Yo ya estoy a punto – le grité
Espera, espera, quiero que nos corramos juntos – me
suplicó
Joder, vamos, que no aguanto, lléname de una puta vez
con toda tu leche!!!
Sí, ya voy, ya voy!!!!
No pude aguantar más y comencé a correrme sobre el pecho.
Algún que otro trallazo de semen fue a parar al cabecero de la cama y a mi
propia cara. Él, al notar cómo contraía el ano cuando soltaba la leche y
apretaba su propia polla, no tardó ni cinco segundos en correrse dentro de mí.
Gritamos extasiados de cansancio y placer y cuando ambos no teníamos ni una gota
más que descargar, Samuel sacó su polla de mí, se quitó el condón y se tumbó a
mi lado. Permanecimos un minuto en silencio, escuchando nuestras respiraciones
agitadas que poco a poco fueron disminuyendo el ritmo. Al cabo de ese tiempo,
nos miramos y nos reímos.
Ha estado genial. ¿Crees que nos habrán oído tus
vecinos? – me dijo
Ah! No me lo recuerdes, espero que no. Pero si así
fuera, ha merecido la pena
La verdad es que sí tío. Uff, he disfrutado mucho
Yo también. Esto hay que repetirlo – le dije
Claro que sí – añadió, y se acercó a darme un dulce
beso en los labios.
Estaba totalmente agotado, por lo que me acomodé sobre su
pecho y empecé a acariciarle suavemente la barriga. Él empezó a jugar con mi
pelo con sus dedos. Poco a poco fui cayendo en los brazos de Morfeo. Es curioso,
me pasa con algunos tíos, que después de haber follado con ellos, ha sido tan
placentero el encuentro sexual que hemos mantenido, que me siento como si les
conociera de varios años, aunque les haya conocido ese mismo día. Con Samuel me
pasó eso. En ese momento tenía una sensación rara de cariño hacia él, aunque no
le quisiera ni me hubiese enamorado. Me pasa con muchos tíos; supongo que se
debe a la sensación total de relajación después de la descarga de adrenalina.
Samuel me despertó. Sólo habían pasado diez minutos desde que
me había dormido. Me preguntó que si podía ducharse, que tenía que irse ya. Le
contesté que por supuesto, y que me esperara, que en seguida me acercaba yo
también a ducharme con él, y volví a cerrar los ojos. Cuando los volví a abrir
eran las 9:15 de la noche y ya había empezado a anochecer. Me había dormido.
Evidentemente Samuel ya no estaba allí. Me levanté y me puse unos boxer.
Instintivamente miré hacía la ventana. Diego tenía cerrada su ventana. Pensé en
si nos habría estado mirando durante todo ese tiempo. Suponía que sí. La puerta
de mi habitación estaba cerrada. La abrí y salí al pasillo. Oí las voces de mis
padres que hablaban en el salón. Me introduje en el baño para darme una buena
ducha. Mientras me metía a la bañera, pensé en quién habría cerrado la puerta de
mi habitación. Quizás Samuel, suponiendo que no iba a despertarme a tiempo antes
de que llegasen mis padres, cerró la puerta al irse para evitar que me pillaran
allí en pelota picada sobre la cama. Sumido en los pensamientos de mi socorrista
particular, comencé a hacerme una paja bajo el chorro de agua fría.