Como lo que motivó a que me decidiera confesar, en la red,
mucho de lo que me estaba sucediendo, hace más de dos años, estando yo
infelizmente, casada y embarazada, fue la propia relación clandestina
erótico-amorosa, que se precipitó en ese mismo verano con primo; la misma de la
que he venido contando durante todo este tiempo, hizo que la coincidencia en el
tiempo de lo que hacía con lo que contaba, o sabía que tarde o temprano
contaría, estimulara en mucho, nuestra ya sobrada imaginación y potenció, aun
más, lo que terminábamos realmente haciendo. Así fue que siempre he tratado de
describir todas las cosas que se fueron dando, de la forma más excitante y,
sobretodo, haciendo hincapié en sus detalles más lujuriosos.
De ahí que el placer que me brindó el relatar casi
simultáneamente lo que vivía es un poco distinto, al que ahora siento al estar
refiriéndome a cosas ocurridas dos años atrás.
Entonces, de alguna manera, en aquella época, al estar, al
mismo tiempo, haciendo y contando mis guarradas, éstas más me calentaban, y más
ganas me daban de hacerlas y acrecentarlas; así fue que, más allá de que nunca
estuve enamorada de mi marido y lo que sentía sexualmente junto a mi primo no
tenía comparación posible, a mi infidelidad la llevamos a puntos extremos,
aunque, por lo general bastante inofensivos, como fue aquel día que estando
super excitada, porque con mi adorado amante familiar, por fin, tendríamos mi
casa para estar solos tranquilamente, ya que, por primera vez, mi marido me
dejaría sola por dos días y una noche al tener que viajar en bus hasta una
distante ciudad, en visita familiar, para conseguir y hacer firmar unos papeles.
Además, para ese fin de semana, nuestra secreta relación, con
un mes de iniciada, ya estaba en un punto en que mi primo, excepto en los
momentos en que nos teníamos que separar o el otro se ponía muy boludo o
rompebolas, no sentía ningún tipo de celos de mi marido; de hecho, algunas
veces, cuando yo me quejaba por tener que volver a mi casa o de lo mucho que
molestaba tener sexo con mi esposo; mi primo, un poco, también, para sacarse de
encima mi problema, me incitaba a que tenía que encontrarle a eso alguna
diversión, ya que la separación, en esos momentos, era algo impensable.
Pero no solo por eso me estimulaba a coger con mi marido sino
porque siempre le encantó verme emputecida, ya que muy rápidamente me demostró
la cachondez que le produjo yo cogiera, la primera vez, en el mismo día, con dos
tipos distintos (él y mi marido) ; pero también porque le gustaba verme inventar
perversas mentirillas, y compartirlas con él, y juntos, así, desplegar
maliciosas travesuras que, en esa época, por lo general, tenían a mi maridito,
por su irremediable y continua presencia, como víctima privilegiada, y ,
sobretodo, para que después mientras nos calentábamos y cogíamos le contara
todo, lo que había dicho y hecho con lujos de detalles como es muy
característico en mí.
Entonces, por decirlo de alguna forma, con estos apoyos
sicológicos de mi primo logré muchas veces jugando eróticamente, a pesar de
todo, calentarme con mi marido.
Así, el día previo de la partida de mi maridito, como estaba
lluvioso y no daba para ir a la playa o a cualquier otro lado, con mi primo
estuvimos cautivos, toda la tarde, en lo de mi padres; pero con mi madre, que,
sin parar ni un momento, estaba siempre en la vuelta haciendo sus cosas.
Entonces nos la tuvimos que pasar, casi todo el tiempo, aunque como siempre hubo
algunos toques furtivos, conversando, a media voz, murmurando, con gestos y
entre risas, de cosas bien relajadas, que no solo nos sirvieron para divertirnos
y excitarnos sino también como previa a lo que haríamos al otro día.
Mi cola fue el tema recurrente de esa tarde ya que a mi primo
le encanta hablar de ella, y, por supuesto, que a mi también, ya que no solo es
una de las partes de mi cuerpo que me más gusta sino porque por su causa siempre
he recibido muchos elogios, inclusos de mis amigas,.
Primero estuvimos comentando y recordando aquella primera
tarde en que le entregué las tetas, estando ya casada y embarazada, porque en
esa semana a la que me estoy refiriendo ahora, yo ya había comenzado a escribir
contando lo sucedido esa caliente tarde y que poco tiempo después terminé por
enviar, por primera vez, a esta página de relatos.
Pero la conversación realmente se encausó en mi culo a partir
de que le conté que, lo excitada que me sentí al salir del local en donde había
estando haciendo mi práctica de computación; y justamente tras haber estado, por
casi dos horas y luego de sacarme, trabajosamente, de encima a una amiga,
escribiendo sobre nuestra primera experiencia adultera.
Además, que no lejos de ahí, mientras caminaba, con el
disquete de mi relato en la carterita artesanal que, cruzándome el pecho y
separando mis senos, colgaba de mi hombro, sintiéndome un poco como una
delincuente ya que me parecía que estaba haciendo algo muy prohibido, había
recibido los más variados piropos, algunos bastantes groseros, desde un micro,
que seguramente transportaba algún equipo deportivo universitario masculino.
Debido a la lentitud del transito, el vehículo se desplazó
varios metros, acompañando mi paso desde atrás, mientras los chicos, y unos no
tan chicos, me gritaban de todo y más que nada sobre mi cola; al tal punto que,
antes de safar, sin mirar atrás, de aquel acoso doblando en la siguiente
esquina, oí, a uno con voz tipo hincha de fútbol, un me gritaba : - nena, con
ese cola en vez de ir baño pone una fabrica de bombones.- Estaban tan alterados
que estoy segura que en ningún momento se dieron cuenta de que yo estaba
embarazada.
Mi primo, después de escucharme divertido me aseguró que esas
cosas me pasaban y me las merecía por andar por la calle demasiado "alzada" y
con poca ropa.
Entonces, charlando cosas como esas, surgieron los conceptos
más halagadores pero también los morbosos sobre mi cola; por ejemplo, inclusive
tratamos de explicar el porqué de, aun, no haberle entregado totalmente el culo
a mi marido cuando entre nosotros lo re hacíamos de esa forma.
Y como a mi primo le divierte hacerle de todo, al igual que
todas las veces que masajea con sus dedos los pliegues de mi hoyito trasero,
cosa que esa tarde no podíamos hacer pero si hablar de él, incluso, llegó a
suplicarme mimosamente que también yo dijese cosas bien fuertes sobre mi linda
cola como si ésta tuviera vida propia, y fuera una tercera persona en nuestra
relación, a la que hay que seducir, degenerar, pervertir, ofrecer y sacar
partido de su belleza. Estos juegos, pero en especial éste de llegar a sentir
que mi culito es alguien más, independiente de mí, ha sido, desde un principio,
algo que siempre nos ha calentado mucho a ambos
Incluso, esa tarde, después de tanta conversación, mucho de
ella en clave para que mi madre no entendiera el real significado; aunque, ante
tanta risa y cuchicheos nos reprendió, bastante cariñosamente ya que me prefería
así y no en el estado depresivo en que había caído, tiempo antes, no bien mi di
cuenta que estaba embarazada, mamá nos mandó tranquilizarnos diciéndonos, no sin
algo de razón, que - parecía que habíamos vuelto a la edad de la bobera; cosa
que tengo que reconocer tenía algo de verdad, ya que había días, como esa vez y
sobretodo cuando estábamos en la casa de mis padres, que con mi primo parecía
que sufríamos una especie de retroceso mental ya que las travesuras y los
cuchicheos a los que nos abocábamos eran, y no solo aparentemente, quizás,
bastantes inmaduros,
Pero el hecho real era que nos recalentábamos tanto que mi
primo terminaba desesperándose por penetrarme o, como sucedió esa tarde. hacerme
aunque sea alguna cosita allí mismo. Yo, también, estaba tan caliente que en una
de mis idas al baño me quite la tanga; y como tampoco tenía sutien, ya que
estaba muy de entre casa y era pleno verano, anduve, por un buen rato,
totalmente desnuda debajo del liviano vestidito; interactuando todo el tiempo,
como si nada, con mi madre que ese día, quizás percibiendo que nos estamos
comportando como chiquillos, yo hasta lucía el cabello con dos colitas tipo
colegiala, parecía estar empeñada en no dejarnos mucho rato solos y, incluso,
haciendo cuestión, permanentemente, de que la noche, en que me quedaría sola,
viniese, si o si, a dormir a mi antiguo cuarto en su casa.
Bajo la atenta mirada de mi ansioso primo que observaba
inquieto todos mis movimientos, yo conversaba con ella argumentando alguna cosa
en contrario mientras sentía agitaciones en mi cuquita y en mi culito desnudos.
Incluso, en algunos momentos en que ésta nos dio la espalda concentrada en la
preparación de una tarta, que yo llevaría a mi casa, por un par de veces pude, a
la distancia, levantándome velozmente la corta solera con mi mejor cara de nena
buena y mejor cola, mostrársela aunque fuera un poquito a mi atento primo; pero
lo más lanzado sucedió en el ratito en que mi madre se entretuvo hablando por
teléfono y pudimos salir de su vista; ahí así, muy arriesgadamente, pude,
inclinándome un poco y abriéndome las nalgas con ambas manos, exhibirle mi
querendón agujerito.
Mi primo no solo lo acarició con su dedo mayor, sino que
también, velozmente, sacó su pene y posó su glande en él; a lo que yo le
respondí moviendo un poco mi trasero y, a la vez, contrayendo los esfínteres
como si le estuviese haciendo guiñadas a la punta de su verga. Fue como un
delicioso beso entre la boquita de su miembro y mi ojetito; pero
desgraciadamente no dio para mucho más que ese rápido y morboso piquito, ya que
apenas tuvimos tiempo para acomodarnos la ropa y a que mi primo se sentase, para
disimular su tremenda erección, para cuando mamá colgó el teléfono.
Entonces, no tuvimos otra opción erótica que ir cerrando
nuestra conversación, sobretodo para que mi primo permaneciese, por un tiempito,
quieto y sentado relajandose, y como ya era hora de que mi marido pasase a
buscarme, comenzó a despedirse, para no estar presente en la discusión sobre
donde me quedaría a dormir la noche en que pasaría sola.
Como tampoco daba para una despedida físicamente muy
afectuosa, cuando él ya estaba saliendo, le grite, totalmente safada y sin
preocuparme que mi madre estuviese oyendo, ya que podría significar cualquier
cosa - Te prometo que lo voy a tener bien preparadito.
Entonces esa noche en casa y a solas con mi marido, luego de
una prolongada ducha, nos acostamos bien temprano con la excusa de que teníamos
que madrugar pero con la excitación del viaje, aunque por distintas razones,
ambos sabíamos que no nos dormiríamos enseguida.
Y cuando salió el tema de su viaje me dijo no se me ocurriera
quedarme sola la noche siguiente, a lo que yo argumenté que podía invitar a
alguien para que me hiciese compañía ya que ese domingo mis padres tendrían
visitas hasta tarde, lo que en realidad era muy cierto, y, además, de que sus
tiempos y costumbres ya eran muy distintos que los míos, haciendo que muchas
veces no me sintiera totalmente cómoda en casa de ellos, cosa que también era
verdad.
Viéndosela venir me dijo que él preferiría que me quedase en
casa de ellos pero, conociendo lo caprichosa que yo podía llegar a ser, de
última, ya que tampoco podíamos dejar la casa mucho tiempo sola porque en el
patio había unos materiales y algunas herramientas de construcción, hiciera,
teniendo mucho cuidado, lo que considerase mejor pero que a la noche ni pensase
en proponerle mi primo que viniese a hacerme compañía porque no solo no le
parecía nada bien sino que solo daría para habladurías incluso a nivel familiar.
No quise discutir eso, aunque con un poco de pena, ya que
podía llegar a ser fabuloso dormir, por primera vez, toda la noche con mi primo
en mi cama matrimonial como si fuéramos una pareja normal; pero, en la
complejidad de mis procesos mentales, esta prohibición, que ya en mi casa
paternal había quedado implícita, sin haber sido hablada con todas las palabras,
cuando se tocó el tema con mi madre, me llenaba de cierto orgullo y me daba pie
para introducir, en esa conversación, el tema, en el fondo siempre excitante, de
los chismes, explicándole a mi marido, que estas habladurías, ya que todo el
mundo se hace la cabeza con los chismes, en la intimidad no debían afectarnos
pero que tampoco debíamos "darle pasto a las fieras" más viviendo en un pueblo
chico y con familiares cercas. En el fondo, hablar de lo que posiblemente
imaginaban los otros lejos de cortar mi onda erótica la potenciaba aun más.
Me puse mimosa y cachonda solo de pensar de que, con lo que
me había dicho, no quedaban dudas que mi marido debió, en algún momento, haber
estado imaginando que probablemente, una vez que estuviésemos, mi primo y yo,
solos con toda una noche por delante y, tan acostumbrados a estar,
continuamente, como él, efectivamente, veía y hasta participaba, hablando de
sexo, terminásemos, con tantas facilidades, haciendo algo sexual aunque fuese
una simple diablura, pero, aun su candidez no le daba para imaginar todas las
perversidades que ya hacíamos con mi primo si nos daban solo algunos segundos
Entonces, negando y quitándole importancia como si fuese una
impensable locura, pero sonriendo picadamente, solo le di la razón en lo
innegable del riesgo de las habladurías y suposiciones de los vecinos, tengan o
no motivos ciertos; entonces de ahí la conversación derivó a picantes
comentarios y sobre lo que dirían si nos oyeran hablando de cosas como lo que mi
primo nos había contado a ambos días antes.
Así que como yo ya estaba super excitada de solo imaginar sus
inquietudes y por todo lo que, seguramente al otro día, me divertiría siéndole
infiel, en nuestra propia casa, y como él quería un poco de sexo como despedida,
comenzamos a juguetear sexualmente. mientras hablábamos,
En esa época él aun era bastante ingenuo y al estar yo
embarazada de cinco meses, pero sobretodo porque su eyaculación era siempre
demasiado prematura, de lo poco que hacíamos lo que más practicábamos era el
sexo oral. Ni que decir, que la cosa aumentó un poco después de que comencé a
tener sexo con mi primo, ya que había veces que me llegó a encantar que mi
marido chupara mi cuquita emputecida, mientras yo, gozando con la complacedora
faena de su lengua, disfrutaba observando como lo hacía, a la vez que imaginaba
que yo le mamaba la verga a mi amante conformando un trío
Pero también había comenzado a entretenerme bastante el
dominar y volverlo loco con mi boca, ya que su pene, si bien era bastante mas
corto y generalmente con menos dureza que el de mi primo no era más fino, al
contrario, es más cabezón, entretenido para chupar y mordisquear. En el máximo
de su erección, su glande queda todo al descubierto solito y como su tronco
evidencia un leve curvatura hacia la derecha y de un color rosa anaranjado,
muchas veces se me antoja que se parece a un gran honguito que aún no se ha
desarrollado totalmente, parecido, incluso por el color a esos que aun abundan
en invierno en los bosques cercanos a nuestra casa.
A él ya le encantaba mi trabajo bucal, que cuando tenía
muchas ganas le había empezado a realizar, porque, estando, casi todo, bajo mi
control, retarda en mucho su corrida sobretodo a partir de que, mientras se la
chupaba, le comencé a insertar un dedo en el culo, y cada vez más profundamente,
lo en un principio lo inhibía un poco y cortaba así su polución precoz.
Esa noche, primero, mientras no tocábamos, hablamos bastante
de sexo, cosa que, desde hacía un tiempito él ya estaba aprendiendo que esas
charlas previas me excitaban y terminaban por predisponerme eróticamente.
También le comente algo sobre los piropos que ese día había recibido y de la
obsesión que la moda incentivaba por las colas; pero, sobretodo, terminamos
volviendo a comentar, porque incluso a él lo había impactado y yo ya había hecho
referencia esa misma noche, lo que no hacía mucho, en una de esas calientes
cenas de a tres en mi casa, que mi marido, para consentirme y no contradecirme,
había terminado por aceptar de que se volvieran habituales, nos había contado mi
primo, justificando y explicando unos análisis clínicos que se había realizado,
Noches antes, luego de cenar, la conversación, por supuesto
que a mi impulso, había derivado fácilmente del tema estrictamente clínico al
sexual. Fingiendo, porque ya me lo había contado a solas, desconocer todos los
detalles, insté insistentemente, a mi primo a que nos dijese de porque había
decidido hacerse los análisis.
Al principio, poniendo cara de circunstancias, se negaba un
poco, aunque yo sabía que más que nada era para no asustar, preocupar y
predisponer en su contra a mi marido, pero, ante la evidente curiosidad que
había despertando en éste y a mi burlona insistencia, incluso acusándole de
estar solo haciéndose rogar al aducir que no le gustaba hablar de esas cosas
porque podía parecer presumido y jactancioso, finalmente accedió; y terminó
contando, con algunos pocos detalles, el incidente, que le había ocurrido varios
meses antes y que lo tuvo muy paranoico por un tiempo, en el que se le rompió el
condón mientras le daba por el culo a una negra.
Más allá de una locuacidad fruto de los tres vasos de vino
que ellos habían tomado, pero a pesar de que contó su experiencia centrándose
los aspectos más tragicómicos, como en el momento de sacarla aun chorreando,
contactar la ruptura del preservativo; y de que durante todo su breve relato,
estuvo evadiendo algunas de nuestras preguntas más intencionadas y siempre uso
un tono que trataba de no aparecer como muy indiscreto, pedante o arrogante; a
mi, el volver oír, con otras palabras y sobretodo en otra situación, algo de lo
que le había sucedido en Brasil unos de meses antes de venirse y que por suerte
ya había tenido un final feliz y, que de cierta forma, sin ni siquiera
imaginarlo mi marido, veníamos desde hacía unos días festejando incluso en la
previa de esa precisa cena, me excitó mucho más que la primera vez que me lo
contó y a su vez me dio bastante tema, ya desde mi propios intereses y en busca
de cada vez y en cada versión nos aportase más cachondez, y sobretodo para
conversarlo, como esa vez solos, divertida y eróticamente con mi marido ya que
él mismo había reconocido que la forma con que mi primo nos contó su experiencia
y la responsabilidad con que luego encaró las cosas le había caído bien aunque
también había quedado con ganas de escuchar más "detalles".
Así que en esa noche de la víspera de su partida y solas con
mi marido, con tanta exacerbación que yo ya traía, una cosa llevó a la otra, y
el tema erótico implícito fueron los culos en general y en la práctica nuestros
propios traseros.
Entonces, ya sacada del todo, con él acostado boca arriba, me
puse de horcajadas de mi marido dándole las espaldas y ofreciéndole mi concha y
culo a su boca. Él solícitamente se dedicó a trabajarme la vulva con su larga
lengua mientras yo me abalanzaba con la mía sobre su colorado pene.
Tragándomela toda hice que el glande de su corta cabezona
tocase mi garganta, a la vez que con una de mis manos le acariciaba sus
delicados testículos dejando deslizar hacia abajo el dedo mayor en busca su
apretado hoyito. No se lo quise violentar inmediatamente, no fuera cosa de que
se le cortara la onda, justo al estar recién iniciando nuestro calentamiento
físico, así que, solo se lo estuve acariciando con movimientos circulares
alisando sus pliegues y sintiéndolos en la yema de mi dedo
Esforzándome en hacerle una buena mamada utilicé todos de los
muchos recursos que ya sabía sobre el sexo oral, poniendo en juego, en cada
chupada y en cada movimiento, a mis labios, mi lengua, mi paladar hasta mis
dientes, pero cuando sentí que sus lamidas en mi entrepierna adquiría un ritmo
desesperado y más aire de su nariz en mi anito, liberé su pene de mi boca,
incorporándome un poco, cortando así su eminente eyaculación.
Al enderezarme, aplasté mi culo en su cara, y divertida, por
las cosquillas que me hacía su respiración en las proximidades de mi ojetito,
zarandeé reiteradamente mi cola refregando mis nalgas en su rostro.
Él entusiasmado por esa vez haber retardado su eyaculación,
buscaba con su lengua mi vagina, queriéndome complacerme, pero yo, si bien por
momentos permitía que la alcanzase, me acomodaba de forma que lo que quedaba
enfrentado a su boca fuese mi marroncito, hasta que, ya sin alternativas, se
entregó a la tarea de chupármelo.
En el esperado momento que su boca tomó contacto con mi ojete
recordé el "besito" que pocas hora antes se habían dado con la pequeña boquita
del glande de la verga de mi primo y ese mismo hoyito. Y ni que decir lo que
sentí cuando, teniendo aun presente esa imagen mental, mi marido, introdujo su
lengua en mi culo llenándolo de saliva; entonces, entre que estaba re caliente y
que me causaba cierto cosquilleo, yo misma me enculé en su lengua y me la cogí
con rápidos movimientos de sube y baja de mi orto, a la vez que ostentosamente
me lamía, chupaba y ensalivaba uno de mis dedo como si este fuese una pija.
Después de un ratito en esa, me desplacé , sin dejar de darle
la espalda, hacia abajo y, yo misma, en esa posición , tomando su miembro con
una mano me lo introduje en la concha.
Después de que me senté violentamente en su pija y que con mi
otra mano encontrara, por debajo de sus testículos, su apretado ano para, esta
vez sí, violentarlo y traspasarlo con mi ensalivado dedo mayor; bastó que
revoleara un poquito mis caderas, ofreciéndole una inmejorable visión de mi
culo, para que el se viniese sonoramente.
Esa vez me gusto mucho como, al quedar apretado con mi peso,
no pudo evitar que mi dedo se deslizara en su interior un poco más que la vez
anterior y hasta disfrute de sus gemidos. Él quedó muy contento y mimoso,
inclusive, luego, antes de dormirse estuvo adulándome diciendo cosas halagadoras
sobre mi cola.
Yo dormí intranquila y me desperté primero; y al levantarme,
enseguida, entre en la ducha y cuando aun no había terminado él, también, entró
al baño, y al verme enjabonarme, sin ocultar nada de lo cachonda que estaba, se
quedo, por unos instantes, mirándome con deseo y admiración, sentado en el
bidet,
Realmente, esa vez, yo estaba fatal y quería todo, así que
una vez que comencé, en el momento de secarme, a sensualmente a pasarme la
toalla le pregunté delicadamente si a él no le ardía la cola; en un primer
momento me miró sorprendido como si no entendiese mi pregunta y luego, quizás un
poco perturbado al serle recordado, a la mañana, lo de la profunda penetración
que había sufrido en la noche anterior, me contestó que: no mucho pero si algo
de molestia.
A lo que yo le dije . - Entonces debe ser cosa de lo que
comimos o seguramente de tu saliva ya que a mi me pica y arde que es un fuego. –
Sin más, mientras él continuaba sentado le exigí que examinara mi,
supuestamente, irritado hoyito trasero.
Posando amorosamente sus manos en mis nalgas las separó para
ver mejor. Me aseguró que él no notaba, excepto su belleza, nada raro, pero yo
insistí en que me ardía y, para pelearlo un poco, le dije que quizás se debiese
a la nicotina de su saliva, ya que se fumaba, aunque nunca dentro de casa,
varios cigarrillos al día.
Servicialmente me beso en ambas nalgas, y llegando a lo yo
pretendía con tanta mojigatería, sugirió que, entonces, para que me calmara lo
mejor sería que me pusiese un poco de su crema curativa
Entonces salí de baño, y mientras mi maridito se duchaba y
afeitaba, preparé un suculento desayuno que daba, por lo menos, para tres
personas y cuando él terminó de higienizarse me encontró en el dormitorio
estirando las sábanas, aun sin vestirme y solo envuelta en dos toallas blancas:
una en la cabeza tal cual un turbante y la otra que solo cubría y apretaba el
nacimiento de mis senos y que por debajo atrás dejaba ver parte de mis nalgas, y
más aun con algunos de los movimientos que hacía al prolijear la cama, aunque
fuese solo un poquito, ya que, al ser tan temprano, y siguiendo también su
sugerencia, indudablemente, me volvería a acostar no bien él hubiese partido.
Al verlo, solo en ropa interior, observándome desde atrás, le
recordé lo de su crema curativa fingiendo que no sabía donde se encontraba.
Solícitamente, la buscó e inmediatamente intentó alcanzármela, pero lo intimé me
la pusiera el mismo ya que el irritación que sentía era por causa suya.
Un poco sorprendido por esa disposición y familiaridad, con
él, no muy habitual en mí, se aprestó a hacerlo pero aun se sorprendió más,
cuando, con la excusa de no humedecer la cama, tiré al piso la toalla que
envolvía mi cuerpo quedando desnuda en el medio de la cama , y en cuatro patas
vistiendo solo una toalla blanca a modo de turbante en mi cabeza totalmente
desnuda , ofreciéndole el culo y a plena la luz del día.
Una vez que salió del estupor de verme en una postura tan
guarra como jamás me había visto antes, se colocó detrás de mí, y cuando, aun
tímidamente, comenzó con dos dedos a pasarme por mi hoyito la fría crema lo
terminé de asombrar diciéndole: - no seas tacaño y poneme un poco más -
Él pareció salir de su asombro y se abocó a hacerlo con ganas
y hasta le pedí que me metiera dentro un poquito crema empujándola con su dedo,
pero una vez que sentí que entraba la punta del dedo pegué un fingido y
exagerado respingo dando, divertidamente, por finalizada mi curación.
Ya de pie una vez que yo misma comencé a recoger algunos
restos de crema de mis nalgas me acerqué a él que ya había comenzado ponerse una
camisa preguntándole si no quería que yo le pusiese el poco que tenía en mi
manos; al principio se negó probablemente temiendo que lo ensartara y le doliera
pero yo colocándome atrás y haciéndole cosquillas con mi boca en su oreja le
recriminé que me lo había hecho a mi así que yo tenía derecho también a
hacérselo a él logré meter mi húmeda mano debajo del elástico de su boxer y
deslizándola por todo el canal que separa sus nalgas hasta que por fin llegué
con mi travieso dedo a su limpito ojete.
Como solo se lo acaricié un poco encremándoselo
curativamente, me pareció que ante el leve contacto sintió algo de alivio, así
que completando mi lujuria le dije mimosamente: - que tengas un buen viaje
Culito - . .
Mientras desayunábamos se animó a preguntarme si alguna vez
tendríamos sexo anal a lo que yo riendo le dije que de lo intentaríamos de a
poco ya que yo tendría que estar muy calientes ya que él la tenía muy cabezona y
podría hacerme doler mucho; esa vez no le dije nada sobre su eyaculación precoz
y de la rigidez necesaria para que el sexo anal me sea muy satisfactorio.
Ya en el momento de despedirnos dándome una levisima nalgada
y decirme: – cuídate bien Annito – me devolvió la alusión que yo le había hecho
al diminutivo de su nombre y jugando también con mío..
Una vez que salió, me volví a acostar, totalmente desnuda
ocupando toda la cama relajadamente y acariciándome, secándome el cabello con un
secador eléctrico con forma de pistola que despedía una agradable brisa tibia
que, por supuesto, guiándola hice que también acariciara todo mi cuerpo mientras
con la otra mano me ocupaba, suavemente. unas veces de mis pezones y otras de mi
entrepierna.
Entonces, con el desayuno ya preparado y dispuesta a volver a
disfrutarlo muy caliente, con la cola dilatada y bien lubricada curativamente
por mi propio marido, esperé acostada la llegada de mi primo pensando que
aquella guarrada y de la cual todos, incluso mi maridito, aun sin saberlo,
estábamos sacando mucha diversión, y que para mi, era algo super inofensivo, que
se fue dando no solo para sorprender y enamorar aun más con mi dispuesto culito
a mi adorado primo, sino que también , cosa que ya me daba cuenta, para, tarde o
temprano, poder y terminar contándosela a todo el mundo .