Entre en la disco y mi mirada rápidamente se paseó por la
peña. Paso de la música y el baile y demás, yo estoy a lo que estoy, como mis
amigos, especialmente a esas horas. Una copa en la barra, y a ver cómo está la
caza del lugar.
Había una tipa realmente macizorra en la barra, pero estaba
rodeada de moscardones, mientras sus dos amigas quedaban en la sombra. Sería
fácil. Esperé a que las tres saliesen a bailar y a medida que la cachonda (Alba)
se libraba de los moscardones, yo me dejé caer a bailar con una de sus amigas
(Sonia). De ahí a empezar a bailar un poco con las tres sólo hubo un paso, y de
ahí a acercarme a Alba sólo hubo otro.
Tres frases sencillas y apropiadas, y estábamos ante la
puerta de su piso de estudiantes. Yo ya tenía mi mano bajo su breve minifalda,
acariciando a placer el culazo que la rubia se cargaba. Todos los hombres de la
disco lo habían deseado, pero yo era el que podía aprovechar su suavidad entre
mis dedos.
Con dificultad, debido a que mis manos complicaban sus
movimientos, ella logró abrir la puerta, y caímos en el interior del piso entre
risas y besos con lengua. ¡Como sabía besar esa mujer, impresionante! Pero eso
no era lo que me intresaba de ella, así que la desnudé con rapidez y, tras
acariciar brevemente sus pechos suaves y grandes, la empujé por los hombros para
que se agachase. Se resistió un poco, pero entre lo borracha que estaba y mi
superior fuerza pronto la tuve agachada ante mi.
Su mano abrió mi pantalón con rapidez y habilidad, olvidadas
ya sus reticencias iniciales, y sacó el pene al que se quedó mirando por un
momento. Así que puse mis manos en su nuca y le indiqué el ritmo al que debía
ir, directamente. Y lo hacía bien, ciertamente, succionando con fuerza y jugando
con su lengüita alrededor de mi glande. Sus dientes aparecían de vez en cuando,
dando un poco de dolor que se transformaba en un placer indescriptible.
Sólo la detuve cuando estuve a punto de correrme, porque no
estaba dispuesto a desperdiciar una hembra como Alba en una simple mamada. Así
que la enderecé y la empujé sobre el sofá más cercano, sobre el que cayó con
poca gracia. Me lancé sobre ella y en cuestión de segundos ya estaba desnuda.
¡Realmente estaba buena, la muy cabrona!
Me coloqué entre sus piernas y se la dejé ir hasta el fondo
de golpe. Su grito fue un poco gemido de placer al mismo tiempo, pero no le di
tiempo a recuperarse sino que me dediqué a entrar más y más rápido en su
interior. Había descansado brevemente entre desnudarla y tirarla, y eso me dio
el aguante necesario para estar dándole caña unos cuantos minutos.
Me detuve de nuevo al borde del orgasmo y la di la vuelta, y
ya en cuatro procedí a penetrar de nuevo su vagina. Pensé en darle por culo,
pero estaba demasiado excitado habría aguantado muy poco. Le estuve dando caña
unos minutos más antes de, en un último acceso de urgencia, sacarla de su coño y
echarlo todo sobre su culo.
Me senté unos segundos sobre el sofá a recuperar el aliento y
procedí a vestirme. Ella comenzaba a moverse y me miraba a los ojos, aunque no
supe realmente qué quería decirme.
Sólo cerré la puerta y me marché. Era otro fin de semana de
juerga más.
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