Después de la noche del chaval, dormimos unas horas y nos
levantamos cansados pero de muy buen humor, nos metimos en el baño para asearnos
y por primera vez desde hacía meses no me sentí incomodo estando los dos en
pelotas. Comentábamos la noche anterior entre risas, mi cuñado con total
desenfado y yo aparentándolo, aunque me seguía cortando un poco, intentaba que
no me lo notara.
Bueno cuñado – me dijo Roque mientras se duchaba –
supongo que ya se te han pasado las manías, a partir de ahora vendrás
conmigo de caza no?
Bueno si, pero no se si podré estar a tu altura, me
siento un poco raro tio.
Joer, pués anoche no lo parecía, tendrías que haberte
visto, menuda cara de gusto ponías – rió parodiando una expresión de placer.
Vete a la mierda! – le dije riendo también – es que yo
nunca había echado un polvo de esta manera, que flipe.
Ya te dije que las mariconas tienen mucho vicio, les
puedes hacer de todo.
Yo si me la chupan y me ponen el culo ya me vale.
Ya, pero sin mirarles la polla no? – rió divertido.
No es eso, bueno no se, al final ya me daba igual, se me
fue la cabeza.
Y más se te irá tío. Es un vicicio. Si ya sabía yo que no
te podrías resistir al chaval, por eso lo traje.
Lo hiciste a propósito capullo?
Pues claro, la trampa de culito tierno! – rió
salpicándome – pero no te creas que estos se encuentran todos los días, la
mayoría se parecen más a nosotros que al de anoche.
Ya me imagino, bueno, alguno de los tíos que he visto por
ahí contigo – me sonrojé admitiendo que lo había estado espiando – no
parecen ni maricones.
Es que no todos lo son, hay de todo, muchos son tan
machos como tu y yo, pero el estar fuera de casa y la calentura hacen el
milagro, además si pasamos un buen rato, no hacemos mal a nadie, y es
morboso no?
Mucho tío, pero tan machos no serán si tragan pollas no?
Porque no? Si les gusta...
Pues eso, si les gustan las pollas, es que son maricones,
blanco y en botella, leche. O tu pondrías el culo... - me callé al recordar
que a Roque le gustaba que se lo comieran.
Ehh, no te equivoques, yo me lo dejo comer, pero nada
más. Pero quien sabe, a lo mejor algún día te dejo que me violes – y riendo
meneó el culo en pompa.
En serio?
Y una mierda! Y menos con esa tranca tío, menuda joya
tienes.
Si, es grande no?
Ya de digo, pregúntale al chaval de anoche, si no os
ayudo todavía estáis intentándolo.
Bueno, la tuya tampoco está mal.
Ah, te gusta mi polla nenita? Si? – preguntó con voz de
película porno sobándosela.
Quita eso de ahí! – le contesté riendo y pasando a la
ducha.
Bueno, tu te lo pierdes, jaja, pero que conste que no es
oro todo lo que reluce ni maricona todo el que pone el culo – dijo saliendo
del baño.
Lo que tu digas, pero a mi el culo que no me lo toquen o
la armo.
Desde aquel día empecé a perderme con Roque por las zonas de
cancaneo, al principio iba con el y compartíamos al tío, admito que me daba
morbo verlo follando y que el me viera a mi, luego lo comentábamos y nos
reíamos. Luego a veces nos lo montábamos por separado, eso me costaba un poco
más porque yo no tenía el descaro de mi cuñado para empezar el rollito, me
limitaba a sacármela como si meara y esperar a que se acercara alguno, la verdad
es que mi polla llamaba la atención, lo cual me encantaba. Roque tenía razón en
cuanto al tipo de tíos, pocos se parecían al chaval que tanto me había gustado,
pero tampoco les hacía muchos ascos y se la metía por donde me apetecía, o por
donde me dejaran ya que no todos ponían el culo, según los viera. Si no me
gustaba cerraba los ojos y me perdía en fantasías mientras bombeaba con las
caderas o me la dejaba mamar.
Si me los follaba generalmente los ponía de espaldas, de
forma que no les viera más que el culo, me sentía más cómodo. Me encantaba
mirarlos como se bajaban los pantalones y los calzoncillos y me ofrecían sus
nalgas, entonces con una mano les separaba las nalgas y con la otra les metía el
dedo en el culo, me excitaba mucho hacérselo, sobretodo si tenían aspecto de
macho, con el dedo profanaba la intimidad de sus agujeros mientras les decía
guarradas, aunque suponía que les gustaba, me daba mucho morbo humillarlos de
esta manera.
Aprendí a clasificar los ojetes, los había peludos y pelados,
algunos agujeros estaban escondidos bajo una mata de pelo y otros rodeados de
una aureola de vello suave, me sorprendió ver que algunos tíos no tenían pelo en
el ojete y que había tíos que se lo depilaban porqué a veces rascaban un poco
como una mejilla mal afeitada. Las formas también variaban, algunos eran como un
ojal, una ranura estrecha y alargada, otros con pequeños pliegues de carne como
el morro de una vieja, otros rodeados de un circulo de piel rosada y suave, en
otros el circulo era de piel mas oscura, había agujeros redondos y claramente
dados por el uso, otros salidos hacia fuera... pero todos soportaban que mi dedo
los profanara y hurgara en ellos aprisionándome el dedo como un precio a pagar
para ser atravesados por mi polla. Les metía el dedo sin contemplaciones, viendo
como se contraían las nalgas con un respingo, no lo hacía para dilatarlos, lo
hacía por gusto, porque me parecía humillante para ellos y me excitaba. Luego me
los follaba, aprendí a meterles la polla sin esfuerzo, le hundía el capullo de
un golpe, si eran estrechos les dolía y me rogaban que tuviera cuidado, entonces
cuando se relajaban un poco se la metía toda casi sin pausas, ellos resoplaban,
apretaban los labios, gimoteaban y alguno no podía evitar soltar algún grito,
alguno intentaba apartarme apoyando las manos en mi vientre, pero yo nunca se la
saqué a ninguno aunque me lo pidiera, los retenía empalados hasta que dejaban de
retorcerse y entonces empezaba el mete-saca.
Si se pajeaban mientras me los follaba, los dejaba hacer
sabiendo que en cuanto se corrieran querrían que les sacara la polla del culo.
Entonces era cuando más me gustaba, saber que ya no tenían ganas me excitaba y
me los follaba con mas fuerza, clavándosela hasta el fondo con golpes secos,
duros, sentía como les fallaban las piernas y me suplicaban que parara, a veces
eran extranjeros y no entendía sus palabras, pero lo que me pedían era claro. Si
estaba con mi cuñado, los sujetábamos entre los dos, a él le excitaba tanto como
a mi y cuando alguno quería que paráramos los dos aguantábamos tanto como
podíamos, cuando estábamos a punto de corrernos, nos turnábamos para metérsela
por el culo y durar más, follándo duro, en plan bruto. A veces los teníamos que
tapar la boca por que gritaban, las pollas de aquellos tíos se encogían
babeantes y sus caras se contraían en muecas grotescas, se ofrecían a cualquier
aberración si los dejábamos libre, pero nosotros pasábamos de ellos, cuanto más
protestaban, más nos gustaba. Quiero creer que en el fondo les gustaba la
situación de sentirse violados por dos machos, ya que en principio se habían
ofrecido ellos, pero lo cierto es que alguno terminó maldiciéndonos y
marchándose cabreado.
Recuerdo uno con el que nos pasamos especialmente, no tanto
nosotros sino un tío que se nos unió pero hay que decir que tampoco hicimos nada
para ayudarlo, nos pudo el morbo de la situación. Habíamos parado en un área
donde siempre había mucho cancaneo y nos metimos en el bosquecillos los dos
juntos, el primero que nos apareció fue un tipo de unos 30 y pocos años, vestido
con traje y corbata, un poco gordito y con gafas, llevaba el pelo rizado y
oscuro peinado con la ralla al lado, con un estilo pasado de moda. No se si
estaba casado, pero llevaba anillo. Se nos acerco muy cortado y como no le
decíamos nada, esperábamos algo mejor, al final nos susurró con una sonrisa
bobalicona; Queréis que os la chupe?. Roque y yo nos miramos divertidos, la
verdad es que nos dio un poco de pena y bueno, supongo que los dos pensamos que
porqué no empezar con una mamada, nos sacamos las pollas y el gordito, con
expresión de admiración a pesar de que todavía no las teníamos duras, y gula, se
arrodilló y empezó a chupárnoslas.
El tío era un buen mamón, mientras chupaba una polla, meneaba
la otra o intentaba meterse las dos en la boca, cosa que tanto a Roque como a mi
nos encantaba. Estaba ruborizado, no sé si de excitación por lo que estaba
haciendo, pero era evidente que le gustaba, chupeteaba como un loco, succionaba,
lamía y emitía sonidos de gusto. Nos las puso muy duras y por eso no me extrañó
cuando oí a cuñado que le decía;
Quieres que te demos por el culo?
Ufff, creo que no tíos – contestó levantando la mirada
con los dos rabos agarrados – son demasiado grandes.
Bueno, la mía no tanto – dijo mi cuñado, sabiendo que
aunque no tenía mi tamaño era muy superior a la media – o es que no te la
han metido antes.
Si, pero hace mucho tiempo, un amiguete un par de veces,
pero... la tenía más pequeña tío – contestó el gordito enrojeciendo por la
confesión.
Pués anímate tío, lo haremos con cuidado y si no te gusta
lo dejamos - le dijo mi cuñado mirándome. Comprendí que no tenía intención
de hacer lo que decía, y menos con aquel tío que de repente se había vuelto
apetecible sin saberlo con su confesión.
No, mejor no, no me atrevo – contestó volviéndose a meter
la polla de Roque en la boca.
Pues entonces mejor lo dejamos, tenemos ganas de follar
tío – le contestó mi cuñado apartándolo – mejor nos reservamos para algún
otro.
El gordito nos miró las pollas sorprendido, dudoso, era
evidente que estaba caliente pero no acababa de decidirse.
Tenéis condones? – dijo. Bingo! Cedía.
Claro tío, y lubricante – le contesté ya que hacía tiempo
que lo llevaba conmigo para casos estrechos.
Bueno, la tuya no me entra ni con lubricante tío, eso
seguro, pero la de tu amigo a lo mejor – me contestó agobiado – si queréis
lo intentas tú – dijo mirando a mi cuñado – pero si no puedo lo dejamos
vale?
Claro tío, tranquilo, buen rollito, venga, bájate los
pantalones que tengo ganas – contestó magreándole el culo, y lanzándome una
mirada cómplice.
Yo me seguí pajeando mientras Roque se ponía el condón y vi
como el gordito en lugar de bajarse los pantalones se los quitaba y buscaba una
rama donde colgarlos con la chaqueta. Se di cuenta que me lo miraba y me dijo
mientras se bajaba los calzoncillos;
Es que no quiero que se manchen, mi mujer me pegaría la
bronca.
Tranquilo, también estamos casados – le dije para que se
sintiera más cómodo.
Que fuerte no? – rió el gordito dejando los calzoncillos
sobre la misma rama.
El tío se quedó con la camisa y la corbata, la polla tiesa le
asomaba entre los faldones de la camisa, unos 15cm centímetros escasos
circuncidados que se meneaba nervioso. Estaba ridículo con los calcetines negros
y los zapatos puestos. Hizo un gesto como ofreciéndome la polla pero giré la
cara, Roque lo hizo inclinar y apoyarse sobre un tocón y le levantó el faldón de
la camisa mostrando un culo gordo y redondo, de nalgas carnosas sin un solo pelo
que bamboleó cuando mi cuñado le dio una palmada. Roque le separó las nalgas y
me miró conocedor de mis gustos. El gordito contrajo el ano en un gesto reflejo
en cuanto se sintió expuesto, era de los de aureola oscura, pero sin vello,
antes de que se pudiera dar cuenta le metí el índice en el culo y dio un
respingo.
Uf que fuerte es esto tíos, no os gusta comer culo?
No – respondimos los dos a la vez - y a ti – le preguntó
Roque interesado.
No tíos, no me va eso, uf, pués ponedme lubricante por
favor, sinó me duele. – dijo mientras yo retorcía el dedo dentro de su
ojete.
Roque ya tenía el lubricante en la mano y se estaba untando
la polla mientras yo le metía el dedo, entonces se acercó y yo fui a buscar la
boca del gordito. Aparte de que tenía ganas de que me la mamara quería verle la
cara cuando mi cuñado se la metiera por el culo. El tío abrió la boca y se la
dejó follar sin chupar, se le notaba nervioso mientras Roque le manipulaba el
ojete, entonces se colocó detrás de el y en un segundo supe que acababa de
clavarle el capullo porqué el gordito abrió la boca y contrajo la cara en una
mueca de dolor y sorpresa. Quería decir algo pero con mi rabo llenándole la boca
no se le entendía, como pudo se lo sacó y me lo agarró y empezó con la letanía;
Joder, duele tíos, no puedo, uf, uf, jodeeeeer, dejémoslo
tíos, no lo aguanto, ahhhg, sácamela, sácamela por favor...
Espera tío, ahora ya estás tienes abierto, ya has pasado
lo peor, aguanta un poco, no aprietes el culo y si ves que no puedes te la
saco – le mintió Roque.
Ñññña, ñññña, esto duele tíos, no podré, de verdad...
El gordito intentó incorporarse para zafarse del rabo que le
estaba dilatando el ojete, pero yo lo mantuve inclinado sujetándolo fuerte por
los hombros y Roque por la cintura. Su cara era un poema, apretaba los dientes,
resoplaba, sudaba y se retorcía de nervios. Nosotros le dábamos consejos como si
estuviera de parto, tranquilizándolo pero sin soltarlo. Por fin pareció
relajarse un poco, Roque le empezó a follar suavemente, apenas con el capullo y
le dijo;
Mejor no? Te gusta asi?
No sé tíos, me duele... uf, uf
Pero no te da gusto?
Un poco si – confesó – pero...
Ves tonto? – le dijo Roque – tu relájate y verás que
gusto te da.
La tengo toda dentro? – preguntó
El que? – Roque tenía ganas de jugar.
Joder tío la polla?
Ahhh, la polla, no, todavía no.
No me la metas toda por favor, ufff
Que no la meta donde?
Coño, en el culo tio, no me vaciles – grito el gordito
histérico.
No te vacilo, pero me gusta oírtelo, que te estoy
haciendo?
Me estas follando – contestó con un hilillo de voz sin
dejar de resoplar.
No, no, no, yo me follo a las putas, a los maricones como
tu, sabes que les hago? No? No?... Les rompo el culo!
Y antes de que el gordito reaccionara le clavó la polla hasta
los huevos arrancándole un grito de dolor. Me sorprendió la saña de mi cuñado
que me pilló desprevenido y casi se me escapa, el tío que se retorció como si lo
fueran a matar, pero lo sujeté con fuerza. El aullido se convirtió en un lamento
prolongado, boqueaba y gemía mientras Roque le bombeaba el culo, por un momento
me dio pena y estuve a punto de pedirle a mi cuñado que se la sacara, pero
entonces me di cuenta que el tío se estaba pajeando como un poseso. Vaya! Está
disfrutando pensé, y empecé a follarle la boca ya sin temer que me la mordiera.
El tío, con la camisa empapada de sudor y resoplando recibía la dos pollas en
sus agujeros mientras se la meneaba y no tardó en correrse, el error de siempre,
en cuanto los espasmos del orgasmo cedieron se saco mi polla de la boja y
pajeándome nos dijo;
Uf tios, correros ya, no puedo más...
Roque seguía bombeándole el culo, por la forma en que
ralentizó el ritmo entendí que no tenía intención de correrse todavía. Entonces
tuve ganas de hacer una maldad, aunque el gordito se había incorporado un poco
seguía resistiendo las embestidas de Roque con una expresión de fastidio.
Acerqué mi cara a su oreja y le susurré;
Todavía no, yo tambien quiero petarte el culo.
No, lo siento tío, yo tengo que irme si quieres te la
chupo.
Su aspecto era casi patético, casi de pié en calcetines y
zapatos y con la camisa arremangada, su capullo bailaba pringoso entre sus
piernas apenas asomando entre el vello púbico, las abundantes carne de sus
nalgas seguía bamboleaban también a cada movimiento de cadera de Roque, que le
arrancaba una mueca cada vez que se pegaba a ellas. Sin hacerle caso me agaché
para sacar un condón de mis bolsillos y me lo empecé a poner, mi roque reaccionó
sujetando al gordito por el pecho ya que cuando vio que me lo ponía puso cara de
susto y empezó a parlotear otra vez para que lo dejáramos, aunque su
preocupación no parecía ser la polla que tenía clavada en el culo. Lo hicimos
rápido sin dejarle reaccionar, mi cuñado se la sacó y agarrándolo por el cuello
lo hizo doblar otra vez sobre su cintura, el tío intentó zafarse sin acabarse de
creer que se lo fuera a hacer.
Venga tíos, ahora en serio, tengo que irme y además que
me duele el culo ya, coño suéltame te digo, que no quiero, joder! Oye, no,
que noooo
No pudo hablar más porqué mi polla estaba entrándole por el
agujero del culo, se la metí entera, no de golpe pero sin pausas, diría que se
la introduje. No le vehía la cara pero gritaba como un conejo asustado, le di
unos segundos para que se acomodará pero estaba muy caliente y enseguida empecé
a encularle sacándola casi entera y volviéndola a clavar, me encantaba aquel
culo, gordo pero joven y terso, sin un pelo, que temblaba con mis envestidas.
Roque le intentó meter la polla en la boca pero no pudo, el tío no dejaba de
aullar y emitir todo tipo de sonidos, le intentó tapar la boca para no llamar la
atención, pero seguía gritando que parara, que lo soltáramos, que le estábamos
haciendo daño...
Fue otro error por su parte, porque no estábamos solos en el
parque, pronto apareció un tío bastante joven con pinta de gárrulo que se puso a
pajearse mirándonos. Tendría unos 25 años y un buen cuerpecito, feote pero
varonil, con tatuajes y pearcings se la cascaba lentamente sin decir nada, pero
sin quitarnos el ojo. Tanto a Roque como a mi nos gustaba exhibirnos así que no
le dijimos nadada, ni a él ni al siguiente tipo que llegó. El último era lo que
llama un oso, si el que nos estábamos follando era gordito, este era
directamente una foca, alto, obeso, con barba y bigote y unas manazas como palas
cubiertas de pelo negro que se prolongaba por sus brazos hasta donde las mangas
arremangadas dejaban ver. Se acercó al chaval y le sobó el culo, pero éste, sin
mirarlo, le apartó la mano.
Entonces el gordito se dio cuenta que teníamos publico y se
revolvió una vez más, supuse que no le apetecía que lo vieran tomando por el
culo, pero de repente empezó a decirles;
Ayúdenme por favor, me están violando, por favor,
ayuda...
El chaval no se inmutó pero el oso vino hacia nosotros y se
puso a mirar como me lo follaba. Por un momento temí que tuviéramos un problema,
aunque no se podía decir que lo hubiéramos violado, si que lo estábamos forzando
y por lo que parecía se había cansado de nuestro juego. Por suerte el oso se
inclinó sobre la cara sudorosa del gordito y le dijo;
Pues más vale que te lo tomes con calma porque cuando
este termine te la voy a meter yo – y señalando al chaval añadió – y este
chico si quiere también.
No se de donde sacó las energías, supongo que del pánico,
pero el gordito se zafó de Roque y cayó al suelo desclavándose de mi polla. No
le sirvió de mucho porqué el oso le cayó encima y sujetándole las manos le soltó
dos fuertes bofetones. Roque y yo tardamos un segundo en reaccionar pero
enseguida no echamos sobre ellos, aquello era demasiado;
Déjalo tío, no te pases, a hostias no! – le grité.
Como que no, ahora que tu ya has follado nos toca a los
demás y él se portará bien, verdad? – le dijo sin soltarle las manos.
El gordito nos miraba con ojillos de rata asustada casi a
punto de echarse a llorar, tirado en el suelo, casi desnudo y sujeto por aquella
mole estaba patético.
Y aquí dejo mi relato por hoy, es tarde y todavía queda una
buena parte por contar de esa noche, además me temo que me está quedando
demasiado largo y tengo miedo de hacerme pesado, prometo terminarlo.