EL TORTURADOR (PARTE III)
En las entregas anteriores les conté las torturas a
las que me sometió el Sargento Willy para arrancarme las confesiones de todo lo
referente al grupo de conspiradores contra el gobierno de mi país. Cuando
comenzó a torturarme lo hizo con técnicas fetichistas y luego causándome dolor.
Al principio sentí miedo por mí y también porque no quería delatar a mis
compañeros. Sin embargo, al final me había empezado a gustar lo que me hacía y
él se había dado cuenta de ello. Willy era un experto en torturas y además un
sádico que disfrutaba causando sufrimiento a sus víctimas. En fin, era el sujeto
perfecto para ese trabajo.
En esa última sesión me había maltratado mucho. Sus golpes me
habían hecho contusiones por todo el cuerpo e inclusive una fisura en una
costilla que me dolía horriblemente. Con todo y eso pensaba que me sometería con
gusto a una sesión con Willy. No podía entender qué cosa había operado un cambio
tan drástico y extraño en mí. En la cama del hospital al que fui llevado para
curarme de los golpes me regodeaba pensando en todo lo que pasé, bien porque no
quería que arrestaran a mis compañeros, pero además porque si no hablaba me
llevarían ante el sargento y éste me daría una tunda.
Estuve unos días en el hospital y luego me trasladaron a la
cárcel otra vez. Lo primero que hicieron fue llevarme ante el Coronel.
- Así que se niega a hablar, ¿Verdad? Entonces tendremos que
ser más drásticos con Usted.
- Señor, ustedes están equivocados conmigo, no soy un
conspirador, por eso no he dicho nada.
- Oiga, no nos haga pasar por tontos. Sabemos de sus
conexiones con un grupo de peligrosos conspiradores en contra de este gobierno.
Tenemos ojos y oídos en todas partes, pero con su información nos será aún más
fácil encontrarlos. De hecho, tarde o temprano lo haremos. ¿Por qué no colabora
con nosotros y así se libra de este tormento?
- Pues porque no sé nada. Si supiese algo, ya lo habría dicho
y no estaría aquí sufriendo estas torturas.
- Continúa tratando de engañarnos. El Sargento Willy es un
experto en conseguir confesiones y él nos ha dicho que Usted ya no siente
sufrimiento por las técnicas que se le aplican.
- ¿Qué es lo que trata de decirme?
- Que el Sargento descubrió que Usted es masoquista y nos ha
sugerido pasar al Nivel 3 para lograr que confiese, ¿Sabe a qué se va a
enfrentar?
- El Sargento me dijo que el Nivel 3 consiste en torturar a
seres queridos y hacer que yo observe todo eso.
- Exactamente, ¿Desea Usted daño para alguien que sea
importante en su vida?
- No, no deseo eso, ni para mí, ni para nadie. Ustedes están
equivocados, son unos enfermos, están interrogando a la persona equivocada.
- Sabemos que no estamos equivocados, no se haga el tonto.
Usted es un masoquista y no le seguiremos aplicando el Nivel 2, que es lo que
desea. Ahora alguien que Usted quiere le relevará. Incluso, ya tenemos aquí a
esa persona.
- ¡Degenerados! ¿A quién tienen?
- Lo sabrá a su debido momento. ¡Sargento Willy, preséntese
de inmediato!
El Sargento entró sin perder tiempo. Estaba en la sala de al
lado y evidentemente había escuchado todo. Me miró con sus hermosos ojos verdes
y sentí estremecerme de placer. Esos días sin verle habían generado en mí unas
ganas incontenibles de someterme a sus más viles deseos. Ellos ya sabían mis
gustos por la tortura. Era claro que el Sargento sabía su trabajo a la
perfección.
- ¿Todo listo para comenzar el Nivel 3 con este sujeto
Sargento?
- Sí, mi Coronel, cuando Usted dé la orden comenzaré con lo
usual.
- Entonces que sea inmediatamente, los traidores al país
deben recibir su merecido castigo.
- Así se hará, permiso para retirarme mi Coronel.
- Lo tiene, retírese y no escatime esfuerzos para lograr el
cometido.
- Entendido.
- Ah y otra cosa, disfrute su labor.
- No se preocupe, seguro que este trabajo será muy placentero
para mí.
- Muévete imbécil -Me dijo con deprecio-
Yo empecé a caminar delante de él con una mezcla de temor y
excitación. ¿Qué me haría esta vez? Me condujo por un pasillo hasta un ascensor
que nos llevó a los sótanos de tortura, el sitio preferido del Sargento.
Caminamos un corto trecho y luego nos detuvimos frente a una habitación. Willy
abrió la puerta que estaba cerrada con llave y cuando entramos pude observar que
sólo había dos sillas y un televisor. No había allí ni asomo de instrumentos de
tormento de ningún tipo. Me ordenó que me sentara y que colocara las manos
detrás del espaldar para colocarme unas esposas y las piernas me las amarró con
una soga a las patas de la silla. Hecho todo esto comenzó a interrogarme:
- Ok, todo listo, ahora tienes la oportunidad por las buenas.
- No sé nada.
- ¿De veras? Escucha estúpido hoy no tengo ganas de jugar
contigo. Me hiciste perder el tiempo con los interrogatorios anteriores y no
pienso ni por asomo que eso se pueda repetir hoy.
Sus palabras sonaban como si estuviera herido por no poder
haber logrado su cometido, cosa que él no reconocería nunca conmigo. Además, me
imaginé que sus superiores no debían estar muy contentos con su labor hasta el
momento con mi persona por lo que inferí que esta vez sería mucho más cruel
conmigo.
- Dime todo lo que sabes.
- No sé nada.
- Bien, tú lo quisiste así. Traigan a la chica – Dijo usando
el celular que tenía al cinto-
Cuál habrá sido la expresión de mi rostro cuando vi que
traían con los brazos amarrados y los ojos vendados a mi novia. Sus sollozos
eran desgarradores, producto del miedo que sentía por el maltrato que le daban
esos gorilas que casi la arrastraban. Luego de introducirla en la habitación la
sentaron en una silla frente a mí y la amarraron a la misma para que no se
pudiera levantar. Willy se colocó detrás de ella y haló con fuerza su larga
cabellera hacia atrás, lo que causó que gritara un poco y mirándome dijo:
- ¿Entonces no vas a hablar?
- ¿Déjenla salvajes! Ella no tiene nada que ver en esto.
- Esa no es la respuesta que quiero.
El rostro del Sargento dibujaba una gran sonrisa ya que supo
que mi gusto por sus torturas había terminado. Aparentemente había encontrado mi
punto débil atacando a alguien importante para mí y disfrutaba de lo lindo esta
posible nueva victoria, pero aún le quedaba vencerme y alcanzar su Olimpo
personal.
- ¡Habla imbécil o ella lo pasará muy mal!
- ¡No sabemos nada! Lo juro señor.
- Respuesta mala, pierdes este set.
Willy se arrodilló delante de ella y acariciando su vientre,
acción que causó que mi novia comenzara a llorar de nuevo, dijo:
- Aquí está el bastardo hijo del traidor, qué lastima, no
podrá conocer a sus padres.
- ¡Maldito desgraciado, déjalos en paz!
- Dime lo que quiero saber y ella y tu hijo vivirán, sólo
depende ti y si no hablas lo que les pase también dependerá de ti.
Sin saber por qué una sensación de miedo y gusto se estaba
apoderando nuevamente de mí. El hecho de que el Sargento estuviera disfrutando
de su labor me gustaba, a pesar del peligro que corrían mi novia y nuestro
futuro hijo. Willy besó entonces el vientre de mi chica y decía:
- Dentro está lo más pequeño de papá, qué bonito sería verlo
crecer, pero me parece que nunca será posible eso.
- No te atrevas a hacerle daño degenerado, él no tiene la
culpa de esto.
- Tienes razón, a los niños hay que tratarlos como tal. Mejor
voy a darle de comer.
Inmediatamente se levantó y se bajó su pantalón y su
calzoncillo. Por fin podía ver nuevamente ese pene que me traía tantos
recuerdos. Por fin podía ver de nuevo el órgano que me había dado más placer en
lo que llevaba de vida. Era igual a lo que mi memoria me proporcionaba, blanco,
grueso y recto, sin lugar a dudas muy bello y excitante. Su miembro estaba al
máximo de erección, muestra de que disfrutaba de lo lindo con lo que hacía. Acto
seguido, le arrancó el delgado vestido a mi novia y luego su pantaleta. Con su
mano derecha comenzó a acariciarle la vagina y en ese momento me dio envidia no
tener algo así para satisfacer los deseos de ese varón tan especial. Le
introdujo el dedo medio de su mano derecha y mi novia ya no sollozaba tanto, más
bien comenzaba a disfrutar como yo de esto, aunque no le culpaba, el placer que
Willy podía proporcionar era lo máximo. Luego de un rato de caricias y
masturbación se colocó delante de ella y le introdujo su gran miembro. Mi novia
gritaba con unas ganas incontenibles y él gemía más de lo normal para hacernos
sufrir y al mismo tiempo decía:
- Toma mi niño chiquito, aquí está tu lechita, ahh, ahh. ¿Qué
tal cabrón? Le estoy dando de comer a tu hijo, no podrás negar que lo quiero
mucho.
- ¡Maldito desgraciado!, déjalos en paz, si me zafo de aquí
lo vas a pasar muy mal.
- Tranquilo que aún no le llega su leche, ja, ja, ja, así
aprovecho y lo baño también, ja, ja, ja.
La impotencia me dominaba, pero aunque no lo quisiera
reconocer me gustaba eso. Mi novia no pensaba igual que yo. Estaba más que
descompuesta emotivamente por ese sujeto y lo mostraba en su rostro y en los
gritos que emitía. Al poco tiempo me di cuenta de un detalle en el que no había
reparado antes: ella tenía sendos tapones en las orejas. Eso significaba que no
escuchaba lo que decíamos ¿Qué función tendría eso? Al rato después de
movimientos muy bien sincronizados el Sargento eyaculó acompañando a la
expulsión del semen con un grito de satisfacción muy notorio.
- Ya tu niño comió y además lo bañe muy bien ¿Entonces no vas
a hablar?
- No sé nada, desgraciado, maldito, ojalá te mueras.
- ¿No sabes nada eh? Vamos a ver si de verdad no vas a
hablar.
Le hizo una señal a uno de los guardias que nos acompañaban y
éste último le paso un bastó con punta de goma. El Sargento lo tomó en sus manos
y comenzó a acariciar la punta del mismo.
- Habla, estoy esperando lo que quiero saber.
- ¿Qué es lo quieres que te diga? ¿Quieres que te mienta?
Entonces lo haré. Yo conozco un escondite de traidores que queda en la calle del
Olmo número 13, allí se reúnen dos veces por semanas para conspirar.
- Muy gracioso, te felicito por el chiste. Bueno, tú lo
quisiste.
Se ubicó frente a mi novia y tomó el bastón apuntando con su
punta directamente al vientre de ella comenzó golpearla en ese lugar en forma
suave, pero progresivamente lo hacía más fuerte y hundía más el bastón.
- ¡Habla maldito traidor!, o ella y el niño sufrirán.
- ¿No tienes sentimientos animal?
- El inhumano eres tú que sabiendo a lo que se exponen ellos
no hablas.
El torturador seguía con sus golpes de bastón en el vientre
de mi novia y ella gritaba más aún que al principio. No sentía ni por asomo la
mezcla de temor y gusto míos y sólo sufría por los maltratos que recibía, además
de saber que llevaba en su vientre a nuestro niño. La estaba pasando muy mal.
Sus gritos eran cada vez más fuertes a medida que Willy le golpeaba más y más y
duro. Por último, decidió no golpearla más e introdujo el bastón muy
profundamente dentro de su vagina cosa que causó un espantoso grito de ella. Al
poco tiempo comenzó a salir una mezcla de sangre y líquido amniótico. Mi mente
se llenó de pensamientos nefastos. Seguramente el feto estaría muy golpeado y
quizá no podría sobrevivir a la tunda que le había dado el Sargento a su madre.
Viendo la hemorragia que había causado llamó a dos guardias y pronto se la
llevaron, aunque dejaron en el piso un rastro del líquido blanco-transparente.
Willy se fue con ellos y me dejó en la más profunda soledad e incertidumbre. Yo
gritaba y protestaba, pero no podía hacer nada. Al poco tiempo todo estaba
calmado por la ausencia de esos gorilas.
Estuve solo por espacio de una hora más o menos sin saber que
habría sido de los seres que más quería. Sin embargo, dentro de mí sentía una
especie de culpabilidad porque, aunque no me gustaron las torturas a la que
fueron sometidos, no puedo negar que también disfruté de esos momentos.
Concluido ese espacio de tiempo Willy entró nuevamente en el salón y cerró la
puerta con llave, Esta vez estábamos a solas.
- Te tengo dos noticias, una buena y otra mala, ¿Cuál quieres
saber primero?
- Desgraciado, maldito, ¿Qué sucedió con ellos?
- Eso es precisamente lo que te quiero contar, ahora dime
¿Cuál de las dos noticias quieres sabe primero?
- Dímelo como quieras, pero ya.
- Está bien. La mala es que no serás padre, tu mujer
lamentablemente perdió el niño que esperaba, pero la buena es que la chica
sobrevivió, ¿Qué tal? No esta tan mala la cosa, puedes ser padre en otro
momento.
- ¡Malditos, desgraciados, hijos de puta! Si no me matas te
voy matar yo. No había necesidad de asesinar a una criatura inocente.
- Escucha, las cosas no son tan malas como parecen. Ahora que
hemos decido tu destino final puedo ser franco contigo.
- ¿Destino final?, ¿A qué te refieres?
- Que las cosas no son exactamente como piensas.
- Explícame maldito sucio.
- Será más conveniente que veas este video.
El televisor que estaba en la sala aún no había sido usado
por nosotros. Willy lo encendió y luego activó el aparato DVD situado debajo.
Las escenas que pude ver no estaban editadas, pero causaron en mí una emoción
mayor a cuantas hubiera pasado hasta ese momento. El Sargento me explicó que las
tomas hechas fueron tomadas con cámara escondida. En la película que me mostró
se veía a mi novia recibiendo en su casa al Sargento con besos muy eróticos y
demás, es decir, se conocían con antelación. Posteriormente ambos pasaban al
cuarto de ella donde hacían fogosamente el amor. No podía creerlo, era víctima
de infidelidad sin siquiera sospecharlo. Willy me explicó que mi novia se había
enamorado de él por su forma de tener sexo con ella. Y vaya que no podía
culparla, pero me había convertido en un vulgar cabrón. Él eyaculaba dentro de
ella sin ningún tipo de protección porque habían llegado a la conclusión que
deseaban tener un hijo. Para asegurarse que fuera de él, mi novia me llevó al
medico para que me recomendara unas supuestas vitaminas que resultaron ser
anticonceptivos masculinos por vía de inyecciones sin yo imaginarlo ni por
asomo. En conclusión, el niño que perdió mi novia era de mi torturador. El
Sargento me explicó que le habían vendado los ojos, la boca y colocado tapones
en los oídos para que no pudiera identificarnos, ni a él ni a mí, ya que podría
haber hablado antes de tiempo. La idea final era que yo pensara que le hacía
daño al niño y hablara, pero no aquello no se dio. El magistral plan sólo sirvió
para que mi novia les dijera las pocas cosas que sabía de mí aprovechando que
estaba locamente enamorada de Willy, pero no funcionó en su parte final porque
no lograron arrancarme las confesiones más específicas que buscaban. Yo no podía
creer lo que escuchaba, mi odio se trasladó hacia mi novia y aumentaron mis
ganas hacia el Sargento al saber que él había sido el autor de todo ese plan.
Era un tipo realmente sádico y no tenía límites en su empeño por buscar lo que
el gobierno quería saber, pero al mismo tiempo gozaba al máximo con su trabajo.
- Ya sabes todo, no te preocupes, no era tu hijo, pero si lo
deseas la puedo embarazar de nuevo.
- Eres un loco desquiciado.
- No te hagas el perfecto, en tu expresión puedo saber que
todo esto te ha gustado. He fracasado contigo porque sin saber encontré la horma
de mi zapato: eres masoquista y yo disfruto haciendo sufrir a los demás. Me
encanta que me pidan clemencia porque ese es mi combustible para seguir
adelante. No siento pena, vergüenza ni temor con lo que hago, no tengo una pizca
de humanismo, sólo me gusta hacer sufrir a los demás y a ti te encanta lo que te
hago. Es por ello que no podré obtener lo que tanto nos interesa, por lo tanto,
mañana en la mañana nos desharemos de ti ya que es inútil tenerte más tiempo
aquí. He recomendado una ejecución simple, sin sufrimiento pues sé que eso no te
gustará.
- No tienes por qué matarme, hazles creer que lo hiciste y
llévame a otro lado, tú tienes poder, yo me comprometo a ser el conejillo de
indias que necesitas para disfrutar de todo el sadismo que eres capaz, por
favor, dime que sí.
- Me encantaría hacer eso, son pocos los que consigo
dispuestos a hacer todo lo que me gusta, seríamos infinitamente felices si eso
pudiera ser realidad, pero no puedo desacatar una orden. Además, la vigilancia
sobre mí es estricta, eso no es tan fácil. En verdad lo lamento.
No seguí insistiendo, era claro que nada podría cambiar el
destino que me esperaba: tan joven y muerto. Por mi mente pasaron toda suerte de
escenas en las que me veía jugando con mis padres, hermanos y amigos. ¿Por qué
habría de tener un final tan triste si yo sólo había cumplido con mi deber?
Sentía el ser más desvalido del mundo. Me acosté esa noche aunque no pude pegar
un ojo por lo que habría de pasar al amanecer.
A pesar de todo, el futuro tan terrible que me había descrito
el Sargento nunca se dio. Si hay alguien que pudiese decir que fue salvado por
la campana ese era yo sin duda alguna. Durante la noche un amplio sector del
ejército en colaboración con fuerzas políticas opositoras derrocó al tiránico
gobierno que oprimía a nuestro país. Yo podía escuchar los disparos y cañonazos,
pero no atinaba a descifrar que pasaba. Al amanecer todo se quedó muy callado y
a mitad de mañana entraron unos hombres uniformados. Mi primera reacción fue
ponerme a llorar y pedir clemencia. Los soldados intentaron explicarme sin éxito
que ellos no venían a hacerme daño, pero yo, presa del pánico, no entendía o no
creía nada. Tuvieron que darme unas cachetadas para que entrara en razón. Cuando
me calmé me explicaron que el gobierno había sido derrocado y una Junta
Cívico-Militar se encargaría del poder hasta la realización de elecciones. Yo no
daba crédito a lo que escuchaba y después les pregunté dónde estaban los
funcionarios de la cárcel y me explicaron que muchos huyeron cuando se dieron
cuenta que el régimen había caído.
Pasaron varios meses y el régimen provisional se estabilizó
teniendo total control del país. Por mi parte me recuperé físicamente y ahora
todo era mejor para mí Mi tío fue nombrado ministro y me conseguía contratos de
trabajo que me proporcionaron mucho dinero. Con mis contactos en la Policía
Científica logré saber que mi adorado Willy se había fugado y que se desconocía
su paradero. Solicité una investigación del caso en la más estricta intimidad,
cosa que en principio fue una dificultad y después de un tiempo lo localizaron
en el interior del país. Era mecánico en un pueblo perdido del interior y una lo
noche lo secuestraron secretamente y al día siguiente lo dejaron en una cárcel
cercana para que yo lo viera. Estaba descuidado, tenía el cabello largo y estaba
barbado, pero aún se podía notar su belleza. Distribuí convenientemente dinero y
luego me lo entregaron personalmente. Lo llevé a casa y allí se cortó el cabello
y se afeitó, una transformación que le devolvió su hermosura casi
indescriptible. Ya en nuestras primeras conversaciones estábamos definiendo todo
lo que haríamos en el nuevo futuro que nos deparaba.
- ¿Te acuerdas que aquello que me dijiste que te encantaría
hacer conmigo, pero que por razones de fuerza mayor no podías hacerlo realidad?
- Le pregunté -
- Sí claro, mantengo lo que te dije en esa oportunidad.
- Pues ahora podemos hacerlo realidad.
- ¿En serio querrías que descargara en ti todo lo sádico que
soy capaz de ser?
- Por supuesto que sí. Tú y yo estamos destinados a ser
felices. Fíjate, yo sin saber descubrí algo que desconocía de mí y tú te
salvaste por las diligencias que hice por ti. No hay duda alguna que estamos
hechos el uno para el otro.
- Sí, tienes razón, pero ¿Qué propones tú?
- Te ofrezco lograr lo que siempre has querido con alguien.
Ahora yo tengo una buena posición económica y vivo solo. Te imaginarás que no
volví a ver nunca más a la que era mi novia. Compré esta gran casa que tiene
sótano con la intención de convertirlo en una cámara de torturas.
- En eso te puedo ayudar yo, conozco de esas cosas.
- Lo sé, por eso necesito de tus conocimientos en ese
sentido.
- Yo lo haría con mucho gusto, pero yo requiero de alguien
que esté dispuesto a servir a mis deseos más viles, ¿Querrías tú ser esas
persona?
- Sin duda alguna. Vamos a planear qué es lo que vamos a
hacer en el sótano.
Willy era más hábil de lo que suponía y acomodó el sótano
prácticamente solo, aunque yo le ayudé un poco también. Luego compramos
diferentes instrumentos y equipos para sadomasoquismo algunos de los cuales no
lo parecían, pero me dejé guiar por su sapiencia. Al final teníamos un lugar
insonorizado y equipado para servir de cámara de torturas. Todavía no habíamos
llegado a nuestro Olimpo personal porque faltaba el estreno, pero es parte de
otra historia.