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TODORELATOS » RELATOS » LA VENGANZA DEL SEñOR OSCURO
[ Gallegos y asturianos, primos hermanos. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 12-Ago-07 « Anterior | Siguiente » en No Consentido (1572 de 1817)

La Venganza del Señor Oscuro

Lunatica
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Harry es atormentado por unos sueños y pensamientos que no son de él, asta que se da cuenta de que Voldemort utiliza su cuerpo, poseyéndolo, para violar a chicas cercanas a él y vengarse. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Harry Potter y la venganza del Señor Oscuro.

Harry Potter se había dejado caer sobre los cómodos sofás de la sala común de Gryffindor, exhausto por un día de clases interminables y agotadoras. Sus gafas brillaban y reflejaban la luz anaranjada y tintineante que emitía la chimenea que tenía frente suyo. Contemplaba las llamas esperanzado de que un rostro familiar asomara en él, pero, al igual que la estancia se hallaba vacía, y así durante horas. En ningún año en Hogwarts se había sentido tan aislado de la gente, tan solo. Incluso el director, Albus Dumbledore había optado por ignorarlo. Ni una vez en los días que llevaba en el colegio le había dirigido la mirada a Harry. Y por su fuera poco, la horrible Dolores Jane Umbridge, la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras ya lo había castigado varias veces por decir la verdad, que Voldemort había regresado. Las cicatrices que tenía en el dorso de su mano en forma de "no debo decir mentiras" no se irían en pocas semanas, y solo de pensarlo hacía que el estómago de Harry se contrajera de impotencia.

Las únicas personas que parecían seguir a su lado apoyándolo eran Ron y Hermione. Aunque eso no quitaba que Hermione le dirigiera miradas preocupantes cuando creía que él no se daba cuenta, cosa que le molestaba mucho, ni que pillara a los dos hablando a escondidas de él.

Una vez escuchó lo que Ron le decía a Hermione en voz baja en la sala común, cuando él los dejó solos un momento frente a la chimenea para ir a buscar el libro El Oráculo de los Sueños para hacer los deberes de Adivinación:

-Hermione, creo que Harry va a peor –oyó que decía mientras él permanecía inmóvil, tras la escalera de caracol que da a los dormitorios de los chicos-. Ha vuelto a gemir en sueños esta noche...

-Ron, es razonable –lo interrumpió Hermione-. El año pasado vio como Cedric moría asesinado por quien-tú-sabes en sus narices, es normal que tenga pesadillas. Y este año todo el mundo lo desprecia y le llama mentiroso.

-¡Pero Hermione, hablaba en sueños y decía cosas escalofriantes! –Ron parecía aterrorizado hablando de su amigo. Se produjo una ligera pausa donde supuso que Hermione lo estaba mirando con el entrecejo fruncido esperando a que Ron le contara todo-. Harry hablaba como si fuera dos persona a la vez –le explicó-, tenía una conversación consigo mismo, decía que iba a matar a gente... –su voz se quebró unos instantes-. Que mataría a las personas que más apreciaba y las haría sufrir.

Harry no se acordaba de lo que había soñado aquella noche, solo que había despertado empapado por el sudor y se sentía agotado, como si hubiera corrido durante toda la noche. Se acordó también de que Ron ya se estaba vistiendo y cuando lo vio parecía inquieto, y miraba a Harry con dificultad, como si temiera quemarse. Neville, y Seamus ya habían abandonado la habitación.

Volvió de todos su pensamientos a la sala común e intentó recordar su sueño, estrujándose el cerebro todo lo que podía. Pero estaba demasiado agotado y sabía que en cualquier momento se quedaría dormido, ni siquiera tenía fuerzas para subir al dormitorio. Se recostó en el asiento e inclinó la cabeza. Quizás si se dormía y se concentraba en sus sueño podría recuperar el de anoche y saber a quien tenía interés de hacer sufrir o de matar.

Era demasiado tarde, más de medianoche. Ron y Hermione aún no habían vuelto de la biblioteca. Harry les había prestado la capa de invisibilidad para entrar y estar varias horas leyendo un libro, aunque no le había dicho cual. Lo que más le extrañaba a Harry era que Ron la haya acompañado, quizás tenía miedo de quedarse con Harry a solas.

El silencio y el crispar de las llamas hacían que Harry bostezara y le entrara un sueño más profundo cada vez...

...notaba su cuerpo más alto y delgado de lo normal. Reía, y no sabía exactamente por qué. Se hallaba en otra dimensión, un lugar extraño. Caminaba por un pasillo del castillo que no conocía, llegó a una escalera en espiral y subió por ella hasta encontrarse con una puerta. No había pestillo ni agujero de cerradura: nada, solo una lisa extensión de madera antigua, y una aldaba de bronce en forma de águila. Levantó su mano, una mano con largos dedos puntiagudos y blancos, y golpeó la puerta con sus nudillos una vez, inmediatamente el águila abrió el pico y habló. No podía oír las palabras pero sí las entendía. Contestó a la pregunta y la puerta se abrió. Entró en una sala circular y muy confortable. Graciosas ventanas abovedadas resaltaban sobre las paredes, de las que colgaban sedas de color azul y bronce. El techo era abovedado y tenía estrellas pintadas, que se repetían en la alfombra color azul medianoche. Había mesas, sillas y estanterías, y en un nicho que estaba en frente de la puerta se elevaba una alta estatua de mármol blanco de una bruja. Se adentró en las sala con sigilo, era de noche porque todo estaba en penumbra y solo había una fuente de iluminación proveniente de la ardiente chimenea. Había una persona sentada frente a una mesa, no se podía identificar porque solo se vislumbraba su silueta negra. Estaba de espaldas a la chimenea, tenía el cabello largo, liso y sedoso, color negro azabache. Estaba inclinada sobre un libro. Se le acercó por detrás, sacó su varita y apuntó a la muchacha.

-Imperio –pronunció con una voz fría y silbante, sonriendo con malicia. La muchacha se enderezó, dejó la lectura y se quedó mirando a la vacía sala, esperando sus órdenes-. Levántate y ven aquí –la muchacha se levantó, apartó la silla de su camino y acercó andando como un fantasma. La reconoció al verle la cara.

Era una chica bellísima y estaba a menos de medio metro de distancia de él. De pronto se sintió excitadísimo, el miembro le apretaba con fuerza el pantalón y le dolía. Ella no lo miraba a los ojos, tenía la mirada en el suelo y él se sintió con el poder para tomar su cuerpo sin que se resistiera, a demás la tenía bajo la maldición Imperius.

-Pronuncia mi nombre –le ordenó recorriéndole el cuerpo con la mirada.

Vestía con el uniforme del colegio y tenía en un escudo con colores azul y plata y un águila, el escudo de la casa Ravenclaw. La chica alzó la mirada y le miró la cara. En un momento sus ojos denotaron un horror infinito, apunto de echarse atrás y gritar pero la maldición se lo impedía. Acto seguido miró sus ojos y quedo sorprendida y paralizada.

-Ha-Harry Potter.

-Así es –dijo el hombre con voz triunfante. Rió con maldad, su voz y su risa no se parecían en absoluto a las de Harry-. ¿Crees conocer en realidad al auténtico Harry Potter? -la chica no contestó.

Él se excitó todavía más al ver a la chica aterrorizada. La rodeó y cuando se puso a sus espaldas le aparto el pelo hacia un lado para dejar a la vista su exquisito cuello, le lamió por todas partes y notó como la chica se estremecía, pero no podía defenderse. Él le pasó ambas manos por los pechos y los acarició. Bajó su mano derecha recorriéndole todo el vientre hasta encontrarse con el borde de la falda, metió sus dedos por debajo de las braguitas. Notó la matita de pelo de su coño en sus dedos y hundió un dedo en la rajita en busca de clítoris. Lo notó y lo acarició con delicadeza notando como la chica jadeaba y separaba ligeramente las piernas. Había inclinado la cabeza hacia atrás apoyándola sobre el hombro de él y tenía los ojos cerrados.

-Vamos –dijo él sonriendo-. Dime que te gusta, dímelo. Chilla que quieres que Harry Potter te folle entera, dime que quieres chillar como una puta de dolor y que aceptas todo lo que te quiera hacer...

-S-sí –gimió la chica-, fóllame Harry...

-Tus deseos son órdenes –le susurró al oído.

El que se hacía llamar Harry agarró a la muchacha de los pelos y la tiró al suelo con violencia. Esta chilló y se dio la vuelta, mirándolo a la cara con terror. Buscó su varita mágica en su túnica y apuntó a Harry dispuesta a aturdirlo pero este fue más rápido. Con un ligero movimiento de varita de él, la varita de la chica salió despedida de su mano muy lejos.

-Estúpida insolente –soltó Harry. No oses plantarme cara o sufre las consecuencias –volvió a levantar la varita y la apuntó de nuevo-. Crucio.

El alarido de dolor que soltó la chica fue suficiente como para despertar a toda la escuela. Se retorció por el suelo encogiéndose como si fuera una animal al que estuvieran despellejando en vida, chillando tan fuerte que tapaba las carcajadas de satisfacción que soltaba Harry, tan fuerte que cría que su garganta reventaría. Duró unos segundos de terrible tortura y el dolor cesó. La chica quedó tendida en el suelo sin moverse, respirando con dificultad.

-¿Qué se siente? –preguntó Harry acercándose a ella lentamente, saboreando la cara pálida y de sufrimiento de la chica-. Duele, ¿verdad? Pero lo que aún no entiendo es como has sido capaz de resistirte tanto a la maldición Imperius. Reconozco que me has sorprendido. Bueno, no importa, lo intentaremos otra vez. Imperio.

De nuevo apuntó a la chica con la varita y pronunció las palabras de una de las Maldiciones Imperdonables.

-A ver ahora que tal te defiendes –soltó Harry con ironía emitiendo de nuevo otra de sus carcajadas escalofriantes-. Diffindo –el hechizo hizo que la ropa de la chica se rasgara a pedacitos dejando a esta en ropa interior. Después Harry se deslizó por la sala, pasando por detrás de ella sin dejar de mirarla, dejando que el terror la consumiera poco a poco.

Harry se detuvo a unos centímetros de ella y, sin poder esperar más, se bajó la cremallera de los pantalones y desabrochó el botón para liberar a un enorme miembro apunto de estallar del deseo. Se la aguantó y saboreó la mirada impresionada de la chica al verlo.

-Te gusta, ¿verdad? –dijo Harry a la chica-. ¿A que te gustaría metértela en la boca? Vamos, dilo.

La chica parecía intentar resistirse a la maldición, pero estaba exhausta por la tortura y no le quedaban fuerzas. Se dejó vencer por ella mientras una lágrima acariciaba su mejilla.

-Sí –la chica contra su voluntad se acercó a Harry sin dejar de mirar con asombro su miembro duro y recto como un mástil, lo rodeó entre sus dedos y acto seguido se la metió en la boca. La acarició con la lengua y la lamió como si se tratara de un refrescante helado de fresa. La sacó y se la volvió a meter, y con la otra mano masajeó los testículos, haciendo que Harry jadeara de placer.

-Excelente –soltó Harry cogiéndole de los pelos a la chica para llevar el ritmo-. Vamos, enséñale a Harry Potter todo lo que sabes.

"¡Que baje alguien!" Pensaba suplicando en su interior la chica. "¡Que alguien baje de los dormitorios y que me ayude, que alguien vea lo que me están haciendo, por favor!

-Harry –una voz sonó por la sala común, pero no sabía de quien era-. ¡Harry!

Harry despertó sobresaltado en la sala común de Gryffindor. Hermione y Ron estaban delante de él y lo zarandeaban preocupados. Ron lo miraba horrorizado mientras Hermione insistían en despertarlo.

-¡Harry! –lo zarandeaba fuertemente y el chico y miró la silueta borrosa de su amiga-. ¡Despierta!

-¡Ya estoy despierto, Hermione! –se quejó el chico. Al recobrar totalmente el sentido se dio cuenta de que había un bulto enorme en su entrepierna. Se incorporó deseando que sus amigos no se hubieran dado cuenta e intentó disimularlo pero vio que Ron estaba mirando exactamente en ese lugar-. ¿Qué? ¿Qué pasa? –preguntó intentando parecer normal mientras cruzaba las piernas para tapar el bulto-. ¿Por qué chillas, Hermione?

-¡Harry acabamos de llegar de la biblioteca, y te hemos encontrado gimiendo! –explicó Hermione exaltada. Ron no decía nada-. ¡Harry, explícanos que somos tus amigos por favor! ¿A quien querías hacer daño?

Harry se sintió taladrado con esas preguntas. ¿A qué se refería su amiga con "a quien quería hacer daño"? Harry había sido arrancado de su sueño tan rápido que este se desvaneció por completo, no se acordaba de nada.

-Hermione ¿de que me hablas? –dijo Harry colocándose bien las gafas. Ron no le dirigía la mirada, la tenía clavada en el suelo y eso le daba mucha rabia.

-¡Harry! ¡Estabas torturando a alguien en sueños, te hemos oído pronunciar la maldición Cruciatus!

-¡Hermione, no me acuerdo lo que he soñado, ¿vale?! –chilló por primera vez enfadado-. Y además, ¡sólo es un sueño! Quizás estaba peleándome con Malfoy...

-¡No, no te estabas peleando con Malfoy! –chilló Hermione poniéndose colorada de la exaltación-. ¡Intentabas torturar a...! -Pero se calló al ver que un alumno de primer año estaba parado en la entrada de la escalera de caracol escuchando sorprendido con la boca abierta-. ¡Y tú que haces a estas horas fuera de la cama! –le chilló Hermione. Harry no la había visto tan enfadada en mucho tiempo-. ¡Diez puntos menos para Gryffindor, y sube ahora mismo si no quieres que te castigue!

El niño asustado subió de inmediato las escaleras hasta perderse de vista.

-Harry, escucha... –comenzó Hermione con impaciencia.

-¡No, escuchadme vosotros a mí! –dijo Harry levantándose del asiento con enfado-. ¡Estáis últimamente muy juntitos los dos hablando de mí a mis espaldas! ¡No es la primera vez que pasa esto! Y lo de los sueños, dejadlo ya, ¿queréis? ¡Sólo son sueños! ¡Nadie ha muerto por tener un sueño!

Y acto seguido subió por la escalera de caracol y se dirigió al dormitorio donde se tumbó en la cama con la ropa puesta. Neville roncaba sonoramente y Harry estuvo tentado de meterle un calcetín sudado en la boca para que no lo molestara. Estaba muy enfadado con sus amigos, pero en cierto modo sabía que tenían razón. La cicatriz de Harry empezó a escocer y este se pasó la mano por ella para calmarla. Se preguntaba que estaría haciendo Voldemort en ese momento, pues el dolor de la cicatriz le había hecho acordarse de él. ¿Estaría reuniendo un ejército como le había dicho su padrino en el cuartel de la Orden del Fénix? Harry reconoció que últimamente estaba más agresivo de lo normal, que estaba de mal humor todo el día y pensó que era normal pues todo el mundo lo miraba como si fuera un chico raro que sólo busca llamar la atención con sus mentiras. Y además, ¿qué era lo que estaba soñando? Porque se había despertado tremendamente excitado...

Unos minutos después apareció Ron que se puso el pijama con rapidez y se tumbó tapándose con la manta hasta las orejas evitando mirar a Harry, y este se arrepintió de haberles hablado mal pues eran las únicas personas que lo apoyaban y creían.

 

La mañana despertó nublada y con amenaza de lluvia. Harry despertó y se puso las gafas. No había nadie en el dormitorio por lo que significaba que se había dormido. Se levantó y se alegró de que ya estuviera vestido, salió corriendo escaleras abajo y se percató de que la sala común también estaba vacía. Bajó al gran comedor a desayunar donde la gente ya salía a buscar su material para ir a clase y las mesas estaban limpias y completamente vacías, sin ningún plato y Harry se lamentó pues sus tripas empezaron a rugir en señal de protesta. La gente pasaba por su lado y lo miraba con desprecio, le daban a sus compañeros con el codo y lo señalaban mientras susurraban cosas.

Una muchacha apareció de entre la multitud y cuando vio a Harry se acercó para saludarlo.

-¡Hola Harry! –dijo con una vocecilla soñadora. Tenía una melena rubia, larga y desgreñada que le llegaba a la cintura, los ojos grises y muy abiertos que le daban un aire de sorpresa permanente y la piel muy fina y clara. Harry se dio cuenta de que todavía se colgaba la varita mágica detrás de su oreja izquierda, igual que la primera vez que la vio en el expreso a Hogwarts, y también seguía llevando el collar hecho con corchos de cerveza de mantequilla sin importarle que la gente que pasaba por su lado se riera de ella al verla llamándole chiflada o Lunática. Y por eso Harry admiraba esa fortaleza que tenía en su interior. Luna Lovegood era única en su especie.

-Hola Luna –dijo Harry mirando a su alrededor en busca de Ron y Hermione-. ¿Cómo estás?

-¡Oh, muy bien! –exclamó Luna con una sonrisita-. No te he visto en el desayuno... ¿te has dormido?

-Sí –contestó Harry-. Oye Luna, ¿has visto a Ron y Hermione?

-Oh sí, estaban con Ginny, Fred y George pero se fueron enseguida los dos. Los he visto muy apagados esta mañana –dijo pensativa-. Bueno, en realidad creo que todo el mundo lo está -Harry la miró un momento y vio como sacaba algo de los bolsillos de su túnica-. Ten Harry –le dijo ofreciéndole dos pastas de calabaza-. Las cogí en el desayuno, pero yo ya he almorzado. Cómetelas.

Harry las cogió agradecido. Luna le dedicó otra dulce sonrisita y se fue con aire de perdida en medio de los alumnos que salían del gran comedor. Harry sintió un gran afecto por Luna y tuvo el impulso de echar la maldición de los Moco-Murciélagos a unos alumnos que la seguían y hacían gestos de burla hacia ella.

Harry encontró a Ron y Hermione en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, y sintió rabia de que no lo hayan esperado ni despertado. Hermione lo vio y desde el pupitre le hizo señas para que se acercara.

-¡Harry! –exclamó por lo bajo Hermione mientras Harry se sentaba a su lado. En el pupitre de al lado de Hermione estaba sentado Ron con Seamus-. ¿Dónde estabas? ¡Nos tenías preocupados!

-¿Cómo que dónde estaba? –dijo Harry confuso-. ¡Pues he llegado tarde porque me he dormido, y nadie me ha despertado!

-Harry, tú... –Ron se había inclinado hacia Harry y Hermione he intento decirle algo a Harry pero Hermione lo cortó poniéndose el dedo índice en sus labios.

Harry quedó anonadado. Intentó sacarle a Ron lo que iba a decir pero la puerta del aula se abrió y una mujer bajita y gordita con aspecto de un sapo gigante entró en el aula con una amplia sonrisa mirando a todos y girando descaradamente la mirada de Harry que había concentrado todas sus fuerzas en mirarla con todo el odio que pudo.

-Guardad las varitas, por favor –dijo la mujer con voz chillona sentándose en su asiento-. Ya sabéis lo que tenéis que hacer, podéis empezar. En silencio por favor.

La clase en pleno silencio abrieron sus libros Teoría de defensa mágica, de Wilbert Slinkhard por el capitulo que les tocaba y comenzaron a leer. Harry sin embargo abrió la página mientras suspiraba y miró con disimulo a Ron, en busca de su mirada, pero él, al igual que Hermione estaba sumiso en su texto, con una extraña mueca en el rostro. Harry estaba empezando a hartarse de tanto misterio por parte de sus amigos, ambos le escondían algo.

Entonces ocurrió. La cicatriz de Harry comenzó a arder con intensidad y pensó que la cabeza se le iba a partir en dos. Intentó aguantar para que nadie se le quedara mirando pero Hermione ya le había visto.

-¡Harry! –susurró Hermione muy preocupada-. ¿Qué te ocurre? ¿Es la cicatriz?

Harry puso su mano en la vieja marca con forma de rayo y aguardó a que pasara el terrible dolor mientras le asentía a Hermione con la cabeza. Oyó una voz en lo más profundo de su mente, era algo extraño, como un recuerdo que no era de él. Una visión borrosa se le cruzó por los ojos mientras los mantenía cerrados con fuerza, una chica estaba chillando mientras un hombre la torturaba. No. No la estaba torturando, la estaba...

-¡Harry! –lo llamó Hermione en voz baja-. ¡Harry estás blanco y sudando! ¡Tienes que ir a la enfermería!

-No... –dijo Harry. Lo único que hacía falta es que la gente tuviera otra excusa para decir que Harry quería llamar la atención de nuevo-. No Hermione, ya se me pasa.

-Ah Harry se le había ido el dolor de la cicatriz, pero oía constantemente voces que chillaban y otra que le resultaba familiar que reía de satisfacción.

La mañana pasó muy lenta y aburrida, más que nada por que Ron hablaba con él menos que nunca. Y la profesora Trelawney en clase de adivinación había dicho que este año todos los cercanos a Harry Potter podrían llegar a pasar malos ratos, cosa suficiente para que la gente se aislara más de él.

En el gran comedor, a la hora de la comida Harry se sentó muerto de hambre en la mesa de Gryffindor junto con Ron y Hermione y miró hacia la mesa de Ravenclaw en busca de una persona. Recorrió la larga mesa con sus ojos y no la encontró. A Harry le resultó extraño pues siempre se sentaba al lado de un grupo de chicas que siempre reían tontamente cuando él se acercaba, y esta vez el grupo se hallaba en silencio. Ron engullía como un desesperado, y Hermione tenía en sus rodillas el diario El Profeta que no dejaba de leer mientras comía.

Al cabo de un rato Harry observó que Luna Lovegood se levantaba de la mesa de Ravenclaw para salir del gran comedor. Harry se levantó decidido sin dar ninguna explicación a sus amigos y siguió a Luna hasta alcanzarla.

-¡Luna! –la llamó Harry. Luna se paró en la puerta de unos baños de chica y se giró para mirar a Harry.

-Oh, hola Harry –dijo Luna con tono soñador-. ¿Cómo estás?

-Bien –dijo Harry-. Luna, ¿sabes por casualidad dónde está Cho?

Luna se quedó mirando los ojos de Harry como si estuviera analizando la pregunta muy lentamente. Después agachó la cabeza y asintió.

-Sí, Harry –dijo Luna con un tono de voz muy diferente al de siempre-. Cho está en la enfermería –Harry sintió que le retorcían las tripas-. El profesor Flitwick dijo que no se lo dijéramos a nadie, Harry. Cho apareció esta mañana inconsciente en nuestra sala común... desnuda y llena de sangre.

¿QUÉ? –Harry notó de nuevo como caía por un precipicio sin final, estuvo apunto de desmayarse por la impresión. Y de repente algo extraño volvió a ocurrirle, otra oleada de dolor el la cicatriz de Harry le inundó y notó como una voz en lo más profundo de su mente reía a carcajada. Harry se agachó sin poder evitar un pequeño grito. Una voz recorrió sus sentidos "que vulnerable"-. ¡No! –Harry se sintió aterrorizado. Alguien estaba dentro de él, escuchando lo que decía y lo que le decían.

-¿Harry? –Luna lo miraba con los ojos más abiertos de lo normal-. ¿Te ocurre algo?

-¡Luna! –dijo Harry jadeando de dolor mientras aquella voz dentro de él reía más y más-. ¡Vete de aquí, no me digas nada!

Luna retrocedió unos pasos impresionada hasta dar de espaldas con la puerta del baño y quedó allí, mirando a Harry que ahora no podía evitar gritar más fuerte con una mano en su cicatriz.

-¿Lla-llamo a alguien? –dijo Luna muy asustada-. ¿Qué te ocurre?

-¡Ahhh! –Harry aulló de un dolor inimaginable. Entonces su cicatriz se abrió y notó como su cuerpo ya no le respondía a él. Notó que su cuerpo se enderezaba sin que él lo pudiera evitar. Notó como echaba una mirada fría a Luna y sonrió.

"¡No!" Pensó Harry pues ya no podía hablar, sólo podía pensar y también podía escuchar los pensamientos de la persona que estaba dentro de él. "Harry Potter, el niño que vivió" Dijo la persona. Entonces se dio cuenta de que estaba sometido por nada menos que Lord Voldemort.

-Pequeña Lunática –dijo Voldemort a Luna con la voz de Harry mientras sonreía. Luna lo miró sorprendida y asustada pero con el ceño fruncido. Harry jamás la había llamado así. "¡No le hagas nada, no le hagas daño por favor!" Pensaba Harry consumido por el pánico. "Tranquilo, Potter. Es demasiado pronto para servirme otro plato tan exquisito. Apenas me ha dado tiempo a descansar del trabajito de anoche, ni a ti tampoco, ¿verdad?

Entonces unas imágenes inundaron la mente de Harry. Lord Voldemort las estaba proyectando en él para que las viera. Estaba en una sala, y una chica le estaba chupando el miembro, lloraba pero parecía que sabía lo que hacía pues lo hacía con mucho entusiasmo. Otra escena apareció donde la estaba penetrando con violencia y la chica chillaba, Harry le vio la cara y se desmoronó. Cho sufría las embestidas violentas de él contra el suelo. Una tortura enorme, Harry vio como le apretaba los pechos muy fuerte y no tenía compasión. "¡NO, PARA!" Pensó Harry, pero las imágenes no se iban. Voldemort reía. Harry estaba atrapado y al borde de las lágrimas.

-Luna –dijo Harry-Voldemort de repente-. Tengo que confesarte una cosa. Me gustas y quisiera que fueras mi chica.

"¡No hagas esto, ella no se lo merece!" Pensó Harry. Luna fue sorprendida y confusa. Abrió más los ojos. Harry vio como su pecho se aceleraba con la respiración y la boca la tenía entreabierta.

-Harry... –dijo Luna con un hilo de voz-. Yo no...

-No quiero un no por respuesta –dijo Harry-Voldemort con tono amenazante-. ¿Quién iba a resistirse al gran Harry Potter?

Entonces Harry se acercó a Luna viendo como ella no dejaba de mirarlo con sus ojos de sorpresa permanente, y acercó sus labios a los de ella. "¡No, no lo hagas!" Pero ya era tarde. Harry besó los labios de Luna, y esta no se resistió, tal vez por el miedo, quizás se había dado cuenta de que él no era Harry. Este entró en su boca y saboreó a Luna, era una sensación increíble. La besó durante un rato hasta que de pronto notó como Luna perdía las fuerzas de su cuerpo, doblaba las rodillas apunto de caerse al suelo, pero Harry la cogió antes por detrás de la cintura y vio como su cabello colgaba de su cabeza, que había quedado inclinada hacia atrás. Se había desmayado. Harry vio entonces su hermoso cuello, deseoso de besarlo y mordisquearlo. Voldemort reía en el interior de Harry, y este pensó que las sensaciones que tenía no eran de él, si no de Voldemort. Era él el que deseaba a Luna, y Harry reunió todas sus fuerzas para separarse de esos sentimientos, él no pensaba así.

Continuará...

 

 

Queridos lectores, este es el primer episodio de La Venganza del Señor Oscuro. Reconozco que no hay mucho sexo en esta parte, pero para todos los que no sois fans de Harry Potter ni entienden el entorno de este he tenido que añadir detalles que ayuden a comprenderlo. En el próximo capitulo les ofreceré un relato mucho más subido de tono y con mucho más sexo. Espero satisfacer a los lectores de No Consentido. Agradecería todos los comentarios posibles, ya que me ayudan a mejorar. Gracias. Lunática.

TodoRelatos.com © Lunatica

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