Soy la puta de mi abuelo 7.1
Kleizer
1
-Siempre soñé con este momento, Vero, desde que tenías doce
-me confesó mi propio padre, mientras me tragaba su verga, arrodillada delante
de él, apenas con un babydoll negro. El apoyaba su mano sobre mi cabeza, y yo
extasiada, mugiendo contenta, chupaba una y otra vez la verga que me procreó,
sacándomela de la boca a veces para volver a saborearla tan larga como era.
Soy Verónica Araceli Padilla. Mi vida ha cambiado
radicalmente desde hace poco más de un mes… primero me le entregué a mi divino
abuelo, y cometí un asquerosamente exquisito incesto… luego, mi abuelito, mi
dulce Facundo, me hizo tener sexo con otra mujer… incurrí en el lesbianismo,
cosa que me encantó, así que mi abuelo me graduó de bisexual… luego, para
rematar, tuve sexo con mi ardiente madre, y supe que ella y me abuelo tenían más
de una década de sacarse chispas. Y finalmente, supe a qué sabía la pija de mi
papi… con mi boquita, mi coñito y mi culito…
Eran como las cinco de la tarde de ese sábado de infinita
lascivia, y no habíamos parado de hacernos cosas… yo se la mamaba sin parar…
mmmmm…. Mmmmm… sssscchhuuup… eran mis sonidos durante minutos, sintiéndome feliz
y realizada al oír los suspiros satisfactorios de mi padre.
En el sofá, al lado de mi arrobado padre, estaba la amante de
éste, la rubia Susana, aunque en babydoll rojo, su cara era una mezcla de
excitado asombro y de maravillado asco… ella tenía ojos verdes, y aunque era
algo llenita, su carne se proporcionaba muy bien con su tremendo culo y busto.
Tenía como siete años mayor que mí, era la secretaria de papá.
Abrí mis ojos mientras saboreaba el glande de mi papi, lo ví
morreándose salvajemente con la atónita Susana, que poco a poco, iba cediendo al
espectáculo de inefable lujuria que su hombre y su hija le daban en primera
fila. Antes que llegara, papá me contó que no sería el primer trío al que la
involucraba, a veces con otra mujer, a veces con otro hombre, pero supongo que
nunca imaginó tener sexo al mismo tiempo con la hija de su novio, y aunque ella
no me agradaba mucho, soy la esclava sexual de mi papi y solo me queda obedecer
y no discutir.
Me rocé el largo y firme pene de mi padre por mi cara, mis
mejillas y mis labios, dándole besitos, mirando cómo se besaba con una cada vez
más caliente Susana… me fijé en sus gruesos pezones asomándose a través de la
tela rojiza y traslúcida… quise chuparlos también…
Papá, entonces, como adivinando mis indecentes anhelos, apoyó
su otra mano en la cabeza de ensortijada cabellera rubia de Susana, invitándola
a inclinarse hacia su enhiesto miembro, reluciente con mi saliva, con la tibia
saliva de su hija… dubitativa aún, Susana aproximó su fino rostro al mío,
engulló el glande de papá, convidándole un voraz chupetón… yo rocé el resto de
ese vibrante mástil con mis febriles labios, hasta descender a sus guevos, donde
hace diecinueve años viví, y empecé a lamerlos, a mamárselos, a metérmelos en la
boca… las dos, Susana y yo, gemíamos como putas consagradas al eterno placer de
nuestro amo y señor, quien gemía complacido.
Entonces, nuestras lenguas recorrían, de arriba abajo y
viceversa, el candente pincho de papá, deteniéndonos a veces para lenguetear con
animal deleite su hinchado capullote. A veces nuestras lenguas se rozaban, sus
puntas, y sentía como corriente eléctrica… y noté que Susana también se
estremecía… seguimos en el juego un rato más, hasta que ese cipote que nos
estábamos cenando con sumo gozo comenzó a temblar, anunciándonos el inminente
volcán…
Papá nos arrodilló frente a él, abriendo nuestras boquitas y
extendiendo nuestras rosadas y aterciopeladas lenguas para recibir la caliente
lefa. Cerré mis ojos súbitamente al sentir el primer chorro de semen que me
cruzó la cara. Susana y yo gemíamos, hambrientas de lechita masculina. Con mis
ojos cerrados, oí a Susana como atragantada, y supe que el semen de papá le dio
justo en la garganta, y yo nuevamente volví a paladearlo. Sentí la baba
deslizándose por mi mentón, y la tibia lengua de Susana lamiéndomelo… nos
besamos, saboreando la dulce leche de nuestro común amado, sus besos eran
dulces, la forma en que atrapaba mi labio inferior y jugueteaba con él, se
incorporó ante mí y de su boca soltó un fino y blanco hilillo, alimentándome con
semen de segunda mano… mientras papá me cacheteaba, untándome los residuos en
las mejillas…
-Quiero que se desnuden entre ustedes -nos ordenó nuestro
amo, más tarde. Frente a él, en la sala de su casa, Susana y yo, ya sin tapujos,
totalmente en brazos de la Diosa Lujuria, nos besábamos con ardor, ella me
manoseaba y yo también la tocaba, y poco a poco, despojándonos de nuestros
babydolls, volviéndose nuestras caricias cada vez más atrevidas. Nuestros besos
resonaban, chasqueaban, y veíamos de reojo a mi apuesto padre, sonriéndole las
dos, conscientes que tenía energías para ambas.
Ya desnudas, apenas yo con un par de zarcillos, y varios
brazaletes en mis muñecas y en mis talones, y un crucifijo dorado en mi cuello,
y Susana de manera similar… ella me abrazó, adivinando mis impúdicas
intenciones, presionando mi rostro contra sus inflamados pechotes, y ni corta ni
perezosa, me dediqué a saborear y a chupetearle esos gruesos y firmes pezones…
-Aaaahhh… aaaahhh… qué bien lo hace la putilla -comentaba
Susana, con sus ojitos cerrados. Hasta en este momento, de soslayo, me dí cuenta
que papá lo estaba filmando todo… que manía la de esta familia, pensé.
Chillé de sobresalto al sentir un dedo osado e intruso
intentando abrirse paso en mi resentido ano.
-Ooooohhh… -jadeé. Y luego me relamí los labios, cuando
Susana ingresó en mí, y retorció su dedo en mi culito, causándome deliciosos y
diminutos espasmos… cuán sensible es mi culo y mi familia sí que supo
disfrutarlo… todos ellos…- ¡Oooh, ssssííí, sigue, sigue! -gemí.
Y me aferré a ella. Nos hincamos juntas, la una frente a la
otra, y sujetando nuestras caras, nos atrajimos en un tierno y candente beso,
que creo bien duró unos cuatro minutos y algunos segundos, lo sé porque mi
queridísimo e indecente padre nos grabó…
-Vamos, denme un 69 -nos ordenó nuestro amo y soberano.
Susana y yo, nos reímos, las dos muy contentas de complacer a Enrique, así como
por saborear nuestras respectivas panochas, cosa que ya deseábamos. Susana se
tendió de espaldas en la alfombra, ya que ella es un poco más alta que mí… así
tendida, pude admirar lo hermosa que era, y se me hizo agua la boca al asimilar
que estaba a punto de cenarme ese manjar.
Susana, sonriendo, me invitó a colocarme a horcajadas sobre
ella, claro que encarándole mi empapado coño, y yo viendo al suyo de dorados
vellos. Ella me lamió primero, y me estremecí, jadeando como la ramera que mi
familia me hizo. La lamí entonces, nos cenamos la una a la otra, y la sala de mi
padre, donde sólo crepitaba el fuego, se llenó de gemidos, chillidos y
obscenidades. Papá nos rodeaba buscando los ángulos más adecuados… mientras mi
boca se llenaba con el salado y melifluo sabor de Susana… pronto la cosa se
convirtió en una especie de competencia para ver quién hacía acabar a la otra
primero.
En pocos segundos, Susana me tenía convertida en una muñeca,
lloriqueando de placer, provocando mi orgasmo casi en seguida, con sus tiernos
labios estimulaba los míos, los de mi coño, y hasta algunas lágrimas se me
salieron… papá tuvo que auxiliar con sus dedos a Susana para que ella pudiera
correrse, porque yo, así arrobada y lloriqueando, carecía de concentración
alguna para seguirle dando sexo oral.
-¡Ay, mierda, siento que me muero! -grité, y mis líquidos se
soltaron cual pecaminoso diluvio sobre la tez de Susana, a quien papá hizo
eyacular con sus especiales caricias, logrando pringarme hasta la barbilla.
Papá, entonces, me hizo que le limpiara los dedos de los
jugos de Susana, y se los lamí y se los chupé con gusto. Luego me instó a lamer
los residuos en la tierna y deliciosa entrepierna de mi madrastra.
2
-Te luce vestir así, Verónica, te ves hecha toda una puta -me
susurró mi amado progenitor mientras me comía a besos y acariciaba mi curvilíneo
cuerpo.
Me habían pedido que me pusiera tacones, minifalda, un escaso
top y un chal; los labios pintados escandalosamente y me pintaron un lunar en
una mejilla. Me maquillaron los ojos… me disfrazaron de prostituta, al verme en
el espejo, me pareció mirarme como la gemela de Berenice. ¿Estaba realmente
disfrazada o era esa la verdadera yo?
Susana se había puesto un demasiado corto y escotado vestido
azul. Botitas negras. Una placa falsa en su cinturón y un gorro de policía. Yo
era la puta que iba a ser fastidiada por el oficial. Susana andaba un garrote
negro. Temblé de pies a cabeza al imaginarme dónde iría eso… más tarde.
-¡Ven acá, perra arrabalera! ¿Tienes licencia para putear?
-espetó Susana, jalándome de la cintura. Me dio vuelta y me apretó contra una
pared. Ella se pegó a mí, y lamiendo despacio mi cara, me dijo: Andas sin
papeles, hija de puta, vamos a pasarla bien vós y yo -y finalizó con un somero
mordisquito en mi quijada.
Al principio me puse nerviosa, pero en pocos instantes, me
hallaba ardiendo, deseosa de seguirle el juego a mi papá y a Susana. Papá
filmaba todo, desnudo, y se sobaba su ya firme cipote. Susana me lengueteó la
oreja antes de llevarme de la muñeca al dormitorio.
Allí, me esposó en los barrotes de la cabecera, sólo de una
mano. Ante la cámara de papá, me hizo mamar el garrote, me conminó a ensalivarlo
bien… ¿para qué? Yo solo obedecía. Susana no dejaba de sobarme las nalgas, que
tenía en pompa e indefensas.
Me sacaron el garrote de la boca, y por mi barbilla se
deslizó abundante saliva. Susana no me dejó limpiármela. En cambio, sentí cómo
me iban subiendo la minifalda, ya que no andaba nada debajo.
-A ver, ¿por dónde lo querés, cerda viciosa? -me preguntó
Susana, como enfadada de verdad, y me aprestaba a contestarle que por el coño,
pero en eso mi boca no pudo emitir más que un tenue y continuo gemido, y mis
ojos se quedaron en blanco, cuando sentí que en mi culo iba ingresando algo
enorme y monstruoso, comparable a la divina verga de mi abuelo.
-¡Qué viejo maldito, bien elástico me le tienen el ojete a mi
bebita! -oí a mi papá comentar, casi riéndose, como desde una lejanía.
Susana sólo me metió la punta del garrote. Me lo sacó y no
tuve idea de cuantos dedos me metió, pero mi hizo gritar enloquecida -poco
después sabría que fueron tres, al ver el video-. Papá me metió dos en la
concha, y ya se pueden imaginar el show…
-¡Aaaahh… aaaaah… me matan los dos… aaaaahhh!
Casi inconsciente, papá y Susana soltaron las esposas y me
colocaron a cuatro patas sobre la ancha cama matrimonial. Al rato, mientras
agarraba aire y me secaba algunas lágrimas, sentí dos manos en mi fina cintura.
Por su calor y su delicadez, supe que no eran las manos de mi padre. Lo ví
filmando al lado nuestro.
-¡Oh, Jesús! -exclamé y Susana empezó a follarme con un dildo
sujeto a un arnés alrededor de sus voluminosas y contorneadas caderas. Susana
fue lenta y considerada, dejando que mi vagina se acostumbrara al monstruo que
le estaban metiendo…
-¡Ay, Susana, mi amor, qué rico, dame más!
-Bien que es puta la condenada… -dijo ella, y concediéndome
el deseo, aceleró el ritmo de sus embestidas, hasta meterme todo ese plástico y
sus muslos chocaban estrepitosamente contra mis magreados glúteos, resonando el
choque carnal como si fueran aplausos.
-¿Te gusta que te pisen así, pendejita, te gusta, te gusta?
-¡Oooh, sí, me encanta, dame más, más… aaaayyy… más!!
-Decí que sós mi puta…
-Uuuffff -y me folló con mayor ímpetu, como si deseara
empalarme hasta la garganta-. Aaaaaajjj…
-¡Decí que sós mi puta! -me gritó, descargándome una furiosa
nalgada que no hizo más que prender a mi ramera interior.
-Aaaahh, ¡soy tu puta, soy tu puta, soy toda tuya, para que
hagas conmigo lo que quieras, soy… aaaajjj… tu put… oooohhh.. tu puta! -y me
corrí, con inusual abundancia.
Susana salió de mí con cuidado, al cabo de un rato, y me tomó
de los hombros hasta arquear mi espalda, para limpiar con mi lengua los jugos de
mis entrañas embadurnados en su dildo rosado. Papá me acariciaba la concha.
-Excelente espectáculo, gatitas mías -nos felicitó él. En eso
sonó el timbre. Hasta Susana pareció sorprendida, menos papá- Vienen los
refuerzos, preciosas.
-¿Quiénes? -preguntamos al unísono, yo más débil y maltrecha.
Papá no dijo nada, sonriendo en una mueca de perversión, y
fue a abrir la puerta. Una voz me hizo saltar el corazón:
-¡Ajá, infeliz, qué me le estás haciendo a mi putita de lujo!
Era mi abuelito, Facundo. Los dos hombres de mi vida bajo un
mismo techo, y yo les pertenecía totalmente, sin prejuicios, el único pecado
sería no satisfacerlos… yo era su esclava, su puta…
Continuará…