Capitulo 10.
Un deseo nocturno.
Harry Potter miraba a través del cristal. Su mirada se perdía
sobre las nevadas montañas y divagaba entre sus pensamientos y dolorosos
recuerdos. Hacía tres días ya que Cedric Diggory había muerto, tres días desde
que Lord Voldemort había regresado a su poder, pero, ahora la defensa provista
por la sangre de su madre era completamente inútil. Sentado sobre una bardilla,
Harry vestido con su pijama color azul cielo llevó sus manos al rostro, escondió
las lágrimas que el sentimiento de culpa le provocaba. El reloj de pared anunció
las tres de la madrugada.
Debo dormir... – pensó en voz alta – es el día de
clausura, Dumbledore quería hablar conmigo y apuesto a que Ron y Hermione
estarán llenando de preguntas.
Se acostó sobre la cama aún tendida, cerró las persianas de
satín rojo y vislumbró el techo por un largo rato. No supo si en realidad había
dormido cuando escuchó murmullos y vio siluetas caminando por la habitación.
Tomó su varita, se sentía demasiado tenso como para imaginar otra cosa que un
mortífago. Corrió la tela y se encontró con Fred y George Weasley, que, al verlo
ignorando la posición de ataque que él chico ofrecía se sentaron en la cama.
Harry... – hablo Fred – contigo necesitábamos hablar...
Lo siento, chicos, no estoy de humor...
Vamos Harry – ambos sujetaron al adolescente que no tenía
intenciones de dar guerra, se dejó llevar por los gemelos hasta las
escaleras - ¿supongo bien si afirmo que traes el mapa del merodeador
contigo?
Así es... – dijo con desgano.
Necesito que digas que pasillos están libres para llegar
hasta la casa de los gritos.
No creo que haya, Dumbledore ha aumentado la seguridad...
– dijo Harry mientras desdoblaba el pergamino y decía en voz baja "juro
solemnemente que mis intenciones no son buenas"
Harry encendió su varita para distinguir con claridad las
motas de tinta que el mapa mostraba, casi todas estaban en las diferentes casas,
salvo algunos profesores haciendo guardia en los pasillos cruciales. Recorrió
los posibles senderos, pero no le sorprendió cuando George anunciaba el camino a
seguir, sino que en las mazmorras del profesor Snape no había nadie.
Travesura realizada... – dijo George.
Avanzaron abriendo a cada oportunidad el mapa para verificar
la soledad del siguiente paso, incluso para los gemelos aquello era demasiado
misticismo, sus ansias e incluso algo de nervios era fácilmente detectable en
sus movimientos.
¿A dónde vamos? – preguntó con desgano Harry casi cuando
salían del castillo.
A la casa de los gritos...
Verás que te gustará, Harry, sabemos lo tenso que estás,
así que hemos decidido llevarte a dónde ningún estudiante menor a séptimo
curso ha ido. Bueno – esbozó una sonrisa – excepto nosotros desde un par de
años atrás.
Mediante un sencillo conjuro, Fred que llevaba la batuta de
líder inmovilizó al sauce boxeador, apresuró a los otros dos que entraron con
dificultades al pasadizo que conducía a su destino. La luz era tenue, pero sus
pasos resonaban haciendo eco en las frías paredes del sendero. El sonido del
crujir de los maderos de los que estaban construidos la casa les dieron la
bienvenida. Los gemelos se movían con naturalidad, era obvio que no era su
primera visita, tampoco era la de Harry, un año atrás ahí se enteró de toda la
verdad de su padrino Sirius Black. Pero no iban a esa habitación, desviaron sus
pasos para entrar al cuarto contiguo. Detrás de ellos cerraron la puerta y
miraron a Harry de forma severa.
Debes prometer que todo lo que veas aquí será un completo
secreto – dijo Fred – no puedes decir nada a nadie, ni a mi hermano ni a
Granger.
Pero...
Harry... – cortó George - ¿podemos confiar en ti?
Bien, ahora Harry mira a través de ese recoveco y dinos
con exactitud qué ves...
Vacilante, el joven mago colocó su rostro para mirar en medio
de dos maderas particularmente separadas, primero sólo miró sobras moviéndose en
un ritmo semilento, casi hipnótico. Cerró los ojos y luego los abrió
completamente tratando de acostumbrarse a la falta de luz. Las formas comenzaron
lentamente a tomar colores y formas. Un grito se ahogo en la garganta de Harry,
ahí estaban dos estudiantes, aún con la mayoría de los uniformes puestos, él
hincado detrás de una chica apoyada en sus cuatro extremidades, la túnica del
joven cubría su pecho y terminaba arrugada sobre el cuerpo de la mujer cuya
vestimenta estaba doblada sobre su cintura. La piel clara de la estudiante
contrastaba con la sombra que se introducía en su sexo. Harry agudizó el oído
hasta que alcanzó a escuchar los jadeos excitados de los dos, y...
¿Ahí alguien más aparte de ellos? – preguntó sin
separarse de su sitio.
Casi todos los graduados... – respondió uno de los
gemelos que también miraban el espectáculo – es algo así como su fiesta de
fin de curso.
Otra figura camino hacía los dos que disfrutaban, por un
breve momento se detuvo justo frente a dónde Harry estaba, después, llegó hasta
ellos masturbándose, se sentó delante de la chica que de inmediato bajo su
rostro iniciando una sesión oral mientras recibía a otro por su intimidad. Los
gemidos se hicieron más fuertes, la muchacha perdía su fuerza, poco después
soltó una expresión de placer puro. Y luego, tras recuperarse volvió a meter
aquel órgano sexual entre sus labios.
Toda la habitación está así... mira – dijeron los gemelos
mientras jalaban a Harry hacía otro espacio de visión.
Primero fueron las siluetas y poco a poco la nitidez regresó.
Delante de Harry, a menos de tres metros de distancia, dos chicas estaban
dándose placer mutuamente, cada una con el rostro entre las piernas de la
compañera, una de ellas, a la que el joven mago podía ver mejor, separaba los
glúteos de la otra metiendo un dedo dentro del ano de la otra, los sonidos de
excitación ya habían provocado en Harry una erección que rogaba por ser
utilizada. Un poco más al lado de las chicas lesbianas, un par de sujetos se
abrazaban apasionadamente, ambos desnudos sujetaban el miembro del otro, se
masturbaban a ritmo acelerado mientras buscaban encontrar sus labios en la
oscuridad.
Pasa de todo... eh... Harry – preguntó Fred
La mirada de Harry regresó a las chicas cuando otra silueta
se colocaba encima del rostro de una de ellas, apuntaba su falo a la húmeda
vagina que se le ofrecía de frente, la muchacha que observaba desde abajo
aumento la intensidad en los dedos que se metían dentro del orificio anal,
mientras tanto, la bruja se metía los testículos del adolescente. A Harry le
paralizó el cuerpo el grito de dolor mezclado con placer que emitió la bruja al
sentir el pene incrustándose en ella. Rodeo el clítoris de la muchacha entre sus
labios y a cada arremetida succionaba el líquido sexual de la compañera. El
varón que la penetraba, aprisionaba con fuerza los glúteos mientras levantaba la
cara al cielo, sacaba su falo y luego Harry miraba cómo desaparecía nuevamente
dentro de la chica que poco a poco intercambiaba el dolor por el placer. La
joven que estaba tendida boca arriba terminó en un gemido prolongado, arqueo
ligeramente su cuerpo y luego cedió al cansancio, se quedó rendida debajo de la
penetración anal que aumentaba de ritmo ante la petición de la mujer que exigía
mayor velocidad a base de jadeos prolongados. Anunció su orgasmo con un gemido
estrepitoso.
Tenemos que irnos, Harry – dijo uno de los gemelos –
están por terminar...
Corran – los empujo Fred – ya mencionan la despedida...
Salieron de la casa de los gritos corriendo a toda velocidad,
a Harry Potter le constaba aún más trabajo pues su excitación casi no había
disminuido y mientras avanzaba se dolía de la entrepierna, miró a los gemelos
que también mantenían el pensamiento en su sexo. Por un momento el joven mago
imagino cómo serían aquellos falos... no, agitó la cabeza, debo de pensar en
otras cosas.
Los ojos de Harry Potter se abrieron debido a un molesto rayo
se sol que se colaba por las persianas. Buscó sus lentes en la repisa y acabó de
despertarse cuando la miniatura del dragón colacuerno le mordió el dedo índice.
Dentro de un rato tomaría el expreso de Hogwarts, y de nuevo tendría que esperar
en casa de los Dursley hasta que el curso comenzara o los Weasley lo invitaran a
pasar un tiempo con ellos. Abrió su baúl y escogió la misma ropa muggle con la
que había llegado. Todos dormían. Se vistió y bajó a la sala común a esperar que
diera la hora indicada. Tomó asiento frente a la fogata y dejó pasar el tiempo
hasta que una voz dulce y femenina lo llamó...
Hola, Harry... – miró a Ginny que tomaba asiento junto a
él - ¿tienes mucho despierto?
Ginny – respondió dejando sentarse a la pelirroja – no,
un par de minutos.
¿En qué piensas?
Todo será diferente...
La chica no contestó, se limitó a agachar la cara y cerrar
los ojos. Un extraño impulso hizo a Harry elevar su brazo para rodear el cuello
de la muchacha que no dijo nada y colocó su cabeza sobre el pecho del chico.
¿Sabes? – expresó la menor de los Weasley – soñé
contigo...
¿A sí? – no supo que más responder - ¿y qué soñaste, a mi
derrotando a Voldemort?
No... – Ginny se puso colorada – aunque me gustaría que
ese sueño también se hiciera realidad. No, soñé... olvídalo...
Se levantó al mismo tiempo que los primeros pasos se
escuchaban en la habitación. La pelirroja no disimulo cuando al retirarse del
abrazo de Harry rozó de manera sutil el sexo del chico quién se quedó respirando
el suave perfume a rosas silvestres de la guapa adolescente..
Vayamos al tren... – dijo cuando ya los separaban varios
metros.
El expreso de Hogwarts se abría paso entre la neblina, los
paisajes cambiaban a cada oportunidad y los estudiantes sabían que sólo restaban
un par de horas para arribar a Londres. Harry miraba a Hermione esperando a que
ella diera la señal que él esperaba para disfrutar antes de separarse, pero en
lugar de eso la chica miraba el frasco en dónde llevaba a Rita Skeeter, la
periodista que había revelado secretos de varias personas e inventado otros
tantos. Muy pocos sabían que podía transformarse en un bicho y así burlar todas
medidas de seguridad implantadas por el director para mantenerla fuera de los
terrenos del colegio, pero, la castaña logró descifrar el misterio y, no
bastándole, mantenía cautiva a la entrometida mujer en su forma animal dentro de
un pequeño frasco de cristal.
Vengan chicos... – susurró a Ron y Harry para que nadie
más en el compartimiento la escuchará, vayamos a un lugar más cómodo.
El rostro de ambos jóvenes se iluminó, sabían a qué se
refería Hermione y de inmediato se levantaron. Caminaron hasta uno de los
últimos vagones sin decir palabra, Ron no dejaba de mirar los pezones erectos
que la blusa azul celeste de la chica no lograba ocultar. Harry, por el
contrario miraba aquel frasco confundido en los motivos de Granger por tener una
nueva mascota. Además de la falda corta en cuadros azules y blancos, a Harry le
recordó la misma prenda que vestía la amiga de Dudley cuando regresaban
supuestamente del colegio.
En vagón estaba desierto, era el designado a los profesores
que vivían en algún lugar del mundo muggle, pero ahora nadie estaba en el. Harry
supuso que estarían haciendo guardia en Hogwarts o rondando el tren, pero no
recordaba haber visto a ninguno.
Tengan las varitas listas... – dijo Hermione – no vaya a
ser que quiera escapar...
¿Escapar, quién? – preguntó Ron.
La chica abrió el frasco dejando escapar al insecto que de
inmediato intentó alejarse de la bien proporcionada chica quien mediante un
movimiento de varita cerró las ventanas. El bicho chocó contra uno de los
limpios cristales y se quedó apuntando sus ojos al trío de amigos. Primero
despacio comenzó a crecer ante lo que los varones levantaron las varitas,
Hermione sonreía abiertamente, poco a poco tomaba forma humana hasta que se
convirtió en Rita Skeeter que los miraba alarmados.
¡Encarcereo! – pronunció la adolescente.
Múltiples sogas salieron de la punta de la varita mágica y
amarraron a la madura mujer. Rita Skeeter, escritora de "el profeta" estaba
tirada el suelo imposibilitada a defenderse. Era rubia y de piel pálida, delgada
y con senos medianos un poco mayores a los de Hermione que se aproximaba a ella.
Conoces las reglas... – dijo dirigiéndose a la rubia – ni
una palabra de esto, aunque nadie te creería nunca...
Otro movimiento mágico de la castaña y las costosas ropas de
la periodista desaparecieron, Harry miró boquiabierto como Hermione acomodaba
las cuerdas arriba y debajo resaltando los senos de la mujer. La manos en la
espalda de la rubia se movían desesperadas mientras la joven bruja aflojaba las
líneas que mantenían inmóviles sus piernas. Acarició su entrepierna suavemente
provocando aumentar el espanto de la periodista. La dejó recostada en el frío
suelo del vagón, con las piernas separadas lo suficiente para su sexo quedase a
la vista de los dos chicos que miraban atónitos.
Hermione levantó la tela de su blusa hasta dónde sus
preciosos senos lograron verse, pellizco sus pezones mientras sonreía y se
hincaba delante de Ron y Harry quienes de inmediato bajaron sus pantalones y su
ropa interior mostrando sus órganos sexuales a la atractiva adolescente. Sujetó
los falos de sus amigos con sus delicadas manos y los masturbó suavemente,
llevaba sus manos hasta tocar la base de sus miembros y luego las atraía hacía
ella. Los miró mientras hacían lo posible por controlar su excitación y luego
deposito un tierno beso sobre el glande de Harry, recorrió esta zona con sus
labio húmedos y luego pasó al falo de Ron, con su lengua lo cubrió totalmente de
saliva y después lo introdujo en su boca, lento permitió que el chico entrará
por completo. Cerró los ojos y aumento la velocidad en su mano que daba placer a
Harry. Ambos chicos resoplaban y jugaban con la alborotada cabellera de su
amiga.
Ron... – dijo cuando éste liberó su boca - ¿quieres
hacerlo?
¡Claro! – respondió Ron al instante y trató de levantar a
la chica.
No, conmigo no... aún no estoy lista... – y con su mirada
señaló a Rita Skeeter que los observaba incrédula – no dirá nada...
Ron se separó de sus amigos y se puso de rodillas frente a la
rubia periodista que volvía a moverse con pavor. Con sus fuertes manos, el
joven, levantó la cintura de la mujer dejando a la precisa altura la vagina y su
pene. Miró a Hermione que asintió y dudando aún se abrió camino a la intimidad
de la reportera. Una vez dentro de ella, toda conciencia despareció del
pelirrojo que inició la penetración rápidamente. La cuerda que impedía que Rita
hablará cedió ante el movimiento y ésta pidió que él chico se detuviera.
Prometo no volver a escribir sobre ustedes... – chillaba
– pero detén esto...
Harry miró a Hermione que levantaba su falda, debajo no
vestía prenda alguna. El esmeradamente depilado sexo de la castaña se mostró,
Harry sólo había visto aquella zona de su amiga en "la madriguera", siguió con
la mirada a su amiga que se detuvo a poca distancia de la rubia cabellera de su
prisionera.
No, esto no es ni el principio de lo te espera... – dijo
colocando sus rodillas a los costados del rostro de la reportera – ahora, o
lo haces bien o verás lo que es el dolor.
Debido al movimiento causando por la penetración de Ron, Rita
Skeeter rozó la intimidad de Hermione que suspiró encantada. Miró a su amigo que
estaba aún quieto y lo llamó sensual con sus dedos, el chico camino presuroso
hasta dónde los labios de Hermione se apoderaron de su miembro. Sentía el placer
inundando su ser, cada movimiento de la lengua de la joven bruja le obligaba a
pensar en cualquier otra cosa evitando eyacular. La mano de Granger sujetó
delicadamente sus testículos aumentando su excitación. A su lado, Ron penetraba
a la reportera y no le importaba el dolor que aparentemente le estaba causando.
Debajo, sólo veía la boca de la reportera acariciando los labios vaginales de la
castaña.
Voy a terminar... – anunció Ron.
No... dentro de mi no – gritó la rubia.
Vale, dale la vuelta Ron...
Obediente el pelirrojo sacó su erecto miembro de Rita Skeeter,
Hermione se hizo un poco para atrás llevando consigo a Harry que se mordía los
labios debido a las caricias. La reportera quedó tendida en el suelo exhibiendo
sus blancos glúteos, sollozaba mientras pedía que se detuviera a la castaña que
la ignoraba por completo. El semen de Ron cayó sobre la espalda de la reportera.
Pero la erección del Weasley no disminuía, sino que fijaba su atención al sitio
entre sus carnosas nalgas.
¿Puedo? – preguntó dirigiéndose a Hermione.
En ese instante, Harry gritó con fuerza llenado se sus
líquidos la tierna boca de su amiga. Ésta, sacó aquel miembro de entre sus
labios y lamió con ansias las últimas gotas de la eyeculación del joven mago.
Ella hará lo que nos plazca... y deberá ser obediente...
– dijo Hermione levantándose – pide lo que quieras y lo hará...
Y, - completó Ron – estaría bien que respondiera "si mis
amos", o "mi dama" en tu caso
No lo había pensado... – dijo divertida Hermione.
El pitido del tren llegó hasta sus oídos, Londres estaba a la
vista. Harry, Ron y Hermione se miraron en complicidad, sólo restaban veinte
minutos, o poco menos y llegarían al mundo muggle. Ron se hincó detrás de Rita
Skeeter que apretó sus piernas cuando sintió un dedo del pelirrojo entrando
dolorosamente en su ano.
Será para otra ocasión...
Si... – respondió la rubia al ver la expresión severa en
la castaña - ... mi señor.
Podría acostumbrarme... – dijo Ron mientras comenzaba a
vestirse.
Este es el final de "Harry Potter y el sendero prohibido",
esperó les haya gustado y lo hayn disfrutado tanto o más que yo mientras lo
escribía. Esperó sus comentarios y sugerencias sean buenas o malas pues vale lo
mismo una opinión negativa y una positiva siempre y cuando sean para una crítica
constructiva esperando ayudar a mejorar el nivel de nuestros relatos.
Quedando de ustedes.
Darkeduardo.