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Fecha: 19-Jul-07 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi apetecible hermana y sus maravillosas hijas

El Ansia
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En entregas anteriores les conté que tengo una hermana viuda, con quien mantenemos una buenisma relación sexual íntima y aunque no vivimos juntos, tenemos una casita para pasar nuestros encuentros, que datan hace unos quince años. En ese periodo sus hijas fueron creciendo y hoy Sabina de 19 años y Emanuelle de 17 son unas bellisimas adolescentes, que salieron a mi apetecible hermana, que me tiene embrujado. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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MI APETECIBLE HERMANAS Y SUS MARAVILLOSAS HIJAS

PARTE I

En entregas anteriores les conté que tengo una hermana viuda, con quien mantenemos una buenisma relación sexual íntima y aunque no vivimos juntos, tenemos una casita para pasar nuestros encuentros, que datan hace unos quince años.

En ese periodo sus hijas fueron creciendo y hoy Sabina de 19 años y Emanuelle de 17 son unas bellisimas adolescentes, que salieron a mi apetecible hermana, que me tiene embrujado.

Nuestra relación iba de maravilla porque nos reuníamos para gozar el uno del otro sin sufrir los contratiempos de la convivencia, nos encontrabamos solo para cogernos y al vernos nos encendíamos como candelas teniendo relaciones por demás excitantes y gratificantes.

Sin embargo la semana pasada, mi hermana Alexa me contó entre besos y caricias como su hija mayor se le impuso sometiendola a sus deseos y obligandola a tener una relación lésbica con ella.

No les oculté en aquella entrega lo que me excitó el relato pormenorizado que hizo de como Sabina la sedujo y se la cogió, de como ambas bebieron del caliz de lo prohibido, gozandose a reventar. ¡que más quiere un hombre que conocer la relacion de dos bellas mujeres, aunque sean familiares tan cercanas! Sin embargo me preocupó el descenlace al ver a mi hermana dependiente de su hija y al saber que Sabina condicionaba que continuaramos la relación a una suerte de prueba que ella nos iba a poner.

Quedamos en que mi hermana me iba a citar para reunirnos entre los tres, aparentemente en la casa que utilizabamos para nuestros encuentros de amor, por lo que esperé la cita toda la semana entre temor y deseo por lo que podía depararnos el futuro.

Yo amo a mi hermana y si Sabina impedía la relación me iba a morir de tristeza y desconsuelo.

Finalmente llegó la invitación. Alexa me invitó a su casa, con el argumento que era una casa mucho más cómoda y acogedora que aquella donde nos reuniamos y además ibamos a estar solos con Sabina pues al parecer Emanuelle iba a pasar el fin de semana con unos amigos en otra ciudad.

¿Que nos plantearía Sabina? ¿Podríamos seguir nuestra relación? ¿En que condiciones? ¿Se uniría ella a la fiesta? Esto último sería demasiado y no quería ni imaginarme nada.

Toqué el timbre y me atendió la figura alegre y jovial de mi sobrina. "Hola tío, ¿que hacés? Para mi sorpresa era Emanuelle la que abrió y no Sabina, algo no iba como me lo contaron. "Pasá, es tu casa al fin de cuentas" Y a la vez que entraba traté de justificarme diciendo que pasaba por allí y aproveché a llegar a saludar. "Bueno no lo tomes a mal tío si te abandono, porque me voy a pasar el fin de semana con unos amigos, pero se van a quedar mamá y Sabina" Y con eso la situación entró en lo esperado.

Adentro estaba mi hermana, irresistible como siempre a pesar del paso de los años. Mirando su silueta, sinuosa y provocadora debajo del vestido blanco, casi transparente que usaba. Resaltaban, sus ojos claros, su pelo castaño y lo hermoso de su rostro. Pensé "esta bruja está cada vez más buena, es como el vino añejo, cuanto más viejo mejor sabor". Y junto a ella estaba Sabina, con unos pantalones ajustados que mostraban su cintura estrecha y sus caderas sinuosas, con forma de abispa. Utilizaba por encima de sus pantalones negros una blusa de seda, amarilla, desabotonada, que se cerraba con un cordel, a la altura de la cintura mediante un moñito casero que no le impedia mostrar su ombligo. El conjunto resaltaba su elegante silueta y sus erectos pechos. Ella era una rubia escultural, que parecía una walkiria, notándose la firmeza de carácter y su fuerza que la hacían sumamente dominante. ¡Con razón pudo con su madre!

Tratamos de disimular a que venía yo, porque Emanuelle se demoraba. Mi hermana para apurar la situación planteó servirle algo de comer antes que se fuera, a lo cual la chica manifestó que no podría quedarse a comer porque se retrasaría. "Bueno", dijo mi hermana, "de todos modos serviré algo de comer y mientras tu puedes preparar tu equipaje".

El reloj movió sus agujas y mi hermana preparó la cena. Pasé al baño para asearme y pese a que parecía vacío me llevé una gran sorpresa. Emanuelle se encontraba adentro, de espaldas y desnuda con una toalla envuelta en la cabeza, preparandose para bañarse.

Por un minuto clavé mis ojos en su cuerpo, ella se volvió al sentirme y vi su cuerpo de frente, enmudecido. "Perdona le dije, creía que estaba vacío" Emmanuelle tomo una segunda toalla para taparse y yo salí del baño mientras ella decía: "Perdona tu, olvidé trancar la puerta".

Salí enloquecido. Emmanuelle también era una tía que estaba muy buena. Era algúnos centímetros más baja que Sabina, tambien delgada, de pelo rubio y bien contorneada, ojos celestes color cielo y mucho más bonita de cara. Sabina era una belleza guerrera y Emanuelle la imágen de la dulzura.

Como mi hermana insistía que fueramos a comer, me asee en el otro baño, traté de convencer a Don Pepino que pasara desapercibido, pasandole agua fria e imaginando que estaba en el polo y no en ese lugar con tres minas que calentaban a un muerto.

Nos sentamos a la mesa, pero quedamos esperando a que mi sobrina terminara con su ducha. Mi hermana y Sabina protestaban por la pelotudez de la Emanuelle que esperó a último momento para ducharse.

Finalmente apareció Emanuelle bien bañadita, vistiendo un pijama de dos piezas, con su pelo aún mojado, lo que producía una impresión de inocencia sensual impresionante.

La pregunta de Sabina fué inmediata. "¿Te vas a ir así vestida?". "Me avisaron que se corrió la hora, salimos temprano en la mañana" contestó sonriente Emanuelle, a la vez que se hizo silencio en la mesa por la sorpresa.

Antes de terminar la cena, mi hermana comunicó a las chicas que como había quedado solo en mi casa porque mi familia se había ido a visitar unas parientas a otro pueblo, me había invitado a quedarme en su casa para que no pasase solo el fin de semana, lo que fué acogido con expresiones de alegría por ambas hermanas.

Luego de la sobremesa nos pusimos a conversar, contando las chicas como les iba en sus estudios. Yo pregunté si estaban enganchadas en algún amorío, respondiendo ambas que en nada serio, que querían vivir la vida antes de tener algo formal. Y mi hermana expresó su preocupación porque esos deseos no se volvieran en excesos y ellas le replicaron que ya eran mayores y querian hacer su vida a su modo, que no se metiera y que no les impusiera los tabues de sociedades de épocas pasadas de moda.

Emanuelle propuso jugar algunos juegos grupales, pero yo estaba desesperado por hacer el amor con mi hermana y para eso tenía que cortar la reunión y mandar a todo el mundo a la cama. Por eso dije que estaba cansado, que fue un día muy duro en el trabajo y todas las pelotudeces de costumbre para acortar la situación.

Mi hermana, que también lo agarró en el aire, propuso irnos todos a dormir temprano y dejarlo al tío que descansara, para lo cual ella me iba a preparar mi habitación.

Mientras las chicas quedaron lavando la losa y Alexa fue a preparar el cuarto, yo prendí un cigarro para esperar que la situación se normalizara y al observar lo entretenidas que estaban las chicas me fui a mi dormitorio con malsanas o bien sanas intenciones.

Al acercarme, mi hermana estaba de espalda, tendiendo la cama. Su culo fortachón estaba hacia mi, provocandome una erección de inmediato. Cerré presuroso la puerta y me abalancé sin darle tiempo a voltear. Con una mano la agarre de la cintura, tirandola hacia mi, refregandole mi bulto por encima de su vestido. La otra mano envolviendo su torso y agarrandole una teta. Mi boca presurosa se prendió del lóbulo de una de sus orejas. Forcejeo para zafarse. Tire con fuerza hacia arriva, de modo que su culo quedó montado sobre mi bulto, pero no pude sostener la posición porque ella luchó y logró zafar. "Estás loco Pepe, estás en mi casa y las niñas están despiertas, tienes que esperar a que se duerman. Yo también tengo muchas ganas, pero ahora no se puede. Que no sos un niño, caramba".

"Pero la puerta está cerrada y las niñas ocupadas con la cocina, podemos darnos un anticipo." "Pues ni modo, tienes que esperar Pepito".

Tenía razón, aunque yo estaba tan empalmado que me dolía el pito, así que decidí darme un calido y largo baño en el yacuzzi, mientras esperaba que todo el mundo se durmiera.

Me puse el pijama y un batón, entré en el baño, iba a cerrar la puerta, pero algo me dijo "no lo hagas, no pierdes nada dejandola abierta". Tape la tina, abri el agua y me desnudé. Mi pija estaba a mil y hasta dolía, así que rápidamente entre al agua tratando de no pensar en lo que pasaría esa noche con Alexa, porque no quería masturbarme, queria reservarme para dar y recibir todo lo mejor.

Mi hermana tenía una radio en el baño, así que me levanté para prenderla y puse una música movida y alegre, para saborear la noche que se venía.

Por más que mi intención era poner la mente en blanco, las tres mujeres que habitaban la casa me la llenaban de deseos y lujuria y Don Pepino estaba más agrandado que zapatilla de bichicome.

Deseaba que en cualquier momento se abriera la puerta y apareciera Alexa para hacer el amor, pero no pasaba nada, solo seguía mi gran calentura.

De repente golpearon la puerta. "Estoy yo contesté". "Ya lo sabemos queremos darte las buenas noches" dijeron mis dos sobrinas, al tiempo que abrieron la puerta y entraron. "Me estoy bañando" dije como un tonto mientras trataba de taparme el pene con las manos para que no vieran la erección. Ellas entraron sonrientes, y se despidieron con un beso como si yo estuviera vestido. Luego se marcharon sonrientes burlandose porque mis cachetes se pusieron colorados, cerrando la puerta con el pestillo tras su paso.

¡Es para volverse loco pensé!. Tengo cuarenta años y estas chiquillas me han tratado como si fuera un niño de siete y para colmo de males me dejaron todavía más caliente que antes. ¡Por favor que Alexa no se demore porque no voy a tener más remedio que pajearme!.

Pero me aguanté, no quería arruinar la fiesta. Además faltaba que Alexa entrara también a despedirse.

Mi merito no fué correspondido porque Alexa simplemente golpeó la puerta y desde afuera dijo "Hasta mañana Pepe".

Los minutos no pasaban más. Sabía que cuando las chicas se durmieran Alexa vendría hacia mi y pasaríamos la noche de monta en monta. Pero la puerta parecia que no se iba a abrir nunca, por lo que pensé que tal vez para ella sería más fácil si me iba al dormitorio que me había preparado, por lo que destape la bañera, comenzé a secarme y en ese preciso momento se produce el milagro. Gira el picaporte de la puerta y un brazo blanco de mujer comienza a entrar con sigilo al baño.

Se me dibujó una sonrisa en el rostro, se me aceleró el corazón y Don Pistacho comenzó a hacer calentamiento fuera de la cancha para entrar a jugar el partido.

Pero cuando entro mi amor me quedé petrificado. No era Alexa, era Sabina, con un batón de baño y nada por debajo.

Antes que pudiera hacer una exclamación, decir algo, llamar a la emergencia, cualquier cosa que pasara por mi cabeza saltó sobre mí como una gata y me plantó un beso. "mmmmm" quise protestar, pero su beso selló mis labios, mientras me pasaba la lengua dentro de mi garganta.

Traté de resistirme aunque después me di cuenta que era una locura, pero en ese momento no estaba preparado para lo que sucedía. Al menos me opuse un poco, pero Sabina era una verdadera Walkiria, me ahogó a besos, apretujó su cuerpo calentito contra el mío y mi pene entró en erección como un volcán cuando se desata. Yo me calenté a más no poder y comencé a responder a sus besos con más besos, era una locura. Me estaba tirando a mi sobrina, bueno, más bien era al revés. Por unos minutos tratamos ambos de llevar la iniciativa, yo le besaba el cuello y quería bajar para chuparle sus tetas, ella trataba de refregar su cuerpo contra el mío y empujarme contra la pared. Estabamos a mil, pero tan descoordinados que no podíamos hacer lo que queríamos: cogernos bien.

Entonces jugó mi experiencia y me separé, pero sin soltarla. Puse una de mis manos en sus labios en señal de que hiciera silencio y ella asintió con la cabeza.

Le dije que creia que obrabamos mal, pero que no me iba a resistir, la iba a obedecer, pero quería que me dijera como deseaba que le hiciera el amor. Me pidió que me sentara sobre la tapa del water y la dejara subirse.

Mi pija estaba bien parada y ella abrió sus piernas para poder sentarse encima de mi pene. Pese a que ella estaba muy caliente, todavía no estaba bien lubricada, por lo cual le tomo unos tres intentos introducirselo en su concha. Uno, dolió un poquito y subió, dos sentí que entró bastante más, pero de nuevo el dolor la hizo levantarse y finalmente al tercer intento entró todo. Y cabalgamos y cabalgamos. Ella hacía, subía y bajaba y yo colaboraba subiendo cuando ella bajaba y viceversa, de modo que en cada embate mi pene se le enterraba hasta lo más hondo.

Cuando se le pasó el primer furor me incorporé un poquito tomándola de la espalda para que no se cayera y el movimiento paso de ser de arriva a abajo derecho, en el mismo sentido pero inclinado. Mi pene con el roce inicial y las estocadas siguientes estaba que largaba fuego.

Ella empezó a gemir, así que tuve que ponerle una mano en la boca para que no nos oyesen, a la vez que completar el trabajo porque a esta niña había que disfrutarla completamente.

Sabina me tomaba de los omoplatos para no caerse y yo con un brazo la sujetaba del torso para mantenerla inclinada, con la otra mano le tapaba los labios y con mi boca le chupaba las tetas entre estocada y estocada.

Pueden imaginarse que no duré mucho sin eyacular en esta situación, pero afortunadamente el Tio Pistacho tiene la buena condición de mantenerse rígido. Me dolía, pero segui dandole bomba, porque si no lo hacía yo no me lo iba a perdonar nunca mientras viviese.

En determinado momento sentí que con cada estocada mi pene salía cada vez más lubricado, señal de que Sabina había tenido un orgasmo.

Luego ella puso una de sus manos en mis labios en señal de que me detuviera. Yo asentí y Sabina me pidió otra posición.

Pidió que la penetrara por atras, pero por la vagina, ya que tenía miedo de tener relaciones anales. Yo asentí, ella se puso en cuatro patas sobre la alfombra del baño. Me hinqué atrás de ella, con mi mano enfrente mi pene con su concha y luego la tome de la cintura y fui empujandolo hacia adentro, comenzando a bombear nuevamente.

Yo ya había eyaculado, pero la posición y lo bonita que era Sabina me excitaban tanto que pude continuar bombeandomela. Pero necesité un plus para poder continuar mejór y fue que me subía encima de ella usando como puntos de apoyo mi pene y el dedo gordo del pié. Así, cada vez que la penetraba eran setenta kilos que se apoyaban en un pene dentro de una concha. Sabina pobre empezó a gemir nuevamente y tuve que taparle otra vez la boca con una mano, mientras que con la otra le manoseaba las tetas.

La nueva cabalgata me excitó tanto que sentí que iba a volver a eyacular, como cuando tenia 17. Me concentré, cogi, disfruté y la eyaculación vino con una gran sensación de placer, que se correspondió con otro orgasmo de Sabina.

Ahora tratamos de cambiar para una posición de reposo, contra la pared sin que nos desabotonaramos. Mi espalda quedó apoyada contra la pared, ella sentada encima mio, con Pistacho clavado en sus entrañas, su cuerpo entornado con las caderas hacia adelante y el torso girado, mirandome, besandome y gimiendo.

Estabamos mojados por todos lados. Abajo teniamos semen de la cintura a las rodillas y arriva estabamos todo babeados. Era un asco, era de lo más hermoso que me haya pasado. Me sentía feliz, dichoso y no me arrepentía de nada de lo que había hecho. Debo ser todo un hijo de puta muy feliz.

Felices y cansados, la noche recién comenzaba y estabamos disfrutando juntos, uno el otro de la relación que habíamos tenido.

Pero la noche era joven aún, de modo que si les gustó, en otra entrega les cuento como siguió esta historia.

GRACIAS POR LEERLA

EL ANSIA.


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