Capítulo 8
El amigo de Hermione.
El final de las vacaciones llegó demasiado pronto para todos, pero aún más
para Harry que recién se enteraba de lo que consistía la segunda prueba. Los
otros campeones seguramente ya le llevarían ventajas y tenían ya un complejo
plan elaborado, y él, apenas se sabía la canción en que se convertían los
chirridos que el huevo de oro emitía cuando se introducía en agua. Ron y
Hermione ayudaban buscando los métodos para realizar la tarea, pero no servía de
mucho, de hecho la frustración se vislumbraba en los rostros de los tres amigos.
Aún restaba mucho tiempo para los exámenes de finales de curso, por lo tanto,
la biblioteca permanecía casi vacía. Hermione, fiel a su costumbre pasaba horas
y horas encerrada entre los mágicos y polvorientos libros buscando y aprendiendo
datos que casi nadie conocía, y que en apariencia no servían para nada en lo
absoluto.
Sentada en la cuarta mesa, justo entre los textos sobre "Historia de la
magia" y el estante donde figuraban todas las copias de "Historia de Hogwarts"
la castaña estaba leyendo muy interesada "Los Tres magos, su historia y
explicación". Puesto que era sábado no llevaba puesto el típico uniforme negro
del colegio ni las insignias de pertenencia a Griffindor. De hecho vestía de
forma muggle, un pantalón de mezclilla un poco ajustado, una blusa color rojizo
que cubría gran parte de sus pechos pero que por encima permitía la vista de un
generoso escote. Mojó uno de sus dedos y pasó la página siguiente, el reloj
anunció la hora de cerrar y la bibliotecaria se acercó a ella.
Querida, debo cerrar...
Lo siento... – dijo apenada Hermione – no me di cuenta del tiempo...
La encargada de la biblioteca miró a los ojos de la chica que se levantaba
despacio mientras acercaba su bolso para guardar sus libros.
¿Te falta mucho por leer?
No... – Hermione pasó rápidamente las hojas restantes – un hora cuando
mucho.
Bien... tengo que ir a hablar con Dumbledore, alguien ha comenzado a
romper los bordes inferiores para tomar anotaciones. ¿Quieres quedarte?
Hermione cerró la puerta detrás de la bibliotecaria que salía con aire
decidido hacía el despacho del anciano director. Buscó la página dónde había
sido interrumpida y continúo su ávida lectura. Terminó el capítulo que
mencionaba con fotografías emocionantes de los últimos campeones de Hogwarts,
leyó el título del siguiente cuando alguien carraspeo detrás de ella.
Sabía que te encontraría aquí... – la voz fue reconocible de inmediato.
Viktor... – contestó alegre la chica – pensé que ya estarías en el
barco...
No podía irme sin un beso de despedida... – dijo malicioso el joven que
se acercaba en franca pose de galán – He estado viéndote estudiar...
Viktor Krum abrazó a la castaña que permanecía sentada, sintió los brazos
fuertes de su amigo sobre su abdomen, respondió elevando a la vez sus brazos y
rodeando su cuello. El rostro del jugador de Quidditch se aproximo lento hacía
la cara un poco sonrojada de Hermione que recibió sus labios con los suyos. Se
besaron con pasión, la lengua del chico recorría de memoria la boca de la
castaña que dejaba escapar débiles gemidos de gozo. Mientras las manos de Krum
se paseaban con libertad sobre el cuerpo de Hermione, tomaron los senos de la
chica que de inmediato dio por terminado el beso.
Hermione, miles de mujeres, todas las de esta escuela darían lo que fuera
por dejarme hacerles lo que yo quiero hacerte a ti...
Si... – respondió sonriendo ligeramente – todas, pero resulta que yo
no... aún no.
Se que eres virgen... – dijo volviéndola a acariciar – seré gentil...
Hermione se levantó indignada, separó las manos del joven que borró
instantáneamente la expresión de apacible conquistador. La chica lo miró
sorprendida. Viktor Krum vestía una playera sin mangas con el símbolo de
Durmstrang remarcado en el pecho. Llevaba unos pantalones que parecían
pertenecer al uniforme rojo sangre de su colegio. En el brazo derecho un pedazo
de tela del mismo tono negro que el de su playera. Se disculpo argumentando que
desde el baile de navidad deseaba ese momento.
Hermione... – dijo mientras la chica tomaba asiento – permíteme tu
varita...
¿Mi varita? – la castaña la entregó sin dejar de mirar su libro - ¿para
qué la quieres?
Por precaución...
¿Precau...?
La pregunta de Hermione fue interrumpida por una tela tapando sus labios.
Viktor Krum le impidió hablar más a Hermione utilizando la tela que hasta hacía
un par de segundos adornaba su brazo. Tiró de su playera hasta que cedió
rompiéndose, con algo de negación mientras la ponía de pie realizó la misma
tarea con sus manos por la espalda. Le robó un beso de forma agresiva mordiendo
el labio inferior de Hermione que le miraba aterrada. Tomó uno de los senos de
la chica que se negaba a quedarse quieta mientras las manos apretaban
provocándole dolor.
Cuando Viktor Krum quiere algo... – dijo mientras la empujaba dejándola
con el pecho sobre la mesa – lo mejor es dárselo por las buenas...
Hermione se retorcía tratando de evitar que el atlético joven la despojara de
sus pantalones, Krum separó el botón con habilidad y mientras bajaba la
cremallera metió una de sus manos acariciando la entrepierna de la chica. Hundió
su dedo junto con la ligera tela de las bragas en el sexo de Hermione que
solamente atino en dejar salir un gemido ahogado. Dejó la prenda de mezclilla a
la altura de las rodillas de la muchacha, miró con perversión la ropa interior
azul cielo que vestía. Krum se hinco detrás de Hermione que no lograba
incorporarse debido a la fuerza que una mano aplicaba sobre la parte baja de la
espalda. Ella, sintió como el chico pegaba su rostro a su sexo, cómo su nariz se
metía un poco dentro de ella mientras que los labios aprisionaban su clítoris
que reaccionaba de forma involuntaria.
Dices que eres virgen... – dijo Krum mientras bajaba las bragas de
Hermione – bien... a mi me gustan las vírgenes. Así que – terminó de llevar
la prenda hasta donde estaban los pantalones – me entregaras otro tipo de
placer.
Las lágrimas de la castaña caían inconsolables sobre la madera de la mesa
mientras un dedo se abría paso entre sus glúteos, sintió la presión que ejercía
sobre su cuerpo y solo pudo quejarse en silencio cuando éste entro casi por
completo. La lengua de Viktor Krum se divertía sobre su sexo, se movía
rápidamente entre sus labios vaginales y después venía el mordisco sobre sus
sensibles partes. Hermione no podía creerlo, aquel chico que tan tímido le había
pedido lo acompañara al baile de navidad ahora estaba a punto de violarla...
pero lo más increíble era que a pesar de la humillación estaba a punto de llegar
a un orgasmo.
Apuesto a que esto no lo hacen los libros... – habló Krum tratando de
abrirle camino a un segundo dedo en el ano de Hermione – pero mira nada
más... – su tono era burlón – te estas humedeciendo amor mío...
La vergüenza de la joven bruja llegó a su máximo nivel, las caricias del
chico se hicieron más intensas y más rápidas. Cerró los ojos con fuerza y trató
de morderse los labios, pero el sonido de su expresión de placer se escuchó de
cualquier manera, su cuerpo se relajó y las pocas fuerzas que se oponían se
esfumaron mientras la sensación de gozo desaparecía.
Muy bien... – el chico se había levantado – ahora me toca a mi.
No hubo tiempo de nada más, de inmediato el miembro de Viktor Krum se
aproximo al orificio anal de Hermione cuyo grito de perdió en la mordaza, lento,
aquel intruso se abría paso entre su cuerpo, desgarrando todo a su paso. Soportó
todo el dolor físico, pero el daño psicológico era más del que era capaz de
aguantar. Las lágrimas se hicieron más cuantiosas y cuando su piel y la de Krum
chocaron indicando que la había penetrado por completo se dejó vencer por el
llanto.
Viktor Krum introducía su miembro y lo sacaba con movimientos rápidos,
jadeaba estruendosamente ante cada arremetida y al ver el rostro apagado de
Hermione la excitación se incrementaba. El cuerpo de la chica era mejor de cómo
él se lo había imaginado cuando la veía estudiando en la biblioteca, a pesar de
su corta edad sus nalgas cabían perfectamente en sus manos y su sexo era de un
color rosa pálido, con casi ningún vello púbico. Todo parecía indicar que si era
virgen. Cuando la sensación inequívoca de la pronta eyaculación le inundo la
pelvis, llevó sus una de sus manos al hombro de la chica para hacer la
penetración aún más profunda, y la otra mano sujeto los alborotado cabellos
atrayéndola hacía él. Terminó en un gran bufido de placer dentro de Hermione que
no se movía.
Buena chica... – dijo Krum.
Le soltó las amarras de las muñecas y de inmediato Hermione recogió sus
prendas, primero las bragas azul cielo cubrieron una parte de sus blancas
nalgas, las acomodo rápidamente tratando de no dejar que Krum le dieran ganas de
nuevo, después el pantalón que cubrió el blancuzco líquido.
Hermione... – la chica giró mansamente - ¡Obliviate!
La mirada de la castaña se tranquilizó, toda su expresión de enfado se fue y
parecía que solo quedaba de pie el cuerpo de la chica mirando algo detrás de
Viktor Krum.
Como te decía... – dijo el joven – se cuanto vale para ti, así que
esperaré a que estés lista. Y otra cosa... Hermione te quedaste dormida
mientras leías.
Gracias Viktor... es solo que estoy tratando de investigar algunas cosas
del torneo... ya sabes, cualquier cosa que tranquilice a Harry.
Si no te creyera que solo son amigos...
Descuida... ahora, deberíamos irnos... ya es tarde.
Viktor Krum y Hermione Granger salieron de la biblioteca tomados de las
manos. El hechizo para modificar la memoria había sido un éxito y la castaña
estaba convencida de que se había quedado dormida. Harry Potter levantó la capa
invisible que lo ocultaba a unas cuantas mesas de dónde todo ocurrió. Se
preparaba para la segunda prueba buscando cualquier medio para soportar una hora
debajo del agua sin respirar, gracias al mapa del merodeador localizó una
entrada secreta a la biblioteca y era la tercera noche que pasaba ahí hasta que
el sueño comenzaba a vencerlo y entonces se iba a su dormitorio. Guardó los
libros que había sacado y caminaba cuando una voz le hizo reaccionar...
Potter... – decía la bibliotecaria - ¿qué estas haciendo aquí?
Venía a... – pensó rápido el chico – venía a buscar a Hermione, se acaba
de ir, me pidió que dejará estos libros porque tenía mucho sueño.
Ojalá sea cierto muchacho... no quisiera saber que eres tú quién esta
destruyendo los libros...
Capítulo 9.
El sendero prohibido.
Harry despertó la madrugada del veinticinco de febrero con nuevos ánimos, el
día anterior había salido bien librado de la segunda prueba, quizás pareció un
poco torpe en su intento de salvar a todos los que habían servido de raptados,
pero al jurado le hizo pensar que el tenía una integridad moral incomparable.
Por mi esta bien – se dijo a si mismo – Ron aún estaba dormido al igual que sus
otros compañeros de curso. Decidió ir a prepararse para ese día.
Al sentirse solo, con el tiempo a su favor y con las hormonas picándole en la
entrepierna dejó salir su miembro. Había soñado que penetraba a Cho, que
separando sus generosos glúteos introducía su sexo dentro de la chica que gemía
de placer y decía que la disculpara por no haber ido con él al baile. Ahí, casi
acostado se acarició primero despacio y despistadamente. Casi podía sentir las
mismas emociones que en su sueño húmedo.
¿Harry? – alguien habló detrás de él.
Colín... – respondió el joven tratando de ocultar su órgano sexual.
¿Tu tampoco puedes dormir? – Colín caminaba sin perturbarse y se sentó
justo a un lado de Harry que tenía puesto una almohada sobre sus muslos.
Colín... disculpa, pero no estoy de humor... no es un buen momento...
El rostro de Colín Creevey permaneció imperturbable. Miraba primero a la
elegante alfombra del piso, después al fuego y terminaba en Harry, para luego
volver a mirar la alfombra. Sus manos se entrelazaban nerviosas sobre su abdomen
y cuando Harry trató de levantarse éste lo detuvo.
¿Te puedo decir un secreto, Harry? – dijo el chico sin levantar la
mirada.
Vale... – se quedó quieto el joven mago, intrigado por la inseguridad de
Colín.
Te admiró, Harry...
Eso lo se, y te lo agradezco muchísimo Colín.
No, no me entiendes... eres todo para mí...
Colín, hay muchos otros magos que merecen tu admiración, muchos magos más
importantes de lo que yo podré algún día llegar a ser...
Colín Creevey, de aspecto demasiado infantil se había acercado sin levantarse
hasta donde Harry le decía los mil y un motivos por lo que él no era digno de
alabanza. Sin previo aviso, Harry escuchó cómo la cremallera de su pantalón se
abría. No supo que hacer tampoco cuando el niño rubio, delgado y vestido aún con
las ropas de dormir con los colores de Griffindor metió su mano dentro de la
prenda y sacó el miembro flácido del famoso adolescente.
Colín.. ¿qué haces?
El admirador de Harry metió sin miramientos el falo de Harry en su pequeña
boca. Lo apretó delicadamente entre sus delgados labios y acarició con la punta
de su lengua su glande. La excitación apareció, poco a poco la erección le
llenaba la cavidad oral a Colín que fascinado lamía con destreza. Abrió un
momentos los ojos para mirar a Harry que le devolvía la mirada sorprendido pero
con un ligero rubor que delataba el placer que recibía.
Cierra los ojos, Harry... – dijo el chico mientras lo seguía masturbando
– cierra los ojos e imagina que soy quién tu quieras que sea.
Obediente, cerró sus ojos y trató de fijarse el lindo rostro de Cho dándole
una grata sesión de sexo oral. Trató de hacerse a la idea de que aquellos
delicados labios que le producían tanto placer eran los de la muchacha que
aparecía en sus sueños. Imaginó los senos colgando libremente y bajo su mano
buscando presionar uno de ellos. La realidad le llegó cuando se encontró con el
pecho plano de Colín Creevey. En ese mismo momento el orgasmo lo inundaba y
perdió la conciencia llenando de su espeso líquido el rostro de un alegre Colín
que presuroso lamía para adueñarse de hasta la última gota de su tan ansiado
néctar.
Ha sido fantástico, Harry... – dijo el rubio niño - ¿también te ha
gustado?
Ahora no, Colín... – respondió Harry que corría rumbo a su dormitorio.
Cerró la puerta mientras las ideas le retumbaban en el cerebro. ¿realmente
había disfrutado aquello? No, de ninguna manera, él siempre había soñado con
cuerpos femeninos y si comparaba le había gustado más cuando Hermione le hacía
un oral. Aunque, se dijo en voz baja, Colín tampoco lo hace tan mal. Era urgente
que hablara con alguien... pero ¿con quién?
Caminaba por las orillas del frío lago negro. Las chicas miraban con atención
a Viktor Krum que nadaba velozmente en lo que Harry entendió un intento por
alejarse de ellas. La buena noticia, según él, era que a quienes trataba de
imaginar sin vestimenta era a las chicas y no a el deportista. Terminó por
sentarse debajo de un gran árbol mirando hacía el cielo.
Aprisa... – dijo una voz conocida - ¿creen que es divertido utilizar
filtros de amor?
Harry giró bruscamente hacía donde el profesor Snape caminaba detrás de dos
estudiantes, una era Pansy Parkinson y la otra era Ginny Weasley. Intrigado,
esperó hasta que avanzaron un poco más y después las siguió caminando a una
prudente distancia. No tardaron mucho hasta que estuvieron frente al despacho de
Snape, Harry escuchaba desde detrás de una esquina.
Explíquense... – ordeno el odiado profesor.
Yo no he hecho nada... – dijo Pansy.
Las he visto este pasado fin de semana en Hogsmeade husmeando las
casuchas de artículos de bromas. Y, hoy, me encontré a la señorita Parkinson
dejando caer una poción sobre el jugo de calabaza del señor Malfoy... –
sentenció Snape – además, usted señorita Weasley, parecía muy interesada en
saber que tomaría el señor Potter. – continuo – les doy esta oportunidad,
digan que estaban haciendo o asumiré que mis sospechas son certeras.
Ambas chicas comenzaron una excelente demostración de excusas, decían que era
simple poción adormecedora, que era una broma, después cambiaron su versión a
que la etiqueta decía que provocaba no poder dejar de eructar, en todo caso era
una broma. Snape no se lo creyó, desde hacía tiempo Harry tenía la idea de que
Snape podía leer el pensamiento.
Las quiero aquí, a las dos, mañana a las 8 de la noche.. cumplirán
detención. – su voz se escuchaba burlona - ¡ah, y 20 puntos menos para
Griffindor!
Harry esperó en vano que restara puntos también a Slytherin, Snape parecía
olvidarse de que Pansy pertenecía a su casa, pero le preocupaba más Ginny. Se
decidió a espiar el castigo para poder evitar los malos tratos de Snape para con
la hermana menor de su mejor amigo.
Aprovechó el tiempo en que todos bajaron a cenar para introducirse al
despacho del profesor Snape. Se acomodó en uno de los rincones más lejanos de la
puerta, dónde las telarañas le decían que no se acercaban muy frecuentemente.
Debajo de la útil capa invisible, herencia de su padre, miró cómo entraba
Severus Snape y se sentaba en el escritorio. Escribía una letra enorme y decía
palabras ofensivas en contra de los estudiantes de quien tuviera el examen en
mano.
Potter... – aquí sonrió completamente – no esperaba más de él.
Harry sintió una extraña sensación de querer atacar a Snape, pero el ruido de
alguien llamando a la puerta le regresó a la normalidad.
Pase... – las dos chicas entraron – La puntualidad no las hará
salvarse... – dijo mordazmente Severus – pero les daré una oportunidad,
díganme con exactitud que paso y consideraré disminuir el castigo. Adelante
– dos sillas y dos vasos llenos de agua aparecieron frente a ellas – beban,
refresquen su memoria.
Ambas vestían el uniforme negro escolar, sólo las diferenciaba la bufanda de
sus respectivas casas y el tono brillante de sus cabelleras. Una era de un rojo
brillante mientras que la otra portaba un rubio intenso. El color de piel era
muy parecido en su tono claro. El uniforme les cubría casi totalmente el cuerpo,
pero Harry notaba las siluetas bien desarrolladas de Ginny y el año de
diferencia de Pansy le había sentado muy bien.
Bien... – dijo Snape una vez terminaron sus bebidas - ¿Para que eran esos
filtros de amor? ¿Estoy en lo correcto si creo que eran para Potter y
Malfoy, verdad?
Si... – Ginny y Pansy respondieron al unísono.
¿Saben que el uso de esos artículos esta estrictamente prohibido?
Si... – las dos muchachas respondían sin pestañear. Harry miró el
contenido vacío de los vasos y luego a la repisa principal del profesor. El
frasco de veritaserum estaba casi al mínimo.
Vaya, vaya... las chicas enamoradas de esos dos piensan igual... pero
bueno, vayamos a su castigo...
Fue un rápido movimiento el de Snape, ambas chicas estaban en el mismo sitio
pero ahora permanecían sin ropas. Los pequeños senos de Ginny coronados por unos
bellos pezones rosados atraparon la atención de Harry. A su lado, unos senos
considerablemente más grandes pero con una aureola de mayores dimensiones. La
sola vista de este espectáculo hizo que Harry tuviera que reprimir una expresión
de sorpresa. Otro movimiento de la varita mágica de Snape y las chicas se
pusieron de pie y caminaron hacía una mesa ubicada detrás de donde estaban. Los
cuerpos por detrás de las muchachas no eran en lo mínimo menos admirables,
pequeñas pero bien formadas las nalgas de Ginny se movían al mismo paso que las
un poco más grandes de Pansy. Ambas subieron a la mesa y separaron sus piernas
dejando ver su sexo completamente.
La región púbica de las chicas estaba casi totalmente desprovista de vello,
Ginny presentaba un esmerado corte hecho por Hermione en vacaciones y que
aparentemente ésta había mantenido. Pansy no tenía nada, en lo absoluto.
Dejen de jugar... – rompió el embeleso la voz de Snape – saben de qué se
trata el castigo.
Las dos chicas se acercaron poco a poco, cautelosas una hacía la otra. La
mano de Ginny se posó sobre el hombre de Pansy que depositó la suya en la
cintura de Ginny. Acercaron sus labios y justo antes de encontrarse cerraron sus
ojos dejándose llevar. Pansy tomó la iniciativa y presionaba a la Weasley que
lentamente se dejaba recostar sobre la mesa, pronto, los gemidos se comenzaron a
escuchar cuando la mano libre de Ginny ya acostada por completo busco la
entrepierna de Parkinson. Acariciaba con gentileza la intimidad de la rubia que
tomaba entre sus dedos los pezones de la pelirroja. Pansy se separó del
apasionado beso y oprimió sus labios contra el sensible cuello de Ginny que de
inmediato aumento la intensidad de sus sonidos.
La joven de Slytherin fue recorriendo el cuerpo de la de Griffindor con su
lengua, deteniéndose un poco en los senos de ésta, jugando a introducir su
lengua en el ombligo y después bajando poco a poco probando todos los sabores de
la entrepierna de Ginny que se llevaba los dedos a su boca y chupaba mientras se
movía deshaciéndose en el placer. Presionó el rostro de la rubio en su sexo y
ahogó un grito mientras mordía sus propios labios.
Después, se levantó con las pocas fuerzas que recuperaba tras su intenso
orgasmo y pidió a Pansy se girara. Harry, desde su ángulo sólo podía ver las
deliciosas nalgas de Pansy y el atractivo rostro de Ginny hundiéndose entre
ellas. Veía los cabellos rojizos moverse al ritmo de que la lengua de la menor
de los Weasley acariciaba el sexo de la rubia. Se acercó un poco más y pudo ver
como el clítoris de Pansy Parkinson era comido por la ansiosa pelirroja que al
mismo tiempo sentía la respuesta de ella.
Esto... – Snape se acercó y metió uno de sus dedos dentro de la vagina de
Pansy – si ofrecieran esto a Potter y a Malfoy les aseguró que los filtros
serían innecesarios.
El rostro de Snape se mostraba imperturbable a pesar de tener ya dos de sus
dedos dentro del sexo de su alumna. Los sacaba y los metía dentro de la boca de
Ginny que obediente los chupaba. Después, cambió de lado hasta quedar donde era
visible la intimidad de la pelirroja y repitió la acción con sus dedos.
Bien... son ya las diez y cuarto... – dijo sentándose en su escritorio –
terminemos con esto...
Volvió a agitar su varita y ahora él estaba desnudo. Su miembro apuntaba
amenazante hacia el techo, no era muy grande, pero su excesivamente ancho. Las
chicas se separaron tras una última caricia y se hincaron a los pies de Snape.
Cada una, acercó su rostro empapado por los orgasmos de la compañera y con sus
lenguas recorrieron el falo del profesor que gozando de la vista de las dos
atractivas jóvenes, una pelirroja y la otra rubia, las dos dándole placer
mientras seguían recorriendo jugando con el sexo de la otra, no tardo en
terminar.
Harry pudo ver cómo Pansy recibía la eyaculación en su boca y lo tragaba sin
dejar entrever una expresión de repugnancia. Mientras que Ginny fue obligada a
dejar completamente limpio el pené de Snape que sostenía ambas cabelleras entre
sus manos y las miraba burlonamente.
Espero que hayan aprendido la lección...
Esta fue la penúltima entrega de "Harry Potter y el sendero prohibido" sigo
esperando sugerencias para el final de esta saga. Me despido quedando de uds.