El perfume del deseo
Todas las mañanas, mientras estaba sentado en el escritorio
de recepción del edificio de departamentos del que era guardia de seguridad,
olía en el aire un perfume que lo enloquecía; cuando se asomaba por la
ventanilla solo podía ver por detrás a ese hombre que pasaba, con su cabellera
castaña claro y ensortijada que le llegaba a los hombros. Como hacia calor
muchas veces lo veía en pantalón corto, dejándole ver sus piernas bien torneadas
de deportista nato. Su espalda era ancha y las remeras ajustadas que usaba
marcaban unos hombros y unos bíceps bien definidos y de quien solo conocía el
numero de departamento que habitaba y su apellido.-
Muchas veces escuchaba los pasos y trataba de verlo con el
rabillo del ojo, podría haberse puesto de pie y saludarlo pero no quería ponerse
en evidencia ante nadie, sobre todo con sus compañeros de trabajo. Lamentaba no
poder verlo volver al edificio ya que siempre lo hacia después del cambio de
turno, asi que todas las tardes volvía a su pequeño departamento en donde lo
esperaba su gato. Se ponía a leer el diario desde los titulares hasta los
obituarios y fue asi que leyendo los clasificados en busca de taxi boys para
saciar su sed cuando una luz ilumino su mente. Paseo sus ojos hasta que llego al
rubro que con ansiedad andaba buscando, tomo el teléfono y llamó. Del otro lado
de la línea la voz de una señorita le contestó y él, lleno de nerviosismo le
consulto sobre la tarifa y como era el servicio de detectives privados. Una vez
informado, confirmo una cita y en media hora estaba sentado en un escritorio
frente a un perfecto desconocido pidiéndole que con total y absoluta discreción
averiguara todo lo concerniente a ese hombre que vivía en el edificio donde
trabajaba.-
Luego de una semana y previo pago, un sobre de papel Manila
caía en sus manos con fotografías y un pormenorizado horario. Con el corazón en
la garganta abrió, mas bien destrozo el sobre desparramando el contenido sobre
el piso, se puso en cuatro patas para agarrar las fotos y por primera vez pudo
ver a su ídolo con detenimiento, quedo embelesado, un hilo de baba fluía de su
boca abierta y es que jamás había visto a un ser tan lindo. Vio cada una de las
veinte placas en las que usualmente se lo veía de espalda o perfil en ropa
deportiva, con traje, elegante sport y una que habían tomado con teleobjetivo
tomando una ducha en la que solo se podían observar los pectorales y el cabello
mojado sobre su cara, una melena larga que sobrepasaban los hombros que caían
sobre una piel rosada y húmeda.
Tomo la ultima instantánea y cuando se dio cuenta se estaba
masturbando y salpicando todos los papeles; se apresuro a limpiarlos pero
quedaron un tanto pegoteados, diligentemente los separo y desnudándose se fue a
su cama a leer el dichoso informe. Recostado sobre la almohada, su gato de un
salto subió sobre él y por primera vez le molestó, asi que lo revoleo lejos
hacia la puerta del dormitorio logrando ofender al animal que erizó el lomo y
dando media vuelta se fue.
El informe decía mas o menos asi: Nombre Lucas L* empresario
de una organización dedicada a la construcción de viviendas, de las calles tal y
cual, su teléfono fijo era *** y el móvil ***, en sus ratos libres jugaba tenis,
hacia pesas, y los sábados a la noche frecuentaba un club exclusivo para hombres
de nombre Mokolo en el que entraba puntualmente a las veintidós horas y salía
cerca de mediodía del domingo. Luego de allí se iba a su departamento hasta el
otro día y blablabla y que no se le conocía pareja alguna, dejando sospechar
según criterio del investigador una tendencia homosexual.
Paf!, Su corazón se detuvo unos treinta segundos. Homosexual,
Mokolo, ambas palabras surgieron en su cabeza y se quedaron grabadas. Al club lo
conocía de referencia y sabia que era uno de esos lugares al cual nunca
accedería ya que la membresía era bastante alta. ¿Cómo haría pues para ligar con
semejante ángel?.
Su mente era un revoltijos de ideas sin ton ni son, desde
aprender a jugar tenis cosa que descarto ya que sabia que carecía de habilidad
hasta para jugar a las canicas, y las únicas bolas que tenia en su casa y que no
eran las suyas eran unas bolas chinas que se había comprado en un momento de
"locura" en la única visita a un sex shop que hizo en su vida. Así que optó por
tomar el tubo y llamar a Mokolo.
Minutos después se encontraba sentado en la cama con la
cabeza entre sus manos llorando amargamente; cuando preguntó los requisitos su
corazón se alegró de dar con todas las condiciones menos una, sabia que la
tarifa era alta y que si hacia un sacrificio por un tiempo, podría remotamente
pagarla, pero cuando le dijeron cuanto era se dio cuenta que debía dejar de
comer y pagar cuentas y viajar a pie por lo menos por dos años para reunir el
dinero.
¿A quien recurrir? Como pudo fue a todos los bancos, de donde
lo sacaban a patadas o se le reían en la cara, llamó a cuanto prestamista
figuraban en los clasificados y páginas amarillas, buscó en su árbol genealógico
algún pariente rico que le hubiera dejado una herencia pero todo fue
infructuoso. Hasta pensó en vender el departamento con gato inclusive si fuera
necesario pero tenía dos hipotecas pendientes. No tenia solución a su problema.
No tenía ninguna excusa para acercársele ni hablar, lo más cerca que lo tendría
era en las fotos de la pared donde se apoyaba la cama y donde religiosamente
antes de acostarse se ponía de rodillas y se masturbaba manchando sobre lo
manchado para luego dormirse y más de una vez había tenido que echar al gato que
se pasaba lameteando sus pinturas surrealistas.
Así fueron pasando los días, todas las mañana lo veía a Lucas
pasar dejando su estela perfumada, sin saber como entrar en contacto y si lo
hiciera, de que podían hablar, o como lograría que lo invitara aunque sea a
tomar un helado. Era un pelagatos y lo sabía, estaba resignado hasta que ocurrió
algo que lo tomó por sorpresa y fue casi un milagro personal. Fue mas o menos
así una vez luego de que paso su amor imposible, inmediatamente escuchó un
ruido, esperó un minuto y se asomó, observando en el piso del hall de entrada
una billetera tirada. Salió disparado hacia ella y al recogerla, la abrió y vio
en su interior una cantidad enorme de dinero y los documentos de Lucas. Sus
manos temblaban, fue hasta la puerta pero notó que ya no estaba. Asi que la
apretó entre sus dedos y se la llevo con él; dentro de la oficina, miraba una y
otra vez su contenido como tratando de descifrar algún misterio, por un breve
instante pensó en que el dinero le alcanzaría para la membresía y que podría
poner el resto en el buzón del correo, pero venció la tentación y decidió
dárselo en persona. Lo espero hasta bien entrada la noche y al verlo llegar se
acerco hacia su persona y estirando la mano le devolvió la billetera intacta.
Las palabras no salían de su garganta y continuamente bajaba
los ojos para que Lucas no notara lo mucho que le gustaba, este, en tanto,
mostró una amplia sonrisa dejando ver unos dientes blancos y parejos que
parecían de comercial de pasta dentífrica. Agradecido por el gesto tomo un par
de billetes y se los quiso dar pero fueron rechazados asi que cogió su mano y
tras un fuerte apretón se fue sin dejar de darle las gracias y prometiendo que
de cualquier forma lo compensaría.
Esa noche no se lavo la mano y continuamente se tocaba las
pompas imaginando que aun tenían el calor y la suavidad de esos dedos
maravillosos. Casi no pudo dormir y agrego varios dibujos mas en el mural.
A partir de ese día cada vez que Lucas pasaba lo saludaba,
dejando la ventanilla de la oficina impregnada de ese perfume que tanto lo
excitaba, y mas lo hacia al verlo en ropa deportiva cuando podía ver sus culo
redondo y firme. Un sábado a la mañana su ángel le pregunto si no le molestaba
que le diera una invitación a su club de hombres, obviamente solo le pudo
responder con la cabeza que no, entonces le extendió un ticket valido por esa
noche con una consumición a las veintidós horas en punto, lo único que le
recomendó es que fuera pulcro y aseado por que los miembros era toda gente
escogida y recomendada y que si las cosas salían bien y quedaban conformes el
propondría su membresía, a lo que el comento que el no tenia dinero para las
cuotas de ese ...de cualquier club. Lucas sonrió y le reveló un secreto, lo de
la cuota altísima era para alejar a cualquier indeseable a ir a las
instalaciones. Una vez finalizada la conversación se despidieron no sin antes
recordarle las pautas de puntualidad y pulcritud.
En su cabeza solo se escuchaba el BING BANG DIGA DIGA BANG de
su corazón, no tardo en salir del trabajo cuando fue a su departamento y
revolvió todo su armario en el que habían tres uniformes del servicio de
seguridad, un blue jean, un par de zapatillas gastadas, dos pares de zapatos
mocasines, tres camisas hawaianas y un traje del bisabuelo con pantalones de
botamangas estilo Oxford. El BING BANG DIGA DIGA BANG se detuvo y se transformo
en el Lacrymosa del Réquiem de Mozart. Corrió hasta su billetera y contó cuantos
centavos le quedaban, comenzó a buscar cuanto objeto de valor tenia para ir al
monte pío y solo encontró una cadenita con una medallita de San Antonio
enchapada ¿A cuanto estaría su gato? Nooo ¿A quien le podría vender un gato
capón que se la pasaba lamiendo la pared de su cama? ¿Y si vendiera su cuerpo?
Tampoco encontraría comprador y si lo hubiera o hubiese ¿Cuanto le podrían dar?.
Llamó a cuanto amigo, conocido, vecino, acreedor y familiar, aunque fuera
difunto, conocía hasta que un alma llena de piedad convino en prestarle uno a
condición que se lo devolviera en perfectas condiciones.
Fue a buscarlo, se lo probó, le quedaba un tanto estrecho
pero le sentaba bien, solo le faltaba un gorrito y se pondría a vender helados.
Pero que remedio, con una buena plancha quedaría bastante pulcro y lo mas
cercano a la moda que encontraría a esa hora. Se baño tres veces, intentó
hacerse una lavativa y casi lo logró, plancho la ropa hasta que quedo de postal
y una vez listo se puso frente al espejo y se vio a si mismo como el rey del
mambo chachachan. Solo faltaba el perfume, pero vio que todo lo que tenía eran
aguas de colonias compradas por catálogos asi que desecho la idea y salió a la
calle.
Caminaba como Travolta en Fiebre de Sábado por la noche, solo
faltaba la música de los Bee Gees, fue hasta la parada del bus, subió y a pesar
de que estaba casi vacío viajo parado para no arrugar su vestimenta, bajo diez
calles antes para que no pensaran que era lo que realmente era y se acerco a un
edificio de lujo, al entrar el conserje le pidió las credenciales y el le mostró
su ticket, de muy mala gana lo acompaño hasta el ascensor y le indico el camino
esperando una propina que jamás llego. Subía y subía, consultaba el reloj cada
tres segundos, las veintidós casi llegaban bajo del elevador y se dirigió a una
puerta en el fondo del pasillo, golpeo y un gorila asomo sus ojos por una
mirilla, mostró su invitación y luego de un exhaustivo escaneo visual le
abrieron.
El interior estaba alfombrado de punta a punta, estaba al
tope de concurrentes, Lucas lo vio y se acerco estaba radiante y el halo de su
perfume completaba esa imagen de ángel del Renacimiento que portaba. Le
invitaron una bebida que sorbió lentamente casi a las veintitrés los
concurrentes comenzaron a desaparecer por una puerta lateral. Gentilmente le
asignaron un guardarropa y le pidieron que se desnudara, alcanzándole una
capucha negra que debía ponerse. Una vez hecho esto, no veía absolutamente nada,
pensó que seria un rito de iniciación, lo tomaron de la mano y cuando lo
llevaron a otro cuarto pidiéndole que se sacara la capucha una vez que se
cerrara la puerta y no antes, en cuanto oyó el clic del picaporte, descubrió su
cabeza, dándose se cuenta que toda la sala estaba a oscuras, corrió unas
cortinas y sentía el murmullo de voces masculinas que llenaba el ambiente.
¿Ahora como iba a encontrar a Lucas para consumar su amor? Confió en su sentido
del olfato y lentamente se movía entre los cuerpos que se hallaban quietos
siguiendo el rastro odorífero.
Se enfilo hacia donde el aroma era mas fuerte cuando sonó un
timbre y todos empezaron a moverse, los aromas de los distintos perfumes se
comenzaron a mezclar, manos de distintos tamaños lo acariciaban y se acariciaban
entre si, toco torsos desnudos de las texturas mas variadas, comenzó a escuchar
gemidos, sonidos de succión, todo era un continuo movimiento como un cardumen de
pulpos que se entrelazaban. El seguía intentando llegar hasta Lucas rechazando
los abrazos y lengüetazos que le daban. Deseaba a toda costa que fuera su ángel
el que lo poseyera y no otro, hasta que el halo se hizo mas fuerte, estiro una
mano y toco una espalda ancha con hombros y bíceps bien formados, un frondoso
cabello ensortijado cubría la cabeza de esa persona que tanto buscaba, comenzó a
besarlo por la espalda hasta llegar a esos glúteos redondos y duros como rocas,
sin dejar de acariciar las piernas bien torneadas. El único detalle era que su
ángel ya estaba enfiestando a uno, sin pausa pero sin prisa fue hacia el frente
en donde el aroma era mas intenso y como pudo echo al sujeto que estaba siendo
sodomizado.
Inmediatamente para que su amado no protestara tomo su falo
con la mano y abrió su boca lo mas que pudo, no podía creer que aparte de ser
tan hermoso tuviera un mástil tan extraordinariamente grande y delicioso, como
un naufrago se aferró a esa tabla que lamía y succionaba, sintiendo cada
pliegue, cada vena hasta que las manos suaves que tanto quería lo hicieron poner
de rodillas boca abajo, para abrirle bien las pompas y pasarle la lengua
lubricando su agujero que después de tanto tiempo sin sexo ya casi era virgen
otra vez. Sus pensamientos eran tan confusos que cuando se dio cuenta, una
anaconda oradaba su cuerpo curvando su espalda, la piel se le puso de gallina y
sentía que su esfínter se partía en dos.
Dejo escapar un gemido pero se mordió los labios, pronto
comenzó e vaivén sintiendo todo el tronco dentro suyo, en tanto su cabeza
chocaba con otra que tenia enfrente. Sus testículos se negaron a seguir
guardando su semen y salpico el suelo. Alrededor todo era gemidos de placer,
insultos, se escuchaban chirlos y grititos de dolor, todo conformaba un coro
masculino de los mas variados tonos. Su macho sin dejar de ensartarlo lo dio
vuelta como un tornillo y lo puso de espalda sobre su semen derramado. Él
imaginaba la sonrisa de Lucas, la cara de placer que tendría, podía sentir los
huevos de ese hombre chocando con sus nalgas una y otra vez. Sus piernas se
empezaron a dormir de tanto tenerlas erguidas en los hombros y apenas notaba los
mordisquitos que le propinaba.
Sí, se sentía la mas puta de todas, ese era el momento para
el cual había nacido, que importaba lo demás, si se lo pidiera seria esclavo de
ese ser por siempre y para siempre. Comenzaron a cambiar posiciones, su ano era
literalmente un girasol, le ardía, pero lo disfrutaba hasta que sintió como se
llenaba del néctar que tanto esperaba.
Contrariamente a lo que suponía, su amor no se la saco, era
tan larga que aun fláccida se mantenía dentro; como podía movía sus caderas para
lograr otra erección y lo logro. Se masturbaba mientras le pellizcaban los
pezones y gemía para que el resto lo escuchara gozar como nunca.
Se habían puesto en posición de cucharita y se hallaba tan
agotado que se durmió con un sueño pesado y entrecortado por los embates de esa
boa que lo taladraba hasta darle la sensación de que le salía por la garganta y
tan lleno de semen que juraba que en cualquier momento le brotaría por la boca.
De todos lados saltaban trallazos que lo bombardeaban, cada tanto sentía la otra
cabeza que lo chocaba y trataba de evitarlo pero pensaba que eran los gajes del
oficio y que ya no tendría otra oportunidad como esa como para quejarse. Asi fue
pasando la noche hasta que todo el ambiente olía a machos en celo, su amante
ahora si se había dormido y el tomó su brazo para que lo abrazara mejor. Una
tenue luz se encendió las puertas se abrieron y unos mozos con unos carritos
traían el desayuno, poco a poco los concurrentes dejaban sus lugares para comer.
Abrió los ojos y quiso saber de quien era esa cabeza que colisionó toda la noche
con la suya, se miraron cara a cara y vio que era Lucas, que con cara de odio le
susurró "Me lo robaste", se le helo el corazón, ¿Qué había hecho? Comprendió
entonces porque el perfume se sentía tan fuerte cuando luchaba por el lugar,
había sacado al hombre equivocado y entonces ¿Con quien había cojido toda la
noche? Giro lentamente la cabeza, sacando lentamente el culo hasta que con un
plop el lagarto salió de la cueva pero su dueño todavía seguía dormido con el
cabello ensortijado cubriéndole el rostro, se lo corrió y vio un rostro como el
de Freddy Krugger, ahogo su grito de horror llevándose la mano a la boca. Su
macho se despertó y le dijo hola, sonriendo mostrando unos dientes amarillos que
se espaciaban uno cada media hora.
Miro a Lucas de pie y paseando sus ojos por todo ese cuerpo
blanco y bien formado al llegar a la entrepierna noto que la diferencia era
bastante notable, demasiado, era como si eso que tenia enfrente fuera un
liliputiense al lado de Gulliver. Escucho una voz que le decía cargada de ira,
que se olvidara de la membresía. Volvió a mirar a su amante nocturno y ya no
dudo, se puso a hablar con él e intercambiaron teléfonos mientras desayunaron.
Al salir lo llevo hasta su departamento en donde siguieron
con la sesión nocturna hasta el lunes, "No hay mal que por bien no venga",
pensó, se levanto como pudo, arranco las fotos y las arrojo al bote de basura,
le regalo el gato a la vecina anciana, y ni siquiera armo su maleta. Llamo a su
trabajo para avisar que no iría en toda la semana ya que se encontraba muy
enfermo y se fue a pasar una semana de terror en la casa de Freddy.
FIN