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Fecha: 17-Jul-07 « Anterior | Siguiente » en Textos educativos

Las zonas erógenas humanas

Anónimo
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Este texto pretende acercar el acervo de conocimientos básicos sobre algunos aspectos de la sexualidad humana a todos los miembros de la comunidad de TodoRelatos. Quizá así podamos tomar decisiones y emitir opiniones con una mirada informada, meditada y, en lo posible, experimentada y no desde la pocisión de la ignorancia, la tradición, las creencias y todo aquello que nos impide pensar y calibrar el mérito de las cosas antes de actuar y juzgar. No intento dar lecciones, sino reunir y sintetizar un conjunto de conocimientos no siempre accesibles a todos. Lo hago en forma anónima, pues en mi opinión, muchos de los aspectos aquí descritos son de dominio milenario en otras culturas y no puedo apropiarme de ellos, amén que lo importante es el contenido y no quien recopiló la información. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Las zonas erógenas humanas

Introducción

Cuando veo opiniones y narraciones que tienen un importante componente fundado en el desconocimiento, en las creencias religiosas o populares o en factores de naturaleza cultural fuertemente arraigados en ciertas personas, pero que carecen de conocimiento científico exacto o de sabiduría milenaria de otras culturas distintas a la occidental, y cuando tal entendimiento es producto de la investigación rigurosa, de la experimentación, de las pruebas hechas con disciplina científica y del debate informado, me siento impelido a propagar ese saber para que, en lo posible, todos tomemos nuestras decisiones y acciones en materia de sexualidad basados en opciones carentes de desinformación.

Lo aquí expuesto puede ser debatido, resistido, valorado de diferentes maneras, pero no está exento de respaldo científico, de investigación estricta, de experimentación acabada ni de práctica de vetusta data.

El cuerpo humano está plagado de puntos que producen sensaciones placenteras y excitación sexual con apenas acariciarlos. Son las zonas erógenas. Es decir, las zonas erógenas son regiones del cuerpo humano que producen excitación sexual o son sensibles a ella.

No se trata de puntos o zonas arbitrarias: son aquéllos en los que se concentran gran cantidad de terminaciones nerviosas y, en virtud de aquello, responden con una especial sensibilidad ante una estimulación adecuada.

Las zonas primarias, son las partes del cuerpo más erógenas, las que mejor responden ante cualquier toque sensual y la mejor vía para llegar a la excitación sexual. Su estimulación son invitaciones descaradas al sexo. Por ejemplo: la punta de los pezones y el clítoris en la mujer; el pene y las tetillas en el hombre.

Las zonas secundarias, como el cuello, el centro de la espalda, las orejas, la garganta, los labios, la parte anterior de las piernas, el ano, son partes del cuerpo que responden con altos niveles de placer y excitación, aunque en menor grado que las primarias.

De todas formas, la totalidad del cuerpo humano es una zona erógena, ya que la estimulación de cualquier punto es una fuente de sensaciones placenteras. Además, cada persona posee un mapa erógeno exclusivo y diferente. Por eso es muy importante que cada persona explore su cuerpo y descubra sus partes que más producen o son más sensibles o susceptibles a la excitación sexual.

Sin embargo, no toda estimulación de una zona erógena será siempre placentera. Depende de varios factores, como la destreza del amante en la estimulación, o simplemente de la predisposición positiva o negativa del receptor(a). El descubrimiento y exploración de las zonas erógenas debe ser cariñoso, sensual y pensado, es decir, decidiendo previamente qué partes del cuerpo quedan fuera del juego (si las hay). Además, no todas las terminaciones nerviosas existentes son iguales para todos y, por lo tanto, no todos tenemos las mismas zonas erógenas con igual nivel de sensibilidad. Depende de cada persona.

La búsqueda de los puntos erógenos puede iniciarse por cualquier parte del cuerpo. Pies, párpados, brazos ante piernas, la nuca, el pelo y todo el resto de la superficie corporal están a la espera de ser explorados. El contacto y la estimulación de la piel es uno de los mayores componentes de la actividad sexual. Es muy importante aprender a acariciarse y a dejarse acariciar. No hay que concentrarse únicamente en las zonas erógenas comunes, ya que la piel está compuesta de una infinidad de puntos sensibles que hay que descubrir día tras día. Reiterando lo antes señalado: el cuerpo entero es una enorme zona erógena, aunque en algunos puntos las sensaciones son mayores que en otros.

 

Las zonas erógenas

El cabello

El masaje del cuero cabelludo produce un relajamiento muy placentero, por lo que resulta recomendable al comienzo y al final del acto sexual. Se sugiere utilizar los pulgares para dar a su pareja suaves masajes circulares. También masajee las sienes y el centro de la frente.

 

Los ojos

Los párpados masculinos y femeninos están repletos de terminaciones nerviosas que se excitan fácilmente. Los besos, los lamidos suaves con la lengua y las delicadas caricias con los dedos, producen sensaciones muy agradables y estimulantes.

 

Las orejas

Las orejas son partes del cuerpo muy sensibles, y en contra de la creencia general, las de los hombres suelen serlo más que las de las mujeres. Hay dos partes muy sensibles en los dos sexos: el lóbulo de la oreja y la parte trasera. Sin importar el sexo de su pareja, pruebe la siguiente técnica: introduzca la punta de su lengua en el interior de la oreja de su pareja sexual y trace circulitos. Después lama el lóbulo de la oreja y aprisiónelo entre sus labios, apretándolo suavemente. Puede repetir los movimientos y alternarlos con caricias en las otras partes de la oreja con su lengua y labios. También puede soplar un poco, detrás de la oreja. Si a estas caricias y mimos le añade una dosis de palabras cariñosas y de suaves susurros, seguro que derretirán de placer a su pareja.

La boca

La sensibilidad de los labios aumenta con la excitación, haciéndolos muy sensibles al roce y el agasajo de otros labios y otras partes del cuerpo. La lengua permite realizar suaves mimos en cualquier parte del cuerpo de la pareja y es, para muchas personas, el vehículo para obtener los juegos sexuales más sensuales y excitantes.

 

Cuello, nuca y hombros

Con las manos o la boca se pueden estimular estas zonas de especial sensibilidad produciendo placenteros escalofríos. En el caso de que su pareja sea un hombre, tendría que proceder con energía, ya que su piel en el cuello es más gruesa y, además, muchos hombres interpretan una boca agresiva como un signo de excitación. A mayor presión sobre el cuello masculino, más placer y excitación producirá.

Si tu pareja es una mujer, el consejo es besar, lamer y acariciar su cuello, y además, frotar y masajear con suavidad los hombros. Psicológicamente, la nuca transmite una sensación de confianza a quien recibe la caricia, y de ternura al que la lleva a cabo.

 

Pechos

El pecho del hombre responde sexualmente pero con menos intensidad que el de la mujer. Los senos de una mujer son muy sensibles sexualmente y se trata de un centro de placer sexual femenino. Los pechos pueden ser estimulados de muchas maneras. Pueden ser acariciados y masajeados, mediante besos, lamidos, etc. Pruebe esto: cubre todo su pecho de besos húmedos, de arriba a abajo y realice pequeños lametones. Sople la superficie húmeda. Esta alternancia entre frío y calor en el pecho resulta muy excitante (también en el hombre). Una práctica sexual muy estimulante para los dos, es la de masturbar al hombre mediante los pechos de ella, simplemente colocando el pene entre los dos pechos, y apretarlos de manera que el pene quede sujeto entre ellos y realizar movimientos verticales como en el coito. Esta forma de masturbación masculina con la pareja es muy excitante para muchos hombres y mujeres y es conocida con distintos nombres: cubana, rusa, etc.

Los pezones son extremadamente sensibles, tanto en los hombres como en las mujeres. Se pueden soplar, succionar, pellizcar suavemente o apretar entre los labios mientras se le dan ligeros toques con la lengua.

Brazos

Una estimulación manual suave en la zona axilar y la cara interna del antebrazo resulta muy placentera, pero siempre que se evite producir cosquillas. Si se producen cosquillas u hormigueo, la inmensa mayoría de las veces, la excitación se esfuma en un santiamén y el trabajo de estimulación —y no pocas veces también la disposición— se pierde. Como extensión, la línea mamaria requiere una estimulación muy suave.

La parte interna del codo resulta una zona erógena de carácter secundario y tiene utilidad en combinación con otras zonas, pero no de forma independiente.

Las manos tienen más de 40.000 terminaciones nerviosas esperando a ser estimuladas. Ponga la mano de su pareja sobre su boca y recorra la palma con sólo la punta de la lengua. Es una sensación inusual y muy excitante. Otra forma es trazar círculos desde adentro hacia afuera (en espiral) sobre la palma de su mano con sus dedos. Suba y baje por sus dedos con sólo las yemas de los suyos y acarícielos suavemente.

La receptividad nerviosa de los dedos es utilizada continuamente para sentir las texturas, formas y rugosidades de las cosas. Esta sensibilidad los convierte en un medio muy adecuado para sentir el cuerpo de la pareja.

 

Espalda

A los lados de la columna vertebral se localizan una serie de nervios que pueden estimularse de forma muy efectiva por medio oral o manual, siempre en sentido ascendente o descendente. Frente al hueso sacro (hueso situado en la parte inferior del espinazo, formado por cinco vértebras soldadas entre sí en el hombre y que, articulándose con los dos innominados, forma la pelvis) existe una zona más sensible que el resto, donde se juntan espalda y trasero.

 

Vientre

Responde muy bien a frotamientos y besos suaves. El área alrededor del ombligo es muy sensible en las mujeres.

En el hombre, el área que va del ombligo al pubis está repleta de terminaciones nerviosas. Para excitarlas, trace una línea vertical por ese camino, no sólo con las manos, también con la lengua y los labios. Lama, succione, y mordisquee. Puede trazar una línea horizontal a través del abdomen, de cadera a cadera.

 

Las ingles

Especialmente sensible en los hombres son las ingles, es decir, las partes del cuerpo en que se junta el muslo con el vientre. Recorra la ingle con los dedos y haga un suave masaje desde la cadera hasta el interior del músculo. Combínelo con besos en la cara interna del muslo. Recorre con los dedos todo el interior de la ingle en dirección a su pene hasta llegar a la parte inferior de los testículos. Presione el perineo varias veces. Esta técnica puede ser un excelente preludio al sexo oral.

 

Muslos

El muslo interior, donde la piel es más suave, es un área muy sensible que puede ser fuente de placer si se acaricia, lame o besa. Pruebe hacer frotamientos circulares.

 

Nalgas

Contienen muchas terminaciones nerviosas que pueden ser estimuladas con facilidad mediante pequeñas palmadas o fricciones. En las mujeres, funcionan mejor los masajes que las levantan y las abren que los que las aplastan y cierran. Si su pareja es un hombre, una vez excitado, puede volverlo loco de pasión golpeando pellizcando o masajeando su trasero. Si hacen el amor en la postura del misionero, aproveche y golpee suavemente sus nalgas, o bien estrújelas con fuerza. Acaricie uno de los puntos favoritos de los hombres, allí donde confluyen espalda y trasero. Use las dos manos.

 

Próstata

Es el llamado punto G masculino por las sensaciones tan intensas que produce. La única forma de llegar hacía esta glándula directamente es a través del ano, aunque puede estimularse también a través del perineo y esquivar la resistencia natural de los hombres a ser hurgueteados analmente.

Acceder a este punto es difícil para una persona sola, por lo que es mejor que la penetración la haga otra persona. Una vez bien lubricado, lo que se vaya a introducir (dedo, vibrador, dildo, consolador,…), métalo por el ano y presiona firmemente la pared frontal del recto.

El punto G se encuentra en la pared frontal, y tiene forma de nuez. Una vez encontrado el punto, masajee firmemente la zona en dirección hacia abajo.

Los orgasmos masculinos a través del punto G, dicen, que son más intensos, y que la eyaculación suele ser un chorro continuo, al contrario que las eyaculaciones por estimulación peniana que son a borbotones.

Muchos hombres no quieren realizar esta práctica y llegar a descubrir este punto por cuestiones de orden cultural (básicamente machismo). Piensan que van a perder masculinidad, que serán menos machos. Lo que es cierto, es que quienes lo han probado repiten, pues afirman que es una experiencia de lo más satisfactoria.

No obstante lo anterior, existen especialistas en sexualidad que discrepan de la eficiencia de experimentar con el masaje prostático, argumentando que, por una parte, no existe un punto más erógeno que el glande o bálano del pene y que una de las mejores formas de estimularlo es a través del sexo oral.

Aunque reconocen la existencia de este punto G masculino, sostienen que a través de su pulsión no se producen orgasmos porque la glándula prostática no tiene receptores de placer. Sin embargo, otros expertos señalan que al estimular esa zona lo que se hace es tocar los nervios que producen la erección y que pasan por allí. Agregan que el ano, en sí mismo, es una zona que posee muchos sensores que, con la estimulación, provocan placer.

Los especialistas que discordan o no convienen en las bondades y eficiencia de la estimulación del punto G masculino, piensan que es más estimulante la zona que está debajo de los testículos, es decir, el músculo bulbo cavernoso, que provoca también grados importantes de placer. Pero no sólo de "pan" vive el hombre. Aunque la productividad y eficiencia son importantes, una relación sexual es también el momento para "desperdiciar" tiempo, dedicación, caricias, mimos y comenzar a experimentar nuevas sensaciones, otros tipos de placeres orgásmicos, pues como dicen, en la variedad se halla el mayor disfrute.

 

De tal suerte que, así como el punto G femenino, el masculino también es una alternativa de exploración del cuerpo del otro, buscando las zonas que provoquen más placer donde todo depende de lo que ambos quieran. Lo mismo se puede afirmar respecto al sexo anal con las mujeres; es cuestión de gustos, en lo que, por supuesto, no hay nada escrito ni prohibido.

La única recomendación unánime es la higiene y usar algún tipo de lubricación (aceites, cremas, …) para no causar daño o heridas. Recuerde que en un coito la vagina es una mucosa que se auto lubrica para permitir la entrada del pene, proceso que no se produce en el conducto rectal. Usar un preservativo también es una buena idea

 

 

Ano

De gran sensibilidad tanto en el hombre como en la mujer. Se puede estimular mejor con suaves movimientos circulares con la yema de un dedo o con la punta de la lengua.

 

Perineo

La zona comprendida entre los órganos genitales y el ano es muy sensible a la estimulación y de la cual disfruta poca gente. En el caso de la mujer, esta zona reacciona muy bien a la presión moderada de los dedos o a las caricias circulares. En el caso del hombre, es más sensible aún, debido a que bajo la piel de encuentra la próstata, el llamado punto G masculino antes abordado en extenso. Presione fuertemente con sólo uno o dos dedos sobre la piel que hay detrás del escroto. No lo haga más de un segundo. Repita varias veces. La combinación de la estimulación del perineo, a la vez que se practica sexo oral, resulta extremadamente placentera. La razón es sencilla: estimular dos o más zonas erógenas a la vez, produce más cantidad y multiplicidad de placer.

 

Pies

Los pies están llenos de terminaciones nerviosas que proporcionan sensaciones muy placenteras. Haga lo que le haga en los pies, procure no hacer nunca cosquillas si es que no quiere perder la excitación en un abrir y cerrar de ojos, en un pispás. Para empezar, puede darle suaves masajes en la planta de los pies, empezando por el tobillo y bajando hasta los dedos. Estire y haga masaje en cada dedo. Termine con un masaje en el puente del pie. Evidentemente, aparte de un masaje, puede atreverse con juegos más sensuales, como chupeteos, lametones, pequeños mordiscos, etc. Un juego sexual que puede resultar muy satisfactorio para los dos, es el de usar los pies para jugar con los genitales de la pareja. Eso si, siempre hay que actuar con mucho cuidado ya que con los pies existe menos motricidad fina y gruesa, tacto y control que con las manos.

 

Los genitales

Un punto especial merecen los genitales de ambos sexos, ya que contienen el mayor número de terminaciones nerviosas sensitivas y la estimulación de estas áreas produce las sensaciones sexuales más potentes.

 

Los genitales de la mujer

El clítoris

Es la parte más sensible sexualmente del cuerpo de la mujer y la más fácil de estimular. Debe hacerse suavemente y sin precipitación, para que no resulte molesto. Se debe evitar tocar el clítoris si esta seco, por lo tanto, lubrique con saliva tus dedos antes de tocarlo. La estimulación del clítoris con el extremo del pene erecto del compañero es una sensación extremadamente placentera para muchas mujeres.

 

La vagina

La entrada de la vagina es rica en terminaciones nerviosas y reacciona con intensidad a toda clase de caricias. Los labios menores de la vagina son mucho más sensibles que los mayores, sobre todo a lo largo de la superficie interior. En la pared frontal de la vagina se encuentra el denominado punto G, terriblemente sensible a la estimulación erótica. Un divertido juego sexual que pueden practicar todas las mujeres a solas o con la pareja es la búsqueda exacta del punto G.

El punto de Gräfenberg (punto G) es una zona sensible que se percibe a través de la pared anterior o superior de la vagina. Los investigadores sexuales Dr. John Perry y Dra. Beverly Whipple la denominaron Punto G (G Spot), después que el médico alemán Dr. Ernst Gräfenberg la describiera en el año 1950. Sin embargo, Aristóteles ya hablaba de la existencia de una especie de eyaculación femenina, fuertemente relacionada en la actualidad con la existencia del Punto G. Asimismo, en Oriente, los tántricos lo conocen desde muchos años.

Mary Jane Sherfrey, Helen Singer Kaplan, Lonnie Barbach, William H. Masters y otros investigadores de la vida sexual occidental fueron los pioneros del descubrimiento de Gräfenberg. Según los expertos en el tema, el punto G puede sentirse a través de la vagina, a mitad de camino entre la parte posterior del hueso púbico y el cuello del útero, y se detecta como una pequeña protuberancia que se hincha, agranda —hasta alrededor de un centímetro de diámetro— y palpita cuando la mujer está excitada y mientras es estimulada. Al principio, cuando se lo toca, muchas mujeres dicen que sienten como la necesidad de orinar, a pesar de que la vejiga esté vacía. Después de 2 a 10 segundos de estimulación la reacción inicial se reemplaza, en algunas mujeres, por una fuerte y distinta sensación de placer sexual. Hay mujeres que experimentan un orgasmo por la estimulación de esta zona y algunas expulsan un líquido proveniente de la uretra cuando perciben o "padecen" este tipo de orgasmo. El fluido emitido tiene aspecto lechoso, similar al producido en la próstata masculina: no es semen ni orina, no tiene olor, sabor ni mancha.

Para estimular el punto "G" es necesario que apoye el dedo suavemente y lo mueva de una forma rítmica, modificando el ritmo según el resultado obtenido. Para un mayor placer de la mujer puede estimular también el clítoris. Este tipo de caricia requiere de mucho tacto, pues la zona es delicada y susceptible de ser lesionada. El hombre o la pareja puede aumentar o reducir la presión y, con ello, hacer variar el grado de excitación de su compañera sexual. Por cuestiones de higiene, se recomienda que para efectuar este tipo de caricias las manos estén completamente limpias, las uñas bien cortadas y limpias, y no estaría de más utilizar un poco de crema, aceite lubricante y/o envolver el dedo en un preservativo para que resulte más suave.

La estimulación del punto G mediante el uso de un dedo o la lengua es posible gracias a la presión combinada de empujar el clítoris hacia abajo mientras se arquea la lengua o el dedo hacia arriba en un movimiento de llamada. El dedo o la lengua debe estar entre 2,5 y 7,5 centímetros dentro de la vagina para que dé resultado. Sin embargo, cada mujer puede necesitar una forma diferente de estimulación y su punto G —por causa de los partos o por razones de índole genético— puede estar en una posición distinta al rango reseñado precedentemente.

Las encuestas más recientes sitúan entre el 30 y el 54% a las mujeres que admiten experimentar este fenómeno orgásmico.

Las sensaciones obtenidas serán de menor intensidad que las del orgasmo vía clítoris, pero permitirán un orgasmo más rápido y aguanta una estimulación más intensa y más prolongada que también pueden ser simultaneadas con la estimulación del clítoris y otras zonas erógenas. Pero, como ya se indicó antes, es una zona muy delicada, por lo que se debe ser muy precavido y tener mucho tacto, sobretodo, al principio de la manipulación.

 

La estimulación del Punto G mediante la introducción del pene resulta difícil si no se ayuda con la estimulación manual, especialmente en aquellas mujeres que tengan la vagina distendida por los partos. Por su posición y por la forma habitual del pene, las posturas más adecuadas para el coito, cuando se pretende estimular esta zona, son aquellas en las que la mujer está encima del hombre o es penetrada por detrás.

 

El punto A, el punto U y el punto K

Si bien el punto A o punto AFEZ (Anterior Fornix Erotic Zone) se descubrió hace 10 años atrás, durante una serie de experimentos llevados a cabo por parte de científicos asiáticos y vinculados a la sequedad vaginal, no hace mucho que ha comenzado a sonar en el mundo de la sexología.

El estudio de estos asiáticos afirmaba que el 95% de las mujeres se excitaban al estimularles esta zona y que incluso varias de estas féminas llegaron a obtener su primer orgasmo o el más intenso, cuando exploraron el punto A.

Estudios realizados posteriormente dieron como resultado que sobre 193 mujeres, la estimulación del punto A les causó a 182 de ellas (94.3%) un placer muy intenso.

Este punto A estaría ubicado en la misma pared vaginal, pero más atrás, a medio camino entre el Punto G y el cuello de la vagina. De acuerdo con un grupo de investigadores, la estimulación del Punto A produciría: mayor, más rápida y prolongada lubricación; mayor excitación y múltiples orgasmos,

¿Cómo llegar al punto A?

Según las investigaciones, para llegar al punto A, las posiciones que más favorecerían su estimulación durante la penetración serían:

 

La mujer boca abajo y el varón detrás de ella.

La mujer sentada en el borde de la cama y él arrodillado delante.

La mujer en la llamada posición "del perrito" o "a cuatro patas".

En el intento por suponer que las mujeres necesitan más y más puntos de placer para alcanzar el orgasmo más rápidamente o más intensamente, se habla también del Punto U y del casi inaccesible Punto K.

La mujer posee una pequeña zona productora de excitación sexual intensa, que no siempre es estimulada. Es el Punto U, otra fuente potencial de placer.

Durante el juego previo y el acto sexual, toda la zona genital femenina es una fuente potencial de excitación y placer.

No debería sorprender, entonces, que la uretra —localizado entre el clítoris y el comienzo de la vagina— tenga también un potencial orgásmico propio.

Algunas mujeres podrían estar ya familiarizadas con este área de placer, gracias a la masturbación. Pero el Punto U es bastante particular, pues al corresponder a una pequeña área necesita ser estimulada con una firme presión (a diferencia del clítoris, que permite otros tipos de estimulación), aunque esto depende, como siempre, de las particularidades de cada mujer. La experimentación será clave con este punto.

El empleo de las técnicas orales durante la experimentación también será determinante. La mujer debe expresar a su pareja cómo se siente ante las diferentes técnicas y animarlo(a) para ello.

Para experimentar el placer con la técnica oral, la pareja puede acercarse suavemente o ser más directo. Con los labios menores separados, puede pasar la lengua suavemente por el área uretral o, para un estímulo más directo, puede usar su barbilla, para frotar el área.

El acto sexual no es el modo más seguro para el estímulo del Punto U, pero algunas posiciones serán de mayor ayuda. Cualquier posición donde el hombre pueda frotar su pelvis contra el área del clítoris de ella, aumentará las posibilidades de estimulación del punto U y de obtener un orgasmo.

El Punto K, por otra parte, fue descubierto por la estadounidense Barbara Keesling en 1998 y quedaría en la zona final de la vagina, casi llegando al cuello del útero. Debido a que en la mayoría de los casos es casi inaccesible, no ahondaremos en él, pues sólo queda en el ámbito casi de la utopía. No es el caso del punto A, que si se descubre, puede llevarle al clímax más pronto que tarde.

 

Los genitales del hombre

Los testículos

Son extremadamente sensibles. Pueden estimularse con la lengua, mediante suaves lamidos, o manualmente, mediante caricias. Siempre hay que ir con cuidado y no dar toques bruscos ni golpes.

El pene

Es la zona más sensible de un hombre y, por lo tanto, donde recibe las sensaciones más intensas, potentes, vivas y placenteras, agradables, deleitosas. Todo el pene es muy sensible, pero hay dos partes que lo son extremadamente:

El glande, bálano, o cabeza del pene, es extremadamente sensible, sobretodo en su extremo (la corona) ya que es particularmente rico en terminaciones nerviosas.

El frenillo o el ligamento que sujeta el prepucio al bálano. También es llamado el punto V del hombre.

Debido a la extrema sensibilidad de estas dos partes del pene, la mejor forma de estimulación es la oral, ya que el contacto con la lengua es mucho más suave que con las manos o los dedos. Se pueden dar pequeños golpecitos con la punta de la lengua y suaves lamidos, describiendo circulitos encima, alternando con pasadas verticales y horizontales. En caso de que se usen los dedos o cualquier otra parte del cuerpo u objeto, hay que tener la zona bien lubricada para que el contacto sea suave.



© Anónimo

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