VACACIONES SERRANAS
Por Chichonero
Mientras permanecía recostado en mi habitación, el humo del
cigarrillo se disipaba en finas volutas buscando el techo. Jornada calurosa la
de ese último verano en mis vacaciones en la casita de las sierras.
Permanecía desnudo siendo ya las 19:00, pero el sol estaba
alto y fuerte. Una ligera sensación de vacío y leve ardor percibía en mi recto.
Es que desde las 14:00 había tenido sexo con un veraneante y
compañero ocasional de lecho, al que desde hacía varios días venía observando
insistentemente en el balneario. Su "paquete" me resultó más que atrayente y
dedicaba indisimuladas miradas hacia ese sector de su cuerpo bronceado, hasta
llegar a sentirme húmedo. Por cierto que mis miradas no habían pasado
desapercibidas para él, y cuando llegó el momento del refrigerio, un banal tema
fue motivo para iniciar la conversación que se extendió largo rato. Así supe que
veraneaba con su madre –es soltero- y disimuladamente me fui enterando que tenía
algún tipo de atracción por los hombres. Cuando comenzaba el crepúsculo nos
despedimos y quedamos en encontrarnos al día siguiente a la siesta en mi casa.
Ardía de la excitación y me parecía que la hora estaba
detenida. Apareció en el portón de calle y con un ademán de mano me saludó. Lo
insté a ingresar y muy pronto estuvimos en la cocina compartiendo charla, mate y
galletitas. Lo invité a recorrer la casa y se mostró maravillado por la
decoración. Alabó mi buen gusto y dejé para el último hacerle ver mi dormitorio.
Se mostró curioso por la cama amplia de dos plazas y le expliqué que me agradaba
estar cómodo tanto para dormir como para tener sexo.
"Me imagino las cogidas de minas que tendrás aquí" –dijo-
"No te imagines a mujer alguna"
Se quedó mirándome sin comprender.
"Es cierto, y no tengo por que ocultártelo. Aquí tengo sexo
con amigos, como vos, por ejemplo".
¡Es decir que te gusta coger con machos!
"¡Así es! Y si te gusta lo podemos hacer ahora mismo…
"¿Porque no? Si a vos te gusta, te confieso que a mí también.
–replicó-
Instantes después nos habíamos despojado de algunas ropas y
sólo los calzoncillos ocultaban partes de nuestros cuerpos. Las manos trotaban
por la epidermis de ambos y nuestras bocas permanecían casi permanentemente
unidas, dejando a las lenguas hablar el idioma de una excitación que iba
creciendo lenta y sugestivamente. Él besaba muy bien y eso me enardecía.
Correspondía a esos besos enredando mi lengua con la suya sin dejar de palpar su
"paquete" tan prometedor. Obvio que se le puso "a punto" en escaso tiempo y
progresivamente me fui resbalando por su pecho, lamiéndolo, hurgando
eróticamente su ombligo velludo hasta llegar al bajo vientre, bajé el slip hasta
los pies y observé la espesa mata de pelo renegrido que cubría el nacimiento de
una altiva y dura pija. Era espectacular mirarla con la vena mayor latiendo por
la excitación. El glande todavía cubierto por el prepucio dejaba ver el ambarino
líquido pre eyaculatorio. La piel trasuntaba vívidamente el tamaño de lo que
cubría. Suavemente con dos dedos bajé dicha piel y ante mis ojos se presentó un
glande rojizo, carnoso y tentador. Mis labios lo besaron. Él gimió. Mi lengua
preparó el terreno. Mi saliva fue humectando ese capullo hermoso y mis labios se
abrieron para abrazarlo totalmente. Chupé con fuerza y percibí su gozo pues toda
la pija se irguió amenazantemente. Sé que esperaba más y lo complací. De a poco
fui mamando y con cierto esfuerzo lograba deglutirla casi toda. La quitaba de la
boca dejando sólo el glande dentro. Le hacía "la mariposa hindú" y bajaba por
los lados dejando un rastro de saliva. Tornaba a su glande y embuchaba parte del
portentoso tronco bajando hasta rozar con los labios su renegrida pelambrera. Mi
lengua rastrillaba esa columna dura yendo hacia arriba, sacándola y buscando
ahora esos enormes huevos a los que lamía con deleite hasta dejarlos mojados y
suavemente introducirlos en mi boca para que recibieran el homenaje de la lengua
golosa que los saboreaba deleitosamente.
Así me estuve teniendo como fondo sus intensos gemidos de
placer. Su pija era un mástil parecido al acero y estaba invitando a alojarla en
otro punto. Él se retorcía aún de la chupada que acababa de recibir y estaba
como enloquecido por satisfacerme analmente. Obvio que esperaba satisfacerse con
mi ano, y no deseaba yo otra cosa.
Se recostó apoyando la cabeza sobre la almohada. Su lindo
cuerpo se destacaba sobre las blancas sábanas y la pija reposaba erecta sobre su
vientre. ¡Era para comérmelo allí nomás!
Quité totalmente su slip, hice lo propio con el mío y como
una gata al acecho me acosté sobre su cuerpo mientras buscaba desesperado su
boca. Abierto en "Y" invertida noté que maniobraba por detrás hasta percibir la
tibieza de su tronco entre mis glúteos.
-¡Ahgggg….guauuu! –gemí
Me hacía movimientos de coito y el tronco subía y bajaba por
sobre mi hueco. Su glande esparcía líquido sobre al aro oscuro. Me aprisionaba
entre sus potentes brazos y no paraba de besarme. Gemíamos entre beso y beso.
Pegaba mi culo contra esa verga y él cruzaba una pierna sobre las mías
reteniéndome, ¡no pensaba fugarme!
Cuando intentó penetrarme le pedí se colocara el condón.
"¡Quiero que me lo pongas con tu boquita!"
Extraje el sobre de condones debajo de la almohada, extraje
uno y sosteniéndole con los labios por el depósito acerqué mi boca al glande. Lo
ubiqué y poco a poco lo fui haciendo correr hacia abajo hasta enfundarle toda la
pija.
Nuevamente volví a colocarme sobre él. Esta vez apoyado en
mis rodillas y abierto de par en par fui descendiendo hasta hacer contacto con
su barra.
"¿La quieres ya a la colita?"
"¡Sí!"
Descendí algo más y poco a poco me fui ensartando esa
maravilla. Cuando entre gemidos mutuos logramos insertarla hasta poco menos de
la mitad, iniciamos un acompasado mete y saca.
"¡Agggggg… papito que rica la tenés!… ¡Cuan gruesa es!...
¡Qué delicia!... ayyyyyy…
Me tomó súbitamente de la cintura y jaló hacia arriba. Cerré
los ojos, apreté los labios y su preciosa herramienta se alojó hasta los huevos.
¡Cómo me culeaba!, la sacaba hasta la mitad y volvía a
ensartármela haciéndome estremecer del gozo. Le correspondía con rítmicos
movimientos de pelvis mientras la mantenía íntegramente adentro. Restregaba mi
pubis contra el suyo y culeaba yendo y viniendo sobre sus pelos. ¡Cómo me
gustaba tenerla toda adentro!
Es hermosísima la sensación que produce una buena pija metida
hasta el final dentro del culo. Percibir como desde el glande hasta la base
recorre íntegramente el recto hasta hacerse sentir en su fondo. Te da la
impresión que vas a defecar. El anillo se abre al máximo para recibir la ofrenda
de carne. Esa entrada se abre ante el embate y se distiende cuando la pija sale.
A tanto llega la dilatación que sientes fuertes deseos de orinar cuando el
glande te roza la próstata y es entonces cuando gozas lo inimaginable. Allí en
ese botoncito interior anida el placer que en oleadas te va invadiendo mientras
la pija trabaja en el mete y saca. ¡Quisieras retenerla una eternidad!
Mi amante sabía del poder de su pija y me lo hacía sentir a
cada instante. La quitaba hasta el glande y volvía a ingresar raudamente. Mis
ojos permanecían cerrados, los labios exhalaban gemidos de satisfacción y el
goce aumentaba cuando con dos dedos pellizcaban mis tetillas. Lo correspondía
acariciando su pecho y luego su rostro.
No me daba tregua con la pija. La sentía cada vez más dura y
en cualquier momento le acabaría a chorros. Comenzó a jadear fuerte, me tomaba
de las nalgas y se apretaba a mi culo desde abajo con más denuedo. Estaba a un
paso del orgasmo y me preparé.
Nos convulsionamos enteros y en medios de quejidos, gemidos y
gritos apagados nos desbordamos en leche. Empuja hasta donde más podía su pija
en mi culo y mi mano masturbaba rápidamente la mía. Quedamos tiritando del
polvo. Nuestros cuerpos mojados y había olor a sexo en la habitación.
Su enorme pija al irse aflojando se retiró de mi recto y cayó
casi mustia sobre su vientre bañado con mi semen que había salpicado hasta su
pecho.
Esparcí mi blanco licor sobre sus tetillas y con la punta de
la lengua lo fui lamiendo. Tenía los ojos cerrados y jadeaba entrecortadamente.
Bajé mi cuerpo y acerqué mi rostro hacia su pija adormilada, quité el condón, lo
di vuelta y derramé su abundante semen sobre ella. Mi lengua no tardó en
recorrer ese divino trozo, dejando hilos de semen pendiendo de mis labios.
Cuando hube terminado mi labor, la pija relucía con mi saliva.
Un cuarto de hora posterior le regresó el apetito sexual. Me
acarició y besó por donde quiso, chupó mi culo hasta llevarme al borde de una
acabada pero sabiamente me contuvo. Su mano sobaba mi pija y huevos y le
correspondía masturbando su potente erección. Me introducía un dedos, dos y
hasta tres en el ano como provocándome. Se la chupaba ardorosamente apretando
firmemente sus enormes y duros testículos. Le amasaba la pija con los labios
mientras él estaba entregado a darme lengua en el orificio anal. Cuando
estuvimos a "punto de caramelo", me hizo colocar de rodillas en el piso y mi
torso sobre la cama. Estaba listo para ser ensartado. Pronto se ubicó tras mío y
percibí la tibieza del glande justo en la puerta trasera. Aguijoneó, lancé un
hondo gemido y la pijota se enterró casi hasta los pelos. La tuvo allí unos
instantes y paso a paso inició el sabroso mete y saca. Cada pijazo me provocaba
torrentes de emociones distintas. Sentía como cosquillas en la espinilla, la
base de los huevos me temblaba y mis caderas se retorcían ante cada sablazo. Esa
pija me provocaba delirios. Ese macho penetrándome sabía hacer las delicias de
mi colita. Pasé mis brazos hacia atrás y tomándolo fuertemente de los glúteos lo
atraje hacia mí logrando un total encaje. Empujé y así logré retenerlo
profundamente casi otro cuarto de hora en que volvimos a expulsar leche a
chorros. Intuí que me estaba llenado el culo, pues una tibieza notoria se hacía
sentir. Su leche se volcaba enteramente dentro de mí y agitando con su mano, mi
pija proseguía lanzando leche a escupitajos que daban sobre las sábanas. No sé
cuanto duró semejante acabada, lo que sí recuerdo es que al retirarse me di
vuelta de inmediato y con una sorpresa que me llenó de satisfacción observé
grueso goterones de semen le colgaban del glande.
¡Me había culeado sin condón!
Me sentí una puta total en ese momento. Mi macho había
largado todo su licor dentro de mi culo.
Presa de una calentura extra, me arrodillé y en medio de sus
súplicas de que me detuviese, le mamé la pija entera hasta sentir arcadas.
Llegué con mis labios hasta los pelos renegridos y reteniendo la respiración
bucal, mi legua lamió ese soberbio poste hasta desagotarlo enteramente.
Atardecía cuando nos despedimos. Me regresé al interior y
recostado fumé otro cigarrillo. Un ligero dolor en mis caderas y un fino hilo de
semen que se colaba afuera de mi culo depositándose sobre las sábanas me
hicieron pensar en este descomunal macho que me había penetrado esa tarde. Me
revolví inquieto en el lecho y tras apagar el cigarrillo, me adormilé. Cuando
desperté, las estrellas estaban en el cielo, un cielo donde había viajado esa
tarde montado en tal colosal pija. Antes del final de vacaciones, fui suyo
numerosas veces, hasta que una siesta en el juego me pidió probar.
Ello será motivo del siguiente relato.-