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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » HARRY POTTER Y EL SENDERO PROHIBIDO (CAP. FINAL)
[ Tengo que cumplir arresto domiciliario. ¿puedo cumplirlo en tu casa?. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 26-Jul-07 « Anterior | Siguiente » en Parodias (763 de 976)

Harry Potter y el sendero prohibido (Cap. Final)

Darkeduardo
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Voldemort ha regresado... todo será diferente. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Capitulo 10.

Un deseo nocturno.

Harry Potter miraba a través del cristal. Su mirada se perdía sobre las nevadas montañas y divagaba entre sus pensamientos y dolorosos recuerdos. Hacía tres días ya que Cedric Diggory había muerto, tres días desde que Lord Voldemort había regresado a su poder, pero, ahora la defensa provista por la sangre de su madre era completamente inútil. Sentado sobre una bardilla, Harry vestido con su pijama color azul cielo llevó sus manos al rostro, escondió las lágrimas que el sentimiento de culpa le provocaba. El reloj de pared anunció las tres de la madrugada.

Debo dormir... – pensó en voz alta – es el día de clausura, Dumbledore quería hablar conmigo y apuesto a que Ron y Hermione estarán llenando de preguntas.

Se acostó sobre la cama aún tendida, cerró las persianas de satín rojo y vislumbró el techo por un largo rato. No supo si en realidad había dormido cuando escuchó murmullos y vio siluetas caminando por la habitación. Tomó su varita, se sentía demasiado tenso como para imaginar otra cosa que un mortífago. Corrió la tela y se encontró con Fred y George Weasley, que, al verlo ignorando la posición de ataque que él chico ofrecía se sentaron en la cama.

Harry... – hablo Fred – contigo necesitábamos hablar...

Lo siento, chicos, no estoy de humor...

Vamos Harry – ambos sujetaron al adolescente que no tenía intenciones de dar guerra, se dejó llevar por los gemelos hasta las escaleras - ¿supongo bien si afirmo que traes el mapa del merodeador contigo?

Así es... – dijo con desgano.

Necesito que digas que pasillos están libres para llegar hasta la casa de los gritos.

No creo que haya, Dumbledore ha aumentado la seguridad... – dijo Harry mientras desdoblaba el pergamino y decía en voz baja "juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"

Harry encendió su varita para distinguir con claridad las motas de tinta que el mapa mostraba, casi todas estaban en las diferentes casas, salvo algunos profesores haciendo guardia en los pasillos cruciales. Recorrió los posibles senderos, pero no le sorprendió cuando George anunciaba el camino a seguir, sino que en las mazmorras del profesor Snape no había nadie.

Travesura realizada... – dijo George.

Avanzaron abriendo a cada oportunidad el mapa para verificar la soledad del siguiente paso, incluso para los gemelos aquello era demasiado misticismo, sus ansias e incluso algo de nervios era fácilmente detectable en sus movimientos.

¿A dónde vamos? – preguntó con desgano Harry casi cuando salían del castillo.

A la casa de los gritos...

Verás que te gustará, Harry, sabemos lo tenso que estás, así que hemos decidido llevarte a dónde ningún estudiante menor a séptimo curso ha ido. Bueno – esbozó una sonrisa – excepto nosotros desde un par de años atrás.

Mediante un sencillo conjuro, Fred que llevaba la batuta de líder inmovilizó al sauce boxeador, apresuró a los otros dos que entraron con dificultades al pasadizo que conducía a su destino. La luz era tenue, pero sus pasos resonaban haciendo eco en las frías paredes del sendero. El sonido del crujir de los maderos de los que estaban construidos la casa les dieron la bienvenida. Los gemelos se movían con naturalidad, era obvio que no era su primera visita, tampoco era la de Harry, un año atrás ahí se enteró de toda la verdad de su padrino Sirius Black. Pero no iban a esa habitación, desviaron sus pasos para entrar al cuarto contiguo. Detrás de ellos cerraron la puerta y miraron a Harry de forma severa.

Debes prometer que todo lo que veas aquí será un completo secreto – dijo Fred – no puedes decir nada a nadie, ni a mi hermano ni a Granger.

Pero...

Harry... – cortó George - ¿podemos confiar en ti?

Bien, ahora Harry mira a través de ese recoveco y dinos con exactitud qué ves...

Vacilante, el joven mago colocó su rostro para mirar en medio de dos maderas particularmente separadas, primero sólo miró sobras moviéndose en un ritmo semilento, casi hipnótico. Cerró los ojos y luego los abrió completamente tratando de acostumbrarse a la falta de luz. Las formas comenzaron lentamente a tomar colores y formas. Un grito se ahogo en la garganta de Harry, ahí estaban dos estudiantes, aún con la mayoría de los uniformes puestos, él hincado detrás de una chica apoyada en sus cuatro extremidades, la túnica del joven cubría su pecho y terminaba arrugada sobre el cuerpo de la mujer cuya vestimenta estaba doblada sobre su cintura. La piel clara de la estudiante contrastaba con la sombra que se introducía en su sexo. Harry agudizó el oído hasta que alcanzó a escuchar los jadeos excitados de los dos, y...

¿Ahí alguien más aparte de ellos? – preguntó sin separarse de su sitio.

Casi todos los graduados... – respondió uno de los gemelos que también miraban el espectáculo – es algo así como su fiesta de fin de curso.

Otra figura camino hacía los dos que disfrutaban, por un breve momento se detuvo justo frente a dónde Harry estaba, después, llegó hasta ellos masturbándose, se sentó delante de la chica que de inmediato bajo su rostro iniciando una sesión oral mientras recibía a otro por su intimidad. Los gemidos se hicieron más fuertes, la muchacha perdía su fuerza, poco después soltó una expresión de placer puro. Y luego, tras recuperarse volvió a meter aquel órgano sexual entre sus labios.

Toda la habitación está así... mira – dijeron los gemelos mientras jalaban a Harry hacía otro espacio de visión.

Primero fueron las siluetas y poco a poco la nitidez regresó. Delante de Harry, a menos de tres metros de distancia, dos chicas estaban dándose placer mutuamente, cada una con el rostro entre las piernas de la compañera, una de ellas, a la que el joven mago podía ver mejor, separaba los glúteos de la otra metiendo un dedo dentro del ano de la otra, los sonidos de excitación ya habían provocado en Harry una erección que rogaba por ser utilizada. Un poco más al lado de las chicas lesbianas, un par de sujetos se abrazaban apasionadamente, ambos desnudos sujetaban el miembro del otro, se masturbaban a ritmo acelerado mientras buscaban encontrar sus labios en la oscuridad.

Pasa de todo... eh... Harry – preguntó Fred

La mirada de Harry regresó a las chicas cuando otra silueta se colocaba encima del rostro de una de ellas, apuntaba su falo a la húmeda vagina que se le ofrecía de frente, la muchacha que observaba desde abajo aumento la intensidad en los dedos que se metían dentro del orificio anal, mientras tanto, la bruja se metía los testículos del adolescente. A Harry le paralizó el cuerpo el grito de dolor mezclado con placer que emitió la bruja al sentir el pene incrustándose en ella. Rodeo el clítoris de la muchacha entre sus labios y a cada arremetida succionaba el líquido sexual de la compañera. El varón que la penetraba, aprisionaba con fuerza los glúteos mientras levantaba la cara al cielo, sacaba su falo y luego Harry miraba cómo desaparecía nuevamente dentro de la chica que poco a poco intercambiaba el dolor por el placer. La joven que estaba tendida boca arriba terminó en un gemido prolongado, arqueo ligeramente su cuerpo y luego cedió al cansancio, se quedó rendida debajo de la penetración anal que aumentaba de ritmo ante la petición de la mujer que exigía mayor velocidad a base de jadeos prolongados. Anunció su orgasmo con un gemido estrepitoso.

Tenemos que irnos, Harry – dijo uno de los gemelos – están por terminar...

Corran – los empujo Fred – ya mencionan la despedida...

Salieron de la casa de los gritos corriendo a toda velocidad, a Harry Potter le constaba aún más trabajo pues su excitación casi no había disminuido y mientras avanzaba se dolía de la entrepierna, miró a los gemelos que también mantenían el pensamiento en su sexo. Por un momento el joven mago imagino cómo serían aquellos falos... no, agitó la cabeza, debo de pensar en otras cosas.

Los ojos de Harry Potter se abrieron debido a un molesto rayo se sol que se colaba por las persianas. Buscó sus lentes en la repisa y acabó de despertarse cuando la miniatura del dragón colacuerno le mordió el dedo índice. Dentro de un rato tomaría el expreso de Hogwarts, y de nuevo tendría que esperar en casa de los Dursley hasta que el curso comenzara o los Weasley lo invitaran a pasar un tiempo con ellos. Abrió su baúl y escogió la misma ropa muggle con la que había llegado. Todos dormían. Se vistió y bajó a la sala común a esperar que diera la hora indicada. Tomó asiento frente a la fogata y dejó pasar el tiempo hasta que una voz dulce y femenina lo llamó...

Hola, Harry... – miró a Ginny que tomaba asiento junto a él - ¿tienes mucho despierto?

Ginny – respondió dejando sentarse a la pelirroja – no, un par de minutos.

¿En qué piensas?

Todo será diferente...

La chica no contestó, se limitó a agachar la cara y cerrar los ojos. Un extraño impulso hizo a Harry elevar su brazo para rodear el cuello de la muchacha que no dijo nada y colocó su cabeza sobre el pecho del chico.

¿Sabes? – expresó la menor de los Weasley – soñé contigo...

¿A sí? – no supo que más responder - ¿y qué soñaste, a mi derrotando a Voldemort?

No... – Ginny se puso colorada – aunque me gustaría que ese sueño también se hiciera realidad. No, soñé... olvídalo...

Se levantó al mismo tiempo que los primeros pasos se escuchaban en la habitación. La pelirroja no disimulo cuando al retirarse del abrazo de Harry rozó de manera sutil el sexo del chico quién se quedó respirando el suave perfume a rosas silvestres de la guapa adolescente..

Vayamos al tren... – dijo cuando ya los separaban varios metros.

El expreso de Hogwarts se abría paso entre la neblina, los paisajes cambiaban a cada oportunidad y los estudiantes sabían que sólo restaban un par de horas para arribar a Londres. Harry miraba a Hermione esperando a que ella diera la señal que él esperaba para disfrutar antes de separarse, pero en lugar de eso la chica miraba el frasco en dónde llevaba a Rita Skeeter, la periodista que había revelado secretos de varias personas e inventado otros tantos. Muy pocos sabían que podía transformarse en un bicho y así burlar todas medidas de seguridad implantadas por el director para mantenerla fuera de los terrenos del colegio, pero, la castaña logró descifrar el misterio y, no bastándole, mantenía cautiva a la entrometida mujer en su forma animal dentro de un pequeño frasco de cristal.

Vengan chicos... – susurró a Ron y Harry para que nadie más en el compartimiento la escuchará, vayamos a un lugar más cómodo.

El rostro de ambos jóvenes se iluminó, sabían a qué se refería Hermione y de inmediato se levantaron. Caminaron hasta uno de los últimos vagones sin decir palabra, Ron no dejaba de mirar los pezones erectos que la blusa azul celeste de la chica no lograba ocultar. Harry, por el contrario miraba aquel frasco confundido en los motivos de Granger por tener una nueva mascota. Además de la falda corta en cuadros azules y blancos, a Harry le recordó la misma prenda que vestía la amiga de Dudley cuando regresaban supuestamente del colegio.

En vagón estaba desierto, era el designado a los profesores que vivían en algún lugar del mundo muggle, pero ahora nadie estaba en el. Harry supuso que estarían haciendo guardia en Hogwarts o rondando el tren, pero no recordaba haber visto a ninguno.

Tengan las varitas listas... – dijo Hermione – no vaya a ser que quiera escapar...

¿Escapar, quién? – preguntó Ron.

La chica abrió el frasco dejando escapar al insecto que de inmediato intentó alejarse de la bien proporcionada chica quien mediante un movimiento de varita cerró las ventanas. El bicho chocó contra uno de los limpios cristales y se quedó apuntando sus ojos al trío de amigos. Primero despacio comenzó a crecer ante lo que los varones levantaron las varitas, Hermione sonreía abiertamente, poco a poco tomaba forma humana hasta que se convirtió en Rita Skeeter que los miraba alarmados.

¡Encarcereo! – pronunció la adolescente.

Múltiples sogas salieron de la punta de la varita mágica y amarraron a la madura mujer. Rita Skeeter, escritora de "el profeta" estaba tirada el suelo imposibilitada a defenderse. Era rubia y de piel pálida, delgada y con senos medianos un poco mayores a los de Hermione que se aproximaba a ella.

Conoces las reglas... – dijo dirigiéndose a la rubia – ni una palabra de esto, aunque nadie te creería nunca...

Otro movimiento mágico de la castaña y las costosas ropas de la periodista desaparecieron, Harry miró boquiabierto como Hermione acomodaba las cuerdas arriba y debajo resaltando los senos de la mujer. La manos en la espalda de la rubia se movían desesperadas mientras la joven bruja aflojaba las líneas que mantenían inmóviles sus piernas. Acarició su entrepierna suavemente provocando aumentar el espanto de la periodista. La dejó recostada en el frío suelo del vagón, con las piernas separadas lo suficiente para su sexo quedase a la vista de los dos chicos que miraban atónitos.

Hermione levantó la tela de su blusa hasta dónde sus preciosos senos lograron verse, pellizco sus pezones mientras sonreía y se hincaba delante de Ron y Harry quienes de inmediato bajaron sus pantalones y su ropa interior mostrando sus órganos sexuales a la atractiva adolescente. Sujetó los falos de sus amigos con sus delicadas manos y los masturbó suavemente, llevaba sus manos hasta tocar la base de sus miembros y luego las atraía hacía ella. Los miró mientras hacían lo posible por controlar su excitación y luego deposito un tierno beso sobre el glande de Harry, recorrió esta zona con sus labio húmedos y luego pasó al falo de Ron, con su lengua lo cubrió totalmente de saliva y después lo introdujo en su boca, lento permitió que el chico entrará por completo. Cerró los ojos y aumento la velocidad en su mano que daba placer a Harry. Ambos chicos resoplaban y jugaban con la alborotada cabellera de su amiga.

Ron... – dijo cuando éste liberó su boca - ¿quieres hacerlo?

¡Claro! – respondió Ron al instante y trató de levantar a la chica.

No, conmigo no... aún no estoy lista... – y con su mirada señaló a Rita Skeeter que los observaba incrédula – no dirá nada...

Ron se separó de sus amigos y se puso de rodillas frente a la rubia periodista que volvía a moverse con pavor. Con sus fuertes manos, el joven, levantó la cintura de la mujer dejando a la precisa altura la vagina y su pene. Miró a Hermione que asintió y dudando aún se abrió camino a la intimidad de la reportera. Una vez dentro de ella, toda conciencia despareció del pelirrojo que inició la penetración rápidamente. La cuerda que impedía que Rita hablará cedió ante el movimiento y ésta pidió que él chico se detuviera.

Prometo no volver a escribir sobre ustedes... – chillaba – pero detén esto...

Harry miró a Hermione que levantaba su falda, debajo no vestía prenda alguna. El esmeradamente depilado sexo de la castaña se mostró, Harry sólo había visto aquella zona de su amiga en "la madriguera", siguió con la mirada a su amiga que se detuvo a poca distancia de la rubia cabellera de su prisionera.

No, esto no es ni el principio de lo te espera... – dijo colocando sus rodillas a los costados del rostro de la reportera – ahora, o lo haces bien o verás lo que es el dolor.

Debido al movimiento causando por la penetración de Ron, Rita Skeeter rozó la intimidad de Hermione que suspiró encantada. Miró a su amigo que estaba aún quieto y lo llamó sensual con sus dedos, el chico camino presuroso hasta dónde los labios de Hermione se apoderaron de su miembro. Sentía el placer inundando su ser, cada movimiento de la lengua de la joven bruja le obligaba a pensar en cualquier otra cosa evitando eyacular. La mano de Granger sujetó delicadamente sus testículos aumentando su excitación. A su lado, Ron penetraba a la reportera y no le importaba el dolor que aparentemente le estaba causando. Debajo, sólo veía la boca de la reportera acariciando los labios vaginales de la castaña.

Voy a terminar... – anunció Ron.

No... dentro de mi no – gritó la rubia.

Vale, dale la vuelta Ron...

Obediente el pelirrojo sacó su erecto miembro de Rita Skeeter, Hermione se hizo un poco para atrás llevando consigo a Harry que se mordía los labios debido a las caricias. La reportera quedó tendida en el suelo exhibiendo sus blancos glúteos, sollozaba mientras pedía que se detuviera a la castaña que la ignoraba por completo. El semen de Ron cayó sobre la espalda de la reportera. Pero la erección del Weasley no disminuía, sino que fijaba su atención al sitio entre sus carnosas nalgas.

¿Puedo? – preguntó dirigiéndose a Hermione.

En ese instante, Harry gritó con fuerza llenado se sus líquidos la tierna boca de su amiga. Ésta, sacó aquel miembro de entre sus labios y lamió con ansias las últimas gotas de la eyeculación del joven mago.

Ella hará lo que nos plazca... y deberá ser obediente... – dijo Hermione levantándose – pide lo que quieras y lo hará...

Y, - completó Ron – estaría bien que respondiera "si mis amos", o "mi dama" en tu caso

No lo había pensado... – dijo divertida Hermione.

El pitido del tren llegó hasta sus oídos, Londres estaba a la vista. Harry, Ron y Hermione se miraron en complicidad, sólo restaban veinte minutos, o poco menos y llegarían al mundo muggle. Ron se hincó detrás de Rita Skeeter que apretó sus piernas cuando sintió un dedo del pelirrojo entrando dolorosamente en su ano.

Será para otra ocasión...

Si... – respondió la rubia al ver la expresión severa en la castaña - ... mi señor.

Podría acostumbrarme... – dijo Ron mientras comenzaba a vestirse.

Este es el final de "Harry Potter y el sendero prohibido", esperó les haya gustado y lo hayn disfrutado tanto o más que yo mientras lo escribía. Esperó sus comentarios y sugerencias sean buenas o malas pues vale lo mismo una opinión negativa y una positiva siempre y cuando sean para una crítica constructiva esperando ayudar a mejorar el nivel de nuestros relatos.

Quedando de ustedes.

Darkeduardo.

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