Mi pene en su trasero se sentía martirizado por los apretones
de su esfínter. Casi me estrangulaba el sexo con la fuerza de sus contracciones
y tenía que hacer mayúsculos esfuerzos por contenerme.
Mi mente divagaba en cosas extrañas y ajenas a aquella sesión
sexual, pues mi objetivo era satisfacer una fantasía que me venía rondando desde
días atrás.
Cando su relajación fue mayor y mi eyaculación no corría
peligro acerqué mi mano al bolsillo de mi chaqueta, que adrede había quedado a
mano.
Tomé la pequeña bolsa con cierre hermético y la acerqué a su
desocupada vagina.
Poco a poco fui metiendo el objeto contenido en la bolsa en
su húmedo sexo, mientras ella me miraba extrañada. Cuando logre encajarlo entero
tomé el teléfono de la mesa de noche (estúpidamente pensé en la canción… "porque
yo guardo tu amor, en mi mesita de noche…). Llamé a recepción y le pedí al
conserje, aguantando mi gemidos, que llamara al equis número.
Ela se extrañó pues era el número de mi celular. Cuando el
aparato comenzó a vibrar en su vagina lo comprendió todo. Mi pene sintió, a
través de esa delicada tela que divide ambos canales, la constante llamada, y
ella gimió como nunca.
Cuando el conserje llamó a avisar la obvia no respuesta a su
llamada fue ella la que pidió que siguiera intentándolo.
Nunca nadie contestó…