Hola, os quiero contar una experiencia que me ocurrió hace
unas pocas semanas.
Soy un chico de 35 años, que desde hace ya algunos años vivo
a tiempo completa como una mujer. Mi apariencia como mujer no creo que sea de
una hembra estupenda, pero cuando salgo a la calle, bien arreglada, vestida y
maquillada, no tengo ningún problema para pasar por una mujer mas. Siempre me
gusta vestir un poco clásico, nunca uso pantalones, siempre uso faldas o
vestidos, siempre uso medias y por supuesto me encantan los zapatos de tacón,
siempre de mas de 7 cm.
Hacia mas de 1 mes que no veía a mi novio. El vive a una
ciudad cercana a la mía, a una hora conduciendo. Como siempre había sido el
quien había planeado nuestro reencuentro. Me había dicho que fuera a un
restaurante que yo conocía en mi ciudad. Debía llevar puesto un mini vestido
negro hasta media pierna, medias de liguero también negras muy transparentes y
zapatos clásicos negros salón de 10 cm..
Yo ya estaba sentada en la mesa esperándole, tenía que estar
mirando hacia la entrada para verlo cuando el entrase.
Cuando el camarero miró hacia mi mesa, esperé
desesperadamente que el mantel de la mesa cubriera mis piernas, pues mi novio me
había ordenado que no me bajara la falda el sentarme y que permaneciera con las
piernas abiertas, debajo solo llevaba un minúsculo tanga que apenas cubría mi
sexo.
Mis desnudos glúteos descansaban sobre el caliente y pegajoso
vinilo del banco. A mi lado estaba el bolso, dentro de cual estaba disimulado el
pulsador de hinchado del plug anal que mi novio me había ordenado llevar puesto.
Al llegar mi novio se sentó a mi lado y después de besarme se
hizo de forma disimulada con el control del plug.
El hizo señas al camarero para que nos atendiera. Cuando el
camarero se acercaba a nuestra mesa, no pude contener un gesto de sorpresa
cuando note 2 o 3 impulsos de hinchado de mi invasor anal. Odio tener que llevar
esta clase de intrusos dentro de mi. Mi novio lo sabe y disfruta con ello. Casi
siempre que no vemos, he de llevar puesto uno insertado dentro de mi y el me
tortura en sitios públicos hinchándolo cuando menos me lo espero y yo tengo que
procurar esconder mis reacciones.
Esperando que el camarero nos llevara nuestro pedido, el plug
fue hinchado alguna vez mas y mi novio me pidió que me sacara el tanga para
dejar mas libre mi sexo. Sentada como estaba me saqué el tanga de forma muy
disimulada. Con el grosor del plug empecé a notar estremecimientos de placer, el
puso su mano libre en mi pierna, muy cerca de mi sexo y disimuladamente me lo
acarició. No pude resistirme mas y tuve un orgasmo el cual me costo mucho
disimular.
Durante toda la comida no cesaron sus caricias, pero debía de
soportar inesperados hinchados el plug, seguidos de rápidos desinchados. Un par
de veces le pedí permiso para un al servicio a orinas y poder sacarme el plug,
pero evidentemente no me lo concedió.
Pagó la cuenta y nos dispusimos a prepararnos para salir.
Antes de poner el mando del plug en mi bolso, aprovecho para hincharlo al
máximo. Me molestaba y me dolía. Al levantarme me tuve que apoyar en el, pues
andar con el plug súper hinchado y con mis altos zapatos de tacón era
verdaderamente difícil.
Supongo que tuvo un poco de compasión de mi. Cuando llegamos
al automóvil reclino un poco el asiento del acompañante y me permitió tumbarme
en el. Mientras iba conduciendo no cesó en las caricias a mi sexo.
A medio camino de mi casa la incomodidad y dolor del plug me
molestaba mucho. Finalmente accedió a mis ruegos y paro el coche en un discreto
lugar, donde permitió que me sacara mi intruso. Después supongo que para
humillarme me pidió que orinara delante de el. Con su cámara me fotografió
varias veces, me sentía humillada pero quería llegar a casa lo antes posible.
Me permitió volver a tumbarme en el asiento y prosiguió con
sus caricias. Casi tengo otro orgasmo, pero estaba muy cansada.
Cuando llegamos a casa me permitió que me estirara un rato en
la cama. Pero yo sabía que la tarde era joven, cuando el regresase a por mi no
tendría mucho tiempo de descanso.
Al contrario, al cabo de poco entro en la habitación y
aduciendo que así descansaría mejor me puso un pañuelo en los ojos que no me
permitían ver nada, después me ató a la cama en posición de rodillas encima de
la cama con mi culo expuesto. Me gusta que un amante me ate para hacerme gozar.
Esta debió de ser mi mejor tarde de tortura, pero muy
placentera.
Pronto fue sorprendida por unos rápidos escalofríos de placer
cuando el estaba jugando con mi agujero anal con sus dedos. Me sentía castigada,
pero amada, las caricias recorrían mi culo. Era como si con las caricias
quisiera hacerme pasar el dolor que había sufrido poco antes.
Notaba un dedo dentro de mi agujero, después dos. Casi de
inmediato empecé a sentir placer, un placer que solo mi novio sabe hacerme
sentir.
De golpe sentí un dolor muy agudo e intenso, estaba muy
asustada, pues no veía nada de lo que estaba haciendo mi novio. Inesperadamente,
note un tremendo dolor, no pude contenerme y chillé, aullé. Mi culo había sido
invadido por algo tan ancho y tan largo que me parecía que llegaba a la
garganta. Intentaba quejarme, pero me puso una correa de bola en la boca.
El movimiento de entrada y salida de lo que fuera que tenía
en mi interior empezó a ser mas y mas veloz. Mi cuerpo entero empezó a tener
sacudidas y lentamente el dolor tan intenso empezaba a ser substituido por un
placer que era desconocido para mi.
Mi culo me dolía mucho, imploraba piedad a mi novio, pero fui
persuadida a la fuerza para que aguantara un poco mas. Hoy aún recuerdo la
violencia de mi orgasmo. Nunca había sentido algo tan maravilloso e intenso. Me
hizo una mujer feliz.
Después cuando ví la medida del dildo que me había
introducido en mi cuerpo quedé sorprendida de sus dimensiones. Si no fuera por
la fotografías que me tomó con todo ese aparato en mi interior no me podría
creer.
Leugo, suavemente me desató. Y mientras lentamente mi agujero
anal iba cerrándose pues estaba totalmente dilatado y abierto yo le ofrecí una
larga y profunda mamada que termino por venirse en mi boca, de la cual no deje
escapar ni una sola gota.
Mi novio está muy orgulloso de mi, sabe que me puede humillar
en publico y después acepto sus sesiones de sexo con ataduras y penetraciones.
En retrospectiva, a pesar de las humillaciones y de otras
dolorosas experiencias, mi novio me da unos placeres muy intensos, que no había
sentido nunca antes.