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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » LAS ESPOSAS PROGRAMABLES (3)
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 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 08-Jul-07 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2722 de 3498)

Las esposas programables (3)

Alstier
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De cómo una fantasía se sale de la fantasía por un pequeño detalle: una mordaza. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Durante unos instantes, se sintió muy desorientada. No veía nada, y no podía moverse bien. Después, los recuerdos del día anterior volvieron a la mente de Mónica con total nitidez. Le dolía todo el cuerpo, y no sentía las piernas. Claro, aún las tenía atadas. ¿Cuánto tiempo había pasado? La sábana se había escurrido hasta sus caderas, y sentía un poco de frío de cintura para arriba. Había corriente, y notó que se le endurecían los pezones con el frescor. Se estremeció, y no pudo evitar humedecerse al sentirse tan indefensa. ¿Estaría ya Josema ahí?

¿Josema?

Pero no respondió.

Pasó mucho tiempo, mientras se dormía y se despertaba a ratos. En algunas ocasiones llamó a su vecino, sin respuesta. Había momentos que no estaba segura si estaba despierta, o continuaba soñando.

Empezaba a necesitarlo urgentemente. Tenía que ir al baño, se iba a hacer pis de un momento a otro. ¿Donde estaría?

Josema llegó al día siguiente, a las 7:00, como había prometido. Sus padres estarían trabajando, así que no habría más interrupciones innecesarias. Además, había conseguido de un amigo unos juguetes muy interesantes.

Abrió la puerta del piso, y se dirigió a la habitación de Mónica. Ella seguía en la misma posición. La sábana se había resbalado hasta la cadera, dejando al descubierto sus hermosos pechos y dejando adivinar donde empezaba su raja depilada. Parecía estar durmiendo, a juzgar por la respiración.

En silencio, se sentó a observarla. Tenía la piel de gallina. A ella le cambió la respiración, y después se movió, estirando la cuerda. Al tratar de librarse, emitió un par de gemidos por el esfuerzo, que Josema encontró muy excitantes. Con el movimiento, se resbaló la sábana hasta el suelo, y quedó completamente desnuda.

¿Josema?¿Estás ahí?

Él no respondió. Mónica respiró hondo y exhaló, de frustración, se giró y cambió de posición, mostrándole su culo.

Se acercó lo más sigilosamente que pudo....

Mónica no sabía que hora era. Se le acababa de resbalar la sábana, se sentía completamente expuesta y vulnerable. Se giró, y trató de relajarse mientras esperaba. Tenía que ir al baño, pero estaba totalmente sola e indefensa...

...cuando notó cómo alguien le agarraba una nalga. Se revolvió y gimió, mientras esa mano intrusa manoseaba su culo sin miramientos.

Josema, ¿eres tú?

No hubo respuesta.

Por favor Josema, tengo que ir al lavabo.

Una segunda mano se posó sobre sus pechos y comenzó a sobarlos. Ella se revolvía, no paraba de pedir que la llevase al baño, o que la soltase.. La mano de su culo avanzó un poco más, y comenzó a acariciar sus labios. Ella se estaba poniendo a cien.

En un momento pensó que podría ser un desconocido total, y dijo:

¡Déjame o gritaré!

Y en respuesta, una mano le dio tres grandes azotes sobre su raja, que le dolieron muchísimo. Por un lado, le apretujaban las tetas o le estiraban de los pezones. Por otro, le estaban metiendo ahora mismo tres dedos por su vagina. Ella gemía de placer. Cuando estaba a punto de correrse, notó cómo el intruso se subía a la cama, y se ponía frente a su cara. Escuchó una cremallera abrirse, y una polla la golpeó en la cara.

No quería hacerlo, ¿pero qué remedio le quedaba?

Se decidió, y metió esa polla desconocida en su boca. Nunca había hecho algo así, pero trató de hacerlo lo mejor que pudo.

Josema disfrutaba ante la incredulidad de Mónica. Ahora mismo no sabía si estaba chupándosela a él, o a algún desconocido.

Se notaba que no lo había hecho nunca, salvo el día anterior. No utilizaba bien la lengua, y en algún momento rozó el capullo con los dientes. Bueno, ya aprendería.

Finalmente, él se corrió en la boca, pero cuando se retiró ella lo escupió todo sobre la sábana. En reprimenda, le dio una bofetada. Ella se quejó, y le miró con los ojos húmedos.

A partir de ahora, te beberás toda la leche cuando hagas una mamada, ¿está claro?

Ella dudó un momento, y finalmente asintió con un susurrado "...sí..."

Él empezó a desatarla.

Aunque la torta había sido más sonora que otra cosa, le ardía la cara, y se sentía muy humillada. Aún tenía restos de flema en la barbilla, y cada vez tenía más urgencia por ir al baño.

Josema desató las cuerdas del cabezal de la cama, pero dejó que sus manos permaneciesen atadas entre sí.

Entonces cortó la cinta americana que aprisionaba sus piernas, y poco a poco, le hizo estirarlas. No las sentía, y en seguida le comenzó la misma sensación que cuando se te duerme un brazo, pero mucho más intensa, en ambas piernas.

Se quejó, y durante cerca de un minuto no se detuvo la sensación. Cuando remitió, Josema la ayudó a sentarse en la cama, y después a ponerse en pie. Entonces, Josema le dijo:

Ve al baño y haz lo que debas. Espérame sentada en la taza, y no quiero oírte..

Mónica corrió al baño como pudo, con las manos atadas y las piernas aún un poco adormecidas. Orinó e hizo de vientre, y casi le entraron ganas de gritar de placer. Pero al acabar se fijó en que le era imposible limpiarse con las manos atadas. Tiró de la cadena, y se sentó a esperar. Se sentía muy sucia...

Unos minutos después, entró él. Sin mediar palabra, se le acercó y, cogiéndola de la cabeza la hizo agacharse. Pensó que le haría hacerle otra mamada, pero se sorprendió al ver que cogía un rollo de papel.

Tres tiras de papel después, terminó de limpiarla, y tiró de la cadena. Ella se sentía tan humillada, que casi se le escapaban las lágrimas. Estaba completamente ruborizada. Entonces la hizo ponerse en pie, y cortó la cinta americana que unía sus manos. La guió hasta la bañera, hizo que levantara las manos y agarrara el toallero, y entonces la esposó a este.

Mónica estaba todavía muy ruborizada por la experiencia. Esa era la idea, quería humillarla.

Cogió la pera de la ducha y abrió completamente el agua fría. Así se le bajarían los colores. Comenzó a duchar a mónica, mojándola sobre los pechos.

Ella exclamó por la impresión. Comenzó a subir, sobre los hombros, y después sobre la cabeza. Encontró muy divertido dirigir los chorros hacia la cara de la chica, y ver cómo ésta intentaba apartarse.

La hizo darse la vuelta, y le dirigió el chorro directamente al culo. Ella se revolvió y se quejó, pero estuvo varios minutos igual.

Volvió a girarla, y esta vez dirigió el chorro directamente a su coño. Ella se quejó, pero Josema le dijo:

Si haces ruido, te amordazaré

Se mordió en seguida el labio, luchando por contener sus gemidos. Estuvieron en esa posición bastantes minutos. La temperatura del agua empezó a subir. Al principio fue agradable, pero al poco el agua empezó a quemar. Al final, cuando casi no podía contener sus gemidos, de un solo golpe Josema volvió a poner el agua fría. Entonces apagó el grifo.

Cogió jabón, y empezó a enjabonarla, haciendo especial ademán en sus pechos y en el coño. Le gustaba que ella lo llevase depilado completamente. Le dió la vuelta y la enjabonó por la espalda, y el culo, hasta que le metió dos dedos llenos de jabón por él.

Volvió a abrir el grifo, y la enjuagó. Aunque esta vez jugó un buen rato haciendo saltar el agua del frío al calor varias veces.

La secó bastante rápido, y la desató. Entonces, sacó el consolador especial de mónica, y las dos pinzas con las cadenas. Se lo dio todo, y le dijo:

Quiero que te lo pongas ahora mismo.

Ella obedeció. Abrió las piernas y se inclinó un poco hacia adelante, mientras con una mano se introducía el aparato completamente. Entonces, mordiendose la mejilla por dentro, se colocó una pinza en cada pezón. Durante unos instantes se inclinó, y se llevó las manos para retirarse las pinzas, pero Josema la sujetó. Cuando se calmó, le dijo:

Muy bien hecho Mónica. Ahora vete a la cocina, y desayuna bien, porque será lo único que comas hoy. No te quites o desconectes el aparato ni las pinzas, y no hagas ruido. De lo bien que te portes depende que decida amordazarte o no. ¿está claro?

Sí....

Sí, ¿qué?

Sí...... amo.

Muy bien.

Desnuda como estaba, fue a la cocina. Tenía mucha hambre. Se preparó un desayuno de campeones: leche, fruta, galletas....

Cuando estaba bebiendo leche, el aparato se conectó, directamente a la velocidad 3. Del sobresalto se derramó la leche por el pecho, y le resbaló obscenamente por todo el cuerpo. Trató de seguir desayunando, pero le costaba mucho trabajo. A los diez minutos tuvo un orgasmo, así que se mordió el dedo para no hacer ruido.

Siguió comiendo con dificultad, pero a los 15 minutos se conectó la cuarta velocidad. Ella contuvo un grito y gimió bastante fuerte. Y ahora ya no pudo comer casi nada más. Durante otro cuarto de hora, estuvo luchando para no hacer ruido. Entonces apareció Josema.

¿Aún no has terminado de desayunar?

...me...me es imposible con estoaaaah! - acababa de tener otro orgasmo.

Entonces no te levantarás de la mesa hasta que te lo comas todo -dijo él, con una sonrisa en la boca

Ella al principio no podía, pero luego empezó a tragar muy rápido. En un momento le vino un orgasmo, y se atragantó.

Diez minutos después, se lo había comido todo, como una niña buena.

Veo que encima te has manchado toda. ¿Y para eso te acabo de duchar?

.... no he podido evitarlo amo.....

Entonces recibirás tu castigo ahora mismo. ¡Pon las manos a la espalda!

Obedeció, y la esposó. La hizo ponerse de rodillas. Mónica no dejaba de gemir por el aparato, ya hacía mucho rato que lo llevaba. A continuación, colocó un pequeño consolador en el suelo frente a la chica.

Eso es para tu boca. ¿A qué esperas? ¡Y no lo sueltes!

Se inclinó poco a poco, hasta que perdió el equilibrio y cayó hacia adelante, aplastando sus pechos contra el suelo. Las pinzas se le clavaron en los pezones, provocándole un dolor considerable. Dio un pequeño grito, que fue castigado con tres azotes en el culo.

Se incorporó un poco, abrió la boca, y atrapó el aparato en la boca.

Bien Mónica. No lo sueltes.

De reojo, vio cómo Josema se untaba el pene con vaselina, y luego se colocaba detrás suyo. Ella gimió, y le dijo que no con la cabeza, pero de nada sirvió. Notó de nuevo el pene contra su ojete, y él comenzó a apretar. Le volvió a doler, le dolió mucho, pero menos que la noche anterior. Supuso que la noche anterior, Josema no había usado ningún lubricante.

Durante diez minutos estuvo bombeándola. Que la diese por culo era malo, pero unido al consolador y las pinzas en sus aplastados pechos, era peor. Lo pasó bastante mal, pero en es rato se corrió dos veces.

Sintió cómo le ponía un enema caliente, y entonces sacó la polla de su culo. Desconectó el aparato, y se lo sacó.

¡No sueltes eso de tu boca!

Con eso en la boca, se puso en pie.

Josema vió cómo le resbalaban un par de lágrimas por las mejillas, pero se mantenía firme. Si eso era demasiado, podría negarse a realizar algo, pero no lo hacía. Buena señal.

Se dirigieron a la habitación. Una vez allí, Josema la ató al cabezal de la cama de nuevo. La puso boca abajo, y le ató cada mano a una esquina del cabezal, lo más alto que pudo. Así le quedaban los pechos colgando obscenamente, pareciendo más grandes aún, y con el culo indefenso.

Hoy pondremos a prueba si debo amordazarte o no. Eso que te he dado será tu mordaza hoy. Yo voy a disfrutar con tu cuerpo. Haga lo que yo haga, si tú lo dejas caer de tu boca, te amordazaré. Si logras sujetarlo hasta que yo diga, no lo haré. ¿Está claro?

Ella asintió con la cabeza.

El aparato estaba bien hecho, y tenía una especie de agarres, no le costaba aguantarlo con los dientes.. Entonces, su amo le tapó los ojos con una venda negra.

Estuvo un rato así. No tardó en empezar a molestarle la mandíbula. Josema empezó a manosearle la tetas, a apretarlas... había momentos que apretaba tanto, que le dolía un pecho entero. Sucesivamente, quitó cada una de las pinzas, succionó con todas sus fuerzas los pezones de la chica, y volvió a colocarlas. Aquello la excito mucho.

Una súbita punzada de dolor le atravesó un pezón, y luego el otro. Josema se estaba divirtiendo ahora estirando de las cadenas, alternando, o tirando de ambas a la vez. Ella trató de seguir el movimiento, cada tirón le dolía mucho. Tuvo que esforzarse mucho por no gritar y dejar caer el aparato.

Tras largos minutos, dejó en paz sus pezones. La siguió un incómodo dolor en ellos. Entonces notó algo de metal apoyarse contra su vagina. No era su consolador, tenía un tacto diferente, y esto además era bastante más grande.

Él empezó a empujar. A Mónica le dolió, eso era demasiado grande para su coño. Dolorosamente, notó que entraba poco a poco, cada vez más adentro. Trató de mover la cadera para evitarlo, pero eso hizo que le molestase todavía más. El aparato parecía tener algunas protuberancias, que aumentaban el placer a la vez que la lastimaban.

Finalmente, cuando dejaron de empujar, notó que una última protuberancia había quedado estimulando su clítoris.

El aparato comenzó a moverse, y a vibrar. ¡Era increíble! Le provocaba un placer tan inmenso, que en un par de minutos ya se había corrido. Gemía muy fuerte, y tenía que apretar bien los dientes para no dejar caer el pene artificial de su boca. No sabía cuánto tiempo había estado así, pero había tenido cerca de tres orgasmos. El último, tan intenso que el trasto que tenía en la boca se le resbaló unos centímetros. Tuvo que hacer grandes esfuerzos para volver a meterlo completamente (se imaginó una escena patética, de ella levantando la cabeza para tragar ese aparato, de forma parecida a como comen los patos).

Entonces, un latigazo atravesó su espalda.

Ya quería él estrenar la fusta. El cuerpo de Mónica se convulsionó al recibir el primer azote. Sacó el teléfono móvil y tomó una foto: la escena era gloriosa: una chica preciosa, aguantando un pene de plástico en la boca, encadenada, con pinzas en los pezones (cada una con su cadena colgando), unas grandes tetas con marcas de los agarrones, y un gran consolador de 25cm atravesándola. Esa foto le sería muy útil. Tenía una esclava asegurada en el futuro.

Volvió a levantar la fusta, y la descargó de nuevo sobre la espalda de la chiquilla. Ella volvió a moverse y a chillar, sin dejar escapar el aparato. Repitió la operación, una vez, y otra, y otra, y otra vez más... luego pasó a su culo: primero una nalga, luego la otra. Le iban quedando rojeces donde golpeaba varias veces.

Dejó de golpearla unos instantes, y su puso de pie sobre la cama. Recorrió con la fusta el costado de Mónica, pasó por los hombros, y le recorrió cada detalle de su cara. Ella temblaba cuando la fusta pasaba cerca de zonas sensibles. Le dio un pequeño golpe en una mejilla (nada doloroso), y entonces volvió a azotarla, esta vez en las tetas. La estuvo golpeando ahí mucho, le gustaba verla retorcerse tras cada golpe. Se notaba que le dolía más que en otros puntos.

Cuando se cansó de sus pechos, pasó a golpearla por todo el cuerpo al azar: tetas, culo, espalda, en las piernas, en el vientre......

Estuvo largo rato así, hasta que comenzó a dolerle el brazo.

Ella estaba respirando hondo y rápido, mientras gemía. Tenía rojeces en el culo y en las tetas. No podría ir a la playa en un tiempo.

Decidió dejarla descansar. Se sentó unos instantes, mientras observaba como volvía a tener un orgasmo provocado por el consolador.

Le dolía la espalda y el culo, pero en especial le dolían las tetas. A cada fustazo, se movían las cadenas y tiraban de los pezones. Y además, algún golpe cayó directamente sobre las pinzas, dándole un grandísimo dolor. El aparato no se había detenido, le había provocado muchos orgasmos. Y lo que es más, a cada golpe le aumentaba el placer.

Llevaba un par de minutos sin recibir las "atenciones" de su amo, y volvió a tener un orgasmo. Pasó otro rato, y volvió a correrse. Y luego otra vez, y otra vez...... y muchas veces. Cada vez le costaba más mantener eso en su boca. ¿cuánto duraría esto?

Josema la observó correrse dos veces, y luego fue a desayunar. 30 minutos después volvió. La chica estaba un poco temblorosa, gimiendo débilmente. Tantos orgasmos estaban acabando con ella. Cogió el gran consolador, y lo apagó. Entonces empezó a sacarlo muy lentamente, al igual que hizo la primera vez. La chica gimió y se quejó, mientras eso salía de su interior. Cuando hubo salido completamente fuera, volvió a introducirlo despacio. Ella volvió a quejarse más fuerte. Y cada vez más rápido, empezó a bombearla con ese gran pene metálico. Estuvo así varios minutos, y al final le sacó el aparato y la dejó así un buen rato.

La chica dejó caer la cabeza hacia adelante, agotada. Todavía aguantaba el aparato, era resistente. Se hizo con el bote de vaselina, se acercó por detrás y comenzó a lubricarle el ojete. Ella al notarlo chilló, y negó con la cabeza.

Primero le introdujo un dedo y comenzó a masajear la zona, luego repitió la operación con dos dedos. Luego, cogió el pequeño bote de desodorante que quiso usar el día anterior (era muy similar a un consolador, no muy largo y muy gordo). Se preguntó si realmente podría caber eso en Mónica. Decidido a comprobarlo, lo embadurnó en vaselina.

Cuando ella sintió eso en su culo, empezó a quejarse y moverse, tratando de liberarse. A Josema le costó mucho rato, y en un par de ocasiones tuvo que volver a dilatar a mónica con sus dedos. Pero poco a poco, el enorme aparato se abrió paso por el recto de la chica.

Ella, a cada centímetro que entraba, se quejaba. Le estaba doliendo mucho. Cuando terminó de meterlo completamente,la mujer respiraba muy hondo y gemía muy débilmente.

Entonces, estuvo cerquísima de caérsele el aparato. Se le resbaló prácticamente todo fuera de la boca, y ella se quedó aguantándolo por la punta.

Se quedó mirándola durante unos minutos, mientras ella subía la cabeza, tratando de recuperar su polla. Decidió animarla, moviendo el tapón anal en su interior.

Al final, logró recuperar su mordaza. Josema cogió las dos cadenas, y las unió, y de ellas colgó una pesa de medio kilo. La chica gimió muy fuerte, casi chillando, y se revolvió contra las cadenas. Pudo apreciar lo fuerte que estaba mordiendo el aparato.

Así dejó a Mónica. ¿Sería capaz de aguantar durante una hora?

TodoRelatos.com © Alstier

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