Harry Potter y el sendero prohibido.
Este es el primer escrito de "parodias" que publicó. Esperó
lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo. Me baso en el libro número
cuatro titulado "Harry Potter y el cáliz de fuego" Trató de que las historias
ocurran en momentos vacíos del libro para que la historia siga siendo la misma.
Me gustaría recibir los comentarios de todos, si les gusto o
no, es malo o bueno y por qué... solamente les pido el mismo respeto que yo les
debo a ustedes.
Capítulo 1.
El orgullo de Dudley.
Eran poco más de las seis de la mañana de un día de
vacaciones. Un joven de 15 años dormitaba placidamente, de cabello negro
intenso, delgado y con unos ojos verdes que se ocultaban detrás de sus párpados.
Pero, su principal característica no era su tan común fisonomía, sino una
cicatriz en forma de rayo en su frente. Esta marca era la prueba de que había
sobrevivido a una poderosa maldición cuando era apenas un bebé. Sus padres
resultaron muertos en un enfrentamiento con quién lo había marcado a el para
siempre, por lo tanto, vivía con sus tíos maternos. Los únicos familiares
conocidos. Durante su cumpleaños número once, una lechuza con una carta atada a
su pata inició toda su historia mágica.
Pasaba solo algunas semanas en casa de su tío Vernón y su tía
Petunia, tenía como única compañía a su primo Dudley, que le llevaba un par de
meses de diferencia en cuanto a edades, y le triplicaba en lo relacionado al
peso. Los Dursley no perdían oportunidad para hacerle sentir mal, pero lo último
que había ocurrido le quitaba la poca tranquilidad que la "época de paz" que
reinaba en el mundo mágico le podía otorgar.
El estaba sentado en su habitación, Hedwing, su lechuza
blanca, le miraba de forma piadosa, y, es que aunque el ave era quién estaba
encerrada, Harry no tenía muchas más libertades que el. Éste, a su vez observaba
nostálgico un álbum de fotografías móviles de sus recuerdos de Hogwarts. Una
lágrima de impotencia descendía por su mejilla y maldecía provocando que las
luces de su casa subieran y bajaran de una manera asombrosa. Un ruido de
carcajadas estridentes le llegó acompañado por los crujidos de dolor que emitía
la escalera cuando su primo subía por ella. Su enfado le hizo saltar de la cama,
tomar violentamente el picaporte y abrir para enfrentar a Dudley, se paró en
seco cuando vio la enorme silueta al lado de una más pequeña, más delicada en
sus formas. Tardó un par de segundos en distinguirla... ¿una mujer? – se
preguntó entre dientes. ¿Dudley tiene novia?. Su respuesta apareció casi al
instante, una joven que parecía de la misma edad le miró con intriga detrás de
su primo que sonreía burlón.
Este es Harry... – dijo el que ocupaba casi todo el
pasillo – no le prestes atención, es medio torpe, le asusta la gente y por
eso no le dejamos salir.
¿Es tu hermano? – contestó la muchacha de ojos azules y
rostro resplandeciente.
No... ¡qué va! – replicó haciendo con su mano el
movimiento como para ahuyentar un bicho – sus padres lo abandonaron y
nosotros lo adoptamos.
Dicho esto, Harry sentía como la furia se apoderaba de él,
los aparatos electrónicos se prendían y apagaban, la niña, pego su finas formas
al tosco cuerpo de Dudley, vestía una blusa delgada que casi transparentaba sus
pequeños pechos. Una falda de colegiala que apenas se atrevía a cubrir debajo de
sus entrepierna. La mano de su primo rondaba las nalgas de la chica que se movía
despistadamente para gozar más de las caricias. En el pantalón color caqui de
Dudley se notaban las ansias por terminar la conversación.
Tu familia es admirable precioso... – escuchó decir a la
niña que en ese momento regalaba un beso apasionado a un Dudley que no cerró
los ojos y con la mirada presumía a Harry.
Tu, aquí quédate, no puedes salir... – bramó Dudley a un
Harry que había dado media vuelta y entraba de nuevo en su habitación – Jane
y yo vamos a pasarnos un buen rato... ¡no molestes!
Pasaron apenas un par de minutos para que Harry logrará
escuchar los gemidos de la chica, que vio alejarse siendo ya abiertamente
manoseada por su novio. Se sintió demasiado niño, ya había vencido
al-que-no-debe-ser-nombrado varias veces, pero en temas normales, que un
adolescente normal ya tendría experiencia, el no era más que un novato.
Después, la novia de Dudley durmió en la casa. Sus tíos,
llegaron al día siguiente de un viaje de trabajo. Los elegantes modales de su
primo, la gracia con la se movía y la seriedad de la chica le hicieron sentir a
Harry aún peor. La carta de los Weasley, en donde pedían autorización para que
nuestro protagonista pasará el resto de las vacaciones con ellos, llegó durante
el desayuno, Jane se encontraba en el tocador cuando el cartero llamó a la
puerta intrigado por el sobre lleno de estampillas que tenía como destinatario
"Señores Dursley, Privet Drive número 4.
Capítulo 2.
Los mundiales de Quidditch.
La casa de su amigo Ron, sin duda, era su lugar favorito del
mundo de los magos. Ron un joven que había conocido en su primer día de escuela,
un poco más alto que él, de físico más fornido y distinguido por su cabellera de
color rojizo le recibió cuando el salía de la chimenea llenó de hollín y con la
garganta llena de este polvo debido a las risas provocadas por los efectos de un
dulce mágico en la lengua de Dudley.
"La madriguera", era el nombre popular de la casa de los
Weasley, era una construcción bizarra, aún para los magos. Debido a que la
familia creció constante durante muchos años, las habitaciones se volvieron
necesarias y fueron agregadas en cualquier espacio que se encontrara. El señor
Weasley salió detrás de el, enfadado con sus hijos gemelos por la broma gastada
pero en sus ojos notaba un ligero destello de diversión. De estatura media,
anteojos gastados, un poco descuidado y con el cabello del mismo color que sus
hijos, el señor Weasley era un gran fanático de los objetos muggles, así
llamaban a los humanos no mágicos, coleccionaba muchos artículos en su cochera,
regaño en voz baja queriendo que su esposa no escuchará nada. Su intentó falló
cuando Molly Weasley entró a la sala echando fuego en la mirada. Harry y Ron
comprendieron la situación y fueron rumbo a la habitación del último.
Conforme subían las escaleras, el sonido imponente de los
gritos de la señora Weasley se fue haciendo un murmullo, llegaron al pasillo de
las alcobas, caminaron hablando de lo que la distancia les había impedido
compartir, hasta que en una puerta entreabierta Harry distinguió un destello de
rojo, se asomo curioso y logró ver el cuarto de Ginny Weasley, la menor de la
familia, tenía 14 años, iba a cumplir su tercer año de Hogwarts. Era una niña
pequeña, pero la adolescencia le había favorecido, la muchacha se estaba
cambiando de túnica cuando Harry apareció en el umbral. Vestía unas bragas color
violeta que resaltaban con su piel clara, un sostén que protegía sus medianos
senos engalanados con un encaje detallado de flores silvestres. Un grito de
sorpresa hizo a Harry darse cuenta de que había sido descubierto, vio el sonrojo
de la joven y se apresuró a cerrar la puerta. Ron, movía negativamente la cabeza
y pronunció sin darse cuenta.
Esa niña, nunca cierra la puerta... – dijo y continuó
avanzando con rumbo a su habitación.
Harry lo siguió con la esperanza el la cabeza de que aquella
mala conducta fuera cierta.
La noche anterior a que el partido final de los mundiales de
Quidditch diera comienzo, Harry y Ron esperaban en la cocina, acompañaban George
y Fred, los gemelos que solamente se parecían en el color de cabello a su
hermano menor. Eran más altos, tenían un año más de edad, más delgados y no
parecían tan fuertes como el amigo de Harry. A un lado, Ginny, sentada mirando
de reojo a Harry, parecía que la última escena le había dado la confianza que
siempre le faltaba para acercarse a nuestro protagonista, de quién estaba
enamorada desde su primer año de educación mágica. Esperaban a Hermione, la otra
mejor amiga de Harry, de cabello café y siempre alborotado, delgada y con la
mirada siempre curiosa, amaba los libros. Nunca la habían visto como una chica,
siempre era parte de sus juegos y aventuras, así que solamente Fred y George
habían notado la evolución y desarrollo de los senos de Hermione.
El año pasado estaban de ya de buen tamaño... – dijo
Fred.
Si, ojalá que le hayan crecido más – replicó en tono
pervertido George
¡Son unos cerdos! – exclamó Ginny algo sonrojada.
¡Ya!, - la interrumpió Ron – lo que pasa es que estas
celosa de que ella este creciendo.
¡Cállense!, ahora que regresé de traer el dinero para sus
útiles les va a pesar – sentenció Ginny.
Harry no decía nada, desde algunos minutos atrás sonidos
apenas audibles robaban su atención. Eran jadeos, risas y otros sonidos que
lograron provocarle una erección. Se levantó argumentando ir al baño, pero en
lugar de eso caminó guiado por los gemidos de placer que se escuchaban a lo
lejos. Llegó hasta el cobertizo, todo era proveniente de ese sitio, miró por el
espacio entre las puertas y logró ver al señor Weasley, desnudo, con su miembro
dentro de su esposa que gemía de gozo. La penetraba a un ritmo impresionante,
mientras masajeaba los enormes senos de su esposa que, aunque algo gordita, no
era despreciable en absoluto. Vio como la giró para acomodarla en cuatro puntos,
la vagina y el ano apuntaban descarados hacía el lugar donde Harry se
encontraba.
Ahora sí, mi amorcito... te voy a hacer que me extrañes.
Molly querida.
Si Arthur, hazme tuya...
Nada perezoso el señor Weasley empujó su miembro dentro del
ano dilatado de su esposa. La esposa soltó un gemido ensordecedor, respiraba
agitada y se lamía los labios de forma pícara. Harry se movió a otro sitio donde
pudiera ver mejor, para su suerte, los años le habían hecho a la puerta otros
espacios, casi en una de las orillas encontró el punto exacto. Cuando su mirada
encontró de nuevo a los Weasley, el señor arremetía con ferocidad sobre su
ninfomanía esposa.
¿Utilizamos algo muggle? – dijo el señor Weasley.
No.. – cortó tajante la señora.
Te va a gustar... te lo aseguro.
Si sacar su miembro del ano de su amada, él, apunto con su
varita hacia un lado, volando aterrizaron en su mano libre un trozo de plástico
que Harry reconoció de inmediato.
¡¿Un consolador?! – se les escapo al mismo tiempo que el
señor le presentaba el artefacto a su esposa.
Lo metió en la vagina de su esposa que se mostraba renuente a
experimentar con aquellas cosas. Pero apenas sintió la doble penetración toda
duda se disipó en gemidos más intensos.
Se que las mujeres muggles los usan cuando están
aburridas – comentó el señor Weasley – pero nosotros podemos mejorarlo.
Apunto al artefacto con su varita y este de inmediato vibro
de manera violenta. La señora Weasley se partía de placer y termino en un sonido
que al mismo Harry le hizo sentir la necesidad de masturbarse.
Mañana que me valla – dijo Arthur sacando su miembro que
aún palpitaba deseoso de otra sesión – si me extrañas quiero que me
recuerdes con este aparatito.
Querido... si así fueran todas tus colecciones... no
tendría el menor problema.
Harry ya había liberado su falo y apresurado se masturbaba
viendo fijamente el cuerpo desnudo de Molly Weasley que lamía el semen de su
esposo mientras el consolador seguía vibrando dentro de ella.
¿Harry? – preguntó Hermione que llegaba – ¿me estabas
esperando?
Esto... si – dijo sin atreverse a voltear hasta que hubo
guardado de nuevo su miembro.
Hermione lo miraba contenta, vestida como muggle, con una
blusa color rojo que dejaba al descubierto su sensual ombligo, pero que también
quitaba toda duda de que los senos de Hermione ya habían alcanzado un tamaño muy
digno.
Llegaron al punto donde el translador llevaría a los magos de
la zona hacía el campamento donde se llevaría a cabo el partido de Quidditch.
Cedric Diggory y su padre esperaban mirándolos desde la punta del monte a unos
Weasley y compañía que desvelados caminaban en silencio. Tanto Ginny como
Hermione se emocionaron al ver a Cedric en lo alto, parecía una imagen de un
héroe romano, de cabello rubio, ojos azules, atlético y siempre con la
apariencia de un romántico, se había ganado el corazón de muchas de las chicas
de Hogwarts sin importar la casa a la que pertenecía.
Arribaron al campamento cuando faltaban cerca de 12 horas
para el evento, la cercanía les permitía confiarse y poco y demoraron más de lo
necesario para levantar la casa de campaña que Harry no comprendía los alojaría
a todos. Apenas medía tres por tres metros y ellos eran más que los 4 que cabían
en una casa normal.
¿Vamos a por agua? – dijo Ron a Harry y Hermione que
sudaban por que ellos habían colocado la mayor parte de los componentes.
¡Si! – respondió Hermione que jaló a Harry cuando el
señor Weasley se acercaba con una caja de fósforos.
Caminaron hasta uno de los lagos que el mapa señalaba,
hablaban de trivialidad y pedían a Harry que les dijera sin había seguido en
contacto con Sirius, su padrino al que todo mundo acusaba de asesino y el había
tenido que escapar aunque era inocente. Llegaron hasta unos cien metros antes
que la fila para recoger agua alcanzaba. La falta de seriedad inusitada de
Hermione ante un comentario de magos que vestían de manera absurda les obligo a
tener que salir de la fila y esperar a que el ofendido se hubiera ido. Fueron a
sentarse, pero la aglomeración les impedía conversar de manera cómoda por lo que
terminaron por irse a un lugar más lejano.
Estaba fuera de las miradas indiscretas hacia la cicatriz de
Harry, y aún más lejos de los oídos inoportunos. De hecho, estaba solos.
¡Vaya que han cambiado chicos! – dijo Hermione sentándose
entre ambos.
¿Nosotros? – preguntaron al unísono.
Tu eres quién regresó... pues... más que cambiada. – dijo
Ron sin lograr evitar mirar de reojo los senos cubiertos por una sudadera
azul de Hermione.
¿Esto? – respondió la chica elevando un poco el pecho –
no es nada...
¿Nada?
No debería decírselos a ustedes, pero creo que son
demasiado llamativos para mi gusto... yo los preferiría más pequeños.
¿Bromeas? Si están muy bien... – dijo Harry.
¿Y, Harry, a quién se los has visto para que digas cosas
así? – exclamó ron.
Harry no respondió, los únicos que había visto eran los de la
madre de su mejor amigo. Hermione siguió mirándolos con cierto enfado, hasta que
Ron preguntó.
¿Y, qué tienen de malo?, digo, cualquier chica estaría
feliz porque le crecieran así.
Es lo mismo... – se defendió Hermione – es como si a
ustedes les creciera demasiado el miembro.
¡No sabía que hablaras así! – expresó Ron - ¿quién eres y
que hiciste con nuestra amiga?
Si... – dijo Harry que se había reído – y para que
sepas... a mi si me creció mucho en estas vacaciones... y no por eso me
enojo.
Hermione miró a Harry de forma misteriosa, primero a los ojos
y después a su entrepierna, y después, sin prestar mayor atención bajo la mirada
y en voz apenas audible dijo.
No te creo...
¡Mira! – gritó Ron que se había puesto de pie.
Su miembro colgaba fuera de su pantalón de segunda mano. Era
de tamaño promedio, pero si bastante ancho para su estado flácido. Hermione se
llevó una mano a la boca para cubrir su expresión de sorpresa aunque las luces
lejanas delataron su sonrojo.
Anda Harry, demuéstrale a esta mujer que entre más tamaño
es mejor en cualquier género.
Harry dudó un par de segundos, pero ante la mirada de la
chica decidió a seguir el juego. Su vida siempre estaba en peligro, así que una
bofetada o un maleficio menor no le causaba mayor espanto. Se coloco a un lado
de Ron, los dos frente a Hermione que miraba expectante y con un rápido
movimiento mostró su falo, era un poco más chico que el de Ron, pero también
atrajo la atención de Hermione que miraba ambos falos frente de ella sin decidir
a cual darle más atención.
¿Y dices que no están bien? – dijo Ron mirando a Hermione
– mira, tus pezones se notan.
Lo que sucedió después fue inesperado para todos. Hermione de
hinco delante de ellos y tomó con cada mano el pené de cada uno de sus amigos.
Al contacto cálido el miembro de Harry se levantó, su amiga lo masturbaba a un
ritmo semi lento, lo llevaba al éxtasis cada vez que ella movía un poco. Ron,
también gozaba de lo lindo, pero este ya tomaba la cabeza de Hermione y
acariciaba la alborotada cabellera. Hermione soltó sus presas y con palabras en
tono sensual dijo.
Les toca ver a ustedes.
Dicho esto, levantó la sudadera hasta deshacerse de ella, una
playera corta los separaba del espectáculo y ambos, en acto reflejo, se
acercaron a ella para ayudarla. Para su sorpresa no llevaba sujetador. Los dos
amigos tomaron los senos de su amiga que de nuevo masturbaba a su compañía.
Harry sentía que todos sus problemas se solucionaban cuando él mismo presionaba
de manera delicada los pezones erectos de su amiga. No supo el momento en que la
lengua de Hermione tocó su miembro, lo recorría con habilidad y llenaba cada
trozo con el caliente néctar de su saliva. La niña jugaba con sus testículos
mientras trataba de introducirse todo el falo en su boca y su expresión de gozo
provocaron que Harry descargará toda su tensión dentro de ella, vio su sonrisa
de complicidad y se sentó a esperar a que su amigo también terminará.
Regresaron a la fila del lago cuando ya habían pasado varias
horas, ninguno dijo nada de lo sucedido, sino que retomaron el tema de Sirius y
cuando volvieron a pisar dentro de la casa de campaña que por medios mágicos
parecía un departamento pequeño el señor Weasley les dijo que ya debían irse.
El resultado fue lo que menos importo a Harry, había visto
grandes jugadas que se moría por intentar y durante el mismo partido no habían
dejado Ron y él de tocar el cuerpo de Hermione que devolvía sus caricias con
sutiles roces sobres sus miembros.
Capítulo 3.
El torneo de los tres magos.
Cuando llegaron al colegio Hogwarts de magia y hechicería en
el expreso, Ron y Harry de habían dado cuenta del radical cambio en Hermione.
Desde el partido de Quidditch, ellos tres habían pasado momentos muy
placenteros, Hermione no quería perder su virginidad pero los complacía con
sesiones de sexo oral y dejándolos meter sus dedos en su eternamente lubricada
vagina. Nadie sospechaba de ellos, nadie les decía nada cuando se encerraban en
la habitación de Ron con la excusa de estar cansados. Ni nadie pareció
importarle que la alcoba del hijo menor despidiera un aroma a sexo. Pero ahora,
apenas habían subido al tres Hermione les había amenazado.
Ya estamos en días de clases... ya no puedo distraerme.
Ambos, creyendo que era un juego de su chica, la acorralaron
en un vagón y apenas comenzaron a tocar los senos que les volvía locos, Hermione
lanzó un hechizo que los hizo tener que caminar apoyados de la pared debido a
que sus piernas de movían como gelatina. Una disculpa, la promesa de respetar y
el contrahechizo apareció y la Hermione de siempre les aconsejo estudiar pues
los TIMOS estaban cerca.
La sorpresa era que ese año, Hogwarts sería anfitrión de un
torneo que era leyenda, "El torneo de los tres magos" había dicho Dumbledore, el
director de la escuela, gloria eterna... – y todo el sexo que uno pueda resistir
– había agregado Fred haciendo que todos los que estaban cerca de el dejaran
escapar una carcajada. La fecha estaba programada para dos semanas después, el
castillo sería limpiado a conciencia y se les rogaba a los alumnos interesados
en asistir que pensaran bien, pues una vez dentro, no había forma de salir.
Camino a una de las clases de historia de la magia, Harry y
Ron conversaban de lo que Hermione les había hecho sentir.
Oye Ron, entonces... – dijo vacilante Harry - ¿ya lo has
hecho?
¡Claro! - ¿tu no?
Harry hizo una mueca de incredulidad, cómo creía su amigo que
el podría siquiera estar cerca de hacerlo con su condición de preso en la casa
de los Dursley.
¿Y, con quién? – preguntó Harry
Eso si no le puedo decir...
¡Vamos! – imploró Harry, prometo no hacer ningún
comentario.
Tras varios pasillos de insistencia, Ron se detuvo en seco y
preguntando si estaría dispuesto a faltar a la clase del profesor Binns para
saberlo le indicó a Harry fueran al baño de chicas del segundo piso, el de
Myrtle la llorona, razonó Harry, ahí nadie los escucharía. Al parecer Ron se
moría de ganas por contarle a alguien lo sucedido.
Después de asegurarse que nadie los había visto, y que nadie
estaba en los baños, Ron comenzó a relatar lo ocurrido sin que Harry se lo
tuviera que pedir.
No fue hace mucho – inició – unas dos o tres semanas. La
verdad es que no lo pensé... fue como por instinto.
Harry permanecía en silencio expectante. Miraba a su amigo
caminar por los servicios divagando entre sus propios recuerdos.
Era ya muy noche, el espíritu del ático, ya sabes el que
vive arriba de mi habitación, me despertó con sus ruidos de costumbre. Iba a
la cocina con la esperanza de comer algo, pero antes de llegar vi la
habitación de Ginny entreabierta. Me asome pues creía que estaba aún
despierta y, cuál fue mi sorpresa al encontrarla dormida, pero en nada más
que bragas y sostén blanco, las sabanas en el piso y ella parecía no
despertaría con nada. Mi voluntad me forzó a ir hacia abajo, entré a la
cocina, pero la imagen del trasero de mi hermana, de sus bellas formas
femeninas cubiertas solo de manera parcial por un trozo de tela que se
hundía entre sus glúteos. Regresé deseando que estuviera ya cubierta, pero,
me equivoque, ahora estaba de lado, con una pierna ligeramente flexionada,
vi el sitio donde estaba la vagina de mi hermana, me acerqué, despacio, me
recosté en la cama y acaricié su cuerpo. ¡te juro que eso era todo lo que
quería hacer!.
La boca de Harry se había abierto sin darse cuenta, se
imaginaba a Ginny dormida en ropa interior, la lucha interna de Ron, la erección
que debe de haberle provocado aquella estampa erótica que sin querer Ginny le
había regalado a su hermano mayor.
Me animé a tocar más – continuó Ron – primero sobre la
tela, pero estaba tan caliente que con todo la delicadeza de la que fui
capaz recorrí hacia un lado las bragas, vi su zona genital tan perfecta,
ningún vello, rosada e inmaculada. Sin darme cuenta saqué mi miembro y me
masturbaba al lado de ella, primero poco a poco rocé mi falo con su cuerpo,
después, al ver la profundidad de su sueño, me animé a tomar su mano y
posarla sobre mi pené, la moví para que pareciera que ella me masturbaba,
arriba y abajo tan lento que me daba tiempo de recobrar el aliento perdido
de cada vez que la tocaba.
¿Y, después? – preguntó Harry en un hilo de voz.
No lo se... perdí control de mi y me dedique a quitarle
las bragas, bueno, las llevé solo hasta sus preciosos muslos, toqué la
entrada prohibida, metí un dedo y estuve esperando hasta que logré
introducirle dos dedos sin mayor problema. Ella solo soltaba ruidos de
placer, le gustaba, quizá estaba imaginando que eras tu en sus sueños.
Ron... yo..
Me aproximé despacio, muy despacio detrás de ella. Apunté
mi miembro hacia su vagina y tras varios movimientos logré meterla por
completo. Me moví al ritmo que mi propia excitación me permitía. Era
fantástico sentir cu cuerpo contra el mío cuando mi falo estaba por completo
dentro de ella. La follé unos minutos ahogando mis propios gemidos,
moviéndome poco para evitar que su cama me delatara. Cuando estuve a punto
de terminar, saque mi miembro de sus adentros y mi semen apareció debajo de
ella, en la única sabana que permanecía debajo de ella.
Harry y Ron se miraron unos momentos, Ron esperaba sin duda
una reprimenda, un sermón por haberle hecho el sexo a su hermana. Pero Harry
solo atinó en preguntar.
Entonces... ¿Se siente mejor que lo que nos hacía
Hermione?
A Ron se le iluminó el rostro y se les fue la tarde tratando
de comparar las sensaciones, y sobre todo los cuerpos de Hermione, Ginny y
cualquier otra chica de Hogwarts que les llegará a la mente.
Los invitados llegarían pronto, y Harry, Ron y Hermione
apenas soportaban las ansias de ver cómo eran y de qué se trataba el dichoso
torneo que tanta especulación había levantado en el mundo mágico.