MI APETECIBLE HERMANAS Y SUS MARAVILLOSAS HIJAS
PARTE II
Era viernes, era noche, estaba en la casa de mi hermana con
un fin. Salvar la relación amorosa que tenemos, de la amenaza de su hija mayor,
Sabina.
Estaba en el baño matando el tiempo mientras las mujeres se
iban a dormir. El agua caía mientras pensaba que en minutos me iba al dormitorio
de huéspedes donde los brazos amorosos de mi hermana Alexa seguramente me
estaban esperando. La puerta del baño estaba con el pestillo por si mi hermana
quería hacerlo allí.
De repente, giró el picaporte, mi corazón se aceleró. Sabina
entró como toda una gata, se me abalanzó, me besó, me abrazó y se apretó contra
mi cuerpo haciendome calentar. Traté de resistir, pero luego comenzé a responder
y ambos tratamos de tomar la iniciativa en cogernos el uno al otro. Se despertó
tal deseo y ansiedad que produjeron un descontrol que no nos permitían
disfrutarnos. Por un momento logré contenerme y decirle que le iba a ceder la
iniciativa, que iba a hacer exactamente lo que ella deseaba.
Los deseos de Sabina nos sumieron en lujuriosos juegos
sexuales donde la excitación y la calentura hicieron que rápidamente eyaculara y
tuviera que continuar la relación como decimos en Uruguay "a corazón", pero el
entusiasmo juvenil de Sabina y lo hermoso, elegante y fogoso de su cuerpo lo
merecían.
Siendo una chica dominante, pidió que me sentara en el water
y le permitiera subirse encima de mi pene. Juntos cavalgamos, ella al orgasmo y
yo hacia la eyaculación, pero fue descoordinado, porque como les dije, yo llegué
primero y tuve que continuar para satisfacerla como ella merecía.
Luego se puso boca abajo en cuatro patas y pidió que la
montara como un perrito, lo cual me excitó tanto que me permitió cogermela como
cuando era un pibe de 18. Fuerte, rápido, bueno y continuado.
Esta vez llegamos al orgazmo a la vez. Reacomodamos nuestros
cuerpos cansados, sin permitir que nuestros órganos se despegaran. Quedé
recostado contra la pared, aprisionando a Sabina entre mis brazos.
La noche recién comenzaba, el sueño nos sorprendió, agotados,
maravillados y con una sensación de placer que nos hizo perder totalmente la
consciencia.
Mientras, Alexa había terminado sus quehaceres, había fingido
que se iba a dormir y luego de esperar un tiempo prudencial, salió de su
habitación, constatando que las chicas ya no estaban en las partes sociales de
la casa. Hecho esto salió en mi busca.
Fue directo al cuarto de huéspedes, al no encontrarme se
dirigio al baño, abrió la puerta y se encontró con los nuevos amantes durmiendo.
No le gusto. Echó a insultarme y golpearme llorando. "Hijo de
puta, venís a mi casa a hacerme el amor y te echás a mi hija". "Pepe maldito, no
quiero verte más", seguido de golpes de puño, patadas y algún garrotazo con el
mango que se usa para lavarse la espalda y que prontamente cambió de función.
Yo estaba aturdido. No entendía nada, acababa de sumirme en
un sueño de dicha y placer y me despertaban amargamente y a los palos. Era
increíble el contraste entre la alegría que me provocaba que me despertara Alexa
y la tristeza de que me puteara con toda razón por la cagada que me acababa de
mandar.
Alexa no soportó lo que vió y literalmente me echó a patadas
de su casa y para colmo en pelotas. Bueno, no me fuí en pelotas gracias a que mi
otra sobrina, Emmanuelle, que se había despertado por el escandalo, abrió la
puerta y me arrojó mis cosas, mientras se sentían las voces de Alexa peleando a
Sabina por lo ocurrido.
El camino a mi casa fue interminable. Estaba mal, aturdido y
busqué un taxi. En Montevideo los taxis tienen la costumbre de desaparecer
cuando más los necesitas.
Me tocó un chofer algo rompehuevos: "parece que lo agarró un
camión", "¿A donde lo llevo?" "Tiene seguro médico". "Lleveme a mi casa y cierre
el pico" atine a decir y luego le di la dirección. "Lo agarró una barra de
boxeadores" "¿Quiere presentar una queja en la policía?" Era insoportable el
tipo.
Cuando finalmente llegué, me tiré en la cama, como estaba,
sin cambiarme y me quedé dormido.
A la mañana siguiente siguieron las podridas. Alexa le contó
a mi mujer que nos acostabamos y que lo había hecho con Sabina, que era un
irrespetuoso y mi mujer se marchó y se llevó a los chicos.
Todos se fueron maldiciendome y diciendome que era un hijo de
puta. Yo quedé destruído y avergonzado y por unos dias falté al trabajo y no
salí de mi casa ni para comprar la comida, de modo que hasta hambre pasé.
Fueron días malos. Me sentía mal, con remordimientos, bajé de
peso, cambié el look, me compré ropa más sobria, más gris y de bajo perfil y si
bien me reintegré al trabajo, no hablaba con nadie y no salia. Hasta mis
compañeros de trabajo se enteraron de mis lios y para burlarse me pusieron el
mote de "Pervertman el sátiro".
Una tarde salía yo del supermercado (por entonces era mi
único paseo) y sentí una voz conocida que me decía sonriente: "Hola tio, además
de las macanas que te mandas ya no saludas". Levanté la vista y era Emmanuelle.
Me resultó agradable, aunque todavía no tenía ganas de hablar con nadie. Dije
"lo siento", me despedí con un beso y me marché.
A la tarde siguiente estaba en mi casa y sonó el
timbre.Generalmente son pedigueños, así que hice lo de costumbre, observe por el
ojo de la puerta porque si no era necesario no iba a atender simulando que la
casa estaba vacía.
Era Emmanuelle. Entreabrí la puerta y le pregunté que hacía.
"No me vas a invitar a entrar". "Mira sobrina, tu no tienes nada que ver, pero
en esta familia hay ya suficientes lios como para que la deje entrar a alguna de
ustedes en mi casa". "Vamos tío que santurrón te has puesto, te cogiste a mi
madre por años, hace semanas a Sabina, aunque creo que más bien fue ella quien
te cogió a ti y ahora te volviste tan casto que no me haces pasar. ¿Es que
todavía te queda algo por perder?"
La verdad es que pensé que era tonto y que estaba mal no
recibirla, así que le pedí disculpas, le franquee la puerta y le ofrecía un te o
un café. "Ni modo, tío, agua mineral, todavía soy muy niñita para te o café".
Ese comentario me hizo prestarle atención. Se estaba
burlando. No era ninguna niñita, era una joven adolescente, bonita y bien
formada. Era muy distinta a su hermana. Sabina tenía una belleza agresiva, era
guerrera. Esta era toda dulzura, sarcástica, otras armas, pero dios mío, ahora
que la veía, que hermosa que estaba, con su pelo rubio ceniza, sus ojos
celestes, su cara sonriente, su boquita ajustada y su contagiante sonrisa,
trasmitiendo una imágen de dulzura, inocencia e ingenuidad. Mejor mirada, era un
poquito más baja que su hermana, pero con una silueta esbelta, delicada, muy
elegante, tal vez pechitos chicos, pero cadera en forma de ánfora y piernas
delgadas pero muy bien torneadas. Era un ángel. o ....... por el contrario, un
demónio.
"No estoy para chistes. Sos mi sobrina, te recibo, pero dime
a que vinistes". Se sonrió, luego largó unas risitas y comenzó a largar su
rollo: "Y bueno tío, resultaste ser todo un degenerado, te tiraste a tu hermana,
a tu otra sobrina, le metiste cuernos a tu esposa" (Hizo una pausa) "Y bueno sos
como quien dice un pelotazo en contra", "pero en el fondo, mamá y mi hermana
tampoco se portaron mejor que tú, así que cuando ayer te vi por la calle como un
pollo mojado, pensé que las mujeres de la familia no se portaron bien contigo y
decidí hacerte una visita para dedirte que igual te queremos y estoy segura que
hablo por las tres y que te tranquilices que todo se va a arreglar".
"Ah" le dije yo, "te lo agradezco de veras, pero parece que
por ahora soy el único villano, así que la cosa va para largo". "Pero de veras
no me había puesto a pensar que ellas no estuvieron mejor que yo y eso que
dijiste me alivia un poco, ya no me siento tan culpable". "De todos modos, si no
te lo tomas a mal, recibí el mensaje, me alivió, te lo agradezco y antes que a
alguien se le ocurra seguir con la tradición familiar, mejor te largas"
"Vamos tío ¿que querés decir?, ni sueñes conmigo, yo no lo
hago con jovatos" Le contesté "me parece fantástico, ahora podés ir a conquistar
jóvenes de tu edad afuera de mi casa y dejar a este pobre viejo tranquilo".
Al final era otra hija de puta. Me trataba de viejo, decía
que nunca la tendría, pero no se iba, no desperdiciaba la oportunidad de
refregarme esa encantadora sonrisa que hechizaba y además, se movía en forma
aparentemente casual, haciendo que contra mi voluntad no pudiera parar de
recorrer esas hermosas piernas hasta la bombacha, que con sus giros se veía
fugazmente, denunciando que allí se ocultaba algo muy bueno, pero que no se
podía percibir claramente porque estaba tapado por la corta pollerita que usaba.
Ya había tenido suficientes lios, así que la tome de un
brazo, le di un beso en la mejilla, la acompañe a la puerta y la solté afuera,
asegurandome que no volviera a ingresar a la casa.
Como fuera, su visita me transformó de nuevo en una persona.
Ya estaba caliente nuevamente, había recordado lo que es desear una mina que
está buena, tenía el bocho a mil. Y ya estaba pensando que tenía que hacer un
plan para recobrar a mi hermana.
¿Flores? Un ramo me lo tiraría por la cabeza. Mejor mandarle
la cantidad suficiente para llenar un cuarto. Pero me parecía que no iba a dar
resultado. ¿Invitarla a cenar? Menos.
Entre esos pensamientos pasé la noche y al día siguiente ya
estaba de vuelta en la vida y en el trabajo. No podía concentrarme mucho en las
tareas, pero estaba más feliz. Esta atrevida chiquilla me recordo lo bueno de la
vida y que tenía que volver a la pelea. No solo por recuperar a Alexa, sino
también hablar con Sabina. Yo lo había pasado bomba y quería saber que sintíó
ella.
"Sabina me dijo que estuviste muy bien aquella noche", "que
pensó que te iba a reventar y hacer pasar el ridículo, pero que en cambio lo
paso de maravilla, que tuvo dos orgasmos y que lo hiciste muy bien". Levanté la
vista era Emmanuelle que parecía haberme leído el pensamiento y me contestaba
con su sonrisa angelical. No estaba soñando. Iba por la calle rumbo a mi casa
con un ramo de rosas y Emmanuelle me acompañaba.
"Por cierto, compraste rosas rojas. Si son para mamá, le
gustan rosadas y si son para Sabina, prefiere las camelias". Otra vez me leyó el
pensamiento, miré el ramo, pensé en tirarlo. "No sabés que hacer con él" "A mi
me gustan las rosas rojas".
Otra vez sentí que me tocaban el corazón. ¿Me estaba
cargando?. Emmanuelle comenzó a reir. Se reía de mi, no paraba de reirse.
Entramos a mi casa, le obsequie el ramo y según su estilo,
con una risita irónica respondió "Sabina quedó muy impresionada contigo, pero
tenemos gustos distintos. A mi no me gustan los viejos".
Me produjo rabia el comentario. La tomé con mis manos, la
atraje hacia mí, le planté un beso en la boca y le dije "Todavía no soy viejo,
me queda por dar. Además soy tu tío" No se que quise decir con eso, la chica era
punzante y me enloquecía con sus comentarios, parecía que me leía la mente y me
pegaba con cada dicho. Además empezaba a sentir en mi boca el gusto que habían
dejado sus labios. La observé, estaba sorprendida. Ya no sonreía, me miraba con
esa carita de ángel de película que tenía y sus ojos parecian querer leer mi
mente.
Me disculpé por besarla, le dije que no quería faltarle el
respeto, que había reaccionado porque no me gusta que me traten de viejo. Pero
ella no contestó, sólo me miraba, insistente.
Le aguanté la mirada y se mantuvo como si nada. "¿Que?" Le
pregunté. Se acercó hacia mi y me devolvió el beso. Me beso lento, profundo,
sentí el calor de sus labios, su sabor a mujer joven y bonita.
La separé "ya hice demasiadas cagadas en mi vida, no voy a
hacer otra más". Siguió mirandome, como tratando de entrar en mi persona, con
esos ojos celestes. Luego de un rato, con voz suave me dijo: "Conoces la
anécdota de la rana y el escorpión". "No" "Pues una vez un escorpión quería
cruzar una laguna y como no sabia nadar le pidio a una rana que la dejara
montarse en su lomo y la llevase hacia el otro lado. La rana se negó porque el
escorpión cuando estuviera encima de la rana la iba a picar y a matar. Nada de
eso dijo el escorpion, no puedo picarte porque yo me ahogaría y moririamos los
dos. Convencida la rana, el escorpión se monto sobre ella y comenzaron a saltar
de hoja en hoja hacia la otra orilla. Por el medio del camino el escorpión picó
a la rana y esta sorprendida antes de morirse le pregunta: ¿Por qué me picaste?
Ahora tu también vas a morir ahogada. Lo sé, pero es mi naturaleza".
"Y eso que tiene que ver" Pregunté. "Simple", "somos como el
escorpion, hacemos el amor entre parientes porque es nuestra naturaleza".
Entendí que me estaba diciendo que ibamos a coger, que era
inútil resistirme. ¿Otro lío antes de salir del primero? Y lo peor es que se me
hacía agua la boca, Don Pistacho salió de su cueva duro y herguido como en sus
buenos tiempos sentí calor en todo mi cuerpo, mientras ella me miraba sonriente,
inocente y sensual, encantadora. Se acercó hacia mí y puso una mano en mi cara.
Acerqué mis labios a los suyos. "No te gusta con viejos, ¿te gusta con
parientes? Me besó. Hay mamita, me prendió fuego, la abracé, empezamos a
compartir nuestras lenguas. ¡Qué cálida emoción! Le refregué mi bulto contra su
cosita. "Asi no me dijo". "Debes tener una cama en el dormitorio" Pasé mi mano
izquierda por debajo de sus rodillas, mientras tenía el otro por debajo del
hombro.
La levanté en brazos, la llevé al dormitorio. Nos comiamos
con la mirada, pero era todo pausado, lento, degustando cada movimiento, al
estilo de Emmanuelle. De la boca pase a besarle el cuello, despacio, teníamos
toda la noche. Ella introdujo su mano entre mi ropa y acarició mi panza. Con mis
manos comenzé a desabotonarle la blusa. Se incorporó en la cama para sacarse la
camisa y el sutien, mientras yo me saqué camisa, pantalón, zapatos y me detuvo
cuando iba a sacarme el calzón.
"Pará tio". "Los viejos, a cambio saben disfrutar el
momentos, sin atropellarse, vamos despacio que sabe mejor". Me calentaban esos
comentarios irónicos y hacían que tuviese más ganas de cogermela. Así que
respondí pasandole la lengua por sus hombros, sus tetas. Vi como estas se ponían
duritas y los pezones sobresalían y se ponian rojitos, a punto de caramelo para
chuparmelos. Ella correspondió introduciendo una de sus manos en mi calzón y
agarrandome el pene en tanto que su otra mano tomaba mi cabeza, besandome donde
podía.
Tardé en llegar a su pubis lo que demoré en besar su pancita
y su obligo. Luego con las dos manos empezé a jalarle la bombacha. De a poco,
bajaba con mis manos y besaba con mi boca y me dolía el pene porque me lo tenía
agarrado y tiraba, ahora con las dos manos.
Levantó sus piernas y las puso sobre mis hombros, en tanto
que yo terminaba de sacarle la bombacha. Su pepa ahora quedaba libre para todos
mis deseos.
Lo primero es lo primero. Empezé a chuparme su pubis. Me
soltó la pija y empezó a gemir. Con mi lengua empeze a limpiar su concha que
estaba bastante lubricada.
Después de lamer un rato entré a buscar su clítoris con mi
lengua. Comencé a pasarla por ese bultito que se corría hacia un lado y otro con
mis embestidas y ella gritaba, gritaba. "Ayy Tío, Así, Así, que bueno, " "Hay
tío pará que me voy a licuar".
Iba bien, no le dí tregua, sentí como su cuerpo hervía, la
leche salía a borbotones de su concha, al tiempo que gritaba "Nooo, nooo lo
soportooooooo". Y seguí, con mi pene cada vez más parado y duro, esperando su
turno.
Cuando aflojaron sus fluídos, le permití bajar sus piernas y
volví a besarla. Estaba divina. Era una mujer muy hermosa. Yo tenía su líquido
vaginal en mi boca y al besarla lo compartimos.
Luego de esos deliciosos besos, ella aflojó un poco y yo
estaba a mil. Así que media cancherita me dijo "yo debería hacer algo ahora,
pero soy un poco gasolera" . "Demostrá que no estás viejo y seguí trabajando
vos, penetrame".
Ahora yo sonreí, la besé, luego me separé un poco, le levanté
las piernas para que su pubis quedara más expuesto y le dije a Don Pistacho:
"calentaste, ahora entrá" y se la clavé despacito, pero hasta al fondo. Pasé mis
manos por debajo de sus rodillas y empezé a cavalgar. Al empujar con los hombros
hacia adelante le levantaba las caderas y su vagina se levantaba hacia mi para
recibir la estocada de mi pene. Una y otra vez, cada vez más fuerte. Sentí que
volvía a calentarse la piba. Volvieron los gemidos, esta vez acompañados por
sonidos guturales que yo emitía con cada pijaso. Hacíamos un ruido bárbaro,
largabamos un calor impresionante y gozábamos con cada clavada. Y fue una tras
otra y tras otra. Con cada una disfrutando más que con la anterior, con tanta
excitación que el pene se desplazaba casi sin resistencia. "Dame más duro"
reclamó y yo sabedor que había que jugarse las mejores estocadas si quería que
fuera un buen polvo, en cada metida de pene depositaba el peso de todo mi
cuerpo. Sentí que iba a eyacular, pero quería tener el orgasmo a la vez que
ella. "Queres todo" "Siiii damelo todo con todo " Y la orden no se hizo repetir.
Sentí que salió un chorro de semen que inundó su vagina. Me empezó a doler el
pito pero igual seguí bombeando, hasta notar que los flujos de ella nuevamente
empezaban a aflojar.
Dejamos el pene clavado, pero bajamos sus piernas, nos
volvimos de costado y un placentero sueño se apoderó de nosotros.
Dormimos abrazados toda la noche. De un tirón.
Al día siguiente, un timbre insistente nos despertó. Sentí
como el pene se desprendía de su vagina al separarnos para ver quien era.
Salí desnudo de la cama y fui a mirar por el visor de la
puerta quien era.
No los voy a dejar con la intriga, era Alexa.
¿Otro lío?, ¿Qué pasó después? Solo les diré que empezó a
dolerme la cabeza y que se los cuento en el próximo y último episodio.
El Ansia