Harry Potter y la venganza del Señor Oscuro.
Harry Potter se había dejado caer sobre los cómodos sofás de
la sala común de Gryffindor, exhausto por un día de clases interminables y
agotadoras. Sus gafas brillaban y reflejaban la luz anaranjada y tintineante que
emitía la chimenea que tenía frente suyo. Contemplaba las llamas esperanzado de
que un rostro familiar asomara en él, pero, al igual que la estancia se hallaba
vacía, y así durante horas. En ningún año en Hogwarts se había sentido tan
aislado de la gente, tan solo. Incluso el director, Albus Dumbledore había
optado por ignorarlo. Ni una vez en los días que llevaba en el colegio le había
dirigido la mirada a Harry. Y por su fuera poco, la horrible Dolores Jane
Umbridge, la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras ya lo había
castigado varias veces por decir la verdad, que Voldemort había regresado. Las
cicatrices que tenía en el dorso de su mano en forma de "no debo decir mentiras"
no se irían en pocas semanas, y solo de pensarlo hacía que el estómago de Harry
se contrajera de impotencia.
Las únicas personas que parecían seguir a su lado apoyándolo
eran Ron y Hermione. Aunque eso no quitaba que Hermione le dirigiera miradas
preocupantes cuando creía que él no se daba cuenta, cosa que le molestaba mucho,
ni que pillara a los dos hablando a escondidas de él.
Una vez escuchó lo que Ron le decía a Hermione en voz baja en
la sala común, cuando él los dejó solos un momento frente a la chimenea para ir
a buscar el libro El Oráculo de los Sueños para hacer los deberes de
Adivinación:
-Hermione, creo que Harry va a peor –oyó que decía mientras
él permanecía inmóvil, tras la escalera de caracol que da a los dormitorios de
los chicos-. Ha vuelto a gemir en sueños esta noche...
-Ron, es razonable –lo interrumpió Hermione-. El año pasado
vio como Cedric moría asesinado por quien-tú-sabes en sus narices, es normal que
tenga pesadillas. Y este año todo el mundo lo desprecia y le llama mentiroso.
-¡Pero Hermione, hablaba en sueños y decía cosas
escalofriantes! –Ron parecía aterrorizado hablando de su amigo. Se produjo una
ligera pausa donde supuso que Hermione lo estaba mirando con el entrecejo
fruncido esperando a que Ron le contara todo-. Harry hablaba como si fuera dos
persona a la vez –le explicó-, tenía una conversación consigo mismo, decía que
iba a matar a gente... –su voz se quebró unos instantes-. Que mataría a las
personas que más apreciaba y las haría sufrir.
Harry no se acordaba de lo que había soñado aquella noche,
solo que había despertado empapado por el sudor y se sentía agotado, como si
hubiera corrido durante toda la noche. Se acordó también de que Ron ya se estaba
vistiendo y cuando lo vio parecía inquieto, y miraba a Harry con dificultad,
como si temiera quemarse. Neville, y Seamus ya habían abandonado la habitación.
Volvió de todos su pensamientos a la sala común e intentó
recordar su sueño, estrujándose el cerebro todo lo que podía. Pero estaba
demasiado agotado y sabía que en cualquier momento se quedaría dormido, ni
siquiera tenía fuerzas para subir al dormitorio. Se recostó en el asiento e
inclinó la cabeza. Quizás si se dormía y se concentraba en sus sueño podría
recuperar el de anoche y saber a quien tenía interés de hacer sufrir o de matar.
Era demasiado tarde, más de medianoche. Ron y Hermione aún no
habían vuelto de la biblioteca. Harry les había prestado la capa de
invisibilidad para entrar y estar varias horas leyendo un libro, aunque no le
había dicho cual. Lo que más le extrañaba a Harry era que Ron la haya
acompañado, quizás tenía miedo de quedarse con Harry a solas.
El silencio y el crispar de las llamas hacían que Harry
bostezara y le entrara un sueño más profundo cada vez...
...notaba su cuerpo más alto y delgado de lo normal. Reía, y
no sabía exactamente por qué. Se hallaba en otra dimensión, un lugar extraño.
Caminaba por un pasillo del castillo que no conocía, llegó a una escalera en
espiral y subió por ella hasta encontrarse con una puerta. No había pestillo ni
agujero de cerradura: nada, solo una lisa extensión de madera antigua, y una
aldaba de bronce en forma de águila. Levantó su mano, una mano con largos dedos
puntiagudos y blancos, y golpeó la puerta con sus nudillos una vez,
inmediatamente el águila abrió el pico y habló. No podía oír las palabras pero
sí las entendía. Contestó a la pregunta y la puerta se abrió. Entró en una sala
circular y muy confortable. Graciosas ventanas abovedadas resaltaban sobre las
paredes, de las que colgaban sedas de color azul y bronce. El techo era
abovedado y tenía estrellas pintadas, que se repetían en la alfombra color azul
medianoche. Había mesas, sillas y estanterías, y en un nicho que estaba en
frente de la puerta se elevaba una alta estatua de mármol blanco de una bruja.
Se adentró en las sala con sigilo, era de noche porque todo estaba en penumbra y
solo había una fuente de iluminación proveniente de la ardiente chimenea. Había
una persona sentada frente a una mesa, no se podía identificar porque solo se
vislumbraba su silueta negra. Estaba de espaldas a la chimenea, tenía el cabello
largo, liso y sedoso, color negro azabache. Estaba inclinada sobre un libro. Se
le acercó por detrás, sacó su varita y apuntó a la muchacha.
-Imperio –pronunció con una voz fría y silbante, sonriendo
con malicia. La muchacha se enderezó, dejó la lectura y se quedó mirando a la
vacía sala, esperando sus órdenes-. Levántate y ven aquí –la muchacha se
levantó, apartó la silla de su camino y acercó andando como un fantasma. La
reconoció al verle la cara.
Era una chica bellísima y estaba a menos de medio metro de
distancia de él. De pronto se sintió excitadísimo, el miembro le apretaba con
fuerza el pantalón y le dolía. Ella no lo miraba a los ojos, tenía la mirada en
el suelo y él se sintió con el poder para tomar su cuerpo sin que se resistiera,
a demás la tenía bajo la maldición Imperius.
-Pronuncia mi nombre –le ordenó recorriéndole el cuerpo con
la mirada.
Vestía con el uniforme del colegio y tenía en un escudo con
colores azul y plata y un águila, el escudo de la casa Ravenclaw. La chica alzó
la mirada y le miró la cara. En un momento sus ojos denotaron un horror
infinito, apunto de echarse atrás y gritar pero la maldición se lo impedía. Acto
seguido miró sus ojos y quedo sorprendida y paralizada.
-Ha-Harry Potter.
-Así es –dijo el hombre con voz triunfante. Rió con maldad,
su voz y su risa no se parecían en absoluto a las de Harry-. ¿Crees conocer en
realidad al auténtico Harry Potter? -la chica no contestó.
Él se excitó todavía más al ver a la chica aterrorizada. La
rodeó y cuando se puso a sus espaldas le aparto el pelo hacia un lado para dejar
a la vista su exquisito cuello, le lamió por todas partes y notó como la chica
se estremecía, pero no podía defenderse. Él le pasó ambas manos por los pechos y
los acarició. Bajó su mano derecha recorriéndole todo el vientre hasta
encontrarse con el borde de la falda, metió sus dedos por debajo de las
braguitas. Notó la matita de pelo de su coño en sus dedos y hundió un dedo en la
rajita en busca de clítoris. Lo notó y lo acarició con delicadeza notando como
la chica jadeaba y separaba ligeramente las piernas. Había inclinado la cabeza
hacia atrás apoyándola sobre el hombro de él y tenía los ojos cerrados.
-Vamos –dijo él sonriendo-. Dime que te gusta, dímelo. Chilla
que quieres que Harry Potter te folle entera, dime que quieres chillar como una
puta de dolor y que aceptas todo lo que te quiera hacer...
-S-sí –gimió la chica-, fóllame Harry...
-Tus deseos son órdenes –le susurró al oído.
El que se hacía llamar Harry agarró a la muchacha de los
pelos y la tiró al suelo con violencia. Esta chilló y se dio la vuelta,
mirándolo a la cara con terror. Buscó su varita mágica en su túnica y apuntó a
Harry dispuesta a aturdirlo pero este fue más rápido. Con un ligero movimiento
de varita de él, la varita de la chica salió despedida de su mano muy lejos.
-Estúpida insolente –soltó Harry. No oses plantarme cara o
sufre las consecuencias –volvió a levantar la varita y la apuntó de nuevo-.
Crucio.
El alarido de dolor que soltó la chica fue suficiente como
para despertar a toda la escuela. Se retorció por el suelo encogiéndose como si
fuera una animal al que estuvieran despellejando en vida, chillando tan fuerte
que tapaba las carcajadas de satisfacción que soltaba Harry, tan fuerte que cría
que su garganta reventaría. Duró unos segundos de terrible tortura y el dolor
cesó. La chica quedó tendida en el suelo sin moverse, respirando con dificultad.
-¿Qué se siente? –preguntó Harry acercándose a ella
lentamente, saboreando la cara pálida y de sufrimiento de la chica-. Duele,
¿verdad? Pero lo que aún no entiendo es como has sido capaz de resistirte tanto
a la maldición Imperius. Reconozco que me has sorprendido. Bueno, no importa, lo
intentaremos otra vez. Imperio.
De nuevo apuntó a la chica con la varita y pronunció las
palabras de una de las Maldiciones Imperdonables.
-A ver ahora que tal te defiendes –soltó Harry con ironía
emitiendo de nuevo otra de sus carcajadas escalofriantes-. Diffindo –el hechizo
hizo que la ropa de la chica se rasgara a pedacitos dejando a esta en ropa
interior. Después Harry se deslizó por la sala, pasando por detrás de ella sin
dejar de mirarla, dejando que el terror la consumiera poco a poco.
Harry se detuvo a unos centímetros de ella y, sin poder
esperar más, se bajó la cremallera de los pantalones y desabrochó el botón para
liberar a un enorme miembro apunto de estallar del deseo. Se la aguantó y
saboreó la mirada impresionada de la chica al verlo.
-Te gusta, ¿verdad? –dijo Harry a la chica-. ¿A que te
gustaría metértela en la boca? Vamos, dilo.
La chica parecía intentar resistirse a la maldición, pero
estaba exhausta por la tortura y no le quedaban fuerzas. Se dejó vencer por ella
mientras una lágrima acariciaba su mejilla.
-Sí –la chica contra su voluntad se acercó a Harry sin dejar
de mirar con asombro su miembro duro y recto como un mástil, lo rodeó entre sus
dedos y acto seguido se la metió en la boca. La acarició con la lengua y la
lamió como si se tratara de un refrescante helado de fresa. La sacó y se la
volvió a meter, y con la otra mano masajeó los testículos, haciendo que Harry
jadeara de placer.
-Excelente –soltó Harry cogiéndole de los pelos a la chica
para llevar el ritmo-. Vamos, enséñale a Harry Potter todo lo que sabes.
"¡Que baje alguien!" Pensaba suplicando en su interior la
chica. "¡Que alguien baje de los dormitorios y que me ayude, que alguien vea lo
que me están haciendo, por favor!
-Harry –una voz sonó por la sala común, pero no sabía de
quien era-. ¡Harry!
Harry despertó sobresaltado en la sala común de Gryffindor.
Hermione y Ron estaban delante de él y lo zarandeaban preocupados. Ron lo miraba
horrorizado mientras Hermione insistían en despertarlo.
-¡Harry! –lo zarandeaba fuertemente y el chico y miró la
silueta borrosa de su amiga-. ¡Despierta!
-¡Ya estoy despierto, Hermione! –se quejó el chico. Al
recobrar totalmente el sentido se dio cuenta de que había un bulto enorme en su
entrepierna. Se incorporó deseando que sus amigos no se hubieran dado cuenta e
intentó disimularlo pero vio que Ron estaba mirando exactamente en ese lugar-.
¿Qué? ¿Qué pasa? –preguntó intentando parecer normal mientras cruzaba las
piernas para tapar el bulto-. ¿Por qué chillas, Hermione?
-¡Harry acabamos de llegar de la biblioteca, y te hemos
encontrado gimiendo! –explicó Hermione exaltada. Ron no decía nada-. ¡Harry,
explícanos que somos tus amigos por favor! ¿A quien querías hacer daño?
Harry se sintió taladrado con esas preguntas. ¿A qué se
refería su amiga con "a quien quería hacer daño"? Harry había sido arrancado de
su sueño tan rápido que este se desvaneció por completo, no se acordaba de nada.
-Hermione ¿de que me hablas? –dijo Harry colocándose bien las
gafas. Ron no le dirigía la mirada, la tenía clavada en el suelo y eso le daba
mucha rabia.
-¡Harry! ¡Estabas torturando a alguien en sueños, te hemos
oído pronunciar la maldición Cruciatus!
-¡Hermione, no me acuerdo lo que he soñado, ¿vale?! –chilló
por primera vez enfadado-. Y además, ¡sólo es un sueño! Quizás estaba peleándome
con Malfoy...
-¡No, no te estabas peleando con Malfoy! –chilló Hermione
poniéndose colorada de la exaltación-. ¡Intentabas torturar a...! -Pero se calló
al ver que un alumno de primer año estaba parado en la entrada de la escalera de
caracol escuchando sorprendido con la boca abierta-. ¡Y tú que haces a estas
horas fuera de la cama! –le chilló Hermione. Harry no la había visto tan
enfadada en mucho tiempo-. ¡Diez puntos menos para Gryffindor, y sube ahora
mismo si no quieres que te castigue!
El niño asustado subió de inmediato las escaleras hasta
perderse de vista.
-Harry, escucha... –comenzó Hermione con impaciencia.
-¡No, escuchadme vosotros a mí! –dijo Harry levantándose del
asiento con enfado-. ¡Estáis últimamente muy juntitos los dos hablando de mí a
mis espaldas! ¡No es la primera vez que pasa esto! Y lo de los sueños, dejadlo
ya, ¿queréis? ¡Sólo son sueños! ¡Nadie ha muerto por tener un sueño!
Y acto seguido subió por la escalera de caracol y se dirigió
al dormitorio donde se tumbó en la cama con la ropa puesta. Neville roncaba
sonoramente y Harry estuvo tentado de meterle un calcetín sudado en la boca para
que no lo molestara. Estaba muy enfadado con sus amigos, pero en cierto modo
sabía que tenían razón. La cicatriz de Harry empezó a escocer y este se pasó la
mano por ella para calmarla. Se preguntaba que estaría haciendo Voldemort en ese
momento, pues el dolor de la cicatriz le había hecho acordarse de él. ¿Estaría
reuniendo un ejército como le había dicho su padrino en el cuartel de la Orden
del Fénix? Harry reconoció que últimamente estaba más agresivo de lo normal, que
estaba de mal humor todo el día y pensó que era normal pues todo el mundo lo
miraba como si fuera un chico raro que sólo busca llamar la atención con sus
mentiras. Y además, ¿qué era lo que estaba soñando? Porque se había despertado
tremendamente excitado...
Unos minutos después apareció Ron que se puso el pijama con
rapidez y se tumbó tapándose con la manta hasta las orejas evitando mirar a
Harry, y este se arrepintió de haberles hablado mal pues eran las únicas
personas que lo apoyaban y creían.
La mañana despertó nublada y con amenaza de lluvia. Harry
despertó y se puso las gafas. No había nadie en el dormitorio por lo que
significaba que se había dormido. Se levantó y se alegró de que ya estuviera
vestido, salió corriendo escaleras abajo y se percató de que la sala común
también estaba vacía. Bajó al gran comedor a desayunar donde la gente ya salía a
buscar su material para ir a clase y las mesas estaban limpias y completamente
vacías, sin ningún plato y Harry se lamentó pues sus tripas empezaron a rugir en
señal de protesta. La gente pasaba por su lado y lo miraba con desprecio, le
daban a sus compañeros con el codo y lo señalaban mientras susurraban cosas.
Una muchacha apareció de entre la multitud y cuando vio a
Harry se acercó para saludarlo.
-¡Hola Harry! –dijo con una vocecilla soñadora. Tenía una
melena rubia, larga y desgreñada que le llegaba a la cintura, los ojos grises y
muy abiertos que le daban un aire de sorpresa permanente y la piel muy fina y
clara. Harry se dio cuenta de que todavía se colgaba la varita mágica detrás de
su oreja izquierda, igual que la primera vez que la vio en el expreso a
Hogwarts, y también seguía llevando el collar hecho con corchos de cerveza de
mantequilla sin importarle que la gente que pasaba por su lado se riera de ella
al verla llamándole chiflada o Lunática. Y por eso Harry admiraba esa fortaleza
que tenía en su interior. Luna Lovegood era única en su especie.
-Hola Luna –dijo Harry mirando a su alrededor en busca de Ron
y Hermione-. ¿Cómo estás?
-¡Oh, muy bien! –exclamó Luna con una sonrisita-. No te he
visto en el desayuno... ¿te has dormido?
-Sí –contestó Harry-. Oye Luna, ¿has visto a Ron y Hermione?
-Oh sí, estaban con Ginny, Fred y George pero se fueron
enseguida los dos. Los he visto muy apagados esta mañana –dijo pensativa-.
Bueno, en realidad creo que todo el mundo lo está -Harry la miró un momento y
vio como sacaba algo de los bolsillos de su túnica-. Ten Harry –le dijo
ofreciéndole dos pastas de calabaza-. Las cogí en el desayuno, pero yo ya he
almorzado. Cómetelas.
Harry las cogió agradecido. Luna le dedicó otra dulce
sonrisita y se fue con aire de perdida en medio de los alumnos que salían del
gran comedor. Harry sintió un gran afecto por Luna y tuvo el impulso de echar la
maldición de los Moco-Murciélagos a unos alumnos que la seguían y hacían gestos
de burla hacia ella.
Harry encontró a Ron y Hermione en el aula de Defensa Contra
las Artes Oscuras, y sintió rabia de que no lo hayan esperado ni despertado.
Hermione lo vio y desde el pupitre le hizo señas para que se acercara.
-¡Harry! –exclamó por lo bajo Hermione mientras Harry se
sentaba a su lado. En el pupitre de al lado de Hermione estaba sentado Ron con
Seamus-. ¿Dónde estabas? ¡Nos tenías preocupados!
-¿Cómo que dónde estaba? –dijo Harry confuso-. ¡Pues he
llegado tarde porque me he dormido, y nadie me ha despertado!
-Harry, tú... –Ron se había inclinado hacia Harry y Hermione
he intento decirle algo a Harry pero Hermione lo cortó poniéndose el dedo índice
en sus labios.
Harry quedó anonadado. Intentó sacarle a Ron lo que iba a
decir pero la puerta del aula se abrió y una mujer bajita y gordita con aspecto
de un sapo gigante entró en el aula con una amplia sonrisa mirando a todos y
girando descaradamente la mirada de Harry que había concentrado todas sus
fuerzas en mirarla con todo el odio que pudo.
-Guardad las varitas, por favor –dijo la mujer con voz
chillona sentándose en su asiento-. Ya sabéis lo que tenéis que hacer, podéis
empezar. En silencio por favor.
La clase en pleno silencio abrieron sus libros Teoría de
defensa mágica, de Wilbert Slinkhard por el capitulo que les tocaba y comenzaron
a leer. Harry sin embargo abrió la página mientras suspiraba y miró con disimulo
a Ron, en busca de su mirada, pero él, al igual que Hermione estaba sumiso en su
texto, con una extraña mueca en el rostro. Harry estaba empezando a hartarse de
tanto misterio por parte de sus amigos, ambos le escondían algo.
Entonces ocurrió. La cicatriz de Harry comenzó a arder con
intensidad y pensó que la cabeza se le iba a partir en dos. Intentó aguantar
para que nadie se le quedara mirando pero Hermione ya le había visto.
-¡Harry! –susurró Hermione muy preocupada-. ¿Qué te ocurre?
¿Es la cicatriz?
Harry puso su mano en la vieja marca con forma de rayo y
aguardó a que pasara el terrible dolor mientras le asentía a Hermione con la
cabeza. Oyó una voz en lo más profundo de su mente, era algo extraño, como un
recuerdo que no era de él. Una visión borrosa se le cruzó por los ojos mientras
los mantenía cerrados con fuerza, una chica estaba chillando mientras un hombre
la torturaba. No. No la estaba torturando, la estaba...
-¡Harry! –lo llamó Hermione en voz baja-. ¡Harry estás blanco
y sudando! ¡Tienes que ir a la enfermería!
-No... –dijo Harry. Lo único que hacía falta es que la gente
tuviera otra excusa para decir que Harry quería llamar la atención de nuevo-. No
Hermione, ya se me pasa.
-Ah Harry se le había ido el dolor de la cicatriz, pero oía
constantemente voces que chillaban y otra que le resultaba familiar que reía de
satisfacción.
La mañana pasó muy lenta y aburrida, más que nada por que Ron
hablaba con él menos que nunca. Y la profesora Trelawney en clase de adivinación
había dicho que este año todos los cercanos a Harry Potter podrían llegar a
pasar malos ratos, cosa suficiente para que la gente se aislara más de él.
En el gran comedor, a la hora de la comida Harry se sentó
muerto de hambre en la mesa de Gryffindor junto con Ron y Hermione y miró hacia
la mesa de Ravenclaw en busca de una persona. Recorrió la larga mesa con sus
ojos y no la encontró. A Harry le resultó extraño pues siempre se sentaba al
lado de un grupo de chicas que siempre reían tontamente cuando él se acercaba, y
esta vez el grupo se hallaba en silencio. Ron engullía como un desesperado, y
Hermione tenía en sus rodillas el diario El Profeta que no dejaba de leer
mientras comía.
Al cabo de un rato Harry observó que Luna Lovegood se
levantaba de la mesa de Ravenclaw para salir del gran comedor. Harry se levantó
decidido sin dar ninguna explicación a sus amigos y siguió a Luna hasta
alcanzarla.
-¡Luna! –la llamó Harry. Luna se paró en la puerta de unos
baños de chica y se giró para mirar a Harry.
-Oh, hola Harry –dijo Luna con tono soñador-. ¿Cómo estás?
-Bien –dijo Harry-. Luna, ¿sabes por casualidad dónde está
Cho?
Luna se quedó mirando los ojos de Harry como si estuviera
analizando la pregunta muy lentamente. Después agachó la cabeza y asintió.
-Sí, Harry –dijo Luna con un tono de voz muy diferente al de
siempre-. Cho está en la enfermería –Harry sintió que le retorcían las tripas-.
El profesor Flitwick dijo que no se lo dijéramos a nadie, Harry. Cho apareció
esta mañana inconsciente en nuestra sala común... desnuda y llena de sangre.
¿QUÉ? –Harry notó de nuevo como caía por un precipicio sin
final, estuvo apunto de desmayarse por la impresión. Y de repente algo extraño
volvió a ocurrirle, otra oleada de dolor el la cicatriz de Harry le inundó y
notó como una voz en lo más profundo de su mente reía a carcajada. Harry se
agachó sin poder evitar un pequeño grito. Una voz recorrió sus sentidos "que
vulnerable"-. ¡No! –Harry se sintió aterrorizado. Alguien estaba dentro de él,
escuchando lo que decía y lo que le decían.
-¿Harry? –Luna lo miraba con los ojos más abiertos de lo
normal-. ¿Te ocurre algo?
-¡Luna! –dijo Harry jadeando de dolor mientras aquella voz
dentro de él reía más y más-. ¡Vete de aquí, no me digas nada!
Luna retrocedió unos pasos impresionada hasta dar de espaldas
con la puerta del baño y quedó allí, mirando a Harry que ahora no podía evitar
gritar más fuerte con una mano en su cicatriz.
-¿Lla-llamo a alguien? –dijo Luna muy asustada-. ¿Qué te
ocurre?
-¡Ahhh! –Harry aulló de un dolor inimaginable. Entonces su
cicatriz se abrió y notó como su cuerpo ya no le respondía a él. Notó que su
cuerpo se enderezaba sin que él lo pudiera evitar. Notó como echaba una mirada
fría a Luna y sonrió.
"¡No!" Pensó Harry pues ya no podía hablar, sólo podía pensar
y también podía escuchar los pensamientos de la persona que estaba dentro de él.
"Harry Potter, el niño que vivió" Dijo la persona. Entonces se dio cuenta de que
estaba sometido por nada menos que Lord Voldemort.
-Pequeña Lunática –dijo Voldemort a Luna con la voz de Harry
mientras sonreía. Luna lo miró sorprendida y asustada pero con el ceño fruncido.
Harry jamás la había llamado así. "¡No le hagas nada, no le hagas daño por
favor!" Pensaba Harry consumido por el pánico. "Tranquilo, Potter. Es demasiado
pronto para servirme otro plato tan exquisito. Apenas me ha dado tiempo a
descansar del trabajito de anoche, ni a ti tampoco, ¿verdad?
Entonces unas imágenes inundaron la mente de Harry. Lord
Voldemort las estaba proyectando en él para que las viera. Estaba en una sala, y
una chica le estaba chupando el miembro, lloraba pero parecía que sabía lo que
hacía pues lo hacía con mucho entusiasmo. Otra escena apareció donde la estaba
penetrando con violencia y la chica chillaba, Harry le vio la cara y se
desmoronó. Cho sufría las embestidas violentas de él contra el suelo. Una
tortura enorme, Harry vio como le apretaba los pechos muy fuerte y no tenía
compasión. "¡NO, PARA!" Pensó Harry, pero las imágenes no se iban. Voldemort
reía. Harry estaba atrapado y al borde de las lágrimas.
-Luna –dijo Harry-Voldemort de repente-. Tengo que confesarte
una cosa. Me gustas y quisiera que fueras mi chica.
"¡No hagas esto, ella no se lo merece!" Pensó Harry. Luna fue
sorprendida y confusa. Abrió más los ojos. Harry vio como su pecho se aceleraba
con la respiración y la boca la tenía entreabierta.
-Harry... –dijo Luna con un hilo de voz-. Yo no...
-No quiero un no por respuesta –dijo Harry-Voldemort con tono
amenazante-. ¿Quién iba a resistirse al gran Harry Potter?
Entonces Harry se acercó a Luna viendo como ella no dejaba de
mirarlo con sus ojos de sorpresa permanente, y acercó sus labios a los de ella.
"¡No, no lo hagas!" Pero ya era tarde. Harry besó los labios de Luna, y esta no
se resistió, tal vez por el miedo, quizás se había dado cuenta de que él no era
Harry. Este entró en su boca y saboreó a Luna, era una sensación increíble. La
besó durante un rato hasta que de pronto notó como Luna perdía las fuerzas de su
cuerpo, doblaba las rodillas apunto de caerse al suelo, pero Harry la cogió
antes por detrás de la cintura y vio como su cabello colgaba de su cabeza, que
había quedado inclinada hacia atrás. Se había desmayado. Harry vio entonces su
hermoso cuello, deseoso de besarlo y mordisquearlo. Voldemort reía en el
interior de Harry, y este pensó que las sensaciones que tenía no eran de él, si
no de Voldemort. Era él el que deseaba a Luna, y Harry reunió todas sus fuerzas
para separarse de esos sentimientos, él no pensaba así.
Continuará...
Queridos lectores, este es el primer episodio de La Venganza
del Señor Oscuro. Reconozco que no hay mucho sexo en esta parte, pero para todos
los que no sois fans de Harry Potter ni entienden el entorno de este he tenido
que añadir detalles que ayuden a comprenderlo. En el próximo capitulo les
ofreceré un relato mucho más subido de tono y con mucho más sexo. Espero
satisfacer a los lectores de No Consentido. Agradecería todos los comentarios
posibles, ya que me ayudan a mejorar. Gracias. Lunática.