Eso
Capítulo X
Como el viernes era el Día del Profesor, jornada en la que no
se hacía otra cosa que mirar a la pizarra mientras los profesores bebían cava en
sus despachos, el jueves apuntaba a ser una gran fecha en su calendario.
Acudió a clases con normalidad, donde tuvo un nuevo encuentro
con Marta, que le especificó la hora y el lugar donde quedarían antes de entrar
al local. No prestó mucha atención a nada, ni siquiera al profesor de
matemáticas cuando le recriminó delante de toda la clase su examen en blanco,
obteniendo como única respuesta una mirada curiosa.
Ya en casa estuvo toda la tarde en tensión, se relajó un poco
cuando recibió una llamada de Estela, en la que le avisaba de que si cualquier
cosa salía mal, tan solo tendría que marcar su número de móvil y la tendría ahí
en dos minutos. Esa sensación de "tener la espalda cubierta" le reconfortó
significativamente.
Se duchó, acondicionó cada milímetro de su piel, pelo y ropa,
poniéndose lo mejor que tenia para ese tipo de situaciones, algo que nunca le
habían visto porque no había tenido la ocasión de lucirlo. Llevaba sus mejores
zapatos, dinero en la cartera, el teléfono móvil, y, por obligación familiar,
dos preservativos guardados.
A la hora convenida y tras cenar un par de sándwich, cogió
sus bolsas y llamó a un taxi, que le dejó en el sitio donde ya empezaba a
reunirse parte del grupo que estaba invitado. Conocía a muchos, a otros no los
había visto en su vida... Tuvo el grandísimo placer de coincidir con Ana. Esta
le saludo vagamente, pero él, animado, le dio dos besos.
-Bueno, como cuando éramos niños ¿No? –Dijo él, intentando
parecer dicharachero.-
-Sí... Algo así... –Ella le miró a los ojos, Raúl sintió el
terrible deseo de acunarla. La vida no había tratado muy bien a Ana, su padre
había muerto de un ataque al corazón hacia varios años, ambos habían estado muy
unidos en esa difícil etapa.- Me gustan tus pantalones.
-La ocasión merece sacar las mejores galas... –Puso tono de
circunstancia.- Es lo que tenemos que hacer los que no somos guapos de
nacimiento, por eso no tienes ese problema.
Ante su pobre, pobrísimo, intento de piropo, Ana no pudo más
que soltar una pequeña carcajada, le miró divertida, Raúl no pudo más que pedir
clemencia con una significativa mirada.
-Hacía mucho que no intercambiábamos más de tres palabras.
–Apuntó ella.- Es una lástima, no sé, supongo que no han surgido oportunidades.
-Nos quedan grandes recuerdos de la infancia. –Apuntó él, que
se había visto tentado a decirle a Ana que si no habían hablado era porque ellas
no habían querido.- Aunque lo de hablar más lo podemos solucionar, no sé,
¿Tienes correo electrónico? ¿Móvil?
Ella sonrió, entre divertida por el nerviosismo del joven y
preocupada por que sus únicas formas de hablar con una chica fueran tan
"clásicos". Pese a todo, intercambiaron datos, Raúl ya conocía su teléfono desde
hacía tiempo, pero ahora tenia permiso para llamarla, mandarle mensajes de
texto... Era una gran puerta que se abría ante él. Mientras esperaban a Marta,
que se retrasaba como si en vez de una fiesta, estuviera celebrando una boda, se
habían formado algunos corrillos de personas, hablaban sobre los regalos, la
hora a la que se marcharían...
-¿Qué le has comprado? –Dijo Ana, señalando a las tres bolsas
que llevaba colgadas del brazo.-
-Bueno, no ha sido una decisión fácil... –Suspiró él.- Pero
me decanté por algo de ropa.
-¿Sabes sus tallas?
-Necesité ayuda femenina.
-Entiendo. –Parecía una excusa válida, al parecer, Estela no
era la única que pensaba que la idiotez de los hombres iba adherida en sus
cromosomas.- Bueno, supongo que le gustará, Marta no ha cambiado mucho de estilo
en estos años.
No pudo evitar pensar en que se refería a que ella no había
tenido que enfrentarse a la perdida de uno de sus padres y el consiguiente
cambio de vida.
-¿Qué tal está tu madre? –Preguntó inocentemente.-
-Bueno, ahí está, ahora le ha dado por hacer yoga... –Ana
suspiró, como si considerara eso ridículo.- Se acuerda mucho de ti, te
sorprendería la de veces que me dice "¿Dónde está ese chico tan guapo con el que
jugabas?"
-Vaya... –No pudo evitar sonreír, la madre de Ana siempre
había sido muy amable con él.- Hay cosas que no cambian...
-¿Qué tal tus padres? –Preguntó ella, deseosa de no hablar
más de su familia.-
-Bueno, desde que se "jubilaron de sus hijos", vivo con mi
hermana, no sé si te acordarás de Laura...
-Claro que sí, la veo muy a menudo, hablé con ella ayer
mismo.
-¿En serio? –Tuvo serias dudas sobre como habían coincidido
Laura y Ana.-
-Sí, bueno, ella siempre fue como una hermana mayor, a veces
la llamo y eso...
Raúl se sintió profundamente traicionado, durante años había
estado esperando, en las actividades de grupo, de clase, tener algún tipo de
contacto con Ana, que siempre se le había hecho mucho más inalcanzable que
Marta, y eso ya era decir, teniendo ahora la noticia de que entre ella y Laura
había una relación tan nutrida y relajada. No pudieron hablar más, porque justo
en ese momento llegó Marta con un par de sus amigas.
Ana llevaba un conjunto precioso de falda y blusa, remarcando
su bien más genuino, su escote. Marta en cambio, llevaba un precioso vestido de
gasa, perfecto para esa noche tan especial. Les dejaron entrar por la puerta VIP
del local, realmente el reservado era para las grandes ocasiones, solo estaban
los del cumpleaños, tenían barra libre, y no tenían que aguantar los
apelotonamientos y los agobios de las salas normales.
-Felicidades Marta. –Le dio dos besos en las mejillas y le
entregó sus bolsas con los regalos.- Hoy estás preciosa.
-Gracias Raúl, tu tampoco estás nada mal. –Ella dejó
aparcadas las bolsas, había un momento especial en la noche en el que abriría
todos los regalos juntos.- Me debes un baile, no se te olvide.
El ambiente era bastante bueno, a las bebidas se sumaban unos
aperitivos excelentes, la música no estaba muy alta, por lo que se podía hablar
sin tener que gritar demasiado. La sala quedó ocupada por unas 30 personas, dos
tercios de ellas eran chicas. Pronto empezaron a bailar en la gran pista, que
estaba al lado de las pequeñas mesas donde apoyaban sus bebidas, aparte de la
barra. Raúl estaba algo distraído, tanto que no se dio cuenta de que varias
chicas le hacían gestos de salir a bailar, indirectas genuinamente femeninas,
que escaparon de su limitada capacidad de observación.
Por el hecho de que las mesas estaban justas para cada tres,
tuvo una animada conversación con una chica pelirroja, nueva en el instituto ese
año pero con la que no había hablado ni una sola vez, sobre como los jóvenes se
dejan guiar por la simplicidad de la cultura.
-Mira, si en la televisión saliera el tío bueno de turno
diciendo que todas nos tenemos que suicidar, habría miles que lo harían. –Dijo
ella, blandiendo su vaso frente a Raúl.-
-Bueno, generalizando, es verdad, pero hay casos, hay
personas que piensan por si mismas. –Él levantó su botellín de cerveza.-
-Con eso me das la razón, si la mayoría de los jóvenes son
así, entonces podemos decir que "los jóvenes son así". –Apuró un largo trago de
su combinado de limón con Martini.- Vivimos en un mundo de mayorías.
-Ponme un ejemplo. –Retó él.-
-¡Ja! Estamos rodeados de ellos. –Señaló con uno de sus
largos dedos hacia el otro lado de la sala.- Mira, todas las vampiresas sin
dignidad, haciendo cola por un poco de atención.
En el otro lado de la sala estaban seis de los chicos que
habían sido invitados, a su alrededor, como un enjambre, más de una docena de
chicas, con cara de simples, mirándolos atentamente, como si fueran algo
fascinante. Lo más curioso de todo es que las chicas, al unísono, reían,
asentían, o decían alguna frase ocurrente, intentando llamar la atención.
Realmente los jóvenes estaban un poco faltos de expresión...
-Bueno, pero, mira hacia allí. –Raúl señaló con los ojos
hacia la barra, donde Ana, al parecer la única que escuchaba la música, seguía
el ritmo con la cabeza, cerrando los ojos con concentración, ignorando la
muchedumbre que pasaba a su alrededor.- Ella está siendo independiente y
original.
-Tan solo la excepción que confirma la regla. –La pelirroja
se rió, mostrando una hilera de dientes blancos.- Por cierto, me llamo Nadia.
-Encantado Nadia, ante usted el joven, luego poco original,
Raúl, a sus pies, señorita.
Nadia rió las caballerosidades de galán de telenovela que
Raúl había improvisado.
-No sé, eso también podría considerarse una excepción.
–Dictaminó ella.- Para ser normal tendrías que rascarte la entrepierna mientras
gruñes, mirándome el escote.
-Eso se puede arreglar. –Raúl, sin pudor, llevó su mano libre
hacia su entrepierna, dirigió sus ojos el escote de Nadia, y abrió la boca, como
esperando que se derramara un hilo de saliva.- ¿Ya soy normal?
-No, no es tan fácil. –A duras penas hablaba por encima de
sus risas.- Aunque es un avance.
Estuvieron hablando un largo rato más, Nadia era una persona
extrovertida, aunque para llegar a ese punto había que romper una gran capa de
hielo, Raúl supo que de no ser porque les habían puesto en la misma mesa y el
tercer miembro había desaparecido a las primeras de cambio, nunca habrían
hablado. Físicamente, Nadia era pelirroja, tenia alguna que otra peca diseminada
por las mejillas, pero eso sin quitarle ni un ápice de belleza, era de estatura
media, tenia los ojos de color pardo y el pecho suficiente para llenar una mano
grande.
Su conversación la interrumpió Marta, que, con un micrófono
en sus manos, les dio las gracias por haber acudido a la fiesta y les anunciaba
que iba a abrir sus regalos. Se formó un corrillo frente a la mesa donde habían
quedado amontonados los paquetes.
-¡Primero el mío!, ¡Primero el mío! –Ana dio pequeños
saltitos con un entusiasmo que a todas luces, era fingido, Raúl sonrió
ligeramente mientras miraba a otro lado.-
-Vale, el de Ana... Veamos que... ¡Oh! ¡Eres...!
El regalo resultó ser un grandioso y bellísimo álbum de
fotos, todas y cada una de ellas con dedicatoria, palabras amables, poesías...
Era un regalo de los que se veían pocos en esos días, un regalo que rozaba lo
perfecto.
-Me costó unas buenas semanas recopilar todas las
fotografías, pero ahí están... –Ana la quitó importancia a la emoción que había
cubierto el rostro de Marta.- Todas nuestras juergas de la infancia... ¡Qué
tiempos!
Después de que Marta le diera dos sonoros besos en la mejilla
a Ana, esta siguió con los regalos, dado que la gente empezaba a impacientarse.
Pronto empezó a amontonarse el papel de envolver, quedando la mesa repleta de
los obsequios. Hubo una ingente cantidad de peluches, perfumes, música, zapatos,
algún que otro sobre con dinero, un par de pantalones, un único libro –Regalo de
Nadia, y que contenía la traducción de los libros que mandarían los profesores
de inglés los próximos cursos, un tesoro.- y muchas cosas más. A la mitad del
camino aproximadamente llegó a los de Raúl.
-¡No me lo puedo creer! –Se puso a dar saltitos sosteniendo
entre sus manos uno de los conjuntos que le había comprado.- Lo vi en la tienda
hace unos días, tenia pensado comprármelo este fin de semana... ¿Cómo lo has
sabido?
-Eh... Yo... –No pudo evitar sonrojarse, lo que levantó las
risitas de los que estaban más cerca y se dieron cuenta.- Bueno, no sé, pensé
que te gustaría...
-¡Que se lo ponga!, ¡Que se lo ponga! –Comenzaron a corear un
par de chicos, provocando las risas de los demás.- Venga, póntelo, que no
miramos...
-Aún no he bebido suficiente. –Dijo Marta entre risas
mientras devolvía la ropa a la caja original.- Quizás más tarde...
Cuando levantó la bolsa para introducir las cajas, cayó una
cajita, Raúl se sorprendió de que había olvidado el colgante.
-Ah, sí, ese es otro regalo. –Aclaró él.- Te gustará, lo sé.
A simple vista no era más que un bonito colgante de una
mariquita, pero Marta manifestó su encanto cuando sus ojos se llenaron de
lágrimas. Raúl había recordado un episodio de su infancia, cuando Marta, muy de
niña, había adoptado varias mariquitas, que había tratado como mismísimos reyes,
obviamente, todas murieron, causándole la mayor tristeza que él recordaba
haberla visto sufrir.
-Te has acordado... –Farfulló ella, intentando que las
lágrimas no cayeran.- Eres... Eres tonto...
Tonto sí, pero se llevó un abrazo similar al de Ana, seguido
de dos besos, en los que, como regalo adicional, sintió el tibio contacto de una
de sus lágrimas. Raúl voló hacia el mundo lejano de la felicidad, del que se vio
devuelto a causa del rubor que le causaron unas palabras de Nadia.
-Disimula un poco, Don Original, que estas a punto de babear,
y ni siquiera le has mirado el escote.
Raúl se serenó, fulminó con la mirada a Nadia, pero no pudo
evitar reír sonoramente, y ella le acompañó en sus carcajadas. Cuando terminaron
de abrir todos los regalos, siendo el último un paquete con forma
sospechosamente ovalada y que empezó a vibrar en cuanto lo tocó, provocando unas
escandalosas risas del grupo y un enrojecimiento en ella, hubo otro pequeño
discursito, en el que se intercambiaron palabras emocionadas y de
agradecimiento.
-Solo me queda una cosa que deciros... ¡A beber y bailar toda
la noche! –Exclamó ella, provocando una salva de aplausos.-
La música subió de volumen, las luces disminuyeron de
intensidad, dejando paso a las luces propias de un local de esas
características. El alcohol corría por todas las mesas, Raúl iba ya por su
segundo botellín de cerveza, como de costumbre, era el que menos bebía. Bailó
poco, tan solo con Nadia y con un par más de chicas a las que apenas conocía, le
cohibía mucho eso del baile, pero pronto se le fue pasando a raíz de los
comentarios de las chicas "Lo haces muy bien", no le importó creérselos o no,
simplemente siguió bailando con una sonrisa.
-Voy a por otra cerveza, lo siento. –Se excusó él, porque un
par de chicas ya le hacían proposiciones de ir a bailar, pese a que estaba
sediento y agotado.-
Entre las personas que estaban en la barra se topó con Ana,
que acababa de ir, igual que él, para buscar una nueva bebida.
-¿Qué tal la noche? –Preguntó él, mientras encargaba otra
cerveza.-
-No está mal.
-¿Echamos un baile?
-¿Aún tienes ganas?
-Si es contigo... Sí, desde luego.
-Eso hay que verlo.
Abandonaron sus nuevas bebidas en la barra y llegaron a la
pista, atravesando la línea de personas que iba contracorriente. Al principio se
miraron, Ana soltó una carcajada, parecía contenta. Empezaron a bailar, no
prestaban mucha atención a su movimiento, tan solo se miraban, reían, o,
incluso, señalaban a otros para reírse de cómo lo hacían, pese a todo,
estuvieron un buen rato en la pista, haciendo algo parecido a bailar, pero esos
largos minutos les unieron mucho, o, por lo menos, llenaron de cemento la gran
zanja que los separaba.
Pero la noche aún tuvo otros momentos interesantes. Como
forma de descansar un poco y refrescarse, hicieron una pequeña parada en el
baile para tomar algo de tarta, el dulce despejó sus alcoholizados paladares.
Las personas fumadoras ya habían creado una pequeña cortina de humo ahí donde se
quedaban, afortunadamente, el sistema de ventilación del local era muy bueno.
-Bien, bien, bien... –Dijo Marta, de nuevo con su micrófono.-
Ahora ha llegado el momento más esperado, el de las lentas...
Hubo sentimientos encontrados en la sala, algunos abuchearon
la idea, otros la aplaudieron, pese a todo, la mayoría salió a la pista,
apresurándose las chicas a buscar a uno de los escasos chicos. Raúl se hacía el
loco, no podría aguantar un baile agarrado... Su debilidad de principios se vio
puesta de manifiesto cuando Ana le agarró de la camisa y le obligó a entrar en
la pista.
-Vamos, una mano por encima del trasero, y ojito. –Dictaminó
ella, amonestándole en broma.-
Literalmente temblaba, cosa que Ana notó, pese a todo, no
estuvo mal. La cabeza de Ana reposaba sobre su hombro, estaban bailando, sí,
bailando, de verdad... La canción, que él recordó como Everything, del grupo
Lifehouse, era la perfecta para esa ocasión. Su mano permanecía rígida a una
casta distancia del trasero de Ana, ella a veces se reía en voz baja, una risa
sincera y bondadosa. Por un momento, recordó esos veranos cuando, de niños,
bailaban en las fiestas de la ciudad, del colegio... Para esos entonces ella aún
era una persona íntegra y feliz...
-Vaya... –Ambos se miraron cuando la larga canción concluyó.-
No ha estado mal, ¿Verdad?
-Perdón, perdón... –Marta le pasó una mano por la cintura a
Ana.- ¿Me lo prestas? Es que me debe un baile.
-Claro que sí, cumpleañera, cóbrate tu deuda, y cuidadito con
él, que se le van las manos. –Las palabras de Ana provocaron un ligero
cohibimiento en Raúl, pero se sintió reconstituido cuando les dejó, acompañados
de una sonrisa.-
No tuvieron tiempo para preámbulos, dado que la nueva canción
comenzaba. La estrechó hacia sí, y, como en el caso de Ana, sentir sus senos en
su pecho era más que un atractivo sexual, si se concentraba, si olvidaba la
música y el baile, incluso podía notar como latía su corazón, ¿Seria consciente
ella del suyo? Decidió no darle importancia a eso y paladeó el momento. Se tomó
el lujo de acariciar la espalda de Marta con la mano que mantenía sobre su
trasero. Aspirar su perfume, mucho más intenso que el ocre olor a tabaco. Habría
deseado que ese momento no terminara, pero una de sus amigas desalmadas se la
robó cuando aún quedaban unos segundos de canción.
Nadia la suplió, y se sorprendió de comprobar como la mano de
esta había aterrizado en el epicentro justo de su nalga derecha. Sus mejillas
estaban notoriamente sonrojadas, pero no fruto de la vergüenza, sino del
alcohol.
-¿Vamos a lo que vamos, no? –Rió ella, sin darle
importancia.-
Con Nadia bailó lo que quedaba de esa canción y dos más,
después, sediento, fue a la barra, donde se bebió otra cerveza de dos tragos. Su
mente era un crisol de sentimientos, pensamientos y emociones... Por un momento
incluso había tenido la idea de retenerlas entre sus brazos, decirles, en la
pista, todo lo que sentía, pero... Que estupidez, eso solo sucedía en las
películas.
Capítulo XI
La fiesta seguía su curso, no miró al reloj en ningún
momento, pero supuso que serian las dos de la mañana o así. Algunos de los
invitados ya se habían ido, quedaban alrededor de una docena de personas, 4
chicos y 8 chicas. Cuando ya hubieron bailado todos con todos varias veces,
incluyendo un baile en el que los chicos, como protesta por ser explotados en la
pista, se pusieron a bailar entre ellos, Marta volvió a coger el famoso
micrófono.
-La noche está siendo maravillosa, realmente debo daros las
gracias, estáis haciendo de esta noche la más...
-¡Don Chupito! –Vociferó uno de los chicos.-
Los que quedaban prorrumpieron en exclamaciones de apoyo. El
Don Chupito era un juego-bacanal, una fusión del famoso "Verdad, atrevimiento y
beso" y el de la "Botella" en el que, aparte de una prenda, había que tomarse un
chupito cara vez que te tocaba. Marta, con sus famosos saltitos, aprobó la idea.
Pronto estuvieron todos sentados en circulo, los dos camareros les observaban
detrás de la barra, habían preparado dos largas hileras de vasos de chupito,
llenos de tequila, ron...
-Bueno, que empiece la cumpleañera. –Dictaminó el grupo.-
Hizo girar la botella, que osciló tenebrosamente hasta
detenerse frente a uno de los chicos.
-¡Beso! –Dijo él de inmediato.-
-Tienes que... –Empezó Marta, con una sonrisa pícara.- Darle
un beso a la persona de tu derecha.
Obviamente, la persona de su derecha era un chico, ambos se
miraron y se apartaron, asqueados. Su camisa voló de inmediato, así como su
chupito de tequila, que tomó con limón y sal. La botella giró, y le tocó a
Nadia.
-Beso. –Musitó ella, desafiante.-
-Tienes que... –Él sonrió socarronamente, copiando las
palabras de Marta a su favor.- Darle un beso a la persona de tu derecha.
Obviamente era una chica, una de las que Raúl no conocía, de
piel morena y ojos muy perfilados, ambas rieron antes de darse un beso, un pico.
-No, no, ¿Qué mierda es eso? –Gruñó él.- Tiene que ser un
beso en condiciones.
-Vale, vale, lo que diga el señor... –Nadia y la otra chica
asintieron, antes de fundirse en un beso de varios segundos.- ¿Contento?
-Yo no, pero sé de una parte de mi cuerpo que...
-¡Cerdo! –Bramó ella, divertida, mientras se tomaba su
chupito, que agudizó su sonrojada tez.- Venga, que la hago girar...
La botella señaló a otra de las chicas, que escogió
atrevimiento, siendo Nadia de la crueldad de pedirle el sujetador. Pese a que la
chica podía haberse quitado una prenda cualquiera, el alcohol y el considerar
todo el grupo como de confianza hizo que accediera. La maniobra para despojarse
del sujetador era muy extraña para Raúl, la había visto muchas veces, pero, sin
embargo... Esa forma de sacarlo sin quitarse la ropa, era tan... Magnética...
-Bien, bien... –La chica zarandeó un sujetador azul en sus
manos, al tiempo que se bebía su chupito, entrecerrando los ojos ante el
ardiente alcohol.-
La botella giró, y giró, y giró, hubo besos, muchos besos,
pero también pruebas como sostener con los labios un hielo en el escote de una
de las chicas hasta que se derritiera, el chico al que le tocó acabó todo menos
enfadado, la chica tampoco dio muestras de desagrado. Para la posteridad de su
calenturienta mente quedaría el casto beso entre Marta y Ana, algo que le hizo
tener serias dudas sobre si su amiguito de ahí abajo soportaría la espera.
Las prendas se amontonaban conforme pasaban los rápidos
turnos. El primer chico en quedar en ropa interior, dado que se negaba a besar a
otro chico, prueba recurrente, y que ya iba por su quinto chupito, fue el que
condenó a Raúl, hasta ese momento salvado de pruebas duras, habiendo perdido
solo la camisa. La botella le señaló de forma amenazadora.
-Elijo... –Dudó sobre la categoría.- Atrevimiento.
-Bien... –El chico, medio borracho, examinó al grupo.- Tienes
que quitarle el sujetador.
Como era costumbre en un grupo de jóvenes, y para alimentar
la teoría de Nadia, las pruebas se repetían debido a la falta de originalidad,
tanto que, de las ocho chicas, las únicas que conservaban el sujetador eran
Marta y Ana, curiosa coincidencia. En el caso de Ana, además, había perdido la
blusa al no poder aguantar treinta segundos sin reírse ante unas muecas del
grupo.
-¿Qué? –Su voz fue un hilillo.-
-Tienes que quitarle el sujetador. –Repitió él, muy
divertido.- Venga, que tenemos que completar el rosco.
Señaló a los seis sujetadores que ya tenia delante de él. El
grupo parecía muy animado frente a esa prueba, las otras veces habían pedido que
la propia chica se lo quitara, sin meter a segundas personas.
-¿A cual de ellas? –Preguntaron algunos.-
-Ana... –Dijo él borrachín.- O Marta, no sé... ¿Cuál queréis?
-¡Las dos! –Vociferó Nadia de pronto, ganándose una mirada
mortuoria por parte de Raúl.- ¡Las dos!, así no hay discriminación.
La idea fue aceptada, y Raúl, que ni loco se iba a quitar los
pantalones, dado que, pese a no estar completamente despierto, su amiguito
podría levantarse a saludar en cualquier momento. Con pesar, fue hacia Marta,
llevaba un vestido de gasa, por lo que portaba uno de esos novedosos sujetadores
sin tirantes. Su ropa interior era parte del vestido, y sin ella, la
transparencia iba a ser más que evidente.
-Las chicas no le podéis ayudar. –Dictaminó el juez.- Si lo
hacéis, os quitará también las braguitas... Algo que no me molestaría ver.
Raúl se tomó su chupito antes de entrar en faena le temblaban
las manos, y le temblaron más cuando escuchó el susurro de uno de los camareros,
que habían estado observando tras la barra atentamente durante toda la noche.
-Lo siento... –Le dijo a Marta, pero esta parecía muy
divertida.-
Bajó los tirantes del precioso vestido de la anfitriona,
acarició su piel en el proceso, desnudando sus hombros. Cuando el sujetador
quedó plenamente frente a sus ojos, sobrevino lo peor.
-Se abre por delante... –Advirtió Marta.-
Nadia y el resto del grupo lloraban de la risa ante el
azorado Raúl, que estaba al borde del estado de coma. Marta también se reía de
lo lindo, incluso Ana, que contenía su risa, esperando su turno.
-Me parece que vas a tener que quitarte los pantalones.
–Observaba una de las chicas, fijando su mirada en sus partes nobles.- Lo
lamento...
-Venga. –Dijo el chico que había encargado la prueba.- O lo
haces o no, pero ya...
-Lo hago, lo hago... –Prefería eso a mostrar signos de
desarrollo fisiológico.-
Se inclinó frente a Marta, que le miró a los ojos, riéndose a
carcajadas poco después. Respiró hondo para contener la respiración, dado que
con el sube y baja del vientre, era imposible acertar al pequeño cierre. Sus
dedos resbalaron por el contorno de los senos de Marta, el sujetador era suave,
muy suave. El grupo observaba silenciosamente, Raúl contenía el aire. El cierre
se resistía a los dedos ausentes de Raúl, finalmente, dispuesto a abandonar ese
juego, apretó un poco más, lo que implicó tener que acariciar plenamente los
senos de Marta, el cierre cedió.
-Ellas no pueden moverse, no te olvides, tienes que colocarla
tú, hasta que no le hayas quitado el sujetador por completo... Si enseña algo...
Bueno, cosa tuya...
-Sí, sí... –Replicó él.-
Con suavidad fue desprendiendo el sujetador de los senos, al
tiempo que le colocó los tirantes. Una vez tapada de nuevo, introdujo sus manos
por el vestido, provocando un escalofrió y una risita tímida de Marta. Se izó en
su mano el rebelde sujetador, que exhibió como un trofeo. Todos estallaron en
aplausos.
-Venga, el otro, el otro...
-Pero... Es que no lleva otra cosa... –Se quejó él.-
-La ley es la ley... –Dictaminaron, entre ellos Marta, cuyos
pechos se veían totalmente a través del vestido de gasa, incluidos sus rosados
pezones, rígidos.-
-Ana... ¿Te importa?
-Tu hazlo. –Ella le quitó importancia, aunque en sus ojos
había preocupación.-
Raúl por el camino se tomó un nuevo chupito, dándole el suyo
a Marta, que lo apuró de un trago. Agradeció que este cierre fuera por detrás,
más fácil de quitar. Examinó la espalda de Ana, su piel, pálida, no tenia ni una
imperfección, acarició disimuladamente el contorno del cierre, provocando que
Ana se irguiera. El sujetador también tenia su problema, el pecho de la chica
era mucho más grande que el de Marta, por lo que había más presión, corría el
riesgo de que en cuanto desabrochara el cierre, gran parte de sus senos quedaran
al descubierto.
-Venga, joder, que al final me voy a empalmar... –Dijo uno de
los chicos, provocando risitas ahogadas.-
La frente de Raúl estaba surcada por gotas de sudor. Volvió
la frente a Ana y la miró a los ojos, ella parecía decirle con la mirada que no
pasaba nada, que lo hiciera, así que se decidió. La única forma que se le
ocurría, quizás no la mejor, era hacer un sándwich. Le daría una especie de
abrazo a Ana, como cuando bailaban, y le quitaría el cierre, una vez libre del
sujetador, colocaría las manos de esta de forma que cubriera sus senos.
La idea era buena, pero en la práctica...
Le pidió que se levantara, cosa que ella hizo, después,
ruborizándose, la abrazó estrechamente. Sentir el encaje del sujetador en su
torso le hizo sentir cosquillas en la entrepierna. Miró a los ojos de Ana otra
vez, le pidió con una mirada que no se moviera. Sus manos acariciaron la espalda
de Ana hasta encontrar el cierre, que cayó en pocos segundos. Efectivamente, la
presión de sus voluminosos senos era mayor.
Hasta ese instante no fue consciente de la situación, para
quitar el sujetador tendría que tocar todo su pecho, y, lo que era más violento,
una vez fuera, sus senos quedarían apretados contra su torso desnudo, en pocas
palabras, tendría las tetas de Ana apoyadas contra él. La idea empezó a bombear
sangre a su entrepierna, él calor aumentó, y se puso mucho más nervioso.
Decidido a terminar, empezó a sacar el sujetador. No tuvo muchos miramientos, y
pese a que estaba temblando y Ana lanzó varios suspiros sospechosos, tuvo que
tocarlo, casi todo, un tacto suave, así debían ser las nubes...
Los pensamientos empezaron a derivar, y ahí se vio, rodeado
de una docena de personas que le miraban en silencio mortal, esperando
cualquiera de sus movimientos que dejaran a entrever alguna cosa. Al retirar el
trozo de tela, los pezones de Ana le acariciaron, y fue el último empujón que le
faltaba. Abrazados tan estrechamente, era imposible que ella no lo hubiera
notado, se le vino el mundo encima, hizo ademán de retirarse, quería correr,
pero ella se lo impidió.
-Tienes que taparme. –Le recriminó, pese a que se había
sonrojado tanto como él, y eludía mirarle a los ojos.- No me vas a dejar así...
-¡No la tapes!, ¡No la tapes! –Vociferó uno de los chicos.-
Pero él decidió que tenia razón, cogió una de las manos de
Ana, y esta se la estrechó, tuvo la sensación de que casi con ansia, quizás
quitándole importancia a lo de su erección, o a que estuvieran desnudos de
cintura para arriba, acariciándose mutuamente. Condujo el brazo de Ana hasta su
pecho, y los tapó. Al hacerlo había tocado uno de los pezones de Ana, creyendo
notar que su vientre había oscilado, fruto de un extraño reflejo. Se apartó de
ella, totalmente rojo, con la frente perlada de sudor, Ana tapaba sus pechos son
su brazo, también estaba ligeramente sonrojada.
Así, sin ropa de cintura para arriba, era apetecible,
bellísima... Raúl le pasó su chupito, caminando encorvado, para que no se notara
su gran proceso fisiológico. Obviamente, todas las chicas lo notaron, por lo que
las risas y los aplausos volvieron a estallar, incluso detrás de la barra.
Raúl permaneció totalmente rojo el resto de la noche. Pero el
juego continuó, había mucho masoquismo en el espíritu juvenil. Después de
reponer las existencias de chupitos, la botella giró, y volvió a girar. Casi
aposta, las chicas iban perdiendo las pruebas. Entregando la más osada, Nadia,
su falda, lo que mostró un curioso tatuaje en la cara interna del muslo, Raúl
fue consciente que solo lo había visto él, a causa de que la chica estaba justo
a su lado.
Los chicos habían perdido todo tipo de inhibición a causa del
alcohol y el ambiente, pronto los tres estuvieron en ropa interior, Raúl,
mientras tanto, defendía a capa y espada sus pantalones, algo que no le gustó al
resto del grupo, que se tomaron ponerle las pruebas más difíciles posibles, con
la intención de quitárselo.
-Bien, te vuelve a tocar, chico pantalones...
-Atrevimiento. –Raúl se mordió el labio, había estado
pensando todo el tiempo en decir verdad, que aún no se había utilizado en toda
la noche, pero se le había pasado, otra vez.-
-Bien, bien, pues vamos a tomarnos unos chupitos, al más puro
estilo tejano.
La chica que decidía la prueba se levantó hacia la barra, de
donde cogió el salero y las rajitas de limón.
-Todas las chicas os colocareis la rajita de limón en la
boca, la sal os la pondrá él con un lametón en el canalillo, y tiene que ser un
lametón, no vale otra cosa. Luego, el chupito, lo compartís.
-Eh, ahí hay muchas pruebas. –Se quejó él.- Lo de compartir
el chupito se puede considerar beso.
-Si no te gusta la prueba... –Ella miró a sus pantalones,
donde aún se dibujaba un extraño bulto.- Ya sabes... Como soy benevolente, te
dejaré que lo hagas en el orden que te salga de los mismismos.
Las ocho chicas se pusieron la rajita de limón entre los
labios, Raúl cogió el salero, y uno de los chicos llevó una bandejita con los
chupitos. Eran muchos chupitos... Con la primera chica fue un desastre. Lamió su
canalillo, vertió la sal, mordió el limón, se bebió el chupito, lamió la sal, y
"compartió" el chupito. La rajita de limón acabó en el suelo, la chica riéndose
consiguió que le saliera el chupito por la nariz... Raúl se enfrentó al resto
del grupo. Lo peor era que al tener que lamer su canalillo, las chicas quitaban
sus manos durante un instante, en el que sus pechos quedaban totalmente
desnudos, lo que no le ayudaba.
Nadia le jugó una mala pasada, ya que retuvo el limón entre
sus labios, obligándole a luchar por él con la lengua, así mismo, ella dio buen
uso de la suya. Lo que él tomaba como una tortura se estaba convirtiendo en un
juego erótico de dimensiones colosales. Pero lo peor fue cuando llegó con Marta
y Ana, no podía ni tocarlas porque las respetaba... Las respetaba y las quería,
pero tenía que hacerlo, su erección se había acentuado con la "pelea" de
Nadia... Y sus escrúpulos le impedían exhibirla ante todo ese público, pese a
que los otros chicos tampoco estuvieran precisamente relajados, él era así.
Los voluminosos pechos de Ana fueron acariciados por su
lengua al lamer el canalillo, ella lanzó un gemido silencioso. Mordiendo el
limón y compartiendo el chupito no se propasaron más... Era el primer beso que
le daba en mucho tiempo, y le entraron ganas de llorar, tantas que, al
escapársele unas lágrimas, tuvo que decir que le había saltado el limón. La
había besado, la había besado...
Cuando llegó a Marta la cosa se complicó más, ella conservaba
su vestido, al ser la anfitriona la habían respetado más con las pruebas, pero
eso impedía que el lametón fuera como el de las otras chicas, por lo que se
quejaron.
-El vestido abajo, maja.
Dicho y hecho, cuando los jóvenes pechos de Marta quedaron
ante sus ojos, se bloqueó, no supo que hacer, se le cayó el salero del miedo. El
exceso de chupitos en tan poco tiempo le tenía ligeramente mareado... Su lengua
pasó lentamente por entre esas dos peras del paraíso, acariciando una
sustanciosa parte de ellos por el camino. Compartir el limón y el chupito fue...
Creyó que el tiempo se detenía, que sería eterno desde entonces, el alcohol se
despejó de su mente, y, de nuevo, se le escaparon unas lágrimas, fruto de un par
de granos de sal, dijo él.
Las chicas limpiaron los restos de su prueba, Raúl se dejó
caer en su lugar del circulo, medio en el limbo. Eran las tres y pico de la
mañana, pronto tendrían que vestirse y dejar el local, que cerraba a las cuatro.
-Bueno... –Marta también tenia las mejillas sonrojadas a
causa del alcohol.- Dado que aquí parece no haber inhibiciones, podíamos hacer
un concurso.
-¿Cuál? –Dijeron algunos.-
-El beso más largo. –Comentó ella con un sonrisa pícara.-
-¿Con lengua? –Preguntó uno de los chicos.-
-Si la otra persona quiere... –Contestó.-
Las parejas se sortearon, como eran más chicas que chicos,
las chicas que estaban dispuestas a darse un beso largo, entre ellas Nadia, se
pusieron juntas. Los chicos resultaron encantados con la idea, y pronto
empezaron a presumir de viejas batallitas. Raúl quedó emparejado con Ana, pero
no pudo ni mirarla a los ojos.
-¿No quieres hacerlo? –Le preguntó esta, que aún se tapaba
los pechos con el brazo, dejando mucho a entrever.-
-Lamento mucho lo de antes... Lo de mi... –Señaló hacia su
entrepierna, donde aún daba coletazos su erección.- Me avergüenzo mucho de...
-Mira...
Ella le abrazó, tal y como habían hecho todos los demás,
esperando la señal de Marta. Pero hubo un ligero cambio, aparte del delirante
tacto de sus tetas sobre su torso, pudo distinguir sus pezones, que le tocaban,
totalmente erectos.
-No sé si debo avergonzarme... –Rió ella.- Las cosas están
como quieren estar...
-¡Ahora!
A la señal de Marta los labios de Ana se fundieron con los
suyos, como Raúl era más alto, ella tenia que erguirse, adquiriendo una postura
de princesa de cuento de hadas. Los brazos de Raúl la estrecharon, y los de
ella, acariciaron su espalda. Su beso al principio era estático, pero luego
cambió, por momentos era lento, después más apasionado, e, incluso, dejó intuir
lo que era su cálida lengua. Si a ese espectacular beso le añadían el hecho de
estar siendo acariciado por sus pezones, Raúl no tuvo reparos en que su erección
se volviera tremenda otra vez, Ana, por su parte, no puso muchos problemas, no
se movió ni un ápice, o, quizás sí, pero para estrecharse más.
No pudo evitarlo y otra vez se le escaparon un par de
lágrimas. Tenia los ojos cerrados, no sabia lo que pasaba a su alrededor, ni
siquiera sabia si seguía vivo, pero... ¿Realmente importaba?
Capítulo XII
Las cuatro y diez de la mañana trajo consigo la hora de los
despidos y los hasta luego. Se repartieron los taxis de la parada cercana, Raúl,
al vivir en la dirección contraria a la mayoría, tuvo que esperar a que viniera
uno más y cogerlo él solo. La brisa de la madrugada le daba directamente en la
cara, pero no sentía lo más mínimo ese frío húmedo, estaba en un paraíso mental,
era feliz, muy feliz...
El gasto económico que había hecho temblar a su cartera ya no
importaba, todo había sido poco, poco había sido todo... Quizás el no estar
concienciado que la realización de esos juegos "juveniles con alto contenido
erógeno" entrarían en el croquis de la fiesta, por lo que, si cabe, los había
disfrutado doblemente. Los chupitos se arremolinaban en su circulación
sanguínea, provocándole la dulce modorra que eso conllevaba. Reuniendo la poca
cordura que mantenía llamó a la central de taxis, pero no estaba conectada,
supuso que a esas horas los coches trabajarían por libre, llevándose a los
turistas juerguistas de un lugar a otro.
Estuvo esperando 45 minutos y no hubo ni rastro de un nuevo
taxi, maldijo en voz baja y se dispuso a irse andando, había un largo paseo,
pero ni aunque lloviera, nevara o se cayera el cielo a sus pies, podría dejar de
tener esa sonrisa radiante.
Ya en la puerta, al marcharse, se habían despedido todos de
todos como si fueran amigos de toda la vida, besos, abrazos, palmaditas en la
espalda, risas... Nadia era la persona que mejor le había caído de sus nuevos
conocidos, su desparpajo la hacía encantadora, y, además, conservaba el tinte
serio que él tanto apreciaba en algunos momentos.
Pese a todo, el alcohol empezaba a subírsele a la cabeza,
siempre había tenido los subidones de alcohol con efecto retardado y, lo que
antes era un puntito, empezaba a amenazar con perturbar su equilibrio.
Casi por efecto rebote, empezó a ver los mensajes del móvil,
había uno de su hermana, diciéndole que no estaría en casa esa noche, lo había
leído muchas otras veces, así que lo pasó, el otro que tenia era de Estela, en
el que repetía "Para lo que necesites, llámame." Dicho y hecho.
Ella no tardó más de diez minutos, llegó con su coche,
extrañada por tan atípica llamada. Llevaba puesto un pijama muy coqueto,
cubierto por una de sus chaquetas.
-¿Todo bien? –Dijo Estela, mirándole de arriba abajo,
centrándose en su enigmática sonrisa.-
-Nunca mejor... –Raúl se acomodó en el asiento del copiloto.-
La chica se sorprendió de recibir un beso en los labios, por
el sabor, pudo intuir que el alcohol no brillaba por su ausencia. Ella puso el
coche en punto muerto, y comenzó la narración de la gran noche de Raúl. Desde el
emotivo abrazo por el regalo, a sus coqueteos en la búsqueda del sujetador
perdido, el beso, los chupitos... Dijo cosas que eran intimidades, no las decía
él, sino el alcohol, pero Estela no le interrumpió, su lado sensato no era tan
fuerte como su curiosidad. Solo cuando Raúl se adentró mucho en lo que había
sentido al besar a sus musas, le detuvo.
-Hombre... –Suspiró ella, con gesto absorto.- Eso que habéis
tenido Ana y tu podría considerarse sexo... En fin...
-Eso es lo de menos... Pero, tendrías que haberlas visto...
-Te llevo a casa... –Dijo ella en voz baja.- Pero sigue
contándome...
El camino se hizo corto, Raúl no dejó de hablar en ningún
momento, estaba extasiado, quería volver al club, quería retomar todo donde lo
había dejado, esta vez sin temblar, sin vacilar... Besaría de nuevo a Ana,
acariciaría con gusto los pechos de Marta, porque esa noche había sido perfecta,
simplemente perfecta...
-Hemos llegado, campeón. –Sentenció Estela, apagando el motor
y quitándose el cinturón.- Te ayudaré a subir, no es plan de despertar a tu
hermana.
-Dudo que ella esté. –Murmuró Raúl en voz muy alta, tanto que
Estela le chistó para que se callara.- Siempre ha sido muy libre... Como el
viento y los jaguares...
-¿Jaguares? Eres la primera persona borracha que habla de
jaguares... –Rió Estela, buscando las llaves en los bolsillos del joven.- Y mira
que he conocido a muchos borrachos...
Subieron por el ascensor, donde el muchacho empezó a tener un
súbito sueño.
-Joder, Estela, eres la mejor... –Ronroneó él cuando esta
abrió la puerta y encendió las luces.- Me vienes a recoger, cuando estaba ahí
tirado, solo... Y me dejas en casa para que no me pase nada, eres una amiga...
-Claro, claro... –Contestó ella mientras le miraba con
sorna.- ¿Cómo se llamaba tu hermana?
-Laura. –Dijo el chico en un suspiro.- Pero no está, mira,
mira, tengo un mensaje...
Le dio su teléfono a Estela, que ni siquiera se molestó en
comprobarlo.
-¿Quieres un café? –Siguió él.- ¿O algo más fuerte?
-Tú lo que necesitas es una buena ducha y dormir. –Dictaminó
ella, empujándole.- ¿Cuál de ellas es tu habitación?
Nada más llegar a su cuarto, Raúl se lanzó a la cama, sin
desvestirse siquiera.
-Eso no es bueno para la circulación... –Masculló Estela
mientras le quitaba los zapatos.- Creo que esta es la primera vez que soy la que
desnuda a una persona ebria, generalmente me lo hacían a mí.
Fue un proceso complicado, dado que él no cooperaba
precisamente, sino que retozaba, como un niño pequeño que llegara cansado de una
excursión. El reloj marcaba las cinco de la mañana pasadas.
-Bueno, campeón, te dejo. –Se despidió Estela, viendo como
Raúl, en ropa interior, se peleaba con sus sábanas.-
-No... Vayas... –Gruñó él.- Quédate, es pronto, prepararé el
desayuno...
-Anda ya, duérmete. –Rió ella.- Sí, es tarde, pero no vamos a
dormir en la misma cama.
-¿Por qué?
-Pues... –Estela se sonrojo, pese a que Raúl ya estaba con
los ojos cerrados y en un estado próximo al limbo.- No sé...
-Vamos a... contar jaguares... –Dijo él, que solo fue capaz
de balbucear un par de palabras más antes de dormirse.- Quédate conmigo...
Estela se mordió el labio, realmente era muy tarde para
volver a casa, pero dormir en la misma cama... Pensó en utilizar el cuarto de su
hermana, pero le pareció una intromisión a su intimidad. Finalmente lo mandó
todo al cuerno, dejó su chaqueta en la silla del escritorio y se tumbo al lado
de Raúl, que instintivamente le dejó un total espacio entre sus brazos. La chica
sonrió, en otros tiempos, no habría podido ni soñar en la idea de compartir la
cama con un chico sin que hicieran el amor antes, con Raúl, lo había logrado dos
veces...
-Duerme, campeón, y no tengas miedo, que yo cuido de ti...
–Susurró ella antes de robarle un beso y dejarse llevar por el sueño.-
Raúl se despertó con la boca seca, por la ventana de su
habitación, abierta, entraba un torrente de luz que le cegó. Todo habría sido
como un día cualquiera de no ser por la gran chaqueta que colgaba del respaldo
de su silla. Gota a gota empezaron a llegarle los recuerdos de la fiesta, lo
último que recordó fue el subir en el coche de Estela, lo demás era borroso y
difuminado, lo recordaba, pero no podía verlo con claridad...
Al centrarse de nuevo en la fiesta, sonrió como un bobalicón.
-"Las he besado." –Rió para sus adentros.- "Y no solo eso...
Sino que..."
Solo en ese momento fue consciente de su gran erección
matutina, una forma muy masculina que tiene el cuerpo de dar los buenos días.
Apestaba a tabaco y a sudor, necesitaría darse una buena ducha...
Pero su instinto fue más fuerte que su capacidad de
raciocinio, antes de darse cuenta, ya estaba masturbándose, rememorando como los
pezones de Ana le habían acariciado, como Marta se los había mostrado sin
tapujos, como había degustado su piel, sus labios, su lengua... Con el último
recuerdo del roce accidental de su dedo con el pezón de Ana, se corrió. Emitió
un pequeño gemido, mantuvo la fricción de su mano hasta que el último chorro
hubo salido disparado. Había utilizado como barrera su camisa, sucia del día
anterior, por lo que no ocasionó graves desperfectos.
Pero pese a la paja, su miembro quedó en semi-erección,
deseoso de celebrar aún más. Cogió algo de ropa de su armario y fue derecho al
cuarto de baño, tapándose sus vergüenzas. Sobresalto mayúsculo fue toparse en
mitad de camino con Estela, tanto que incluso le provocó un breve gritito.
-¿Qué haces aquí? –Le preguntó en el acto.-
-Me pediste que me quedara. –Dijo ella, respirando
rápidamente a causa del sobresalto.- ¿No lo recuerdas?
-¿Eh? Sí, claro... –Mintió.- Me voy a duchar...
-¡Esta tu hermana! –Exclamó ella de repente.-
-¿Laura? –Abrió la boca con sorpresa, pero más se tapo sus
vergüenzas, que parecían un imán para los ojos de Estela.- ¿Tan pronto?
-Son casi las dos, campeón. –Rió ella.- ¿Qué tal has dormido?
-Yo... Eh... Sí... –Estaba totalmente perplejo, agradeció
llevar algo de ropa con la que taparse, pese a todo, estar desnudo le incomodó.-
-Tu hermana me ha invitado a comer, ¿No te molesta, verdad?
-No, está bien, me tengo que dar una ducha...
Escuchaba un zumbido incesante en el interior de su cabeza,
sufría un exceso de alcohol, no estaba acostumbrado a beber, y sus efectos se
manifestaban en cuanto llevaba dos minutos con sentido.
-Está tu hermana. –Repitió Estela.-
-No importa, es mi baño... –Raúl se escabulló y abrió la
puerta del baño.- Si quería intimidad se tendría que haber quedado en el suyo,
ahora salgo...
-Tú mismo...
Efectivamente, Laura salía de la ducha con el albornoz
puesto, mal cerrado, tenia un curioso hematoma en uno de sus pechos, señal que
no escapó de su visión.
-Buenos días, princesa. –Dijo ella, riéndose de su cara de
pánico.- ¿Vienes desnudo a saludarme?
-Este es mi baño, ¿Qué haces aquí? –Gruñó él.-
-Tu bañera es más grande que la mía, necesitaba relajarme,
además, estabas dormido...
Raúl se sentó en el inodoro, estaba desnudo, pero seguía
tapándose con la ropa que tendría que ponerse una vez hubiera pasado por la
ducha.
-¿Qué mierda es eso? –Señaló de malos modos el trozo de seno
que dejaba a entrever.-
-Bueno... –Ella suspiró.- Digamos que alguien se pasó
mostrando su felicidad...
-¿Te ha mordido?
-Se llama pasión, es lo que a veces tienen las personas
normales, no como tú, que eres más soso que chupar una tiza.
Raúl maldijo en voz baja, miró al suelo un instante,
respirando con dificultades por la tensión. Todo había sido perfecto esa mañana
hasta que había abandonado su habitación.
-Bueno, ¿Qué te queda? –Farfulló mientras se frotaba las
sienes.-
-Ya está, ya está... Me secaré el pelo en mi cuarto.
-Mejor...
-Oye... –Bajó su voz a un susurro.- A esa no la conocía,
¿Quién es? ¿Tu novia?
-¿Estela?
-Hombre, no sé chico, podías avisar, ha sido un palo
encontrarla en tu cama esta mañana, yo que pasaba a preguntarte si todo estaba
bien...
-Mi cama... –La niebla se disipó ligeramente y pudo escuchar
como, efectivamente, le pedía que se quedara a su lado.- Bueno, no es mi novia,
y no ha pasado nada... ¿Verdad?
-Eso pregúntaselo a ella... –Laura le dio un beso de buenos
días y le dejó solo en el baño.-
No, eso de que las borracheras borran tus recuerdos era cosa
de ficción, solo tenia que esperar y darse un buen baño frío. Tras la ducha se
sintió doblemente mejor, por un lado, se había despejado, por otro, ya no se
notaba pegajoso. Una vez acondicionado de nuevo su cuarto de baño buscó a las
chicas, que estaban hablando en susurros de algo que consideraban muy gracioso.
-¿De qué habláis que es tan divertido? –Preguntó él
afablemente.-
-Cosas de chicas. –Le riñó Laura.- Por cierto, deberías
empezar con la comida, se hará tarde, tengo una venta a las cinco.
-Claro que sí, mi ama, ¿Desean algo más? –Contestó irritado.-
Molesto por el trato que le había dado su hermana frente a
una invitada entró en la cocina. Improvisó una comida rápida, se cortó al pelar
un par de patatas, dado que pensaba en todo menos en lo que hacía. Dispuesta la
comida, llamó a las mujeres, que llegaron igual de habladoras de cómo las había
dejado, callando en el momento preciso en el que atravesaron la puerta de la
cocina.
-Por tener una invitada podríamos comer en el salón, ¿No?
–Lanzó él.-
-No, no hace falta, no os toméis la molestia por mí. –Rogó
Estela.-
-Bueno, lo que ella quiera. –Masculló Laura.-
-No, de verdad, vuestra cocina es preciosa, está todo
perfecto, en su sitio, parece la de un anuncio...
-Agradéceselo a mi Mr. Proper particular... –Su hermana le
señaló.- Es magnifico con la fregona...
-Comed, se quedará frío. –Comentó Raúl silenciosamente
mientras sentía como su frágil virilidad se esfumaba.- Que aproveche.
La comida estuvo regada con un vino que el chico no cató pero
que las mujeres degustaron con placer, se sentía a mil kilómetros de distancia
de su mundo de las feromonas, es más, incubó un profundo rencor hacia ellas por
dejarle esos largos minutos a la misma altura que una polilla.
-Dios, Raúl, cocinas muy bien... –Le felicitó Estela.-
-No es nada del otro mundo. –Refunfuñó modestamente.-
-Bueno, tortolitos... –Laura se incorporó y empezó a recoger
la mesa.- Lamentándolo mucho, he de ir a trabajar... Os dejo solo...
-Un placer conocerte, Laura. –Las chicas se dieron varios
besos cordiales en las mejillas.-
-El placer es mío, ya hablaremos más, tengo tu teléfono. –Su
hermana se despidió de nuevo, unos minutos después escucharon la puerta
cerrarse.-
-Es un encanto, parece que os viene de familia.
-¿De qué hablabais? –Le interrogó de inmediato.-
-¿Tanto te interesa?
-Sí.
-Bueno, pues de todo un poco... –Estela sonrió con picardía.
Ambos se levantaron y recogieron el resto de la cocina.-
-Mi hermana puede ser muy agradable cuando le conviene, es
buena persona, pero...
-Le gusta controlar tu vida. –Ella terminó su frase.- Lo sé,
me he dado cuenta, pero no lo hace con mala intención, te protege.
-Creo que soy mayorcito como para que me tengan que
"proteger". –Las palabras se deshicieron en su boca, en realidad, no conocía a
una persona que necesitara más que le llevaran de la mano.-
-Quería saber que había entre nosotros. –Dijo ella por fin.-
-¿Qué le has respondido?
Por unos instantes Raúl se sintió otra vez desnudo frente a
la incisiva mirada de Estela, una mirada astuta, inteligente, pero, sobre todo,
humana, no la había visto más de un par de veces, pero le recordaba a esos ojos
tallados en mármol de las esculturas del renacimiento que tanto habían visto en
los libros.
-Nada de lo que tengas que preocuparte. –Él supo que sería lo
máximo que le sacaría en claro.-
-Bueno... –Se propuso cambiar de tema.- ¿Qué tal has dormido?
-¡En tus brazos! –Sonrió extensamente.- Muy bien... Como la
otra vez que me acompañaste, no sé explicarlo, pero... ¡Es desesperante!
-No será para tanto.
-No, de verdad... –Por un momento Estela hizo ademán de
escupir unas palabras, pero al parecer, no encontró las adecuadas.- Es como si
estuviera en una nube...
-¿Quieres algo de postre? –De nuevo cambió de tema, lo que
provocó un bufido desesperado de la chica.-
-Cicuta, a ser posible...
-¿Quieres un beso de chocolate?
-¿Un qué?
Con una sonrisita sarcástica Raúl buscó en uno de los
armarios y sacó una caja alargada, llena de lo que parecían bombones.
-Sírvete, te gustaran.
-Pero solo uno...
Cuando introdujo el apetitoso bombón en su boca cerró los
ojos, buscando el "beso", como si fuera algo así como una cereza o un trozo de
almendra.
-No sé donde está el be...
Pero Raúl ya se lo había dado, la besó a traición, sí, pero
ella no se quejó mucho. La estupidez del "beso de chocolate" era una de tantos
gestos extraños que había pensado en sus momentos de soledad, cosas
irrealizables, anticuadas, sí, pero sorprendentes.
-¿Qué te ha parecido? –Le preguntó una vez sus labios se
separaron.-
-No lo sé... –Suspiró ella, que permanecía con los ojos
cerrados.- Tendría que volverlos a probar...
-Lo siento, solo me quedaba ese. –Ironizó Raúl.- Ven, vamos
al salón, pondremos una película, o algo... ¿Qué se hace en este tipo de
situaciones?
-¿No todo tiene que estar planificado sabes? –Laura le cogió
de la mano, fingiendo estar molesta.- Ese es tu principal problema, que antes de
vivir el momento prefieres tener claro los tres siguientes, menos cuando dejas
salir a tu verdadero yo, como esto del "beso de chocolate", ¡Es de película!
Cualquiera chica caería rendida ante un detalle semejante...
-Lo dudo... –Raúl tuvo que aguantar que la chica se sentara
en su parte del sillón.-
-Bueno, ten en cuenta que hoy en día a la segunda copa ya te
están diciendo de echar un polvo... –Le explicó frenéticamente.- Nosotras
cedemos, pero porque no nos queda otra...
-No sé si estoy preparado para esta conversación. –Balbuceó
de pronto.-
-¿Qué conversación? –Estela mostró su gran sonrisa, divertida
por las reacciones del muchacho.-
-Hablar de chicas, de gente, de sociedad... –Fingió un
escalofrío.- Son temas que no conozco...
-Porque te dan miedo, campeón. –Se apoyó en su hombro.-
Simplemente no has podido ser tu mismo nunca... Eres guapo, inteligente, tienes
detalles que harían que a cualquiera se le cayeran las bragas...
Estela masculló una disculpa por su comentario tan fuera de
lugar. Mantuvieron el silencio un par de minutos, donde miraron sin prestar
atención a la televisión, que mostraba noticias, casi todas sobre muerte,
pobreza y guerra, unos medios optimistas, sin duda.
-No quiero parecer entrometida, pero... –Rompió el silencio.-
¿Por qué vives con tu hermana?
-Bueno, supongo que conocerás la versión de la calle... "Mis
padres se jubilaron y decidieron irse a vivir un retiro merecido." –Contestó él
con poco entusiasmo.-
-¿Cuál es tu versión? –Preguntó Estela con tacto.-
-Bueno... Realmente... –Respiró profundamente.- Es que,
verás, yo nunca me llevé bien con mi padre... Convertíamos cualquier cosa en una
competición, nunca supe qué le pasaba, pero detestaba que pasara tiempo con mi
madre, como sabrás, nunca he sido precisamente muy sociable, a excepción de mis
amigas de la infancia, que me consiguió mi madre, por cierto.
-Ana y Marta. –Completó la información con un asentimiento de
cabeza.-
-Bueno... Mi madre siempre me protegía, daba la cara por mí,
se sentía en la obligación de defenderme a ultranza, supongo que sentía
compasión de un ser tan... –Soltó un pequeño sollozo.- En fin, al final la
situación se tornó explosiva... Habíamos llegado a un callejón sin salida donde
lo único que nos quedaba era ir por caminos diferentes, pero yo era aún
demasiado joven...
Sentía un pequeño grifo entre sus ojos, un grifo que había
permanecido cerrado mucho tiempo pero que amenazaba con abrirse a máxima
presión.
-Se fueron a vivir a otra ciudad, corren con la mayoría de
los gastos, en cuestión de dinero nunca nos han dejado tirados... Mi hermana
decidió hacerse cargo de mí, es buena chica, un poco cabeza loca, pero... Por lo
menos ha estado siempre en los momentos importantes...
-Lo siento mucho, Raúl. –Estela le dio un beso en la frente.-
Yo también he tenido un historial familiar controvertido, pero...
Se produjo un silencio tenso, Raúl ni pestañeaba, temeroso de
que la cascada de lágrimas apareciera, esos recuerdos eran tan duros... Lo peor
era que su padre y él habían tenido momentos maravillosos... Días, quizás
semanas, donde hacían viajes, iban de caza, le invitaba a tomar mosto...
-Bueno... Ya lo sabes... –Rió con amargura.- Supongo que ya
no te resultaré tan encantador...
-¿Bromeas? –Estela le cogió la mano.- Cuanto más te conozco
más sé que te necesito... Los amigos no solo están ahí para beber y reír... La
confianza es un regalo que valoro mucho...
Vieron el resto de las noticias. Raúl tenia sueño, la
situación era tan agradable... El sol entraba por los ventanales y les
acariciaba con su cálido abrazo, el sofá era cómodo, el perfume afrutado de
Estela cubría el ambiente... Supuso que al despertar habría vuelto a casa para
cambiarse, pero había vuelto...
-Pide un deseo. –Susurró él de pronto.-
-¿Un deseo?
-Sí, no lo digas, piénsalo.
-Ya está. –Estela se acomodó en su regazo.-
-Duerme bien.
-En las nubes... –Rió ella, antes de cerrar los ojos y
concentrarse en escuchar la respiración de Raúl.- Contigo al lado, claro...
Capítulo XIII
Había sido una pequeña cabezada, ese tipo de sueño que puede
tenerte todo un día en la cama aún sin necesitarlo, sueño reparador...
-Bella Durmiente... –Susurró mientras le acariciaba el
cuello.-
-Príncipe Encantador... –Rió ella, ocultando un pequeño
bostezo.- Buenos días, otra vez.
Aunque lo lamentaron profundamente, no pudieron mantener esa
situación más tiempo, Estela tenia un compromiso con sus amigas, fue una
despedida emotiva, el inicio de un fin de semana insípido donde tuvo que mostrar
su negativa a salir, no tenía ánimos.
El lunes por la mañana se presentó en clase, recuperado de su
depresión de fin de semana, pero las cosas no apuntaban a mejorar. Vio a Ana en
el lugar acostumbrado, siempre estaba sentada en ese pequeño muro, escuchando
música o hablando con sus amigas. Raúl intentó acercarse hacia ella, pero tan
pronto como le vio, salió rápidamente en dirección contraria.
Lo hubiera tomado como algo sin importancia de no ser porque
los días siguientes tuvo el mismo comportamiento, le evitaba, en cualquier tipo
de situación, siempre había algo muy interesante que debía escuchar, siempre
había una amiga que la llamaba desde lejos... Incluso ignoró un correo
electrónico que le mandó... Raúl estaba poco menos que desesperado, no había
tenido ni la menor idea de que pudiera mantener ese comportamiento después de su
acercamiento del cumpleaños de Marta.
-"Algo he hecho mal..." –Se mortificaba.- "Pensará que soy un
cerdo, o algo peor..."
No se concentraba en clase, apenas si conseguía dormir, tal
era su obsesión... En ese estado de psicosis teñida de tristeza por lo que
pudiera pensar Ana, seguramente cosas horribles y obscenas, urdió un plan
desesperado.
El lunes por la mañana tocó en la puerta del despacho de la
profesora Schoeder, uno de los privilegios de los colegios privados era que los
profesores, fuera cual fuese su asignatura, tenían asegurado su despacho. La
entrenadora Claudia se extrañó mucho al verlo delante de su puerta.
-¿Ocurre algo? –Preguntó extrañada, aún sin dejarle pasar.-
-Es que necesitaba hablar con usted. –Sentía un doloroso
picor en las costillas, estaba haciendo algo ruin, lo sabia.- En privado.
-Bueno... Pasa... –Le dejó entrar, con el mismo gesto
sorprendido. Se le hizo extraño verla vestida de calle, durante mucho tiempo tan
solo la había visto en bañador o en pantalones cortos.- Dime, ¿Qué puedo hacer
por ti?
-Necesito un favor... –Empezó a temblar, quería irse,
necesitaba irse, pero su desesperación fue mayor que su dignidad.- Un favor
importante.
-Bueno, no sé que puedo hacer por ti, pero...
-Quiero ver a Ana, sí, la de su clase, necesito estar con
ella a solas, al menos unos minutos.
La mirada que le lanzó Claudia fue de absoluta incomprensión.
-No sé que señales equivocadas te he dado, pero no estoy
dispuesta a entrar en esos juegos tan poco apropiados... –Se incorporó y caminó
hasta la puerta, que abrió al instante.- Si no tienes más que pedirme aparte de
ser tu cómplice en escarceos amorosos con mis alumnas, creo que es mejor que te
vayas.
-Me va a ayudar, quiero o no...
-Que no se te olvide, jovencito, que estás hablando con una
profesora del centro, no comunicaré este comportamiento al director por ser la
primera vez, pero si insistes...
-Se lo diré, al director, si no me ayuda...
-¿Decirle el qué?
-Que es usted lesbiana. –Soltó en un susurro, sintiendo como
el desagradable sabor de la bilis le subía por la garganta.-
Si hubieran puesto un folio al lado de la cara de la
entrenadora Claudia no se habría distinguido de su cara, había empalidecido al
extremo. Tosió ligeramente y recobró la compostura.
-Menuda idiotez, te lo advertiré por ultima vez, si no te
vas, tendré que ir a por el director.
-De verdad, no quiero hacerlo, pero...
-¡Eso no significa nada! –Estalló de pronto, cerrando la
puerta con un portazo.- ¿Qué le importará al director que sea lesbiana?
Profirió una serie de palabras en alemán que, menos amables,
debían ser de todo. Raúl estaba asqueado de si mismo, no se reconocía, pero a
tal grado había llegado su desesperación.
-Quizás a él no... Pero... Cuando se entere el Consejo
Escolar... No sé lo que pensarán ellos, pero dudo que les guste saber que una
persona con su orientación sexual ve desnudas a sus hijas casi todos los días...
-Eres... –Le salió un acento alemán que no le había escuchado
nunca. Sus ojos se bañaron en lágrimas, pero sacó su flema nórdica, aspiró aire,
y se sentó de nuevo en su butaca, mirando a Raúl con odio en la mirada.- Tu no
sabes lo que es esto...
-Yo solo quiero que...
-Tengo que hacer 200 kilómetros para poder hacer el amor con
una mujer sin temor a que sea conocida de alguna de mis alumnas o sus
familiares... –Su integridad nórdica parecía a punto de ceder.- Llevo dos meses
sin tener ninguna relación sexual por ese motivo... No es porque sea lesbiana,
esos tiempos ya han pasado, pero me gusta mi trabajo, y sé que es incompatible
con mi sexualidad, pero, de verdad, nunca he hecho nada, ni he mirado nada...
Es... Es lo último que haría...
Raúl se sentía totalmente desgraciado, deseó no haber tenido
esa estúpida idea nunca, eso solo salía bien en las películas, había herido
gravemente a Claudia, que tan simpática había sido con él... Cuando las lágrimas
de Claudia salieron, en tropel, no pudo evitar levantarse y abrazarla. Ella no
lo rechazó, sino que lloró su amargura en su hombro, tristeza contenida durante
muchos meses...
-Yo no quería esto... –Susurró Raúl, que también tenía que
hacer grandes esfuerzos por no llorar, al fin y al cabo, no era un monstruo, no
podía soportar esa carga de conciencia.- Si supieras como me siento... Me evita,
me ignora... No responde a mis llamadas... No sé que he hecho mal, pero el dolor
y la incertidumbre me comen por dentro, no me dejan dormir, solo pienso en poder
hablar con ella... Tan desesperado estoy que he recurrido a una encerrona...
-Eres imbécil... –Sollozó Claudia.- Si me lo hubieras
explicado en un principio, no tendrías que haberme echo pasar por esto...
-Bueno... No te preocupes, yo no voy a decir nada, ni mucho
menos... –Raúl se separó, ver a esa belleza alemana con los ojos llorosos le
hizo desear una muerte lenta y dolorosa.- No quería esto... De verdad...
Salió corriendo antes de que la entrenadora pudiera decir
nada, se saltó una clase, estuvo encerrado en la cafetería, pensando en su
comportamiento, desgraciadamente al principio, y afortunadamente al terminar,
tenía clase en el pabellón de natación.
-Venga, hoy quiero intensidad... –Bramaba su entrenador,
mientras les sacaba mil defectos.- ¡Intensidad!
Raúl ni siquiera había mirado a Claudia, se sentía
profundamente avergonzado, pensaba en pasarse después para disculparse, las
palabras tenían mucho poder, sobre todo para hacer daño... Cual fue su sorpresa
cuando, estando en su portería siguiendo el juego, observó como la entrenadora
sacaba a Ana del agua y le daba unas instrucciones en voz baja, esta,
sorprendida, se había ido camino del vestuario.
Fruto de su distracción le marcaron un sonado gol, lo que le
provocó una seria reprimenda de su entrenador. Un par de minutos después Claudia
se acercó hacia su entrenador, estuvieron hablando durante unos segundos.
-Raúl, sal del agua, ayuda a las señoritas a mover unas
cajas. –Lo dijo con sorna, mirando a Claudia como a un bicho raro, según su
mentalidad deportiva, sino podías valerte por ti mismo, no valías para nada.-
La entrenadora estaba tan encantadora como siempre, pero sus
ojos no eran como los recordaba de la primera vez, estaban algo apagados... Le
indicó con la mano que siguiera el camino del vestuario femenino.
-Lo siento... –Susurró apenado.-
Su única respuesta fue intuir una sonrisa a través de la
rubia melena de Claudia.
En el vestuario estaba Ana, efectivamente, moviendo unas
cajas llenas de material que no se sabía a cuenta de que habían acabado allí.
Llevaba puesto el bañador reglamentario del colegio, su gran talla de busto
hacia que le quedara a las mil maravillas... Nada más entrar, la chica dio un
ligero respingo.
-¿Qué haces tu aquí? –Preguntó al instante.- Es el vestuario
femenino.
-Me ha mandado tu profesora a ayudar con las cajas... –Dijo
él con voz queda.-
-Ya... –Ana se dio la vuelta y continuó con lo suyo.-
En realidad no sabía mucho que estaban haciendo, las movían
de una esquina del vestuario a la otra, unas instrucciones estúpidas, pero
necesitaba tiempo.
-Déjame echarte una mano... –Ofreció cuando Ana cogió una
caja especialmente pesada que no podía mantener en alto.-
-No, puedo yo sola. –Sentenció ella.-
-Anda ya, deja de comportarte como una niña, no puedes,
venga, entre los dos.
-¡No! ¡Yo puedo sola!
En el forcejeo por coger la caja entre uno o los dos, esta se
les resbaló, haciéndoles muchísimo daño en la espinilla y los pies.
-Mira lo que has hecho... –Maldijo Ana mientras se frotaba el
dedo gordo de su pie.-
-Tendrías que haberme dejado ayudarte.
-Nadie te lo ha pedido.
-A veces necesitamos una ayuda que no podemos pedir.
–Dictaminó él.- Tu y yo tenemos que hablar.
-No tengo nada de que hablar contigo...
-¡Anda ya! –Estaba hablando a voz en grito, se consoló con la
idea de que los vestuarios estaban bien aislados del complejo, y que el
escándalo ahí reinante les protegería de oídos indiscretos.- Me has estado
evitando toda la semana...
-No sé de lo que me estas hablando. –Ella miró hacia otro
lado.-
-¿Es por lo de la fiesta? –Su tono de voz bajó.- ¿Qué hice
mal? Dímelo, ¿Qué hice mal?
-No sé por qué te quejas, llevamos años sin hablar
seriamente... Te he ignorado esta semana, sí, pero no es nada diferente a la
semana pasada...
-Sí es diferente, lo del jueves lo hace diferente.
-¿Lo del jueves? –Pareció sorprendida.- ¿Qué pasó el jueves?
-No hagas como que esto no va contigo, no voy a tragar más
tiempo, no, esta vez no...
Un hilo de rencor se dibujaba en sus palabras, todos esos
días de pensar en sus grandes y amadas amigas que lo ignoraban completamente...
-En la fiesta, en el beso, en... lo demás... Eso fue
especial...
-¡Pero si lo hicieron todos! –Exclamó ella.- Se llama
"juego", y no te causaría tanto impacto si no fueras tan inadaptado.
-¿Un juego? –No se lo había planteado hasta el momento, pero
podía ser que solo hubieran hecho esas cosas por el juego, que no tuvieran
ningún eco por su parte, tan solo él se había tomado la molestia de sentir
algo.- No, no es verdad...
-Por favor... –Parecía exasperada.- Lo he hecho con docenas
de chicos, siempre son las mismas pruebas, no deberías habértelo tomado tan en
serio.
¿Seria posible que todo lo que había sentido fuera artificial
y solo por su parte?
-Mira... No sé que cambió el jueves, solo sé que lo que sentí
no nació ese día, todo lo que he acumulado estos años, todos mis sentimientos
por ti...
-Pero de que hablas...
-Todos los momentos en los que te vi lejos, con otros, en
mundos inalcanzables... Sé que todas las barreras desaparecieron, lo sentí, y tu
también, lo sé...
-Raúl, creo que necesitas tratamiento...
-Tanto como tú... –Estaba herido en su amor propio, le podían
criticar en todos los campos, pero de crear sentimientos artificiales, no.-
Desde lo de tu padre no has sido capaz de querer a nadie, sí, no soy estúpido,
llámame depravado o lo que quieras, pero tus ojos te descubren.
-No quiero seguir aquí contigo, me das miedo... –Ella hizo
ademán de irse, caminó hacia la puerta, pero la potente mano de Raúl la detuvo.-
-Si tanto lo crees, demuéstramelo, no sentiste nada, entonces
no tienes que temer...
-¡Suéltame! –Gritó ella, pataleando, intentando liberarse.-
¡Estas loco! No puedes...
Pero nunca terminaría esa frase, pues Raúl, a un paso de la
verdadera locura, le tapó la boca con un beso, un beso no, "El Beso". Ana se
resistió los tres primeros segundos, pero después, se rindió. Él, por su parte,
no cabía en sí de gozo, eran auténticos, todos estaban otra vez ahí, detrás de
una cortina de miedos y vergüenzas... La besó con dulzura, con pasión, la
abrazó, la acarició, le recordó sin palabras todo lo que habían sido, le dejó
intuir, con su beso, lo que podrían ser...
Se separaron, Raúl buscó sus ojos, pero ella miraba al suelo,
con pena grabada en la frente.
-¿Qué temes? –Susurró él.- No podría hacerte daño...
-Los sentimientos acaban siendo formalidades de las
relaciones sociales...
-Vale, y ahora que hable Ana. –Dijo él, intentando quitarle
gravedad a sus palabras.- ¿Quieres un nuevo beso?
-Raúl, es imposible, somos muy diferentes, tu eres... y yo...
La obligó a mirarle a los ojos, unas lágrimas escapaban de
los ojos necesitados de cariño que tanto le quitaban el sueño
-Nunca lo sabrás si no lo intentamos...
-No lo merezco. –Murmuró.- Todo este tiempo te he evitado, tú
siempre estuviste a mi lado, fuiste mi apoyo... Te quería tanto... Era muy niña
para saberlo, pero... Supongo que por eso te aparté de mi lado, no quería volver
a saber que era eso, te enterré en un cajón de mi escritorio... Pero, cuando me
tocaste... Cuando me besaste... El cajón se volvió a abrir, pero es algo que ya
no quiero... No puedo aceptarlo...
-Nita... –Respondió el, utilizando el apodo cariñoso que
había usado toda la vida para referirse a ella.- Lo siento... Pero no puedo
volverme atrás... Esta semana he querido desaparecer tantas veces, librarme de
tu recuerdo para siempre, pero ha sido imposible... Sé que estas a una altura
inalcanzable, tan solo está en tu mano bajar conmigo, hacerme feliz...
Se produjeron unos segundos de silencio.
-Si quieres irte vete. –Señaló a la puerta.- Si te quedas,
voy a darte el primer beso de muchos más...
Sin embargo, Ana no se fue, sino que se lanzó a sus brazos,
le besó, le mordió, le abrazó con fuerza.
-Ayúdame, por favor. –Lloró ella.- No dejes que haga más
locuras, por favor...
Poco a poco le fue conduciendo hacia la camilla donde debían
darse masajes cuando sufrían una lesión. Se sentó en ella, le miró a los ojos,
sonrió, tímida. Bajó los tirantes de su bañador, lentamente.
-¿Seguro que es lo que quieres?
-No me dejes pensármelo mucho... –Rió ella, nerviosa, pero
decidida.-
Cuando ella le mostró de nuevo sus senos, no pudo más que
observarlos con detenimiento, eran dos obras de arte, sin duda. La piel de Ana
era pálida, por lo que les daba el aspecto de escultura griega. Pero no se
detuvo, continuó bajando su bañador, hasta quitárselo por completo. Su sexo
estaba depilado, pero menos que los que había visto hasta el momento, y así le
gustaba más. Estaba de pie, no podía ver mucho, pero todo lo que vio, era
perfecto.
-Supongo que te lo habrán dicho muchas veces, pero... Eres
preciosa...
-Tampoco tu estás nada mal. –Ironizó ella, mientras le
acariciaba el trasero.-
La pasión se desató a raíz de una mirada, ella le mordió en
el lóbulo de sus orejas, el paladeó el néctar de sus labios y lo llevó hacia sus
pechos, sus grandes y preciosas tetas, que eran todas para él, las degustó con
delicadeza, como si fueran una obra de arte frágil, su pezón sabia a malvasía,
un delirio de placer recorrió su entrepierna, que ya daba muestras de su gran
excitación.
-Raúl... –Ella se detuvo.- Tengo que decirte... Esta es... Mi
primera vez...
No pudo más que comérsela a besos.
-Tranquila... Tampoco yo soy un profesional...
-Será una experiencia conjunta... –Ana se tranquilizó.-
Raúl la reclinó en la camilla, recorrió su cuerpo en una
caricia, ganándose un suave gemido por su parte, beso sus pechos, su cuello,
jugó con su ombligo... La respiración de ambos aumentaba en intensidad, y fue
más potente cuando pasó a sus piernas, besó sus muslos, jugó con sus dedos... El
placer se convirtió en delirio cuando llegó a las proximidades de su pubis, olía
a mujer, ese olor tan intimo, elixir del placer...
-Tranquila... –Susurró él.- Todo está bien...
Cuando acarició sus labios mayores con su boca, Ana tuvo un
escalofrió monumental, terminado en gemido. Intentaba hacerlo lo más despacio
posible, quería que ella estuviera caliente, muy caliente, que lubricara bien...
Pero tras un minuto dedicado a las proximidades del clítoris, su orgasmo fue
inminente.
-Raúl... ¡Raúl! ¡Qué me haces! –Fue su extraño grito de
guerra.-
Sus fluidos acabaron generosamente depositados en la garganta
del joven, que los paladeó con sumo placer. El sabor era extraño, pero, a su
vez, significaba tanto... Dejó que se recuperara y la besó de nuevo. Se la veía
tan preciosa, tan perfecta...
-Es... Mi turno... –Titubeó ella.-
Fue un momento tenso para los dos, pero esta vez fue Ana la
que rebajó la tensión dándole un beso por encima del bañador. Poco a poco lo
bajó, su erección era ya tremenda... Raúl se sintió avergonzado, pero la chica
le miró a los ojos.
La mano de Ana acarició con mucho respeto su paquete... Había
tenido un par de relaciones de sexo oral en su vida, pero ninguna con esa
intensidad, ese deseo de dar placer...
Dio un suave beso en el glande de la polla de Raúl, que la
correspondió con un suspiro. Empezó con timidez, con un pequeño lametón, pero
luego, la introdujo en su boca, una vez, dos... Cada vez con más soltura, cada
vez más profundamente. Sus manos acariciaban los testículos del chico, aparte de
recorrer su falo cuan largo era.
Raúl empezó a gemir pronto, con menos intensidad, pero
igualmente, disfrutando de una mamada espectacular. Lo que más placer le daba
era ver como los ojos de Ana estaban clavados en los suyos en todo momento, con
un semblante pícaro. Cuando vio que no aguantaría mucho más, aupó a Ana a la
camilla, disfrutando de su trasero, que tanto le gustaba.
-¿Estas segura? –Preguntó él de nuevo.-
-Contigo sí...
Colocó su miembro en la entrada de Ana, la acarició
suavemente con el glande, había leído que eso relajaba, realmente estaba
perdido. Introdujo su polla poco a poco, ella se contrajo, con los ojos
cerrados, concentrada en captar hasta la mínima sensación. Pronto se topó con su
himen, fue complicado al principio, era como una pared de tela que taponaba su
progreso a través de la vagina de la chica. Apretó un poco mas, Ana emitió un
ahogado quejido.
-Sigue, sigue... –Dijo ella para tranquilizarlo.- No es
nada...
Tras el tercer intentó, el himen cedió, y su polla entró por
completo. En el instante de romperse el himen Ana se había estremecido, pero
había durado poco, él no era muy experto en desvirgar jóvenes, pero, con el
tiempo, se daría cuenta de que había otros mucho más duros que ese que había
sido su primer gran amor.
-Ya está... –La consoló él, mientras la besaba.- Has sido muy
fuerte...
-No te distraigas. –Rió ella, pero en su cara aún se
distinguía una mueca de dolor.- A lo tuyo...
La vagina de Ana era infinitamente más estrecha que la de su
hermana, o Cristina, supuso que, con el uso, las paredes vaginales se
ensanchaban, también había oído que con los partos ocurría lo mismo, así que era
lo lógico. Al sacar su falo del interior de la chica comprobó que había restos
de sangre por doquier, nada de lo que alarmarse, se consoló. De nuevo entró, y
esta vez apenas hubo dolor en la mujer. La cuarta vez que la penetró consiguió
obtener ese pequeño gemido que estaba buscando, esa señal que le indicara que
iba por el buen camino.
Besó a Ana, buscó sus ojos, pero estaban entrecerrados,
acarició sus pezones, quería darle el mayor placer posible...
-Sí, así... Sí... –Decía ella.- Ahora sí...
El ritmo se fue acelerando, no fue brusco en ningún momento,
pero pronto los jadeos de Raúl y los gemidos de Ana fueron más audibles. La
penetró con amor, como aquel que cumple, no solo un sueño, sino algo totalmente
necesario para su maduración. Ana parecía también pensar lo mismo.
-Esto es lo que quería... –Gimió mientras se mordía los
labios.- Es mi regalo, es tu regalo, es nuestro...
-Nuestro... Sí... Nuestro... –Respondía Raúl, con grandes
dificultades para no correrse a causa del morbo.-
Pronto el nivel de los gemidos fue en aumento, la
contracciones vaginales le indicaron lo inminente del orgasmo, y Ana se deshizo
en mil gritos, un segundo de estruendo, y silencio total. Tenia la cabeza echada
a un lado, respiraba con dificultad, y lloraba, sí, lloraba.
-Estas... ¿Estas bien? –Raúl olvidó su orgasmo y "salió" de
Ana para preocuparse por su estado.- ¿Ana?
-Ha sido... Raúl... Gracias...
Se inclinó hacia el hinchado miembro del joven y se lo
introdujo en la boca, lo hizo de forma resuelta, rápida, casi salvaje. Raúl tuvo
su orgasmo casi al instante, su corrida fue monumental, incluso sus jadeos, cosa
que no acostumbraba a padecer. Ana, recibió su semen en la cara, y, sobre todo,
en sus tetas, que quedaron bañadas de forma muy sensual. La abrazó, la besó, no
le importó que estuviera manchada de su propia leche, la pellizcó en los
glúteos, le mordió la nariz...
-Esto era lo que había soñado... –Ana se limpiaba con una
toalla los restos de la pasión.- Las otras me decían que había sido horrible y
doloroso, pero... Yo creo que ha merecido la pena...
-Vaya, gracias... –Rió el chico, ayudándola a limpiarse, y
haciendo él lo propio.- Tomo nota, señorita.
Se besaron largo rato más, habían hecho el amor. Raúl no
cabía en sí de gozo, tenia ganas de volver a poseerla, pero sabia que el tiempo
era vital para ellos, al fin y al cabo, a dos puertas de distancia había un
pabellón deportivo lleno de gente.
-¿Nos veremos después? –Preguntó Ana, con dudas.-
-Nuestro después es ahora...
La significativa mirada que les lanzó la entrenadora Claudia
les aseguró que, pese a que no habían oído nada gracias al aislamiento del
pabellón, en su cara se notaba, para el ojo experto, que sus problemas se habían
resuelto.
-Entrenadora Schoeder, todas las cajas están en su sitio.
–Exclamó Raúl en voz alta.- ¿Necesita algo más?
-No, gracias. –Claudia le lanzó una mirada pícara, el chico
sonrió, feliz.-
Estaba en deuda con la entrenadora, y él nunca incumplía sus
deudas, lo juró en el mismo momento que se introdujo de nuevo en la refrescante
piscina, si lo que Claudia Schoeder quería era tener sexo con mujeres sin que
estas la delataran, él se las conseguiría.
Capítulo XIV
Con Ana el tiempo pasaba de una forma diferente... Un día
compartían la mesa en la cafetería del instituto, y, antes de que se dieran
cuenta, estaban caminando cogidos de la mano al anochecer.
Ella era como un libro que había permanecido mucho tiempo
cerrado, esperando que alguien se sentara a leerlo. Siempre la había visto como
una persona que guardaba las distancias con el resto, con una gran barrera en su
alma que la separaba del mundo, pero esa barrera cayó, y su sonrisa fue tan
radiante como la de un niño al descubrir los caramelos.
Intentaron llevar lo suyo lo más discretamente posible,
ninguno de los dos era proclive al chismorreo, tenían gustos similares, incluso
en lo referido a la música, donde ambos se declaraban indecisos. La vida de
"novios" se les hizo extraña y ajena desde el primer día, fueron al cine y a
cenar un par de veces, pero no consiguieron terminar de encontrarle el
significado que esperaban.
-Nada fue igual después del fallecimiento de mi padre...
-Debió de ser muy duro.
-Él era el único que me... Me comprendía, de verdad, siempre
estuvo ahí, me enseñó todo lo que tenia que saber... –Decía ella una tarde,
cuando estaban tomando un café.- Era como si todo el mundo ideal en el que había
vivido se esfumará, tan de repente...
-Tu padre te quería mucho, él no habría aprobado que te
cerraras al mundo.
-Sí, y eso me lo has descubierto tú... –Suspiró ella.- No sé
como, pero... Representabas ese pasado idílico... Es extraño, no sé
explicártelo, eres la puerta, pero también la llave...
-Un chico completo, entonces. –Rió mientras apuraba su café.-
-Oye, no te rías de mi sinceridad. –Protestó ella.- Para mi
tampoco han sido unos años fáciles, renegar de ti misma es algo intragable...
-Lo que importa es que ahora serás tú misma... –Le cogió la
mano y la besó.-
-Eso tiene sustanciosas ventajas para ti... –Ella le devolvió
el beso.-
Pero había algo que no terminaba de ser real... Con Ana hizo
el amor seis veces aparte de su primer encuentro en el vestuario femenino, y en
todas ellas sintió un enorme espacio que les separaba. La quería, eso lo sabía,
pero, quizás, no era de esa forma... Lo peor de todo fue darse cuenta de que
ella también pensaba lo mismo. El sexo era magnifico, ganaba intensidad en cada
encuentro, pero terminaban con un súbito silencio, pensando cada uno en lo que
estarían haciendo mal...
Una noche estuvieron viendo viejos álbumes de fotos, incluido
uno similar al que había regalado a Marta por su cumpleaños, en él había una
foto muy curiosa, eran tres bebes, dos morenos, un chico y una chica, y otra
chica, rubia. Hasta ese punto tan excéntrico había llegado su unión, ahí se
tenían, Ana, Raúl y Marta, juntos de niños, en una barbacoa que organizaron sus
padres...
-No sé si seré una depravada... –Rió Ana.- Pero verte así
desnudito entre las dos, me está dando muy malas ideas...
-¿Sí? –Él repasó la foto, realmente, no tenia precio, eran
tan bebes, tan inocentes...- Define "idea mala"...
-Venga, no te hagas el loco... –Le zarandeó cariñosamente.-
¿Nunca lo has pensado?
-¿El qué?
-Venga, creo que la primera fantasía sexual que recuerdo es
imaginarme besándoos a ti y a Marta, tenia 13 años, y fue muy violento, no
entendía nada... –Suspiró.- Hace ya tanto tiempo...
-Vaya, y yo que te tenia por la menos lanzada del trío...
–Acarició su costado, tocando impunemente sus senos.- Tendré que rescribir mis
diarios...
-Por favor, que sé como la miras. –Ella levantó los brazos
para dejarle mejor acceso a su busto.-
-¿A quien?
-¡Marta! ¡Quien va a ser! –Retozó pícaramente.- Porque no soy
celosa, que si no...
-No sé a lo que te refieres... –Mintió.-
-Venga ya... ¿Nunca has tenido un sueño subidito de tono con
ella? ¿Con nosotras?
-Eh... –Las imágenes de aquel sueño tan recurrente que había
tenido durante meses volvieron a su cabeza.- No lo recuerdo...
-¿Nunca te has masturbado pensando en nosotras? –Increpó
esta, con sospechas en la cara.- No me lo creo.
-Oye, te tienes un poco sobre valorada, ¿No crees? –Dijo el
sarcásticamente mientras dejaba que sus manos atravesaran la ropa de esta.-
-Porque yo lo valgo, ¿Verdad?
-Sí, para que engañarte... Nunca pensé que te lo diría,
pero...
-Chsst... Cállate, tienes mi permiso para hacerlo siempre que
quieras, es algo muy intimo entre dos personas...
-¿Masturbars