(He colgado este relato en la sección sadomaso aunque también
podía haberlo colgado en la sección de parodias. Es un pequeño homenaje y a la
vez crítica a los tebeos del Capitán Trueno de los años 50 y 60. La crítica
consiste en que el dibujante colocaba al Capitán Trueno con Sigrid, un pedazo de
pibón al que nunca le toca ni un pelo y a la que siempre salva a tiempo cuando
un malvado intenta hacerle algo. Me imagino a generaciones de españolitos
reprimidos por el Nacional-Catolicismo Franquista imaginándose mil y una
historias guarras entre el capitán Trueno y Sigrid que nunca ocurrían. En honor
a ellos he procurado que la historia sea lo más rijosa y pervertida posible.
Para los que no lo conozcáis adjunto un par de imágenes).


El Capitán Trueno y sus amigos, Goliath y Crispín viven una
nueva aventura, esta vez acompañados por Sigrid, la bella princesa de Thule y
novia del Capitán Trueno. Esta vez se encuentran en los dominios del Emir Rojo,
un sádico tirano berberisco que ha sojuzgado a su pueblo al que explota con
impuestos abusivos. El Capitán planea reunirse con los disidentes en un refugio
secreto de las montañas para dirigir una revuelta y derrocar al emir. En este
momento, nuestros amigos andan a caballo por un estrecho y serpenteante camino.
- Capitán Trueno: Este viaje es demasiado peligroso. No
tenías que haber venido, Sigrid, deberíamos haberte dejado en un lugar seguro.
- Sigrid: (para sí) ¡Ya estamos!, ya está pensando en dejarme
apalancada por ahí. Sólo piensa en aventuras y chorradas, pero a mí no me toca
ni un pelo. A este paso me voy a morir virgen.
- Capitán Trueno: ¿Qué dices?
- Sigrid: Nada, nada, lo que tú digas mi amor. (para sí) Si
al menos pudiera masturbarme, pero en los años 50 se supone que las tías no
sabemos qué es eso, menudo fastidio pero desde el primer tebeo en que aparecí
estoy super caliente y aquí no pasa nada de nada.
- Goliat: (para sí) Joder qué buena está, llevo todo el viaje
matándome a pajas…. Qué culo tiene la jodía, como la pille por ahí…..(dándose
golpes en la cabeza) ¡Para goliat, para, es la novia del capitán, ver pero no
tocar. …..dios, cómo se le mueven las tetas, seguro que no lleva nada debajo del
vestido.
- Crispín (para sí) Joder qué bueno está. Con esa melenita
está para comérselo. Pero no me hace ni caso, ¡qué desgraciado soy!. A cambio de
eso tengo que estar todo el día con este gordo tuerto que huele a demonios y que
se pasa todo el día meneándosela… Mmmmh, estoy divino con este trajecito
amarillo, no sé por qué no me mira el capitán, qué cosas haríamos si el
quisiera, ¡snif!.
El grupo siguió caminado sin advertir que unos malvados ojos
les observaban.
- Un soldado: (susurrando) ¿Por qué no atacamos?
- Capitán: calla imbécil, somos demasiado pocos. Las órdenes
son claras, hay que capturar a la mujer de pelo dorado y llevársela al emir.
El grupo siguió andando sin sospechar nada y unas horas
después llegaron a una pequeña fonda cuyos dueños eran simpatizantes de los
rebeldes. Allí se despidieron el Capitán Trueno y Sigrid (por supuesto sin besos
ni abrazos).
- Sigrid: Esperad hasta mañana. ¿Es necesario que partáis
ahora?
- Capitán Trueno: Sí, Sigrid, nos esperan esta misma noche en
el escondite de los insurgentes, no podemos retrasarnos. Aquí estarás segura, no
te preocupes.
- Goliat: Si quieres, yo me puedo quedar con ella.
- Capitán Trueno: No, Goliath, los hombres del Emir no saben
nada y no hay nada que temer por ella. A ti te necesitamos arriba.
- Goliat: (para sí) mierda
- Sigrid (para sí) mierda
- Crispín (para sí) mierda
El Capitán Trueno, Goliat y Crispín se encaminaron pues hacia
la guarida de los insurgentes mientras Sigrid les despedía agitando el pañuelo y
enjugando una lágrima.
- Capitán Trueno: (desde lejos) Cuidad de ella, buena gente.
Sigrid se quedó con los dueños de la posada y se retiró
pronto a su habitación. Por supuesto se durmió sin tocarse ni nada y sin
quitarse el vestido azul de siempre. La joven no podía sospechar que los hombres
del Emir la raptarían esa misma noche. Sigilosamente escalaron hasta su
habitación y la capturaron sin dejarle siquiera gritar. Atada y amordazada,
Sigrid fue llevada hasta la fortaleza del Emir Rojo. Éste ordenó que fuera
llevada a su presencia inmediatamente.
- Emir Rojo: ¿De modo que tú eres la princesa de Thule?
- Sigrid: Sí sarraceno, ¿como os habéis atrevido a raptarme?,
el capitán Trueno vendrá aquí y me rescatará.
- Emir Rojo: Ja, ja, aún tardará mucho en darse cuenta de que
estás en esta fortaleza y para entonces ya nos habrás dicho donde se esconden
los rebeldes.
- Sigrid: Estás loco si piensas que te lo voy a decir. No sé
donde están, pero aunque lo supiera no te lo diría, tirano.
- Emir Rojo: ¿Estás segura?. Tenemos métodos para desatar tu
lengua, pero sería una pena utilizarlos con una joven tan bella como tú.
- Sigrid: Nada de lo que hagas conseguirá doblegarme, nunca
traicionaré al capitán.
- Emir Rojo: Eso lo veremos. Guardias, conducid a la
prisionera hasta la cámara de tortura y decid a los verdugos que la "preparen"
para el interrogatorio. Yo bajaré dentro de un par de horas. Veremos si entonces
se obstina en no hablar.
Los guardias agarraron a Sigrid por los brazos y la llevaron
directamente a la cámara de tortura de la fortaleza. Allí la dejaron en manos de
los tres verdugos del Emir. Sigrid se quedó alucinada ante el panorama. Los tres
verdugos estaban casi desnudos, sólo llevaban una capucha en la cabeza y un
pequeño taparrabos. Eran fuertes y musculosos y tenían un pecho ancho y
brillante por el sudor. Sin saber muy bien por qué, Sigrid notó que se le
empezaba a mojar la entrepierna.
- Verdugo 1: Desnudate, mujer de pelo dorado.
- Sigrid: (cubriéndose el pecho con los brazos). Nunca.
- Verdugo 1: ¿Prefieres que te arranquemos la ropa nosotros?
Sigrid quiso contestar pero comprendiendo que era inútil toda
resistencia empezó a quitarse la ropa. Como pensaba Goliat, la princesa nórdica
no llevaba nada bajo el vestido así que en unos segundos se abrió la parte de
arriba y dejó al aire su torso desnudo. Como buena escandinava, Sigrid tenía
unos pechos contundentes, redondos y lechosos con unos enormes pezones rosados.
Un poco avergonzada, la joven utilizó su melena rubia para taparse un poco por
delante mientras se demoraba en quitarse el resto de su vestido.
- Verdugo 2: Quítate todo. Tienes que estar desnuda durante
el interrogatorio
- Sigrid: ¿Qué me vais a hacer?. Soy virgen.
- Verdugo 1: Eso lo vamos a solucionar ahora mismo, hay
tiempo hasta que llegue el emir, vamos desnudate.
Sigrid se podía haber resistido, pero no lo hizo, al fin y al
cabo si esos tres fortachones la violaban no era culpa suya, ni siquiera se
podía decir que le fuera infiel a su amado. Además, seguro que antes de que le
pasara nada le rescataba el capitán como siempre. Pensando esto se soltó el
cinto y se quitó completamente el vestido ante la mirada lujuriosa de sus
verdugos.
Ya desnuda, Sigrid se tapó la húmeda entrepierna con una mano
mientras con el otro brazo se cubría a duras penas los pechos. Los verdugos
quedaron agradablemente sorprendidos. Efectivamente, Sigrid tenía un cuerpazo de
escándalo, le faltaban manos para cubrirse los muslos y ese culazo redondo con
el que Goliat soñaba cada noche. La joven permanecía ahora encogida y
avergonzada intentando utilizar su cabello como pantalla.
Fue entonces cuando los verdugos se quitaron el taparrabos
mostrando al aire sus penes gruesos y de cabeza brillante y amenazadora. Sigrid
abrió los ojos al límite al ver esas tres grandes pollas señalándola. Ahora le
parecía que una frías gotas se deslizaban por la cara interna de sus muslos y el
corazón le latía muy rápido.
.
Uno de los verdugos le atrapó los brazos por sorpresa y
cruzándolos a la espalda le empezó a atar las muñecas con una áspera soga.
Sigrid se dejó atar sin resistirse pues sabía que el Capitán Trueno no tardaría
en salvarla….aunque francamente no estaba muy segura de desearlo. Tras atarle
las muñecas entre sí, le pusieron otra soga en los codos para inmovilizar
completamente los brazos. Mientras un verdugo le sujetaba por los brazos otro se
agachó para acariciarle el trasero y los muslos y el tercero se puso a
acariciarle los dos pechos a la vez estrujándolos y retorciéndole los pezones.
Sigrid apartó el rostro y cerró los ojos gimiendo de dolor…y de placer.
Tras unos segundos acariciándole todo el cuerpo Sigrid notó
que un verdugo le introducía un dedo por dentro de la raja y suspiró de placer
por el dulce roce.
- Verdugo 3: (moviendo el dedo dentro del coño de Sigrid) No
mentía, creo que es virgen.
- Verdugo 1: Sí y parece que quiere dejar de serlo, mira cómo
tiene los pezones, parecen la cordillera del Atlas.
- Verdugo 2: Primero vamos a ver cómo la chupa.
Y diciendo esto le obligaron a arrodillarse. Sigrid vio el
pene turgente a pocos centímetros de su cara y un extraño olor le hizo fruncir
el ceño. Al principio le sorprendió pero luego le pareció muy agradable. En los
años 50 ó 60 la mayor parte de la gente ni siquiera se planteaba eso de chuparle
el sexo a otro, pero Sigrid se dejó guiar por sus instintos y comenzó a comerle
la polla al verdugo. Eso sí que nunca lo iba a hacer con el Capitán Trueno así
que había que aprovechar la ocasión. Primero sólo la punta, pero como le gustaba
su sabor y textura poco a poco se metió cada vez más polla dentro de la boca y
empezó a improvisar la mamada lentamente pero sin interrupciones. Al de un rato
la joven movía la cabeza adelante y atrás animosamente, mantenía los ojos
cerrados y hacía tenues ruiditos nasales. El verdugo en cuestión jadeaba con los
ojos entreabiertos moviendo la pelvis atrás y adelante al ritmo de la felación.
Mientras tanto los otros dos no perdían el tiempo. Uno le acariciaba
continuamente las tetas que colgaban ahora libres y temblorosas haciendo que los
pezones permanecieran continuamente duros y erizados. El otro se ocupaba del
coño y del ano acariciando los labia y el clítoris turgente de la joven e
introduciéndole de cuando en cuando un dedo por el agujero del culo.
Sigrid creía estar ahora en el cielo y esperaba que el
Capitán estuviera en el infierno pues si se le ocurría aparecer en ese momento
le mandaría allí sin dudar. De pronto, el verdugo empezó a eyacular y Sigrid
abrió la boca pero los goterones de esperma le fueron cayendo en la lengua con
una precisión total. La joven tragó el líquido caliente y pastoso y hecho esto
se puso a lamer la polla del verdugo que aún sentía los espasmos del orgasmo.
Los otros dos no le dejaron juguetear mucho más con el pene
pues estaban impacientes. Uno se tumbó en el suelo y cogió por el pelo a la
mujer para que se la mamara a él también, cosa que Sigrid hizo con sumo gusto.
Como la postura le hizo poner su culo en pompa, el tercer verdugo le dio un
palmetazo y dirigió su polla hacia la abertura de la vagina. Con tanto
movimiento, Sigrid estaba supermojada así que el pene del verdugo la penetró con
toda facilidad. La rotura del himen le hizo exhalar un grito, y los primeros
empujones le dolieron un poco pero paulatinamente Sigrid se fue relajando y
gimiendo de placer, de modo que fue reclamada otra vez para chuparle la polla al
otro verdugo. Los tres siguieron con la doble penetración un buen rato hasta que
Sigrid levantó la cara y empezó a gritar, como loca, pues se estaba corriendo
por primera vez en su vida.
Los verdugos cambiaron entonces de posición, le obligaron a
empalar su coño en la polla del que estaba en el suelo mientras el que estaba
detrás se ponía de pie. Sin siquiera obligarla a ello, Sigrid buscó la polla del
verdugo y se puso a chuparla con avidez.
En las dos horas que duró todo a Sigrid se la follaron tres o
cuatro veces más y ella se corrió en otras dos ocasiones. Finalmente, el Emir
Rojo se dirigió a la cámara de tortura para interrogar a la joven. Al abrir la
puerta de la mazmorra observó complacido cómo sus verdugos habían obedecido sus
órdenes a rajatabla. Sigrid había sido atada a una viga del techo con sus brazos
en alto y los tobillos atados entre sí. Completamente estirada y obligada a
mantenerse sobre las puntas de los dedos de sus pies mostraba su desnudez con
generosidad. Como preparación, sus verdugos la habían azotado de modo que el
cuerpo de Sigrid estaba ahora brillante de sudor y surcado de finas líneas
rojas. La joven permanecía con la cabeza baja y el pelo empapado de su propia
transpiración.
- Emir Rojo: ¿Ha hablado?
- Verdugo 1: No señoría, es muy testaruda.
El otro verdugo la cogió del cabello y le obligó a mirar al
Emir. Sigrid se agitó y sus pechos temblaron. El cansancio de encajar tantos
latigazos le hacía respirar rápida y profundamente
- Emir Rojo: Vamos, habla. ¿Dónde está la guarida de los
rebeldes?.
Por toda respuesta Sigrid escupió al Emir.
- Sigrid: ¡Cerdo!. Esto es lo único que obtendrás de mí.
El emir se quitó el escupitajo de la cara y enfurecido estuvo
a punto de abofetear a la chica, pero se contuvo y sonrió cruelmente mientras
miraba las turgentes mamas de Sigrid.
- Emir Rojo: Traeme una de tus pinzas, verdugo.
El emir llevó entonces su mano hasta el pecho izquierdo de
Sigrid acariciando con el dedo la fina herida producida por el látigo.
- Emir Rojo: Mmmh, qué piel tan suave, supongo que tiene los
pechos muy sensibles. Habrá gritado mucho durante la flagelación, ¿no?.
- Verdugo 1: Sí señoría, gritaba como una loca, pero aún así
no ha dicho nada (susurrando al oído al emir), es muy raro, se diría que le
gustan los latigazos. Tomad.
El verdugo acercó las pinzas al emir.
- Emir Rojo: (abriendo y cerrando las pinzas y acercándolas
al pecho de Sigrid) No creo que esto le guste tanto. Dime querida, ¿dónde está
ahora el Capitán Trueno y sus amigos?.
- Sigrid: (mirando las pinzas). No lo sé.
- Emir Rojo: (acariciándole los pezones con las pinzas).
Vamos, confiesa si no quieres que te pellizque los pechitos con esto.
- Sigrid: Podéis seguir torturándome si os place, ya os he
dicho que no sé nada.
El emir miró con rabia a Sigrid y le atrapó el pezón con la
pinza aplastándolo con sadismo.
- Sigrid: (cerrando los ojos y retorciéndose) ¡Aaaah!.
Los verdugos y el emir se miraron sin tener muy claro si
aquello le había gustado o no, pero Sigrid permanecía con los ojos cerrados y la
boca entreabierta suspirando y aguantando el dolor. El emir cogió otra pinza y
le pellizcó el otro pecho obteniendo un resultado similar. Sigrid tensaba toda
su anatomía mordiéndose los labios para no gritr pero no parecía estar sufriendo
tanto. Rabioso, el emir se puso a retorcerle las pinzas con toda su mala leche.
Sigrid empezó entonces a gritar desaforadamente retorciéndose como una
serpiente, pero los gritos dejaron pronto de ser sólo de dolor y ella
experimentó un nuevo orgasmo.
- Emir Rojo: (sudando y empalmado) esto es cosa de brujería,
le gusta que la torturen. Acostadla en el potro, rápido.
Los verdugos obedecieron al instante y descolgaron a Sigrid,
la cogieron en volandas y se la llevaron hasta un enorme potro de tortura. Allí
la acostaron boca arriba sobre la tabla, cerraron un cepo de madera sobre sus
tobillos y ataron sus brazos a las cadenas que había tras su cabeza. Hecho esto
dos verdugos empezaron a dar vueltas al cilindro del potro. Las cuerdas se
estiraron y Sigrid notó cómo tiraban de sus brazos.
El emir se acercó complacido sintiendo una erección más que
evidente al ver a la bella joven desnuda sobre el potro.
- Emir Rojo: Ahora cantarás como un pajarillo, preciosa.
Seguid apretando.
El cilindro del potro seguía avanzando diente a diente
mientras los verdugos se afanaban resoplando del esfuerzo. Lentamente el cuerpo
de Sigrid se siguió estirando y se levantó de la madera. No estaba claro si los
crujidos venían del instrumento de tortura o de las propias articulaciones, pero
Sigrid estaba cada vez más estirada. Por fin la joven lanzó un sonoro alarido y
el emir hizo una seña para que pararan.
- Emir Rojo: ¿Duele?
Sigrid afirmó con la cabeza, ahora tenía lágrimas en los
ojos.
- Emir Rojo: ¿Vas a confesar?
Sigrid hizo esta vez un gesto negativo.
- Emir Rojo: (contrariado) Dadle otra vuelta.
El potro volvió a crujir y los brazos de la joven volvieron a
estirarse como si se los fueran a arrancar de cuajo. Sigrid volvió a gritar,
esta vez con más intensidad. Las costillas se le marcaban perfectamente en el
torso y le costaba respirar con normalidad.
- Emir Rojo: (muy enfadado) Habla de una vez. ¿Dónde está el
capitán?.
Esta vez Sigrid no contestó, la cabeza le colgaba ya hacia
atrás y su lacio pelo caía sobre la madera del instrumento de tortura. Su cuerpo
estaba en vilo sujeto de piernas y brazos al límite del estiramiento, mientras
los verdugos tenían que hacer fuerza con su pierna para mantener el potro
tensado.
- Emir Rojo: (acariciándole el clítoris) Vamos preciosa,
confiesa y seré piadoso contigo. Dejarás esta odiosa mazmorra y haré que te
lleven al harén donde te vestirán con sedas. Serás mi favorita.
Sigrid recordó entonces las pollas de los verdugos y le
pareció insoportable tener que conformarse con ese personajillo de tres al
cuarto.
- Sigrid: Eunuco, picha floja. ¿Qué te has creído?, prefiero
mil veces el potro de tormento que el lecho de un maricón como tú.
Esta vez el emir montó en cólera y le salió una voz chillona.
- Emir Rojo: ¡Preparad los hierros!, vamos a arrancarle la
piel a esta cristiana.
Los verdugos volvieron a obedecer diligentemente y fueron
destensando el potro hasta que el cuerpo de Sigrid pudo descansar otra vez sobre
el madero. La joven estaba en un baño de sudor y respiraba con dificultad. Entre
tanto, los verdugos habían introducido tenazas y punzones de hierro en un gran
brasero. Tras esto y con mucho cuidado acercaron el brasero hasta un lateral del
potro.
Sigrid sintió el repentino calor de las brasas junto a su
costado y levantó la cabeza viendo los hierros que ya se estaban calentando y
poniendo de color rojo. Ala vista de los hierros candentes Sigrid perdió el
valor.
- Sigrid: No por favor, eso no. No sé dónde están, os lo
juro.
- Emir Rojo: Ya es tarde para eso. No debiste despreciarme.
Ahora mandaré que te torturen sólo por el placer de hacerlo.
- Verdugo 2: (sacando unas tenazas con las puntas al rojo
vivo) Esto ya está señoría, ¿por dónde empiezo?.
- Emir Rojo: (acariciándole un pecho). Tiene unas tetas duras
y redondas, pellízcale una, pero que sólo sea un momento, no quiero que se
desmaye todavía.
El verdugo acercó las tenazas abiertas a pocos milímetros del
pecho de la joven.
- Sigrid: Piedad, por favor, no.
Y cuando el verdugo estaba a punto de quemarle se oyó un
ruido de lucha en el pasillo.
Emir Rojo: ¿Eh?, ¿qué es eso?. Id a ver.
El verdugo apartó el hierro candente de la prisionera y fue
hacia la puerta, pero ésta se abrió de golpe y apareció el Capitán Trueno
blandiendo su espada.
- Capitán Trueno: ¿Qué le estáis haciendo a Sigrid, canallas?.
De dos mandobles despachó al verdugo y lo mismo les ocurrió a
los otros dos. Viéndose perdido el Emir Rojo sacó su alfanje y amenazó con matar
a Sigrid, pero el capitán estuvo rápido, le tiró su espada y se la clavó en el
estómago. El emir dejó caer la suya y retrocedió unos pasos antes de caer al
suelo muerto.
Pasado el peligro, el Capitán Trueno se interesó por su
amada.
- Capitán Trueno: Sigrid, mi amor, ¿qué te han hecho?.
Pero cuando se dispuso a liberarla se quedó como hipnotizado.
Allí estaba ella delante de él, la bella joven nórdica se mostraba como él nunca
la había visto: completamente desnuda y disponible. El capitán se fijó en sus
muslos, sus anchas caderas, la graciosa mata de pelo rubio del pubis, ese
vientre plano pero cálido y esos pechos redondos y abultados. Entretanto, y como
él no hacia nada, Goliat y Crispín se pusieron a liberarla de sus ataduras.
- Sigrid: Ya sabía yo que vendrías en mi ayuda, …pero,
capitán, capitán, ¿qué te pasa?.
El Capitán Trueno no podía apartar los ojos de ella mientras
un extraño mareo se apoderó de él. Las piernas le empezaron a temblar y su pene
adquirió vida propia, pronto una gran mancha se hizo perceptible en su
entrepierna. Ya desatada, Sigrid intentó abrazarlo, pero el capitán la miró
avergonzado y salió corriendo de la cámara de tortura. Crispín corrió detrás de
él.
- Crispín: capitán, capitán, ¿qué te ha pasado?.
De este modo, Goliat y Sigrid se quedaron a solas.
- Sigrid: (aún tumbada en pelotas en el potro de tortura y
acariciándose las heridas de las caderas) Lo que me faltaba, un eyaculador
precoz y encima se ha cargado a los tres verdugos, es un aguafiestas.
- Goliat se quedó también alelado viendo las curvas de Sigrid
mientras sostenía sus ropas para que se cubriera. Sigrid se dio cuenta de la
mirada del gigantón y de que estaba entrampado bajo su camisa de rayas,
lentamente cogió sus ropas de la mano de él y las tiró lejos.
- Sigrid: (levantando con los dedos la camisa de Goliat)
Goliat, cielo, ¿harías algo por mí?
- Goliat: (sudando) lo que gustéis señora.
Sigrid levantó la falda y puso gesto de sorpresa al ver lo
que tenía delante, y antes de llevárselo a la boca dijo:
- Sigrid: Desde luego, Goliat, menos mal que lo tienes todo
grande.