EL TAXISTA
Me encontraba en mi trabajo, había sido un día tranquilo,
bonito, con buen clima y agradable ambiente, me disponía entonces para ir a mi
casa.,. Llegué hasta la parada del autobús y divisé un taxi de los "colectivos",
pregunté si iba para mi destino lo cual me fue confirmado por una persona la
cual creí era el chofer, para mi sorpresa, no estaba nadie más así que me senté
en el asiento de adelante y a esperar a que pronto llegaran los demás pasajeros
para irnos.
Pasaron como cinco minutos más o menos cuando se abrió la
puerta del chofer, era un joven quien muy afablemente sonriente me saludó, lo
cual respondí de igual forma, pensaba que tenía entre veinte y cinco y treinta
años, parecía como recién bañado, un cuerpo muy atlético, estatura como de 1.75
m, unos ojos color gris profundos, sin duda muy hermosos, vestía un pantalón
color azul tipo buzo, con una sudadera lisa blanca muy ajustada, parecía como de
tela lycra, la cual me llamó la atención. Bastante atractivo el joven.
Me dijo que ya nos íbamos, no esperaría más pues ya estaba
algo cansado, por lo que me alegré bastante, nuestro viaje era como de unos
veinte kilómetros, más o menos en quince minutos llegaría a mi destino.
También me comentó que había terminado de ir al gimnasio, lo
cual me respondí el por qué parecía como que se había bañado, esa tarde había
mucho tránsito, por lo que no se avanzaba mucho, pero como estábamos conversando
no era problema, ninguno de los dos tenía prisa por llegar.
Mientras él conducía yo lo miraba con disimulo, lo que me
llamaba la atención era ver cómo le resaltaba sus partes genitales por lo
voluminoso que se veía, lo cual notó cuando lo estaba mirando, realmente
impresionante.
Cada vez que conversaba con él, volvía mi mirada hacia ese
lugar, parecía no incomodarle ni molestarle, miradas iban, miradas venían, por
mi mente pasaban preguntas si aquello era real o meramente aire, pues a veces
las apariencias engañan. Él de vez en cuando se tocaba sus genitales; algo
normal entre los hombres, no parecía tampoco como excitado, tampoco se le notaba
que hubiera erección, me imaginaba pues que estaba bien dotado, pero sin saber
cuál parte era de mayor proporción.
El tiempo pasaba, pero no así el tránsito, seguíamos
conversando de todo un poco, hacía mucho viento y bastante frío por lo que
íbamos con las ventanas cerradas, los vidrios estaban polarizados, por lo menos
los de las ventanas laterales y el vidrio de atrás, poco se veía hacia dentro,
su paquete me impresionó, y no aguanté, se lo acaricié lentamente, ¿le gusta?, y
ni lerdo se bajó los pantalones, tenía un bóxer de esos que se ajustan muy bien
al cuerpo, quedando bien marcado, bueno le dije, parecía que era así.
Lo que pasa, me dijo, es que estoy bien dotado, Me regalaron
algo muy hermoso y no me quejo de ello. ¿De qué tiene más dotes de los huevos o
el pene? Le pregunté algo nervioso, pues me estaba empezando a excitar y parecía
que él tambien. ¡De los dos!, me respondió con mucha firmeza, pero ¿son de
verdad? Le pregunté entonces. ¿Pues claro de qué iban a ser? Me contestó. Es que
ahora como todo el mundo se opera ya casi nada es real, le comenté. ¡No! lo mío
es real, todo es real, nada de paquete, hice un gesto con mis labios como si
deseara conocerlos y verlos. Aún no se había subido el pantalón.
Entonces acerqué un poco mi mano en dirección a sus genitales, y le pregunté:
¿Puedo?, ¡Toque! Me dijo él sin dejarme de terminar de preguntar.
Lo cual hice con mucho cuidado y suavidad, poco a poco iba
sintiendo todo aquello, hasta que me di cuenta que se estaba empezando a
excitar, ¡Qué rico se siente!, me dijo, y con voz nerviosa también. ¡Si quiere
lo sigo tocando! Le pregunté, ¡Siga!, ¡siga! Me dijo, por lo que continué sin
esperar más, haciéndolo esta vez un poco más apretadito, hasta que pronto por
debajo de ese bóxer se podía ver una gran erección, así que por su pene pasaba
mi mano con más suavidad. Me dijo, voy a estacionarme por aquí un momento.
Era un lugar algo solitario, parecía como si nos estuviéramos escondiendo del
paso de los carros. Pero la verdad no me importó, era evidente lo que yo quería.
La noche nos apremiaba con su oscuridad como para hacemos invisibles e
imperceptibles ante los demás.
Me dijo que le gustó como lo había tocado, que sintió muy
rico y que tenía ganas de masturbarse, por lo que me preguntó si me molestaba
ese hecho, a lo cual le contesté con un ¡No! muy contento y complaciente, le
dije que, al contrario tenía ganas de ver aquello que se veía tan grande y que
parecía más bien producto de la imaginación. Nunca he hecho algo así, pero la
verdad es que usted con eso me provocó, terminó diciendo.
Él empezó a masturbarse, lo hacía como con desesperación, más
yo lo detuve, le dije que se tranquilizara, que hiciera las cosas con calma, así
que tomé su pene con mi mano (por cierto que podía usar mis dos manos) y comencé
a masturbarlo con suavidad, humedeciendo mi mano con saliva y frotándolo por
todo ese gran cuerpo carnal.
Él se acomodó mejor en el asiento, lo bajó de forma que quedaba acostado, tenía
en frente una gran verga, gruesa, firme, sin curvaturas, con venas a penas
perceptibles, un glande realmente bien hermoso, con una circuncisión bien hecha.
Según mis cálculos medía como unos 20 centímetros aproximadamente.
Sus huevos también tenían buen aspecto y tamaño, hermosos,
carnosos, dignos de poner en una balanza y saber con exactitud su peso, parecían
como dos puños (¡de la mano por su puesto!), los cuales tocaba con suavidad y
fuerza a la vez, impresionaban y hasta me hacía la boca agua. Seguí
masturbándolo, él cerraba los ojos y sonreía a la vez, ahora hablaba muy poco,
demostraba placer y complacencia, gemía de goce, de vez en cuando sacaba su
lengua para humedecer sus labios, por cierto ¡muy atractivos!.
Poco a poco fui subiéndole la sudadera, tenía el pecho
espectacular, bien formado con mediana vellosidad, se sentía muy suave, sus
pezones se encontraban firmes, así que comencé a chupar su verga, le hacía
especial énfasis en su glande. El verdadero placer parecía experimentarlo de
abajo.
Lo mamaba con fuerza succionando milímetro a milímetro hasta
sentir que casi me ahogaba. Me dirigí entonces a sus huevos, como podía los
humedecía con mi lengua, cosa que le daba gran placer, su cuerpo temblaba, se
paralizaba, se movía, se estiraba. Cuando podía me introducía sus huevos en mi
boca y luego los turnaba de lugar. Fueron los mejores huevos que había tenido yo
en toda mi vida.
Todo el placer que él sentía me lo hacía saber con sus
gemidos, sus palabras, sus movimientos, en perfecta armonía con lo que le estaba
brindando.
Una vez más me concentré en mamarlo, ahora sus gemidos se
volvieron más intensos y seguidos, señal que entendí perfectamente que pronto
iba a explotar como un volcán. No había duda, estaba llegando a su fase final,
habían sido minutos de mucho encanto, lo que más disfrutamos fue el tiempo,
puesto que se había prolongado por lo menos en unos quince minutos. Yo no sé si
realmente él aguantaba mucho pero en esta primera vez fue genial creo que para
ambos.
Ya faltaba poco, cuando empezó a advertirme que ya se venía,
yo me aparté de mamarlo y le dije ¡Suéltela, suéltela! Le decía refiriéndome a
su leche que reventaba por salir. Sus gemidos crecieron con mayor fuerza hasta
que con un grito hizo desembocar sobre su pecho todo un manantial, me turnaba
para mirar la expresión en su cara y la salida con fuerza de su semen, se le
veían venir lágrimas, que me imagino eran de placer, encontré una caja de
pañuelos desechables y me puse a limpiarlo, con mucho cuidado recogía cada gota
de ese manjar caliente y recién salido, hasta asegurarme que llegara lo más
limpio posible a su casa.
Me confesó que ésta era la primera vez que alguien se la
había mamado, cosa inverosímil de aceptar, pero cómo, le decía yo, cómo es
posible que nadie se hubiera fijado en ese bulto tan provocativo, es que nadie
se había atrevido nunca a ofrecerse para ese evento. Al mismo tiempo me sentí
honrado y feliz de haber sido su primera experiencia.
Le pregunté por qué me permitió a mí hacerlo, a lo cual
respondió que nunca nadie le había hablado de algo así, que todo fue muy natural
y que las cosas se dieron sin planear, que no pensó, en que las cosas
terminarían así, jamás se hubiera imaginado las cosas como se dieron.
Me dijo que había sido grandioso, que de verdad lo había
disfrutado, que nunca le pasó por la mente algo así, y menos con un hombre. Que
si volvía a tener otra experiencia así, tenía que ser nuevamente conmigo, a lo
que yo sin pensarlo dos veces acepté.
Le dije que esperaba fuera pronto y en otro lugar, que cuando
volviéramos a tener otra oportunidad así de encontramos esperaba que nadie más
llegara a montarse en el taxi, ya que antes no lo había visto a él, él también
era como nuevo en el oficio de taxista.
Nos pusimos en camino a nuestro destino, ya faltaba poco, cuando estábamos
llegando a unos apartamentos me dice: Aquí vivo yo, señalándome, espéreme aquí
ya vengo, voy a ir a entregar la plata del día, cualquier cosa diga que usted es
el técnico que viene a verme la computadora, entonces yo me reí, le dije, qué
coincidencia, porque la verdad yo soy técnico de computadoras, de verdad?, qué
bueno.
Espéreme ya vengo, yo lo voy a dejar después hasta su casa.
Al poco regresó y me invita a entrar, estoy solo, entre por
favor, mientras nos damos, si lo desea, una buena ducha, ni lo pensé dos veces,
entré con él en la ducha, nos desnudamos uno al otro, acaricié ese hermoso
paquete, tomé el jabón, le limpié bien todo su cuerpo, con especial interés su
hermoso trasero y obvio que su rica verga, y a pesar que ya estaba bien erecto,
no quise hacerle nada, quería reservármelo para la cama, él también me enjabonó
pero muy nervioso, no sabía qué hacer conmigo.
Salimos del baño, nos dirigimos desnudos a su cuarto, ahí
comencé a secarlo con suavidad, podía sentir que su corazón palpitaba con
fuerza, con emoción, cuando ya me disponía yo a secarle su pene le dije, esto se
lo seco con mi lengua y mi boca.
¿Está bien?, le pregunté, me responde, hágame lo que quiera,
después de secarle bien sus piernas y el culo empecé a darle una buena mamada
como la primera vez de ese mismo día, mientras yo lo mamaba me masturbaba, ya
que él no tenía experiencia, no quería obligarlo en hacer nada, no quería echar
a perder ese momento.
Cual no sería mi sorpresa cuando él mismo me quitó la mano de
mi pene y comenzó a hacérmelo el mismo, qué delicia sentía, no podía creerlo,
seguí mamándolo, ahora con más placer y fuerza. Me volví para verlo y me dijo un
poco sonrojado, usted también tiene derecho de sentir algo, no puedo ser tan
egoísta después de todo lo que me ha hecho, pero la verdad no sé qué hacer.
Le dije que no se preocupara, que no se sintiera comprometido, pero él me dijo
que quería probar, ¿probar qué?, le pregunté con algo de ansiedad, ¿de todo?, no
se, me respondió, por el momento sólo se ocupó de masturbarme, pero en ocasiones
tuve que mostrarle cómo se hacía mejor, ya que lo hacía un poco brusco, le
enseñé que debería ser con suavidad, con placer, no hacer por hacer, que a pesar
de todo por la condición de hombres que tratara de ser romántico, entonces
comprendió, que no todo se trataba de tener solo sexo, sino más bien de tener
una buena relación.
Luego de unos minutos se incorporó sobre la cama y admiré con
gran asombro su cuerpo perfectamente proporcionado: piel tersa y ligeramente
blanca, brazos de fuerte musculatura, pecho airoso y amplio con unos pectorales
firmes y bien contorneados adornados con un pezón ligeramente más oscuro que el
resto del cuerpo, sus abdominales eran excelentes y se podían admirar los
cuadritos del abdomen, de cintura angosta y muslos bien formados.
Sus manos pasaron de mi pene al pecho, luego con su mismo
ritmo, él mismo se guió en ir con su boca a mi pecho y haciendo suaves succiones
se entretuvo en mis pezones, halándome luego con un poco más de fuerza, era
realmente delicioso sentir todo como lo hacía, él estaba empezando a
experimentar una buena relación y yo por supuesto me retorcía y gemía a la vez,
por instinto propio de machos, se dirigió a donde yo más esperaba el momento,
comenzó a descender, lentamente, cerrando los ojos pero asegurándose de ir por
el camino correcto.
Ya pasaba por mi ombligo el cual humedeció a su antojo, y sin
más pensarlo se apoderó de mi pene con todo el poder que su boca le inspiraba,
no podía creerlo, él me estaba mamando a mi, lo hacía exactamente como yo se lo
brindé, aquí era yo el que casi se desmayaba, me daban vueltas todo a mi
alrededor, me cambiaban de colores mi vista a todas partes, sentía música
celestial, fueron sensaciones tan inmensas que de verdad trato de describir con
lujo de detalles todo aquello que estaba pasando entre nosotros dos.
Le sugerí hacer entonces un sesenta y nueve, lo cual aceptó y
los dos parecíamos como espejos, cada uno hacía a su antojo e perder la
oportunidad de la naturaleza si éste joven me había confesado era su primera
experiencia, así que tomé el riesgo que me penetrara sin condón, eso si tenía
que asegurarme de lubricarlo bien, así que le di otra mamada con bastante
saliva.
Me coloqué a la orilla de la cama, él se colocó de pie detrás
de mí y poco a poco fui sintiendo milímetro a milímetro la entrada de su miembro
viril dentro de mi culo, fue maravilloso, el dolor del placer se perdonaba en
cada movimiento de su vaivén, extendiendo mis brazos y agarrándome del borde de
la cama me abría lo más posible para que no tuviera problema, los dos gemíamos
juntos. Ya los movimientos se hicieron más cortos y rápidos, me dijo que ya se
venía, por lo que le dije que no importaba que lo hiciera dentro de mi, acto que
no tardó mucho en llegar, con un fuerte y muy profundo gemido combinado con
grito, sentí salir todo ese manantial de leche depositado con tanta fuerza,
podía sentir la inflamación en mi, conforme salía.
Me volví y comencé a masturbarme para regarme, pero él,
sabiendo mi intención, cambió mi mano por su boca y me dio una mamada que cuando
me venía, lo quité de mi pene, pero en un segundo volvió y no tuve más remedio
que regarme dentro de su boca, la cual llené, sin creerlo porque lo estaba
viendo, él se tragó todo, sin dejar de chupar y succionar gota a gota fue
recolectando como si tratase de un nuevo manjar.
Cuando se aseguró de haber tenido la última gota se acercó a
mí y nos besamos tan apasionadamente como nunca había hecho yo con otro hombre,
sellando así nuestro primer encuentro. ¡OH! ¡Qué gran encuentro!, nunca pensé
que eso se iba a desarrollar de esa forma.
Me dijo nuevamente que había disfrutado mucho y que de verdad
quería repetirlo pero sólo conmigo, nos dimos nuestros números telefónicos, nos
alistamos nuevamente y me fue a dejar a mi casa.
Nuestros siguientes encuentros fueron tan buenos que ambos
queríamos siempre superar el anterior, parecíamos como enviciados, el uno del
otro, pero esas historias las contaré en otra ocasión.