PERVERTIDA POR MI PERRO DUFFY
Mi nombre es Edelvira, pero me llaman Vera, esto fue real,
ocurrió hace un tiempo. Al ver que mucha gente escribe sus experiencias, me
decidí también, a hacer llegar la mía. Contaba en ese entonces unos 15 años de
edad, cerca de cumplir los 16, delgada, morocha de 1,56m de altura, contextura
con que contaba en ese momento. Como me inicie en todo esto? si me permiten les
haré un poco de historia, antes de ir al plato fuerte.
Todo se inicio una tarde, que regresaba a casa, después de
haber corrido durante un par de horas. Llegue a mi cuarto, me saque las
zapatillas y me tire sobre la cama, estaba medio dormida, cuando sentí que una
lengua lamía entre mis dedos, era mi perro el que se pasaba gran parte del día
acompañándome. El contacto de su húmeda lengua me produzco un cosquilleo y una
sensación extraña, que llego a erizarme la piel. Quite mi pie de manera
instintiva, y eche a Duffy para que me dejase tranquila. No le di mayor
importancia al suceso, pero debo confesar, que ese contacto me había agradado.
Les comento que mi perro es relativamente grande, de unos 30
Kg. aproximadamente. Pasaron varios días, cuando otra tarde después de un
prolongado trote, se volvió a repetir la escena de aquel día, pero esta vez
decidí que continuara haciéndolo, después de varios minutos, comencé a
excitarme, con esa fricción de su lengua entre mis dedos, metiéndola por todos
los intersticios. De manera inconsciente me sobreexcite, sin quererlo, mi mano
se deslizo dentro de mi joggins y empecé a tocar mi sexo, primero suave y lento,
para luego ir acelerando la acción, hasta llegar a acariciarme tan impetuoso que
me sorprendí gimiendo y jadeando, dejándome llevar hasta tener un hermoso
orgasmo.
Después de finalizado, permanecí un rato tendida, con la
respiración agitada todavía, me sentía un poco avergonzada por lo que había
hecho, pero realmente lo había disfrutado ampliamente. No tarde en repetirlo
días después, el hecho de pensarlo hacia que me excitara cada vez más. Esta vez
me quité los pantalones quedando con mi trusa puesta, Duffy no tardó en lamer
mis dedos del pie, estaba muy caliente, bajé mi prenda un poco y comencé a
agitar mi clítoris mientras la lengua del perro recorría mis dedos. Acompañando
de un grito entrecortado llegó un formidable orgasmo. Cada vez que lo hacia
sentía como una culpa, pero el deseo que me embargaba superaba ese sentido de
desliz.
Pensamientos cada vez mas morbosos y aberrantes empezaron a
invadir mi mente, a los que por temor, incertidumbre, pecado o que se yo cuantas
cosas mas, hacían que no los llevara a la realidad. Una tarde, repetía la
experiencia anterior, pero esta vez mientras su lengua hurgaba entre mis dedos,
acariciaba su cuerpo con mi otro pie, hasta que sin pensarlo toque su bulto con
mi empeine, que de manera instintiva dejó lo que hacia para abrazar mi pierna y
comenzar a agitarse de manera frenética, no sabia que hacer, así que trate de
sacarlo, mi perro se freno en su intento, para pretender nuevamente reanudar su
propósito, impidiéndoselo nuevamente.
En ese momento no entendía bien que le ocurría, pero con el
tiempo, descubrí el por que de su accionar. Duffy comenzó a lamer su zona
sexual, para comenzar a surgir algo rojo, que salía de su capullo, parece que se
dio cuenta que lo observaba por que se detuvo en lo que estaba haciendo para
comenzar a mover la cola, parecía que me estuviera pidiendo que lo continuara,
llena de curiosidad, comencé a juguetear sobre su panza con mi pie desnudo, de
manera instintiva se abrió de patas. Con algo de temor mi pie tocaba su zona
genital, no tardo en resurgir algo rojo y venoso, que asomaba rápidamente, sentí
un poco de impresión, pero la tentación fue mayor, seguí hasta llevarlo al
máximo y surgir una verga bastante grande, Me excitaba verla, a pesar de mi
desconcierto continué, hasta que oí los pasos de mi madre en el pasillo, que
como un rayo dejé lo que estaba haciendo y me metí en el baño.
Me era difícil experimentar algo más con Duffy, ya que mi
madre estaba casi todo el día en casa, por consiguiente no me animaba a
permanecer mucho tiempo "jugueteando" con el perro, así que aprovechaba los
momentos que salía a visitar a alguna vecina.
Una noche, mis padres decidieron salir, sabia que contaría
con tres horas para disfrutar con mi perro. Cerca de las nueve de la noche, se
fueron, cerré toda la casa, y me lleve a mi perro a la habitación, volqué una
manta vieja en el piso, me quite la ropa y quede con mi prendas íntimas. Comencé
a jugar con Duffy, con el pie comencé a excitarlo, no tardo su rojo instrumento,
en aparecer, sin previa espera, se monto sobre mi blanca y delgada pierna y
empezó a agitar su cuerpo de una manera frenética, sentía el contacto de su
miembro estimulado, en mi extremidad, que abrazaba con fuerza, su vaivén era
cada vez mayor, mientras jadeaba y sacaba su lengua. En pocos minutos, no tarde
en sentir algo calido y pegajoso que bañaba mi pierna, apenas acabo, su lengua
comenzó a chupar su líquido, hasta subir y llegar a mi entrepierna, a las que
comencé a abrirlas, era algo indescriptible las sensaciones que me producía,
cuando su lengua llego a rozar mi vulva húmeda a través de mi prenda.
Temblando me la saqué, para disfrutar con mayor intensidad,
esa rápida y áspera lengua, que lamía sin descanso, mi mojada vagina. Era la
primera vez que lamían mi cosita, era tan especial e insuperable, que después de
dos ansiosos orgasmos volví a la realidad, me sentía muy extraña por lo sucedido
pero deseosa de repetirlo.
Fui a ducharme, y al regresar al dormitorio vi. a Duffy,
durmiendo sobre la alfombra, me quité la bata y desnuda me volqué sobre él, era
más que excitante lo que me sucedía. Comencé a masturbarlo, cuando su verga
volvió a ponerse a full, estaba más que tentada, sin pensarlo demasiado lamí su
aparato, con mucha timidez, pero no me animé a llevarlo a mi boca. Me volqué
boca arriba sobre la cama, y mi pierna busco su bulto, que sin perder tiempo se
empezó a agitar, hasta largar otro poderoso chorro. Sin esperar me unté todo lo
que pude mi cuerpo a la espera de su glotona lengua. Volcada sobre la cama
Duffy, saltó a ella, e inició una sesión de lamidas sobre mi desnudo cuerpo. Mis
pequeños pechos eran agitados, por los lengüetazos que me propinaba, al igual
que por mi vientre y vagina. Levanté y abrí mis piernas en V, para permitir que
su lengua tuviese mayor acceso, desde mi ano hasta mi raja, entre gemidos,
alucinantes orgasmos me llegaron, era indescriptible la sensación que ese perro
me causaba.
Pero cada vez que su lengua rozaba mi ano, parecía querer
introducirse por ahí, sentía su aliento cálido, su hocico puntiagudo
acariciándome el clítoris, y esa enorme y áspera lengua lamiendo arriba y abajo,
hasta llegar a inflamar mis labios vaginales. La conmoción era extrañísima, que
me puso la piel de gallina. Me quedé ahí, inerte, disfrutando, mientras mi
rostro parecía encenderse y mis ojos salirse de su orbita.
Por mi cuerpo corrían como pequeños choques de eléctricos que
me dejaban jadeando, moviendo mi cintura en círculos arriba y abajo tratando de
no desperdiciar el contacto de su lengua. Creo que ese momento tuve un par de
orgasmos mas, que me estremecieron, jamás había tenido una sensación de esas
características. Recuerdo que todo me daba vueltas y mi respiración era tan
agitada que parecía que el corazón me saltaría del pecho.
Me introduje un dedo en la boca y lo acerqué a mi clítoris y
comencé a acariciarlo en pequeños círculos, para reiterar esas descargas
eléctricas que parecían brotar de mi cuerpo, hasta convertirse en
estremecimientos, finalizando en deliciosos orgasmos. Después de recibir
semejante lamida, caí exhausta, por todas mis venidas. Cuando reaccione, me
sentía extraña por lo hecho, pero muy radiante por lo que llego a
proporcionarme. Me dormí, después de haber limpiado y acomodado todo. A la
mañana siguiente, al despertarme, sentí los deseos de repetirlo, pero por el
temor de que apareciesen mis padres, desistí de la idea.
A partir de esa noche, lo repetía cada vez que me era
posible, lo masturbaba con mi pie, para luego embadurnar mi cuerpo con su semen,
me colocaba en cuclillas, levantando mi culo para gozar su lengua degustar mis
orificios, era algo fascinante y enloquecedor.
Se había transformado en una adicción, a lo que poco a poco
fui tomando valor para llegar asir su verga con la mano (a la que lubricaba para
no dañar su aparato, pues había leído que era muy sensible), esta vez, mas
animada comencé a masturbarlo lentamente, mi mano apenas rodeaba ese tronco. Me
excitaba ver como se ponía, hasta que pude ver detalladamente, como un fuerte y
acaudalado chorro de flujo, regaba mi desnudo cuerpo, al que no tardaba en
ofrecérselo para disfrutar sus lujuriosas e perseverantes lamidas.
Paulatinamente fui agregando variantes en ese juego sexual,
aplicaba mi cuerpo desnudo contra su verga, frotándome contra ella, al que
apenas sentía mi contacto, intentaba apresar, para empezar con sus frenéticos
movimientos, como intentando cogerme, para llegar al mismo final, derramando su
fluido sobre mi piel, para finalizar con su excitante lengua limpiar mi cuerpo
regado de su flujo.
Si bien, iba adicionando algunos cambios, las cosas no
pasaban a mayores, hasta el momento no había surgido plenamente por mi mente ser
poseída por mi perro, creía que era algo demasiado loco, obsceno o que era una
enferma al intentar hacerlo, a pesar que me sugestionaba esa verga cada vez que
estaba en toda su intensidad. Un día se me ocurrió ver por Internet, paginas
referentes a la zoofilia y fundamentalmente con perros, creo que lentamente se
me fue transformando en una obsesión, a la que no llegaba a concretarla por
temor a lo que me podría llegar a suceder o que me transmitiese una enfermedad,
a pesar de que periódicamente lo llevábamos al veterinario.
Una mañana, después de una ducha, salí del baño con el fin de
vestirme, mientras buscaba una de mis prendas que había caído bajo la cama, me
arrodille para recogerla, levantando el culo y alargando el brazo para
alcanzarla, en el instante, que Duffy, que se paseaba por la habitación, en
forma sorpresiva, se me arrojo aprovechando mi posición. Sin esperar nada y en
forma desenfrenada empezó a agitarse en mi espalda tratando de penetrarme, sus
patas me apresaron, como acomodándose para iniciar su coito.
Su voluminosa verga friccionaba por varios lados de mi
cuerpo, intentando penetrarme, traté de quitarlo al sentir que me arañaba con
sus uñas, pero a pesar de eso me apresaba con mas fuerza, para meterme su
aparato. Era evidente que estaba bastante alzado, recordé en ese momento que
había pasado bastante tiempo de la última vez. Pasó por mi cabeza que sucedería
si me introdujese su verga, pero inmediatamente desistí de la idea. El pene del
perro seguía rozando mi cuerpo, intentando entrar, le grité, a pesar de
disfrutar esa situación de intento de posesión, pero no era el momento preciso,
así que con gran esfuerzo lo pude sacar.
Me levante como rayo en cuanto salio, y me vestí rápidamente
y salí al encuentro de unas amigas que venían a visitarme. En la reunión mi
mente mantenía presente la reacción de mi perro, creo que eso fue lo que me
decidió a concretarlo, a pesar de los temores no me abandonaban.
Pero la traba principal era la presencia de mis padres, lo
que me impedía tener un tiempo mayor, para ejecutar mi deseo, ya que lo que
practicaba con Duffy, ya no me era suficiente. Así pasó el tiempo, hasta que me
enteré que en veinte días, tendrían una fiesta, esa era mi oportunidad de poder
estar sola con mi Duffy, durante bastantes horas, concretando esa fecha como mi
"noche nupcial".
Realmente estaba ansiosa, esperando la fecha prevista,
realmente parecía que no llegaba nunca el día, pero como todo en esta vida,
llegó el momento esperado. Estaba muy nerviosa, pero apenas mis padres se fueron
cerré todo bien, y llevé a Duffy a mi habitación, esa tarde lo había bañado, y
mientras lo hacia, friccionaba su bulto para excitarlo bien para esa noche.
Me quité mi ropa, y desnuda tomé a Duffy y me revolqué junto
a él. Así estuvimos un rato, pronto le ofrecí mi cosita, a la que no tardó en
lamer, después continué chupándosela lentamente que comenzaba a aparecer cada
vez mas, la tragué lo que pude, llenándome hasta la garganta con cada
centímetro.
Me la metía y sacaba de la boca, la besaba, la chupaba, la
deslizaba por sobre mis labios, la retenía por un largo rato adentro, jugando
con ella, sorbiendo los juguitos que ya comenzaba a destilar espesamente.
Parecía que estaba drogada, no sé bien que me ocurría pero era una desesperación
por esa verga, estaba como cautivada.
Me volqué sobre la cama, hasta que después de varios
intentos, colocó sus patas delanteras en la misma, así que tome su aparato y
coloque su puntita en la puerta de mi cosita, fue mas que suficiente, fue una
sensación extraña, empujé un poco como para que penetrara lentamente, cuando al
sentir el contacto de mis labios vaginales, un poderoso empellón, hizo que
accediera buena parte, intente frenar su ímpetu, pero estaba perdida, su
agitación se acelero, pegue un grito de dolor al sentir como se introducía sin
miramientos, parecía que me desgarraba, trate de quitarlo, pero me era
imposible, mi diminuto cuerpo estaba dominado por la voluminosidad de Duffy, que
hacia caso omiso a mis pedidos de que se quitara.
En mi desesperación, me largue a llorar como una chiquilla
desamparada, parte por el miedo y el sufrimiento que me producía Un nuevo dolor
me invadió, al sentir desgarrar mi himen, dándome la sensación, de que su
aparato sexual se introducía mas adentro. No dejaba de temblar, y padecer algo
de malestar, mientras el bombeo no cesaba, cuando sentí que un líquido algo
calido y ácido se descargaba en mi útero.
Apenas cumplió con su objetivo, salio de mí, para lamerse su
verga, mientras media desfallecida, permanecí tendida, evacuando su simiente
teñida por mi sangre, que afloraba de mi cavidad. A pesar de todo estaba todavía
caliente, miré mi cosita, su suave rosado había desaparecido, para estar
bastante roja e inflamada los bordes vaginales, me la toque para masturbarme,
pero me dolía bastante, así que frené mi impulso.
Podría mentir y comentarles que tuve una serie de orgasmos,
pero no fue tan así, no niego que me gustó, a pesar de ciertos dolores, era la
primera vez que algo se introducía en mi vagina. El miedo, la incertidumbre, las
dolencias no me permitieron disfrutarlo con total plenitud, mi noche nupcial no
fue lo tan esperado, solamente que mi virginidad ya no estaba. No sentí pesar
tanto por eso, sino que sabia que disponía de bastante tiempo hasta la llegada
de mis padres y no lo podía disfrutar a mí agrado, solamente debía consolarme,
pensando en una próxima vez.
Durante un par de días el dolor me continúo, llegué a pensar
que no lo volvería a repetir, que ya era suficiente, aunque cuando podía dejaba
a Duffy lamer mi cosita. Creo que me había conformado con eso, lo hacia cuando
me era posible, en los momentos que mi madre salía de casa.. Una noche
decidieron ir al cine, cosa que no era muy habitual en mis padres, pero como era
una película que le habían recomendado decidieron ir.
Repetí lo de aquella noche y subí a Duffy a mi habitación,
sin perdida de tiempo me desnude, y me arrodillé sobre la alfombra, la lengua de
Duffy no se hizo esperar demasiado, recorriendo mis cavidades, pero no tardó en
montarme, y agitar su cuerpo tratando de meterme su verga, que empezaba a
asomar.
El perro estaba caliente y yo también, sentía su miembro
refregarse por mi espalda y glúteos, lo tome con mi mano y acerque su punta en
mi raja, movimiento suficiente para introducirse con todo, gracias a la
lubricación de ambas partes, sentía como su punta chocaba contra las paredes de
mi vagina. Cada vez, me abrazaba más con sus patas, moviendo su pelvis a un
ritmo acelerado, el roce en las paredes de mi vagina era vertiginoso, llevé mi
dedo a mi clítoris mientras el bombeo era cada vez más rápido. Mi posición me
permitía observar como ese tronco de carne, entraba y salía de mi vagina de
manera presurosa.
Estaba en un estado de paroxismo total, ya no pensaba, mis
cinco sentidos estaban compenetrados en esa vehemente cogida, hasta las arañadas
que me efectuaba el perro, me producían placer, la transpiración comenzó a bañar
mi cuerpo. Jadeaba igual que Duffy mientras las gotas de su baba, caían en mi
espalda. El perro empujaba cada vez mas prendiéndose a mi cuerpo y yo, levantaba
mi culo para sentir su penetración, esa sensación de ser poseída por una bestia
era patética.
En ese momento de total placer, algo pareció partirme, pequé
un grito, en el instante que mis labios inferiores cedieron, para introducirse
el extremo de su bola, en segundos parecía hincharse en mi interior, como
tomando posesión de todo el espacio, que mi vulva lo permitía. Los roces se
aplacaron para sentir el palpitar de esa verga, estimulando mi punto G, dando
llegada a una serie de alucinantes orgasmos., mientras no dejaba de temblar,
disfrutando ese momento que realmente con palabras no se puede llegar a
describir.
Pero faltaba lo mejor, al eyacular su leche, vibré como una
hoja, sentí como descargas eléctricas por todo mi cuerpo, no podía dejar de
jadear y gritar de los espasmos que me originó, estaba fuera de sí, hasta mis
tetas parecían que explotaban Realmente me había transformado, en su sumisa
perrita, dispuesta a que hiciese de mí cualquier cosa, con tal de disfrutar del
placer que me proporcionaba.
Giró sobre sus patas y quedamos culo con culo, era una
situación inverosímil, algo que no creía que me llegase a suceder. Recapacitaba
que ocurriría si en ese instante llegasen mis padres, pero hasta me producía una
especie de morbo, que alcanzasen a verme en esa situación. El perro trataba de
salirse, pero el acople se mantenía, hacia que en mi posición de perra, trataba
de acompañar los movimientos de Duffy para impedir de que un brusco desacople
terminara produciéndome un desgarro, Volví a tener otra venida, no tan fuerte
pero deliciosa, después de un largo tiempo 10 o 15 minutos, realmente no lo sé,
se produzco el desenlace, con una cascada de su leche que conservaba en mi
interior.
El perro lo primero que hizo fue lamer su verga y yo abanicar
mi conchita inflamada que me ardía bastante. Después de acomodar todo, y bajar a
Duffy, me fui a duchar, donde me percaté de los arañazos que tenía. Me acosté y
era tal el cansancio que me dormí al instante, después de esa calurosa y
ardiente relación zoofilia.