EL ENORME POLLÓN DE CEVALLOS (Mari Mar 13)
Mari Mar comienza a ejercer de puta a domicilio con un
conocido joven potentado de la "Clase de Anatomía"...
Cuando llegamos a casa lo primero que hice fue darme un buen
baño. Estaba literalmente extenuada y este, además de necesario, me sentaría
bien para poder relajarme un poco e intentar aplacar los fuegos que me invadían.
Permanecí en remojo durante casi media hora para posteriormente hacer uso de la
lavativa anal diaria que tenía que hacerme por orden de "El Profesor". Esta vez
no obstante, decidí también hacer uso de ella vaginalmente con el fin de
intentar limpiar todo el semen que el perro de la gasolinera me había echado en
mi intimidad. Mientras introducía la cánula, sentía eléctricos y sensuales
impulsos que me volvían a transportar a una sensación insaciable de cachondez.
Los óvulos me tenían y mantenían en un estado casi perpetuo de excitación sexual
que hacía que ante el más mínimo roce, estimulación o provocación en cualquiera
de mis zonas erógenas, perdiera el control de la situación y necesitara, sin
remedio alguno, el intentar saciar la apremiante necesidad carnal. Mientras
realizaba con sumo cuidado la limpieza vaginal, pues no quería volver a un
estado de "no retorno", pensaba cómo había sido capaz de realizar la depravación
a la que me había inducido Antonio aquella noche. Había perdido totalmente los
papeles y mi voluntad había sido plenamente anulada por la sobredosis de óvulos
que me suministró el psicótico profesor. Me tumbé en la cama con solamente una
mini-braga negra pues los calores del verano eran ya asfixiantes. Estuve
descansando durante apenas 3 horas cuando mi hermano "El Cereal" entró en mi
habitación despertándome con un óvulo en la mano...
Toma Mar, te toca ya el preparado de la mañana...
¿Qué...qué dices...? –contesté medio dormida-
Que te toca meterte otro huevo de estos...
Cielo Santo... ¿ya? ¿no podías decirle a "El
Profesor" que me lo has dado? El seguramente no se enteraría...
Ni hablar Mar, lo siento, no quiero problemas con
ese tipo. Es más listo que el hambre y ya sabes lo que nos dijo, una
dosis cada ocho horas...
¡Aún no han pasado ocho horas!
¡Me da igual! Es uno por la mañana, otro por la
tarde y otro por la noche y ahora ya es por la mañana así que o te
lo metes o te lo meto, tú verás...
¡Está bien! Dámelo...
Cogí el óvulo y me eché a un lado la húmeda braga y con dos
dedos me lo inserté tan profundamente como me llegaban los dedos. No me hacían
falta más óvulos, mi coño destilaba constantes y abundantes fluidos, siempre
preparado, siempre a punto, y casi permanentemente excitado, expectante ante
cualquier mínima estimulación. ¿En qué me habían convertido?
Poco, después me llamó Antonio, tal y cómo había dicho unas
horas antes diciéndome que la cita con el Dr. Núñez sería por la tarde. Acudí
como a la anterior consulta, bastante recatada y sin mostrar demasiado de mis
encantos aunque el doctor tuviera, sin duda alguna, que explorarme bastante a
fondo. Me abrió la puerta de la consulta la solícita enfermera del Dr. Núñez
quien me llevó junto a este, sentado detrás de la mesa de su consultorio. Este
ya estaba al parecer puesto en sobre aviso por su amigo y colega "El Profesor".
Me sorprendió la profesionalidad de este y se limitó sólo y exclusivamente a
comprobar mi estado, haciéndome todo tipo de pruebas. Mientras me exploraba, mi
hambriento e insaciable coño no dejaba de destilar flujo y mi cintura no dejaba
de culebrear anhelante y casi imperceptible, el roce de sus dedos en mi vagina.
Me dijo que todas las pruebas efectuadas habían sido gratamente satisfactorias y
que sólo aguardaba una última prueba que la dejaría para otro día pues no tenía
tiempo de poder seguir atendiéndome en ese momento.
Me marché a casa, excitada y parcialmente estimulada por los
toqueteos del sexagenario doctor en búsqueda de la siguiente toma a la cual me
estaría aguardando mi hermano como fiel esbirro de Antonio.
Poco después de la cena llamaron a la puerta. Era Antonio,
tal y cómo había dicho doce horas antes, se pasó con otro lote de suministros
para su cobaya sexual humana. Le dio instrucciones a mi hermano de que se
cerciorara de que las tomas se hicieran con la periodicidad adecuada y de que
ninguna de ellas fuera objeto de olvido, además le prohibió expresamente el que
pudiera montarme hasta nueva orden. Dijo además que no saliera de casa a menos
que él lo ordenara. Por suerte mi padre no estaría en casa durante al menos tres
o cuatro días y no tendría que darle explicaciones de mi nuevo peinado ni de mis
extrañas idas ni venidas. Pasaron tres días completos, con las correspondientes
tomas prescritas. Cada día que pasaba, cada hora, cada minuto no hacía otra cosa
que pensar en el sexo y desear las instrucciones que mi señor pudiera darme
hasta que por fin el teléfono sonó. Era Antonio con un encargo...
Debes acudir a la dirección que te he dicho a las
12 de la noche en punto – dijo- y ponerte un vestido de noche,
medias negras de rejilla y sandalias a juego, pero absolutamente
nada de ropa interior. ¿Has entendido?
Sí, perfectamente.
Muy bien, eso espero, yo no estaré allí pero me
dirán si te has comportado como yo quiero, esto es, como una puta
solícita y sumisa. ¿Lo captas Mar?.
Sí, perfectamente, no soy tonta.
¡No tonta no, pero puta lo eres un rato!
Jajajajajajaja. Y quiero que te comportes como tal y ¡ah! otra
cosa... no te vayas sin la toma de la noche.
Lo que Vd., diga...
Mientras buscaba en mi ropero algo que pudiera encajar en las
instrucciones dadas notaba cómo mi vulva palpitaba y pedía más y más sexo.
Estaba nerviosa y alterada por la voz de Antonio y al mismo tiempo, deseosa de
poder alcanzar una satisfacción sexual plena una noche más. Encontré un vestido
de gasa negro con unas pequeñísimas flores amarillas y blancas cosidas, de
verano, muy vaporoso el cual sólo había utilizado para la boda de un primo
segundo. Me puse unas medias de rejilla pequeña y un liguero a juego que me
había comprado en una ocasión para sorprender a un noviete que tuve y unas
sandalias negras de punta cuadrada de puntiagudo y fino tacón de aguja.
Siguiendo las instrucciones no me puse ni sujetador ni bragas, manteniendo sólo
el piercing de cadenita colgando de uno de mis labios vaginales. Me miré en el
espejo, estaba verdaderamente guapa. Mi moderno peinado corto de rubio plateado,
las lentillas de colores, el vestido, las medias de rejilla... pensé que la
persona con la que debería encontrarme esa noche quedaría más que satisfecha con
el resultado. La forma de mis pechos era claramente visible y los pezones se
marcaban visiblemente dado al perpetuo estado de excitación mantenido. Bajé por
la escaleras para ir a la cita cuando abajo, en la entrada principal, me
aguardaba "El Cereal" con otro óvulo en la mano...
Estás...estás... ¡cojonuda hermanita!
Sí... ya. ¿Ha venido papá?
No pero estará punto. Toma, el tercero de hoy. Te
toca ya.
Sí, claro –dije- dámelo anda.
No. Este te lo voy a poner yo...
Como quieras, pero date prisa, no quisiera ver a
papá hoy y explicarle todo mi nuevo "look" o llegaré tarde al
encargo de "El Profesor".
No te preocupes –dijo- que sólo te lo voy a meter
con un poquito de ayuda jejejejeje...Levántate la falda y ábrete
bien... así...eso es...dóblate un poquito más y sepárate los labios
tu misma...ooooh... hermanita.... mmmmnn ¡Qué agujerito más bonito
tienes! –decía mientras me introducía el óvulo empujándolo con dos
de sus dedos- uuuuuhh ¡Qué mojadita estás ya! Mmmnn joder se lo ha
tragado todo jejejejeje ¡Qué coño tienes tía! Venga –dijo dándome
una fuerte palmada en una nalga- ¡A trabajar! Jajajajajaja
Ooooohhmmnn ¡No espera no los saques! -supliqué-
¡Por favor no los saques!... ¡Joder! ¡Maldita seas pedazo de cabrón!
¿Te digo que no los saques y me los retiras? ¿Me vas a dejar así?
Jejejejeje mira hermanita, mira cómo tengo los
dedos... más empapados imposible que puedan estar...
¡Cerdo! Eres un maricón.... –dije contrariada y
sintiendo como el coño me pedía ya agritos ser saciado- ¡Vuelve a
meterme ahora mismo esos dedos o lo que te de la gana pero no puedes
ahora dejarme así!
Jajajajajaja ¡Venga ya! ¿No decías que podías
llegar tarde? Además, estará a punto de venir papá...
¡Será sólo un momento! Mira, así mismo como estoy
–le dije doblando mi cintura en ángulo recto y mostrándole sin
recato ni pudor alguno mis dos agujeros- Enseguida me corro... por
favor...
¡Pero que puta eres hermanita! – dijo al tiempo
que me ponía en la boca los dedos que poco antes habían estado
empujando hacia el interior de mi intimidad el puñetero óvulo-
Límpiamelos, zorra, me los has puesto perdidos... Jejejeje ¡Qué
puta! ¡Así, así bien limpitos!...zorra... ábrete ese coño tu
misma... así...¡Dios pero que pedazo coño tienes!
Oooooooooohhhh sííííí asííiíí hermanito así
–decía fuera de mí mientras volvía a meterme los dos dedos en el
coño iniciando una masturbación en toda regla- oooooohhh si...
sigue...mmmnnnn... sigue...oooooohmmnn ¡Qué deliciaaaa! ¡Qué
gustoooo... oooooohh! ¡No pares! ¡Estoy a punto! ¡No¡ ¿Qué haces
joder? –dije totalmente contrariada cuando volvió a retirarme los
dedos de mi vagina-
Límpiamelos... venga puta... límpiamelos –dijo
poniéndome una vez más los dedos en la boca para que se los chupara-
así.... uuufffff... me estás poniendo como una moto cacho
guarra...venga... ábrete el coño... ¡ahí los tienes de nuevo!
Oooooooohhh sí...nooo parees no pares que me voy!
¡Ah! Sí gíralos también sí... jodeeeeerrr me estoy yendoooooooo
ooooohhh diooossss oooooooohh qué corridaaaaaaaaaaaaaaa....
En ese mismo momento alguien estaba metiendo las llaves en la
cerradura de la puerta para poder entrar en la casa. Mi hermano retiro
rápidamente de mi vulva las manos que tan bien me estaban satisfaciendo en tanto
a mí me dio escaso tiempo a bajar el vestido para que no se notase nada... Era
mi padre...
¡Hola chicos! –dijo mi padre bastante extrañado
de mi imagen- ¿Mar?... ¡Mar! ¿Pero se puede saber qué te has hecho?
Hoooolaa papá ¿qué tal? –dije jadeando, acalorada
y preguntándome a mí misma si pudo haber visto algo- Es... que... es
queeee ooooooh cieeelos
¿Te pasa algo cariño? –dijo preocupado mi padre
olvidándose de momento de las explicaciones acerca de mi aspecto- Te
encuentro muy acalorada y un poco roja... ven... vamos al salón y
túmbate un rato en el sofá... parece que tienes algo de fiebre...
¡Nooo! ¡No tengo fiebre! Estoy bien, estoooy bien
–dije disimulando como pude pues ¡Aún estaba corriéndome!- nnnooo es
naadaa
Borja, ¿me puede explicar qué está pasando aquí?
– interpeló mi padre a mi hermano-
¡Yo que sé papá! Mar se iba a no se dónde, yo iba
a la cocina a beber un poco de agua y la vi que estaba un poco roja
y me quedé con ella... ¿Verdad Mar? –mi hermano desde luego tenía un
master en bolas-
Siii... síi...esoo...es...eso...eees-dije como
pude, aunque paulatinamente iban disminuyendo mis placenteros
espasmos vaginales-
Ven... túmbate en el sofá mientras preparo un
ponche o algo así...
No papá... –dije ya un poco más recuperada,
aunque no del todo. Notaba cómo la corrida me caía en largos
regueros por mis muslos- no es necesario. Estoy bien de verdad.
Además debo de irme, he quedado con Marta y Silvia.
¿Con Marta y Silvia? ¿Y no vas demasiado
arreglada como para ir con tus amigas Marta y Silvia? Y... ¿¡Se
puede saber qué has hecho con tu pelo!?
Ya... ya te lo contaré papá...oye debo irme que
me están esperando... –dije abriendo la puerta y dejando a mi padre
con la palabra en la boca-
¡Esto me lo has de explicar en cuanto vengas Mar!
¡Mañana ni pasado trabajo y me has de explicar unas cuantas cosas!
–me dijo gritando mi padre desde la puerta de entrada a casa
mientras yo salía disparada a la cita-
Sí papá... ¡mañana te explico! –o eso al menos
pensaba yo, explicarle algo ¿qué bola podría contarle?-
Llegué por fin a la dirección dada. Se trataba de una casa
alta y estrecha, con ventanas góticas y un recargado porche de entrada. Abrí la
verja de entrada y recorrí un sendero bordeado de arbustos cuidadosamente
podados. Subí unos escalones de madera exterior hasta el porche y toqué al
timbre. Me abrió la puerta una chica joven con traje de doncella, con un gorrito
de volantes que coronaba sus rizos morenos y un vestido negro, corto y amplio,
con un delantal también de volantes, demasiado pequeño como para poder tener
alguna utilidad, que llevaba atado a la cintura. Sus piernas delgadas, bien
definidas y perfectamente contorneadas, quedaban al descubierto casi en su
totalidad ante lo corto del atuendo y cubiertas con unas medias negras de seda
hasta la mitad del muslo en el que se alojaba la fina y entramada blonda de
estas. Me quedé paralizada y no por el atuendo descrito sino por la protagonista
del mismo..., esta no era otra que la solícita y encantadora enfermera del Dr.
Núñez.
La mujer sonrió ante mi expresión, separando sus generosos y
carnosos labios y mostrando unos dientes perfectos...
Por favor pasa. No te quedes ahí, te están
esperando. – me dijo resplandeciendo sus ojos amistosamente- Estás
perfecta. El Doctor estará encantado. ¿Quieres pasar por aquí? Te
espera en el estudio.
Seguí a la supuesta "doncella" por un largo y oscuro pasillo
dándome cuenta que ella también estaba representando un papel en todo el
tinglado montado. En algún lugar de la casa, un reloj tocó 12 campanadas, había
sido puntual.
Entré en una sala grande y bastante cómoda, totalmente
rodeada de estanterías repletas de libros. Una enorme mesa de caoba de estilo
español, cubierta por pilas de libros y revistas científicas estaba colocada en
el centro de la estancia, rodeada de seis sillas haciendo juego. En una de las
estanterías destacaba, moderna y sacada del contexto general de la sala, una
pantalla de plasma de 42". Delante de una chimenea francesa, había tres sillones
de cuero, en uno de ellos estaba sentado el sexagenario Dr. Núñez y en el otro
un jovencito al que su cara no me era para nada desconocida... era Cevallos, uno
de los alumnos de "El Profesor" que acudió a la clase de anatomía. Le recordaba
perfectamente por su descomunal y desproporcionada polla y al que por su enorme
apéndice sexual, sus propios compañeros se mofaban de él llamándole "Caballos"
en vez de su apellido pues su polla más que parecer a la de un hombre era aún
más parecida, en su morfología, a la de un equino que a la de un humano...
Hola querida –dijo el Dr. Núñez- volvemos a
encontrarnos tal y cómo le he le dije en la consulta que tuvimos
¿verdad? Jajajajaja Bueno, bueno no se preocupe Vd., por nada... la
encuentro algo sorprendida...aunque no debiera pues está Vd., entre
conocidos creo, en fin, a mi enfermera, asistenta, amiga y...
digamos compañera ya la conoce y creo que a mi ahijado Carlos
también, según me ha contado él. ¿No estoy en lo cierto querida?
¿Eh...? Sí, creo...que sí.
Bien, entonces podemos ahorrarnos los
preliminares y las formalidades en las presentaciones para ir al
grano directamente ¿verdad querida? –dijo el buen Doctor- Está Vd.,
aquí por dos motivos principales. Uno porque obviamente es Vd., una
profesional del sexo a la cual yo mismo he tratado y de la cual me
ha informado con detalle acerca de todas sus correrías mi buen amigo
y colega Antonio Márquez , no quedándome duda alguna de que es Vd.,
la "señorita" –dijo la palabra pronunciándola socarronamente-
adecuada como para abrir los caminos del sexo de mi encantador
ahijado, aquí presente. La otra es que él mismo ha solicitado
exclusivamente el que sea Vd., la señorita que le digamos...
satisfaga.
Entiendo –contesté algo nerviosa-
No dudo –continuó diciendo el doctor- que dada su
trayectoria y su digamos.. "currículum" sea Vd., capaz de poder
satisfacer plenamente a mi pobre ahijado. La naturaleza, a veces, no
es tan sabia y dota a unos pocos de un miembro tan exagerado que si
no se encuentra a la mujer adecuada capaz de poder albergar en sus
intimidades sus vergas estos se quedan sin poder catar mujer durante
meses e incluso años... y esto para mi ahijado es lo que ocurre.
Sí... ya –contesté viendo como Cevallos me
devoraba con la mirada y se tocaba una entrepierna increíblemente
abultada- recuerdo perfectamente las dimensiones de la verga de su
pariente...
Estupendo, entonces. –dijo el doctor- Carla,
querida... ¿podrías traerme otra copa de licor? Creo que la ocasión
la merece... gracias querida –volvió a decir el doctor al tiempo que
su enfermera-doncella salía solícita a por otra copa de licor- Y tú
Mar... ¿quieres sentarte frente a nosotros? Así podremos verte
mejor... muy bien... así querida, así. Veo que te has vestido tal y
cómo le solicitamos a Antonio, muy bien, así me gusta. Ahora creo
que sería conveniente un pequeño cambio de posición. Recógete la
falda, levanta las piernas y separa las rodillas...
Sin duda alguna, tenía que obedecer a lo que ellos me
ordenasen. Eran mis clientes, las personas que le darían los informes, positivos
o negativos, a mi señor y sólo por eso debía de ser total y plenamente obediente
a sus mandatos. Levanté las piernas y coloqué los pies en el asiento del sillón.
Los tacones de mis sandalias provocaron pequeñas depresiones en el cuero del
sillón, pero al doctor pareció no importarle el hecho. Lentamente me recogí la
falda del vestido hasta llevar esta a la altura de mi cintura separando al
tiempo mis rodillas. Mi sexo quedó expuesto, brillante y preparado ya por los
óvulos suministrados. Húmedo, semiabierto y con la insinuante y cadenita del
piercing balanceándose nerviosa de un lado para otro...
Encantadora –dijo el doctor- ¿No te parece
Carlos?
La perfección –dijo Cevallos con voz ligeramente
ronca y con una mirada fija y persistente en mi sexo-
El doctor se recostó en el sillón para poder disfrutar de la
contemplación de mi postura. Sentí una cierta vergüenza al ver cómo dos pares de
ojos recorrían mis blancos muslos y mi espectacular y adornado sexo abierto. El
doctor estaba tan ensimismado en la contemplación que sentí un cierto orgullo al
estar expuesta ante él, en cambio, la reacción de Cevallos era mucho más carnal,
más física y apenas me atrevía a mirarle directamente a los ojos a pesar de que
era mucho más joven que yo. La puerta del estudio se abrió y entró Carla con dos
copas de cristal de licor ambarino que supuse era brandy y un objeto alargado
con un cable espiralado en un extremo. Inesperadamente sentí cierta timidez ante
su presencia pero no me atreví a cambiar de postura y mantuve esta hasta que me
ordenaran cualquier otra cosa.
Quédate tal y cómo estas querida- dijo el doctor-
Carlos... ¿quizás te apetecería examinar el pequeño tesoro que hay
entre sus piernas?
Pues... –contestó Cevallos con una sonrisa pícara
– la verdad es que me encantaría sí... pero me gustaría más ver cómo
lo hace Carla pues debe estar más experimentada que yo en esas cosas
¿no?
Una idea excelente ¿Serías tan amable Carla?
Como desee doctor... ¿me permites encanto?
Carla se puso entre mis piernas y separó con una de sus manos
los labios mayores de mi vulva. Sin demasiados preámbulos me introdujo dos dedos
de su otra mano en mi interior y comenzó a mover estos con bastante soltura en
una exploración sin trabas gracias a la permanente humedad que experimentaba con
la suministración de los óvulos. Noté cómo me subía el rubor a mis pómulos
viendo cómo los dos hombres se movían, inquietos, contemplando mi reacción ante
la masturbación que iniciaba la enfermera-doncella. El toque de esta era suave,
delicado, tierno y al mismo tiempo increíblemente certero y tan eficaz cómo sólo
el conocimiento que una mujer puede tener de su propio sexo femenino. Mi
excitación iba en aumento y sentí cómo mi sexo se abultaba y se humedecía aún
más resbalando rutilantes y resbaladizos fluidos de entre los pliegues de mi
vulva y precipitándose estos al cuero curtido del sillón. Con la yema de uno de
sus dedos recogió un poco de mi fluido y utilizó este, sabiamente, para
masajearme el clítoris que , con desenfado, se mostraba con desvergüenza en toda
su plenitud. Empecé a moverme hacia delante y hacia atrás acompañando los
vaivenes que las manos de Carla imprimían a la masturbación aplicada. Gemidos de
placer se escaparon de entre mis labios al tiempo que me mordía estos en un
rictus de placer que me invadía por entero. Mis pezones, exageradamente, se
erizaron y se marcaron con impudicia en la fina tela del vestido cuando una
multitud de pequeños y acelerados orgasmos nublaban mi mente e inundaban las
certeras manos y el cuero del sillón. Mis movimientos de caderas acompañaban en
perfecta cadencia los vaivenes exploratorios de Carla. Estaba ya, totalmente
entregada a lo que pudieran hacerme u ordenarme. Nada podía ya hacerme cambiar
mi firme y marcado objetivo de satisfacer mis necesidades sexuales una vez más,
ni aún las más pervertidas, lujuriosas o salvajes ordenes que pudieran esperarme
harían cambiar este firme y marcado propósito de satisfacción total.
Ya es suficiente –dijo el doctor mientras yo
continuaba corriéndome delante de ellos con agudos alaridos de
placer- Enséñame su flujo Carla.
La solícita enfermera se dirigió hacia el doctor frotándose
la yema de los dedos como si evaluara la sedosidad de mis emanaciones íntimas.
El doctor comprobó el cristalino flujo vaginal e hizo una seña a esta para que
se lo mostrara a su ahijado mientras yo seguía manteniendo la exhibicionista
postura. Veía cómo un pequeño hilo de flujo se deslizaba por la cadenita del
piercing hasta llegar en casi un continuo goteo al cuero del sillón. Cevallos
comprobó directamente de los dedos de Carla el sabor de mi derrame sexual...
Mmmnnn delicioso –dijo Cevallos- su aroma, sus
jugos son como el mejor y más delicado licor que pudieras ofrecerme
padrino. Quisiera verte los pechos... por favor, bájate el vestido
para que pueda volver a contemplarlos.
Claro... –dije bajándome los tirantes del vestido
y mostrándoles mis pechos generosos- ¿te viene bien así o me quito
totalmente el vestido?
Ssssfff ¡qué maravilla de tetas! Padrino... ¡No
puedo más! ¿Cree Vd., que está verdaderamente preparada para poder
conmigo?
Parece estar bastante mojada y dispuesta, en
cualquier caso, comprobémoslo antes... Carla... insértala la cámara
para ver el estado de su vagina.
Sí, Doctor –dijo Carla conectando el objeto
alargado que había traído al televisor de 42"-
De repente, la enfermera-doncella me introdujo una especie de
tubo como de unos 12 centímetros provisto de una pequeña linterna y una cámara
de exploración. Por la pantalla veía perfectamente todo el canal de mi vagina,
el útero... Movía el tubo en todas direcciones y comenzó a follarme con él
mientras veía por la pantalla de plasma la reacción interior de mi cueva y cómo
segregaba constantes y abundantes secreciones a lo largo de todas sus paredes.
Estaba poniéndome, otra vez, verdaderamente caliente...
Pues por lo que estoy observando, esta chica es
más que capaz de poder albergarte, Carlitos. Sus paredes vaginales
son extraordinariamente elásticas. Fíjate como ceden y se dapatan
rápidamente a la cámara y como tu mismo puedes ver problemas de
lubricación no tiene, más bien todo lo contrario. . Sí, sin duda
alguna, esta chica podrá albergarte.
¡Cabálgame preciosa! –dijo Cevallos
desprendiéndose de los pantalones y mostrando la descomunal polla
plenamente erguida que ya había podido contemplar en la clase de
anatomía- A ver hasta dónde eres capaz de meterte mi trabuco.
¿Sabes que mientras me follaba la pata de la
silla pensaba que en lugar de esta, era tu polla la que me estaba
follando? –le confesé mientras Carla liberaba a la cámara del abrazo
de mis paredes vaginales-
¿Síííí?
Sí, así fue. Lo que nunca me imaginé es que
alguna vez haría realidad la cabalgada sobre tu polla... –le dije
tirando al suelo el vestido y poniéndome de pie-
Apoyé las sandalias a cada uno de los lados del ancho sillón
y bajé lentamente hasta que mis tetas estaban a la altura de su cara. Cevallos
sujetaba su polla con una de sus manos ayudando a que esta quedara alineada con
mi coño para que pudiera penetrarme al tiempo que su boca, sin perder a penas
una milésima de segundo, se adueñó de los perfectos y hermosos cántaros que le
estaba ofreciendo. Su glande abarcaba prácticamente toda mi vulva y ya en esta
posición, y sin necesidad de bajar más, tapaba la entrada de mi cueva, mis
labios inferiores y aún casi los dilatados y abiertos mayores. Sentía el calor
del capullo de Cevallos y el palpitar impaciente de este. La monstruosa polla
bien podría medir los 30 o 32 cm y el grosor de esta no sería muy distinto al
antebrazo de un hombre adulto. De este enorme y descomunal rabo le colgaban dos
titánicas pelotas emboscadas en una selva de ensortijados y enmarañados pelos
púbicos que a bien seguro estarían repletos y a rebosar de abundantes cantidades
de adolescente y caliente esperma juvenil. Ante tal pensamiento, me quedé
paralizada durante al menos 5 segundos... ¡podía quedarme embarazada!. Estaba en
plena ovulación y siguiendo las instrucciones de Antonio no tomaba
anticonceptivo alguno. Quedé parcialmente horrorizada mientras Cevallos me
continuaba trabajando las tetas y me tocaba el culo con su mano libre...
¿Qué te pasa querida? –dijo el doctor- ¿No te
crees capaz de albergar semejante pene en tu vagina? ¿sientes miedo?
¿Eh?... no...no es eso –dije balbuceando y
manteniendo la posición- es que no tomo medidas y po...podría
quedarme preñada.
¡Oh vaya! Jajajajajaja ¡una profesional como tú y
no tomas medidas! Jajajaja eso sí que es...inusual- dijo el doctor
perdiendo su hasta entonces correcto semblante para adoptar otro
completamente distinto-. En fin, en cualquier forma creo que de
momento no debes preocuparte por eso pues ni aún ha habido
penetración y está por ver el que puedas con semejante
instrumento... ¡Carlos métesela ya a la puta!
Ante esto, Cevallos me cogió con sus manos de los hombros
empujándome hacia abajo y obligándome a insertarme sobre el gigantesco y
descomunal capullo que coronaba las monstruosa polla otorgada por la madre
naturaleza. Mi abierta y siempre dispuesta vulva comenzó a ceder ante la presión
que el vigoroso y garrafal instrumento ejercía sobre él. Sentí cómo mis labios
mayores se adaptaron a la majestuosa cabeza del pene en un abrazo húmedo y
cálido de bienvenida para a continuación sentir un agudo e intenso dolor en la
entrada de mi cueva ante el espectacular y exagerado grosor de la polla que
intentaba penetrarlo. Las manos de Cevallos me empujaban con fuerza hacia abajo
mientras yo intentaba zafarme de la bestial penetración por el doble miedo al
dolor y por el temor natural de quedar embarazada...
¡Noooo nooo no empujes tanto brutoooo me estás
haciendo dañooo! ¡Para! ¡Paraaa!
¡Calla golfa! –dijo Cevallos- Se que lo estás
deseando...¡baja más joder! ¡Bajaaaa!
¡No! ¡Para! ¡Espera! ¡Aagggjjj cabrón deja de
empujar! Aaagjjj me vas a partir el coño cabrón! ¡No puedes! Nooo
aagggjj
¡Ya va cediendo padrino, ya va cediendo! –gritó
Cevallos entusiasmado cuando la entrada de mi cueva comenzó a
dilatar y a adaptarse a las dimensiones de la polla- ¡Venga joder!
¡Puta estrecha! ¡Métetela ya y ayúdame un poco joder!
Con el dinero que hemos pagado es para que
colabores más guarra –dijo el doctor levantándose impulsivamente del
sillón- Nosotros te ayudaremos Carlitos... Carla, ven échame una
mano para que el chiquillo pueda follar.
Aaaggjjj ¡Dioooooss qué dolor! ¡No empujes más
por favor, no! ¡deja que se adapte un poco!–dije completamente
asustada sintiendo cómo me había ya penetrado la cabeza del pene en
mi gruta- Aagggjj ¡dame un poco de tiempo que dilate un poco más!
Sí doctor –dijo Carla situándose a la altura de
mis caderas en tanto el doctor se situaba en el otro lado- Venga,
querida relájate, tú puedes con toda...
El bruto adolescente seguía empujándome hacia abajo por mis
hombros al tiempo que el doctor puso su mano en mi cadera, a la altura de mi
ingle y Carla hizo lo propio en el otro lado. Los tres a la vez empujaron hacia
el lado contrario a lo que yo estaba haciéndolo con el único objetivo de quedar
completamente ensartada por la descomunal polla de Cevallos y... ¡vaya si
quedé!. En un segundo toda la longitud del pene desapareció literalmente a la
vista de cualquiera para estar en mi interior por entero. Noté cómo sus enormes
y peludas pelotas descansaban sobre mi inflamada y abiertísima vulva libre de
pelos y cómo las paredes de mi vagina cedían el paso ante el devastador y
potente intruso. El dolor me embargó por entero, un sufrimiento mayúsculo se
adueñó de mi intimidad y unas lagrimas de profundo sufrimiento invadieron mi
ojos cayendo a raudales por mi rostro. Sentía una sensación de estar total y
plenamente empalada por un instrumento que, poderosísimo, aplastaba con
ensañamiento la mismísima matriz de mi vagina...
¡Noooooo
aaaaaaaaaaaaaaaagggggggggggggggggjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj!
¡Síííííííí! –gritó Cevallos jubiloso al ver que
toda su polla estaba al fin metida en el coño de una hembra- ¡Por
fin! ¡Por fin podré follar verdaderamente joder! ¡Al fin he
encontrado a una tía que sea capaz de colocársela!
¡Madre mía! –dijo Carla manteniendo la presión
hacia abajo sobre mi ingle- ¡Lo ha conseguido doctor, lo ha
conseguido! ¡Se la ha metido toda!
¡Lo sabía! –gritó el doctor- ¡Sabía que esta puta
no era como las otras! ¡Impresionante! ¡Sí señor!... ahora Carlitos
procura no moverte, deja que su vagina cobre conciencia de que debe
dilatar más y por fin sabrás lo que es catar una hembra de
primera... eso es... tranquilo... ahora no te precipites... ¡tómate
tu tiempo!
¡Toda padrino! ¡Está toda dentro! Ooooohhh ¡Qué
maravilla! ¡Cómo me aprieta la cabrona! Oooohh ¡Qué delicia! ¡La
debe de sentir hasta en el estómago!
Aaaaaaaaaggggggggggggggghhh ¡hijos de puta me
habéis rajado toda! Aaaaggg joder que dolor... Aaaaggg ¡cabrón no te
muevas! ¡Nnoooo, no te muevas! –dije histérica-
Tranquilo Carlitos, tranquilo... – dijo el doctor
soltándome al tiempo que Carla abandonaba también su mano de mi
ingle y tomaba uno de mis pezones en su boca- deja que dilate, su
vagina es enormemente elástica, deja que dilate y contente ahora...
Cevallos se mantuvo un rato dentro mío sin moverse para nada
mientras Carla me iba trabajando uno de mis pechos prestando una mayor atención
a mi pezón. El otro fue rápidamente ocupado por la boca de mi propio empalador
que dio muestras de un entusiasmo desmedido en sus succiones mientras sus manos
descansaban sobre mis glúteos abriéndome estos todo los que podían dar de si. El
hierro candente que me mantenía unida irremediablemente a su cintura me seguía
haciendo un daño inenarrable y pensaba seriamente que me había desgarrado por
dentro, sin embargo, tras un breve minuto que me pareció una insoportable
eternidad, el dolor comenzó a ceder paulatinamente dando lugar al placer. Notaba
cómo las paredes internas de mi coño se adaptaban a las dimensiones del ciclópeo
y monstruoso intruso y cómo estas comenzaban a destilar raciones extras de
sedoso y lubricante flujo vaginal para facilitar el roce del coloso en mi
interior. Mis manos, hasta entonces inactivas y apoyadas en los brazos del
sillón, buscaron inconscientes y automáticas una estimulación extra dirigiéndose
directamente a mi clítoris que reposaba en el fondo del pubis de Cevallos. Hice
fuerza con mis pies hacia arriba para poder subir lenta y parsimoniosamente los
tres o cuatro centímetros de rigor que me permitieran el acceso a mi centro
neurálgico de placer notando cómo mi vagina se distendía ante el movimiento
realizado y cómo las fibras internas de mi coño se adaptaban como un sedoso y
perfecto guante al pollón del adolescente...
¡Oh sí, muévete, muévete! –dijo Cevallos
abandonando mi maltratado pero excitado y guerrero pezón-
¡No¡ -dije autoritaria- ¡no te muevas tú!
Mmmnn... ¡Dame un poco más de tiempo!
Mire doctor –dijo Carla abandonando mi otro pecho
y dejándome libre de su estimulación para que yo sola continuara con
ella- ¡Se está masajeando el clítoris! ¡Está empezando a gozar!
Sí... es una buena zorra. Sin duda vale el dinero
que hemos pagado por ella...
Alcancé mi enardecido clítoris con mi mano derecha y con el
dedo medio e índice comencé a masajearlo. Completamente mojado y lubricado, las
yemas de mis dedos resbalaban por su hipersensible superficie sin dificultad
alguna, presionaba los dedos sobre él en un masajeo constante y creciente,
mientras tanto, la inmensa polla que me mantenía empalada ejercía sin quererlo
una presión interna sobre este haciendo que el encrespado clítoris saliera aún
más hacia fuera y quedando plenamente expuesto. Mis fuegos internos volvían a
apoderarse de mi voluntad, el placer comenzaba a invadirme y mi vagina parecía
ya haberse adaptado al monstruoso intruso pero aún no me atrevía a moverme sobre
ella . Llevé mi mano izquierda sobre uno de mis pechos y me llevé uno de estos a
mi boca comenzándome a chupar y succionar el pezón abandonado. Los agudos
tacones de las sandalias sobre el mullido sillón de cuero, me impedían el
ejercer un control óptimo del preciso movimiento que requería para comenzar un
movimiento de bombeo sobre el ciclópeo pollón por lo que decidí bajar los 4
centímetros que tenía afuera para quedar de nuevo plenamente insertada. La punta
del nardo se acopló de nuevo en la mismísima matriz de mi sexo provocándome un
conato de orgasmo que no llegó a más. Ensartada, me quité como pude las
sandalias que, para lo que pretendía, eran una verdadero estorbo y, libre de
ellas, comencé de nuevo a elevarme los 4 centímetros para volver al masajeo
sobre mi apéndice e iniciando también la atención que requerían mis pechos.
Quería y necesitaba follarme aquella maravillosa y descomunal polla que me tenía
atravesada como una pequeña mariposa. Casi sin poder moverme, por la fabulosa
presión que ejercía esta sobre las paredes de mi sexo, volví a bajar los 4
centímetros para volver, lenta y parsimoniosamente, a sacármelos y todo ello
continuando con el masajeo sobre mi, ya rabioso e irascible, clítoris. Y así fue
cómo comencé a bombearme hasta que fui consciente de que ya no eran sólo los 4
centímetros de polla lo que me metía y me sacaba sino que prácticamente y, ya
cabalgando a un ritmo considerable sobre la montura que me ensartaba, me sacaba
más de la mitad de su longitud para volver a enterrarme toda la maravillosa
extensión de la estaca penetradora. Mis tetas saltaban hacia arriba y hacia
abajo, encabritadas por los saltos que mi ritmo imprimía a la majestuosa y
descomunal follada mientras que las manos de Cevallos me agarraban fuertemente
de mi culo ayudándome en la cabalgada...
¡¡¡Ooooooohhh Diooss!!! –gritó Cevallos- ¡No
puedo creerlo! ¡Me están follando! ¡Me están follando todooooo!
Aaaahhh ¡Qué pedazo polla tienes cabrón! –gritaba
yo a punto de correrme una vez más- ¡Qué polla Dios mío¡ ¡Qué
pollón! Oooooooohhh ¡Qué gustooo! ¡Me voy a ir! ¡Me voy otra vez!
Sííííííí... aaaaahhh cabrónnnn sííiííií...
Si le abres las cachas del culo facilitarás aún
más la penetración ahijado –le dijo el doctor a su pupilo- Eso es...
¡Así! ¡Así! Jajajajajaja ¡Muy bien! ¡Dale duro Carlitos dale duro!
¡Oh joder! –dijo Cevallos- ¡Me voy a correr yo
también!
Aaaaaaaaaahhh ¡nooooooooooo, nnoo no te corras
dentro! –le dije mientras tenía otro brutal orgasmo- ¡dentro nooo!
Ooooooooohhhh
¡A la mierda! –dijo el potentado- ¡Ahí te va
todo! Sí, sí, síííííííííí
aaaaaaaaaaaaaaaaaaggggggggggggghhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Noooo dentro noooo que me vas a preñaaaaaarrr
aaaaaaaaahhhh te me estás corriendoooooohh dentroooooooooooohhh
Notaba cómo Cevallos me lanzaba directamente sobre mi
mismísima matriz, chorros y chorros de concentrado y grumoso esperma. Sentía
cómo por cada latido de su corazón lanzaba a mi interior una andanada completa
de la carga vital que tenía depositada en sus soberbios cojones acumulada, a
bien seguro, durante largo tiempo. Mientras sentía cómo su caliente y espeso
esperma me llenaba por entero, yo continuaba teniendo un orgasmo tras otro, y
todo ello, sin parar de bombearme.
Una vez que Cevallos acabó, nos separamos uno del otro.
Exhaustos y desfallecidos. De mi coño caían regueros de la reciente corrida y se
deslizaban, lentos por su alta densidad, por el interior de mis muslos.
Descansamos durante 10 o 15 minutos postrados en la deshilachada alfombra persa
del estudio. Al cabo de este tiempo, mi nublado cerebro tomó conciencia de las
consecuencias que aquello podría tener para mi futuro. Esta preocupación estaba
al margen de todo pensamiento tanto del Doctor como de Carla que, por la
cachondez de lo ocurrido, se habían puesto a follar los dos encima de la mesa
del estudio, estando en aquellos momentos en plena faena sexual. A Cevallos
tampoco parecía preocuparle el que me hubiera podido dejar preñada, e
incomprensiblemente, comenzó a escarbar con sus dedos en mi coño sacando de mi
cueva abundantes restos de la grumosa corrida. El ambiente olía a sexo, nuestros
cuerpos olían a sexo... Entre toqueteos, manoseos y ercarbes en mi estimulada
vulva, Cevallos volvió a recuperar una erección majestuosa y no es de extrañar
que cuando esto ocurrió y el quiso volver a penetrarme , mi voluntad volviera a
estar anulada y le ofreciera por segunda vez mi coño para que pudiera aliviarse
él y, porqué no decirlo, yo también. Volvimos a corrernos varias veces, en
diferentes posturas y poses, y en todas ellas, de alguna u otra forma, Cevallos
siempre encontraba la forma de correrse en mi vagina.
Estaba agotada y rota, una vez más... Salí de allí a las 4 y
media de la madrugada en dirección a mi casa en donde me esperarían los
siguientes encargos de "El Profesor" y las continuas y repetidas dosis de
óvulos...
CONTINUARÁ...
Podéis escribirme vuestros comentarios y críticas a la siguiente
dirección:
arcadia_relatos@hotmail.com
Relatos anteriores publicados de la serie:
La Clase de Anatomía 1 (Mari Mar 1)
La Clase de Anatomía 2 (Mari Mar 2)
Huída del Aula (Mari Mar 3)
... Y mi hermanito me jodió el culo (Mari Mar 4)
Mi primer día de trabajo (Mari Mar 5)
Espectáculo en el Sex-Shop (Mari Mar 6 y 7)
Las folladas de mi hermanito (Mari Mar 8 y 9)
Los óvulos de emputecimiento (Mari Mar 10)
Totalmente emputecida (Mari Mar 11)
Mari Mar, una perrita para un mastín (Mari Mar 12)