Este relato lo publiqué hace ya unos años en ésta misma
página en 3 capítulos. Tras una revisión y corrección del mismo, me he decidido
a publicarlo nuevamente en "formato íntegro". Espero que no se aburran con su
lectura.
Soy el mayor de dos hermanos y le llevo 6 años a mi hermana
Ana. Cuando éramos críos, esa diferencia de edad dio como resultado que rara vez
jugamos juntos, aunque siempre nos llevamos bien. Yo me llamo Antonio, aunque en
la familia y los amigos me llaman Tony.
Cuando contaba con 18 años, marche de la casa familiar por
motivos de trabajo, teniendo que desplazarme a Madrid. Allí trabajé durante 3
años, hasta que finalmente me trasladaron a una pequeña ciudad próxima a nuestra
ciudad natal.
Pasaron los años y me casé. También mi hermana contrajo
matrimonio dos o tres años más tarde. Todo fue normal. Ella hacía su vida,
atendía su trabajo, su hogar, a su marido y a mi sobrina. Yo por mi parte al
igual que ella tenía mi vida. Nos veíamos realmente poco a pesar de la
proximidad. Ocasionalmente en los cumpleaños de nuestras respectivas hijas,
Navidades, algún fin de semana puntual en casa de nuestros padres, y alguna que
otra vez quedamos para ir a esquiar o a la playa.
Pero algo que es bastante común en nuestros días. Mi
matrimonio se rompió. Quedé viviendo solo con mi hija de 6 años (por decisión
judicial) en el hogar que había sido en mi matrimonio. Pocos meses después, le
sucedió lo mismo a mi hermana, siendo ella quien se hizo cargo de su hija de 7
años. Desafortunadamente mi hermana se quedo sin trabajo y pasó unos meses
agobiada por temer la pérdida de la custodia de su hija debido a la falta de
ingresos. A través de unos contactos míos, le encontré trabajo en la misma
población en la que yo residía, con lo cual sin pensárselo mucho, se traslado a
mi domicilio con mi sobrinita. La casa era más que suficiente pues contábamos
con un dormitorio para cada uno, a pesar de que las pequeñas optaron por
compartir una habitación con dos camitas.
Las niñas iban al mismo colegio y tanto mi hermana como yo,
trabajando, compartiendo gastos y tratando de educar a nuestras hijas como si
fuésemos un matrimonio normal, yo ejerciendo de padre y ella de madre, ayudando
en los deberes, compartiendo juegos y salidas con las pequeñas, pero aquí
terminaba todo parecido con un matrimonio convencional. Nuestra vida privada no
existía. No teníamos ligues ni escarceos amorosos ni nada por el estilo,
teniendo una vida sexual totalmente nula tanto ella como yo. Por la noche,
cuando las pequeñas se marchaban a dormir nos quedábamos solos viendo un rato la
tele o alguna película de video, charlando, contándonos nuestros problemas....
pero nunca tocábamos el tema del sexo. Así pasamos un año, dentro de la
monotonía cotidiana.
Finalmente llegó el verano, y nuestros padres vinieron a
pasar unos días con nosotros, y a disfrutar de sus nietas. Nos propusieron
llevarse a las niñas a su apartamento de la playa, ya que estaban de vacaciones
y nosotros aceptamos gustosos. También teníamos que contar con el periodo de
vacaciones que debían estar con nuestros respectivos "ex", y por tanto podríamos
contar con un mínimo de dos meses sin tener la responsabilidad de nuestras
respectivas hijas.
Al quedarnos solos en una casa tan grande y al ser un verano
sumamente caluroso, nuestra rutina cambió bastante. Para empezar cambió nuestra
forma de vestir, pasando a ser mucho más cómoda, informal y fresca. Yo siempre
andaba con un pantalón de deporte, bastante amplio y cómodo. Mi hermana, con
camisetas varias tallas más grandes que le llegaban a mitad de muslo,
permitiéndome poder apreciar la preciosa figura que tiene. Unas piernas
larguísimas y bien torneadas, con unos pechos proporcionales a su cuerpo, firmes
y nada de caídos a pesar de su maternidad. Su culito es capaz de fundir al más
pintado. Está con sus 39 años y como normalmente se dice, buenísima. El aeróbic
creo que tiene en parte la culpa, e indudablemente los genes, ya que en mi
familia nunca ha habido obesos. Por mi parte, yo tampoco me conservo mal, me
mantengo en forma y no tengo la denominada "curva de la felicidad".
El encontrarnos solos, y mucho más distendidos, comenzó a
provocar situaciones atípicas debidas a la relajación que teníamos. A los pocos
días de haberse marchados niñas con los abuelos, después de cenar nos pusimos a
ver una película en la tele. Era viernes y al día siguiente no teníamos que
madrugar. La película tenía alguna que otra escena de sexo que sin ser nada del
otro mundo y debido a nuestra situación, terminó por excitarnos. Yo me
encontraba en un sillón y con un pierna sobre el reposa brazos del mismo. Al
llevar puesto un pantalón de deporte muy amplio, mis atributos quedaron a la
vista desde la posición de Ana, quien se hallaba tumbada en un sofá. Al girarse,
su mirada quedó clavada en mi pene, que se encontraba bastante morcillón,
durante un buen rato. Cuando me percaté de su mirada, le pedí disculpas y
corregí mi posición y Ana dijo: "Vaya, después de casi dos años sin poder
alegrarme la vista, vas tú y me cortas el espectáculo"... La verdad en ese
momento no supe qué contestar. Ella también estaba excitada, ya que muy
disimuladamente se estaba acariciando un pecho con una mano y la otra la tenía
entre sus piernas, justo donde se unen. Fue en ese momento que por primera vez
la vi como una hermosa mujer y no como mi hermana pequeña.
Al día siguiente teníamos previsto acercarnos a pasar el día
con nuestras hijas y nuestros padres. En el coche surgió una conversación, en
principio intrascendental, pero que sería el punto de inflexión de nuestras
vidas futuras:
Ana, ¿es cierto que llevas casi dos años sin tener
relaciones? –pregunté
Sí tato, con una hija que requiere el poco tiempo libre
que tengo es difícil tener algún flirteo. Pero a todo se acostumbra una.
Imagino que tú tampoco.... aunque los hombres lo tenéis más fácil, siempre
podéis recurrir a las "profesionales".
¿Eso crees? – le dije... No me gusta el sexo por dinero.
Te deja insatisfecho y sin dinero jajajajajaja.
¿Cuánto tiempo llevas sin... sexo? – me pregunto
En esto te gano. Llevo dos años y medio largos sin estar
con una mujer. De vez en cuando, ya sabes, recurro a los "solitarios".
Sí ya, yo también pero no es lo mismo. Hasta me lleva
esta situación a tener sueños húmedos... muy húmedos.
¿Cómo podríamos solucionar nuestro problema? - me
pregunté en voz alta. – Ya no tenemos edad para salir de discotecas... me
siendo raro entre tanta cría.
Sí, es cierto. Me pasa lo mismo. –contestó Ana.
Además viviendo en una población pequeña en la que todos
nos conocemos, si haces algo inusual... es un mal royo.
Oye, después de cenar con los papás y las pequeñas, en
lugar de volver a casa como teníamos previsto... ¿Te parece que nos vayamos
de marcha? Igual con suerte uno de los dos o los dos nos podemos meter un
revolcón en la playa a la luz de la luna
Mmmmmm... no me parece mala idea. De ilusión también se
vive.
Va, no digas tontería, con lo buena que estás, esta noche
triunfas seguro.
Pues tú seguro que también. Eres el típico cuarentón de
"toma pan y moja" jajajaja.
Continuamos el viaje riendo y gastando bromas sobre el
posible revolcón que nos podríamos dar esa misma noche, cada uno por su
lado, para apagar nuestra fuego interno, hasta que llegamos al apartamento
de nuestros padres. Pasamos un día en familia las tres generaciones, tras la
cena y acostar a las pequeñas, nos despedimos de nuestros padres y partimos
hacia la aventura de re iniciarnos en las artes de la seducción, las cuales
teníamos sumamente oxidadas. Optamos por ir a un pueblo cercano, famoso por
su buen ambiente nocturno en la época estival. Tras tomas un par de copas en
unas terrazas, decidimos entrar en la sala de fiestas de un hotel, donde
pudimos comprobar que no desentonábamos con el resto del personal que había.
Ana, fue rápidamente a la pista y se puso a bailar, no sin antes indicarme
que quería un martíni bianco, su bebida favorita. Me dirigí a la barra me
pedí un "4 rosas" con hielo y el martini bianco para ella. Desde mi posición
vi como se le acercaron un par de tíos. No es para menos, estaba que se la
levantaba a un muerto. Con su camiseta de tirantes ajustada, sin sujetador y
un pantalón elástico acampanado de abajo (pata de elefante), que le marcaba
una figura maravillosa... si no hubiese sido mi hermana me hubiese lanzado
de cabeza a intentar ligar con ella.
Como media hora mas tarde Ana se acercó donde me
encontraba, y tras darme un beso en la comisura de los labios, de un solo
trago se tomó el martíni. Realmente tenía sed tras bailar un buen rato.
Pidió otro martín que también acabó rápidamente. Yo andaba ya por mi segundo
4 rosas dentro de la sala de fiestas. El alcohol ya comenzaba a darme el
puntito.
¿Qué tal esos maromos que se te han acercado? Le pregunté
Unos imbéciles. Me invitaban a una fiesta privada, a una
orgía o algo así. ¿Y tú? ¿Has ligado mucho? También ví que se te acercó una
rubia platino bastante exuberante.
Sí, pero llevaba un "colocón" de "coca" de impresión.
Vamos a bailar... Desde que tenía 16 años no hemos vuelto
a bailar juntos.
No recuerdo... ¿Dónde fue?
En unas fiestas mayores, venías tu solo y yo acompañada
por 4 amigas. Nos dejaron salir porque tú venías con nosotras. Jajajaja. Por
cierto ¿recuerdas a Merche? ... estaba enamoradísima de ti. Nos pidió
aquella noche que nos despistáramos para quedarse a solas contigo. Quería
perder ese día su virginidad.
.... y yo sin enterarme... ¿por qué no le hicisteis
caso?, a mi no me hubiese importado sacrificarme...
El problema es que las demás estábamos en la misma
situación pero ella fue la única con valor para confesarlo.
¿Tú también estabas enamorada de mí?
No digas tonterías "tato"... vamos a bailar.
Saltamos a la pista y tras unos instantes cambiaron los
ritmos y pusieron una música más pausada y romántica. Se abrazó a mi cuello, yo
ceñí su cintura entrando en contacto nuestros cuerpos, solo separados por la
fina ropa de verano que llevábamos puesta. Hacía tiempo que no estrechaba en mis
brazos a una mujer. Y me sucedió lo inevitable. Se izó el periscopio.
¡¡Tato, qué contento estas¡¡
Perdona, hace tiempo que no tengo a una mujer entre mis
brazos y...
¡Tonto! me encanta sentir algo duro ahí abajo... aunque
sea tuyo
Tengo que reconocer que si te miro como mujer estás
buenísima
Eso son los ojos con los que me ves. La verdad, si no
fuera por nuestro parecido físico, podríamos pasar por una feliz pareja,
ajajajajaja.
Sí, pero ese parecido nos delata. Nunca ha colado eso de
que "somos novios" que decíamos cuando salíamos de marcha antes de casarnos.
Una pena....
De forma instintiva nuestros cuerpos se juntaron más aún si
cabía. Mi herramienta estaba a su máxima extensión. Ana, trataba de encajarla
entre sus piernas cuanto podía. Nos estábamos frotando de tal manera, que bien
podía decirse que nos estábamos masturbando mutuamente. Mis manos, poco a poco
fueron bajando hasta que quedaron en su culo... ¡¡Dios, que duro lo tiene!! ...
se me había olvidado con quien estaba, solo sentía a una preciosa mujer entre
mis brazos, que ronroneaba como un gatita y que cada vez la notaba mas y mas
excitada, con su respiración más agitada y emitiendo leves grititos apenas
audibles por la fuerte música.
Mis manos buscaron la unión de su culito con las piernas y se
internaron en el canalillo hacia sus partes más íntimas. Ana hizo en ese
instante un movimiento pélvico buscando un mayor contacto con mis dedos. Noté lo
mojada que estaba ya que le traspasaba la ropa del pantalón. Estaba muy
caliente. Salí de mi ceguera en el momento que me apretó con sus brazos con
fuerza en el cuello y emitió un ¡aaahhhhh! profundo e intenso, con el corazón
tan acelerado que se lo notaba perfectamente en las palpitaciones de su cuello y
la respiración entrecortada...
¡Vaya!... ¿has disfrutado? -le dije.
No digas nada por favor... y ni se te ocurra quitar tus
manos de donde están...
Como quieras pero...
¡No digas nada por favor, ahora no! ... déjame disfrutar
este momento... lo necesito – me interrumpió.
Así estuvimos siguiendo la suave y melódica música durante
veinte o treinta minutos más. Sencillamente me sentía muy feliz pegado a su
cuerpo, oliendo su aroma tan familiar y al mismo tiempo tan nuevo para mí. A lo
largo de esos minutos, Ana dejó de ser para mí mi hermana pequeña que siempre
había sido. Ahora estaba, con toda una mujer, sin ser consciente de las
consecuencias que un rato de baile con ella nos tenía que acarrear.
Tato, ¿nos tomamos una copa y nos vamos? Tengo mucha sed.
Muy bien cariño, tú mandas.
Partimos de la pista hacia la barra cogidos de la mano. De
forma automática, pedí un martín "bianco" para ella y otro "4 rosas" con hielo
para mí. Nos lo tomamos sin hablar, con un cierto nerviosismo casi sin mirarnos.
Una vez apuradas las copas y abonada la consumición, nos cogimos nuevamente de
la mano y nos dirigimos hacia la salida. Cuando llegamos a la calle, la tomé por
el hombro y Ana me ciñó la cintura abrazándome con ambos brazos apoyando su
cabeza en mi hombro.
Tato, ¿Estas en condiciones para conducir?
No, la verdad es que me encuentro un poco mareado. He
bebido un poco más de lo aconsejable.
¿Vamos a la playa a que nos dé el aire y nos despejemos
un poco?
Me parece muy bien.
Cuando llegamos a la solitaria playa, anduvimos paseando un
buen rato, mirando el batir de las suaves olas, las estrellas y las luces del
pueblo ya un poco lejanas. Paseábamos en silencio, meditando lo acaecido en las
últimas horas.
Ana, ¿Nos sentamos?
Sí, me apetece tumbarme un rato en la arena. Hace una
noche muy agradable.
Se dejó caer de espaldas, con los brazos estirados por encima
de su cabeza mientras daba un profundo suspiro con los ojos cerrados y yo
realicé prácticamente el mismo movimiento al mismo tiempo.
Transcurridos unos minutos, en los cuales nos relajamos un
poco sintiendo la fresca brisa marina, miré a mi hermana apreciando el bonito
perfil de su rostro y de su figura
Ana –
Mmmmm?
¿No te has dado cuenta o lo haces a propósito? -le
pregunte
¿El qué?
Tienes tus pechos al aire
Bueno, así están fresquitos con la brisa. ¿Te molesta?
–me contestó sin tan siquiera abrir sus ojos.
Personalmente no me importa en absoluto... Me está
gustando mirarlos... los tienes excitados...
Me gusta que me mires y... –dijo sin terminar la frase.
... ¿Y?
Es una locura todo lo que estoy pensando.
Un euro por tus pensamientos –le dije tras unos instantes
Tony, es una locura, ya te lo he dicho, no vale la
pena...
¿Que tengamos los mismos pensamientos los dos? –la
interrumpí.
¿Crees que tenemos los mismos pensamientos? –me preguntó
Ana, en estos momentos, tal como estamos, con las copas
que nos hemos tomado... estoy seguro que estamos pensando en lo mismo.
Sí, pero... ¿después?... ¿mañana? ... ¿el mes que viene?
Buscaremos una solución al problema si es que existe tal
problema...
Y sin acabar totalmente la frase mi mano derecha se posó en
su pecho izquierdo y mi boca fue directamente a su pecho derecho
¡Aaaaahhh! - exclamó mientras una corriente eléctrica
interna estremeció su cuerpo
¿Esta es la locura que tenías en tu pensamiento? -
pregunté
Sigue por favor.... Diooosss, que ganas teníaaaa... sigue
Obedecí sus órdenes de forma inmediata. Sus pezones
instantáneamente se endurecieron y crecieron mientras sus caderas realizaban
movimientos rítmicos como si estuviera haciendo el amor... mi mano derecha,
descendió suavemente por su cuerpo hasta localizar el elástico del pantalón.
Lentamente, deslicé la mano por dentro del pantalón, con tan buena fortuna, que
al mismo tiempo también salvé el elástico de su braguitas, alcanzando su pubis
el cual estaba totalmente depilado.
Sigue, sigue por favor... aaaahhhh... no pares sigueeeee
– susurraba con voz entrecortada.
Pronto alcancé sus labios, que rezumaban abundantemente
líquidos por la enorme excitación en la que se encontraba. Yo no me quedaba a la
zaga precisamente. Mi pene se encontraba en su máximo apogeo, palpitando al
mismo ritmo de mi corazón, bastante acelerado en esos instantes.
Ana, alcanzó un tremendo orgasmo apenas rocé su clítoris con
la yema de mis dedos, cerrando bruscamente las piernas y aprisionándome con
ellas mi mano, que quedó totalmente empapada por la cantidad de flujos que
generó en su clímax.
Tardó unos instantes en recuperarse y volver un poco a la
normalidad. Cuando así ocurrió, sin mediar palabras tomó mi cara con sus manos y
me besó de una forma casi salvaje, con una pasión y un deseo acumulado durante
meses y que necesitaban salir al exterior.
Vamos a casa - Ordenó, levantándose al mismo tiempo y
tirando de mi mano para que siguiera su iniciativa. ¿Cuánto tardaremos en
llegar?
Mas o menos una hora, depende si volvemos por la
carretera o por la autopista.
Por donde antes podamos llegar
Entonces por la autopista pero, ¿por qué tanta prisa?
¿No te has dado cuenta de lo que ha pasado? Me contestó –
tú y yo, ya no somos hermanos. A partir de ahora... somos pareja, amantes,
marido y mujer, ¿No deseas poseerme? ¿No quieres follarme como un loco?...
Si no estamos follando ahora como conejos es sencillamente porque prefiero
que hoy sea nuestra noche de bodas. Perdóname, sigo siendo un clásica y...
sí, estaba enamorada de ti y ese fue el motivo por el que no te dejé a solas
con la zorra de Merche.
Sinceramente, en esos momentos no supe que contestar. Mi pene
explotaba, tenía ganas de vaciarme, y mi cabeza era todo un torbellino de
sensaciones. Sus preguntas me retumbaban en mi interior y lo mejor de todo es
que todas las contestaciones fueron SI. Me he dado cuenta de lo que hemos hecho,
deseo poseer a mi hermana, hacerle el amor como un poseso, llevar a cabo todas
mis fantasías sexuales con una mujer de bandera como es Ana.
Llegamos al coche, subimos y sin mediar palabra enfilamos
hacia la autopista. Si no hay problemas, ni mucho tráfico en unos 40 minutos
podríamos estar en casa. Cruzamos el peaje de entrada y de forma automática me
puse a circular a velocidades de vértigo. Si me "caza" la policía de carretera
con su radar, me retiran el permiso de conducir por unos cuantos meses. Ana,
pasó al asiento trasero y a través de un acceso al maletero, accedió a su bolso
de viaje, de donde sacó una minifalda, que mas parecía un cinturón un ancho. Ví
por el retrovisor que prescindía de su tanguita. De forma muy hábil, con un
pañuelo grade de seda, y un anillo, se confeccionó un top, totalmente
transparente que se anudó al cuello y a la espalda a la altura de sus pechos,
quedando todo su vientre al aire. Al pasar nuevamente al asiento delantero, me
dio todo un espectáculo mostrándome su culo y su coñito totalmente depilado y en
todo su esplendor. Mi erección fue instantánea ante esa sublime visión.
¿Desde cuando lo llevas depilado? -Le pregunté
Desde mi separación. Me lo hice permanente, con láser.
¿Y eso? ¿Qué idea te dio?
Que pasa, ¿no te gusta? Me dijo al mismo tiempo que,
abriéndose de piernas se subió la faldita.
Ana, no me hagas eso... vamos a 210 km. /h. Y no me
quiero distraer...
Vaya, pues por lo visto mi cosita no te ha dejado
indiferente... vamos a ver qué tenemos por aquí.
Ana por favor, no... Es peligroso, déjame –dije, mientras
ella me bajaba la cremallera del pantalón y desabrochaba los botones,
desplazando hacia abajo el calzoncillo y dejando al descubierto mi falo, en
un estado de erección considerable.
Muy bien tato, no esperaba menos de un miembro de nuestra
familia. Seguro que lo sabes utilizar muy bien.
Mientras decía ésta últimas palabras, bajó su cabeza y
comenzó a hacerme una mamada sensacional... Dios mío como movía la lengua, como
utilizaba sus labios, suaves, húmeros y carnosos... Me estaba dando un placer
increíble. No tardaría mucho en eyacular si seguía a ese ritmo... Trataba de
concentrarme en la carretera, pero cada vez tenía más dificultad. Vi un cartel
de un área de descanso a un kilómetro... no sé si aguantaría... cuando Ana notó
que el vehículo deceleraba, preguntó
¿Qué haces?
Parar en un área para... - Sin dejarme terminar la frase,
y volviendo a su "faena bucal", estiró su brazo y empujó mi pié sobre el
acelerador, obligándome a continuar a la misma velocidad.
Me encontraba en la gloria ciertamente, y ahora sí, estaba a
punto de eyacular, no aguantaba más, y así se lo dije. Como si no hubiese
escuchado nada de lo que decía, continuó con su mismo ritmo durante unos
instantes y....
AAAAAAYYYYY. PERO ¿QUÉ HACES? ¿TE HAS VUELTO LOCA? – Le
dije con un fuerte dolor en los testículo tras habérmelos apretado muy
fuerte para cortar de forma drástica mi corrida antes de que empezara.
Perdona que te deje así, pero en cuanto lleguemos a casa,
quiero bañarme con tu lechada. Es una forma de acumularla, ¿sabes?
Pues podrías saber una forma de hacerlo menos dolorosa...
me has puesto como una moto y me he quedado con las ganas...
Tranquilo cielo... tendrás tu recompensa te lo aseguro.
¿Sabes? Lo que te he hecho, jamás se lo hice a mi ex.
¿Mamársela con el coche en marcha? No me extraña...
No. Jamás he usado la boca con ningún hombre. Y tenía
ganas de hacerlo.
¿Nunca?
Nunca. Mi virginidad bucal ha sido tuya. Y te aseguro que
no será la única virginidad que me hagas perder. ¿Cuánto falta para llegar?
Unos quince minutos más o menos...
Pues acelera si no quieres llevar el coche a limpiar la
tapicería de mi asiento. Dios, estoy chorreando...
Unos diez minutos más tarde llegamos a casa y metí el coche
directamente en el garaje. Ana salió rápidamente abriéndome la puerta y tirando
de mi brazo casi me sacó arrastras, abrazándome por el cuellos con sus brazos
dio un saltito y me ciñó la cintura con sus piernas, quedando su sexo apoyado
directamente sobre el mío, ya que al quedar de pié, mi pantalón cayó hasta los
tobillos y mi pene se encontraba pletórico y por fuera de los calzoncillos. Como
una auténtica experta, y con un movimiento de sus caderas, se introdujo
profundamente mi sexo en su vagina, que estaba totalmente encharcada. En esa
posición, comencé a caminar no sin cierta dificultad hacia el interior de la
casa. Ana no paraba de moverse mientras nuestras bocas estaban unidas con una
pasión frenética, casi animal, realizando una auténtica lucha de lenguas.
Mientras caminaba Ana seguía follándome con desesperación, con unas
penetraciones profundísimas y debido a la posición, a través de la punta de mi
pene notaba a la perfección como golpeaba en lo más profundo de su vagina. A ese
ritmo, y con el enorme placer que esta sintiendo, no pesé que pudiera llegar al
salón de la casa sin correrme.
Entrando en el salón de la casa, la dejé apoyada sobre su
culo en la mesa poniéndome sus piernas apoyadas en mis hombros, continuando con
un bombeo frenético, mientras ambos dejábamos escapar gritos y bufidos de
auténtico place. Sus contracciones vaginales sobre mi pene y un grito que debió
escuchar todo el vecindario, me indicó que su orgasmo había llegado, iniciando
en esos instantes mi descarga de semen en lo más profundo de su ser. Eva cayó de
espaldas a lo largo de la mesa, con los últimos estertores de nuestros
respectivos orgasmos. Me dejé caer sobre su cuerpo y besé sus labios suavemente,
con todo el amor con que fui capaz de transmitirle.
Mi sexo, que no había perdido su consistencia en ningún
momento, aún seguía en su interior... Dios mío que delicia sentir como con sus
músculos vaginales apretaba mi polla, totalmente lubricada con nuestros
respectivos efluvios sexuales.
Tras unos instantes me incorporé para tomar a Ana en mis
brazos, y como si de dos recién casados en su noche de bodas se tratara, me
dispuse a llevarla al dormitorio que a partir de ese momento, se iba a convertir
en nuestro lecho conyugal.
Llevándola en brazos hacia nuestro lecho, me permitió
embriagarme de su aroma, de ese olor a mujer que desprendía y que de forma
inexorable penetraba en todo mí ser. Nunca había tenido los sentidos tan
sensibles como desde esos instantes. Su cabeza apoyada en mi hombro y sus brazos
abrazándome erizaban mi piel. Hasta el peso de su cuerpo me parecía liviano,
ligero como una pluma...
Llegamos al dormitorio y la deposité sobre la cama besándole
los labios suavemente. Quedamos abrazados durante un buen rato, sin decir nada,
sin movernos, casi diría que sin pensar, solamente disfrutando de esas nuevas
sensaciones que nos llenaban todos los sentidos.
Haciéndome girar y colocándose encima de mí, comenzó a jugar
con mis cabellos de la cabeza de forma muy suave y sensual... He de decir que
esa es una de mis debilidades y creo que ella lo sabía desde hacía mucho tiempo,
desde que éramos niños.
Tato, ¿te has dado cuenta del paso que hemos dado? - Me
interrogó
Aún no lo tengo asimilado ni me he puesto a analizarlo,
pero... Las nenas, ¿cómo podrán tomárselo si ven que nos acostamos juntos?
... Esa es la única cuestión que me empieza a preocupar, porque ahora y
desde hace unas horas, tu y yo hemos dejado de ser hermanos...
Sí lo sé y no me arrepiento. He de confesar que siempre
he estado enamorada de ti. Las niñas no me preocupan, creo que podremos
convencerlas con relativa facilidad de que es algo normal, ya casi se
comportan como dos hermanitas y seguramente serán capaces de guardar nuestro
secreto familiar. Pero de momento tenemos casi dos meses por delante para
planificarlo todo bien ¿no? ... Me daré una ducha, porque llevo toda la
espalda llena de arena aún... ¿me acompañas?
Ahora mismo iré... vete preparando el agua por favor.
Me quedé tumbado en la cama, pensativo en el problema que se
nos avecinaba... Pero la imagen grabada en mis retinas del cuerpo desnudo de
Ana, de sus pechos de su culo, sus piernas... Dios mío que pedazo de mujer ... y
con un problema añadido ... mi erección que no disminuía ... tras un orgasmo
intensísimo y una eyaculación inmensa seguía como al principio duro como una
piedra y sin visos de que mi "ánimo" decayera. Demasiado tiempo sin sexo...
Tony, el baño está preparado... ¿quieres venir? ... Estoy
impaciente. - Me llamo Ana
Me levanté de la cama como si un resorte me hubiese empujado,
y al entrar en el baño, Ana me recibió con su risa cantarina y una mirad de gata
en celo que me erizó la piel.
Vaya, vaya cielito, por lo que veo... necesitas mucha más
acción para que tu polla se quede un poco relajada... ven, me gusta sentirme
culpable de tu "situación"...
Tomándome el miembro totalmente erecto con su mano y
produciéndome un cosquilleo de lo más agradable, me condujo al interior de la
bañera donde ella se encontraba sumergida como una Diosa del Olimpo,
llevándosela directamente a su boca e introduciéndose mi polla hasta sentir sus
carnosos labios rozando mi pubis.
Mmmmmmm, como me gusta tu sabor... no me cansaría nunca
de notarlo en mis papilas... sencillamente deliciosa - dijo continuando con
su labor bucal sobre mis genitales.
El placer era inmenso, delicioso... Yo tampoco me canso de
sentirlo ... Dios notaba como mis testículos se cargaban y se preparaban para
una corrida brutal ... Me encontraba en el séptimo cielo ... su lengua jugando
con la puntita, a lo largo del frenillo, con la presión justa de sus labios,
deliciosamente húmeda su cavidad bucal ... Sin previo aviso, tomó el teléfono de
la ducha y abrió el agua caliente llenándose la boca y volviendo a introducirse
mi pene en su boca .... Fue superior a mis fuerzas y a mi sentido del placer ...
ese brusco cambio de temperatura, terriblemente agradable me provocó una
eyaculación feroz e instantánea, sin tiempo a avisarle del evento ... la miré
con unos ojos de disculpa por haberme corrido en su boca ... y Ana me devolvió
la mirada con una expresión de amor indescriptible al mismo tiempo que tragaba
toda la mezcla de agua y semen que tenía en su boca, continuando con la felación
hasta que, sin fuerzas en mis piernas me clavé de rodillas tomando su preciosa
cara con mis manos, la besé en los labios con todo el amor que fui capaz de
transmitirle.
Gracias mi vida – fueron mis palabras...
Gracias a ti por hacerme tan dichosa – me contestó - Por
cierto, sabes que soy muy clásica en algunas cosas. No me vas a tener hasta
que no hagamos un ritual, tu y yo solos... ésta noche... no quiero dejar
pasar ni un minuto más...
¿Qué quieres hacer?, cuando te pones así....
Quiero que vayas al otro baño y te duches allí, te
afeitas, te perfumas y cuando termines te pones el mejor traje que tengas,
como si fueses a asistir a una cena de gala. ¿Me da ese capricho por favor?
Sí, claro, no sé que pretendes, pero no me importa... te
complaceré en todo lo que me pidas...
Bien pues ya puedes marcharte. Cuando estés arreglado
totalmente, me avisas. Yo estaré en la "habitación de invitados". Esta noche
la utilizaré por última vez. Y me esperas en el salón. ¿Quieres?
Siguiendo sus instrucciones, marché al baño del pasillo,
donde procedí a darme una buena ducha, afeitarme y perfumarme. Me percaté que mi
pene, estaba algo más relajado, aunque en estado morcillón como normalmente se
dice... Con mi ex, nunca, y digo nunca había logrado tener dos orgasmos en un
plazo de poco más de una hora. Realmente fue un fracaso mi vida sexual con ella.
Envidiaba a los compañeros de trabajo que se jactaban de las folladas que metían
con sus esposas... sexo oral, vaginal y anal, por ese orden. Y la mía... bueno
mejor olvidarme... Si nos divorciamos fue por algo y entre otras muchas cosas
éste tema, el sexual,
Pasé al vestidor, donde tenía toda mi ropa ... elegí un
elegante traje, azul merengo, un camisa blanca y una corbata color granate,
finalmente unos calcetines negros tipo ejecutivo y zapatos negros tipo mocasín.
No me gustan los zapatos con lazos.
Salí a buscar a Ana, llamé a la puerta y escuché su voz
diciendo:
Ya casi estoy cariño, por favor espérame en el salón.
Solo serán unos minutos.
Bien, allí estaré impaciente. Quiero saber cual es tu
sorpresa.
Jajá – sonó su cantarina risa.
En el salón me preparé una copa de coñac con hielo. Me hacía
falta. Mi imaginación empezó a funcionar imaginando que Ana se presentaría con
algún conjunto erótico de lencería, de esos que tanto nos gustan a los hombres,
medias, liguero, sujetador reducido a mínima expresión, quizá un tanga de
vértigo ... Me estaba excitando muchísimo y mi polla estaba ya presionando la
cremallera del pantalón. Menos mal que éste era amplio y podría disimular la
erección bastante bien, y con la chaqueta, pasaría desapercibido. Bueno, qué más
daba, hacía tan solo media hora la tenía en su boca, con agua caliente... Dios,
me estaba poniendo como una auténtica moto...
Tony ¿Estás preparado? – sonó sensualmente su voz desde
el fondo del pasillo.
Sí cariño, estoy impaciente por ver tú...
Y tras unos instantes en los solamente oía los tacones de sus
zapatos sobre el parquet que se me hicieron agónicamente largos, realmente me
sorprendió... Vaya si me sorprendió. Me quede boquiabierto, cuando apareció por
la puerta del salón... Estaba sencillamente maravillosa vestida de novia ... un
maravilloso vestido de novia, de un color marfil, perfectamente ajustado a su
busto, a su cintura, a su vientre, a sus nalgas , dejando ver sus rodillas por
delante y arrastrando la cola por la parte de atrás. Radiante, espléndida,
maravillosa, el sueño de cualquier hombre ver así a su novia, mi novia, mi
futura esposa...
Tony, pensarás que soy una descarada por pedírtelo así,
pero... ¿Quieres ser mi esposo? ....
Sí, quiero, sí lo deseo... y tú Ana, ¿Quieres ser mi
esposa?
Sí quiero. Dios mío pensé que nunca llegaría este día. Me
dijo con lágrimas en sus ojos....
Lanzándonos el uno hacia el otro, nos fundimos en un abrazo y
lo rubricamos con un beso, muy sensual, con muchísimo amor, con muchísima
pasión, con muchísimo deseo acumulado a lo largo de nuestras vidas...
Tony, a partir de éste mismo instante, ante Dios y ante
los hombres, a todos los efectos y con todas sus consecuencias, somos marido
y mujer.
Y a quien no le guste peor par él. Le contesté al mismo
tiempo que volvíamos a fundirnos en un nuevo beso.
Sin separar nuestros labios en ningún momento, volvía a
tomarla en mis brazos y me encaminé hacia el que iba a ser a partir de ese mismo
instante nuestro dormitorio, ya como matrimonio.
Apenas sin hablar, solo acariciándonos, descubriendo aún
rincones de nuestros cuerpos nunca rozados por nuestros dedos, nos fuimos
despojando poco a poco de nuestra respectiva ropa. Levanto sus brazos por encima
de la cabeza y con un suave movimiento de sus caderas, hizo que se deslizase el
vestido de novia hasta sus pies, y fue cuando pude ver a mi esposa luciendo un
conjunto de lencería que podía hacer enloquecer a cualquier hombre, volverle
loco de lujuria... De las mismas tonalidades que el vestido de novia (que por
desconocía de donde lo había sacado, ya que no era el de su boda anterior),
estaba compuesto por un sujetador, sin tirantes, que apenas le cubrían los
pezones y que hacía que sus pechos fuesen voluptuosos y muy apetitosos, como
para perderse en ellos, ceñido a su cintura un portaligas a juego, con encajes
casi transparentes que cumpliendo con su cometido, sujetaban un medias, de igual
color y con destellos brillantes que hacían destacar sus largas, bonitas y bien
torneadas piernas, cubriendo sus pies con una zapatos también de color crema y
con unos tacones dignos de admiración de cualquier fetichista . Por último su
depilado pubis estaba apenas cubierto por diminuto tanga que en su parte
posterior dejaba su precioso culo sutilmente delimitado por el portaligas.
Sencillamente estaba para saltar sobre ella y devorarla sin compasión.
Tony mi vida, ¿puedes decir algo y borrar esa expresión
de...? no sé tienes una expresión extraña...
Ana, deja mi expresión como está, es de admiración, de
deseo, de amor, de cariño, de adoración ... tu y tu cuerpo os merecéis eso y
mucho mas ... tan solo déjame admirarte, permíteme disfrutar de la sorpresa
que me prometiste y que no ha dejado ni un instante de asombrarme pues nunca
me paso por la imaginación y...
Deja de decir tonterías y fóllame como solo tú sabes
hacerlo ... cuando veníamos de la playa te dije que solo me habías quitado
mi virginidad bucal y estoy en ebullición esperando que me quites el único
virgo que me queda ... El de mi vagina lo perdí con el capullo de mi ex.
Ojalá hubiese sido lo suficientemente valiente para echarme a tus brazos
cuando tenía 16 años y lo hubieses disfrutado tú. Me he arrepentido un
millón de veces de no haberlo hecho.
Ven por favor, déjame darte unos instantes de placer como
los que me has dado en la bañera o en el coche...
La acompañé hasta el lecho conyugal haciendo que se tumbase
boca arriba, en el centro de la cama... comencé besándole en los ojos, en la
cara en los labios, descendiendo poco a poco por su pecho, dejando al
descubierto sus aureolas y sus pezones, que amenazaban con explotar de lo duros
y excitados que se encontraban... Disfruté de ellos con las manos, con la boca,
arrancando de Ana suspiros y espasmos de placer. No llegó al orgasmo, pero
ciertamente obtuve un grado de excitación por su parte sublime. Continué
descendiendo por su vientre, entreteniéndome unos instantes en su ombligo,
continuando hacia el tesoro que había disfrutado esa misma noche en el salón de
casa. Disfrute de lo lindo de su suavidad y de sus deliciosos efluvios,
regalándome un precioso e intenso orgasmo que en ningún momento trató de
disimular. Nos encontrábamos ambos casi en el nirvana, cuando continué con mi
actividad bucal, buscando el diminuto agujero de su ano, deliciosamente cerrado.
Cuando comencé a pasar mi lengua sobre él, comenzó a tener
unos ligeros movimientos, como tratando de dar la bienvenida a mi lengua. Ana,
levantó sus largas piernas poniéndolas en un ángulo de 90º para facilitar mis
evoluciones sobre su pequeño agujerito. En ningún momento descuidé su vagina, ya
que mis dedos continuaban acariciándola. No le realizaba los movimientos
normales de penetración de entrada-salida. Tan solo le introduje la primera
falange de mi dedo corazón y realizaba movimientos horizontales. Veía como su
vientre tenía movimientos totalmente involuntarios debidos al placer que
recibía.
Mi lengua, cada vez más activa sobre su ano, conseguía
obtener por su parte que se le fuera relajando. De vez en cuando con mi otra
mano se lo acariciaba e intentaba ligeras penetraciones. Cada vez resultaba más
fácil debido a la lubricación de mi saliva y a los líquidos que emanaban de su
vagina. En pocos minutos mi dedo corazón entraba en su culito con total
normalidad sin apreciar por su parte dolor alguno, continué insistentemente con
la lengua penetrándola con un dedo, pero ahora con el pulgar. Dios mío que bien
entraba y que prieto lo tenía....
Me decidí a introducirle dos dedos, el índice y el corazón,
¡¡¡AAAAAAHHHHMMMMMMM!!.... la expresión salió de su garganta
al mismo tiempo que su cuerpo se convulsionaba totalmente por el tremendo
orgasmo que estaba teniendo...Cuando la oí, casi me corro del placer que sentí
al expresar Ana su intensísimo orgasmo.
Por Dios, deja ya de lubricarme y desvírgame el culo yaaaa!!
. Dijo Ana.
¿Estás preparada? ... No me gustaría hacerte daño, mi amor
Por favor, no aguanto más, te necesito dentro de mí
Bien, vamos a intentarlo. Ponte boca abajo.
No cariño... quiero ver tu cara, mirarte a los ojos mientras
lo hacemos
Colocó sus pies en mis hombros separando al máximo las
rodillas y previamente había colocado la almohada bajo sus glúteos. Mi polla
quedaba perfectamente a la altura de su ano y tomándola Ana con su mano la
dirigió con decisión hacia la entrada.
Ahora mi amor, no pares hasta que la tenga totalmente dentro
de mí...
Sin dejar de mirarnos a los ojos en ningún momento, comencé a
hacer la presión necesaria para comenzar la penetración poco a poco pero sin
pausa. Notaba perfectamente la resistencia ofrecida por el estrecho orificio de
mi hermana a ser profanado, mientras su bello rostro reflejaba un tímido rictus
de dolor dentro de una imagen de pasión y deseo a ver colmada nuestra entrega
mutua de la muestra de un amor profundo, siempre deseado y que finalmente se
veía recompensado.
Los dedos de sus manos me tenían atenazada la nuca y notaba
sus uñas como me dejaban unas profundas marcas en mi piel.
Sin dejar de mirar nuestras respectivas expresiones del
rostro y sintiendo en nuestros genitales unas sensaciones indescriptibles,
mezcla de intenso placer, con un perceptible toque de dolor, se vio concluido
cuando mi pubis hizo tope con su vulva. Ambos notamos que la penetración había
concluido con éxito y sin mediar pala nos besamos intensamente durante un buen
rato. Cuando comencé a realizar ligeros movimientos de cadera, la intensidad de
placer tanto de Ana como mío fue subiendo paulatinamente, nuestra respiración
fue haciéndose más rápida, nuestras gargantas pasaron de hacer sonidos guturales
a dar auténticos gritos de placer. Yo notaba a lo largo de mi polla cuado salía
de su culo, como se mojaba totalmente con los efluvios procedentes de su vagina,
que ayudaban cada vez más a lubricar tan suculento conducto.
Tras algo más de 15 minutos disfrutando de tan intensas
sensaciones, Ana comenzó a entrecortar su respiración, su ano me estrangulaba
totalmente el pene por la presión que hacía sobre él, sus ojos quedaron en
blanco por unos instantes y de su vulva salía un auténtico manantial de líquidos
vaginales. Tras un minuto te tener su cuerpo totalmente rígido mientras duró su
orgasmo y durante el cual inundé sus entrañas de mi semen, que salió
abundantemente, aunque no sin cierta dificultad por la tremenda presión ejercida
sobre mi miembro, Ana se dejó caer de espaldas sobre la cama con los brazos en
cruz. Noté en ese momento como su relajación liberaba de la presión que ejercía
sobre mi miembro, por el cual aún salía una buena cantidad de semen. Cuando mi
orgasmo terminó e intenté salir de Ana. Su ano volvió nuevamente a actuar
sujetándome nuevamente con fuerza
Ni se te ocurra salirte ahora... Dijo Ana sin abrir los ojos
y recolocando sus piernas alrededor de mi cintura y presionando con sus talones
sobre mis glúteos para que volviera a lo más profundo de su culo.
Me dejé caer sobre ella, abrazándonos con ternura y amor. Nos
quedamos así abrazados, hasta que el cansancio del día y los acontecimientos
vividos en las últimas horas, se tradujeron en un plácido y reparador sueño, que
nos tenía que devolver las fuerzas, para continuar amándonos y tratar de
recuperar los años perdidos desde nuestra pubertad.
Soy persona de poco dormir, con 5 horas de sueño, tengo
suficiente para estar en forma todo el día, al contrario que Ana, que necesita
un mínimo de 8 horas para encontrarse en idénticas condiciones. En nuestra
"Noche de Bodas", quizá por el cansancio acumulado del viaje y los hechos
ocurridos el día anterior, dormí un poco más.
Cuando desperté, Ana estaba profundamente dormida,
acurrucada, pegada totalmente a mi cuerpo, con su cabeza apoyada en mi pecho,
abrazándome con su brazo y su pierna izquierda y sus pechos apretados en mi
cuerpo. La sensación que en esos instantes tuve fue de confusión, aunque se
disipó rápidamente. Puede deleitarme con el aroma que desprendía Ana, el cual
aspiré profundamente, a pleno pulmón, embriagándome con él hasta la médula.
Desde mi posición pude apreciar en su total plenitud su cuerpo. Con todas esas
sensaciones, notándolas en cada uno de mis sentidos, no pude reprimir una
erección, aunque en esos momentos, únicamente opté por darle un casto y amoroso
beso en la frente, reprimiendo mis instintos para un mejor momento.
Como pude y muy a mi pesar, me levanté, dejándola en la cama
acurrucada en posición fetal y cubriendo su maravillosa desnudez con una sábana.
Me dirigí a la cocina tal como estaba, totalmente desnudo y me dispuse a
preparar un buen desayuno para los dos, y que lo tuviese preparado en el momento
de levantarse. Mi cabeza era un auténtico torbellino conforme mis biorritmos se
iban poniendo en marcha. Las horas precedentes habían sido maravillosas. El
futuro en común se presentaba, como pareja, como inmejorable. Pero... siempre un
dichoso "pero". Mejor dicho, dos "PEROS" muy difíciles de solventar. Por un lado
las niñas... aún son pequeñas con sus 8 y 9 años, pero saben que son primas y
que nosotros somos hermanos... Dentro de su ingenuidad saben que los hermanos
"NO SE PUEDEN CASAR". Se llevan muy bien, como si de dos hermanas de verdad se
tratara. Incluso mejor que dos hermanas diría yo. Juegan juntas, se ayudan con
los deberes del colegio, son cómplices en sus pequeños secretos. Pero...
¿lograremos su complicidad en este gran secreto? ... ¿lo asimilarán con
normalidad? ... Mi sobrina más de una vez se ha dirigido hacia mí como "papá" y
mi hija hacia Ana como "mamá" en los últimos meses, aunque siempre lo achaqué al
simple roce familiar producido por la propia convivencia.
El segundo "PERO" y no menos importante, nuestros padres...
son de una edad en la que difícilmente podrán aceptar una situación como la que
se nos presenta. ¿Su hijo y su hija PAREJA? Pareja en el más amplio sentido de
la palabra... marido y mujer... ¿podrán aceptarlo? Nuestra madre, quizá en una
onda más próxima a nosotros que nuestro padre, con una forma de pensar más
chapada a la antigua, pueda si no entender, sí aceptar los hechos, ya
consumados. Dios mío que problemas.
Estaba con esos pensamientos, mientras me tomaba en la mesa
de la cocina unos huevos revueltos con gambas, cuando Ana me abrazó tiernamente
por la espalda, sintiendo sus pechos desnudos apoyados directamente debajo de
mis hombros, produciéndome una agradable sensación
Buenos días cariño... ¿hace mucho que te levantaste?
Buenos días cielo. Hace una media hora. Dormías
profundamente y no he querido despertarte. Ya ves, he preparado un poco de
desayuno. Te apetece esto o prefieres otra cosa.
Mmmmmm... Sinceramente mi cabeza me pide otra cosa, pero
mi estómago me dice que esto ya está bien. Siempre has tenido buena mano en
la cocina y esto tiene una pinta deliciosa.
Sirviéndose en un plato huevos revueltos y llenándose un
tazón de café con leche se sentó a la mesa justo frente a mí. Mis ojos no
pudieron apartar la mirada de su cuerpo, totalmente desnudo. Sí, ahora estoy
seguro, estoy profundamente enamorado de Ana.
¿Por qué me miras así? ... ¿Te excitas? ...
Perdona, no, no es eso, bueno sí, me excitas, pero en
estos instantes simplemente te estoy admirando. ¿Sabes?, Cada segundo que
pasa me siento más y más enamorado de ti. Te quiero Ana. Te quiero con todo
mi corazón.
Ana, sin mediar palabra, con los ojos bañados en lágrimas, se
levantó y subiéndose a horcajadas sobre mis piernas me abrazó clavándome sus
pechos en mis costillas, unió sus labios a los míos, comenzando a jugar nuestras
lenguas muy suavemente al principio, pero conforme se iba dilatando nuestro
beso, y a medida que nuestra excitación aumentaba, nuestras lenguas adquirían un
mayor dinamismo, una mayor violencia en sus caricias. Ana, desplazando una mano
entre nuestros cuerpos y hábilmente, tomó mi miembro entre sus dedos
dirigiéndolo hacia su cueva de amor, que estaba impregnada de sus efluvios,
insertándosela con un simple movimiento de cadera. Dios como me gusta estar en
su interior... que sensación más agradable para mis sentidos... casi me derramé
en esos instantes... el acoplamiento perfecto, como un traje hecho a medida por
un buen sastre.
Sin dejar de besarnos en ningún momento, y con los
movimientos suaves y cadenciosos por parte de Ana, consiguió alargar nuestro
placer por un tiempo casi indefinido. Jamás había aguantado tanto en una
situación similar. Ana se estimulaba el clítoris con la base de mi pene logrando
de esta forma un doble placer... su primer orgasmo del día llegó, las
contracciones de su vagina así me lo indicaron, aportándome durante esos
instantes un mayor placer si eso podía ser. Pero, claro todo tiene su fin y
ambos estallamos quedándonos abrazados, sin movernos, sintiéndonos plenos y
satisfechos, disfrutándonos mutuamente en esos instantes de relajación
posteriores a una explosión de placer.
Ana, te amo con locura – dije en su oído
Yo también, siempre te he amado con la misma intensidad.
Desde donde alcanza mi memoria, tú siempre has estado en mi cabeza y en mi
corazón. Siempre, siempre te he amado. Pensé que podría superarlo cuando me
casé, pero ha sido imposible desterrar mi amor por ti. Quizá ese haya sido
el fracaso de mi matrimonio.
Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena. Y por mi
parte, en estos momentos soy el hombre más dichoso del mundo.
Tony, yo tengo las ideas muy claras, sé que aún tenemos
casi dos meses por delante hasta que vengan las niñas. Ese va a ser nuestro
primer escollo a superar, aunque creo que lo salvaremos sin dificultades. Me
da la sensación que las niñas algo se temen. He hablado en alguna ocasión
con tu sobrina y he sacado el tema. Incluso estoy segura de que lo han
comentado las dos. Hasta donde he podido averiguar, creo que les gustaría
ser hermanas.
¿Lo has hablado con Susana?
Ja ja ja ja, sí cariño, pocos días antes de que se
marchasen con los papas a la playa. Mira, el próximo fin de semana nos
acercaremos con ellas al parque acuático. Seguro que los papás prefieren
estar a su" bola" y dejar que disfrutemos de ellas por unas horas. Creo que
sería un buen momento, ¿no crees?
Sí, es posible. Por lo que veo ya tenias más que pensado
todo esto.
Perdóname si te ha molestado. Desde que me separé no he
parado de darle vueltas al éste tema. Y sí, lo confieso, tenía previsto
seducirte en cuanto nos quedásemos solos tú y yo en casa.
No cielo, no debes disculparte ni tengo nada que
perdonarte. – Le dije, sentenciando mis palabras con un beso en sus labios.
Terminamos el desayuno sin hablar, intercambiando miradas que
decían todo.
Pasaron los días, disfrutando cada instante de nuestro amor,
disfrutando del sexo, recuperando el tiempo perdido. Llegó el viernes y
marchamos para la costa, a ver a nuestras hijas. Se notaban los nervios en el
ambiente durante el viaje ante las dudas que, sin exteriorizar cada uno de
nosotros las dudas que teníamos sobre la posible reacción de nuestras hijas.
Nos recibieron con alegría e ilusión. Los abuelos nos
informaron de su buen comportamiento y de lo bien que se lo pasaban por la
playa, con sus juegos y con sus baños. Ellas corrieron a enseñarnos todos los
deberes del colegio que habían hecho durante la semana. Pronto se hizo la hora
de ir a dormir. En principio deberíamos dormir cada uno con su respectiva hija.
Nuestro padre, fue el primero en retirarse a dormir. Las niñas, estaban
demasiado nerviosas poniéndonos al corriente de sus cosas y no fue hasta que la
abuela, imponiendo un poco de orden, las envió a la cama, indicándoles que
fueran las dos al mismo dormitorio, en el que compartían cama durante la semana.
Obviamente, eso nos sorprendió tanto a Ana como a mí, ya que solo quedaba
disponible una cama. ¿Qué se proponía nuestra madre? ... mejor aún, ¿qué podía
saber? .... Las niñas nos dieron el "beso de las buenas noches" y salieron
corriendo hacia el dormitorio que tenían asignado, quedando solos nuestra madre,
Ana y yo.
Nuestra madre, mirándonos fijamente a los ojos de forma
alternativa, tras unos larguísimos segundos, pregunto:
¿No tenéis nada que contarme? .... hay un brillo en
vuestros ojos que hace muchísimos años que no he visto... ¿me lo queréis
explicar?... ¿Tony? ...
No comprendo tus preguntas... estamos contentos de estar
con vosotros y por descontado con las pequeñas...
No, no me refiero a eso, queridos hijos... hay algo en
vuestro semblante que no he vuelto a ver desde que tú, Tony, te marchaste a
Madrid a trabajar. Tu hermana quedó desolada, aunque trataba de
disimularlo... a ti, por la distancia, lógicamente no te lo podía
apreciar... No me vengáis con secretismos ni nada por el estilo... El pasado
fin de semana, cuando salisteis de aquí, intuí que algo iba a pasar entre
vosotros... y estoy completamente segura que ha pasado... lo aprecio en
vuestra expresión, en vuestras miradas, cuando os decís algo el uno al
otro... esto nunca lo he apreciado con vuestras respectivas parejas mientras
estuvisteis casados... solo lo he apreciado entre vosotros.
Mamá – dijo Ana – entonces ¿tú crees...? ¿Tú sabes...?
Sí hija mía, sí –interrumpió nuestra madre – Desde que
eras una adolescente, ¡cuantas veces te he oído mentar el nombre de tu
hermano en tus sueños! Jajá... al principio me asusté bastante, pensé que se
te pasaría el "enamoramiento"... conforme ibas haciéndote mayor, pasaste de
nombrarlo a tener auténticas... auténticas orgías, por llamarlo de alguna
forma... Y no pienses que tú eras la única... tú, hijo, también manchabas
habitualmente las sábanas con tus "manualidades" o de forma espontánea, no
lo sé, mientras llamabas a Ana... Venga hijos, decirme que ha pasado entre
vosotros... Cuando te marchaste a vivir con tu hermano... temí que esos
fantasmas de adolescentes volviesen, y así ha sido...
Bien, mamá –contesté – Veo que no hay forma de tener un
secreto contigo. Nos conoces demasiado bien como para poderte ocultar
cualquier cosa. Sí, desde el pasado domingo, hacemos vida "marital",
dormimos juntos, hacemos el amor, somos felices en nuestro "matrimonio"...
Sí mamá, siempre me sentí atraído por mi hermana aunque pensé que eso
sencillamente era amor fraternal. Hasta que he descubierto que Ana es en
realidad el amor de mi vida, que soy completamente dichoso a su lado y que
la deseo a todas horas del día y de la noche.
Hijos, me hacéis muy feliz... y a vuestro padre
también... y podéis estar seguros que también a las niñas... Ellas lo saben
y son sumamente felices de que seáis sus papás... disfrutad con ellas
mañana, y... no organicéis mucho escándalo esta noche... imagino que
tendréis que recuperar el tiempo perdido... Que descaséis hijos míos.
Increíble, pero cierto... todos los escollos superados de un
plumazo y con anticipación, por la intuición de nuestra madre... sin dar
explicaciones... simplemente nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos,
mientras ella marcha hacia su dormitorio, donde nuestro padre hacía ya un rato
que dormía. Ana y yo nos abrazamos con tal fuerza que casi nos hacíamos daño.
Nos miramos a los ojos y ambos teníamos lágrimas que nos bajaban por nuestras
mejillas, lágrimas de felicidad, de saber que teníamos la bendición de las
personas que más nos importaban en este mundo: de nuestros padres y de nuestras
hijas.
Sin mediar palabra, y ceñidos por la cintura, nos dirigimos a
nuestro dormitorio. Nos desnudamos mutuamente y con suavidad empujé a Ana sobre
el lecho, y una vez acomodada, le separé las piernas colocando mi cara entre
ellas, acercándome a su sexo donde perdí totalmente la noción del tiempo
respirando su aroma de mujer, degustando los flujos que iban manando de su
fuente y arrancándole suaves gemidos de placer. Sus manos sujetaron mi cabeza
levantándola suavemente, y con un leve movimiento fue haciendo que me pusiera a
su altura, quedando nuestros sexos uno frente a otro. Al mismo tiempo que nos
fundimos en un beso, la penetré y sentí como levantaba sus piernas abrazándome
las nalgas. Los movimientos eran leves, cadenciosos, procurando hacer el mínimo
ruido posible y al mismo tiempo transmitirnos las sensaciones más intensas de
placer mutuamente.
Noté la intensidad de su orgasmo por las fuertes
contracciones de sus músculos vaginales propinaron a mi pene, haciendo que
soltara en su interior unas buenas andanadas de néctar en su interior, al mismo
tiempo que nuestras bocas se unieron fuertemente para evitar despertar a la
familia con algún gemido o grito de placer. Cuando nuestros ritmos cardiacos se
estabilizaron, y mientras nos besábamos, Ana me pidió que no saliera de ella.
Continuamos abrazados toda la noche.
De madrugada me desperté, por eso de la rutina. Desperté a
Ana con besos en las mejillas, en la frente, en sus labios... Abrió los ojos y
nos fundimos en un romántico beso de "buenos días". Mi erección matutina, se vio
incrementada, si cabe, por el hecho de tener a una preciosa mujer entre mis
brazos. No era el único que estaba excitado. Ana también se encontraba
lubricando de forma abundante. Poniéndose sobre mí, se introdujo rápidamente mi
pene en su maravillosa gruta de amor y comenzó a cabalgarme. Lentamente al
principio, haciendo círculos. Paulatinamente fue aumentado el ritmo, mientras me
clavaba las uñas en mi pecho y se mordía los labios con fuerza para no gritar.
Sus pechos botaban al ritmo de su cabalgada mientras yo acariciaba sus caderas.
Su ritmo empezó a ser frenético y el placer que estaba recibiendo en ese
instante era infinito. No quería terminar aún... no sin que Ana tuviese su
recompensa... Pero por más que hacía para evitarlo, los primeros latigazos
eléctricos que sentía por mi cuerpo, vaticinaban mi inminente eyaculación. Y
llegó... intensa como nunca, abundante como en muy contadas ocasiones... Ana en
ningún momento bajó su ritmo... Todo lo contrario, lo aumentó más durante unos
instantes que a mí me volvían loco, ya que teniendo mi miembro supersensible, el
placer que recibía era tan sumamente intenso que apenas pude reprimir unos
gemidos que amortigüé como pude tapándome la cabeza con la almohada. Ana,
realizó un brusco movimiento clavándole totalmente mi miembro y aprisionándolo
con mucha fuerza en su vagina con fuertes contracciones, al mismo tiempo que se
dejaba caer y apoyaba su cara en la almohada que apagó sus gritos de placer
durante el periodo de tiempo que duró su intenso orgasmo.
Tras recuperarnos un poco de la vespertina e intensa sesión
de placer, y aún estando dentro de Ana, nos besamos
Buenos días mi amor... ¿Has dormido bien? – le pregunté
Sí, he dormido de maravilla, como nunca. Es delicioso
tener un despertar como el de hoy... tenemos que repetirlo más a menudo.
Cariño, son las ocho y cuarto... mamá ya hace un ratito
que deambula por la casa y las nenas, como se despierten, vendrán aquí en
tropel a despertarnos. Mejor nos ponemos algo de ropa, o nos levantamos del
todo.
Mmmm... Tienes razón... pero estoy tan a gusto y feliz en
estos momentos...
Tras besarnos nuevamente, y haciendo un esfuerzo, empezamos
nos levantamos de lecho conyugal y nos pusimos algo de ropa. La habitación olía
a sexo, por lo que decidimos abrir la ventana para que se ventilara un poco.
Ana, nuestros temores de ayer se han disipado casi por
completo. Tenemos la aprobación de nuestros padres a nuestra relación. Y la
"peques" creo que lo tienen también más que asumido... ¿Qué mas podemos
pedir?...
Tony, cielo, en estos momentos soy muy feliz y dichosa...
no te pongas serio y trascendental. Abrázame muy fuerte... dime que no es un
sueño. Y si es un sueño, no quiero despertarme. Abrázame fuerte, por
favor...
Nos fundimos en un abrazo... Solo eso, un abrazo, sintiendo
el contacto de nuestros cuerpos y las caricias de nuestras manos.
La puerta se abrió de golpe y las dos niñas entraron en la
habitación como un auténtico tornado, con risas y gritos... Nos quedamos
mirándolas con una tierna sonrisa, abrazados, tal como estábamos... Las pequeñas
quedaron en silencio, mirándonos con unos ojos abiertos de par en par, sin
pestañear...
BIEEEEEEEEN – Gritaron a coro, saliendo de la habitación
corriendo como unas locas y llamando a sus abuelos.
Sí. Aquel fin de semana se solventaron todos los escollos que
teníamos. Desde entonces, somos un matrimonio singular. Adoramos a nuestras
hijas y somos sumamente dichosos y felices.