Sin apenas darme cuenta, me corrí viendo a mi hermana, tuve
que ahogar un gemido, no quería que me descubrieran. Fue un orgasmo bastante
flojito, y continué masturbándome mientras miraba a Marta y a los tres chicos.
Marta estaba muy excitada, tenia el coño completamente
encharcado los tres dedos que el chico le estaba metiendo en el coño estaban
húmedos y brillantes con sus flujos. Mientras le metía y sacaba los dedos de su
coño, cada vez más rápido, el chico estaba chupando su teta izquierda. La lamía
toda, le mordisqueaba el pezón, y de vez en cuando intentaba meterse toda la
teta en la boca, sin conseguirlo. Aunque Marta tiene los pechos más pequeños que
yo, aún eran demasiado grandes para la boca de ese chico. No obstante el chico
se estaba poniendo morado de su teta, que ya estaba completamente cubierta de
saliva, y con señales de chupetones y mordiscos.
El otro chico tampoco se quedaba quieto, dándole un morreo
impresionante, le estaba lamiendo hasta las encías, cuando él levantaba un poco
la cabeza Marta no se movía, permanecía con la boca abierta de forma que la
saliva de él caía dentro de su boca. Un par de veces el le escupió directamente
antes de volver a morrearla bestialmente. Todo esto sin dejar de estrujar su
teta derecha, pellizcarla y retorcerle el pezón. De vez en cuando Marta emitía
un gemido de dolor, por un pellizco demasiado fuerte o un mordisco demasiado
profundo, sin embargo se dejaba hacer por ellos como una buena chica.
El tercer chico, ya estaba delante de ellos, y sin decir una
palabra comenzó ha hacer fotografía del trío que tenia delante de ellos. Llevaba
ya unas cuantas hechas cuando uno de sus compañeros, el que la estaba besando,
se dio cuenta.
Joder, Julián que pesado eres con las putas fotos. Déjalo
ya y ven aquí. No ves que esta guarra se deja hacer.
Ya sabes que me gusta tener recuerdos de las golfas que
me follo en verano. Y apártate un poco que no me dejas enfocarle la cara. -
El de los besos, se separo un poco de ella, sin dejar de tocarle la teta. –
A ver guarra, mira hacia aquí y sonríe.
No, por favor, no me fotografíes. – dijo Marta, con un
hilillo de voz, no obstante miro hacia la cámara y sonrió.
Tranquila que no se las enseñaré a nadie, son para mi
colección particular. Abre bien las piernas, quiero que se te vea bien ese
coño de guarra que tienes.
No, por favor, me da mucha vergüenza. – dijo Marta, sin
embargo abrió las piernas y continuo mirando a la cámara. Los otros dos
chicos se separaron de ella, y se pusieron en pie. Sin que le dijeran nada,
ella misma se abrió el coño con una mano, aunque sonreía su mirada era de
preocupación.
Tranquila es solo un momento, y luego te follaremos, ya
veras como te diviertes. Tienes pinta de ser muy puta, y nosotros sabemos
tratar muy bien a las putas como tú. Solo has de posar un poco para mí y
luego continuaremos. ¿No querías que te llenásemos de cremita? Pues tienes
que hacer algo por mí antes. Venga ponte a cuatro patas, quiero ver como te
cuelgan las tetas.
No, por favor, estoy casada,… - a pesar de su débil
protesta, Marta se puso a cuatro patas como le habían indicado, el chico se
agacho para capta mejor la imagen de sus tetas colgando. Uno de los chicos,
ya se había quitado el bañador y acerco la cara de Marta su tremenda
erección.
Vamos putilla, comete esto y deja de preocuparte por la
cámara.
No…
Lo que siguió me dejo completamente sorprendida, Marta empujo
al chico que quería que se al chupase, el chico se cayo al suelo. De un salto
Marta se puso de pie y se lanzo a correr, completamente desnuda, hacia el
extremo de la playa por donde se había ido el chaval de antes. El chico de la
cámara, y el otro con el bañador por las rodillas se quedaron clavados en el
sitio. Cuando se dieron cuenta Marta ya había desaparecido de la playa. Se
pusieron a gritarle, llamándola puta calientapollas. Al cabo de unos segundos se
dieron cuenta de la situación
Coño, vamonos echando leches de aquí. – dijo uno de
ellos. – Esa puta puede encontrar a alguien y decir que la estábamos
violando.
Recoged las cosas, yo voy a dejarle un recuerdo a esa
hija de puta. – dijo el que había caído al suelo. Increíblemente no había
perdido la erección con la cortada que había pegado mi hermana.
Mientras sus compañeros recogían sus toallas y bolsas, el
chico recogió la braga del bikini de Marta, se la enrollo en la polla y comenzó
a hacerse una paja. Sus amigos volvieron llevando sus cosas.
Vamonos ya Rafa, esa puta puede haber llamado a la
policia. Debes de ser gilipollas, les vas a dejar tu semen. – dijo el de las
fotos.
Tranquilo Julian, es su palabra contra la nuestra, si
pasa algo diremos que ella nos provoco y que todo fue consentido. Tenemos
tus fotos para probarlo, además conozco al chico al que le ha entrado antes,
el confirmaría que esa zorra iba buscando guerra. – dijo el otro chico. –
Córrete a gusto Rafa.
Mientras Rafa se pajeaba, el chico que acababa de hablar
rebusco en la bolsa de mi hermana, encontró su cartera, saco el dinero que había
y la tiro al suelo. Rafa se corrió en ese momento, llenando de semen el bikini
de Marta. Se limpio la polla con el mismo, y lo tiró en su toalla.
Venga vamonos.
Bueno al menos hemos sacado 50 euros, por las molestias.
Me agazape entre las rocas, cuando pasaron a mi lado y no me
vieron, cuando se alejaron un poco vi que habían ido en coche hasta la cala,
entraron en un Polo tuneado que estaba allí y se largaron . Por supuesto se me
había cortado la paja. No entendía que había pasado. Marta estaba pasándoselo de
puta madre con los chicos, haciendo lo que Jorge quería y de repente sin ningún
motivo había montado esa escena. Me dio mucha pena por los tres chavales, no se
merecían que los tratasen así. Si no fuera porque quería saber que pasaba con
Marta, me habría ido detrás de ellos a consolarlos.
La playa estaba en completo silencio. Espere unos diez
minutos detrás de las rocas, y entre en la arena, me hice la despistada y fui a
donde estaban las cosas de Marta. Mire su bikini, estaba completamente pringado
de semen. Cuando levante la vista, vi que Marta venia andando desnuda hacia mí.
Debía de haberse escondido, esperando a que los chicos se fueran. Al verla la
saludé con la mano, y esperé a que llegase hasta mí.
Hola, ¿qué haces aquí?- me dijo, su voz sonaba alterada.
He venido a buscarte, y ¿tú que haces desnuda? – dije
haciéndome la tonta.
Estaba sola, y me ha parecido una buena idea… Vamonos a
casa.
Se vistió poniéndose la braga del bikini llena de semen. Yo
mientras recogí todas sus cosas. Fuimos andando en silencio todo el camino. El
chico se ve que había descargado bien, porque a los pocos pasos su lefa
resbalaba por las piernas de Marta, yo hice como que no me daba cuenta.
Yo me moría de ganas de preguntarle que había pasado, pero no
lo hice. Al llegar a casa Marta se fue a la ducha, yo comprobé mi móvil y vi que
tenía un mensaje de Jorge, diciéndome que le llamará cuando estuviera sola.
Mientras Marta estaba en la ducha, salí al balcón y le llamé. Me alegre
muchísimo de oír su voz. Le dije que le quería muchísimo, le pregunte cuando
volvería, me dijo que aún era pronto, le conté todo lo que había hecho, y lo que
había pasado con Marta, incluso lo de los chicos del Polo tuneado. Me dijo que
ella lo estaba intentando, pero que necesitaba ayuda, que se temía que esto
pudiera pasar. Le pregunte si había algo que yo pudiera hacer, y me dijo que al
día siguiente debíamos de ir las dos juntas a la playa principal de pueblo. Oí
que Marta salía de la ducha, me despedí de él, diciéndole que seguía siendo su
puta y que lo adoraba y entre de nuevo en el piso.
Cuando Marta salió de la ducha, me dijo que estaba muy
cansada y que quería irse a dormir sin cenar. Yo le propuse ir al día siguiente
a la playa, y me dijo que de acuerdo. Nos dimos las buenas noches y se fue a
dormir.
Yo comí algo y me puse a ver la tele, como de costumbre era
una mierda, y al rato pase de ella, y me hice una paja en el sofá. En mi
imaginación reviví la escena de la playa, pero esta vez Marta no se acojonaba y
se dejaba follar por los tres chicos, le hacían de todo, incluso una triple
penetración, al final se corrían por todo su cuerpo y entonces yo salía de entre
las rocas. Era mi fantasía, así que no se sorprendían al verme y tampoco cuando
yo me arrodillaba entre ellos y les limpiaba amorosamente las pollas con mi
boca. En mi fantasía Marta me miraba con ternura, mientras yo saboreaba los
rabos que habían estado dentro suyo. Por fin tuve mi ansiado orgasmo, y me fui a
dormir.
Al día siguiente, me levante antes que Marta, me di una
ducha, tuve especial cuidado en lavarme por dentro del culo, lo hice como Jorge
me había indicado desenroscando el grifo de la ducha y metiéndolo dentro de mi
ano. Era una pasada, el agua caliente dentro de mi culo me daba un gusto
increíble y me flojearon las piernas, no llegue a correrme pero casi. Cuando
salí de la ducha, Marta ya se había levantado, estaba bastante alegre y me
contagie de su buen humor, desayunamos juntas en un ambiente de camadería y
complicidad entre hermanas.
Marta ¿sabes algo de Jorge?
Bueno, ya sabes que se ha tenido que ir por un asunto de
trabajo, volverá en unos cuantos días. De todas formas, yo quiero pasármelo
bien aunque él no este, o mejor dicho, quiero pasármelo bien sin que este
él. – dijo guiñándome un ojo. – Quiero conocer gente, y si son tíos buenos
mucho mejor.
Bueno, pero déjamelos a mí que tú estas casada. – le
respondí siguiéndole la broma.
Nada de eso, búscate los tuyos tú misma. Yo los míos los
quiero para mí, y que me aguanten mucho. Y Jorge que se fastidie por irse y
dejarme sola. No voy a dejar de ser la mojigata que se queda esperándole.
Nos lo pasamos muy bien, bromeando y riendo juntas, era
divertido. Me daba cuenta de que mi hermana me estaba preparando para que no me
escandalizara cuando finalmente se enrollará con alguien. Pobrecita, si supiera
que yo estaba al tanto de todo.
Nos preparamos para ir a la playa, me puse uno de los bikinis
baratos y recortados que compré dos días antes. Marta al verlo dijo que me
quedaba muy bien y que le gustaba mucho, me pregunto si tenia alguno parecido y
si podía dejárselo. Se puso mi otro bikini, y nos miramos al espejo antes de
salir. Las dos nos habíamos depilado el coño por completo, pero la tela era tan
fina y ajustada que se apreciaba perfectamente cada detalle de nuestros coños,
incluso se metía un poco entre nuestros labios vaginales. Nos pusimos la parte
de arriba del bikini, las tetas de Marta al ser menores que las mías no
rebosaban tanto y daba un poco menos el cante, sin embargo al igual que a mí los
pezones se le marcaban perfectamente. Para finalizar, yo me puse el pareo
transparente y Marta una minifalda blanca de tela ligera. Ambas llevábamos gafas
de sol grandes, y unas colas de caballo. No dejábamos de reírnos entre nosotras,
comentando lo que iban a flipar los tíos de la playa con nosotras. Me gustaba
mucho la actitud que tenía Marta, y la complicidad que había entre nosotras.
Metimos el resto de cosas, toallas, monederos, crema
solar,... en un bolso que cargué yo y salimos a la calle. Parecíamos un par de
fulanas callejeras. Marta estaba muy contenta, había encontrado en mí a una
cómplice voluntaria. Cuando salimos a la calle me dijo que estaba segura de que
provocaríamos a todos los tíos con los que nos cruzáramos, seguro que pensarían
que éramos un par de zorras buscando guerra, y que mejor se preparasen que
efectivamente la buscábamos. No pude evitar reírme, con una carcajada que ella
compartió. Decidimos ir andando para poder exhibirnos más tiempo.
Llevábamos andado la mitad del camino, y bastantes tíos nos
habían ya repasado de arriba abajo. Nosotras parapetadas tras nuestras gafas,
bromeábamos entre nosotras comentando la cara que ponía este o que aquel otro
casi se golpea con una farola al seguirnos con la vista. Marta se paró en una
esquina al lado de un bar, sacó su monedero del bolso y me dijo que tenía calor,
que iba al bar a comprar algo. Salió a los tres minutos con una lata de Coca
Cola.
¿Cómo ha ido? – le pregunte.
Fantástico, el de la barra no podía dejar de mirarme las
tetas. Se ha hecho un lío al darme el cambio.
Que mala que eres.
Pues ahora veras.
Marta echo un vistazo, y comprobó que no había nadie cerca,
únicamente el dueño del bar nos veía a través del cristal del local. Con un
movimiento rápido se bajo el top del bikini, sacando las dos tetas de sus copas
y comenzó a rozar sus pezones con la lata helada. Estuvo así unos segundos hasta
que sus pezones se pusieron como piedras, y luego volvio a cubrírselos. Me dijo:
"Espero que permanezcan así mucho rato, sino necesitaré otro refresco." Y
seguimos andando, la cara que puso el del bar era todo un poema. No me
extrañaría que cierre la puerta para hacerse una paja a su salud.
Llegamos a la playa, había bastante gente, pero encontramos
un sitio y extendimos nuestras toallas. Inmediatamente Marta se quedo en
top-less, y yo la imité. Pasamos una fantástica mañana, bromeando, dormitando,
tomando el sol. De vez en cuando nos bañábamos en el agua, cuando salíamos los
bikinis mojados se volvían completamente transparentes. Aunque con el calor que
hacia se secaban en seguida.
Me encantaba lo exhibicionista que era mi hermana, cuando se
untaba de crema solar, se frotaba las tetas bien frotadas largo rato mirando al
grupo de chicos que tuviera más a mano, cuando se acostaba a tomar el sol nunca
cerraba las piernas para que cualquiera que pasara por delante pudiera verle
todo. Cuando pasaba un hombre por delante de ella, levantaba un poco el pubis y
le sonreía. Incluso de vez en cuando se estiraba hacia arriba la braga del
bikini, haciendo que se le clavase más, para marcar. Yo intentaba hacer lo mismo
que ella, aunque he de reconocer que ella lo hacia más veces y con más gracia.
Nos compramos un helado, y Marta dejo que se derritiera mientras lo chupaba, de
forma que los goterones cayeron sobre sus pechos, luego poniendo cara de no
haber roto nunca un plato, se dedico a recorrer sus tetas con el dedo índice,
recogiendo los churretones y llevándoselos a la boca.
En fin que estuvimos dando el cante toda la mañana. Aunque
nadie se acerco a nosotras directamente, si que vi como bastantes hombres nos
hacían fotos disimuladamente con sus móviles o con cámaras fotográficas. Un poco
antes de la hora de comer, oí una voz familiar.
Vaya, vaya mira quien tenemos aquí. – era Don Higinio. Se
ve que estaba paseando por la playa, llevaba unos pantalones cortos que
mostraban sus raquíticas pantorrillas, una camisa abierta hasta el ombligo
mostrando su prominente barriga, y un sombrero para cubrirse del sol.
Don Higinio. Que maravillosa sorpresa – exclamé. Me
alegré muchísimo de volverlo a ver. Me levante de un salto a saludarle.
Al estar en público yo fui a darle un par de besos en la
mejilla, sin embargo me sujeto con fuerza por la cintura y me dio todo un
morreo, metiendo su lengua en mi boca mientras me apretaba contra su cuerpo. Yo
me deje hacer, mientras me morreaba, su otra mano apretaba mi culo sin ningún
miramiento. Al cabo de un rato me soltó, mientras yo recuperaba el aliento, vi
que mi hermana nos miraba con una expresión de sorpresa.
¿No me presentas a esta preciosidad que esta contigo,
Anita? – dijo Don Higinio.
Es mi hermana, Marta. Marta este es Don Higinio un buen
amigo mío.
Ya lo veo – dijo Marta, levantándose y dándole dos besos
en la mejilla. Don Higinio fue más considerado con ella, e incluso aparto su
brazo para no tocarle las tetas cuando ella se acerco a besarlo. – Tranquilo
Don Higinio que no muerdo. – le dijo ella.
Pues es una lastima, porque te daría para que mordieses
hasta que te atragantases – le respondió él.
Nos pusimos los tres a reír, ante la respuesta tan jocosa de
Don Higinio. Se sentó con nosotras y estuvimos un rato charlando. Marta estuvo
muy simpática con él, le pregunto si estaba de vacaciones, de donde era,… Don
Higinio también estuvo muy simpático con Marta, y no dejó de alabar su belleza y
lo bien que le sentaba el bikini. Cuando Marta le contó que estaba casada y que
su marido había tenido que ausentarse, Don Higinio le comento que esperaba que
eso no impidiera que ella se divirtiera, a lo cual ella contesto que lo estaba
intentando. Don Higinio se ofreció a ayudarla a encontrar diversión, dijo que no
sería difícil que una belleza como ella conociera gente y se lo pasara bien.
Marta le dio las gracias por su ayuda.
Don Higinio y Marta conectaron en seguida, estuvieron
contándose un poco sus vidas, haciendo chistes y riéndose juntos. Se notaba que
Marta quería agradar a Don Higinio, le sonreía constantemente. Estaba sentada en
la toalla con las piernas abiertas al máximo, a pasear de que el tanga era muy
pequeño y ya asomaban los labios por los lados, hubo un par de veces en las que
estiró el tanga por delante para que se le clavase aún más y que Don Higinio
pudiera apreciar bien su raja. También me di cuenta de que procuraba apretarse
las tetas con la parte superior de sus brazos, para que pareciesen más grandes.
Marta, perdona si te molesta, pero no puedo evitar
decirte que tienes unos pechos preciosos. – dijo Don Higinio.
No me molesta, al contrario. Me halaga que le gusten.
Aunque, creo que ya no están tan firmes como antes.
Yo no lo creo. ¿Puedo? – dijo Don Higinio alargando la
mano hacia uno de sus pechos. Marta le dio su aprobación con una sonrisa.
Don Higinio sopeso y acaricio la teta, y le retorció un poco el pezón. Marta
le miraba complaciente, sin dejar de sonreír. – Yo creo que están muy bien,
parecen muy apetecibles, aunque a mi edad uno ya no esta para esas cosas.
Seguro que a su edad, usted aún puede disfrutar con
ellos. Si se porta bien igual le dejo – le contesto Marta con picardía. –
Ana si que tiene unos pechos bonitos. – dijo mirándome.
Bueno, Ana es una pequeña vaquita, con unas ubres
deliciosas, está para que la ordeñen. ¿Tú también quieres ser una vaquita y
que te ordeñen?
Los dos se rieron con el insultante comentario, y cambiaron
el tema de la conversación. Después de unos veinte minutos hablando, Don Higinio
nos hizo una propuesta.
Me alegro mucho de haberos encontrado y de haberte
conocido Marta, y me gustaría poder seguir disfrutando de vuestra compañía.
Dada la hora que es, ¿qué os parece si os invito a comer? Conozco un sitio
fantástico, la mejor carne del pueblo, sin contar la presente.
De acuerdo, Don Higinio. Estaremos encantadas de comer
con usted. – le contesto Marta. Por supuesto no me pregunto mi opinión al
respecto… algunas cosas no cambiaban.
Recogimos nuestras cosas, nos pusimos la parte de arriba del
bikini, yo el pareo y Marta la faldita. Nos dejamos guiar por Don Higinio al
paseo marítimo, allí cogimos un taxi. Don Higinio le dijo a Marta que fuera ella
delante en el asiento del copiloto, que el se mareaba, y entro detrás conmigo.
Le dio una tarjeta al taxista diciendo que fuéramos a ese sitio. El trayecto fue
muy corto, unos cinco minutos, pero Don Higinio no paro de meterme mano. Me
abrió el pareo por un lado y se dedico a tocarme el coño todo el rato, metiendo
sus dedos por un lateral dentro de mi tanga (me venia tan apretado que al
estirarlo para meter sus dedos aparte de clavárseme aún más, creía que se iba a
romper). De vez en cuando después de haberme metido uno o dos de sus dedos en el
coño, los sacaba y me los metía en la boca para que se los limpiase de mis
flujos.
Mientras me sobaba de esa manera Don Higinio continuaba
hablando con Marta, como si nada. Marta de vez en cuando se giraba para
contestarle, y a pesar de ver claramente lo que me estaba haciendo no dijo nada,
como si fuera lo más normal del mundo hablar con un anciano mientras este le
magreaba el coño a su hermana, abierta de piernas en un taxi.
Al bajar del taxi, me di cuenta de adonde nos había llevado
Don Higinio, era el restaurante de Matias. Nada más entrar apareció Matias.
Hola Higinio, vaya si traes compañía, y una maravillosa
compañía, si me permites decirlo. – dijo Matias. Marta mostró una gran
sonrisa ante el cumplido.
Hola Matias, pues si ya ves que par de bellezas, me he
encontrado en la playa. Tengo que darles de comer, ¿tienes el reservado
libre?
Por supuesto, para ti siempre.
No entendía que estaba pasando, Matias y Don Higinio se
conocían, y Matias había disimulado que me conocía, yo miraba al suelo sin decir
nada. Les seguí al reservado del día anterior, algunos comensales se nos
quedaron mirando al pasar por su lado, ya que aquel era un sitio más elegante
que para ir con ropa de playa. Sin embargo Matias y Don Higinio actuaron toda
naturalidad. Nos sentamos a la mesa, y pedimos unos entrantes y una botella de
vino.
He visto que mantienes actualizada la página web, Ana.
Bien hecho – dijo Don Higinio.
¿Qué página web? – preguntó mi hermana.
Yo y unos amigos conocimos a Ana hace unos días. Pasamos
juntos una tarde muy agradable, en mi casa. Mis amigos pensaron que Ana era
tan guapa que se merecía tener su propia página web desde la que mostrar al
mundo su belleza, así que preparamos una con las fotografías que hicimos ese
día y se la regalamos. Simplemente le pedimos que de vez en cuando vaya
añadiendo fotos suyas a la misma. Lo cual ella ha ido haciendo desde
entonces.
Bueno Don Higinio, la verdad es que me he tenido ayuda de
un amable chico que conocí. – Estaba exultante de felicidad, Don Higinio me
había felicitado por preocuparme de mantener actualizada mi página web.
Vaya, que callado te lo tenias Ana. Así que ya existes en
el ciberespacio. Me parece una idea buenísima, me gustaría verla y ver que
hace mi hermanita. También me gustaría tener yo una propia. – dijo mi
hermana.
Por supuesto Marta, tu belleza también se la merece, si
quieres yo me encargo de ello. Mientras no creo que Ana tenga problemas en
dejarte usar la suya, para que pongas tus fotografías.
Claro que no Don Higinio, estaré encantada de que Marta
añada sus fotos en mi web. Quizás usted y sus amigos podrían ayudarnos a
seleccionar las fotografías que deberíamos incluir. – conteste yo.
Tengo una idea mejor, enséñale a Marta tu web, y si le
gusta montaré otra sesión fotográfica en la que ella sea la protagonista. Tú
también podrías asistir para ayudarla, si es que quieres – dijo Don Higinio.
Me encantaría estar allí, así podría volver a ver a Don
Alberto y los demás. Estoy segura de que nos divertiríamos como el otro día.
Bueno Marta, toma esta es mi tarjeta, ahí tienes mi
número. Cuando veas la página y si te interesa llámame y quedamos. – dijo
Don Higinio, pasándole una tarjeta de visita.
Estoy segura de que me gustara. – dijo Marta.- Por
supuesto que les pagaría los gastos.
Menuda conversación, era supermorboso, estábamos hablando de
volver a montar otra orgía como la del otro día, esta vez con mi hermana de
protagonista. Lo bueno era que ella no lo sabia, y nos seguía el juego. Habíamos
terminado ya con la botella de vino, y Don Higinio pido otra, diciéndonos que la
carne en ese local era muy buena, pidió también unos solomillos para todos.
Seguimos conversando, devorando la botella de vino mientras esperábamos a que
llegaran los solomillos. El aire acondicionado estaba bastante fuerte, tanto
Marta como yo, que solo íbamos cubiertas por arriba con la parte superior de los
finos bikinis, teníamos los pezones completamente de punta por el frío,
marcándose exageradamente. Me di cuenta de que Marta, a propósito procuraba
sacar el pecho, y echar sus brazos hacia detrás para exhibir mejor sus tetas
ante Don Higinio, incluso no se como lo había hecho pero había bajado las copas
del bikini, de forma que mostraba la parte superior de las aureolas por encima
de las mismas.
He comentado ya que las tetas de Marta son menores que las
mías, sin embargo no son pequeñas, es que las mías son muy grandes. Ella gasta
una 95 de sujetador, y yo una 110. La verdad es que sabia como mostrarlas, y lo
hacia con mucho encanto. Al rato oí como giraba una llave, y se abría la puerta
del reservado, en ese momento me di cuenta de que estábamos encerrados con llave
en el mismo. Matias se asomó, hizo una señal a Don Higinio y salio sin cerrar
con llave. Sin dejar de hablar con nosotras Don Higinio, saco su móvil, busco un
número e hizo una llamada. No espero a que le contestasen a los pocos segundos
colgó y guardo el movil. Continuó hablando como si tal cosas, comentando lo bien
que lo pasaríamos todos en su casa.
En ese momento, ocurrieron dos cosas a la vez, entro Matias,
con los tres platos de solomillo en el reservado, y sonó el móvil de Marta.
Mientras Matias dejaba los platos en la mesa, Marta consulto quien la llamaba y
dijó: "Es Jorge, mi marido. Disculpadme voy fuera a hablar." Y salió del
reservado. Nos quedamos los tres solos: Don Higinio, Matias y yo.
Marta, tengo entendido que ayer fuiste bastante borde con
Matias, y que ensuciaste su local. Matias es una buena persona, y creo que
deberías disculparte.
Claro, Don Higinio. Como ya le dije ayer, siento mucho
todo lo que hicé.– no entendía nada, ¿Cómo sabia Don Higinio lo de ayer? No
me había separado de él en ningún momento, y Matias no le había contado nada
en ningún momento. – Me gustaría…
Deja de hablar, y cómele la polla como una buena puta, a
ver si haces algo bien de una vez cerda. – me dijo Don Higinio. Al oír de
nuevo ese tono, mi cuerpo recordó todo y mi coño se humedeció.
Matias, se acerco a mi lado y se saco la polla. Era una polla
pequeña, aunque tenía unas grandes pelotas. Olía asquerosamente a sudor, y un
poco a orina, pero no le hice ningún asco y la engullí por completo de un solo
golpe. Sujetando mi cabeza comenzó de inmediato a bombearme la boca, fuerte y
rápido. Tras unos veinte vaivenes, saco su rabo de mi boca, y pajeándose se
corrió enseguida, apunto con mucho cuidado y toda su lefa fue a caer al
solomillo del plato de Marta, luego se limpio la verga con su servilleta.
Cuando levante la cabeza, vi que había otra polla frente a mi
cara, esta vez era uno de los camareros, de nuevo me la volví a tragar. Marta
tardo unos veinte minutos en volver, durante todo ese tiempo estuve chupando
pollas, los camareros hacían turnos, mientras yo se la chupaba a uno, el otro
estaba en la puerta vigilando que no volviese Marta. Cuando al que yo se la
chupaba se corría, se retiraba, el de la puerta entraba a que yo se la chupase y
uno nuevo se ponía de guardia en la puerta. Todos tuvieron mucho cuidado de
correrse en el plato de Marta y limpiarse con su servilleta. Se ve que venian ya
muy calientes, porque ninguno tardo más de tres minutos en correrse con mis
mamadas. En total fueron 5 camareros y Matias los que se corrieron en esa
contrarreloj mamatoria, hasta que el que estaba en la puerta dijo que lo
dejásemos ya, que la otra volvía.
Don Higinio, estuvo todo el rato animándoles, diciéndoles que
le dieran duro a la puta chupapollas, que otro día me llevaría para que se la
follaran bien por todas partes. A mi con todo ese meneo se me habían salido las
dos tetas del bikini, cuando intente volverlas a guardar Don Higinio me dio una
palmada en la mano para que la dejara en su sitio. El solomillo de Marta estaba
completamente cubierto de semen, gelatinoso y con un olor muy penetrante. Su
servilleta era un trapo húmedo, con manchas de esperma de 6 tíos. Era imposible
que Marta no se diera cuenta de lo que había en su plato. Marta entro con una
sonrisa en el reservado, mientras el último camarero salía.
Era Jorge. Le he contado que estábamos comiendo con un
amigo tuyo, y le ha parecido bien, dice que nos divirtamos. – dijo Marta,
mientras se sentaba en su silla. El vino había hecho su efecto se notaba en
su voz que estaba un poco borracha.
¿De veras? ¿Cómo está? ¿Cuando vuelve? – no pude evitar
preguntar.
Esta bien, y volverá en unos días,…pero bueno tápate las
tetas so cerda – dijo al verme. - Don Higinio va a pensar que eres una
guarra.
Bueno en realidad, no lo pienso. Estoy seguro. – dijo Don
Higinio. Los dos se rieron a carcajadas con la broma mientras yo me cubría.
Esta carne tiene un aspecto delicioso. – dijo Marta. Y
cortándola con el cuchillo y tenedor comenzó a comerse el solomillo bañado
en lefa.
¿Te gusta? – dijo Don Higinio. – Es una receta especial
de Matias. Es bastante complicado y hace falta bastante gente para
prepararla. Se la he pedido especialmente para ti.
Gracias, esta buenísima. Luego tengo que darle las
gracias a Matias por esto. – contesto Marta.
Marta se comió todo el solomillo como si fuera el mejor de
los manjares, no podía creerme lo guarra que era mi hermana. Incluso rebaño el
plato con un trozo de pan, diciendo que la salsa estaba divina. Que era de lo
mejor que había probado. Cada vez que se limpiaba con la servilleta, dejaba
rastros de semen en sus labios, que posteriormente lamía pasando la lengua por
ellos. Don Higinio y yo, nos tomamos nuestros solomillos también, aunque los
nuestros no llevaban ningún tipo de salsa.
Durante la comida, Don Higinio nos invito a ver un partido de
frontón esa tarde. Jugaban unos amigos suyos, y pensaba que nos gustaría
conocerlos. Marta le dijo que encantada, le dio nuestra dirección y quedamos en
que se pasaría a las 7 a recogernos. Yo apenas hable en toda la comida. Marta y
Don Higinio prácticamente me ignoraron. Era increíble lo bien que se llevaban
Marta y Don Higinio. El la piropeaba continuamente, y ella se seguía el juego
con complicidad y riéndole todas las gracias. Al cabo de un rato, Matias nos
trajo los cafés.
Matias, aquí a la señora le ha gustado mucho el solomillo
que le has preparado. – dijo Don Higinio señalando a Marta.
¿De veras? Es la especialidad de la casa, cuesta mucho de
preparar, y mis chicos y yo no hemos esforzado mucho para que estuviera a
gusto de la señora.
Pues lo habéis hecho maravillosamente, Matias. La salsa
estaba buenísima. Por favor felicita a tus chicos, y dales esta propina de
mi parte. – dijo Marta, sacando 100 euros de su bolso y dándoselos de
Matias. – Espero comer tan a gusto la próxima vez que venga aquí.
Si me avisa con un poco de tiempo, le prepararé una
comida aún más especial, aunque tenga que reunir a más gente para
prepararla.
Que amable eres Matias, muchas gracias. Recomendaré tu
local a todo el mundo, y te prometo que volveré pronto. – dijo Marta.
Bueno Matias, no te enrolles tanto que tenemos que irnos.
Estas señoras querrán descansar un poco. Por favor llámanos un par de taxis,
y apunta la comida en mi cuenta.
Nos despedimos de Matias, y salimos del restaurante. Había
dos taxis esperando, uno para Don Higinio, el otro para nosotras. Marta le dio
las gracias a Don Higinio por una sobremesa tan agradable y quedando para dentro
de dos horas nos despedimos de él, entramos en el taxi y fuimos a nuestro
apartamento. Al llegar, no pude contenerme y tuve que preguntarle.
Marta, ¿de verdad te ha gustado la comida?
¿Qué te pasa? No lo he dejado claro ¿Te crees que soy
gilipollas como tú? Soy perfectamente consciente de que me he comido el
semen de varios tíos, y ¿sabes qué? Que me ha gustado. Ese Higinio se lo ha
currado mogollón, es un tío de puta madre y me cae genial. Y si me pone lefa
para comer, pues me la como y procuró divertirme. Tú tampoco es que seas una
santita, así que deja de dar la murga y diviértete coño. ¿O vas a ser un
coñazo el resto de las vacaciones?
No, lo siento, no pretendía censurarte. Me parece
cojonudo que te guste Don Higinio, y quieras seguirle el juego, yo también
lo aprecio mucho. Simplemente es que me ha sorprendido que de repente te
portes así. También esta Jorge…
Jorge, no tiene ningún problema con eso. Le parece
perfecto que este con otros tíos. A mí me gustan los hombres que saben lo
que quieren y controlan las situaciones. Higinio a parte de ser muy
agradable, encaja perfectamente y me gusta como me trata. Además me da morbo
que sea tan mayor, no se si aún se le levanta pero me gustaría follármelo.
Ya veo que tenéis una relación muy abierta. – le dije.
No solo la relación, voy abrir las piernas todo lo que
pueda, y si me abren mis agujeros mucho mejor.
Ante esa declaración de intenciones, le conté a Marta como
conocí a Don Higinio y sus amigos. Le conté como pasamos aquella tarde, y todas
las guarrerías que me hicieron. Marta me pregunto detalles constantemente. Se
excito mucho con mi historia, y me dijo que había tenido mucha suerte, y que le
gustaría participar en la siguiente reunión que tuviéramos.
Marta se había desinhibido por completo, y estuvimos hablando
un buen rato sobre lo que nos gustaba en el sexo. En realidad era muy parecida a
mí, sexualmente hablando. Las dos teníamos una vena sumisa, y nos gustaba
rebajarnos ante los hombres, sentirnos sus objetos de placer. Éramos unas
machistas convencidas, y teníamos muy claro que nuestro papel era obedecer y
agradar al macho. Tampoco le hacíamos ascos a ninguna guarrería.
Marta me confesó que había tenido problemas con Jorge, porque
después de lo de Javi, no se había atrevido a disfrutar, pero que estaba decida
a arreglarlo todo. Y que lo mejor era que para arreglarlo sólo tenía que dejarse
llevar y disfrutar. Que eso era lo que Jorge quería y que ella iba a hacer todo
lo posible para complacerlo.
Me contó que lo había intentado el día anterior en la playa,
con tres desconocidos pero que en el último momento se había rajado. Don Higinio
había aparecido en el momento más oportuno y su actitud le ponía las cosas muy
fáciles a Marta. Yo ya tenia claro que Marta abrazaba con alegría el papel de
puta, pero quería saber más.
Y Jorge, ¿también puede hacer lo mismo? – le pregunté.
Hacer ¿qué?
Pues disfrutar del sexo, sin complejos. Estar con otras
mujeres, dejarse llevar,…
Pues claro. Yo amo a Jorge con todo mi corazón, y
entiendo que si para mí es bueno, para él también. No le voy a censurar nada
que haga, es más espero que sea él quien me diga lo que tengo que hacer, que
sea mi macho y me dé toda la caña que necesito.
Y… ¿si quiere hacérselo conmigo? – le dije, bajando la
mirada y con mucha vergüenza.
¿Qué pasa putilla? ¿a ti también te pone? Menuda guarra
estas hecha. Si quiere follarte me parece perfecto, y tú deberías de estar
orgullosa y dejarte hacer como una buena puerca. Si no lo haces, yo misma te
abriré las piernas para que te la meta.
No será necesario. Yo misma me abriré para él, hasta que
mi coño parezca una boca de metro.
Las dos nos reímos ante mi ocurrencia. Estuvimos hablando un
rato más, compartiendo fantasías. A las dos nos excitaba que Jorge nos preñara a
la vez, y nos exhibiera por ahí con los barrigones. Le conté mi fantasía de
humillar a nuestro padre haciéndole ver que todo lo suyo era de Jorge, que era
el dueño de sus hijas. A Marta, esta fantasía de dio mucho morbo. Jorge se había
llevado el ordenador, y no pude enseñarle a Marta mi web, pero le conté más o
menos de que iba.
Era genial, por fin podía hablar sinceramente con mi hermana.
La que quería muchísimo y por primera vez en mucho tiempo conectábamos, y
podíamos ser sinceras la una con la otra. Hubiéramos estado hablando juntas
durante horas, pero eran las 6 de la tarde, y Don Higinio vendría a recogernos.
Queríamos ducharnos y arreglarnos, para estar frescas y guapas para él.
A las siete, puntual como un reloj, Don Higinio llamó al
telefonillo, le pedimos que subiera a tomar algo antes de salir. Cuando entro lo
recibimos con un morreo impresionante y apretando nuestras tetas contra su
pecho. El aprovecho para magrearnos bien el culo, metiendo las manos bajo
nuestras faldas.
Nos habíamos arreglado a conciencia, ambas íbamos vestidas
muy provocativas. Yo con un minivestido de color azul claro, muy pequeño y
ajustado, su borde inferior acababa a 4 dedos de mi coño, y en por arriba dejaba
ver toda la la parte superior de mis pechos. Se pegaba a mis curvas como una
segunda piel, y marcaba mis pezones perfectamente. Marta llevaba la misma
minifalda blanca que había llevado a la playa, y para arriba se había puesto un
top tipo chaleco que le dejaba la cintura al aire. El top se podía apretar o
aflojar con unos cordones en la parte delantera. Lo había apretado bien,
haciendo que sus tetas estuvieran bien apretadas, por encima del top mostraba un
sugerente canalillo, y su uno miraba entre los cordones del top, veía las
redondeles de la parte interior de sus pechos. Obviamente ninguna de las dos
llevaba sujetador ni bragas. Ambas llevábamos sandalias con suelas altas y nos
habíamos dejado el pelo suelto.
Mientras nos tomábamos una copa antes de salir, Don Higinio
nos felicito por lo guapas que nos habíamos puesto.
Estáis guapísimas. Un viejo como yo no se merece salir
con dos preciosidades como vosotras. – dijo Don Higinio.
Claro que se merece eso y mucho más. Es usted una persona
maravillosa y le estoy muy agradecida por ocuparse de nosotras. – dije yo.
Ana, tiene razón. Queremos que sepa que apreciamos mucho
como nos trata, y queremos que continúe, así que haremos cualquier cosa que
usted quiera. Sepa que nos tiene a su completa disposición, para lo que
usted quiera.
De acuerdo. Bien hay algo que me gustaría pedirles que se
pusieran, es un complemento para realzar su belleza.
Lo que usted quiera. – dijo Marta. Don Higinio saco de su
bolsillo unas cuantas gomas elásticas, y las dejo en la mesa. Marta y yo lo
miramos sin saber que pretendía.
¿No sabéis usarlas? – dijo Don Higinio, riéndose de
nuestras caras de bobas. – Ven aquí Ana.
Me acerque a Don Higinio, que de un tirón me bajo el vestido
sacándome las tetas. Don Higinio dijo que lo primero era poner de punta los
pezones, y comenzó a acariciarme el pezón izquierdo, al rato se puso a darle
lengüetazos. Al ver lo que hacia, yo misma me levante la teta derecha y me lleve
el pezón a la boca. Al minuto, tenia los dos pezones erectos y sensibles.
Entonces Don Higinio cogió una de las gomas elásticas, y dándole varias vueltas
la enrollo en la base de mi pezón izquierdo. Luego hizo lo mismo con mi pezón
derecho. Quedaba muy apretado, y me dolía un poco, pero al subirme el vestido vi
que mis pezones destacaban una barbaridad, además al estar tan sensibles el roce
con el vestido me excitaba a cada paso que daba. Marta se puso las gomas ella
misma. Nos disponíamos a salir.
Don Higinio, muchas gracias por preocuparse por nosotras.
La verdad es que las gomas nos hacen estar más atractivas. – dijo Marta.
Están bastante apretadas, no las llevéis puestas más de
un par de horas. – contesto él.
Don Higinio, perdone ¿nos puede hacer un favor?– dije yo,
sacando de un cajón la cámara nueva de fotos que había comprado. – Nos puede
hacer una fotografía para la página web. A Marta le gustaría salir en ella.
Claro corazón, dámela. Sentaos las dos en el sofá.
Nos sentamos una al lado de la otra en el sofá, bastante
recostadas y con las piernas bien abiertas de forma que se nos viera todo el
coño por debajo de las faldas, sonriendo mientras nos fotografiaba. Don Higinio
tuvo que usar el flash para que las fotos salieran bien. Luego a sugerencia de
Don Higinio, nos hicimos otra fotografía, esta vez las dos estábamos de pie, una
al lado de la otra, nos habíamos subido las faldas hasta la cintura, y cada una
sostenía la falda de la otra para que no se bajara. Mas tarde vi la foto y me
gusto muchísimo, teníamos las dos unas sonrisas encantadoras, un brillo en la
mirada, a mi se me marcaban los pezones (a Marta menos, ya que su top era de una
tela más gruesa) y se mostraban perfectamente nuestros coños pelados.
Don Higinio me devolvió la cámara, diciéndome que la llevara,
me la colgué al hombro y salimos del apartamento. Fuimos en si coche al
polideportivo, estaba cerrado, pero el llevaba llaves, abrió la puerta y
entramos. Al llegar a la pista de frontón, no había nadie.
Nos hemos retrasado un poco. Probablemente, mis amigos
han acabado de jugar, y estén en los vestuarios. Vamos para allá.
Al llegar a los vestuarios oímos voces, llegamos justo cuando
salían de las duchas, con toallas envueltas en la cintura. Eran tres hombres, y
entonces me di cuenta. Eran los tres chicos de la playa que habían estado con
Marta el día anterior.
Hola chicos, estas son Ana y Marta. Son hermanas. Ellos
son Rafa, Julián y Mario.
Encantada de conoceros - dije yo disimulando. Marta se
quedo de piedra sin decir nada, se notaba que estaba aún más sorprendida que
yo.
Bueno, bueno. Si el viejo tenia razón, nos ha traído a la
zorra de ayer – dijo Julián.
Vaya, veo que ya os conocíais, y parece que tenéis cosas
pendientes. Ana y yo no queremos molestar, os dejamos para que aclaréis
vuestros asuntos. Vamonos Ana, deja la cámara aquí por si la necesitan.
Dejé la cámara en un banco, y salimos de la habitación. Me
llevo al vestuario de al lado, que estaba vacío. Se sentó en un banco, y me dijo
que se la chupara que tardarían un rato. Yo me arrodille, entre sus piernas, le
saque la flácida verga y comencé a chupársela. Lo hice despacio, suave y con
mucha saliva. Desde donde estábamos se oía perfectamente lo que hablaban en el
otro vestuario.
Bueno putilla, creo que nos debes una explicación. Ayer
nos pusiste como motos, y luego te largaste sin más. ¿Quien te crees que
eres para portarte como una calientapollas?
Lo siento mucho, ayer estaba muy confundida. Me porte
como una idiota. Me gustaría compensaros, y reparar el daño que os hice, de
verdad.
Bueno, tenemos que hablar como lo puedes compensar, de
momento nosotros estamos desnudos y tú no, así que ¿por qué no te vas
desnudando para estar todos iguales? No creo que te de vergüenza, ya te
vimos ayer.
Sí claro, lo que digáis. – hubo un silencio, mientras
Marta se desnudaba.
Y ahora arrodíllate, lo primero que vas a hacer es
comerte todas las pollas que ayer dejaste escapar.
Continuara….
Agradezco comentarios (tanto positivos como negativos) e
ideas para la trama.