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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 06-Ago-07 « Anterior | Siguiente » en Autosatisfacción

Espiando a mis padres desde la puerta

Hector Richvoldsen
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Tiempo estimado de lectura: [ 5 min. ]
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Me levanté a beber agua y oí unos ruidos extraños en la habitación de mis padres. Gracias a mi curiosidad, aquella noche tuve un espectaculo erótico gratuito. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Es la primera vez que le cuento esto a alguien, pues a mis amigos me dio vergüenza hacerlo, por si se pensaban que era un degenerado o algo así. Pero tengo la necesidad de desahogarme, y voy a hacerlo escondido en el anonimato de Internet. No se si a alguien más le habrá pasado lo mismo, pues ya digo que no he hablado con nadie del tema.

Recuerdo que era verano, pues solía dormir en calzoncillos y además me había levantado a beber un poco de agua. Como encima no teníamos aire acondicionado todavía, teníamos que tener todas las ventanas y las puertas abiertas para que hiciera un poco de corriente. Yo por aquel entonces era un chaval inocente, que apenas sabía como se hacían los niños, aunque alguna paja si que me hacía de vez en cuando. Lo más cercano a una película porno que había visto eran las del Canal Plus codificadas, así que lo que me encontré aquella noche superó todas mis expectativas.

Según iba para la cocina oí unos ruidos raros en la habitación de mis padres, pero supuse que alguno de los dos estaría roncando, como era habitual. Al volver los ruidos eran más fuertes, y pude oír incluso algún grito ahogado. La verdad es que me dio incluso miedo, pues mi padre tiene algún problemilla de corazón y pensé que le estaba dando un infarto, así que me asomé un poco para ver que pasaba.

Desde el marco de la puerta asomé la cabeza sigilosamente. Todo estaba a oscuras, pero la luz que entraba a través de las ranuras de la persiana iluminaba el interior del dormitorio. No es que se viera mucho, pero lo suficiente. Mi padre estaba tumbado boca arriba en la cama, con los calzones por los tobillos, mientras que mi madre tenía la cabeza entre sus piernas y la movía de abajo arriba, haciendo los movimientos típicos de una mamada. Aquello hizo saltar mi polla como un resorte, haciéndola asomar por encima de la goma de los slips. Instintivamente comencé a tocármela por encima de la tela, mientras mi madre se afanaba en dar gusto a mi padre.

Y debía hacerlo bien, a juzgar por las caras que él ponía. Al poco cambiaron las tornas, mi madre se tumbó y mi padre se metió en su entrepierna para comerle el coño. No pude ver demasiado, pero ya había visto desnuda a mi madre muchas veces y podía hacerme perfectamente una idea. Pronto comenzó a retorcerse de gusto, mientras trataba de pajear a mi padre. Yo ya había empezado a cascármela viendo tal espectáculo, pues aunque algo me decía que no estaba bien, era la primera vez que veía lo que era realmente el sexo. Tenía trece años, con lo que era imposible hacerme con material de ese tipo, aunque por suerte pude verlo en vivo y en directo.

De nuevo cambiaron de postura, mi padre se levantó y comenzaron a hacerlo en la típica postura del misionero. Yo estaba flipando, pues nunca había visto algo así. Que fueran mis propios padres los que estaban follando delante de mi me daba un poco de palo, pero no pude aguantar y comencé a cascármela allí mismo.

Mi madre intentaba reprimir sus gemidos, pero de vez en cuando se la escapaba algún gritito. Mi padre tampoco debía estar pasándoselo mal, pues respiraba muy agitadamente y empujaba cada vez más deprisa. Me sentía un poco culpable por estar espiándoles, pero la curiosidad y la excitación me hacían quedarme apoyado en la puerta de su habitación. Mis ojos se habían adaptado a la oscuridad, y casi podía ver como los huevos golpeaban contra el coño de mi madre en cada embestida.

Yo estaba a punto de correrme viendo aquello, y a falta de algo mejor, me quité los calzoncillos y me corrí sobre ellos para no pringar el suelo. Nunca me había corrido tanto como aquella noche, yo mismo me sorprendía al ver la cantidad de leche que había soltado.

Cuando me repuse un poco volví a asomarme de nuevo y comprobé que habían vuelto a cambiar de postura. Ahora mi madre estaba a cuatro patas, de espaldas al cabecero de la cama, y mi padre la penetraba por detrás, no se si por el culo o por el coño. El caso es que ahora estaban casi de frente a la puerta, lo que suponía que en cualquier momento podrían darse cuenta de que no estaban solos. Por suerte, ambos tenían los ojos cerrados casi todo el tiempo, y el pasillo estaba más oscuro que su habitación, con lo que era difícil que me vieran. Aún así, el morbo de ser descubierto espiándoles, sumado a los gemidos cada vez más sonoros de mi madre hicieron que me volviera a empalmar.

"Ya que estamos..." pensé, y empecé a cascarme otra paja delante de ellos. No me veían, claro, pero los tenía a escasos tres metros. Ellos estaban concentrados en lo suyo y no levantaban la mirada hacia la puerta en ningún momento, o al menos eso me parecía a mi. Estaba perpendicular a la cama, así que yo veía la escena de medio lado, pero era suficiente.

Yo seguía dándole al manubrio y mi padre empujando cuando noté que mi madre empezó a respirar más deprisa, emitiendo algún que otro quejido. Más tarde descubrí que las mujeres también se corrían, aunque sin ponerlo todo perdido, y comprendí lo que le había ocurrido a mi madre aquella noche. Mi padre no tuvo piedad y siguió al mismo ritmo, haciendo que mi madre tuviera que morder el colchón para no ponerse a chillar.

Al final cayó rendida sobre la cama, haciendo que se desengancharan. Inmediatamente se puso boca arriba y le dejó vía libre a mi padre, que aprovechó la oportunidad. Comenzó a bombear muy deprisa, y su respiración se hizo más agitada. Mi madre no tardó en volver a gemir de nuevo, y empezó a susurrarle a mi padre que se corriera dentro de ella. Yo intuí que no les quedaba mucho, y antes de quedarme a medias, aceleré yo también para correrme antes de que acabara la función.

Aun así, fue mi padre quien se corrió primero. Comenzó a empujar más deprisa todavía, con más fuerza incluso que antes, y soltó un par de gemidos antes de caer desplomado sobre mi madre. Yo estaba a punto, así que me envolví la polla con los calzones y volví a correrme sobre ellos mientras observaba como mis padres se hacían arrumacos. En una de estas me pareció ver como mi padre miraba hacia la puerta, pero como no dijo nada, supuse que no me había visto.

Me fui a acostar sin dejar de pensar en todo lo que había visto, y aun tuve fuerzas para hacerme una paja más recordándolo. Ya casi ni me corrí, pero lo necesitaba para quitarme el calentón. Me quedé dormido como un bendito, y aun así me pasé toda la noche teniendo sueños eróticos, que no fueron húmedos gracias a que ya estaba totalmente descargado.

A la mañana siguiente, aprovechando que mi madre había salido a comprar, mi padre vino a despertarme, y sin venir mucho a cuento, se puso a hablar conmigo de sexo, que si no te líes con cualquiera, que no hiciera tonterías, que llevara siempre algún condón por si acaso... Yo me quedé un poco alucinado, pues con 13 años veía todo eso bastante lejos; aun no salía con chicas, y tardaría un par de años más en dar mi primer beso. Al final lo entendí todo.

Así como el que no quiere la cosa, mi padre me preguntó que si había dormido bien, porque había hecho mucho calor y él se había levantado muchas veces a beber agua. Yo le dije que sí, pero que también me había levantado alguna vez. Fue la respuesta que estaba esperando, y la confirmación de lo que se temía. Me dijo que sabía que les había estado mirando mientras hacían el amor, pero que no pasaba nada siempre y cuando mi madre no se enterara.

Sus padres siempre habían considerado el sexo como un tabú, y por culpa de eso, mi padre tardó mucho en tener información sobre el tema. Ahora él no quería repetir esos mismos errores, así que aunque me había visto en la puerta no dijo nada (supongo que notó que me la estaba cascando, pero lo omitió por ahorrarme el mal trago). Me advirtió que debía ser discreto, y que me lo tomara como algo educativo, no como una diversión.

Estuve varios años espiándoles detrás de la puerta, conociendo las diferentes variantes y posturas, más romántico, más violento, fugaz, sin prisas, erótico, salvaje... Aprendí mucho en ese tiempo, y porque no decirlo, tuve material pornográfico gratuito para cientos de pajas. Mi madre nunca me descubrió, aunque siempre sospeché que estaba enterada del tema desde el principio. Fuera como fuera, llegué a conocer a mi madre en la cama casi tanto como hoy conozco a mi mujer, y eso que nunca la toqué.



© Hector Richvoldsen

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