Esto que les voy a contar sucedió en el gimnasio donde tres
veces por semana iba a intentar poner mi cuerpo en forma. Cosa que al final
desistí porque por mucho que me esforzase cada vez me veía más delgado y con el
mismo cuerpo desgarbado que cuando entre.
Como sabéis por mis anteriores relatos, soy un hombre casado
con dos hijos, el cual aprovecho cualquier oportunidad sin hacer daño a nadie,
para sacar mi otro yo del armario.
Tenía 42 años y me apunte a un gimnasio que se encontraba
cerca de mi casa, por aquello de no tener que desplazarme y así no mediar
ninguna excusa por medio para no ir.
Normalmente iba los lunes, miércoles y viernes, tenia un
preparador que nos daba una tabla de las sesiones y pesas que debía hacer en
cada máquina, y una vez al mes me pesaba y tomaba medidas para ir siguiendo la
evolución. Pero como antes he dicho, en los tres años que fui no conseguí
mejorar el desarrollo de mis músculos. Supongo que todo tiene que hacerse a la
edad correcta, y a mí ya se me había pasado esa época.
Bueno de esa etapa lo que más me encantaba era la hora del
vestuario, aunque era un local familiar, nada de metrosexuales, ni gente
exhibiéndose, había gente joven y guapa. Lo bueno de la juventud, es que no
tienen pudor en desnudarse delante de nadie y seguir una conversación
tranquilamente con la otra persona sin taparse ni preocuparse de sí hay alguien
mirando.
A mí si que me daba vergüenza quedarme al descubierto con
todo al aire, aunque poco a poco fui entrando en confianza y llego un día que no
me preocupo que la gente me viese natural sin nada.
La verdad es que había un chaval de unos 25 años, 1.70 m. de
altura, moreno, ojos oscuros, muy fibrado, con unos buenos abdominales y una
piernas muy musculadas, que me llamaba mucho la atención, y me encogía el
corazón en un puño. Aunque siempre procure mantenerme distanciado ya que no
quería demostrar nada que me pudiese arrepentir.
Fueron pasando los días, y entre Joan (que así se llamaba él
chaval) y yo, solo había un intercambio de ola y adiós. Pero llego ese día que
en la sala de ciclostatic se puso a mi lado, y cordialmente me saludo.
Hola, como están.
Pues, ya ves aquí sufriendo mucho.
Bueno Jaume (sabía mi nombre) tómatelo con calma, mira yo
llevo muchos años y ahora es cuando empiezo a notar algo.
Em ni interior pensaba, pues hijo si tu empiezas a notar
algo, yo hace tiempo que noto algo cada vez que te veo.
Estas para mojar pan, ahora mismo me bajaba de la bici y te
daba un morreo enfrente de todos.
Continuamos hablando de tonterías y sudando la gota, hasta
que no tuve más fuerzas para continuar, y me detuve resoplando sin aliento
parando y bajando de la bici.
Joan lo siento pero me voy a la ducha, necesito descansar. Ok
Jaume ya nos veremos.
Entre en el vestuario que debido a lo tarde que era solo me
encontraba yo. Me despoje de toda la ropa cogí la toalla y el gel, me metí en la
ducha y empecé a relajarme con la caída del agua y el jabón resbalando desde mi
cuello, pasando por mi espalda, hasta llegar a mis nalgas y deslizándose por mis
piernas.
A mí siempre me ha gustado el agua muy caliente, cosa que
provoca mucho vapor, y después de varios minutos la visibilidad de la habitación
es bastante difícil. Estaba recreándome en el agua, cuando oigo la puerta del
vestuario, y se oye alguien entrar, no le di importancia, pero al cabo de un
rato, noto que retiran la cortina de la ducha, haciéndome girar repentinamente
del sobresalto que me dieron, y allí estaba Joan totalmente desnudo, me puso una
mano en la boca para callar cualquier sonido que pudiese producir, y se me
acerco rozando su cuerpo con el mío que se estremecio de placer, acariciándome
el cuello con la otra mano libre.
Como yo no opuse resistencia, sino todo lo contrario empecé
abrazarlo y acariciarlo, saco su mano de mi boca y acerco sus labios lentamente
hasta llegar a tener contacto con los míos.
Mi boca se abrió para empezar el juego amoroso de nuestras
lenguas, mientras el agua no paraba de resbalar por nuestros cuerpos. Nos
encontrábamos los dos bien juntos sin apenas tener distancia, yo notaba su pene
erecto junto con el mío que también se encontraba en su plenitud. Con mi mano
cogí tanto su polla como la mía, y empecé con las dos juntas a efectuar él sube
y baja.
Él me acaricia mis nalgas con sus manos, yo le acariciaba la
espalda con la mano que tenía libre, no dejando de masturbar las dos pollas a la
vez. El frote nos hacia estremecer y suspirar, nuestras bocas no cesaban de
besar, morder, lamer, como dos adolescentes.
Nuestra excitación era cada vez más apasionada. Joan se
agacho y sin preámbulos, se introdujo mi polla en su boca como un sediento busca
aliviar su sed, y empezó el lamer, chupar, y succionar, ferozmente hasta
conseguir que mis piernas se agarrotasen ante la inminente corrida que estaba a
punto de llegar.
Y así fue, Joan siguió sin perder el ritmo y yo no pudiendo
aguantar más solté toda mi leche que fue a parar dentro de la boca de mi
contrincante que poco a poco fue tragando. Me tuve que apoyar en la pared para
no caer al suelo ya que mis piernas temblaban del placer que había conseguido.
Ahora era el turno de satisfacer a Joan, me agache y empecé a
mamar esa gran polla que siempre había imaginando debajo de esos pantalones
ceñidos que me hacían volver loco.
Con una mano masturbaba y con la lengua lamía la punta del
capullo para dar la máxima satisfacción posible. Note la dureza de su miembro y
las venas a punto de reventar, eso era predulío de su inminente eyaculación, y
así fue, varios espasmos seguidos de gemidos y por fin el gran chorro de leche
por toda mi cara.
Nos fundimos en un gran beso, mientras los dos poco a poco
nos fuimos reponiendo.
Todo eso sin que el agua dejase de correr, aprovechamos para
enjabonarnos mutuamente y limpiar los restos de esperma que había en nuestro
cuerpos.
Después de la ducha, nos secamos vestimos y nos despedimos
son un delicioso beso.