ENSAYO SOBRE LA DEGENERACIÓN (4. El café)
Sonia no sabía que hacer. El número de teléfono de Raquel
pasaba por su mente de forma continuada y ya se lo sabía de memoria. Siempre
había sido una niña bien y excesivamente remilgada para todo tipo de sexo que se
saliese de lo habitual. Pero cada vez que recordaba la escena de ayer, su mente
se centraba en la polla de Juan, grande y fuerte, que la hacía pensar en que
ocurriría si entrase en su cuerpo. No era nuevo, sentía una enorme atracción por
su jefe. Tenía un algo, aparte de su belleza, que siempre lo hacía especial y,
aunque Sonia podía tener a cualquier hombre que se cruzase con ella por la
calle, su referencia era Juan, siempre Juan, y no tenía forma de quitárselo de
la cabeza.
Sonia entró algo tímida en el café, primera consecuencia de
no ser capaz de aguantar su deseo de llamar a Raquel. El "Central" era un café
que frecuentaba poco y eso hacía que se encontrase incómoda. Raquel todavía no
había llegado así que buscó una mesa que estuviese lo suficientemente lejos de
todo el mundo.
Buenas tardes –le dijo el camarero con una amplia
sonrisa-, ¿que desea?.
Un café solo con hielo, por favor –le respondió
ella.
Al poco tiempo, tenía sobre la mesa todo lo necesario. La
taza con un café humeante y con mucho aroma, dos azucarillos (de los que uno
iría de vuelta sin usar) y un vaso con tres cubitos de hielo. Lo estaba
preparando cuando una voz sonó desde el otro lado de la mesa.
Hola, perdona el retraso, pero esto de no tener
coche tiene sus cosas –le dijo Raquel mientras le sonreía.
Sonia se quedó viendo para su cara como si hubiese visto un
fantasma... y casi era así. En cuanto la vio, su mente retrocedió 24 horas y su
vista se negaba a ver lo que tenía delante para recrear la escena vivida el día
anterior, escena que la hizo ponerse a tono en unos segundos.
No te preocupes, hace poco que llegué. ¿qué tal?
–le preguntó.
Bien, bien... ¿y tu?, ¿recuperada de lo de ayer?
–le dijo Raquel.
No se andaba con rodeos, pensó Sonia. Su rostro fue
aumentando de temperatura rápidamente y Raquel era consciente de ello por lo
que, con cierta habilidad, la intentó sacar del apuro.
Tranquila –le dijo sonriendo-, tienes que tomar
este tema con más naturalidad. Es sexo al fin y al cabo. Yo llevo
muchos años practicándolo y no podría contar todas las pollas que me
he comido o las que han entrado en mis agujeros.
Sonia estaba algo asombrada por lo rápido que la conversación
había alcanzado tantos grados. Cada vez se alegraba más de haber escogido una
mesa tan apartada.
Para mi resulta todo muy nuevo –dijo, al fin.
Me lo imagino. Tienes pinta de alguien que nunca
ha roto un plato. ¿Te excitó lo que viste?.
Si, muchísimo.
Es normal, a mi me ocurriría lo mismo. Observé la
cara de satisfacción que pusiste cuando probaste el semen de tu
jefe. Tenías que haber probado su polla. A mí casi me abre a la
mitad cuando el día anterior estaba con mi hermano y los dos perros
de mi hermano.
¿Perros? –preguntó Sonia desde su ignorancia.
No, no, no perros de los que piensas. Mi hermano
es dominante y tiene una pareja de sumisos.
¿En serio? –preguntó Sonia, con los ojos abiertos
como platos.
Si, claro. Ya te iré poniendo al día de todo eso.
¿Hasta cuando tienes libre hoy?
Toda la tarde –contestó Sonia.
Bien, estupendo. Entonces nos podremos acercar
por la farmacia para visitar a los perritos. ¿Te apetece?
Pues, la verdad, no sé.
Tranquila, si vamos, déjame hacer a mí. Sólo es
para que los conozcas.
La conversación prosiguió por varios temas que ayudaron a que
las dos se fuesen conociendo. Raquel sacó como conclusión que Sonia está
demasiado verde en todos los temas relacionados con el sexo y que, por otra
parte, está loca por su jefe (salía en la conversación cada dos por tres). Sonia
sólo pudo sacar como conclusión que, a parte de que la casi-niña que tenía
enfrente era todos menos inocente, le excitaba toda esa conversación y, a
consecuencia de eso, cuando decidieron salir del café para visitar a los
perritos, estaba mojadísima.
Llegaron casi a las siete de la tarde, cosa que no le
desagradaba a Raquel porque sabía que en pocos minutos cerrarían la farmacia y
entonces podrían usar a la pareja de perros a su antojo. Prefirió hacer algo más
de tiempo y cuando quedaba un minuto para las siete, entraron.
No hizo falta decir nada. Los dos perros, en el momento de
ver entrar a Raquel por la puerta, sabían perfectamente lo que tenían que hacer.
Ninguna de las visitas de la niña era gratuita. Siempre venía a por su ración de
sexo. Unas veces le tocaba a Rafa, otras a Maite y otras a los dos.
Quedaban un par de clientes. Mientras los despachaban, tanto
uno como otro se fijaban en la acompañante de Raquel. Era bellísima. No la
conocían y no sabían de donde había salido. Del barrio no era ya que, en caso de
serlo, se hubieran quedado con ese rostro de ojos azules tan bello y con ese
cuerpo perfecto.
Cuando se marcharon los dos clientes, Rafa procedió a cerrar
la puerta colgando el cartel de cerrado. Raquel, en su papel de directora, tomó
la palabra.
Estos son los perros de mi hermano, Maite y Rafa,
llevan a las órdenes de mi hermano algo más de un año. Son
magníficos –le dijo con una sonrisa de satisfacción en la cara.
Encantada –dijo Sonia un poco descolocada.
Los dos perros saludaron al unísono.
Estamos a su servicio Señora –le dijo Maite.
Es muy nueva en todo esto, así que necesitará un
poco de rodaje –apuntilló Raquel- ¿Pasamos a la parte de atrás,
perros?
Si, claro -dijo Rafa mientras indicaba el camino
de forma caballerosa.
Una vez detrás, Rafa y Maite, sin mediar palabra, se
desnudaron. Con rapidez, la bata, camisa, pantalón y demás ropa que, hasta ese
momento, tapaban sus cuerpos fueron cayendo al suelo quedando completamente
desnudos delante de ambas mujeres. Para ayudar a Sonia a situarse, Raquel se
acercó a ella y le fue explicando cosas.
Los perros tienen como norma que cuando algún
"invitado" esté en su farmacia, deben desnudarse completamente y
ponerse al servicio de ellos. A partir de este momento puedes
pedirles lo que quieras. Tienen sus límites, pero dudo que tú
llegues a ellos, de momento, así que tienes manga ancha. Como ves,
Rafa ya está empalmado. Siempre anda empalmado el cachorro, de lo
cual no me quejo, que conste. ¡Cuantas veces me ha regado el muy
capullo! Folla muy bien, no tanto como Juan, pero satisface, sin
duda –le dijo de forma pícara.
A Sonia se la veía algo aturdida pero Raquel, que para esas
cosas era la número uno, le acarició la espalda con una mano indicándole que
estaba con ella, que no se preocupase.
Rafa, contrólate hombre –le dijo Raquel con sorna
al tiempo que le echaba mano a la polla comenzando un movimiento con
ella que para nada contribuiría a ese control que pedía.
Sonia observó con detenimiento los cuerpos de los dos. Para
la edad que tenían, se conservaban muy bien. Sobre todo se paró en Maite, que
tenía unos pechos enormes, fuertes y bonitos. Tenía edad para ser su madre y en
cambio la tenía allí delante, sumisa y obediente. Un cosquilleo recorrió su
sexo. No estaba siendo inmune a todo lo que veía. Raquel, mientras tanto, seguía
jugando con Rafa, disfruta con eso. A Sonia le chocó la naturalidad con que
Maite participaba como espectadora. Estaban masturbando a su marido y ella,
impasible, no mostraba el menor gesto en la cara. Es como si no estuviese allí.
En un determinado momento, ese cuerpo comenzó a moverse respondiendo a una orden
de Raquel. Ésta le había dicho que se acercase a ella. Raquel la puso de
rodillas delante de su marido y con las dos manos le estaba abriendo la boca.
Ahógala –le ordenó.
Rafa reaccionó a la orden introduciendo sin ningún miramiento
la polla en la boca de su mujer y haciendo presión hasta el fondo.
Son muy obedientes. Entiendo que ahora te cortes,
pero debes ver que ellos disfrutan con la entrega y que, cualquier
orden que les deas, será el mejor regalo que pueden recibir.
Mientras Raquel acababa la frase, Maite mostraba claros
síntomas de no aguantar más con la presión sobre su garganta y Rafa retrocedió
sobre su posición dejando libre la boca de su mujer. Un ruido atronador
provocado por la amenaza de nauseas inundaron la habituación y un hilillo de
saliva iba cayendo de la boca de Maite. Se notaba que lo había pasado mal pero,
lejos de compadecerse de su situación, la polla de Rafa estaba cogiendo posición
para una nueva entrada en la boca de Maite y, un instante después, había
desaparecido dentro de ella. Otros segundos tensos e interminables comenzaron a
contarse mientras Maite se retorcía entre Raquel y Rafa. Raquel había comenzado
un movimiento con la cabeza de Maite que ayudaba a que la polla de Rafa follase
su boca. Esto estaba provocando reacciones brutales en el cuerpo de la sumisa y,
al mismo tiempo, regueros de saliva, cada vez mayores, caían por su boca. Rafa,
de nuevo, se retrasó ligeramente. Otro estruendo, mucho mayor que el anterior,
volvió a inundar la habitación. Sonia, por un momento, se imaginaba ocupando el
lugar de Maite y sintiendo todo lo que ella estaba sintiendo. Era una mezcla de
solidaridad y envidia. Su cuerpo se excitó mientras, por tercera vez, volvía a
escuchar a Maite toser como consecuencia del ahogamiento.
Raquel estaba tan caliente que hizo girar la cabeza de Maite
para que en vez de atender la polla de su marido, atendiese a su coño. Y cada
poco tiempo echaba ojeadas a la invitada para saber si reaccionaba bien o, por
el contrario, había que parar la escena. En cada una de esas ojeadas no podía
evitar imaginarse el cuerpazo que había bajo esas ropas. Tenía que pensar con
rapidez porque, antes de acabar esa tarde, su boca quería estar en el sexo de
Sonia.
Aprovechó esos instantes en que Maite le comía el coño con
toda la dedicación posible para pensar como podría meter a Sonia en la escena.
Cuando ya creía que tenía la mejor opción en la cabeza tiró del pelo de Maite
para hacerle entender que quería decirle algo al oído y, con rapidez, le indicó
las órdenes oportunas. Maite se dirigió, entonces, con paso tranquilo, hacia
Sonia que casi no se había movido desde que había llegado a la habitación y
empezó a acariciarla con cierto toque maternal. Raquel, mientras tanto, se
encargaba de que la polla de Rafa no desfalleciese. Esa polla, con sus 18 cm. de
carne, estaban dentro de su boca saliendo cada poco tiempo, tal como había
estado antes en la de su mujer.
Maite tiró de Sonia hasta que esta estuvo al lado de la
pareja y agarrando una mano de la chica con la suya, hizo que se posase encima
de la polla de su marido. Sonia tuvo una sensación especial cuando notó la
dureza de ese trozo de carne que estaba llamado a satisfacer a las mujeres.
Sabía que, con sólo pedirlo, esa polla podría estar dentro de ella en cuestión
de segundos y eso le alteraba por dentro. Tras la primera sensación de dureza
notó una segunda sensación. Esa polla estaba muy húmeda. Tanto la saliva de su
mujer como la de Raquel habían hecho que quedase toda ella ensalivada. Resbalaba
con facilidad y ella comenzó con un movimiento de masturbación casi instintivo.
Esta era la oportunidad de Raquel y, con un sólo vistazo, le indicó a Rafa lo
que quería de él.
La principal habilidad de Rafa era su autocontrol. Se corría
cuando quería. Tanto era así que, cuando él pedía permiso para correrse y se lo
prohibían, aguantaba durante muchos minutos sin hacerlo. Y también al contrario
ya que, cuando alguien le ordenaba correrse, en cuestión de segundos cumplía esa
orden. Raquel, con la vista, le había pedido que se corriese y él, cumplidor
como siempre, no la iba a defraudar. Estaba tremendamente excitado porque una
preciosidad como Sonia estuviese pajeándolo con esa candidez en los movimientos.
Pronto notó la reacción interior previa al orgasmo. Los siguientes movimientos
de Sonia, que seguía absorte viendo para la polla, hicieron que el chorro de
semen avanzase rápidamente buscando una salida. Y salieron rápidos, veloces y
certeros. La cara y pelo de Raquel quedaron impregnados de ese líquido blanco
bien conocido incluso para Sonia. Ésta se sorprendió de la ráfaga de esperma que
salió de esa polla y era consciente de que había sido ella la artífice de tal
explosión de placer. Cuando se recuperó de ese momento, eran varias las manos
que estaban recorriendo su cuerpo y que estaban haciendo que la ropa que vestía
fuese cayendo junto a la de los perritos (sus ya conocidos e íntimos Rafa y
Maite). Ella se dejaba hacer porque estaba ardiendo por dentro y necesitaba
algo, aún no sabía el qué, que la apagase.
Raquel y Maite eran muy efectivas. Estaban desnudando a la
preciosidad que tenían delante. Querían engancharla esa misma tarde y ni Raquel
se había parado a limpiar el semen que iba cayendo cada poco de su rostro.
Quería que viviese tantas emociones que después fuese difícil que se descolgase
de ese mundo, su mundo. En cuanto conseguían quitar una pieza de ropa,
aprovechaban para acariciar esa nueva parte de Sonia que quedaba al desnudo.
Todo fue rápido, sencillo, cariñoso, femenino y excitante. El rostro de Sonia lo
decía todo. Estaba disfrutando. Su respiración se iba acelerando. Su pecho
inspiraba y expiraba más rápido y todos los que la veían eran conscientes de que
estaba disfrutando. Todos, cada uno a su manera, estaban pensando la forma de
llevarla a un orgasmo. No sólo uno, querían acercarla a varios orgasmos,
orgasmos que harían ver a esa perrita que la sexualidad, tal como ellos la
veían, era la mejor. Que con ellos encontraría el placer que jamás le daría un
hombre o mujer sola.
Raquel fue la primera en probarla. Su lengua se posó con
rapidez sobre el sexo de Sonia y comenzó a lamerla con dedicación y, sobre todo,
deseo. Su sabor salado y casi virgen (o eso quería imaginarse Raquel) la estaban
encendiendo y su lengua, lista y perversa, estaba entrando entre cada uno de los
labios. La mezcla del sabor de Sonia junto al de los restos del semen de Rafa
(que poco a poco iban impregnando el coño de Sonia) estaban produciendo un
cóctel difícil de no disfrutar. Jugaba con cada pliegue de ellos y, en cuento
encontraba sitio, se decidía a profundizar en el interior de Sonia. La quería
emputecer, que disfrutase de un sexo diferente, de un sexo carnal, de un sexo
despreciado por casi todos en voz alta pero, al mismo tiempo y con la hipocresía
habitual de la sociedad actual, por casi todos deseado en silencio. Su lengua
recorría todo ese sexo humedecido por los flujos de Sonia. Ésta no era inmune a
todas esas entradas y salidas , estaba como loca, retorciéndose como una poseída
y, a estas alturas, a nada podía decir que no.
Raquel, con su experiencia, lo sabía. Había llevado la
situación a un punto sin retorno y era consciente que ahora podría pedirle a
Sonia lo que quisiese.
Siguió con su trabajo una y otra vez mientras los dos
perritos se dedicaban a recorrer, con sus lenguas, el cuerpo de Sonia. Llegó su
primer orgasmo. Un orgasmo gigantesco, propio de alguien que llevaba tiempo sin
tenerlos. Raquel ni se inmutó. No sabía si era multiorgásmica, pero su intención
era comprobarlo esa misma tarde. Su lengua siguió trabajando mientras sus manos
se dedicaban a un culo perfecto y a un ano hambriento y receptivo. Estaba
tirando de la sexualidad de Sonia todo lo que podía y, tras su segundo orgasmo,
decidió cambiar de juego. Mientras sus dedos seguían excitando el coño de Sonia,
le indicó a Maite que se tumbase boca abajo en la cama con las piernas bien
abiertas. Después colocó a Sonia sobre la perra, espalda contra espalda e hizo
que Rafa comenzase a follarla. Sonia estaba como loca. Era consciente que bajo
ella, soportando todo el peso y sus idas y venidas a consecuencia de las
envestidas de Rafa, se encontraba Maite, la esposa del taladrador que la estaba
haciendo alcanzar cotas de placer altísimas. Para ella esto era tan morboso que
desde que Raquel había decidido posar su lengua sobre su coño, todo se había
convertido en un orgasmo continuo.
Rafa perforaba con fuerza. Tenía a Raquel animándolo al oído.
Diciéndole que no podía fallar. Que tenía que satisfacer a esa perrita como
nunca lo habían hecho, que tenían que ganársela para unirse a sus juegos, que se
imaginase como mejorarían sus sesiones de estar Sonia presente. Rafa estaba más
que excitado follándose a una preciosidad como Sonia que, además, podría ser su
hija, pero las palabras de Raquel funcionaban como inyector de energías extra.
Seguía follándose a Sonia con toda la energía que quedaba en su cuerpo en busca
del enésimo orgasmo de la joven. Cada cierto tiempo, y con ánimo de estimularse,
abandonaba el coño de Sonia y visitaba el de su mujer, que se encontraba
centímetros más abajo. Sonia era consciente de ello y lo cierto era que le
excitaba más, si cabe, el saber que la polla de Rafa iba de su coño al de Maite
y viceversa.
Raquel, en su ánimo de hacer disfrutar a Sonia como nunca,
estaba besándola y mimándola. Pronto llegó un nuevo orgasmo, orgasmo compartido
con Rafa ya que, como cumbre de una tarde inolvidable, consiguieron el ideal de
toda relación sexual, los dos llegaron al orgasmo al mismo tiempo. Raquel fue
animando y mimando a Sonia, diciéndole que se había portado muy bien, que había
sido una buena perrita y que estaba muy contenta con ella.
Raquel ayudó a Sonia a levantarse y dejar libre a Maite que,
con dedicación, se puso a limpiar la polla de su marido y el coño de Sonia. Ésta
se había estrenado por todo lo alto. A partir de ese día sería una integrante
más de un grupo que día a día se iba consolidando más.