Demasiado tímida para oponerme 56
Por Bajos Instintos 4
Todos estos días he tenido la imagen del encargado del
edificio en mis retinas. A su gran tranca, me refiero. Todavía puedo verla
estallando en una estruendosa cantidad de semen caliente. Se que estaba caliente
porque el primer chorro me dio en la cara, aunque los siguientes el encargado
los guió para que me llenaran la boca. Así que la pude saborear, contra mi
voluntad, claro está, porque soy una mujer decente además de una esposa fiel.
Pero qué rica que estaba…
De modo que lo tuve al pobre Armando, mi amado marido,
chupándome la concha todo el día. La concha y el culo, porque además se lo
siento en la cara para que me lo pajeé con la lengua. Pero como el recuerdo
sobre el encargado no se iba de mi mente ni de mi boca, Mi lengua lo recordaba
una y otra vez. Y entonces creo que abusé un poco demás de mi pobre esposo, que
acabó tantas veces que tuvo que pedir permiso para faltar en el trabajo. Yo
aproveché para hacerme unas pajas más con su cara, hasta que lo dejé
completamente desmadejado y desvanecido en la cama. Decidí que ya era hora de
resolver mi situación con el encargado.
Lo encontré en la puerta del edificio, erguido y elegante
como siempre. Y cuando le dije que necesitaba hablar con él, su caballerosidad
se impuso inmediatamente, y me llevó al sótano, tomándome de la mano. Eso me
pareció muy gentil de su parte, pero claro, es lo que cabía esperar de él.
Una vez allí, el hombre peló su gruesa poronga, sacándola
fuera del pantalón. A mí eso no me sorprendió porque ya lo había visto hacer eso
antes, y sabía que era una demostración de la confianza que me tenía. Claro que
procuré disimular mis miradas a su soberbia polla, para no incomodarlo.
Porque el hombre me inspiraba un sentimiento de ternura y
protección. Es el tipo de cosas que me inspiran las personas tan correctas como
él.
Por eso, cuando me pidió que me subiera a un escaloncito para
estar a su misma altura, lo hice sin dudar. Y cuando luego de subir mi faldita,
me pidió permiso para poner su caliente tranca entre mis muslos, justo ante mi
intimidad, le hice el gusto. Por fin podríamos conversar tranquilos, mirándonos
a los ojos en un tete a tete. Creo que él pensó lo mismo, porque sacándose la
camisa, levantó mi remerita dejando mis tremendas tetotas al aire. Él sabía que
contaba con mi confianza, y yo con la de él, porque se las apoyé contra su
pecho, mis pezones se endurecieron pero yo no me sentí molesta en absoluto.
El hombre no intentó besarme ni nada que se le parezca, así
que podíamos conversar en confianza.
Yo quise empezar con el tema de lo que me había estado
pasando, pero no pude. El grosor del caliente palo entre mis muslos, rozando mi
intimidad, fue demasiado para mí, y abrazándome a su pecho, me corrí en un
inesperado orgasmo tan intenso que mi zona púbica se estremeció repetidamente y
en forma incontenible. Por suerte, el hombre no me hizo ningún comentario, y
sólo se limitó a sostenerme por el culo mientras mis estremecimientos
continuaban.
Pero él mantuvo sus ojos fijos en los míos con la seriedad
que le es habitual. Pero claro, el hombre no podía mantener todo bajo control,
así que su dura y caliente pollota, comenzó a frotarse contra mi húmeda
intimidad, a través de la braguita. De modo que me quedé con la boca abierta y
poco a poco más babeante, mientras mis jadeos se volvían cada vez más intensos.
El hombre continuó mirándome con seriedad a los ojos mientras continuaba
sosteniéndome por mi sabroso culo. Bueno, que al sentir sus fricciones volví a
correrme, y luego otra vez. Podía sentir su aliento en mi rostro y cuando
finalmente su gran polla comenzó a pulsar echando sus chorros, yo dejé mis
muslos bien apretados alrededor de ese portento, sintiendo cada pulsación, lo
cual no sé por qué me provocó un nuevo orgasmo.
Luego de acabar, el hombre limpió su polla contra mi
braguita, dejándomela bien impregnada con su semen.
En ningún momento hizo intento alguno de impedirme hablar,
pero por alguna causa que se me escapa, no logré concentrarme debidamente y no
pude hablarle de lo que quería.
Así que me fui tambaleante hacia la salida del sótano. Le di
una última mirada al gordo nabo del encargado, aún afuera de su pantalón.
Afortunadamente, mientras subía por la escalera recordé
bajarme la remerita, porque en caso de seguir en tetas, algún vecino podría
pensar algo malo de mí.
Como pude y con paso vacilante, hice las compras de la mañana
y luego me fui al baño del bar de la esquina, para poner mis deditos a trabajar,
a fin de quedarme tranquila. Lo tuve que hacer cuatro veces, porque algo de lo
que acababa de ocurrir lo ameritaba. Seguramente el no haber podido decirle al
encargado todo lo que había pensado.
Cuando llegué a mi departamento, mi marido continuaba
desmadejado en la cama, y yo me desmoroné a su lado. Eso sí, al mirarlo, algo en
mí se enterneció y volví a usar mis deditos varias veces, hasta quedarme
completamente dormida.
Es muy lindo vivir en un edificio con un portero tan educado.
Una siente como que el mundo la protege. Si quieres enviarme tus comentarios
escríbeme a Bajosinstintos4@yahoo.com.ar
Que con mucho gusto recibiré tus impresiones.