DOS NOCHES
Era por la tarde. En la cocina, Minako, con su cuerpo desnudo
rodeado por una toalla y secándose el pelo con otra, sacó de la nevera una
pequeña botella de refresco y le dio un sorbo. No había nada mejor después de
una ducha que una bebida refrescante. Luego, tal cual, con el refresco en una
mano y la toalla con que se había secado el pelo sobre los hombros, se dirigió a
la sala de estar y entró. Allí se encontró con Akira sentado en un sillón, quien
se sorprendió al verla de esa guisa.
-Eh, Minako, haz el favor de no pasearte medio desnuda por la
casa- le regañó el muchacho.
-Tranquilo, hermano mayor, que hay confianza- le respondió
ella-. Mamá nunca me ha dicho nada, ¿y ahora vas a empezar tú?
Minako era una chica bajita, de sonrisa fácil y carácter
alegre, con un rostro aniñado y un pelo largo y rubio que había heredado de la
rama occidental, concretamente estadounidense, de la familia, elementos que le
otorgaban un encanto infantil pese a que hacía poco que había entrado en la
adolescencia y las formas femeninas de su cuerpo se dejaban notar.
Por su parte, Akira era un chico alto y delgado, de pelo
rebelde y no especialmente guapo, pero que no dejaba de tener su atractivo, con
una expresión amable que coincidía con su carácter.
-Ey, hermano, déjame unos minutos para cambiarme y ahora
vuelvo, ¿vale?
-Muy bien.
Momentos después, Minako regresaba vestida con una camiseta y
una falda corta, y un cepillo en la mano. Con una pequeña sonrisa se lo entregó
a Akira y se arrodilló en la moqueta dándole la espalda. Sabiendo lo que tenía
que hacer, el muchacho empezó a pasar el cepillo por los cabellos de la joven.
Quizá Akira tenía cierto complejo de hermano mayor, pero le gustaba cuidar de su
hermana pequeña, y se sentía responsable de ella ahora que sus padres habían
marchado por dos días. Por su parte, a Minako no le desagradaba la sensación de
sentirse protegida por su hermano cuando estaban juntos, y le hacía feliz saber
que siempre podía contar con él.
-Bien, pues ya está- dijo Akira una vez hubo acabado.
-Gracias- dijo ella contenta. Se levantó-. Ahora me voy a
hacer los deberes. Cuando haya terminado, ¿te apetece que juguemos a
videojuegos?
Un rato después, los dos se encontraban sobre la moqueta y
frente al televisor, ella de rodillas y él sentado con las piernas cruzadas,
dándole a los mandos de la videoconsola. Con gran entusiasmo y energía, Minako
hacía que su personaje golpeara al de Akira, quien prefería tomárselo con calma.
-Ya está, te gané otra vez- exclamó la muchacha.
-Pues vaya- contestó el otro.
-Ya son dieciséis combates seguidos que gano- dijo Minako con
cierto tono de decepción. Dejó el mando y se puso de pie, para luego dirigirse a
la puerta de la sala de estar.
-¿Y ahora a dónde vas?- preguntó Akira sin entender.
-A mi habitación- respondió ella con cierta expresión de
enfado-. A ver si encuentro algo más excitante que hacer.
Y salió de la sala.
Akira suspiró. Entonces respiró profundamente, decidido. Con
sus padres fuera esa noche, y con Minako apartada de su camino, había llegado el
momento de la verdad. El muchacho volteó la cabeza y miró de reojo: sentada en
el sofá y leyendo un cómic, se encontraba Naoko, su hermana gemela. Era una
chica alta y delgada como él, de melena corta y flequillo cubriéndole la frente
y las cejas, con un rostro aniñado que recordaba al de Minako, pero con una
expresión seria que le restaba toque infantil y le daba el atractivo de una
persona inteligente y decidida. La camiseta y los pantalones tejanos que vestía
se ajustaban a sus sugerentes formas de plena adolescente.
Ella y su hermano se comportaban el uno con el otro como
buenos amigos: compartían una relación muy estrecha, y no tenían inconveniente
en hablar sobre cualquier tema y hacer cosas juntos, poseyendo muchos puntos en
común.
-Oye, Naoko, ¿has pensado sobre lo que te propuse ayer?- le
preguntó Akira con cierta seriedad.
-Sí, me lo he pensado- respondió ella sin levantar la vista
del cómic.
-¿Y qué has decidido?- preguntó su hermano subiéndole un poco
el nerviosismo.
-Que no. No voy a tener sexo contigo, Akira- respondió Naoko
mirándole.
Ambos se dirigían la vista, sin decirse nada por unos
segundos.
-Me sorprendes, Naoko- dijo por fin Akira-. Creí que tú
estabas por encima de estas cosas. Siempre diciéndome que habría que dejar atrás
las hipocresías sociales y disfrutar de los placeres de la vida, y cuando se te
presenta la oportunidad, vas y te rajas.
Hubo una pausa.
-Vale, no voy a negar que el sexo entre parientes sea válido
siempre que las dos partes estén de acuerdo y no se confunda incesto con
pedofilia- explicó Naoko. Cerró el cómic-. Pero, mira, en este caso una de las
partes no está de acuerdo. Me parece algo demasiado arriesgado, y me moriría si
nos descubrieran. No vale la pena.
-Pero esta es la noche perfecta y no creo que tengamos otra
oportunidad. Mamá y papá no volverán hasta pasado mañana. Y Minako estará en su
habitación durmiendo y no se enterará de nada.
-Pero imagina que se despierta, nos pilla en pleno acto y se
lo cuenta a los papás. No quiero ni imaginármelo.
Hubo otra pausa.
-¿Seguro que no vale la pena?- dijo Akira con una sonrisa
seductora- No sabes lo que te estás perdiendo. Cada chica con la que lo he hecho
te puede decir lo bueno que soy.
-Akira, no me vengas con chorradas- contestó Naoko frunciendo
el ceño-. Si tú eres más virgen que el aceite de oliva.
El muchacho se quedó parado, sin saber qué contestarle.
-Mira, me alaga que quieras iniciarte conmigo- continuó
Naoko. Inclinó el torso hacia delante, apoyando un codo sobre una rodilla, y la
barbilla sobre la palma de la mano del mismo brazo-. Yo te quiero, y no lo hago
para fastidiarte. Te aprecio como persona y no puedo negar que me resultes
atractivo físicamente. Quizás en otras circunstancias me lo pensaría mejor. Pero
no me parece una buena idea que lo hagamos.
Akira dejó escapar un pequeño suspiro.
Bueno, yo lo he intentado- dijo con una sonrisa de
resignación.
A todo esto, apoyada su espalda en la pared del pasillo junto
a la puerta de la sala de estar, se encontraba Minako. Con una expresión seria,
había estado escuchando la conversación de sus hermanos.
"¿Se lo propone a ella y a mí no?", pensó.
Momentos después de la cena, Akira se dirigió a la habitación
de Minako. Ella le había comentado que quería hablarle de algo, así que abrió la
puerta y entró en la habitación, cerrándola detrás de sí. Se encontró a su
hermana pequeña estirada en la cama sobre su vientre, con la cabeza alzada
leyendo un cómic que tenía abierto sobre la almohada, descalza con las piernas
dobladas y los pies cruzados. Quizá la esencia infantil de la imagen se diluía
debido a que su minifalda estaba un poco subida, dejando al descubierto parte de
sus bragas blancas, lo que le daba un toque ciertamente sexy.
-Hola, Minako- saludó Akira. Se sentó en la silla del
escritorio de cara a ella-. ¿De qué querías hablarme?
-Pues verás- la muchacha se arrodilló sobre la cama, con las
manos cogiendo la punta de su minifalda. Por alguna razón no le miraba a los
ojos-. Tengo un pequeño problema. Parece ser que en mi clase soy la chica más
popular, y todos los chicos siempre están diciendo cosas raras, que si quieren
que les cabalgue, que si quieren hacérmelo hasta que me corra no sé cuantas
veces… La verdad es que estoy muy confundida con todo esto.
-Ya veo- dijo Akira. Trató de no perder la calma, aunque esas
explicaciones le habían dejado anonadado-. Deberías ignorar esos comentarios. Y
si es algo que te molesta has de comunicárselo al profesor para que les diga
cuatro palabras a esos chicos.
-Pero lo cierto es que se me ha pasado por la cabeza cogerles
la palabra. Quizá ya va siendo hora que me inicie en el sexo.
Akira no dio crédito a lo que había oído decir a su hermana
pequeña. Se quedó sin saber qué contestar, sorprendido.
-¿Sabes? Mi amiga Masami sí que ha follado- continuó Minako
seria y sin mirarle-. Tiene suerte. Me contó que algunas noches y cuando están
solos, su hermano mayor y ella tienen sexo. Mi amiga no ha de preocuparse de
contar con amigos sexuales, ya que tiene un buen hermano.
Hubo una pausa. Ambos se miraban, Minako con una expresión
seria que no era habitual en ella, Akira con una sensación de confusión, sin
saber cómo reaccionar ante las palabras de su hermana pequeña. Entonces, Minako
dejó escapar una pequeña sonrisa.
-Hermano, ¿quieres verme mi cosita?
-¿Eh?
Ante la mirada expectante de Akira, Minako se subió la falda,
dejando al descubierto sus bragas blancas. Entonces se sentó, con las piernas
entreabiertas.
-¿Me quitas tú las bragas? Es que a mí me da un poco de
vergüenza hacerlo- dijo la joven con nerviosismo, pero sin dejar su pequeña
sonrisa. Se había puesto colorada.
Akira tenía la mirada fija en el pubis de Minako. Varios
pensamientos contradictorios pasaban por su mente. Finalmente, su sólido
instinto de hermano mayor derrotó sus instintos de adolescente salido.
-No, ya está bien, Minako, para- dijo enérgicamente-. Y haz
el favor de bajarte la falda.
Se puso de pie.
-¿Qué? ¿Por qué?- exclamó Minako contrariada- ¿Es que no te
gusto?
Akira, con una expresión seria, se sentó a su lado, poniendo
un brazo sobre los hombros de la muchacha.
-Claro que me gustas- respondió él con calma-. Y te quiero
mucho. Por eso no me parece una buena idea que continuemos con esto.
-Ah ¿no?- exclamó Minako con rabia-. Pero antes se lo pediste
a Naoko, y también es tu hermana. ¿Qué tiene ella de especial que yo no tenga? Y
además yo quiero hacerlo, no como ella que te ha dejado con la miel en los
labios. Yo te dejo que me hagas todo lo que quieras, no soy una mojigata como
Naoko.
A Akira le turbó que Minako supiera lo que había hablado con
Naoko, pero eso no le hizo perder el control de la situación.
-Naoko es ya una persona adulta y responsable que sabe lo que
significa tener sexo- dijo-. En cambio tú tienes catorce años. Aún eres pequeña
para tener conciencia de que el sexo es algo más que un juego. Estás en una edad
en que esto te puede influir de forma negativa en tu perspectiva del amor y la
sexualidad. Yo no quiero que en el futuro me odies por haberme aprovechado de tu
inocencia.
Minako le había estado escuchando con atención.
-Sí, es verdad que soy más pequeña que tú- dijo-, pero
igualmente soy una adolescente con inquietudes sexuales. Ha despertado mi
interés por los chicos y me masturbo. Siento deseos porque estoy en la misma
etapa de la vida que tú. Siempre me ha hecho feliz que me protejas como si fuera
una niña, pero has de saber que hace tiempo que dejé de tener diez, cinco años.
Si hubieras tenido sexo conmigo con esa edad si que hubiese sido para molestarme
en un futuro.
A Akira le sorprendió que Minako hablara con tanta propiedad,
sin su tono alegre e infantil de siempre. Pero aún no convencido, trató de
encontrar algún motivo para contradecirla.
-Pero, ¿quieres hacerlo así, por las buenas?- preguntó- ¿No
te gustaría que tu primera vez fuera con la persona que ames?
-Claro, mi verdadera primera vez será con el chico del que me
enamore- respondió su hermana-. Esto sólo sería el entrenamiento. ¿Y quién mejor
para entrenar que la persona que siempre cuida de mí y a la que yo adoro?
Akira sonrió paternalmente, y estrechó a Minako contra sí,
ante el desconcierto de la joven. Le alegró que su hermana tuviera las ideas tan
claras.
-Tienes razón, Minako- dijo-. Ya no eres una niña y yo sin
darme cuenta.
-¿En… tonces?- preguntó ella nerviosa.
Akira se levantó y se sentó en el piso, enfrente de ella.
-Continuemos donde lo dejamos- dijo con una pequeña sonrisa-.
¿Me dejas ver tu cosita?
Sin dejar su nerviosismo, Minako se arrodilló en la cama, y,
levantándose la minifalda, cogió la goma de sus bragas.
-Sí, hermano, puedes vérmela- dijo.
Minako fue bajándose su ropa interior lentamente, como si
quisiera hacerlo de forma seductora. Por su parte, a Akira aquello ya fue
suficiente para excitarle. Con los ojos como platos y enrojecido observaba a su
hermana, hasta que ésta dejó las bragas a un lado sobre la cama.
Minako se sentó en el lecho, con el torso inclinado hacia
atrás y las piernas abiertas, y miraba a su hermano con la boca y los ojos
entornados. El nerviosismo que había sentido se había transformado en
excitación.
Akira, sin pensárselo, pasó un dedo índice por la extensión
del sexo de Minako. Era suave y caliente, y entonces con cuidado separó los
labios, dejando a la vista todas sus rosadas formas.
-¿Qué? ¿Cómo lo ves?- preguntó Minako sonriendo tímidamente.
-Es… Muy bonito- pudo responder Akira.
El muchacho siguió pasando los dedos, tocando los labios
menores y la entrada a la vagina. Mojándose el dedo con saliva, se atrevió a
tocar el clítoris.
-¡Uy!- se quejó Minako.
-Oh, lo siento.
Akira se acordó que había leído en alguna parte que para dar
placer a una mujer era mejor usar la lengua que los dedos, así que ni corto ni
perezoso acercó su cara al sexo de Minako y pasó su lengua por él.
-Hermano, ¿qué guarrada haces?- se sorprendió Minako.
El movimiento de la lengua de Akira por las zonas erógenas de
su vulva le hizo cerrar la boca y apretar los párpados. Sintió una creciente
sensación de placer que la envolvía. Su espalda cayó sobre el colchón.
-Hermano, ¿quieres verme los pechos también?- dijo mientras
se levantaba la camiseta, dejando sus senos al descubierto. Akira la miró
mientras lo hacía-. Ya son tan grandes como los de Naoko, y eso que soy tres
años menor que ella.
Akira, sin pensar, se alzó y cogió con las dos manos los
pechos de la joven, presionándolos con suavidad.
-¿Te gustan? ¿Son bonitos?- preguntó ella sintiendo una
agradable sensación, al igual que Akira.
-Son preciosos, Minako- contestó él.
El joven se colocó a su lado, y se metió un pezón en la boca,
lamiéndolo y chupándolo. Mientras, con una mano, se dedicó a acariciar la vulva
de su hermana. Minako sentía un gran placer, escapándosele pequeños gemidos.
Akira notó que los dedos con los que se dedicaba al sexo de su hermana se habían
humedecido. El muchacho entonces se centró en el clítoris, y Minako notó que el
placer se iba acrecentando, hasta que llegó al orgasmo. Sintiendo una sensación
de bienestar, miró a su hermano.
-Te quiero- le dijo, sonriendo con una expresión feliz-. Me
haces sentir tan bien... Voy a darte un gran beso por ser tan buen hermano
conmigo.
Poco después, Akira se encontraba sentado en la cama, sólo
vestido con su camisa, la cual estaba desabrochada, y Minako, con la camiseta
subida sobre sus pechos y su falda subida hasta la cintura, se hallaba de
rodillas entre sus piernas, cogiendo el pene erecto con ambas manos. Ver a su
hermana pequeña en esa situación, ya era razón suficiente para Akira para
correrse de inmediato.
-Bueno, voy a intentarlo- dijo la joven con una sonrisa entre
decisión y timidez-. Pero habrás de decirme un poco qué tengo que hacer.
Minako empezó a pasar la lengua por el glande, gustándole el
sabor salado.
-Eso, sigue lamiendo ahí- dijo Akira sintiendo una más que
agradable sensación.
Luego Minako se introdujo la mitad del miembro en la boca,
cogiéndolo por la base, y absorbió con ganas.
-Ah…- gimió Akira- Mi… Minako, ahora has de ir subiendo y
bajando la cabeza, mientras vas chupando.
Sin poner ninguna objeción, la chica hizo lo que le habían
dicho. Le resultaba excitante tener aquel pene en su boca, y se dejó llevar por
esas sensaciones. Por su parte, Akira notó que las descargas de placer eran cada
vez más intensas, hasta que finalmente eyaculó.
-Así que esto es el semen de los chicos- dijo Minako mirando
el esperma, tras dejarlo caer de su boca a la palma de una mano-. Con lo que se
hacen los bebés…
Luego Akira yació a su hermana pequeña sobre la cama, de cara
al techo, los dos ya desnudos. De rodillas entre sus piernas y con el cuerpo
inclinado un poco hacia delante, apoyada una mano en el colchón, rozó su miembro
erecto en la abertura virgen de ella, ambos mirando con emoción el lugar donde
se iban a unir.
-¡Mierda, un momento!- exclamó Akira de repente- No podemos
hacerlo sin protección. Espera, tengo condones en mi habitación.
-No te preocupes- dijo Minako sonriendo-. Yo tengo aquí. Me
los dio Masami.
Al poco rato, Akira fue introduciendo su pene en la estrecha
cavidad de Minako. Ella, de repente, dejó escapar un pequeño grito.
-¿Estás bien, Minako?- preguntó él preocupado- Olvidé decirte
que quizá te doliera. Si no quieres continuar lo dejamos aquí.
-Estoy bien- respondió ella-. Sólo duele un poco. Pero
también da mucho placer. Ahora fóllame.
En vista del consentimiento de la joven, Akira empezó a
moverse dentro de ella.
-Aah… Aaah…
Naoko giró la cabeza hacia un lado, extrañada. Sentada en el
escritorio de su habitación y escribiendo en una libreta, le había parecido oír
un gemido.
-Ah… Oh, hermano, mi coño nunca se había sentido así antes…-
dijo Minako, dejándose llevar envuelta en el placer que sentía, mientras Akira
se iba moviendo, de rodillas y cogiendo las piernas abiertas de su hermana- Oh,
Dios. Tu polla es tan grande, puedo sentirla llenándome. Ah… Ah…
-Yo tampoco me había sentido así antes, Minako… Es genial.
Los gemidos de la joven se volvieron más intensos,
completamente presa de sus sensaciones.
-Oh, hermano, me corro, me corrooo…
-Yo… Yo tambieeén…
Luego, Minako se había puesto a gatas sobre la cama, y Akira
la penetraba de rodillas detrás de ella, cogiéndose de sus caderas y moviéndose
con gran energía.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
-Minako, baja un poco el volumen- dijo Akira- Naoko está en
la habitación de al lado. Te va a oír y nos va a descubrir.
-Cállate y fóllame, hermano- exclamó Minako-. Mi coño se
siente tan bien… ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
Naoko miraba sorprendida hacia la pared donde se encontraba
su cama, oyendo los sonidos y los gemidos que salían del otro lado.
"Eso suena como la voz de Minako", pensó desconcertada. "No
puede ser que… Mierda. Yo sé que Akira no estaría tan loco como para hacerlo con
nuestra hermana pequeña. ¿O sí?"
Encima Akira de Minako, la pareja volvió a orgasmear. Se
quedaron el uno al lado del otro, descansando, dejándose llevar por la sensación
de paz que sentían.
-Oh, hermano, me has hecho correr una vez, y otra, y otra…
Akira le acarició tiernamente el cabello.
-Te quiero, hermanita.
-Y yo a ti- Minako hizo una pausa-. ¿Te ha gustado hacerlo
conmigo?- preguntó con entusiasmo- ¿Te he dado mucho placer? Seguro que yo soy
mucho mejor que Naoko. Ella no me debe llegar ni a la suela del zapato, así que
no hace falta que la vayas a buscar otra vez si ya me tienes a mí.
A Akira le desconcertó aquel comentario, pero no le dio
importancia.
A la mañana siguiente, vestida ya con el uniforme del
instituto, Naoko entró en el lavabo, donde Akira, también vestido con su
uniforme, se estaba secando las manos con la toalla.
-¿Estuviste ayer por la noche en la habitación de Minako?- le
preguntó a su hermano con naturalidad.
-¿Eh? ¿Yo?- exclamó Akira nervioso ante esa pregunta- Sí, fui
un momento.
Sin decir nada más, el joven se dirigió a la puerta.
"Me parece que Naoko sospecha algo… Igual nos oyó", pensó sin
conseguir calmarse.
Naoko desenroscó el tubo de pasta de dientes y dirigió la
abertura sobre su cepillo.
"Creo que debo frenar mi imaginación", pensó. "Sólo porque
Akira haya visto que no me puede convencer para que lo hagamos, no significa que
se haya decantado por Minako. Ella es demasiado joven".
Una vez Akira había salido del lavabo, apareció Naoko,
también con el uniforme puesto, y se lanzó a los brazos del joven, con una
sonrisa feliz.
-Aquí está mi hermano mayor- exclamó-. ¿Sabes? Esta noche he
dormido la mar de bien- hizo una pausa-. ¿Cuándo me vas a dar otra lección de
correrse?
Naoko apretó con enorme fuerza el tubo, y una gran cantidad
de pasta de dientes se amontonó sobre su cepillo.
-Mierda- exclamó.
Momentos después, el trío, cada uno con su cartera en la
mano, caminaban por la calle en dirección al colegio. Naoko iba más adelantada
que ellos, mientras que Minako se cogía del brazo de Akira.
"Esos dos actúan de lo más extraño", pensaba Naoko con una
expresión seria mirando de reojo hacia atrás. "¿Pero de verdad follaron ayer por
la noche? Minako debe ser muy influenciable para dejar que ese pervertido se la
meta. Y si él la buscó a ella sólo porque yo no quise hacerlo… Ey, ¿qué estoy
diciendo? No voy a convertir esto en algo en que yo tengo la culpa".
-Haz el favor de no hablar tan alto- le pidió Akira a Minako.
-¿Por qué?- preguntó Minako divertida- ¿Crees que Naoko se
pondría celosa?
Esa noche, en la habitación de Minako, vestida con la camisa
desabrochada de su pijama, la muchacha gemía y se movía arriba y abajo sobre el
pubis de Akira, de cara a él, quien se encontraba desnudo tumbado sobre su
espalda, entrando y saliendo el miembro del joven de la vagina de ella.
-Oh, Minako, tu coño es tan estrecho…- decía él.
-¿Te gusta mi coño?- preguntó ella entre gemidos- ¿No es
demasiado pequeño para ti? Yo puedo sentir cada centímetro de ti en mí. Ah… Es
como si tu polla estuviera hecha para mi coño.
-No tan alto- dijo Akira preocupado-. Naoko puede venir.
En su habitación, Naoko, nerviosa y enfadada, trataba de
escribir en la libreta, pero los sonidos que venían de la habitación de al lado,
y el hecho que sabía a qué se debían, no le permitían concentrarse.
"Parecen dos animales salvajes gruñendo", pensaba. "Es como
si quisieran que les pillaran. No puedo sólo quedarme aquí y escuchar, debo
pararles. Pero entonces esto puede ser una trampa para mí". Naoko dibujaba
rápidos círculos en la hoja de su libreta, sin levantar el bolígrafo del papel.
"Es posible que mi hermano esté usando a Minako como un modo para conseguirme,
alegando que si no quiero que lo haga con ella, que lo haga yo con él. Pero si
realmente están haciéndolo… Minako no sabe cómo manejar el sexo. Ella es joven,
vulnerable".
-¡Mierda!- exclamó. Se levantó de la silla decidida-. Debo ir
allí y salvar a mi hermana.
A los pocos segundos, Akira y Minako vieron como la puerta de
la habitación se abría y aparecía Naoko.
-¡Ajá! ¡Lo sabía! ¡Te pillé, Akira!- exclamó ésta enérgica y
triunfante- ¡Te la has cargado! ¡Se lo voy a contar a los papás!
Akira, encima de Minako, puso cara de súbita sorpresa,
mientras la otra no se alteró, sólo mirando hacia Naoko. Ésta se puso delante de
la cama, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
-Yo, yo… No es lo que parece, Naoko- trató de explicarse
Akira nervioso y avergonzado. Tanto él como Minako se incorporaron, y recogió
rápidamente sus calzoncillos del suelo y se los puso-. Quiero decir, que sí lo
es, pero…
-No tienes que ser tan autoritaria, hermana- dijo Minako
calmadamente, mientras se abrochaba la camisa del pijama, quedando al
descubierto sólo sus piernas-. Akira y yo sólo estábamos teniendo un poco de
diversión.
-¿Pero qué dices, Minako?- dijo Naoko extrañada- Él estaba
abusando de ti.
-¿Abusando de mí?- Minako sonrió maliciosamente- Que lo
sepas, fui yo quien tomó la iniciativa.
-¿Cómo?- dijo su hermana sin entender.
-Pero claro, no es de extrañar que cayera en mis redes-
continuó Minako-. Si tú pasaste de él, y sólo porque tenías miedo que yo lo
descubriera. Bien, pues ahora ya lo sé y ya ves que no ocurre nada. Es más, ¿por
qué no te unes a nosotros?
-¿Qué?- exclamó Naoko desconcertada.
-Claro, ¿no quieres tener tú también diversión con tus
hermanos? No hay nada de lo que preocuparse, a no ser que mamá y papá lo
descubran, pero no será por mí.
Naoko se había quedado estática, con la mirada perdida.
-Aunque a una mojigata como tú no creo que le vayan estas
cosas- sentenció Minako con naturalidad-. ¿Así que por qué no te vas y nos dejas
continuar con lo que hacíamos?
A todo esto, Akira había estado escuchando a Minako con una
expresión creciente de seriedad. Lo último que dijo ya fue la gota que colmó el
vaso.
-Ya está bien, Minako- exclamó enfadado-. Deja ya de
mortificar a tu hermana.
-Pero yo…- dijo ella intentando explicarse.
-Naoko, tienes razón, esto se me ha ido de las manos- dijo
Akira serio-. Asumiré mi responsabilidad.
A Akira le extrañó que su hermana gemela no dijera nada, y
más aún la expresión pensativa que mostraba. Al mismo tiempo, Minako contemplaba
a su hermana mayor con una pequeña sonrisa de triunfo.
-Así que sexo entre hermanos, ¿eh?- dijo Kaori de repente,
seria pero colorada-. Está bien, Akira, tú ganas. Minako me ha convencido.
-¿En serio?- dijeron a la vez Akira y Minako, sorprendidos.
-¡Sí! Si vosotros dos podéis follar, yo no voy a ser menos.
Yo también quiero saber lo qué es el sexo.
Ante la mirada atónita de sus hermanos, Naoko se quitó su
pijama y luego la ropa interior. Ruborizada, con sus brazos rodeando su vientre
y sus ojos mirando hacia la derecha, dijo:
-Bien, pues aquí estoy. Desnuda, lista y deseosa. ¿Qué hay
que hacer?
Akira no reaccionaba. Contemplaba sin parar el cuerpo desnudo
de Naoko.
-Vaya, hermano, ya se te ha puesto dura- dijo Minako tocando
con un dedo por encima de los calzoncillos de él-. Pareces realmente excitado
por pensar en hacerlo con Naoko. Ey, hermana, ¿por qué no aprovechas y se la
chupas? ¿Te atreves?
Minako dijo aquello con cierta ironía, pero ésta desapareció
al ver a su hermana arrodillarse ante Akira, quitarle la ropa interior y cogerle
el miembro. Naoko no imaginó que pudiera sentirse tan excitada por tener el pene
de su hermano entre sus manos, y lo empezó a lamer tímidamente.
-Oh, sí, Naoko- exclamó Akira-. Se siente muy bien.
-No tan bien- murmuró Minako frunciendo el ceño-. Yo lo hago
mejor.
Sin dejar su rostro serio, Minako observó las evoluciones de
Naoko sobre el miembro y luego miró al rostro de Akira. Quedaba claro que los
dos disfrutaban con aquello.
Naoko seguía lamiendo y chupando. Akira no podía creer que su
querida hermana gemela estuviera haciendo eso, y que además quisiera hacerlo.
Era algo tan caliente mirarlo… Aquello sí que era un sueño erótico hecho
realidad.
-Oh, voy… voy a correrme- exclamó.
-Será mejor que lo hagas en su cara- aconsejó Minako-. No es
muy agradable que se te corran en la boca.
Poniéndose de pie, Akira sacudió su pene ante el rostro de
Naoko, quien, de rodillas, esperaba impaciente con la boca abierta y la lengua
fuera.
-Ah, ah- gimió Akira.
Por el rostro, el pelo y la lengua de Naoko corrió el
esperma, el cual llegó a la barbilla, el cuello y los pechos de la joven. El
contacto caliente del semen le hizo sentir una agradable y sensual sensación.
-Toma, hermana, unas toallitas- dijo Minako, ofreciéndole una
caja.
Naoko cogió unas cuantas y se limpió la cara y demás sitios
que tenía cubiertos.
-¿Va todo bien, hermana?- le preguntó Minako, desconcertada
ante la calma con que Naoko se estaba tomando todo eso.
-Perfectamente- le respondió ella mirándola, sin amilanarse.
Tumbada Naoko sobre la cama, Akira empezó a manosearle los
pechos. El saber que por fin tenía a su hermana gemela para disfrutar, era aún
un mayor incentivo para la pasión que sentía el joven. La quería y deseaba
hacerla gozar como nunca.
-No chupes tan fuerte…- dijo Naoko mientras su hermano se
encargaba de lamerle y succionarle un pezón. La joven, aunque aún un poco tensa,
no pudo evitar dejarse llevar por las placenteras sensaciones que sentía, pese a
que en su mente aún quedaba un pequeño resquicio sobre que no estaba bien que su
propio hermano le hiciera el amor. Aunque no quiso reconocerlo ante Akira, aquél
era el verdadero motivo por el cual no había aceptado tener sexo con él.
El joven abrió con los dedos la vulva de Naoko y lo observó
detenidamente. No encontró mucha diferencia con el de Minako. Le pasó los dedos
con cuidado, y se sintió entusiasmado y feliz al descubrir que estaba lubricado.
Ella estaba disfrutando teniendo sexo con él, e incluso ya estaba lista para que
la penetrase. Mientras, Naoko le miraba, con una expresión apasionada.
Akira continuó pasando los dedos por el sexo de la joven,
tocando los labios menores y el clítoris.
-Oh, sí- exclamó Naoko con los ojos cerrados-. Sigue
haciéndolo. Ah. ¡Ah!
Akira consideró que ya estaba suficientemente excitada y
lubricada. Pero antes que nada quiso probar su sexo y sus fluidos, los cuales
estaban brotando.
Cogiéndole los muslos, el muchacho hundió su lengua en la
vagina de la chica.
-¡Akira! ¡No hagas eso!- exclamó Naoko alterada, alzando la
cabeza- ¡Está sucio!
Sin hacer caso, Akira movió su lengua dentro del sexo de su
hermana. Con ello también rozaba el clítoris, y Naoko inclinó la cabeza hacia
atrás, inmensa en un gran placer.
-¡Oh, sí! ¡Cómeme!- exclamó.
Tras un rato, Akira se alzó, poniéndose de rodillas ante
ella. Naoko le miraba, respirando agitadamente por la boca, ruborizada,
expectante. Tras ponerse un preservativo, Akira situó su miembro en erección
sobre la entrada vaginal de la joven. Entonces notó que alguien les estaba
mirando. Giró la cabeza hacia la izquierda y allí vio a Minako, sentada en la
silla del escritorio, con el respaldo entre las piernas y los brazos sobre éste.
Ella les observaba, con un rostro serio.
-No te importune el hecho de que esté aquí sentada, hermano-
dijo fríamente, mirándole-. No pasa nada por que me ignores. Yo estoy bien.
Los celos que se notaban en las palabras de Minako hicieron
sentirse mal a Akira, pero la voz de Naoko le hizo despertarse de sus
pensamientos:
-Estoy esperando, hermano- dijo-. Vamos, metémela.
Naoko, tumbada en la cama, ya con su cuerpo totalmente
relajado, le miraba con deseo.
-Quiero recordar este momento para siempre…- dijo desviando
la mirada- Así que haz que sea especial…. Por favor… Ve lento… en caso de que
duela… ¿De acuerdo?
-Claro que sí. Aquí va.
Minako, con la vista fija en ellos y la boca abierta, vio a
Naoko apretar los párpados y los dientes.
-¡Auh! ¡Auh! ¡Ah!- exclamó la joven con dolor.
-Ya está dentro- dijo Akira, sintiendo el calor y la humedad
de la vagina de su hermana-. ¿Estás bien, Naoko?
-Sí… En verdad no duele… Siento una gran sensación
placentera.
-Dime, ¿no te arrepientes de estar así conmigo?
-No, claro que no. Es realmente agradable… - dijo Naoko con
su mirada calmada-. Lo único de lo que me arrepiento es de que no lo hiciéramos
ayer…
-Entonces quédate así y deja a tu hermano gemelo que te ame-
dijo Akira inclinándose hacia ella, con la misma mirada de calma y bienestar.
-Sí… De acuerdo… Te quiero, Akira- contestó ella con una
sonrisa.
Ambos se besaron, con las bocas abiertas, entrelazando sus
lenguas, mientras Akira empezó a moverse y Naoko le abrazaba.
Después Akira estaba estirado sobre su espalda, mientras
Naoko se movía a horcajadas sobre él, con las manos apoyadas a ambos lados del
cuerpo de su hermano.
-¿Lo estoy haciendo bien?- preguntaba ella moviéndose con
pasión- ¿Te follo bien?
-Oh, Naoko… Tu vagina se siente tan bien…- respondió Akira
mientras estrujaba con sus manos los pechos de la joven- Está apretándome como
un puño.
-Oh… Akira… Tú haces que mi vagina vibre…
Naoko gemía, mientras Akira situó sus manos sobre el trasero
de ella.
-Ah…
-Eso es, hermana… Sigue moviéndote. Mueve el culo.
-Ah, Ah… Siento una sensación caliente yendo dentro de mí-
dijo la joven mirando hacia atrás-. Me arde, hermano, me arde.
Volvieron a cambiar de posición, esta vez Naoko se puso a
cuatro patas y Akira la penetró desde atrás.
-Tu coño es tan estrecho… Se siente tan bien…- dijo empezando
a arremeter contra ella-. Me encanta follarte, hermana.
-¡Ah! ¡Ah! Fóllame, hermano, hazlo fuerte… ¡Ah! ¡Ah!
Tumbada sobre la cama, con las piernas abiertas, Naoko era
penetrada con gran energía por Akira, quien tenía las manos apoyadas en el
colchón con los brazos estirados, mientras ella le cogía por la espalda.
-¡Me voy a correr!- exclamaba Naoko- ¡Mi coño está
palpitando!
-¡Yo también me corro!- exclamó Akira- ¡Aquí viene, hermana!
Los dos llegaron al orgasmo casi al unísono.
Akira se salió de ella lentamente y luego se tumbó a su lado.
Los dos se encontraban sin fuerzas, pero también se sentían completamente
relajados.
-Ha sido genial. Y nunca me he sentido tan bien en toda mi
vida como ahora…- dijo Naoko con la vista puesta en el techo.
-Sí, yo tampoco- respondió Akira-. Me pregunto si será así
con todo el mundo o sólo será con nosotros porque somos hermanos…
-Ey, ¿a dónde ha ido Minako?- preguntó Naoko dándose cuenta
de su ausencia.
En el pasillo, al lado de la puerta cerrada de su habitación,
Minako se encontraba sentada en el suelo, con la cabeza baja y las piernas
encogidas y rodeadas por sus brazos. La puerta se abrió y salió Naoko, vestida
con la camisa de su pijama.
-Minako… ¿Qué ocurre, cariño?- le preguntó preocupada,
cerrando la puerta detrás de sí- No estés aquí fuera. Ven con nosotros.
-Yo sé cuando no me quieren- respondió la muchacha triste,
con lágrimas en los ojos-. No pasa nada. Me quedaré aquí y no os molestaré.
-No digas tonterías- respondió Naoko conmovida-. Claro que te
queremos.
-Yo… Antes, cuando has entrado en la habitación, te he dicho
todas esas cosas para que te fueras y así Akira sólo me haría el amor a mí-
habló Minako sin levantar la mirada-. Pero ha sucedido todo lo contrario. Y
cuando os he visto hacerlo lo he tenido claro: es a ti a quien quiere Akira.
Prefiere tener sexo contigo antes que conmigo. Vosotros os compenetráis
perfectamente en pasión y sentimientos. Para Akira hacerlo conmigo sólo fue
satisfacer un capricho más de su hermana pequeña. Como si estuviéramos jugando.
Las lágrimas corrieron por las mejillas de la muchacha. Naoko
la miraba, con la boca entreabierta.
-No digas eso- dijo la joven con amabilidad-. Quizá Akira y
yo tengamos una relación más adulta, pero es porque ambos siempre nos hemos
sentido de igual a igual el uno con el otro. Y aunque él sabe que ya no eres una
niña, no puede evitar verte como tal, porque siente el impulso de protegerte y
de evitar que te ocurra algo malo. ¿No te gusta esa faceta suya?
-Sí…
-Pero todo eso no influye en el amor que siente por nosotras.
Ambas somos sus hermanas, y nos quiere a las dos por igual.
Minako la miró, calmada.
-Y nosotras también le queremos por igual, ¿verdad?
-Claro que sí- respondió Minako con una pequeña sonrisa.
-Pues ahora ven- dijo Naoko sonriéndole y tendiéndole la
mano-. Hagámoslo los tres juntos. Será una forma de demostrarte que nos quiere a
las dos igual.
-Sí, de acuerdo.
Minako le dio su mano y se levantó con su ayuda. Ambas
jóvenes se abrazaron.
-Pérdoname- exclamó Minako, saliéndosele las lágrimas de
nuevo-. Te quiero, hermana.
-Yo también te quiero, Minako…- contestó Naoko sonriendo-
Ahora vayamos a por un poco de diversión.
Instantes después, Akira estaba sentado en la cama, un tanto
cohibido mirando a sus hermanas, quienes se encontraban de pie delante suyo,
ambas desnudas.
-Muy bien, hermano- dijo Naoko seria y con determinación-.
Hemos decidido que vamos a compartirte
-Sí, y nos referimos a compartirte al mismo tiempo- añadió
Minako con su entusiasmo infantil.
-Ehm… De acuerdo.
Tumbado sobre su espalda en la cama, Akira tenía a Naoko
sujetando su pene en erección y lamiendo un lado de su glande, mientras Minako
lamía el otro. Ambas le miraban, ruborizadas y con el placer reflejado en sus
ojos.
-Dios, esto es demasiado…- exclamó el joven mientras un
inmenso placer que nunca se hubiera imaginado sentir le envolvía.
Entre las dos se metieron el glande en la boca, chupándolo,
luego lamiéndolo por debajo y luego toda la extensión del miembro, empapándolo
de saliva. Naoko se lo metió en su boca, mientras Minako lamía los testículos.
-Chupadme, chicas…
A punto de eyacular, Naoko sacudió con energía el pene con
una mano y el abundante esperma embadurnó el rostro de ambas jóvenes.
Ahora se encontraban ellas estiradas sobre la cama, la una al
lado de la otra, con los muslos hacia arriba sujetándoselos con los brazos,
mostrando sus sexos a Akira, no sin sonrojo y timidez.
-Qué cosas más bonitas tenéis aquí- decía él, separando los
labios vaginales de ambas con los dedos-. No me canso de mirarlas.
-Pues será mejor que te canses, porque yo no puedo esperar
más- dijo Naoko.
Akira introdujo un dedo corazón en cada una de las mojadas
vaginas, y empezó a moverlos. Minako apretó los párpados y dejó escapar un
pequeño gemido, mientras que Naoko alzó la cabeza con los ojos cerrados y gimió
fuertemente.
Después, estirado de nuevo en la cama, Akira lamía y
penetraba con su lengua el sexo de Minako, quien se encontraba a horcajadas
sobre su boca, mientras Naoko hacia entrar y salir el pene de Akira de su
vagina, situada la joven también a horcajadas sobre el pubis de él, las dos cara
a cara, cogiéndose de las manos.
-¡Oh, Dios!- exclamaba Minako- ¡Ah! ¡Ooh! ¡Sí, chúpame!
-¡Ah! ¡Su polla se siente tan bien!- pronunciaba Naoko- ¡Aah!
-Oh, hermana, esto es maravilloso- dijo Minako- Qué feliz soy
de compartirlo con vosotros.
-Sí, yo también…
Ahora Minako se había tumbado sobre su espalda con las
piernas abiertas, y Naoko estaba a horcajadas sobre ella con el cuerpo inclinado
hacia delante, con sus sexos expuestos y rozándose. Las dos miraban a Akira
quien se encontraba detrás suyo, deseosas y expectantes.
-Oh, chicas, creo que me he muerto e ido al cielo- dijo el
joven excitado, dándole la sensación de estar en un sueño-. Voy a follarme a mis
dos hermanas a la vez.
-No digas más tonterías y hazlo ya- dijo Naoko.
-Sí, por favor, hermanito- añadió Minako.
Akira situó su pene entre las vulvas de ambas y fue
moviéndose con resolución, atrapado por los sexos de las dos. Ambas chicas
gemían sin parar, mostrando en sus rostros el gran placer que sentían, al igual
que Akira.
Luego fueron alternándose para hacer el acto. Primero fue
Minako, quien se dedicó a cabalgar a su hermano.
-¡Fóllame, pequeña!- exclamaba Akira, con las manos en el
trasero de la chica- ¡Mueve tu coño, hermana! ¡Cabálgame!
-Es tan grande en mí… ¡Aaah!
Después Naoko estaba tumbada de lado, mientras Akira, a su
espalda y también de lado, sujetándole una pierna, la penetraba con fuerza y sin
parar.
-¡Ah! ¡Aaah!- orgasmeó la joven.
-¡Me corro, hermana! ¡Ahí va! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!
-Akira, qué bien lo he sentido…
Ambos respiraban entrecortadamente.
En la misma posición, le tocó el turno a Minako, acabando por
correrse los dos a más no poder.
Entonces Akira se sentó y penetró a Naoko, poniéndose ésta en
cuclillas sobre él, dándole a la espalda, mientras él la cogía por las caderas.
-¡Fóllame, hermano!- exclamaba ella agitándose con pasión-
¡Dámelo todo!
Los tres continuaron, y hubo un momento en que se terminaron
los preservativos, pero eso no les hizo detenerse. Ahora cuando estaba a punto
de llegar al orgasmo, Akira eyaculaba sobre ellas, cubriéndoles los muslos, el
vientre, los pechos, el rostro, el pelo, de esperma, cosa que fue un placer
extra para ellas y para él.
Tras horas de no parar de tener sexo, Minako y Naoko estaban
sentadas en un lado de la cama, dando la espalda a Akira, quien se encontraba
tumbado, agotado y sin ánimos de moverse. Eso sí, en su rostro se reflejaba una
pequeña expresión de felicidad.
-Caray, el coño me escuece un poco- decía Naoko con una
sonrisa mientras se tocaba entre las piernas- ¿Cómo está el tuyo?- le preguntó a
Minako.
-Pues sí, también le pasa lo mismo- respondió ella sin darle
importancia-, pero creo que podría follar un poco más.
-Me parece que nuestro hermano ya no da más de sí- dijo Naoko
cogiendo el fláccido miembro del muchacho, mientras ambas se ponían a cada lado
de él, mirándole con una pequeña sonrisa.
-Bueno, aún faltan unas cuantas horas para que mamá y papá
regresen- dijo Minako mientras las dos se acercaban al rostro de Akira-. Quizá
podamos convencerle.
Las chicas besaron tiernamente a su hermano. Pero el sueño
acabó venciéndoles, y se quedaron dormidos, los tres juntos.
FIN