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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » HARRY POTTER Y EL SENDERO PROHIBIDO (CAP 6 - 7)
[ Por la hebra y el hilo, se saca el ovillo. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 11-Jul-07 « Anterior | Siguiente » en Parodias (756 de 976)

Harry Potter y el sendero prohibido (Cap 6 - 7)

Darkeduardo
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Harry se ve envuelto en una serie de sucesos fuera de lo ordinario. Hay alguien fuera de Hogwarts que ansia verlo... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Capítulo 6.

La primera prueba.

El día había comenzado con la noticia de que esa fecha estaba programada la selección de los campeones de los colegios. Se convocó a una reunión a las siete de la tarde en el gran comedor que ahora tenía las cuatro enormes mesas de cada casa arrinconadas en las orillas.

El profesor Dumbledore, con aire misterioso, se acercó caminando despacio. Alrededor de la flama que emitía el cáliz paso sus manos haciendo movimientos extraños pero de igual forma intrigantes para todos los alumnos. De repente, el fuego se tornó de un color azul brillante, acto seguido un trozo de pergamino salió volando aún consumiéndose sus bordes con aquella flama azulosa.

La campeona de Beauxbatons – leyó el anciano director – Fleur Delacour.

De la mesa del colegio invitado se levantó la joven de cabello rubio platinado. Harry notó aquella sensación en su entrepierna cada vez que la veía y se apresuró a tratar de cubrirse y aparentar un cortés aplauso. La chica se dirigió decidida hacía la habitación que le señalaba un sonriente Dumbledore. Vestía el uniforme de su institución, en elegante seda color azul pálido, el corte parecía hecho especial para cada muchacha pudiera exhibir su belleza, Harry la siguió con la mirada hasta que ella y la silueta de sus glúteos perfectos se perdieron detrás de la mesa de los profesores.

Sigamos – se impuso la voz del director – el campeón de Durmstrang – un nuevo trozo de pergamino voló cayendo en la mano del profesor – Víktor Krum.

Era de esperarse... – contestó Ron.

Krum era, a pesar de su corta edad, una estrella del Quidditch. Harry lo había visto volar en la final de los mundiales y sabía porque tanta excitación y algarabía. Era un jugador que cubría con asombrosa capacidad el mismo puesto de Harry, buscador. Caminaba tosco por entre las mesas que lo aplaudían, era alto, cabello esmeradamente corto y de piel moreno claro. Musculoso, pero se notaba a distancia que tenía mucha mayor destreza por el aire. Se perdió por el mismo sitio donde Fleur y la mano en el aire del director pidió silencio.

Ahora – su voz se delataba ansiosa – El campeón de Hogwarts...

¡Angelina! – gritaron varios de la casa de Griffindor.

Es... Cedric Diggory...

Las muestras de apoyo se hicieron notar por mucho más de las otras escuelas. Harry aplaudió por cortesía mientras Ron se negaba a imitarlo. Incluso varias estudiantes de Beauxbatons y de Durmstrang se unieron a la algarabía cuando el apuesto joven paso a un lado de ellas.

Bien, - el director levantó su voz por encima de los ruidosos comentarios – ya tenemos a nuestros tres campeones... les pido que apoyen con todo entusiasmo...

La voz del anciano se cortó al mismo tiempo que los estudiantes desviaban su atención al cáliz de fuego que volvía a tornarse azuloso. Un nuevo trozo de pergamino salió disparado por los aires, en el piso fue observado incrédulo por todos los presentes, Dumbledore de acerco y al recogerlo pronunció en voz más propia de alguien asustado.

Harry Potter...

Con el espanto de la sorpresa, Harry perdió toda el efecto de la visión de Fleur. Un codazo en las costillas de una igualmente contrariada Hermione le obligo a ponerse de pie. Camino hacia el director que sin dirigirle una palabra le señalo en donde habían ido los otros campeones. Antes de entrar en aquel portón metálico en que podía escuchar las voces de los otros tres, logró escuchar ofensivos comentarios que lo condenaban tramposo.

Las reglas eran claras, el chico tenía que participar en el torneo. Al salir su nombre del cáliz, se había sellado un contrato mágico. Aún contra las protestas de Madame Maxime y de Igor Karkarov, directores de Beauxbatons y Durmstrang respectivamente, el ministro de magia cerró toda esperanza del joven mago y anunció que la primera prueba iba a ocurrir el 24 de noviembre.

Harry ya estaba acostumbrado a que todas las otras personas hablaran a sus espaldas, pero a eso se le sumaba la nueva conducta de su mejor amigo, Ron, que creía igual que todos que él había echado su nombre en el cáliz y no podía creer que no lo hubiera invitado también a él. Malfoy era el que se divertía más que nadie al llevar la batuta para los cánticos y burlas en contra de Harry, las defensas de Hermione no servían de mucho pues a ella la atacaban también por su condición de "sangre sucia" que tanto disfrutaba de mencionar el mago de Slytherin, rostro afilado y cabello rubio peinado con esmero. Era guapo, había confesado una vez Hermione a Ginny, digo, para una noche de sexo no me caería mal su cuerpo delgado y bien cuidado, pero su actitud lo hace ver mal.

La fecha temida se acercaba a pasos agigantados. Harry ahora tenía a Neville como mejor amigo y eso lo mantenía en los invernaderos por mucho tiempo más del que él quisiera dedicarle a las plantas que podrían comerlo si se descuidaba lo suficiente. Neville era un joven algo torpe, un poco regordete y de aspecto afable, tenía potencial, pero sus propios miedos le impedían llegar más lejos.

Harry... – dijo Seamus, otro compañero de curso – te busca Hagrid.

Esa misma noche, nuestro protagonista de envistió en su capa invisible y se dirigió a la cabaña de Hagrid. Burló con experiencia las rondas de profesores que caminaban casi dormidos y tocó la puerta enorme de madera.

Soy yo... – dijo a un semi gigante que miraba extrañado la soledad fuera de su puerta – me dijo Seamus que...

Si, si... – respondió Hagrid y salió de su hogar dirigiéndose al bosque prohibido.

Harry siguió como pudo los enormes pasos del guardabosques, un penetrante olor desconocido le escoció la nariz y sin atreverse a soportarlo un minuto más, preguntó.

¿Es loción?

Si... – el rubor e sentía aunque la barbuda cara de Hagrid impedía ver otra cosa sus ojos, nariz y algo de sus labios.

Llegaron hasta donde se escuchaban los sonidos que a Harry le llamaban la atención desde que habían entrado al bosque prohibido. Cuatro dragones, y cerca de el cuádruple de magos se encontraban debajo del claro de luna. Harry tuvo que ahogar un grito de sorpresa cuando el sonido de alguien caminando detrás de ellos rompió su atónita expresión.

Madame Maxime apareció caminando a hurtadillas. Hagrid se olvido por completo de Harry que permanecía detrás de las dos personas que medían casi tres metros. Charly, otro de los hermanos Weasley se acercó a saludar y advirtió de que uno en especial, el colacuerno húngaro, el de la tercera jaula, sería sin duda, el más difícil. Los dos semi gigantes, tomados de las mano, se hicieron hacía un lado caminando tranquilamente, Harry los siguió pues Hagrid no le había dicho que se fuera, aunque algo le decía que éste ya lo había olvidado por completo.

Hoy estas más guapa que de costumbre Maxime – dijo galante Hagrid.

Madame Maxime, a pesar de su altura, era una mujer muy hermosa, de piel cetrina, cabello corto hasta los hombros de un color negro encantado. Vestía elegante un traje sastre de satín color crema. Sus formas femeninas eran temas recurrentes de conversación entre los estudiantes pues, sin exagerar, sus pechos parecían del tamaño de cabezas de niños, y sus nalgas se decía, era, cada una, del tamaño del trasero completo de las de Fleur. Harry recobró el aliento cuando Hagrid ya desabrochaba los botones del saco de la enorme mujer. La recorría con la mano derecha apretando fuerte ante cada respiro del guardabosques, Maxime sólo se dejaba querer y acariciaba el cabello de su acompañante. Las prendas de los dos terminaron tiradas cubriendo mucho espacio sobre el césped del bosque prohibido. Hagrid estaba hundido dentro de las piernas de Madame Maxime que solo atinaba a apretar con más fuerza el rostro de un Hagrid que mientras preparaba aquella zona liberaba masturbaba su miembro, que aún flácido, era el tamaño del antebrazo del chico.

Los gemidos eran tan fuertes que Harry no dejaba de pensar en que alguien vendría a revisar. Pero, los dragones competían por la atención y sus gruñidos disfrazaban los jadeos de Hagrid y Madame Maxime. El guardabosque, cargo ligeramente a su dama y la deposito suave sobre el pasto sin dejar de comerse su sexo. Se levantó, ya con el miembro erecto (Harry, en una rápida comparación pensó que era del tamaño de la extremidad inferior de Dobby, el elfo doméstico, y del grosor del mismo brazo de él), se hinco poniendo a cada lado de la excitada mujer una de sus rodillas y metió s falo entre los enromes senos de ella. Madame Maxime respondió juntándolos con sus manos provocándole a Hagrid mayor placer mientras ella se apresuraba a pasar su lengua por la punta de aquel miembro cada vez que salía de sus pechos.

Era imposible para el joven mago ver aquellas imágenes sin excitarse. Bajo la capa invisible, bajo la cremallera de su pantalón y sintió como su pené aparecía totalmente erecto. Su mano derecha se aferró firme a la capa, mientras que su izquierda masturbaba intensamente su sexo. En un desplante de valentía, Harry camino despacio por entre la maleza, pisaba con cuidado donde no había hojas secas, con su miembro apuntando amenazante con dirección hacia delante, el chico tuvo una vista completa de la escena sexual.

El órgano sexual del guardabosque era enorme, su glande aparecía juguetón por entre los pechos de la directora quién, de inmediato, reunía la punta de su lengua con la de aquel placentero falo. Repetían los movimientos en un ritmo semi lento. Hasta que Hagrid anunció con voz extasiada que estaba a punto de terminar. Madame Maxime, tomó el miembro del semi gigante y presionó con los dedos la base. El orgasmo de Hagrid fue reprimido casi por completo, pues unas cuantas gotas de semen cayeron sobre los enormes senos de ella. El celador de las llaves de Hogwarts envolvió cariñoso a la mujer que entendió sin palabras las intenciones de su compañero sexual. Se posó en cuatro puntos, sus senos colgaban desafiantes y jalaban la atención del joven mago que seguía oculto a pocos metros de ellos. Pero, lo que más miraba con interés Harry era, sin duda, la zona genital de la directora Maxime, sus vellos púbicos eran pocos, pero largos y brillantes. Sus labios vaginales eran del tamaño de la boca de una bruja de edad adulta y escurrían libres los fluidos de excitación. Un poco más arriba, un orificio pequeño saltaba a la vista del chico, en medio de sus nalgas, que Hagrid aprisionaba entre sus manos, el ano de la directora exigía atenciones. Toda la zona pélvica quedaba a la misma altura que la boca de Harry, no tendría que inclinarse demasiado por lamer, chupar y beber todos los líquidos que de ahí emanaran.

¡Ah! – fue el único sonido que no pudo reprimir Harry cuando su orgasmo lo alcanzó.

Limpió su mano izquierda sobre el césped y cuando regresó los ojos hacia donde Madame Maxime, ella ya sentía dentro de ella el falo erecto de Hagrid, el vaivén era sencillo, disfrutando cada arremetida del guardabosque que introducía todo su sexo acompañando cada movimiento con jadeos y expresiones del más puro placer. Harry, por el sonido de los dos cuerpos al chocar señalando la penetración profunda, sentía que volvía a tener una erección. Se masturbo lo más en silencio que pudo viendo los pechos de la enorme mujer. Se imagino chupando cada pezón mientras metía toda la mano dentro de una Madame Maxime que no dejaba de alabar sus aventuras y le hacía llegar al orgasmo más intenso de su vida.

Hagrid sacó su miembro a tiempo para derramar una incomparable cantidad de semen sobre la parte baja de la espalda de la directora. Misma que paso sus dedos por entre aquel líquido y luego los llevó a sus labios donde los devoró sin dejar de gemir. Harry entendió que era el momento de irse. Se colocó de nuevo el pantalón y con el mismo cuidado con el que se había acercado comenzó a caminar hacía fuera del bosque prohibido.

Harry sentía que había tenido demasiado por ese día. Hagrid se olvidó por completo de él. Charly uno de los hermanos mayores de los Weasley había dicho en voz bien alta que no envidiaría a quién tuviera de enfrentarse al Colacuerno. Pero cuando más ensimismado en sus pensamientos estaba, vio a Igor Karkarov que se acercaba sospechoso hacía el camino que conducía a los dragones. Había algo raro en él.

 

Capítulo 7.

El baile de navidad.

No fue necesario el sol para que Harry despertará ese día. El dragón había resultado ser una prueba sencilla, con la ayuda del profesor Moody la idea de atraer la escoba de carreras hacía el escenario de la primera tarea le resolvió el problema. La siguiente prueba estaba programada para finales de febrero, el huevo de oro, símbolo de su victoria esperaba arrumbado a que Harry se dignará a siquiera tratar de resolver el acertijo.

A pesar del sinfín de deberes que les habían puesto a los de cuarto para Navidad, a Harry no le apetecía ponerse a trabajar al final del trimestre, y se pasó la primera semana de vacaciones disfrutando todo lo posible con sus compañeros. La torre de Gryffindor seguía casi tan llena como durante el trimestre, y parecía más pequeña, porque sus ocupantes armaban mucho más jaleo aquellos días.

Harry, Ron, Seamus, Dean y Neville se pusieron la túnica de gala en el dormitorio, todos un poco cohibidos, pero ninguno tanto como Ron, que se miraba en el espejo del rincón con expresión de terror. Su túnica se parecía más a un vestido de mujer que a cualquier otro tipo de prenda, y la cosa no tenía remedio. En un desesperado intento de hacerla parecer más varonil, utilizó un encantamiento seccionador en el cuello y en los puños. No funcionó mal del todo: al menos se había desprendido de las puntillas, aunque el trabajo no resultaba perfecto y los bordes se deshilachaban mientras bajaba la escalera.

No me cabe en la cabeza que hayan conseguido a las dos chicas más guapas del curso – susurró Dean.

Magnetismo animal – replicó Ron de mal humor, tirándose de los hilos sueltos de los puños.

La sala común tenía un aspecto muy extraño, llena de gente vestida de diferentes colores en lugar del usual negro. Parvati aguardaba a Harry al pie de la escaleras. Estaba realmente muy guapa, con su túnica de un rosa impactante, el pelo negro en una larga trenza entrelazada con oro y unas pulseras también de oro que le brillaban en las muñecas. Harry dio gracias que no le hubiera entrado la risa tonta con la que había aceptado ser su pareja para el baile de navidad.

Estas... guapa – dijo algo azorado.

Gracias – respondió ella – Padma te espera en el vestíbulo – le indicó a Ron.

Bien – contestó Ron, mirando a su alrededor – ¿Dónde esta Hermione?

Parvati se encogió de hombros y le dijo a Harry.

¿Quieres que bajemos?

Vale – aceptó Harry, lamentando no poder quedarse en la sala común.

Poco después, los llamó la voz de la profesora McGonagall:

Los campeones por aquí, por favor.

La formación se hizo fuera de las puertas de roble mientras los estudiantes entraban al gran comedor. Cedric venía acompañado de Cho que lucía espectacularmente bella, Fleur se sujetaba al brazo de George Davies que parecía incrédulo de su suerte y no lograba quitar la vista de la muchacha. Krum estaba a un lado de Harry y Parvati que se acomodaba las pulseras. Miró con detenimiento a la chica que estaba a su lado. Y se quedó con la boca acierta. Era Hermione.

Pero estaba distinta. Se había alaciado el cabello y brillaba como con vida propia. Lo llevaba recogido detrás en un elegante moño. La túnica era de una tela añil vaporosa, y su porte no era el de siempre. Sonreía nerviosa y cuando sus ojos se encontraron dijo.

¡Hola, Harry! – saludó ella – ¡Hola, Parvati!

La noche llegaba a su final, Hermione y Ron se había enemistado, Karkarov parecía asustado por algo y pedía ayuda a Snape que se negaba a acompañarlo. Harry se había quedado detrás para escuchar una extraña pista que le decía Cedric Diggory acerca del huevo como pago por la información que Harry le había pasado de los dragones. Subía las escaleras de mármol cuando escuchó voces lejanas. El sudor le recorrió el cuerpo cuando la idea de que el monstruo de Slytherin que había derrotado en segundo curso hubiera regresado. Tocó las paredes tratando de sentir el más ligero movimiento. Los sonidos se intensificaron y parecían venir del pasillo del piso inferior. Caminó tratando de no hacer el menor ruido. Los gemidos se hacían más claros pero el camino que seguía le helaba la sangre al muchacho que se dio cuenta de que provenían del baño de mujeres en el que estaba escondida la entrada a la cámara de los secretos. Abrió la puerta con precaución, sostenía su varita mientras el ruido metálico terminaba de destruirle los nervios.

Buscó la diminuta serpiente grabada sobre la llave a la que se le tenía que hablar para abrir. No parecía haber habido movimiento allí desde hacía mucho tiempo, el piso eternamente inundado era parte de la escena y las penumbras no eran nada nuevo. Pero el sonido apareció de nuevo, esta vez demasiado cerca de Harry que inconsciente apuntó su varita hacía una puerta de los baños. Arrastró los pies lo más lento que pudo para evitar delatarse mediante el movimiento del agua. Abrió la puerta solo lo suficiente para ver quién estaba en su interior.

Myrtle la llorona estaba flotando sobre el retrete, su silueta transparente se movía a ritmos hipnóticos acompañándose de gemidos ahogados. Aunque Harry la veía desde una de las orillas y por tanto solo era visible su perfil comprendió por sus reacciones y la posición de su cuerpo que la chica fantasma se estaba dando placer.

Si, - decía la chica en voz entrecortada – quiero sentirte dentro Harry...

El joven mago trastabillo, caminó un poco hacía atrás mientras Myrtle seguía manipulando su sexo translucido imaginando que era él quién hundía sus dedos en ella. No sabía que pensar.

¿Qué estás haciendo aquí? – dijo una voz desde el otro lado de la puerta.

Myrtle, yo... lo siento... oí algo... y creí...

¿Te diviertes espiando a las personas verdad?

No... de verdad... no era mi intención...

Harry abrió la puerta del baño para pedir disculpas mirándola de frente. Pero se encontró con que el fantasma de la muchacha seguía en la misma posición en que la había encontrado.

Descuida Harry... – dijo Myrtle en su voz chillona - yo también te he espiado...

¿Me has...?

Si... escuchó tus palabras mientras sueñas... y más de una ocasión te he visto a ti masturbarte en los baños de chicos... se que aún eres virgen Harry...

Quizá era efecto del cansancio y del estrés que el chico soportaba. Pero conforme el silencio aparecía en todo el castillo le parecía a Harry que no importaba nada de lo que esa noche pasaría. Después de todo... nadie más que Ron, Hermione y él hablaban con Myrtle. Nadie creería lo que él había visto.

Vamos a ayudarnos Harry... – continuó ante la mirada curiosa del chico – yo también soy virgen, así que pretendamos que podemos hacerlo...

Myrtle... – dijo Harry – tu eres una...

¡Ya se! – los ojos de la muchacha se llenaron de lágrimas – pero pensé que el famoso Harry Potter podría concederme ese último deseo...

Vale – gritó para hacerse escuchar por encima de los sollozos – ¿qué debo hacer?

Sencillo... masturbarte...

Tras momentos de vacilación Harry se sacó el miembro, no sabía por qué lo hacía pero la visión de una chica acariciándose le había provocado una erección. Tomó su falo entre sus dedos y miró a Myrtle que le miraba embelesada.

¿Y ahora?

La fantasmas de colocó a la altura del suelo, fingió apoyarse sobre el retrete y bajando sus espectrales ropas le ofreció la imagen casi transparente de su sexo.

Haz cómo si me lo hicieras... – dijo Myrtle – mastúrbate atravesando mi vagina mientras yo me acarició al mismo tiempo...

Lento Harry movió su muñeca, según subía o bajaba parecía que verdaderamente estaba penetrando a Myrtle que rápidamente se había provocado gemidos de placer. Harry aceleró el ritmo según las expresiones de la chica que seguía pronunciando el nombre de Harry mientras sus dedos se perdían entre su sexo.

La idea de que el era quién se estaba masturbando se fue de la mente de Harry, sentía que ese placer que le inundaba era causa de la estrechez de la intimidad de Myrtle que gozaba al tener dentro el miembro de su adorado chico. Cerró los ojos cuando las sensaciones comenzaron a hacerle perder la razón, su orgasmo llegó mientras la chica alcanzaba también su recompensa. Cuando abrió los ojos miró sus dedos escurriendo su propio semen a través de la zona pélvica de la incolora muchacha.

Vendrás a visitarme de nuevo... ¿verdad Harry?

Por supuesto...

 

Saludos, gracias por los comentarios que he recibido. Está es la antepenúltima entrega de Harry Potter yel sendero prohibido, ya uds. Me dirán si quieren que continúe con el libro número 5 "Harry Potter y la orden del fénix". Por el momento he utilizado varias categorías de las que hay aquí en todorelatos, si ustedes quieren proponer que otra debo utilizar o decirme cualquier otra sugerencia se los agradeceré mucho.

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