Hilda, esa mujer recatada, profesionista, casada, madre de
una hija del hombre que amaba, nos cuenta mas de la mujer que dejó de ser todo
eso y se transformaba en las manos de otros en una mujer caliente, hambrienta
sexual, en una puta a la disposición de sus apetitos sexuales y fantasías.
Algunas situaciones en nuestras vidas las manejamos a nuestro
antojo, a nuestra conveniencia, pero a veces hay cosas que nunca imaginamos y
que nunca pensamos que haríamos, pero que una vez llegado el momento no podemos
sustraernos a esa sensación, lo negamos y nos oponemos pero dócilmente nos
dejamos llevar por esas sensaciones. Nuestra mente dice no, pero nuestro cuerpo
dice sí.
Esa era mi nueva situación, pasado el sobresalto y
ensimismada en mis asuntos y mi familia, nada perturbaba mi mente, pero llegado
el momento no supe decir no.
Fueron dos años los que vivimos en ese departamento, y en
esos dos años esos tres hombres me hicieron su puta, aun ahora recuerdo todo y
me asombra haber vivido esa situación sin que nada saliera a luz, sin que nadie
se diera cuenta, me hicieron suya cuantas veces quisieron, muchas veces los
rechacé pero cuando encontraban la situación se aprovechaban de mí y yo me
entregaba, me admiró su discreción, ante todos se comportaban muy bien y me
trataban con respeto, nunca hubo una insinuación ni abuso delante de mi marido,
guardaban sus distancias, pero cuando estaban a solas conmigo, no hubo nada que
no intentaran para satisfacerse y satisfacerme, con los vecinos nunca estuve con
alguno de los dos a solas, siempre que estuve fue con los dos, me hacían el amor
los dos, pero con el dueño era diferente, ese viejo me hacía lo que quería el
solo y algunas cosas mas, como fue entregarme a otros hombres.
Sucedió una noche, como un mes después de lo sucedido en la
madrugada del año nuevo, serían las 10 mas o menos, estaba en mi casa, acostando
a mi niña, ya para dormir, yo vestía una bata, que sin ser corta ni
transparente, se moldeaba muy bien a mi cuerpo, resaltaba mis nalgas y marcaba
las líneas de mi braguita, mis pechos se acomodaban muy bien, mis pezones sin
necesidad de estar excitados, se notaban y marcaban en ella, recosté a mi niña y
al oír que tocaban suavemente, la dejé diciéndole que ya durmiera y fui a ver de
quien se trataba.
Eran mis dos vecinos que vivían solos, al abrir no pude
evitar un sobresaltamiento, recordar lo vivido con ellos me hizo sentir algo que
estaba queriendo olvidar.
-Buenas noches vecinita, le traemos un obsequio-, era un ramo
de flores.
-Gracias, pero creo que no puedo aceptarlo, no sería
correcto-, contesté y manteniendo la puerta semi cerrada evitaba que me vieran
completamente.
-Vamos vecinita, acéptelas como una prueba de la admiración
que sentimos por usted-, diciendo esto empujó suavemente la puerta con el ramo,
para ofrecérmelo, a lo que me opuse manteniendo uno de mis pies tras la puerta
para evitar que se abriera mas, y tratando de ocultar mi cuerpo tras de ella.
-No, por favor retírense mi hija está durmiéndose y mi marido
puede llegar en cualquier momento.
-Sabe bien que el llega después de la media noche, vecinita,
bueno salga un momento, ¿por qué no platicamos un poco acá fuera?, solo será un
momento.
-No, ya le dije que no, y haciendo un poco más de fuerza
cerré la puerta.
Ellos lejos de aceptar la negativa, me hablaron ahora por la
ventana, que se encontraba abierta y daba al pequeño lavado que se encontraba
fuera.
-Vamos, platiquemos un poco vecinita, queremos decirlo lo
hermosa que se ve últimamente, que el solo verla nos hace sentir los seres mas
afortunados del planeta, por haber tenido la dicha de tenerla en nuestros
brazos-, oír esto me hizo sentir un calorcito que no había sentido desde se día
en que me tuvieron a su disposición.
Al sentir que enmudecía les hizo ser más audaces.
-Queremos ver de nuevo su cuerpo, sentir esos pezones que se
notan en su ropa, saborear su cuerpo, palpar sus nalgas, siempre tan hermosas-,
yo continuaba enmudecida y no les contesté.
-Por favor vecinita, salga un momento, mire lo que tengo en
las manos-, yo no levanté la cara pero me imaginé a que se refería, sin desearlo
mis pezones se endurecieron, pero queriendo ser terminante les dije:
-Por favor váyanse, ya no me molesten, eso no debió haber
pasado y respeten mi decisión-, mas que pedir casi suplicaba, pero sin
convicción, sin fuerzas, casi en un susurro.
-Si sale tantito, le prometemos que la dejamos en paz-, ellos
notaban mi debilidad y sabían que era cuestión de insistir y obtendrían lo que
deseaban.
-No, por favor retírense, no saldré, déjenme en paz-, había
cierta turbación en mi negativa, quizás a la vez deseaba lo que sucedería.
-Está bien, solo acepte nuestro regalo para que vea que
estamos en la mejor disposición de ser solo buenos vecinos, abra para que se lo
entreguemos y nos despidamos-.
-No, váyanse ya les dije-.
Insistieron a que aceptara y fueron persuasivos en eso y
acepté que lo dejaran enfrente de la puerta y yo lo metería. Aceptaron diciendo
que ahí lo dejarían y se fueron.
Esperé varios minutos para abrir y recoger su regalo, pero en
el fondo estaba segura que no se habrían ido, que estarían ahí esperando una
oportunidad de entra o de hacer que yo saliera, y aún así abrí, ellos estaban
enfrente de la puerta con las flores en las manos, no intentaron nada, solo me
la ofrecían, yo acepté y abrí la puerta y tome su regalo, al recibirlo me
rozaron las manos de Andrés el mas grande de los dos, y el que había estado
convenciéndome, no pude evitar un estremecimiento al sentirlo.
-Gracias-, murmuré, no había ningún impedimento ahora, la
puerta estaba libre, mis manos ocupadas, y ellos enfrente. Andrés dio el primer
paso, avanzó al interior y tomando de nuevo el regalo me dejó libre las manos,
se dirigió a el comedor y las puso ahí, Rubén le siguió pero el fue hacia mí y
abrazándome puso sus manos en mis nalgas, todo esto sin que yo atinara a decir
nada.
-Mamacita, que ricas nalgas tienes, como las admiro cuando
caminas-, me empezó a decir al momento de apretar y manosear mis nalgas.
Pronto Andrés cerró la puerta y acercándose empezó a
manosearme también.
-No por favor, mi hija está a punto de dormirse todavía,
váyanse, ustedes me lo prometieron-, mientras decía esto ya mi bata estaba a mi
cintura y sus manos amasaban la desnudez de mis nalgas provistas tan solo de una
pequeña tanga.
-Solo un momento mamita, también tu lo deseas-, me decía
Andrés, al momento de pellizcar mis pezones por encima de la bata, dándose
cuenta de la dureza de ellos.
-No, mi hijita, vayamos fuera, allá estaremos mejor, no se
vaya a despertar.
-No creo mamacita, además te pedimos que salieras y no
quisiste, ahora será aquí dentro, de nuevo serás nuestra, te hemos extrañado-,
sus manos de los dos no dejaban de recorrer mis formas, mientras Rubén besaba
mis senos, ahora, Andrés buscaba mi entrepierna, yo solo separé las piernas,
dejándole hacer, su mano encontró mi sexo ya humedecido, signo inequívoco de la
entrega ya de mi cuerpo.
-Te diremos algo muñeca, nunca te buscaremos problemas con tu
marido, cuando podamos estar contigo como ahora lo haremos, pero nunca te
acosaremos mas de la cuenta, solo queríamos que nos aceptaras y que en adelante
seas más accesible, verás que pasarás ratos muy agradable, te saciaremos y nos
saciarás, tienes dos vergas a tu disposición-, mientras Andrés me decía esto me
deslizaba mis tanga con sus manos, lentamente disfrutando mis carnes, Rubén
tampoco perdía el tiempo y bajaba los tirante de la bata por los lados de mis
hombros descubriendo mis pechos ya excitados.
Andrés, levantándome, me sentó en la mesa del comedor y ahí
sentada con la piernas abiertas, la bata en mi cintura completamente y los
pechos desnudos al aire me empezaron a acariciar a su antojo, mi vista la
llevaba continuamente a la entrada del dormitorio, pero no pasaba nada, mi hija
ya estaría dormida mientras su madre se comportaba como una perra, una hembra en
celo que se dejaba hacer por dos hombre a la vez, dos hombres ávidos de su
cuerpo, de su sexo, que solo buscaban satisfacer sus deseos sexuales, por que
eso era solamente, deseo, gozar de mi cuerpo, de mi boca, mamar mis pechos,
chupar mis pezones, amasar mis nalgas, y sobre todo deseaban meter sus vergas en
mi cuerpo, y yo lo permitía, les dejaba hacer eso.
Lentamente me hicieron recostar en la mesa, mientras Andrés
ponía su boca en mi sexo, Rubén con la verga ya de fuera y los pantalones abajo,
esperaba que me introdujera su verga en la boca, solo la abrí y el hizo el
resto, me introdujo su verga en la boca y empezó prácticamente a cogerme por la
boca, entraba y salía de ella sin resistencia de mi parte, mas bien lo
disfrutaba, a esas alturas Andrés ya me tenía a las puertas del orgasmo con su
lengua, me abría lo mas que podía de las piernas para lamer a gusto el coño que
estaba a su disposición, chorreando mis jugos y el absorbiéndolos, dejó de
lamerme, sabía lo que venía y abrí mas las piernas, sentí cuando puso la punta
de su verga en mi entrada y me la metió de un solo golpe, creo que ya sabía que
eso era lo que me gustaba que me lo hicieran sin consideración, que lo que mas
me saciaba era ser tratada como una puta, tomándome de las piernas y
alzándomelas me cogía desenfrenadamente, con fuerza, el hecho de comportarme
como una puta, como una perra en celo, con toda la calentura siendo saciada me
hacía ser mas desinhibida, mi cuerpo era agitado por esos dos hombres que me
cogían uno por el coño y el otro por la boca, era agitada a su antojo, mis
nalgas resbalaban en un ir y venir por la mesa por la cogida que me daba Andrés
y mi cabeza recibía el mismo trato por el otro, eso hacía que mis pechos se
bambolearan sin control y me los acariciaba yo misma.
Se intercambiaron posiciones y siguieron dándome duro, no sé
cuanto tiempo estuvieron cogiéndome, pero me hicieron venir dos veces antes de
venirse el primero que fue Rubén, que en esos momentos me tenía ensartada por
detrás, recostada boca abajo en la mesa y con las nalgas al aire recibiendo su
verga, en esos momentos Andrés solo nos veía acariciándose su verga y esperando
su turno, una vez acabado Rubén y haberse retirado, tomó su turno de nuevo
Andrés, pero esta vez apuntando hacia mi culo empezó a meterla lentamente,
empecé a morder mis labios para evitar gritar del dolor ya que su verga era mas
grande de lo que me había metido por ahí alguna vez, con un poco de esfuerzo
logró meterla toda y al ver mis gestos y movimientos de dolor, se quedó quieto,
esperando que me acostumbrara, una vez ya seguro de lo que hacía empezó su
metisaca taladrando mi culito, yo me aferraba de la mesa y entre que gritaba y
gemía, me costaba aclimatarme a su verga, apoyándome con las manos de la mesa me
incorporé y alzando mas mis nalgas traté de encontrar mejor posición para que me
doliera menos, eso fue aprovechado por el para encimarse en mí y apoderarse con
una mano de mi clítoris y con la otra de mis pechos, con ese tratamiento empecé
a calentarme de nuevo y se me olvidó el dolor para dar paso al placer, me empecé
a agitar y a mover mis nalgas y caderas para hacer mas placentera la cogida que
me daba, en un momento de lucidez pude ver por los cristales del trinchador mi
situación, casi de pie, apoyada en la mesa, con la bata totalmente enrollada en
la cintura y con un hombre atrás de mí cogiéndome por el culo, me dio mucha
lujuria verme así, toda una puta que sin restricciones entregaba su cuerpo al
placer desenfrenado de esos hombres, era una perra sedienta de placer, me quedé
viéndome así y en ese momento me empecé a venir de nuevo, por tercera vez mi
cuerpo se agitó y gemí apretando los labios para no gritar, sentí que como el se
venía también, llenándome de leche mis entrañas, me desmadejé en la mesa y el
encima mío, tardamos en reponernos, sentí un gran alivio al separarse el de mí,
sacó su verga ya flácida de mi agujerito, sentía que me escurría por mis piernas
los restos de su venida, no hice movimientos y seguí en esa posición hasta
reponerme.
Una vez repuesta me incorporé, ellos no se habían ido
todavía, con la vista baja y sin atreverme a verlos, les pedí que se fueran,
ellos se acercaron y acariciándome me dieron ambos un beso.
-Gracias vecinita, por este rato especial, eres una mujer
caliente, no lo puedes negar, con nosotros serás siempre una puta cuando
cojamos, en la calle te respetaremos como lo que eres, una dama-. Dijo uno de
ellos.
Yo no respondí, y esperé que se fueran, una vez a solas no
pude evitar caer en llanto, me sentía lastimada, usada, no era eso el panorama
que tenía de disfrutar el sexo, nunca hubiera pensado que caería así, como una
vulgar puta para ser usada por ellos cuando quisieran, sabía que eso sería el
principio de una vida de su satisfacción sexual, de sus antojos, que estaría a
su disposición cuando se les antojara, que sería su puta privada, lo peor era
que lo disfrutaba, que me hacían disfrutar, gemir de placer, que habían ya
logrado por segunda vez en poco tiempo venirme hasta tres veces en una sola
sesión de sexo, aún lloriqueando me fui a bañar, a tratar de limpiar si en algo
se podía las huellas de infidelidad, y esperar a que llegara mi esposo, que se
encontraba trabajando mientras creía que su mujercita se encontraba en su casa
descansando para esperarlo, si el se imaginara.
Después de eso hacerlo con los dos al mismo tiempo fue algo
ya que hasta yo misma esperaba, lo hacíamos en el zaguán del depar, en mi depar.
En el lavado inclusive, solo cuidando que no hubiera nadie en los demás cuartos
o ya muy tarde cuando todos dormían. En una ocasión me llevaron a un motel por
toda una noche, ya que mi esposo salió de viaje por una día completo, mi hija se
quedó con mi madre y yo con dos machos que me hicieron lo que quisieron, esa vez
me hicieron beber, bueno bebimos, y ya media borracha nada les negué hasta
hacerlo al aire libre, sobre el toldo de su vieja camioneta, totalmente desnuda
y gritando sin reprimirme.
Para esa ocasión ya sabían por que yo les dije, que mi esposo
saldría de viaje y de común acuerdo quedamos de vernos en la noche al salir de
un turno de noche que había agarrado para ayudar en los gastos de la casa,
primero me llevaron a un discreto bar, en el cual por lo alejado de la ciudad no
me importó exhibirme con ellos dos, en esa ocasión como recién había salido de
trabajar mi ropas era algo formal, una falda azul marino poquito arriba de la
rodilla, blusa blanca de botones, zapatillas cerradas negras, pelo recogido, con
lentes, ya que eran necesarios para mí, totalmente discreta.
Bebimos algo, y ya para media noche yo me encontraba alegre y
desinhibida, igual bailaba con cualquiera de ellos o con los dos al mismo
tiempo, ellos no tenían prisa, sabían que disponían de toda la noche pero sobre
todo que disponían de mi, de mi tiempo, de mi cuerpo. Para salir o entrar de ese
bar había que atravesar un patio grande que a la vez hacía de estacionamiento,
cuando nos retiramos del lugar, ya estaba casi a solas el patio ese, la vieja
camioneta que ellos utilizaban se encontraba al fondo de ese patio, en el
trayecto del local a la camioneta me fueron abrazando, besando y sobre todo
toqueteándome por las nalgas, yo igual les correspondía a los dos y les dejaba
hacerme, el vigilante solo observaba lo que hacíamos, quizás acostumbrado a esos
espectáculos, quizás para el solo era una de tantas putitas que llegaban por ahí
con algún cliente.
Antes de subirme a la camioneta entre los dos me abrazaron y
me subían la falda para acariciarme mejor, mi blusa la abrieron para tratar de
acariciar mejor mis senos, total que ya una vez arriba de ella en medio de los
dos, yo me encontraba con la falda totalmente arremangada y con la blusa abierta
exponiendo mis pechos todavía calzados con mi brassier, camino a un motel se
desviaron en un camino de terracería y en lugar oscuro, me bajaron y entre los
dos me desnudaron completamente, una vez desnuda solamente calzado con mis
zapatillas, me empezaron a besar y manosear, sus manos palpaban todo mi cuerpo,
sus dedos entraban y salían de mi entrepierna, totalmente excitada y entregada a
ellos, jadeaba y respondía a sus caricias y besos, me levantaron y poniendo una
frazada que traían, sobre el cofre de la camioneta, me tendieron sobre ella, con
las piernas totalmente abiertas, mientras Rubén me lamía mi sexo , Andrés me
besaba y amasaba mis senos, sentí cuando Rubén puso su verga en mi entrada, me
ensartó de un empujón, tomó mis piernas y me hizo abrazarle con ellas, me
afianzó por las caderas y me empezó a coger, yo me agitaba y gemía sin
restricción, mientras Andrés me besaba con avidez los pechos, se intercambiaron
una y otra vez para poseerme los dos, me hicieron venir pero ellos no lo
hicieron, solo me limaban y saboreaban de mi sin prisas.
Después de venirme, así desnuda como estaba me subieron
subirme a la camioneta y entonces si me llevaron a un motel, una vez ahí,
subimos al cuarto, ya dentro volvieron a abalanzarse a mí, y de nuevo a
cachondearme y calentarme, me llevaron al baño y en la ducha me poseyeron de
nuevo, hicieron que se la mamara a cada uno de ellos y mientras, el otro me
cogía por detrás, me sacaron del baño y me llevaron a la cama, pero antes de
caer en ella Andrés me abrazó y levantándome por las nalgas buscó penetrarme así
parado, le ayudé enlazando mis piernas en sus caderas y buscando su verga con mi
mano y me la puse en la entrada de mi rajadita, el me bajó lentamente, hasta
quedar ensartada completamente, empezó a subir y bajarme en su verga ayudado por
mí que colgada a su cuello hacía mi parte, de repente sentí a Rubén que buscaba
mi hoyito posterior, así como me tenía el otro, que al ver lo que trataba su
amigo se detuvo un poco, pronto sentí como me empezaba a taladrar Rubén por el
culito, en un momento dos vergas estaban dentro de mí, así parados me tenían
ensartada, a su antojo, me empezaron a maniobrar entre los dos a su antojo, me
subían y bajaban penetrándome con sus vergas, yo me agitaba, con los ojos
cerrados y gimiendo sin parar, después de un rato se cansaron creo, y me
llevaron a la cama así ensartada entre los dos, nos acostamos de lado los tres y
me siguieron cogiendo entre los dos, intercambiaron posiciones y ahora, Rubén me
cogía por delante y Andrés por el culo, me vine abundantemente de nuevo y ellos
me seguían dando verga, aguantaron un buen de tiempo dentro de mí hasta que se
vinieron los dos, primero Andrés en mi culito y posteriormente Rubén se puso
detrás mío y me siguió cogiendo, hasta venirse también en mi culito.
Cuando desperté, ya era de día, me apresuré a ir al baño a
hacer mis necesidades, me di un ligero baño, cuando salí del baño ya me
esperaban despiertos, con su mano jugaban sus vergas, me llamaron a la cama y
les obedecí, Andrés me jaló de la cabeza e hizo que le mamara la verga, mientras
Rubén me empezó a besar las nalgas y las piernas mientras sus manos recorrían
mis pechos y mis piernas, buscó mi sexo con su boca, así como estaba por detrás
de mí, yo abrí las piernas alzando una de ellas ya que me encontraba de lado, me
lamió haciendo que me excitara y lubricara rápidamente, para pronto su verga
estaba dentro de mí, y mientras mamaba la verga de uno el otro me penetraba por
detrás, me volvieron a coger entre los dos hasta que se hartaron, me hicieron
mamársela a los dos, me cogieron por delante y por detrás, me saciaron y se
saciaron de mi cuerpo, fue una noche y parte del día de sexo desenfrenado, no
hubo nada que no probaron, por que prácticamente fui su juguete, se saciaron con
mi cuerpo, con mi sexo, con mi boca y mi culo.
Cuando me regresaron a casa, ya casi era mediodía, primero
llegué yo a casa y después ellos, me asee y cambié para ir por mi hija,
aparentar que nada pasaba, si mi familia supiera la clase de mujer en la que me
convertía, la puta que llevaba dentro y que explotaba en cuanto era provocada,
pero eso era lo que hacía mas excitante la situación.
Coger con ellos siempre fue hacer de todo, ellos no dejaban
de intentar y probar todo con mi cuerpo, no había hueco que no probaran, estar
ensartada por los dos al mismo tiempo era lo que mas me excitada y llenaba,
cuando menos una vez por semana me entregaba a ellos.
Con don Sósimo fue algo diferente, el no me buscaba seguido,
ya sea por su edad o por que su esposa no le daba el espacio que quisiera, pero
las veces que lo hice con el fue algo realmente rico. Su fantasía de el era que
yo era su puta, me trataba como tal, hacía que cuando estuviera con el me
vistiera como eso, como una puta, inclusive me llevó a un antro y me hizo ser
una puta.
La siguiente vez que el me buscó después de haber estado con
los tres ese fin de año, fue como a los dos meses, yo ya había estado con los
otros unas tres veces, me visitó con el fin de cobrar la renta, normalmente mi
esposo era el que pagaba, lo hacía personalmente a el o a su señora pero esa vez
se había retrasado ya varios días y no lo había hecho y eso fue lo que motivó su
visita, de eso solo me recordó el compromiso del pago, pero nada mas, solo que
ya dentro de la casa se acercó a mí y me tomó por la cintura y me besó, no lo
rechacé y se sintió mas confiado.
-¿Cómo está mi putita?-, me susurró al oído, mientras su mano
bajaba de mi cintura a mis protuberancias traseras y me las acariciaba.
-Como me encantan tus calzoncitos putita, me excito cuando
los veo tendidos al secarse, ¿Sabías qué tengo uno de tus vellos púbicos
guardados, los retiré de una de tus braguitas, estaba atorado en ellos. Su mano
no dejaba de acariciar mis nalgas y su otra mano ya estaba sobre mis senos,
buscando mis pezones.
Notó mi respiración agitada, yo no contestaba pero tampoco le
rechazaba, le dejaba hacerme y decirme, me excitaba sus palabras, no sé por que
pero de el eso era lo que me excitaba, lo que me decía, que me tratara como una
puta. Su mano ya estaba dentro de mi blusa, acariciando mis senos debajo del
brassier, pellizcaba mis pezones.
-Ya estás caliente putita, tus pezones ya están pidiendo un
macho-, y metiendo su mano por debajo de mi falda tocó mi entrepierna, -que puta
eres, ya estás mojada y eso que solo te he tocado.
-Este coñito quiere que le metan la verga, ¿quieres que te
meta la verga putita?- me seguía susurrando al oído.
Yo tenía los ojos cerrados, abandonada a sus lascivas
caricias solo suspiraba, disfrutaba del trato del que me hacía objeto.
-¿Quieres que te coja putita?, ¿quieres una verga dentro de
ti?- al decir esto último me apretó fuertemente las nalgas atrayéndome hacia el
y besándome en la boca, me mordió los labios y esperando una respuesta que no
obtenía me volvió a morder un poco mas fuerte haciéndome gemir del dolor.
-Contéstame putita, dime que quieres que te meta la verga.
-Sí,- contesté en un susurro.
-No te oigo, sí que putita- me replicaba.
-Sí quiero que me meta su verga-, le contesté ya excitada.
-Dime que eres una puta, dímelo te quiero oír-, me susurraba
al oído.
-Sí soy una puta y quiero que me meta la verga, quiero
sentirlo de nuevo.
Me levantó la falda hasta la cintura, y me tallaba mi cosita
sobre mis pantaletitas, abrió totalmente mi blusa y bajando los tirantes del
brassier por mis hombros descubrió mis tetas, me mordisqueó los pezones
endureciéndolos al máximo, haciendo a un lado mis pantaletas, sentí su verga en
la entrada de mi cosita, se lo había sacado ya sin darme cuenta, me apoyó de
espaldas como estaba en la pared de la casa y levantándome una pierna buscó la
penetración la cual logró al levantar yo mi cuerpo y arquear mis piernas para
facilitar la penetración, me empezó a coger suavemente al principio, al sentir
mi excitación apresuró la penetración y empujando fuertemente entraba y salía de
mi cuerpo, sentí como se cansaba por la posición, y saliéndose de mí me tomó de
la mano y me llevó a mi recámara, yo me negué pero el solo me jaló y me llevó a
jalones, una vez ahí me hizo ponerme en cuatro a la orilla de la cama, teniendo
a disposición mis nalgas, con la ropa totalmente desarreglada, mi falda a la
cintura con la tanga a un lado y la blusa totalmente abierta con el brassier
debajo de los senos, me abrió las nalgas y buscó mi cosita para volver a
cogerme, tomándome de las caderas con sus dos manos me empezó a taladrar con
fuerza, yo solo gemía y me movía buscando una mayor penetración empujando con
fuerza mis nalgas al encuentro de sus embestidas.
-Que puta mas rica, como me encanta cogerte puta- me decía,
-eres mi puta verdad?-
-Sí viejo maldito soy tu puta, hazme lo que quieras, cógeme
así como una puta, hazme venir.-le contestaba totalmente entregada.
-Te haré una puta de verdad, serás mi puta particular pero
también serás una puta de verdad, te has imaginado alguna vez verte como una
verdadera puta?.
-No, que me hará?.- le contestaba entre gemidos.
-Te vestiré como puta, te llevaré a la calle como una puta,
para que te vean otros hombres vestida como una puta, te llevaré a un lugar
donde serás una puta, yo te veré comportarte como una puta y disfrutaré de tu
cuerpo, pero también otros disfrutarán de tu cuerpo.
Oír eso, de sus labios pegados en mis oídos fue el detonante
para explotar en un orgasmo abundante, el sintió mi venida, y apretando mis
pezones también se vino dentro de mí. Caímos exhaustos en la cama, yo bocabajo y
el encima de mí, mi respiración era agitada al igual que la de el, una de sus
manos no dejaba de acariciar mi clítoris mientras la otra pellizcaba mis
pezones.
Era algo incoherente la situación, este viejo no era lo que
se consideraba un galán, su edad era ya avanzada y me hacía sentir bien caliente
cuando me tomaba y no lo rechazaba, no me buscaba seguido quizás por su edad
pero como en esta ocasión cuando lo hacía me hacía gozar de placer.
Como era de tarde, y su esposa ni sus hijos estaban y yo
tenía demasiado tiempo libre en ese momento, se quedó un rato más platicando de
cosas que me hacía sentir mas caliente,
-Mire Hildita, usted es una mujer hermosa, yo siempre la
trataré con respeto donde sea, mas delante de su marido y de la gente, pero
cuando estemos a sí a solas usted será mi putita, así la trataré, y quiero que
usted lo acepte, mi fantasía es que usted sea mi putita.
-Bueno- le contesté- y su esposa no puede cubrir esa
fantasía?.
-No, como cree, que mas quisiera yo, desde que nos casamos,
quise saciar con ella mis deseos, siempre quise que se vistiera provocativa, con
ropa sexy, con calzoncitos como los tuyos, pero nunca se atrevió, siempre fue
recatada, yo siempre le insistí, le hice ver que eso no tenía nada que ver con
nuestro matrimonio, que eso era algo entre ella y yo, pero nunca lo logré, menos
ahora a su edad.
-Y usted Hildita, alguna vez sintió ciertas fantasías?
-No, en realidad no, nunca me imaginé el sexo de esta manera,
mi esposo desde que nos casamos me despertó la hembra ardiente que llevaba
adentro, me trata igual en la cama como una puta, el hizo que despertara en mí
la hembra caliente que soy, hasta el día que usted me hizo suya en el zaguán
nunca había pasado por mi mente serle infiel, después todo se vino en cascada.
-Recuerdo con una gran emoción la noche en que la hicimos
gozar los tres, me excitó en gran manera verla así, ser gozada por ellos dos,
verla gemir, y como gozaba de la cogida que le daban-, mientras hablaba su mano
nuevamente se ocupaba de mis nalgas, yo estaba acostada boca abajo, el se
recostó casi encima de mí, y mientras sus manos me acariciaban las nalgas me
seguía susurrando al oído.
-Verla así con las piernas abiertas, en el sofá mientras se
la cogían fue realmente excitante-, me susurraba al oído, mientras una de sus
manos buscaban uno de mis pezones y me los retorcía, haciéndome gemir
nuevamente, me estaba volviendo a calentar este viejo- me hizo satisfacer una de
mis mas secretas fantasías.
-Quiero que cuando tengamos oportunidad salgamos a otro lado,
y lucirte con ropa cortita y sexy, como una putita, que otros hombres te miren,
quiero entregarte a otros hombres, que en verdad seas una putita-, escuchar eso
y gemir fue una sola cosa, mi mano buscó por detrás su verga y la encontré de
nuevo endurecida, y se la empecé a acariciar mientras el introducía sus dedos
entre mis nalgas recorriendo mi cosita y mi culito y seguía oprimiendo mis
pezones y amasando mis tetas.
-Te quiero hacer el amor en la calle, en algún baño, en algún
cine, en otro lado que no sea aquí, quiero que no te resistas cuando salgamos,
me gustaría subirte a un camión lleno de gente y que manos ajenas te agarren las
nalgas, que te acaricien, que te metan mano, que vayas vestida con un vestidito
corto, ligero con tanguita y sin brassier, que tus pezones se noten en tu
vestido-, escucharlo me calentaba mas y guiando su trozo que acariciaba lo guié
a mi entrada vaginal, el solo empujó y me la introdujo con fuerza, me tomó de
las caderas y me empezó a cabalgar, yo gemía y me agarraba los senos y me los
acariciaba.
-Me dejarás hacerte lo que te digo mi reina, serás mi
putita?, me susurraba al oído.
-Sí, haré lo que tu digas-, contestaba totalmente enardecida.
-¿Eres mi puta corazón, te puedo hacer lo que yo quiera?, me
preguntó una vez mas mientras sacaba su verga de mi cosita y me la ponía en la
entrada de mi culo.
-Síiíí-, le contesté al sentir que me empezaba a meter su
verga en el trasero, -soy tu puta, puedes hacerme lo que quieras, saldré contigo
y me entregaré a otros hombres podrás cogerme donde quieras y como quieras, si
quieres que sea una puta eso seré-, decía mientras me taladraba le trasero y una
de sus manos estimulaba mi clítoris.
-Claro que sí puta, serás lo que yo digo, tu cuerpo es mío y
estará a mi disposición para que haga con el lo que quiera-, sentí como su
cuerpo se empezaba a agitar al venirse, eso hizo que también alcanzara el
orgasmo, quedé realmente extenuada, sin fuerzas, ya no sentía su peso, pero el
estaba encima de mí sacando lo último de sus jugos dentro de mis entrañas, solo
sentí cuando me la sacó suavemente y se incorporó, se terminó de vestir y me
dejó ahí tirada en mi cama toda revoloteada después de haberme poseído, me dormí
un rato y cuando desperté casi oscurecía, me sentía algo sobresaltada, ya que el
dueño había demorado mucho tiempo en el depar y era de día aún cuando estuvo
ahí, después me hizo ver que se había cerciorado que no había nadie, ni su
familia ni vecinos, me levanté, me di un baño y me fui por mi hija, ya que mi
mamá se había quedado con ella, cuando salí vi a don Sósimo dormir en una hamaca
fuera de su casa, reponía fuerzas seguramente, no pude evitar sonreír al
recordar lo que me hacía vibrar ese hombre.
Una de las cosas mas atrevidas que me hizo fue entregarme a
otros hombres, ya me había llenado la cabeza con sus insinuaciones sobre ser una
putita de verdad, cada que me cogía me enardecía sobre como pensaba entregarme a
otros para verme cogida, era tanta su lujuria que hasta yo misma me excitaba a
solas pensando en esa posibilidad, hasta llegué a soñar que era cogida por
extraños, en situaciones desconocidas.
Ya una vez convencida de sus fantasías acordamos vernos fuera
para que me llevara a satisfacerse, sería la primera vez que saldríamos, ya que
siempre había disfrutado de mi cuerpo en mi casa o en algunas ocasiones en la
suya, cuando estaba a solas, cosa que sucedía algunas veces en que su esposa
salía a visitar a sus familiares en otra ciudad.
Nos vimos en una parada de camiones, para trasladarnos a otra
ciudad cercana, ese fue el acuerdo, donde no me conocieran, nos subimos al
camión que nos llevaría, subimos separados, para despistar, el camión ya iba
lleno y tuve que viajar parada, el se acercó a mí y me rozó sin hablarme, me
talló discretamente su paquete en las nalgas, yo vestía un ligero vestido color
café oscuro, de tirantes que se amarraba a la nuca, escotado a la espalda, y
ligeramente escotado en el frente en forma de "V", enseñando parte de mis senos,
que iban libres ya que me había pedido no llevar brassier, era un vestido corto
de ligero vuelo, se me apreciaban perfectamente las piernas, abajo una ligera
tanga color negra, sentí su excitación al contacto, no duró mucho y se alejó de
mi.
Recordé algunas de las cosas que me decía, de que quería
verme que otros me tocaran y pensé que eso era lo que buscaba, pasó un buen rato
y nada sucedió, lo voltee a ver y ligeramente me hizo señas de acercarme a el,
para hacerlo tendría que deslizarme por donde mas gente había, principalmente
hombres, hacerlo fue alborotar a esos hombres, ya que lo hice lentamente,
tallando mis nalgas y pechos con los que me topaba, hubo un momento en que ya no
pude pasar y me acomodé lo mejor que pude, fui franqueada por dos hombres, uno a
cada lado mío, don Sósimo se acercó y se puso detrás de mi, el deslizó
disimuladamente una de sus manos a mis nalgas y las acarició suavemente, esto
fue detectado por uno de los hombres a mi lado, don Sósimo me soltó y sentí como
ese hombre acercó el dorso de su mano a mis piernas tallando ligeramente como
esperando mi reacción, al no ver reacción mía dio vuelta a su mano y ya con su
palma tallándome, empezó discretamente a subir mi vestido hasta sentir mis
piernas desnudas, me revolví viendo si alguien se daba cuenta y vi que cada
quien en su mundo, para esto ya su mano me acariciaba las piernas y las dirigió
a mis nalgas. Acarició la desnudez que dejaba libre mi pequeña tanga en ellas,
las sobaba y apretaba con confianza, el hecho de que frente a mí fuera sentada
una señora dormida y por detrás el viejo, hacía que no se notara mis
movimientos, esto fue aprovechado por el hombre del otro lado que extendiendo su
mano por el frente mío apresó mi entrepierna por encima del vestido y me
acarició disfrutando la suavidad de ella, muy a mi pesar semicerré los ojos, en
verdad estaba disfrutando la situación morbosa de darle gusto a don Sósimo, ser
acariciada delante de el bajo su complacencia.
El trayecto no dura mucho así que el movimiento que se
empieza a gestar en el camión hace que pronto se vaya quedando vacío, yo me
revuelvo y me salgo de su alcance para irme hacia delante y sentarme en un
espacio que quedó vacío.
Pronto llegamos al centro de la ciudad y nos bajamos, el me
habló hasta que estuvimos abajo, me tomó de la cintura, y me dijo al oído:-ahora
si putita, hoy es nuestro día, el mío de complacer mi fantasía y el tuyo de ser
una puta-.
Acordamos caminar un rato, lo que el quería era lucirme, y la
verdad se nos quedaban viendo, un viejo de mas de cincuenta años, caminando
tomando de la cintura una mujer de 33 años, con una figura espléndida, alta, de
buen porte, hermosas nalgas, grandes senos y que se paraba en dos torneadas y
lindas piernas.
Para variar entramos a un bar pequeño donde tomamos cada
quien algunas copas, las cuales lo único que hicieron fue desinhibirme mas y por
lógica excitarme, el se dio cuenta que la bebida me hacía ese pequeño cambio, me
abrazaba y apretaba contra el e introducía sus manos en mi escote para acariciar
mis senos discretamente y apretar mis pezones, los cuales se endurecían mas.
Ya pasado un momento salimos y me dijo que iríamos a el cine,
yo solo obedecía, estaba excitada, caliente, con ganas de hacer lo que el
dijera, recordar sus insinuaciones que siempre me hacía, me tenía ansiosa.
En un taxi nos dirigimos a un multi de 4 salas, en el taxi me
seguía abrazando y me hacía inclinarme hacia el, lógico que la posición incomoda
de la parte trasera del taxí que en su parte media sobresalía una joroba en el
piso, hizo que enseñara algo de mi a el chofer, no me importó y adrede separé un
poco mis piernas para enseñarle un poco mas, estoy segura que debió haber visto
mi tanga, ya al contraste de mis piernas blancas, esta era negra.
Ya, al fin llegamos al cine, el compró las entradas y me
condujo a una de las salas, la función ya había comenzado y la sala estaba a
oscuras, me llevó a la parte alta de la sala, en la antepenúltima fila, al fin
me acostumbré a la penumbra, era una sala muy oscura, cuando nos sentamos y
empecé a ver la película, me di cuenta que me había metido a una sala que
exhibía película para adultos, escenas de sexo era lo usual en ella.
El me abrazaba y sus manos pronto estaban en mis pechos, me
besaba y le correspondía, me tenía atrapada de los senos, los cuales acariciaba
y pellizcaba mis pezones, dejó mis senos y se dirigió a mis piernas alzando la
falda del vestido para acariciarlas, me hizo abrir las piernas y su mano agarró
plenamente mi sexo sobre mi pequeña tanga.
La película no demoró mucho, cuando se encendieron las luces
me di cuenta que en esa parte de arriba había mas gente, algunas se retiraron,
pero quedaron varios mas, todos hombres, era la única mujer, comenzó de nuevo
otra película y de nuevo el empezó a acariciarme, en un momento determinado
después de un rato, tomó una de mis manos y me hizo agarrarle su verga que ya se
había sacado, yo le acaricié con fuerza, tallándosela de arriba abajo, el se
reclinó en el asiento soltándome y dejándome hacer, lo estuve masturbando mucho
tiempo, disfrutando de lo que hacía, no creo que se dieran cuenta ya que no
hacíamos demasiado movimiento. Posteriormente el me conducía los movimientos,
semi lento, al parecer no quería terminar, después entendí que quería esperar a
la última película, ya que así me lo insinuó.
De nuevo se encendieron las luces y esperamos a que empezara
la última película, para esto ya solo quedaban unas cuantas personas, al lado
izquierdo de nosotros una fila mas arriba estaban tres hombres, al parecer todos
separados ya que no se sentaban juntos, en la última fila atrás de nosotros
habían dos hombres mas que se encontraban juntos, unas tres filas mas abajo dos
hombres mas, y mas abajo otros tres mas solos y separados.
Cuando la película empezó, el viejo empezó de nuevo a
acariciarme, solo que ahora era mas atrevido, hizo que abriera las piernas
completamente para poder acariciar mi entrepierna a su antojo, sacó uno de mis
pechos por el escote y de repente se inclinó a besarlos y mordisquearlos, lo mas
lógico que era que ahora si se dieran cuenta de lo que hacíamos, las personas
que estaban abajo vi que se retiraban, había menos gente, ojalá se fueran todos
pensé, pero por lo visto eso no era lo que el esperaba.
De los que había abajo se retiraron otros y solo quedó uno,
para esto don Sósimo de nuevo se había sacado la verga y me jalaba de la cabeza
en alusión a lo que deseaba, sin pensarlo me incliné con la boca abierta y me
engullí su tranca, le di un suave masaje con mis labios disfrutando la sensación
de hacerlo en un lugar en el que había gente que se daría cuenta de lo que
hacíamos, de nuevo hizo que me enderezara y me recostó en el respaldo del
asiento, con las piernas abiertas y sus manos recorriendo lujuriosamente mi
cuerpo, me entregué al placer de sus caricias, cerré los ojos disfrutando de lo
que me hacía, sabía que los hombres que estaban ahí se darían cuenta finalmente,
y eso era lo que me hacía estar mas ardiente, algo que no había experimentado,
ser observada mientras era manoseada por el viejo a sus anchas, me mamaba mis
pechos, uno por encima del vestido y el otro de fuera, mientras una de sus manos
me prodigaba caricias en mi sexo por sobre mi ropa interior.
El hecho de saberme observada me hacía estar mas caliente,
pero al parecer esos no eran solamente los planes de el viejo.
-Abre los ojos disimuladamente y te darás cuenta que tienes
público- me dijo al oído. Hice a un lado mi cabeza y disimuladamente entre abrí
los ojos, a nuestro lado izquierdo una fila atrás separados por el pasillo
estaban tres hombres observándonos, tenían las vergas de fuera que se
acariciaban excitados.
-Atrás de nosotros están dos mas que te miran putita, te
quieren ver, están todos excitados con lo que te hago-, decirme eso e
introducirme uno de sus dedos en mi rajada hizo que de mí saliera un gemido,
signo de mi excitación.
-Ahora viene lo mejor putita-, y parándose me tomó de la mano
e hizo que me parara, no sabía que se proponía y dudé en hacerlo, pero me jaló y
finalmente obedecí. Me guió y me llevó a la última fila de asientos en el
rincón, hizo una seña a los tres hombres que estaban cerca para que se
acercaran, estos obedecieron.
Me turbé e intenté escapar de el, pero el me abrazó por
detrás y me dijo al oído: -no putita, harás lo que yo te diga, eres mía
acuérdate-.
Estos tres hombres se acercaron a nosotros y el les dijo:
-Pueden acariciarla a su antojo, solo obedezcan y la tendrán toda suya y
complaciente-.
El viejo deshizo el nudo de los tirantes que sujetaban mi
vestido por mi nuca y lentamente me fue bajando este hasta deslizarlo por mis
piernas, ahí estaba yo parada, temblando entre temerosa y excitada solamente con
mi tanguita puesta y mis zapatillas.
Pronto estos hombres se abalanzaron sobre mí, y seis manos
recorrieron mi cuerpo, mis pechos, mis nalgas, y piernas fueron presa de
ardientes y lascivas caricias, uno de ellos me bajó la tanga dejándome
totalmente desnuda a su disposición, yo me dejaba hacer entregada a mi lujuria y
calentura, los dedos de alguno de ellos entraban y salían de mi sexo, mientras
mis pechos eran mamados y mordisqueados por otro, otro agachado detrás de mí me
besaba las nalgas e introducía su lengua entre ellas.
-El que traiga condón puede cogérsela- escuché la voz del
viejo.
Enseguida me inclinaron hacia las sillas dando la espalda a
uno de ellos, hubo un momento de espera y pronto una verga estaba dentro de mí,
yo apretaba los labios para no gritar, los demás no dejaban parte de mi cuerpo
sin besarlo ni acariciarlo, sentí que me jalaban, era otro de ellos que me
jalaba a sentarme sobre el, sentado con la verga parada me urgía a hacerlo, el
otro me soltó y dispuesta a complacerlo obedecí a este, me senté encima de el
mientras el me tomaba de las caderas y me dirigía, cuando estuvo todo dentro de
mí lo empecé a cabalgar, abrí bien los ojos para buscar al viejo y lo vi
observando lo que me hacían, se masturbaba mientras observaba, otra persona mas
se había acercado, y también se masturbaba observando, me di cuenta que había
dos hombres mas al otro lado que observaban pero que se acariciaban entre ellos
eran gay seguramente, el que me había sentado en el no aguantó mucho y se vino,
me apretó fuerte las tetas mientras se convulsionaba y gruñía.
El que me había poseído primero me volvió a tomar y me hizo
sentar separando totalmente las piernas, se arrodilló frente a mí y me volvió a
introducir su cosa, al hacerlo me tomó de la parte posterior de las rodillas
haciendo que levantara mas las piernas y así con las piernas totalmente abiertas
y alzadas fui tratada con fuerza por sus acometidas, una verga se puso en mis
labios y sin pensarlo mucho me la engullí, este no traía condón así que solo se
contentaría con una mamada, me imaginé, me estuvo metiendo y sacando su verga en
la boca hasta que sentí que se convulsionaba, signo de que se venía, me la logré
sacar antes de que eyaculara y se vino en mi cara, me talló su verga chorreante
por las mejillas y labios que yo apretaba para que no me la volviera a meter en
la boca.
El que me cogía no se venía pero yo ya estaba a punto de
estallar así que cerré los ojos y me dispuse a disfrutar de esa cogida para
alcanzar mi orgasmo, cosa que logré rápidamente, mi cuerpo se abandonó
completamente a esa sensación, me agité disfrutando plenamente de mi venida,
este hombre me sacó la verga y me hizo poner de nuevo de espaldas a el de
rodillas en dos asientos una rodilla en cada asiento con mis nalgas expuesta y
abiertas, puso su verga en mi culo y empujó lentamente, me mordí los labios para
aceptarlo, con no poco esfuerzo logró introducírmela toda, y recargándose en mí
alcanzó mis pechos para castigar mis pezones con sus pellizcos, mientras
iniciaba un movimiento lento empujando y sacando de mi culo su verga, otra
persona se puso delante de mí para ofrecerme su verga y no pude hacer otra cosa
mas que abrir la boca, pronto entre los dos me cogían, uno por el culo y otro
por la boca, una mano me acariciaba mi rajada, pero no sabía quien era, eso hizo
que me enardeciera mas y lograra alcanzar un orgasmo mas, el que tenía detrás se
empezó a mover mas rápido y me llenó mis entrañas de su leche, mientras me
agitaba a causa de mi venida, no podía mas que gemir por tener ocupada la boca,
me saqué esa verga de la boca y lo empecé a masturbar logrando que se viniera
mas rápido.
Haber sido sometida a semejante tratamiento me hizo casi
desfallecer, el que estaba detrás se retiró de mi y yo me acurruqué en uno de
los asientos totalmente exhausta y desmadejada, no sentí nada mas hasta que el
viejo me habló y me hizo enderezarme para verlo, tenía su verga en la mano, me
la puso frente a la cara esperando mis caricias, se la agarré y lo empecé a
masturbar mientras lo veía a la cara, el no decía nada pero su excitación era
notoria, todavía habían dos hombres observando.
Con una de sus manos me jaló de los cabellos para que se la
mamara lo que hice, me la introduje a la boca y lo empecé a masturbar con mis
labios, el me agarró de la cabeza e impuso el ritmo de la mamada, me empezó a
coger prácticamente por la boca, sentí su agitación cuando estuvo a punto de
venirse, intenté sacármela de la boca pero me agarró fuertemente para al fin
venirse en mi boca, nunca en mi vida había recibido semen en mi boca, y empecé a
sentir ganas de vomitar, pero me contuve y aguanté sus embestidas hasta que
terminó, tan pronto terminó aflojó la presión lo que aproveché para sacar su
verga de mi boca y escupir.
Ya sin más que hacer esperó unos momentos y me pasó mi
vestido para que me lo pusiera, le pedí mi tanga, pero no lo encontró, alguien
se lo había llevado como trofeo quizás. Trastabillando me condujo a la salida,
antes pasé al baño a asearme un poco y a peinarme, al estar frente al espejo me
asusté al observarme en el, con el pelo todo revuelto, la cara toda embarrada de
semen, una puta y nada mas.
Cuando salí del baño el me esperaba y nos fuimos, yo no dije
nada, ni el, quizás no había que decir, había satisfecho su fantasía y yo solo
me había convertido en mas puta.
Que mas pasaría por la mente de este viejo no lo sabía en ese
momento pero era claro que ya sabía que disponía de mí, de mi cuerpo, de mi
calentura para satisfacerse y sobre todo para satisfacer a otros, y yo
dócilmente había aceptado, quizás en el fondo eso era lo que esperaba, ser
tratada como una puta.