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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » HARRY POTTER Y EL SENDERO PROHIBIDO (CAP 1 - 3)
[ Lo que se aplazó, casi siempre se malogró. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 27-Jun-07 « Anterior | Siguiente » en Parodias (746 de 976)

Harry Potter y el sendero prohibido (Cap 1 - 3)

Darkeduardo
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Están por comenzar el 4ª de educación mágica. Pero la adolescencia les da mejores cosas porque preocuparse, que por el-que-no-debe-ser-nombrado. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Harry Potter y el sendero prohibido.

Este es el primer escrito de "parodias" que publicó. Esperó lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo. Me baso en el libro número cuatro titulado "Harry Potter y el cáliz de fuego" Trató de que las historias ocurran en momentos vacíos del libro para que la historia siga siendo la misma.

Me gustaría recibir los comentarios de todos, si les gusto o no, es malo o bueno y por qué... solamente les pido el mismo respeto que yo les debo a ustedes.

Capítulo 1.

El orgullo de Dudley.

Eran poco más de las seis de la mañana de un día de vacaciones. Un joven de 15 años dormitaba placidamente, de cabello negro intenso, delgado y con unos ojos verdes que se ocultaban detrás de sus párpados. Pero, su principal característica no era su tan común fisonomía, sino una cicatriz en forma de rayo en su frente. Esta marca era la prueba de que había sobrevivido a una poderosa maldición cuando era apenas un bebé. Sus padres resultaron muertos en un enfrentamiento con quién lo había marcado a el para siempre, por lo tanto, vivía con sus tíos maternos. Los únicos familiares conocidos. Durante su cumpleaños número once, una lechuza con una carta atada a su pata inició toda su historia mágica.

Pasaba solo algunas semanas en casa de su tío Vernón y su tía Petunia, tenía como única compañía a su primo Dudley, que le llevaba un par de meses de diferencia en cuanto a edades, y le triplicaba en lo relacionado al peso. Los Dursley no perdían oportunidad para hacerle sentir mal, pero lo último que había ocurrido le quitaba la poca tranquilidad que la "época de paz" que reinaba en el mundo mágico le podía otorgar.

El estaba sentado en su habitación, Hedwing, su lechuza blanca, le miraba de forma piadosa, y, es que aunque el ave era quién estaba encerrada, Harry no tenía muchas más libertades que el. Éste, a su vez observaba nostálgico un álbum de fotografías móviles de sus recuerdos de Hogwarts. Una lágrima de impotencia descendía por su mejilla y maldecía provocando que las luces de su casa subieran y bajaran de una manera asombrosa. Un ruido de carcajadas estridentes le llegó acompañado por los crujidos de dolor que emitía la escalera cuando su primo subía por ella. Su enfado le hizo saltar de la cama, tomar violentamente el picaporte y abrir para enfrentar a Dudley, se paró en seco cuando vio la enorme silueta al lado de una más pequeña, más delicada en sus formas. Tardó un par de segundos en distinguirla... ¿una mujer? – se preguntó entre dientes. ¿Dudley tiene novia?. Su respuesta apareció casi al instante, una joven que parecía de la misma edad le miró con intriga detrás de su primo que sonreía burlón.

Este es Harry... – dijo el que ocupaba casi todo el pasillo – no le prestes atención, es medio torpe, le asusta la gente y por eso no le dejamos salir.

¿Es tu hermano? – contestó la muchacha de ojos azules y rostro resplandeciente.

No... ¡qué va! – replicó haciendo con su mano el movimiento como para ahuyentar un bicho – sus padres lo abandonaron y nosotros lo adoptamos.

Dicho esto, Harry sentía como la furia se apoderaba de él, los aparatos electrónicos se prendían y apagaban, la niña, pego su finas formas al tosco cuerpo de Dudley, vestía una blusa delgada que casi transparentaba sus pequeños pechos. Una falda de colegiala que apenas se atrevía a cubrir debajo de sus entrepierna. La mano de su primo rondaba las nalgas de la chica que se movía despistadamente para gozar más de las caricias. En el pantalón color caqui de Dudley se notaban las ansias por terminar la conversación.

Tu familia es admirable precioso... – escuchó decir a la niña que en ese momento regalaba un beso apasionado a un Dudley que no cerró los ojos y con la mirada presumía a Harry.

Tu, aquí quédate, no puedes salir... – bramó Dudley a un Harry que había dado media vuelta y entraba de nuevo en su habitación – Jane y yo vamos a pasarnos un buen rato... ¡no molestes!

Pasaron apenas un par de minutos para que Harry logrará escuchar los gemidos de la chica, que vio alejarse siendo ya abiertamente manoseada por su novio. Se sintió demasiado niño, ya había vencido al-que-no-debe-ser-nombrado varias veces, pero en temas normales, que un adolescente normal ya tendría experiencia, el no era más que un novato.

Después, la novia de Dudley durmió en la casa. Sus tíos, llegaron al día siguiente de un viaje de trabajo. Los elegantes modales de su primo, la gracia con la se movía y la seriedad de la chica le hicieron sentir a Harry aún peor. La carta de los Weasley, en donde pedían autorización para que nuestro protagonista pasará el resto de las vacaciones con ellos, llegó durante el desayuno, Jane se encontraba en el tocador cuando el cartero llamó a la puerta intrigado por el sobre lleno de estampillas que tenía como destinatario "Señores Dursley, Privet Drive número 4.

 

Capítulo 2.

Los mundiales de Quidditch.

La casa de su amigo Ron, sin duda, era su lugar favorito del mundo de los magos. Ron un joven que había conocido en su primer día de escuela, un poco más alto que él, de físico más fornido y distinguido por su cabellera de color rojizo le recibió cuando el salía de la chimenea llenó de hollín y con la garganta llena de este polvo debido a las risas provocadas por los efectos de un dulce mágico en la lengua de Dudley.

"La madriguera", era el nombre popular de la casa de los Weasley, era una construcción bizarra, aún para los magos. Debido a que la familia creció constante durante muchos años, las habitaciones se volvieron necesarias y fueron agregadas en cualquier espacio que se encontrara. El señor Weasley salió detrás de el, enfadado con sus hijos gemelos por la broma gastada pero en sus ojos notaba un ligero destello de diversión. De estatura media, anteojos gastados, un poco descuidado y con el cabello del mismo color que sus hijos, el señor Weasley era un gran fanático de los objetos muggles, así llamaban a los humanos no mágicos, coleccionaba muchos artículos en su cochera, regaño en voz baja queriendo que su esposa no escuchará nada. Su intentó falló cuando Molly Weasley entró a la sala echando fuego en la mirada. Harry y Ron comprendieron la situación y fueron rumbo a la habitación del último.

Conforme subían las escaleras, el sonido imponente de los gritos de la señora Weasley se fue haciendo un murmullo, llegaron al pasillo de las alcobas, caminaron hablando de lo que la distancia les había impedido compartir, hasta que en una puerta entreabierta Harry distinguió un destello de rojo, se asomo curioso y logró ver el cuarto de Ginny Weasley, la menor de la familia, tenía 14 años, iba a cumplir su tercer año de Hogwarts. Era una niña pequeña, pero la adolescencia le había favorecido, la muchacha se estaba cambiando de túnica cuando Harry apareció en el umbral. Vestía unas bragas color violeta que resaltaban con su piel clara, un sostén que protegía sus medianos senos engalanados con un encaje detallado de flores silvestres. Un grito de sorpresa hizo a Harry darse cuenta de que había sido descubierto, vio el sonrojo de la joven y se apresuró a cerrar la puerta. Ron, movía negativamente la cabeza y pronunció sin darse cuenta.

Esa niña, nunca cierra la puerta... – dijo y continuó avanzando con rumbo a su habitación.

Harry lo siguió con la esperanza el la cabeza de que aquella mala conducta fuera cierta.

La noche anterior a que el partido final de los mundiales de Quidditch diera comienzo, Harry y Ron esperaban en la cocina, acompañaban George y Fred, los gemelos que solamente se parecían en el color de cabello a su hermano menor. Eran más altos, tenían un año más de edad, más delgados y no parecían tan fuertes como el amigo de Harry. A un lado, Ginny, sentada mirando de reojo a Harry, parecía que la última escena le había dado la confianza que siempre le faltaba para acercarse a nuestro protagonista, de quién estaba enamorada desde su primer año de educación mágica. Esperaban a Hermione, la otra mejor amiga de Harry, de cabello café y siempre alborotado, delgada y con la mirada siempre curiosa, amaba los libros. Nunca la habían visto como una chica, siempre era parte de sus juegos y aventuras, así que solamente Fred y George habían notado la evolución y desarrollo de los senos de Hermione.

El año pasado estaban de ya de buen tamaño... – dijo Fred.

Si, ojalá que le hayan crecido más – replicó en tono pervertido George

¡Son unos cerdos! – exclamó Ginny algo sonrojada.

¡Ya!, - la interrumpió Ron – lo que pasa es que estas celosa de que ella este creciendo.

¡Cállense!, ahora que regresé de traer el dinero para sus útiles les va a pesar – sentenció Ginny.

Harry no decía nada, desde algunos minutos atrás sonidos apenas audibles robaban su atención. Eran jadeos, risas y otros sonidos que lograron provocarle una erección. Se levantó argumentando ir al baño, pero en lugar de eso caminó guiado por los gemidos de placer que se escuchaban a lo lejos. Llegó hasta el cobertizo, todo era proveniente de ese sitio, miró por el espacio entre las puertas y logró ver al señor Weasley, desnudo, con su miembro dentro de su esposa que gemía de gozo. La penetraba a un ritmo impresionante, mientras masajeaba los enormes senos de su esposa que, aunque algo gordita, no era despreciable en absoluto. Vio como la giró para acomodarla en cuatro puntos, la vagina y el ano apuntaban descarados hacía el lugar donde Harry se encontraba.

Ahora sí, mi amorcito... te voy a hacer que me extrañes. Molly querida.

Si Arthur, hazme tuya...

Nada perezoso el señor Weasley empujó su miembro dentro del ano dilatado de su esposa. La esposa soltó un gemido ensordecedor, respiraba agitada y se lamía los labios de forma pícara. Harry se movió a otro sitio donde pudiera ver mejor, para su suerte, los años le habían hecho a la puerta otros espacios, casi en una de las orillas encontró el punto exacto. Cuando su mirada encontró de nuevo a los Weasley, el señor arremetía con ferocidad sobre su ninfomanía esposa.

¿Utilizamos algo muggle? – dijo el señor Weasley.

No.. – cortó tajante la señora.

Te va a gustar... te lo aseguro.

Si sacar su miembro del ano de su amada, él, apunto con su varita hacia un lado, volando aterrizaron en su mano libre un trozo de plástico que Harry reconoció de inmediato.

¡¿Un consolador?! – se les escapo al mismo tiempo que el señor le presentaba el artefacto a su esposa.

Lo metió en la vagina de su esposa que se mostraba renuente a experimentar con aquellas cosas. Pero apenas sintió la doble penetración toda duda se disipó en gemidos más intensos.

Se que las mujeres muggles los usan cuando están aburridas – comentó el señor Weasley – pero nosotros podemos mejorarlo.

Apunto al artefacto con su varita y este de inmediato vibro de manera violenta. La señora Weasley se partía de placer y termino en un sonido que al mismo Harry le hizo sentir la necesidad de masturbarse.

Mañana que me valla – dijo Arthur sacando su miembro que aún palpitaba deseoso de otra sesión – si me extrañas quiero que me recuerdes con este aparatito.

Querido... si así fueran todas tus colecciones... no tendría el menor problema.

Harry ya había liberado su falo y apresurado se masturbaba viendo fijamente el cuerpo desnudo de Molly Weasley que lamía el semen de su esposo mientras el consolador seguía vibrando dentro de ella.

¿Harry? – preguntó Hermione que llegaba – ¿me estabas esperando?

Esto... si – dijo sin atreverse a voltear hasta que hubo guardado de nuevo su miembro.

Hermione lo miraba contenta, vestida como muggle, con una blusa color rojo que dejaba al descubierto su sensual ombligo, pero que también quitaba toda duda de que los senos de Hermione ya habían alcanzado un tamaño muy digno.

Llegaron al punto donde el translador llevaría a los magos de la zona hacía el campamento donde se llevaría a cabo el partido de Quidditch. Cedric Diggory y su padre esperaban mirándolos desde la punta del monte a unos Weasley y compañía que desvelados caminaban en silencio. Tanto Ginny como Hermione se emocionaron al ver a Cedric en lo alto, parecía una imagen de un héroe romano, de cabello rubio, ojos azules, atlético y siempre con la apariencia de un romántico, se había ganado el corazón de muchas de las chicas de Hogwarts sin importar la casa a la que pertenecía.

Arribaron al campamento cuando faltaban cerca de 12 horas para el evento, la cercanía les permitía confiarse y poco y demoraron más de lo necesario para levantar la casa de campaña que Harry no comprendía los alojaría a todos. Apenas medía tres por tres metros y ellos eran más que los 4 que cabían en una casa normal.

¿Vamos a por agua? – dijo Ron a Harry y Hermione que sudaban por que ellos habían colocado la mayor parte de los componentes.

¡Si! – respondió Hermione que jaló a Harry cuando el señor Weasley se acercaba con una caja de fósforos.

Caminaron hasta uno de los lagos que el mapa señalaba, hablaban de trivialidad y pedían a Harry que les dijera sin había seguido en contacto con Sirius, su padrino al que todo mundo acusaba de asesino y el había tenido que escapar aunque era inocente. Llegaron hasta unos cien metros antes que la fila para recoger agua alcanzaba. La falta de seriedad inusitada de Hermione ante un comentario de magos que vestían de manera absurda les obligo a tener que salir de la fila y esperar a que el ofendido se hubiera ido. Fueron a sentarse, pero la aglomeración les impedía conversar de manera cómoda por lo que terminaron por irse a un lugar más lejano.

Estaba fuera de las miradas indiscretas hacia la cicatriz de Harry, y aún más lejos de los oídos inoportunos. De hecho, estaba solos.

¡Vaya que han cambiado chicos! – dijo Hermione sentándose entre ambos.

¿Nosotros? – preguntaron al unísono.

Tu eres quién regresó... pues... más que cambiada. – dijo Ron sin lograr evitar mirar de reojo los senos cubiertos por una sudadera azul de Hermione.

¿Esto? – respondió la chica elevando un poco el pecho – no es nada...

¿Nada?

No debería decírselos a ustedes, pero creo que son demasiado llamativos para mi gusto... yo los preferiría más pequeños.

¿Bromeas? Si están muy bien... – dijo Harry.

¿Y, Harry, a quién se los has visto para que digas cosas así? – exclamó ron.

Harry no respondió, los únicos que había visto eran los de la madre de su mejor amigo. Hermione siguió mirándolos con cierto enfado, hasta que Ron preguntó.

¿Y, qué tienen de malo?, digo, cualquier chica estaría feliz porque le crecieran así.

Es lo mismo... – se defendió Hermione – es como si a ustedes les creciera demasiado el miembro.

¡No sabía que hablaras así! – expresó Ron - ¿quién eres y que hiciste con nuestra amiga?

Si... – dijo Harry que se había reído – y para que sepas... a mi si me creció mucho en estas vacaciones... y no por eso me enojo.

Hermione miró a Harry de forma misteriosa, primero a los ojos y después a su entrepierna, y después, sin prestar mayor atención bajo la mirada y en voz apenas audible dijo.

No te creo...

¡Mira! – gritó Ron que se había puesto de pie.

Su miembro colgaba fuera de su pantalón de segunda mano. Era de tamaño promedio, pero si bastante ancho para su estado flácido. Hermione se llevó una mano a la boca para cubrir su expresión de sorpresa aunque las luces lejanas delataron su sonrojo.

Anda Harry, demuéstrale a esta mujer que entre más tamaño es mejor en cualquier género.

Harry dudó un par de segundos, pero ante la mirada de la chica decidió a seguir el juego. Su vida siempre estaba en peligro, así que una bofetada o un maleficio menor no le causaba mayor espanto. Se coloco a un lado de Ron, los dos frente a Hermione que miraba expectante y con un rápido movimiento mostró su falo, era un poco más chico que el de Ron, pero también atrajo la atención de Hermione que miraba ambos falos frente de ella sin decidir a cual darle más atención.

¿Y dices que no están bien? – dijo Ron mirando a Hermione – mira, tus pezones se notan.

Lo que sucedió después fue inesperado para todos. Hermione de hinco delante de ellos y tomó con cada mano el pené de cada uno de sus amigos. Al contacto cálido el miembro de Harry se levantó, su amiga lo masturbaba a un ritmo semi lento, lo llevaba al éxtasis cada vez que ella movía un poco. Ron, también gozaba de lo lindo, pero este ya tomaba la cabeza de Hermione y acariciaba la alborotada cabellera. Hermione soltó sus presas y con palabras en tono sensual dijo.

Les toca ver a ustedes.

Dicho esto, levantó la sudadera hasta deshacerse de ella, una playera corta los separaba del espectáculo y ambos, en acto reflejo, se acercaron a ella para ayudarla. Para su sorpresa no llevaba sujetador. Los dos amigos tomaron los senos de su amiga que de nuevo masturbaba a su compañía. Harry sentía que todos sus problemas se solucionaban cuando él mismo presionaba de manera delicada los pezones erectos de su amiga. No supo el momento en que la lengua de Hermione tocó su miembro, lo recorría con habilidad y llenaba cada trozo con el caliente néctar de su saliva. La niña jugaba con sus testículos mientras trataba de introducirse todo el falo en su boca y su expresión de gozo provocaron que Harry descargará toda su tensión dentro de ella, vio su sonrisa de complicidad y se sentó a esperar a que su amigo también terminará.

Regresaron a la fila del lago cuando ya habían pasado varias horas, ninguno dijo nada de lo sucedido, sino que retomaron el tema de Sirius y cuando volvieron a pisar dentro de la casa de campaña que por medios mágicos parecía un departamento pequeño el señor Weasley les dijo que ya debían irse.

El resultado fue lo que menos importo a Harry, había visto grandes jugadas que se moría por intentar y durante el mismo partido no habían dejado Ron y él de tocar el cuerpo de Hermione que devolvía sus caricias con sutiles roces sobres sus miembros.

 

Capítulo 3.

El torneo de los tres magos.

Cuando llegaron al colegio Hogwarts de magia y hechicería en el expreso, Ron y Harry de habían dado cuenta del radical cambio en Hermione. Desde el partido de Quidditch, ellos tres habían pasado momentos muy placenteros, Hermione no quería perder su virginidad pero los complacía con sesiones de sexo oral y dejándolos meter sus dedos en su eternamente lubricada vagina. Nadie sospechaba de ellos, nadie les decía nada cuando se encerraban en la habitación de Ron con la excusa de estar cansados. Ni nadie pareció importarle que la alcoba del hijo menor despidiera un aroma a sexo. Pero ahora, apenas habían subido al tres Hermione les había amenazado.

Ya estamos en días de clases... ya no puedo distraerme.

Ambos, creyendo que era un juego de su chica, la acorralaron en un vagón y apenas comenzaron a tocar los senos que les volvía locos, Hermione lanzó un hechizo que los hizo tener que caminar apoyados de la pared debido a que sus piernas de movían como gelatina. Una disculpa, la promesa de respetar y el contrahechizo apareció y la Hermione de siempre les aconsejo estudiar pues los TIMOS estaban cerca.

La sorpresa era que ese año, Hogwarts sería anfitrión de un torneo que era leyenda, "El torneo de los tres magos" había dicho Dumbledore, el director de la escuela, gloria eterna... – y todo el sexo que uno pueda resistir – había agregado Fred haciendo que todos los que estaban cerca de el dejaran escapar una carcajada. La fecha estaba programada para dos semanas después, el castillo sería limpiado a conciencia y se les rogaba a los alumnos interesados en asistir que pensaran bien, pues una vez dentro, no había forma de salir.

Camino a una de las clases de historia de la magia, Harry y Ron conversaban de lo que Hermione les había hecho sentir.

Oye Ron, entonces... – dijo vacilante Harry - ¿ya lo has hecho?

¡Claro! - ¿tu no?

Harry hizo una mueca de incredulidad, cómo creía su amigo que el podría siquiera estar cerca de hacerlo con su condición de preso en la casa de los Dursley.

¿Y, con quién? – preguntó Harry

Eso si no le puedo decir...

¡Vamos! – imploró Harry, prometo no hacer ningún comentario.

Tras varios pasillos de insistencia, Ron se detuvo en seco y preguntando si estaría dispuesto a faltar a la clase del profesor Binns para saberlo le indicó a Harry fueran al baño de chicas del segundo piso, el de Myrtle la llorona, razonó Harry, ahí nadie los escucharía. Al parecer Ron se moría de ganas por contarle a alguien lo sucedido.

Después de asegurarse que nadie los había visto, y que nadie estaba en los baños, Ron comenzó a relatar lo ocurrido sin que Harry se lo tuviera que pedir.

No fue hace mucho – inició – unas dos o tres semanas. La verdad es que no lo pensé... fue como por instinto.

Harry permanecía en silencio expectante. Miraba a su amigo caminar por los servicios divagando entre sus propios recuerdos.

Era ya muy noche, el espíritu del ático, ya sabes el que vive arriba de mi habitación, me despertó con sus ruidos de costumbre. Iba a la cocina con la esperanza de comer algo, pero antes de llegar vi la habitación de Ginny entreabierta. Me asome pues creía que estaba aún despierta y, cuál fue mi sorpresa al encontrarla dormida, pero en nada más que bragas y sostén blanco, las sabanas en el piso y ella parecía no despertaría con nada. Mi voluntad me forzó a ir hacia abajo, entré a la cocina, pero la imagen del trasero de mi hermana, de sus bellas formas femeninas cubiertas solo de manera parcial por un trozo de tela que se hundía entre sus glúteos. Regresé deseando que estuviera ya cubierta, pero, me equivoque, ahora estaba de lado, con una pierna ligeramente flexionada, vi el sitio donde estaba la vagina de mi hermana, me acerqué, despacio, me recosté en la cama y acaricié su cuerpo. ¡te juro que eso era todo lo que quería hacer!.

La boca de Harry se había abierto sin darse cuenta, se imaginaba a Ginny dormida en ropa interior, la lucha interna de Ron, la erección que debe de haberle provocado aquella estampa erótica que sin querer Ginny le había regalado a su hermano mayor.

Me animé a tocar más – continuó Ron – primero sobre la tela, pero estaba tan caliente que con todo la delicadeza de la que fui capaz recorrí hacia un lado las bragas, vi su zona genital tan perfecta, ningún vello, rosada e inmaculada. Sin darme cuenta saqué mi miembro y me masturbaba al lado de ella, primero poco a poco rocé mi falo con su cuerpo, después, al ver la profundidad de su sueño, me animé a tomar su mano y posarla sobre mi pené, la moví para que pareciera que ella me masturbaba, arriba y abajo tan lento que me daba tiempo de recobrar el aliento perdido de cada vez que la tocaba.

¿Y, después? – preguntó Harry en un hilo de voz.

No lo se... perdí control de mi y me dedique a quitarle las bragas, bueno, las llevé solo hasta sus preciosos muslos, toqué la entrada prohibida, metí un dedo y estuve esperando hasta que logré introducirle dos dedos sin mayor problema. Ella solo soltaba ruidos de placer, le gustaba, quizá estaba imaginando que eras tu en sus sueños.

Ron... yo..

Me aproximé despacio, muy despacio detrás de ella. Apunté mi miembro hacia su vagina y tras varios movimientos logré meterla por completo. Me moví al ritmo que mi propia excitación me permitía. Era fantástico sentir cu cuerpo contra el mío cuando mi falo estaba por completo dentro de ella. La follé unos minutos ahogando mis propios gemidos, moviéndome poco para evitar que su cama me delatara. Cuando estuve a punto de terminar, saque mi miembro de sus adentros y mi semen apareció debajo de ella, en la única sabana que permanecía debajo de ella.

Harry y Ron se miraron unos momentos, Ron esperaba sin duda una reprimenda, un sermón por haberle hecho el sexo a su hermana. Pero Harry solo atinó en preguntar.

Entonces... ¿Se siente mejor que lo que nos hacía Hermione?

A Ron se le iluminó el rostro y se les fue la tarde tratando de comparar las sensaciones, y sobre todo los cuerpos de Hermione, Ginny y cualquier otra chica de Hogwarts que les llegará a la mente.

Los invitados llegarían pronto, y Harry, Ron y Hermione apenas soportaban las ansias de ver cómo eran y de qué se trataba el dichoso torneo que tanta especulación había levantado en el mundo mágico.

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