Capítulo 4.
Maldiciones imperdonables.
La última clase de defensa contra las artes oscuras, antes de
la primera revisión parcial, estaba por comenzar, sentados en un orden
impensable los estudiantes de cuarto curso esperaban al profesor Moody.
Comentarios que rondaban los pasillos del castillo lo describían como alguien
poco ortodoxo en sus métodos de estudio, aterrador y por los mismos motivos se
esperaban los exámenes más complicados que la historia de Hogwarts hubiera
documentado. El sonido hueco de la prótesis del ex – auror inundo el pasadizo
que conectaba la aula de estudio con el resto del castillo.
Bien, puesto que como ya les he dicho en innumerables
ocasiones, he decidido adelantar el examen al día de hoy, y el día jueves
comenzaremos con otro tema – dijo el sujeto que poseía un ojo de cristal que
parecía mirar a través de su propia piel.
El murmullo de descontento fue general, nadie presto atención
a que los alumnos de Griffindor y los de Slytherin reclamaban por igual, incluso
Harry y Draco, su eterno rival, pedían un poco más de tiempo argumentando los
partidos de Quidditch. Todo el salón enmudeció ante la mirada amenazante del
profesor Moody.
Uno por uno, pasaran a mi despacho y me mostraran sus
avances para resistir la maldición imperius – exclamó clavando un instante
extra sus ojos en varias de las estudiantes que ya sospechaban que aquel ojo
tan raro las veía desnudas.
Tomaron asiento después de su revuelo y esperaron
desilusionados a que la primera victima fuera convocada.
Padma Patil – condenó la áspera voz de Moody.
La muchacha de tez morena, y rasgos asiáticos caminó
vacilante por entre los pupitres de los estudiantes, no miraba a nadie, pero
cuando estaba por subir la pequeña escalinata que conducía al despacho del
profesor Parvati, su hermana gemela, la sujeto de la muñeca y le deseo buena
suerte. Subió con temor los escalones y detrás de ella la puerta se cerró con un
fuerte estruendo.
Fueron los 10 minutos más largos de la vida de Harry, ni
siquiera en presencia de el-que-no-debe-ser-nombrado el tiempo parecía
transcurrir de forma tan dramática. Miró a Hermione que se había adentrado en la
lectura de un libro que Harry no conocía, Ron miraba en todas direcciones con un
rostro pálido de miedo, era lógico el ambiente que se vivía, pero nadie sabía en
realidad que estaría haciendo como evaluación el profesor Moody al que tantas y
tantas personas consideraban loco.
Moody salió de su despacho con una sonrisa descarada. Nadie
vio a Padma salir. El profesor, interpretando las miradas y los murmullos
confesó.
En medida de precaución, los que ya hayan presentado el
examen saldrán por la puerta trasera de mi oficina. Ahora – continuó – si la
señorita Granger me hace el honor.
Hermione entró a paso decidido y casi ignoró las señas de
ánimo que Ron y Harry le hacían. Volvió a cerrarse la puerta con el mismo sonido
escalofriante y de nuevo los estudiantes se perdieron entre sus propios temores.
Los nombres se fueron consumiendo, normal resultaba ya que los exámenes de las
chicas tardaran un poco más que el de los varones, pero nadie lo consideró
sospechoso.
Harry Potter – se escuchó a lo lejos.
El profesor Moody esperaba en el umbral de su despacho,
cuando Harry hubo llegado frente a él, tacho el nombre, indicó que entrara y con
un movimiento de la varita cerró la puerta. Sin miramientos lanzó el conjuro a
un desprevenido Harry. Éste, se dejó llevar por aquella sensación de
atolondramiento, escuchó la voz de Moody que le ordenaba saltar en un solo pie.
Una voz interior surgió furiosa desde dentro - ¿brincar en un pie? ¿para qué?.
El cuerpo de Harry permaneció inmóvil mientras las ordenes del profesor de
volvían más fuertes, poco a poco la conciencia regresaba.
Aprobado Potter... puedes irte – pronunció Moody desde su
escritorio, apunto la varita a un armario que abrió al instante – por ahí
llegarás a la torre sur. Buenas tardes.
Harry caminó incrédulo de su propia fortuna. Encendió su
varita cuando el armario volvía a tomar su posición original y le impedía ver a
Moody que se había puesto de pie para llamar al siguiente estudiante. Antes de
que la luz se perdiera, Harry creyó ver unas bragas color rosa tiradas a un lado
del escritorio del profesor.
Entonces Padma, ¿qué te pidió que hicieras el profesor
Moody? – preguntaba Ron a una azorada joven que se negaba a responder.
Nada... solo me pidió que cantara el himno nacional... –
en su voz denotaba la mentira.
Harry observaba la escena sentado a un lado de Ron, Hermione
estaba, como era su costumbre, pegada a los libros adelantando tareas.
¿Qué te pidió a ti? – soltó Harry mirando fijamente a su
amiga.
¿Prometes no decirlo? – dijo la aludida hablando en voz
baja.
Por supuesto...
La chica le pidió la acompañara a caminar, se despidieron de
Ron que seguía intentando sacar la información de una colorada Padma que no
lograba levantarse debido a la mano del pelirrojo que la mantenían sentada.
Llegaron a la sala común de Griffindor que debido a la hora de la cena se
encontraba vacía. Hermione se sentó a un lado de la fogata y con mímica le pidió
a Harry hacer lo mismo.
Primero que nada, al entrar, de inmediato me arrojó la
maldición... – comenzó Hermione.
A mi también...
Pero... – dijo silenciando a Harry – luego me pidió que
saltara sobre un pie...
Harry estuvo a punto de interrumpir de nuevo, pero una mirada
de advertencia le basto para permanecer en el silencio más profundo del que fue
capaz.
Lo hice de inmediato... escuchaba la voz del profesor
Moody muy lejana, sin embargo no lograba resistir obedecerla. "desnúdate"
ordeno inmisericorde. – Hermione se sonrojo un poco – no fui capaz de
oponerme y mi túnica termino en el piso. Sentí la mirada de pervertido
maniático que tiene, ambos ojos, el de vidrio y el normal clavados en mi
cuerpo.
La sola idea de Hermione desnuda hizo que a Harry comenzará a
reaccionarle el miembro.
Se acercó a mi caminando despacio... era capaz de ver
todo pero no podía hacer lo que sabía era lo correcto... sujetó con fuerza
uno de mis senos y comenzó a masajearlo, sentí sus toscas manos moviendo a
su antojo mis pechos. Después se inclinó un poco hasta la altura correcta en
que pudo poner sus labios rodeando mi pezón, no se si menciono algún
conjuro, pero comencé yo también a excitarme.
La mirada del joven se poso en las siluetas que formaban los
senos de su amiga, sintió el deseo de tocarlos, pero prefirió apretar los puños
y seguir escuchando... solo escuchando.
Su otra mano recorrió mi abdomen, me abrazó por la
cintura y acarició mis glúteos, metía sus dedos entre mis nalgas mientras
murmuraba palabras inaudibles. Desde la parte de atrás, su mano se abrió
paso hasta mi vagina, la rozó despacio, con cariño, luego, introdujo un dedo
dentro mi, no podía decir nada, solo atinaba en gemir lo menos que me era
posible. Sin dejar de meterme sus dedos, apunto su varita a su entrepierna,
de inmediato su miembro se levantó en pie de guerra presionando contra mi
ombligo. "sácalo" fue su siguiente orden. Obedecí, levanté su túnica de
anciano y bajé su ropa interior, pude ver como su falo estaba erecto y
lograba dimensiones impresionantes. Estaba de rodillas frente a él, la
altura prefecta que me ayudo a adivinar la siguiente instrucción.
Harry también sabía cuál debió haber sido. Miró los labios
pequeños de su amiga y recordó las placenteras sesiones de sexo oral que habían
tenido en las vacaciones.
Su miembro era delicioso, me hacía desear yo misma
seguirlo chupando, comencé por el glande que estaba de un color intenso,
pase mi lengua por todo lugar, jugué con la punta de su falo haciéndolo
jadear de placer. Después lamí todo el tronco hasta la base, le di besos a
aquel enorme aparato y no veía el momento de tenerlo dentro de mi. Me detuvo
la cabeza con poca delicadeza, y de un solo golpe metió la totalidad entre
mis labios, pude sentirlo en mi garganta, entrando y saliendo, entrando y
saliendo... cerré los ojos debido a la sensación, pero mis labios vaginales
se preparaban lubricándose como nunca habían hecho. "basta", fue la orden
siguiente. Me detuve en el acto. Esperaba que me pidiera colocarme para que
me penetrara, pero en su lugar solo dijo "mastúrbate" y me observó desde su
escritorio, con su miembro en alto como me sentaba con las piernas abiertas
y estimulaba mi sexo. A pesar del hechizo, mis deseos de tenerlo dentro me
hicieron reaccionar cuando alcancé un orgasmo solo de imaginarlo. Y, creo
que nadie dirá nada... estoy casi segura de que a todas nos ha gustado
aunque sea un poco... además, ¿quién va a creernos? ¿no lo crees Harry?.
Harry no supo el motivo, pero reaccionó cuando su varita
había lanzado el maleficio imperius sobre su amiga que lo miraba expectante. No
sabía como se debían dictar las ordenes, por eso, en voz dudosa y baja dijo.
Déjame verte ahí abajo...
La muchacha, sin titubear, se levantó y se quitó los jeans
que llevaba puestos, Harry casi terminaba ahí mismo cuando vio la tanga que su
amiga llevaba puesta. Esta, se la quito del mismo modo que la prenda anterior y
abriendo sus piernas mostró a Harry la entrada íntima de Hermione.
Se abalanzo sobre de ella, su boca se dirigió hacía aquella
región genital. El aroma que expelía era adictivo y delicioso. Hundió su lengua
dentro de los labios vaginales y recorrió todo dejando rastros de saliva y
fluidos del cuerpo de su amiga. Metió uno de sus dedos fácilmente mientras
trataba de localizar el clítoris, al encontrarlo, la joven dejó escapar un
suspiro de gozo, lamió ese botón de placer con toda calma, primero describía
círculos sobre el con su lengua, después lo succionaba oprimiendo con sus
labios. Deseaba conocer los placeres de la sexualidad, pero un destello de
cordura lo visitó cuando ya tenía su miembro fuera del pantalón. Sabía que
Hermione estaría al tanto de todo lo que le hacía bajo la maldición y pensó que
si se detenía en ese momento, las cosas no serían tan malas.
Se sacudió su falo frente a la vagina de su amiga, no dejaba
de acariciar con la mano libre la intimidad de la chica. Terminó con un gran
gemido y esparciendo sus líquidos sobre los muslos de la hechizada. "vete a
dormir", la joven se puso de pie sin decir nada, no trató de vestirse, caminó
directos a las habitaciones vestida únicamente de la cintura hacia arriba. Harry
recogió la ropa que había quedado, la escondió en su propio baúl y, al poco
tiempo... se quedó dormido.
Capítulo 5.
Beauxbatons y Durmstrang.
El gran comedor se encontraba repleto, las otras dos escuelas
participantes en el torneo de los tres magos, la Academia Beauxbatons y el
colegio Durmstrang, ambos provenientes de países tan diferentes como
desconocidos, diversos uniformes deambulaban hasta que el profesor Dumbledore
pidió silencio levantando su mano sobre el pedestal.
¡Bienvenidos, a todos nuestros invitados!
Harry no podía apartar su vista de una muchacha de
Beauxbatons, parecía mayor que él, delicada en sus formas y muy bien
proporcionada en sus atributos femeninos. Colgaba elegante su cabello largo de
un exótico tono rubio plateado que engalanaba su piel clara, sus ojos azules y
la perfecta dentadura la convertían en la chica más bella que él hubiera visto
antes. Un codazo en las costillas seguido por una mueca de exasperación de
Hermione le obligo a mirar hacia donde Dumbledore revelaba el cáliz de fuego. Un
estudiante de cada colegio sería escogido por aquel artefacto mágico, tendría
que ser mayor de 17 años (los gemelos Weasley se enfadaron por este regla),
depositaría su nombre en un trozo de pergamino, así como el de su institución
escrito también.
La chica a la que Harry no podía dejar de mirar se acercó a
la mesa donde se encontraba él y sus amigos. Pidió un platillo que Hermione
había distinguido como extranjero. Ante el repentino tartamudeo de Ron, Harry se
apresuró a dárselo en lo que el considero una actitud galante, pero la joven se
limito a agradecer y a regresar a su mesa.
Es un veela – dijo entusiasmado Ron.
¡Por supuesto que no lo es! – repuso Hermione en áspero
tono – No veo que nadie más se haya quedado viéndola con la boca abierta
como un idiota.
Pero no estaba totalmente en lo cierto. Cuando la chica cruzó
el gran comedor muchos varones (y varias jóvenes) volvieron la cabeza, y algunos
se quedaban sin habla, igual que Ron.
Aunque... – dijo Ginny divertida en secreto a su amiga –
creo que la lengua no fue lo único que actuó de manera diferente.
Hermione siguió los ojos de Harry que permanecía viendo hacía
donde la muchacha había tomado asiento. La túnica era incapaz de ocultar la
repentina erección del chico. En lo que ella creyó sería un movimiento
despistado miró con rumbo a Ron que había reaccionado de igual manera.
¡Te digo que no es una chica normal! – exclamó Ron,
haciéndose a un lado para verla mejor – ¡Las de Hogwarts no están tan bien!
En Hogwarts las hay que están muy bien – contestó Harry,
sin pensar. Daba la casualidad de que Cho Chang estaba sentada a unas pocas
sillas de distancia de la chica de pelo plateado.
Cho, de quinto año, jugaba con buscadora en el equipo de
Quidditch de la casa de Ravenclaw. Era una joven de cabella largo y brillante
color negro, rasgos asiáticos que enloquecían a Harry y un cuerpo muy atractivo.
A pesar de la túnica, las siluetas la delataban, de senos grandes, para su edad,
y redondos parecía que siempre estaba excitada pues sus pezones permanecían
erectos. Su trasero, al menos lo que Harry imaginaba, era de iguales dimensiones
que sus pechos. Todo terminado en unas largas piernas que a la chica gustaba
presumir usando calzado alto.
Cuando puedan apartar la vista de ahí – dijo Hermione –
verán quién acaba de llegar.
Las máximas autoridades del mundo mágico, el señor Ludo
Bagman y el señor Crouch ocupaban los asientos libres junto a los directos de
las escuelas invitadas. Ambos, uno encargado de la sección de deportes y el otro
ministro recibieron como bienvenida las miradas curiosas de toda la habitación.
Tras la presentación y una breve historia acerca del torneo, el reglamento y sus
motivos... Dumbledore dio por comenzado el torneo de los tres magos.
Al día siguiente, en una extraño sábado, todo el gran comedor
estaba repleto, los gemelos Weasley entraron triunfantes mostrando dos frascos
pequeños que contenían una poción de color rosa pálido. Lee Jordan, su
inseparable amigo un poco detrás de ellos también llevaba consigo el líquido.
Poción envejecedora... – dijeron al unísono ante la
mirada expectante de la concurrencia – solo nos falta poco tiempo para
alcanzar la edad... así que será poca.
No va a funcionar... – dijo burlona Hermione.
La profecía de Hermione se cumplió cuando tras momentos de
falso triunfo, los gemelos salieron expelidos con violencia, eso, además de su
nueva barba blanca que apareció en sus juveniles rostros. Todos rieron mientras
Dumbledore les enviaba a la enfermería y su amigo los seguía mofando de los
gemelos.
Pensé que esos dos no sabían hacer pócimas... – dijo un
contrariado Neville una vez que la puerta se había cerrado detrás de Lee..
No saben... – contestó Pansy Parkinson, una chica de
Slytherin de cuarto curso
¿Entonces?
Se las hizo la profesora Sprout...
¿La de herbología?
Si... no hay otra torpe. – Neville se torno sonrojado.
Los cercanos la miraban incrédulos, ¿cómo era posible que una
profesora accediera a ayudar a alumnos que trataban siempre de romper las
reglas?. La chica comprendió el ambiente y ella misma comenzó a narrar.
Yo los vi, anoche después de que comenzara el torneo.
Fueron caminando despacio, parecía que conocían perfecto donde no se
toparían con nadie. (Harry, Ron y Hermione no dijeron nada al sentirse
culpables de lo mismo) Fueron directo a los invernaderos, entraron sin
modificar la cerradura, supongo que ya tenían la llave.
La profesora Sprout era una bruja de baja estatura, un tanto
regordeta y siempre envuelta en tierra de todas las plantas que tenía bajo su
cuidado.
Los seguí sin que me notaran... – continuó Pansy
Parkinson – abrieron la puerta de la oficina de la profesora, yo me quedé
afuera, pero tras un poco de conversación...
¿Qué? – dijeron al mismo tiempo Dean, Neville y Seamus.
Pues, la beso uno de ellos... – un ligero rubor apareció
en el rostro de la joven – la beso como si fuera una belleza, con pasión, la
profesora no se resistió, al contrario, lo abrazó cariñosa mientras el otro
la tomaba desde atrás pegando los dos sus cuerpos con el de la bruja. Ella
movió sus brazos para aprisionar al que rozaba su sexo con sus nalgas.
El silencio era expectante. Chicos y chicas de Griffindor
escuchaban con atención a la joven que era la mejor amiga de Draco Malfoy. Ella,
hablaba con una voz que apenas si lograba salir debido a su respiración agitada.
Las desnudaron como expertos... – la chica agacho la
mirada – debo admitir que tiene un cuerpo aceptable para su edad y su peso.
Sus senos eran enormes, unas areolas también grandes y unos pezones que
podría comparar con mi índice. De inmediato uno de los gemelos tomó aquellos
pechos y los besaba con desesperación, chupaba y lamía todo lo que estuviera
a su alcance, el otro, la recostó para quedar en una posición cómoda para
comerse su vagina, introdujo su lengua dentro de las piernas de la profesora
que se deshacía en placer. Al que estaba acariciando sus senos le indico se
colocara con su entrepierna por encima de su rostro, éste, sin pensarlo
levantó su pierna para cumplir la petición sin dejar de lamer sus objetivos.
La profesora Sprout, levantó la túnica dejando ver la ropa interior del
gemelo, la quitó con ansias reprimidas y, ella y yo, vimos por fin el
miembro de uno de los chicos, erecto, palpitante de excitación. Su glande se
veía limpio y antojable, la boca de la mujer se adueño de su obsequio,
dentro de su boca se consumió todo aquel falo.
Harry notaba como la chica movía nerviosa sus manos, ese
rubor que solo había visto en la señora Weasley y, sus labios de mojaban a un
ritmo impresionante. Así también deberían estar sus pantaletas.
El otro Weasley, había liberado su órgano genital, del
mismo delicioso tamaño, pero éste no tenía la circuncisión. Nunca había
visto uno así. – dijo la chica perdiéndose entre sus recuerdos – lo apuntó y
sin misericordia lo hundió dentro de la profesora. Esta emitió un largo
gemido y seguido relajo su expresión. La penetraba a una gran velocidad, lo
sacaba completo y así, de un solo golpe, lo volvía a meter. La mujer no
sabía si disfrutar del miembro que estaba en su boca, o del que la partía en
dos. Sus propias manos masajeaban sus enormes senos y al poco tiempo alcanzó
un ruidoso orgasmo. El que la estaba disfrutando por su intimidad, le ordeno
que se acomodará sobre el. Se tumbo sobre el césped y apuntando su virilidad
hacia arriba, recibió a la profesora Sprout que encantada se clavaba aquel
trozo de carne. Se dejo caer sobre el pecho del joven dejando a la vista del
que observaba, masturbándose lentamente, éste otro, se hinco detrás de
ella... y con un solo movimiento metió su falo dentro del ano de ella.
Harry sintió una mano sobre su propio pené, como recorría
despacio toda su extensión y cuando escuchó un débil jadeo a su lado se dio
cuenta de que Hermione tenía sus dos manos ocupadas, una en él, y la otra en su
amigo Ron. El devolvió la caricia en las nalgas de la chica...
Sentí que tenía que salir de ahí – prosiguió Pansy – con
dificultad separé mi vista de aquella imagen, mientras la penetraban por los
dos orificios y los tres jadeaban locos de placer. Cuando estuve a punto de
salir del invernadero, escuché el exquisito sonido del orgasmo simultaneo de
la profesora y los gemelos.
Casi al mismo tiempo que la chica terminaba de contar su
secreto, Harry sintió el contacto con la mano de Ron que también tocaba
disimulado los glúteos de Hermione que ya había soltado sus presas y ahora solo
sonreía despistada a los demás. Ambos amigos retiraron sus extremidades y se
miraron un momento. Harry pensaba que Ron le iba a dirigir una sonrisa de
complicidad como antes, en la madriguera al estar con Hermione, pero se llevó
una sorpresa cuando su amigo se mostró enfadado y desvió su mirada hacía Pansy
Parkinson que se retiraba con aire decidido, tomaba asiento junto a Draco y de
inmediato llevaba su mano a la entrepierna de éste.
Angelina Johnson fue hacia los amigos, una chica negra, alta
que jugaba como cazadora en el equipo de Quidditch de Griffindor. Miraba
nerviosa.
Bien, lo he hecho – dijo – he echado mi nombre.
Ojalá quedes tu... – dijo Hermione.
¡Gracias!
Si, mejor tu, que Cedric el hermoso – contestó despectivo
Ron.
Me conformo con que no quedé nadie de Slytherin... –
replicó Harry viendo como Malfoy abrazaba fuertemente a Pansy que se
recargaba en sus hombro.
Cuando terminaron el desayuno, Los tres se miraron, tenían el
día libre y las tareas eran sencillas.
¿Qué hacemos hoy? – preguntó Ron a Harry y Hermione
mientras alían del gran comedor.
Aún no hemos ido a visitar a Hagrid – respondió Harry.